sábado, 24 de abril de 2021

Los trece enemigos de la RSE(C): Los segundos siete


En la primera parte analizábamos seis de lo que calificábamos como enemigos de la RSE. En esta segunda parte la completamos con los siguientes siete y hacemos un balance de las contribuciones positivas y negativas.  Para guiar la lectura, es oportuno recordar que se están enfatizando los aspectos relativamente negativos para llamar la atención y destacar la necesidad, por ende, mayor, de estimular la adopción de prácticas responsables.

 7.     Primer nivel de la dirigencia empresarial

 Por el primer nivel nos referimos al Consejo o Junta Directiva y a la oficina del consejero delegado o presidente o CEO.  El lector habrá leído y oído centenares de veces lo crítico que es el apoyo de la alta gerencia para la estrategia e implementación de la RSE.  Es cierto, pero ello no quiere decir que esas manifestaciones sean suficientes, ya que a veces al mismo tiempo la menoscaban. Claro está que esto varía de empresa a empresa, y es muy diferente entre las empresas que cotizan en bolsas de valores, que tienen operaciones en varios países y empresas familiares o de menor tamaño.  Para algunas es un mensaje a la “galería”, para otras es una llamada a la acción para el resto de la empresa.

 El principal problema con este nivel es que a veces los hechos no coinciden con los dichos, hay un gran trecho. Muchas veces su apoyo explícito a la responsabilidad empresarial se hace porque la empresa necesita que sus stakeholders lo crean, pero no pasa de ser un ejercicio de retóricaEl verdadero apoyo se ve cuando este grupo dirigente hace suya esa responsabilidad y discute y aprueba sus estrategias, establece los mecanismos de monitoreo y control, los incentivos adecuados, y asigna los recursos humanos y financieros necesarios para ello.

¿En qué sentido son enemigos? Como en los casos anteriores, cuando se crean las expectativas que luego no se cumplen, expresiones de apoyo sin acciones de respaldo, que llevan a la desilusión y frustración por parte de los niveles inferiores de la empresa y llaman la atención de los stakeholders activos sobre las incongruencias.  Ello le da un mal nombre a la responsabilidad y les da legitimidad a las acusaciones de insinceridad.   El caso opuesto, positivo, es cuando algunos de esos dirigentes son también líderes externos a la empresa. abogan también por una responsabilidad a nivel del sector industrial al que pertenecen y hasta a nivel del mismo país.  Por ahora son pocos los consejos que están capacitados para liderar y gestionar la responsabilidad (ver Paradoja de los consejos: ¿Mujeres si, competencias en sostenibilidad no?). En muchas empresas es posiblemente el nivel de gestión que mayores carencias tiene en este sentido, cuando las expectativas son de que sean los líderes.

 8.     Segundo nivel de la dirigencia empresarial.

 Por segundo nivel nos referimos a los dirigentes de departamentos funcionales, como finanzas, legal, mercadotecnia, relaciones públicas, etc.  También en este caso haremos algunas generalizaciones, pero con el objeto de llamar la atención, no para decir que siempre son verdaderas.  Y aunque no las listamos en orden de “enemistad”, sí en orden de impacto potencial (no los cubriremos todos para no alargar la discusión, solo para dar una idea).  En lo que sigue veremos que gran parte del problema de la “enemistad” es un problema de subculturas empresariales contrastantes (ver Cultura empresarial para la responsabilidad).

 Comencemos con los gerentes financieros. Suelen ser los principales enemigos internos de la RSE ya que su principal responsabilidad es asegurar el financiamiento de la empresa, su continuo acceso a recursos financieros, para lo cual necesita tener liquidez, solvencia y rentabilidad. Además, son corresponsables con la alta gerencia, por la asignación interna (presupuestos de gastos e inversiones) de los recursos financieros a las diferentes unidades de la empresa y de las relaciones con dos grupos de stakeholders con mucho impacto, los inversionistas y los acreedores.  Suelen estar educados y tener una subcultura de gestión basada en la gestión eficiente de los recursos financieros, que en algunos casos traducen como la maximización del beneficio.  Por estas razones juegan un papel crítico a través de la diseminación dentro de la empresa de esta subcultura de eficiencia financiera y mediante la asignación de recursos a actividades relacionadas a la RSE.  Son muchos los que consideran que estas actividades son un gasto sin beneficios.  Y esos dirigentes están “programados” para la consecución de beneficios financieros en el corto plazo.  Por su poder, es necesario que sean uno de los principales aliados de la RSE, pero puede ser difícil por los contrastes culturales, aunque hay que reconocer que poco a poco la visión de estos gerentes se está ampliando. Algunos llegan a considerar el argumento empresarial de la responsabilidad (ver ¿Cuál es el argumento empresarial de la RSE?), aunque no el argumento moral.

 Los gerentes de los departamentos legales también tienen un papel critico en la responsabilidad empresarial ya que son responsables por la determinación de los riesgos legales de esas actividades y el cumplimiento de las legislaciones y regulaciones correspondientes.  Así como los anteriores son frugales, estos, en general, suelen ser profesionales de formación conservadora. Ello puede llevar a las empresas a no tomar acciones que puedan implicar riesgos legales o reputacionales, independientemente de los beneficios. Estos están “programados” para ver los riesgos.  Adicionalmente suelen revisar las comunicaciones externas a la empresa, en particular los informes de sostenibilidad, donde suelen “censurar” afirmaciones que puedan comprometer a la empresa.  De allí la reticencia de muchas de informar sobre acciones con impactos negativos, percibidos, reales o potenciales y a establecer metas o adquirir lo que pueden parecer como compromisos, que eventualmente puedan convertirse en riesgos legales o reputacionales. “No digas nada que no sea obligatorio decir” parece ser el lema (ver Abogados se interesan por la información sobre sostenibilidad: Buenas y malas noticias). En el ejercicio de sus responsabilidades de proteger a la empresa pueden limitar la asunción de responsabilidades ante la sociedad y su reporte.

