lunes, 24 de agosto de 2020

Alphabet (Google) emite un bono sostenibile: ¿Cuán sostenible?


En agosto del 2020, Alphabet, la casa matriz de Google, emitió bonos por valor de US$10.000 millones, de los cuales, US$5.750 millones son bajo la modalidad de bonos sostenibles. En este artículo analizamos las principales características de la emisión, la segunda opinión independiente y en particular su potencial contribución a la sociedad. [1] 

I.                La emisión

Si bien Alphabet es conocida por Google, su principal subsidiaria, tiene más de 200 empresas y actividades en sectores como fibra óptica, telemedicina, desarrollo de medicamentos, inteligencia artificial, vehículos autopropulsados, rehabilitación de ciudades, globos para la transmisión de internet, drones, capital semilla para emprendimientos, aviones solares, energía eólica, YouTube, termostatos inteligentes, teléfonos celulares y su software (sistema Android), laptops, telas inteligentes, computación en la nube, entre otras. 

De allí que las actividades a financiar con el bono sostenible vayan mas allá de las actividades de Google, aunque siendo la empresa de mayor impacto social y ambiental del grupo, será el foco del financiamiento. 

En el esquema de la emisión del bono (Alphabet Sustainability Bond Framework, 2020) se describen las actividades a financiar y los procesos a seguir, siguiendo los Principios de los bonos verdes (GBP)Principios de los bonos sociales (SBP), y las Guías de los bonos sostenibles de la International Capital Markets Association. El esquema está estructurado da acuerdo a esos principios, cubriendo sus cuatro apartados: (1) Uso de los Fondos; (2) Proceso de Evaluación y Selección de Proyectos; (3) Gestión de los Fondos; y, (4) Informes.  

Es el cumplimiento de estos requisitos lo que les da esa característica los bonos, pero es el impacto de los proyectos y actividades lo que les da la sostenibilidad. 

Los recursos de los bonos se usarán para financiar inversiones y proyectos en ocho grandes áreas: (1) Eficiencia energética; (2) Energía limpia; (3) Edificios eficientes; (4) Transporte limpio; (5) Economía circular y diseño; (6) Vivienda accesible; (7) Equidad racial; y, (8) Apoyo a PyME y mitigación del impacto de la pandemia. 

Las cinco primeras son típicas de bonos verdes (medio ambiente) y las siguientes tres corresponden a la categoría de bonos sociales. Al incluir ambas categorías en una emisión, lleva a los bonos a la categoría de “sostenibles”.  Las dos últimas áreas, equidad racial y el apoyo a PyME (sobre todo de empresas dirigidas por miembros de las minorías negras) y la mitigación del impacto de la pandemia, representan la respuesta de la empresa a situaciones circunstanciales, muy recientes, añadidas de última hora. Las áreas se explican por sí solas, por lo que comentaremos solo dos de ellas, economía circular y vivienda accesible.  Mas delante consideraremos el potencial impacto, la contribución a la sostenibilidad, de todas las actividades y proyectos cubiertas por la emisión. 

Siendo Alphabet uno de los mayores consumidores de energía del mundo, las cuatro primeras áreas son prioritarias y tienen un gran potencial de contribuir a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, GEI. En el 2018, solamente Google consumió 11 millones de MWh, equivalente al consumo de electricidad de Madrid en diez meses. Sin embargo, desde hace 13 años es neutro en sus emisiones de GEI utilizando energía renovable y compensado emisiones con inversiones en proyectos que evitan o reducen emisiones. Es el mayor comprador del mundo de energía renovable.  Para mayores detalles ver su Environmental Report 2019.



La quinta categoría, economía circular y diseño se refiere a proyectos e inversiones relacionados con la utilización de materiales plásticos reciclados y su reciclaje.  Es mayormente una actividad que compete a las empresas y actividades de Alphabet que manufacturan y que consumen materiales. Según el esquema de la emisión se financiarán proyectos con el objetivo común de reducir los desechos ya sea utilizando materiales más sostenibles, reciclando materiales y reduciendo los desechos de las construcciones y oficinas. 