 Los gerentes de mercadotecnia (o desarrollo de negocios) tienen la responsabilidad de estimular la demanda de los productos y servicios de la empresa y una de las maneras es exaltar los beneficios y minimizar los defectos o problemas.  En esto se puede ser responsable y hacerlo con toda honestidad, sin embargo, no es muy común en la práctica.  Se usa la propaganda para exagerar los beneficios y ocultar los problemas. Se usan las tecnologías de información para desarrollar y enfocar los mensajes, lo que es principio parece lo lógico para aumentar la demanda.  El problema surge cuando la información que se recaba es usada para manipular las decisiones de los consumidores o clientes, llegando en algunos casos a la decepción. Es también común ver la promoción para estimular demanda por bienes y servicios que el cliente no necesita o no tiene la capacidad de adquirir.  El objetivo es hacerle creer al cliente que no puede vivir sin ellos. Estos esfuerzos pueden llevar al greenwashing, a hacer los productos más económicos, reduciendo su efectividad, la calidad, durabilidad y la seguridad que ofrecen, contrarrestándolo con propaganda.  Esto conspira contra la responsabilidad del producto o servicio.  Algunos exhiben una subcultura de aprovechamiento del consumidor o cliente, no persiguen su bienestar, los consideran instrumentos para el logro de metas.

 

 

Los gerentes de relaciones públicas (relaciones institucionales, gestión de la reputación, etc.), tienen la responsabilidad de presentar a la empresa en su mejor imagen posible y muchas veces ello quiere decir operar en el borde de la honestidad informativa, y como en el caso de la mercadotecnia, exaltar las virtudes y esconder los defectos, ahora a nivel de la empresa.  No hay nada de malo con gestionar la reputación, pero esta no debe ser el fin de la gestión, debe ser el resultado de la responsabilidad empresarial (ver los artículos ¿Se puede manipular la reputación?:  El efecto aureola y ¿Reputación como fin o como resultado de la RSE?).  Estos profesionales suelen tener una subcultura de “dorar la píldora”, de ensalzar. Pero como en el caso de la gerencia financiera, esta es una función que está evolucionando, actuando como mecanismo de doble vía, no solo promoviendo la imagen de la empresa hacia el exterior, sino además proporcionando retroalimentación de lo que la sociedad necesita de la empresa para mejorar esa reputación. La función tradicional era la de pulir la imagen, ahora suele ser de crear una imagen, y ojalá que una realidad, que refleje las expectativas de la sociedad.

 Con estos ejemplos el lector puede hacerse una idea de lo contraproducente que puede ser para la responsabilidad empresarial las subculturas engranadas en las diferentes funciones de la empresa. No hace falta extenderse más. Como ejercicio el lector podría pensar cual es la subcultura de un departamento como el de producción (calidad, costos, etc.) y deducir en qué medida pueden ser enemigos de la responsabilidad. 

 En todos los casos, su actuación e impacto sobre la responsabilidad depende de la cultura general prevaleciente en la empresa, reflejada en los incentivos, explícitos e implícitos, monetarios y no monetarios, que enfrentan los profesionales

  1. Docencia, formación, académicos, y revistas académicas

 Las instituciones académicas y los académicos son uno de los principales propulsores de la responsabilidad empresarial al desarrollar materiales didácticos, cursos, seminarios, talleres, casos, entre otros para la creación y diseminación del conocimiento. ¿Cómo es posible que sean enemigos de la responsabilidad? Consideraremos tres grupos: instituciones académicas acreditadas, instituciones de desarrollo profesional e investigadores académicos y sus cómplices, las revistas académicas.

 En el primer caso, en especial las escuelas de negocios y de economía pueden calificarse como enemigos porque siguen basándose primordialmente en el modelo de gestión basado en la primacía de los intereses de los accionistas, en contraposición a los stakeholders, y en la eficiencia económica por encima de la justicia social. Esta es una generalización falsa como todas las generalizaciones, pero tiene un gran componente de verdad en un gran número de esas instituciones. No obstante, hay que reconocer que la tendencia en las escuelas de negocios es hacia una consideración del impacto de las actividades empresariales en la sociedad y en el medio ambiente, aunque todavía de una manera marginal, opcional, no como parte integral obligatoria de cada asignatura (ver por ejemplo Responsabilidad en la enseñanza en las escuelas de negocios del 2009, viejo pero vigente).  Pero las de economía no consideran otros criterios de asignación de recursos que no sea la eficiencia económica (salvo en cursos muy avanzados, que no toman los dirigentes empresariales). Y estas son las instituciones que mas influencia tienen en la formación de los dirigentes empresariales.

 En el segundo caso consideramos las instituciones de desarrollo profesional, algunas adscritas a universidades formales pero un gran numero son gestionadas por empresas de consultoría, no reguladas ni sujetas a supervisión independiente.  Están son las que pueden ser enemigos. En general imparten cursos relativamente cortos, por ejemplo, diplomados, muchas veces de manera virtual.  Es muy posible que tengan buenas intenciones, tratan de satisfacer una demanda, pero sus incentivos suelen ser monetarios, operando en un ambiente competitivo, lo que las lleva a ofrecer cursos cortos y económicos, y por ende superficiales, para que estén al alcance de sus clientes que suelen ser personas relativamente jóvenes o que no pueden dejar el empleo para atender cursos más rigurosos.  Ello suele traer como consecuencia de que los que los tomaron se consideran “expertos”, como comentábamos en el enemigo número 2. ¿Quién certifica estos cursos y acredita el “título”? ¿Qué valor tiene el “diploma”, la “certificación”? Cualquiera puede emitir una acreditación profesional, no hay controles sobre este segmento del mercado.

 Lo menos que deberían hacer estas instituciones es enfatizarles a los alumnos la complejidad de la gestión empresarial, el valor de la experiencia en la gestión y lo mucho que todavía no saben, que no son todavía autoridades en la materia.

El caso de la “enemistad” con la responsabilidad empresarial de algunos investigadores académicos sobre responsabilidad empresarial en ese tema es muy poco discutido. En principio promueven la responsabilidad al investigar y publicar sus resultados sobre múltiples aspectos. Pero el problema es que sus incentivos son contraproducentes, suelen ser el avance de sus carreras para lo cual muchas instituciones académicas requieren publicaciones en revistas especializadas, reconocidas por su rigor teórico, no por su relevancia. En su carrera por las promociones hacen investigaciones que son de interés a lo sumo para sus colegas. Su audiencia son ellos mismos. El objetivo es publicar, no es promover la responsabilidad empresarial.  Para poder publicar en esas revistas deben diferenciarse y buscar algo nuevo, estimulando la producción de “investigaciones” cada vez más abstractas y menos aplicables, divorciadas de las necesidades cotidianas de las empresas y sus stakeholders. El imperativo anglosajón del “publish or perish” (publicar o perecer) se ha extendido a las instituciones académicas de habla hispana y para colmo publicando en revistas académicas en inglés.

 Y el colmo es que siendo expertos en responsabilidad empresarial no asumen su responsabilidad ante la sociedad, casa de herrero cuchillo de paloPorque es la sociedad la que ha cubierto parte de su formación profesional y sus remuneraciones, a través del pago de impuestos generales y específicos para la educación con los que el estado ha financiado las escuelas, colegios y universidades públicas y privadas, donde se ha formado y donde trabajan.  Y aún más, en algunos casos la investigación específica que llevan a cabo se financia con recursos públicos. Su responsabilidad ante la sociedad requiere que avancen el conocimiento que beneficie a la sociedad, no solo a sus intereses personales.

 Y las revistas académicas son cómplices.[1]  Saben que los investigadores las necesitan y se aprovechan de ello, que les “regalan” su trabajo a cambio de promover sus carreras. Las revistas obtienen mano de obra cautiva de costo cero, que las necesitan como el pez necesita el agua. Investigaciones que han sido financiadas por la sociedad le son vendidas a las bibliotecas virtuales del mundo y a los usuarios. Esto representa una transferencia neta de recursos financieros tangibles de la sociedad a empresas privadas con fines de lucro, que para colmo dificultan la diseminación del conocimiento.  Y no es algo menor. Hay más de 30.000 revistas académicas en total que generan cerca de US$30.000 millones de ingresos anuales.  Solamente en EE. UU. las instituciones académicas gastan más de US$2.500 millones en suscripciones. Estas cifras incluyen todo tipo de investigación, muchas de las cuales si asumen su responsabilidad ante la sociedad, como por ejemplo la investigación médica (para mayores detalles ver La responsabilidad social de los investigadores en responsabilidad social).   

  1. Medios de comunicación

 Es conveniente distinguir entre los medios de comunicación general, tipo periódicos, revistas y televisión, los medios especializados y las redes sociales.  Los primeros son enemigos porque, en general, hacen una cobertura superficial de la responsabilidad empresarial, con un sesgo hacia las “buenas noticias” sobre las empresas.  No son muchos los que se atreven a reportar malos comportamientos empresariales, salvo en casos catastróficos, como por ejemplo de gran impacto ambiental o social.  En estos medios puede haber conflicto de intereses ya que algunos de sus ingresos provienen de ese sector empresarial, sobre todo en el caso de la televisión, llevando a algunos a publicar suplementos o segmentos especiales con casos favorables de empresas, patrocinados y a veces con información suministrada por ellas mismas, pero sin enfatizarlo, lo que puede engañar a los no conocedores.

 En gran parte son enemigos por omisión, por no reportar los comportamientos irresponsables.  Sin embargo, hay que destacar que hay progreso en este sentido y muchos periodistas se están especializando en el tema, especialmente en los aspectos ambientales y en particular sobre el cambio climático, y recientemente sobre la pandemia, sobre los positivos impactos sociales que están teniendo muchas empresas. Pero sería deseable que un stakeholder con tanto poder contribuyera más proactivamente a la responsabilidad de las empresas 

Con el creciente interés en la responsabilidad empresarial, se han ido creando y desarrollando medios especializados en responsabilidad empresarial, mayormente virtuales, aunque han surgido algunas revistas impresas. En general estos medios, por su razón de ser son promotores de la responsabilidad, pero también hay algunos que en el afán de ser financieramente rentables y congraciarse con sus principales fuentes de ingresos (anuncios), otorgan premios a empresas y empresarios y publican números especiales con “casos” sobre las empresas patrocinantes, escritas por cuenta suya, que no son otra cosa que publicidad disfrazada.  Al dorar la píldora, son enemigos por comisión (cómplices de greenwashing, conflicto de intereses) y por omisión (como los medios generales). 

Y las redes sociales tienen la gran ventaja y desventaja de tener pocos controles.  Es el medio más idóneo para denunciar irresponsabilidad y poder contribuir a la mejora de la responsabilidad empresarial al focalizar esa información en la “red de interesados”. Pero al mismo tiempo, por la libertad de comunicación, pueden hacer mucho daño si diseminan información no veraz.  Son la principal fuente de fake news.  Qué fácil es diseminar información buena y mala, urbe et orbi, via Facebook, Twitter, WhatsApp, Instagram, etc. con un click.  De la misma manera permite a las empresas diseminar sus logros, pero también a promover su greenwashing. No hay controles, ni los debería haber en estos temas, pero la autorregulación es muy deficiente y la responsabilidad social de las redes sociales deja mucho que desear. Son amigos y enemigos de responsabilidad simultáneamente.  

  1. Gobiernos/reguladores

 En teoría los gobiernos y sus reguladores deberían ser los grandes amigos de la responsabilidad empresarial ya que, en principio, tienen objetivos comunes, ambos persiguen el bienestar de la sociedad.  ¿Como son enemigos? No es que estén en contra de la responsabilidad empresarial, que puede ser un buen complemento a su acción social y medioambiental, sino que no están a favor. Son enemigos por omisión, pero no por ser indiferentes, sino por no cumplir con sus responsabilidades (ver La responsabilidad del sector público ante la sociedad donde las analizábamos).  Una de sus principales responsabilidades en este sentido es aprovechar su gran poder como agente económico, el mayor comprador de bienes y servicios del país, para favorecer a las empresas responsables y dar el ejemplo.  Aunque esto está mejorando en algunos países, sobre todo en aspectos de género y algunos temas medioambientales, la gran mayoría todavía tiene como criterio para seleccionar a los proveedores el de mejor precio y en el mejor de los casos usar aspectos de responsabilidad como secundarios. La Directiva 2014/24/EU de la Unión Europea permite introducir consideraciones sociales y ambientales en la selección de proveedores (artículo 67.2). Si bien la evaluación se debe llevar a cabo en base al precio o costo, usando criterios de costo-eficiencia, puede incluir las relaciones precio/calidad, que podrá incorporar aspectos cualitativos, sociales y ambientales.

 Otra de las responsabilidades de los gobiernos que dejan que desear son las relacionadas con la promoción de la responsabilidad empresarial de manera proactiva, vía educación, diseminación de buenas prácticas, incentivos, etc.  En algunos países se ha creado consejos asesores para consolidar la acción del estado y coordinar con el sector empresarial, algunos con mayor impacto (Chile, Costa Rica) que otros (España). 

Y una de las más importantes responsabilidades es la relacionada a la regulación y legislación de las actividades empresariales. Los gobiernos tienen la responsabilidad de proteger a la sociedad de las prácticas irresponsables de las empresas para lo cual pueden y deben emitir regulaciones que las prohíban y penalicen. En general todos los países tienen legislaciones ambientales y laborales para prevenirlos.  Pero en esto hay que tener mucho cuidado en no coartar la innovación y creatividad.  Estas regulaciones suelen estar diseñadas para “el más malo”, por lo que suelen ser restrictivas para las empresas responsables, quitándole los incentivos para ir más allá de acuerdo con las necesidades del contexto en que operan y sus posibilidades. Hay que recordar que responsabilidad no es solo “no hacer el mal”, que suele ser el sesgo del regulador, es también el hacer el mayor bien posible.  Debe regularse lo básico, lo que podríamos llamar lo “no negociable” pero dejar el resto a su criterio, claro está actualizando las leyes a medida que sea necesario. 

Algunos países y regiones han emitido leyes generales de responsabilidad empresarial (ver ¿Se debe legislar la RSE?: El intento valenciano), que tienen sus ventajas y desventajas y pueden llegar a ser hasta contraproducentes.  Pueden llevar a un comportamiento de mínimos, cumplir, pero no ir más allá de lo que exige la ley. El mensaje se interpreta como que si eso es lo que pide la ley, eso es lo que hay que hacer, nada más. Por ejemplo, algunas leyes o regulaciones exigen un gasto mínimo en RSE (¿inversión social?), sin entender que la responsabilidad empresarial no es cuestión de gasto, es de comportamiento.  El resultado es que las empresas imputan todo lo que pueden a esa cuota y no van allá de cumplir (para detalles ver Obligación de gastar en RSE: ¿Es efectiva?). Conspiran contra la responsabilidad empresarial entendida en su sentido más amplio.  

Y también se pierden oportunidades de tener impacto.  Por ejemplo el Código de Buen Gobierno  de España que establece lineamientos para el comportamiento de las empresa que cotizan en bolsa promueve la maximización de beneficios, hace un saludo a la bandera en temas de responsabilidad empresarial y pierde buenas oportunidades de hacer una contribución positiva (ver los artículos Revisión del Código del Buen Gobierno: Modernización fallida y el adendum  Participación de la mujer: Una omisión, una recomendación). 

  1. Los detractores de la RSE

 Este grupo de enemigos a lo mejor tendrían que estar en la primera posición, pero es que tiene sus virtudes ya que por ser enemigo es amigo (¿paradoja?).  Nos referimos a los que creen que la empresa solo tiene responsabilidades ante sus dueños o accionistas y que consideran que los recursos empleados en mejorar el medio ambiente y las condiciones de los demás stakeholders son un malgaste de recursos, a menos que ello afecte directamente y en el corto plazo las finanzas de la empresa. 

 Suelen ser personas y medios muy vocales y persistentes en sus ataques a las empresas y dirigentes que asumen una responsabilidad ante la sociedad, y sobre todo contra aquellos que quieren hacer una contribución positiva, más allá de la que hacen sus negocios ordinarios. Presionan a las empresas, a través de los mercados financieros, que les suelen ser afines, y a través de medios especializados para que desistan en esas actividades, muchas veces con éxito.  Y enseñan en escuelas de negocios las desventajas de esa responsabilidad empresarial, promoviendo la maximización de los beneficios financieros.  Ejemplos de estos detractores los hemos analizado en muchos artículos, algunos de los más recientes son  ¿Valoran los accionistas los beneficios a la sociedad? El caso Danone, Friedman, The Economist y la perpetuación del pasado y El papel de la empresa en la sociedad: Por qué The Economist y Warren Buffett están equivocados.

Pero estos mismos detractores terminan siendo amigos de la responsabilidad por la ley de acción y reacción.  Sus férreas oposiciones provocan reacciones que aglutinan y estimulan a los amigos de la responsabilidad.  Si los amigos no tuviéramos enemigos como estos seríamos complacientes y no haríamos los esfuerzos para rebatirlos y avanzar, aprender de sus críticas y tratar de cambiar el comportamiento de las empresas.  Pero esto, a diferencia de la física, no quiere decir que la acción encuentre una reacción igual y opuesta.  Muchas veces los detractores tienen mucho más poder o energía y el balance es negativo.  Y los amigos solemos ser indiferentes, y a veces impotentes, como comentaremos a continuación. 

  1. Y todos nosotros…….

 Last but not least, todos nosotros. Nosotros somos consumidores, funcionarios, empleados, dirigentes, transmisores de información, votantes, suplidores, miembros de la comunidad, etc. que no solemos ejercer nuestra responsabilidad de estimular la responsabilidad empresarial. Por comisión u omisión somos sus enemigos.  Si como consumidores no premiamos a las empresas responsables y castigamos a las irresponsables, si como funcionarios nos hacemos la vista gorda, si como empleados no presionamos a la dirigencia, si como dirigentes somos egoístas, si votamos por políticos enemigos de la protección social o del cambio climático, en general si somos indiferentes, mal podemos esperar que las empresas y gobiernos seas responsables.  Claro está que hay algunas empresas que son responsables porque sí, pero en general ellas también necesitan que los empleados y la sociedad les responda. Así como nosotros necesitamos estímulos e incentivos para algunas acciones, las empresas, colecciones de personas y procesos, también los necesitan (ver una más amplia discusión en el artículo Responsabilidad de la Sociedad Civil ante la sociedad, donde por sociedad civil entendemos todo lo que no es gobierno ni empresa, o sea el resto, no solo las instituciones formales, sino también nosotros, los miembros de esa sociedad).

 Bueno, a lo mejor no somos enemigos, pero la matamos con nuestra indiferencia.

 ¿Quién es responsable de la responsabilidad?: Yo.

 


¿Se me olvidó alguno? A lo mejor el lector ha identificado a alguno más.

 II.        Con enemigos así ….. hay necesidad de muchos amigos 

Pero nobleza obliga. También hay que destacar las contribuciones positivas de todos estos enemigos, en mayor o menor grado. Hay que balancear.

 Toda esta discusión no es para abogar por el cambio de comportamiento de los “enemigos de la RSE”, sería ingenuo. Cada uno tiene su cultura, sus incentivos a los que responde, que guían sus acciones. Pero son enemigos. ¿No tiene remedio?  Es inevitable que cada uno persiga sus propios intereses, así como es difícil que las empresas antepongan las necesidades de la sociedad a sus intereses financieros, también es difícil para estos “enemigos”, (¿o mejor los llamamos stakeholders?), que antepongan los intereses de la sociedad a sus intereses particulares.  Y en esto es de tener en consideración que no es fácil ni hay consenso sobre cuáles son los intereses de la sociedad, lo que está sujeto a múltiples conflictos.

 Lo que se quiere destacar es la necesidad de conocer lo que estimula su comportamiento para, en la medida de lo posible, en el largo plazo, estimular la parte con la que son amigos. Los grupos no son homogéneos, no todos sus miembros atentan contra la responsabilidad empresarial, contienen gran número de “amigos”.

 Repetimos que el objeto de la discusión ha sido destacar la necesidad de entender las actuaciones con el fin de que la dirigencia de las empresas y todos nosotros tomemos medidas, ya sean para compensar (enfatizar aún más las positivas), ya sean para contrarrestar (minimizar el impacto de las negativas).

 Y después de esta larga lista de “denuncias” ¿me quedan amigos?

 

 [1] Hay que destacar tres grandes tipos de revistas, las legítimas y de elevada reputación, de editoriales como  Elsevier y Springer entre otras, a las que nos referimos aquí, las abusivas, que son otro negocio diferente, un engaño (ver Guía para detectar revistas depredadoras, secuestradoras y megadepredadoras) y que no vale la pena considerar, y las revistas publicadas o patrocinadas por escuelas de negocios, como el IESE o el ICAE, que suelen tener como público a los estudiantes y dirigentes empresariales y buscan la aplicación del conocimiento, que si permiten la responsabilidad de esos investigadores.

sábado, 17 de abril de 2021

Los trece enemigos de la RSE(C): Los primeros seis


Si este artículo no es controversial, si no despierta mucho interés, discusión y desacuerdos, no habré logrado mi objetivo disruptivo. Es una denuncia………..suave.

En las dos partes del artículo paso revista a los trece principales (a lo mejor hay más, pero trece es un “buen” numero) enemigos de la RSE, sin orden de prioridad (bueno, más o menos sí). Todos ellos la perjudican, en mayor o menor medida, siempre o a veces. Y por supuesto que hay excepciones a las generalizaciones que siguen.  Generalizar es peligroso y a veces contraproducente, pero si se gestiona con cuidado puede ser útil para llamar la atención e invitar a una consideración crítica del asunto.

He dividido el artículo en dos partes para hacerlo menos tedioso. [i] Normalmente muchos lectores leen las primeras partes de mis artículos, pero menos las segundas partes.  Esta vez espero despertar su curiosidad para conocer el resto de los enemigos en lasegunda parte. A lo mejor el lector está incluido en la lista.

Me perdona el lector si en este articulo cito tantas veces mis artículos, pero es que después de publicar más de 500 de ellos en el blog y diez libros sobre RSE (¡que arrogante!), he escrito ya sobre casi todo.

Y si no tenía suficientes enemigos, con estos artículos me ganaré algunos más.

I.         Enemigos, primera parte

        1.   La RSE.

Primer enemigo de la RSE es ella misma, por concepto difuso, por diseño.  El problema es que quienes inventaron el concepto y quienes lo promovemos queremos que la responsabilidad de la empresa sea amplia.  Se partió de una base muy estrecha de filantropía y luego se avanzó hacia la inversión social, y más adelante a “no hacer el mal”, y hemos querido llegar a que sea la asunción de responsabilidad por los impactos de sus actividades en el medio ambiente y toda la sociedad, y no contentos con esto, (el suscrito en particular) queremos que también asuman responsabilidad por el bien que podrían/deberían hacer. Y cuando lo analizamos con cuidado, la asunción de esa responsabilidad es específica a cada empresa, al contexto en que opera, al momento en el tiempo, a sus capacidades gerenciales y financieras entre otros condicionantes (ver ¿Cómo interpretar LA definición de la RSE?).  Lo cual dificulta aún mas la concreción del concepto.

Esto ha ocasionado una gran confusión, el gran parte porque esta ambición convierte el concepto en difuso, difícil de acotar, inmedible, sujeto a interpretaciones y en gran parte porque los críticos se aprovechan de ello e insisten en mantener visiones primitivas del concepto, y como veremos más adelante, proponer falsas alternativas. 

Y sobre todo para los dirigentes que se han educado y desarrollado con la idea de que lo que no se puede medir no cuenta (ver ¿Cuánto vale tu madre?: Relevancia versus medición). No todo lo que cuenta se puede medir.  No se puede, pero se pretende, comparar el beneficio neto, preparado de acuerdo con los principios de contabilidad generalmente aceptados, o el rendimiento en bolsa, para las que cotizan, con valor agregado a la sociedad y el medio ambiente, medido por un buen número de indicadores cuantitativos y cualitativos indirectos no condensables en una sola cifra (ver mi extenso análisis en ¿Cuántos esquemas/estándares de información sobre sostenibilidad se necesitan? Primera parte: ¿Cuántos hay? y, Segunda parte: ¿Cuántos debe haber?.  

Se prefiere una medición precisa, pero menos relevante a una medida relevante pero poco precisa, para medir la contribución de la empresa (ver un ejemplo del impacto de esto sobre la gestión responsable en los casos de Unilever, Etsy y el más reciente de Danone, ¿Valoran los accionistas los beneficios a la sociedad? El caso Danone).

¡Y éramos pocos y parió la abuela!  Para potenciar la confusión, se le dan decenas de nombres diferentes con múltiples interpretaciones.  Mi colección parcial de 36 nombres, sin contar las variaciones y permutaciones de partes de esos nombres (ninguna es invento mío):

 

¿Alguien quiere ponerle un nuevo nombre a la responsabilidad empresarial

Responsabilidad social de la empresa

Sostenibilidad

Medio ambiente, Social y Gobernanza

Ciudadanía Corporativa

Triple Balance

Creación de Valor Compartido

 

CAPITALISMOS

 

Capitalismo de los stakeholders

Capitalismo Consciente

Capitalismo Creativo

Capitalismo Cooperativo

Capitalismo Limpio

Capitalismo Responsable

Capitalismo Humanista

Capitalismo Sostenible

Capitalismo Comprometido

Capitalismo Múltiple

Capitalismo Progresivo

Capitalismo Regenerativo

Capitalismo Moral

Capitalismo Democrático

Capitalismo 2.0…3.0…4.0, etc.

Capitalismo Distributivo

Capitalismo Inclusivo

Capitalismo Ciudadano

 

ECONOMÍAS

 

Economía Circular

Economía del Bien Común

Economía de la Mutualidad

Economía Social y Solidaria

Economía Verde

Economía de Impacto

Economía Colaborativa

Economía Naranja

Economía de la Comunión

Economía Civil

Economía Azul

Economía Cordial

Autor: Antonio Vives

 

¡No es de extrañar si estamos confundidos!

        2.   Consultores y “expertos”.

Y buena parte de este problema se debe a los consultores y expertos, que para diferenciarse y crear su nicho de mercado deben inventar diferentes enfoques y nombres.  Pero ello conduce a una mayor confusión y les da alas a los enemigos de la RSE.  A pesar de las críticas que siguen a continuación hay que reconocer que la gran mayoría son responsables y no pretender crear esa confusión. Pero muchos anteponen el bien personal al bien común.

Este grupo es muy amplio y variado. Comencemos con los consultores en la preparación de informes de sostenibilidad.  Son contratados por las empresas y deberán promover sus intereses y uno de los principales es presentar a la empresa en su mejor imagen, lo que los lleva a una selectividad en la información que se reporta, reportando lo bueno y descartando lo menos bueno.  Y algunos llegan al extremo de usar su pericia en facilitar y legitimar el greenwashing. ¿Alguno ha visto un informe de sostenibilidad donde se reporten las deficiencias de la empresa en su relación con la sociedad y el medio ambiente? A pesar de la existencia de decenas de códigos de deontología para los consultores en RSE (ver uno aquí), hay amplios márgenes de acción.  El primer artículo de estos códigos debería ser lo que se jura en los tribunales, decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, no ser selectivos.

Y después están los consultores que asesoran a las empresas en las estrategias e implementación de su responsabilidad ante la sociedad. De nuevo, hay muchos que son responsables en el amplio sentido de la palabra, pero hay algunos que con el objeto de promover su negocio incitan a las empresas a emprender actividades que tendrán poco o nulo impacto, que no son materiales, no priorizan (ver ¿Hay que hacer de todo?: Sobre los riesgos de generalizar en RSE).  Ello puede llevar a la empresa a comprometer sus escasos recursos financieros y gerenciales en actividades que no rinden beneficios ni en el corto ni en el largo plazo. Y muchas empresas, sobre todo las pequeñas y medianas, PyME, requieren ver el impacto, no tienen los recursos para esperar, deben acometer lo que les rinde, en el amplio sentido de la palabra. Pero para evitar supuestos errores de omisión cometen errores de comisión. 

Y las grandes empresas de consultoría que promueven cualquier esquema de reporte que se proponga porque, además de su “deber” de colaborar, hay detrás de ello hay un negocio millonario.  Están involucrados en casi todas las propuestas en consideración (ver los artículos sobre esquemas y estándares de reporte mencionados arriba). Uno de los más respetados expertos en información sobre sostenibilidad, Elaine Cohen, escribió: “…si yo fuera un contador diseñaría un esquema para medir la sostenibilidad lo suficientemente diferente como para que fuera noticia ……para luego ganar toneladas de dinero asesorando a clientes …. para que adopten mi esquema y verificar su aplicación”. [ii] Cínico pero muy certero. 

Y los “expertos”, entre comillas.  El elevado interés en las dos últimas décadas en temas de responsabilidad empresarial ha dado lugar a una proliferación de cursos, maestrías, diplomados, conferencias, seminarios, webinars, etc., con un amplio espectro de calidad.  Desde presenciales de uno o dos años en universidades reputadas, a certificados de varias semanas, a cursos online de algunas horas, dictados por consultores. Muchos de estos gradúan “expertos” entre comillas, en tiempo récord que muchas veces se dedican a la consultoría. En las situaciones actuales, es más fácil que encontrar trabajo en una empresa. 

Con los conocimientos adquiridos en breve tiempo y muchas veces a través de un laptop y el internet, se han convertido en expertos capaces de asesorar a las empresas, sin haber trabajado nunca en una de ellas, no habiendo lidiado con las contradicciones internas, el conflicto de intereses, la escasez de recursos, las reducidas capacidades gerenciales, el escepticismo de los dirigentes.  Creen que todo es posible. Han aprendido sobre el “debería ser”, lo ideal de la responsabilidad empresarial que le han enseñado los cursos, han descubierto la rueda.  Ahora saben lo que no sabían hace unos meses y si ellos no lo sabían, suponen, sin darse cuenta, que nadie más lo sabe, que tienen un conocimiento casi exclusivo, superior, que hay que escribir un artículo para mostrárselo al mundo. Ello banaliza la RSE.

Estos nuevos expertos suelen atender el mercado de las PyME, a las que recomiendan emprender actividades que pueden no coincidir con sus necesidades y capacidades.  Por ejemplo, acabando de estudiar los estándares del GRI, y en algunos casos habiendo obtenido alguna certificación, recomiendan a una PyME que prepare un informe de sostenibilidad usando estos estándares, sin considerar si tal informe es la mejor estrategia de gestión y comunicación de la sostenibilidad para el pequeño grupo, a lo mejor poco activo, de sus stakeholders. Ello puede contribuir a la decepción, confusión y frustración de esas empresas sobre la sostenibilidad y abandonar sus esfuerzos.

Esto no es un caso hipotético, son casos reales.  Véanse las cualificaciones de algunos “expertos” listadas en LinkedIn.  Y si ello ha dado lugar a una viñeta como esta, es porque es una percepción extendida sobre estos “expertos”.



Con esto no queremos decir que todos los “expertos” son enemigos de la RSE, todo lo contrario, son los que la hacen avanzar. Pero hay que hacerlo con responsabilidad, con experiencia, con humildad. Y a los que se sienten aludidos, recomiendo leer, estudiar, aprender, adquirir experiencia, analizar las posiciones de otros expertos. No siempre innovar requiere inventar algo nuevo, muchas veces consiste en la aplicación oportuna y adecuada de la tecnología y conceptos ya desarrollados, adaptándolos a la situación que enfrentan.

Disculpas a los que son expertos, sin comillas, legítimos. Pagan justos por pecadores.

        3.   La industria de la información sobre sostenibilidad

Dado el creciente interés en la responsabilidad empresarial, sobre todo en los mercados financieros, se ha desarrollado una muy extendida industria alrededor de la información sobre las actividades de las empresas.  Incluye millares de empresas e instituciones en la recopilación, agregación y distribución de información básica, productoras de estándares de reporte, empresas calificadoras, productoras de índices de sostenibilidad, consultoras en producción de informes, consultoras en agregación de información, consultoras en el uso de la información y medios de difusión, instituciones que producen premios y distintivos, entre otras instituciones. 

Solo como un ejemplo de la dispersión podemos mencionar que uno de los principales proveedores de índices, el MSCI, ha desarrollado más de 1500 índices ESG. El sitio Reporting Exchange del World Business Council for Sustainable Development, lista más de 1400 indicadores, más de 2000 esquemas de reporte y más de 650 instituciones de calificación, clasificación e índices de sostenibilidad.

Cada una de estas empresas e instituciones quiere proteger su nicho de mercado, para lo que desarrollan sus propios indicadores y sus modelos privados de lo que es sostenibilidad, lo que resulta en grandes diferencias en los reportes y en las calificaciones de una misma empresa entre diferentes calificadoras.  Ello crea confusión en la comunidad de usuarios y le quita credibilidad a las calificaciones y a la misma sostenibilidad empresarial. Pocas veces el usuario analiza que hay detrás de la calificación, quiere la información lista para guiar sus decisiones de inversiones o recomendaciones (ver el análisis comparativo de dos rankings de sostenibilidad en Rankings de RSE/Sostenibilidad: Cualquier coincidencia es pura coincidencia y el artículo sobre los esquemas/estándares de reporte mencionados arriba y resumidos en Is harmonization of reporting standards possible or even desirable?).

        4.   Cambio Climático

Sí querido lector, el cambio climático es un enemigo de la RSE. ¿Paradoja?  Si bien la mitigación del impacto de las actividades empresariales sobre el cambio climático es parte de su responsabilidad, la atención que se le brinda a nivel global conspira contra la RSE entendida como un concepto más amplio.  Después de la aceleración de sus impactos sobre el clima, del Acuerdo de París (ver Acuerdo de París: sencillamente analizado y explicado), su inclusión en los ODS, el énfasis en la Unión Europea con el Pacto Verde Europeo, el interés de las instituciones financieras, el cambio climático es un nuevo nicho de mercado se ha priorizado, es la moda. Es el tema favorito de los medios de comunicación formales.

Y sobre todo porque cuando muchos hablan de “sostenibilidad” se refieren solamente a temas ambientales y en particular a cambio climático, perpetuando la idea entre los no informados. Ello contribuye a relegar a la más integral RSE a un segundo plano.  Es más sexy hablar de cambio climático, es más fácil medir el impacto, se pueden “contar” las emisiones de gases de efecto invernadero.  De hecho, dentro de los esquemas/estándares de reporte sobre sostenibilidad, se han desarrollado varios especialmente para el tema, separados de los generales que cubren todos impactos (ver los artículos sobre reportes mencionados arriba). Y uno de ellos ha sido especialmente diseñando para reportar sobre la exposición de las instituciones financieras al cambio climático, por cuanto se cree que es uno de los principales riesgos sistémicos del sistema financiero.

No hay estándares separados para los aspectos sociales y para los de gobernanza, estos forman parte del conjunto ASG, pero el cambio climático es especial y la “A” es más importante.  Y otro buen ejemplo de la relegación es el reciente interés de la Comisión de Valores y Mercados de EE. UU., la SEC, con el cambio de gobierno en ese país, sobre los aspectos ASG (ESG en inglés).  Su iniciativa y sitio se llaman “Climate and ESG”, no ESG a secas, como si el cambio climático no fuera parte de la “E”, pero quieren enfatizarlo.

El aspecto A (E) gana por goleada a los aspectos S y G y le roba protagonismo e interés a la RSE en general y a estos dos en particular.

Menos mal que la pandemia (¡perdón!) ha resucitado (¡perdón otra vez!) el interés por los aspectos sociales de esa responsabilidad y ha puesto a las personas en el centro de atención (ver Relevancia de las empresas, centralidad de las personas). Y cuando pase la pandemia, ¿seguirá esta prioridad por lo social?

        5.   ODS y sus promotores

Otros de los grandes enemigos de la responsabilidad empresarial, que se constituyeron para promoverla son el Pacto Mundial y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS, que el Pacto gestiona.  Como en el caso del Cambio Climático esto puede parecer una paradoja.  El Pacto Mundial desarrolló sus diez principios precisamente para promover la responsabilidad empresarial y ha hecho una gran contribución, pero en el afán de promoción ha enfatizado la adhesión a los principios y ha descuidado el impacto, lo que ha contribuido a que empresas poco responsables e irresponsables puedan presumir de adhesión y usarlo para lavar sus pecados, ante la negligencia del Pacto Mundial de desenmascararlas. Es cierto que expulsa a algunas empresas, pero mayormente por no reportar, no por ser irresponsables (ver El Pacto Mundial se hace trampas al solitario: Falacia e ilusión). Y hasta otorga premios que no estimulan comportamientos responsables, sino más bien el greenwashing (ver El Pacto Mundial otra vez (mal) otorgando premios)

Si bien los ODS no fueron desarrollados para promover la responsabilidad empresarial, su objetivo es el avance del desarrollo sostenible a nivel global, resultó obvio ante el fracaso de sus antecesores, los Objetivos del Desarrollo del Milenio, ODM, que la participación de las empresas era clave para su logro. Pero aquí también el afán de promover la participación de las empresas ha llevado a sus administradores a impulsar el reporte de contribuciones por parte de las empresas, destacando las grandes oportunidades de negocio que engendran los ODS. [iii]

Ello lo que ha estimulado es que las empresas busquen maneras de aparecer contribuyendo, y el resultado es que terminan imputando acciones pasadas como si fueran contribuciones adicionales, incrementales. Es sumamente fácil hacerlo ya que los 17 ODS y sus 169 metas, cubren todo el espectro posible de actividades de las empresas. Prácticamente cualquier actividad de la empresa se puede decir que contribuye a alguna de las 169 metas.  Ello ha estimulado el greenwashing, ha priorizado el reporte sobre la acción (ver Qué fácil es usar los ODS para el greenwashing y La empresa privada y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: Legitimidad o greenwashing). 

Y la presión por reportar contribuciones a los ODS distrae la atención de las empresas sobre lo que es en realidad material y de impacto en sus actividades.  Todo esto ha conspirado contra la RSE, que no es lo mismo que desarrollo sostenible (ver los artículos ¿Es hora de pasar de la RSE a los ODS? y Responsabilidad Social, Sostenibilidad y Desarrollo Sostenible: ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de las empresas?). Y si encuentran suficientes actividades del pasado, muchas veces las cotidianas, que atribuir a una contribución a los ODS, ¿las exime ello de intensificar su responsabilidad de ahora en adelante?  A lo mejor explícitamente no, pero la satisfacción de “ya lo logrado” puede desestimular otras contribuciones positivas.

Sin embargo, es de notar que reconociendo esto, la ONU ha lanzado la iniciativa SDG Ambition (ver ¿Un paso adelante contra el greenwashing de los ODS?), La iniciativa está basada en tres pilares: (1) hacer las contribuciones a los ODS como parte del propósito, estrategia y gobierno corporativo de la empresa; (2) integrarlo en todas las actividades de la empresa: productos y servicios, gestión del capital humano y en las decisiones de asignación de recursos financieros; y (3) profundizar el involucramiento de los stakeholders. Todavía es muy temprano para evaluar su impacto, aunque en el artículo citado analizábamos algunas de sus deficiencias.

        6.   Mercados financieros

Por mercados financieros entendemos las instituciones que tienen relación con las finanzas de la empresa: inversionistas, bancos y otras instituciones de crédito, asesores financieros, gestores de fondos, agencias de calificación crediticia y de sostenibilidad, etc.  Estos mercados también pueden ser enemigos de la responsabilidad empresarial. En general, salvo algunos nichos, son instituciones que tienen como objetivo asegurar la máxima rentabilidad de sus operaciones de inversión y financiamiento, lo cual puede llevar a que ejerzan presión sobre las empresas para que maximicen sus beneficios en detrimento de su responsabilidad ante la sociedad. 

Este el caso de algunos inversionistas activistas que fuerzan cambios de estrategia y de dirigentes para lograr esos fines. Recientemente se han presentado varios casos muy paradigmáticos, el más reciente (marzo 2021) es el de un inversionista que con el 0,05% del poder de votación logró cambiar al CEO de Danone, empresa constituida como empresa con fines de beneficios (ver ¿Valoran los accionistas los beneficios a la sociedad? El caso Danone y los casos de Etsy, ¿Quién gana cuando la responsabilidad compite contra la rentabilidad? y Unilever ¿Pueden las empresas responsables resistir los embates de los activistas financieros?.), supuestamente porque sus fines duales, sociales y financieros, distraían su atención sobre los financieros y no obtenía todos los beneficios que podría y debería.

A pesar de estos casos, los mercados financieros se están moviendo hacia la promoción de la   responsabilidad empresarial vía el nicho de mercado de inversiones socialmente responsables, ISR (ver Todo lo que necesitas saber sobre la Inversión Socialmente Responsable en cinco respuestas).  Este es un mercado en franca expansión donde participan empresas calificadoras y de producción de índices de sostenibilidad, fondos de inversiones dedicados a empresas responsables e inversionistas, mayormente institucionales (fondos de pensiones, fondos de inversión especializados y gestores de fortunas familiares, entre otros).

Estos inversionistas demandan inversiones en empresas que hayan sido calificadas por los calificadores como responsables o que estén incluidas en algún índice de sostenibilidad y sean ofrecidas por fondos de inversiones. Hasta aquí todo bien.  El problema es que en el afán de atender la creciente demanda de los inversionistas responsables los fondos califican como inversiones responsables con gran liviandad y se autocalifican como fondos ASG. Casi cualquier empresa es calificada como tal, si pueden encontrar algo positivo

Gran parte de las inversiones de los fondos calificados como tales, ASG (ESG) son en empresas calificadas así por “exclusión”, o sea que “no hacen daño”.  Lo más común es excluir a las que se dedican a la producción de armamento, apuestas, tabaco, alcohol y otros vicios. Ello no contribuye a promover la responsabilidad empresarial como lo sería una selección por “inclusión”, o sea empresas que son específicamente responsables, pero no solo en algo marginal, sino en la mayoría de sus actividades. Cada día hay más fondos de este tipo, pero no son la mayoría.

Esta selección por inclusión podría estimular a las empresas a ser más responsables, para poder acceder a esta demanda por sus valores negociables, que a veces son en condiciones más favorables. Pero hay mucho abuso del término “inversiones ASG”, casi cualquier cosa se califica como tal, lo que quita credibilidad a la industria ISR y la misma responsabilidad empresarial.

Un segmento de alto crecimiento en esta industria ISR, aparte de la de fondos de inversión, son los préstamos y bonos verdes, sociales y sostenibles, que prometen invertir en mejorar la sostenibilidad, pero algunos tienen serias deficiencias en su impacto y su monitoreo. Hay muchos de estos financiamientos que tienen poco impacto incremental, nuevo.  Algunos son refinanciamiento de lo que ya vienen haciendo o actividades muy marginales lo que también le quita credibilidad a la industria ISR y a las actividades que se financian (ver Mis diez artículos sobre bonos verdes, sociales y sostenibles (a septiembre 2020, en particular El bono verde de Coca Cola FEMSA: ¿Pintado de verde? y What’s the true impact of green bonds?). Compras un bono verde y después resulta que no era verde.

Tal es la preocupación sobre el tema que se han desarrollado iniciativas para combatir este greenwashing. Un caso paradigmático y con gran potencial son las iniciativas de la Comisión Europea sobre la transparencia en la oferta de productos de inversión etiquetados como responsables Sustainable Finance Disclosure Regulation. Y en el caso del “financiamiento verde” han desarrollado iniciativas como la Taxonomy: Final report of the Technical Expert Group on Sustainable Finance, que define lo que se pueden considerar como actividades sostenibles, y la Usability Guide; TEG Proposal for an EU Green Bond Standard para fortalecer los criterios para calificarlo como verdes.

II.        Enemigos, segunda parte

En la segunda parte analizaremos otros siete enemigos y concluiremos con una discusión sobre el impacto de los trece enemigos y el balance que proporcionan los amigos para el avance de la RSE, algunos de los cuales han sido incluidos en esta primera parte como enemigos. 

Todas las categorías tienen contribuciones positivas y negativas y es necesario destacarlo.  Si aquí se han destacado los negativos es solo para invitar a la reflexión, al análisis crítico necesario para mejorar la situación.




[i] Hoy en día el período de atención es muy corto, dos o tres minutos o un par de páginas, hay mucha competencia por el tiempo del lector (de hecho, el tiempo promedio de visita a mi blog es de dos minutos, y yo que paso días y días estudiando y escribiendo cada artículo, cada uno de ellos entre 4 y 20 páginas).

[ii] En su artículo The Enlightenment According to the Big Four. Not. donde analiza la propuesta del esquema de reporte del World Economic Forum.