Es de notar que en el área incluye la palabra “diseño”, lo que hace presuponer que el diseño de los productos considerará su impacto ambiental.  Sin embargo, no parece que se preocupará de que los productos tengan mayor duración, mayor reutilización y más fácil reciclabilidad.  Parece que el énfasis es en el uso de materiales que sean reciclados o que contaminen menos. Si bien esto es laudable, no es suficiente. Es una deficiencia generalizada de las estrategias de economía circular (su estrategia aquí): poca preocupación por la sostenibilidad del diseño (ver La economía circular: ¿Innovación o reciclaje?). 

Con respecto a la sexta área, vivienda sostenible, cabe preguntarse porque es una prioridad para Google.  Lo es por sus efectos indirectos en el costo de la vivienda en el área donde tiene sus oficinas centrales. Esto fue objeto de análisis en el artículo Buen ejemplo: Asumir responsabilidad por impactos indirectos, donde comentábamos la iniciativa de Google, y de otras empresas, para contribuir a la reducción del costo de la vivienda en el área de San Francisco, que se ha hecho inaccesible para una gran parte de su población como consecuencia de las elevadas remuneraciones y ganancias de los empleados de las grandes empresas de tecnología ubicadas en el área que hacen subir los precios y alquileres (Google, Facebook, Uber, Salesforce, Apple, Lyft, LinkedIn, Airbnb, eBay, Intel, Tesla, Yahoo, Netflix y Oracle, entre otras). Esta iniciativa ya fue anunciada en julio del 2019, sin mencionar la fuente de recursos, y lo que se hace ahora es asegurar su financiamiento. 

Los recursos del bono de sostenibilidad financiarán actividades que, entre otras que puedan identificarse, incluyen la rezonificación de tierras que posee Google para dedicarlas a desarrollos residenciales accesibles y un fondo de inversiones para financiar estas viviendas (los recursos del bono actuarán como préstamo puente). 

II.             Verificación, certificación y rating 

El bono solo ha sido objeto de verificación parcial, en lo que se conoce como Segunda Opinión (Second-Party Opinion, SPO), producida por Sustainalytics, la mayor empresa en este tipo de verificaciones, y ha sido detallada en el documento Second-Party Opinion, Alphabet Sustainability Bond Framework.  Es de destacar que esta opinión se basa en la verificación de que el esquema incluye la información que requieren principios generalmente aceptados para estas emisiones, en este caso los del ICMA. Es una verificación limitada que se basa en la información que proporciona la empresa y la que está disponible públicamente.  No hay verificación de la veracidad de esa información. 

En este caso, la segunda opinión más que una verificación parece una apología a Alphabet, esforzándose en demostrar lo sostenibile que es la empresa, que, si bien ello está respaldado por la información que publica Google en el mencionado informe ambiental, le quita objetividad a la “segunda opinión” ya que se limita a repetirlo, no a hacer un análisis crítico. Parece una segunda opinión interna, no externa. Estimulamos al lector a hacerse su propia “primera opiniónleyendo el documento.

Para ofrecer mayores confianzas a los inversores, algunas emisiones son objeto, además, de certificación y calificación, donde se evalúa su idoneidad como bonos verdes, sociales y sostenibles, y que el destino de los recursos que propone la emisión contribuyan al logro de sus objetivos medioambientales, sociales y de sostenibilidad, según corresponda. Algunos evaluadores independientes le asignan una calificación, similar a la de viabilidad financiera, a la posibilidad de que logren esos objetivos. Esta emisión no lo ha hecho. 

La Segunda Opinión de Sustainalytics analiza cada una de las secciones del esquema de emisión para verificar si contiene la información que exigen los principios y guías del ICMA, analiza cada una de las áreas de inversión para apreciar su potencial contribución a la sostenibilidad y ponerlas en el contexto de la estrategia y actividades de la empresa para determinar si ello es razonable, si no presenta contradicciones potenciales.  Sin embargo, como mencionábamos no verifica la veracidad de la información presentada en el esquema o en el informe ambiental, que son las fuentes de la información utilizada para la segunda opinión.  Si bien esto es una práctica relativamente estándar, ello no obsta para que sea mejorable, como comentamos al final. 

III.           Evaluación de la emisión 

1.      ¿Contribuirán a la sostenibilidad? 

De acuerdo con el breve análisis precedente del esquema de la emisión y del contenido de la segunda opinión, la emisión tiene un gran potencial de contribuir a mejorar el impacto ambiental y social de Alphabet.  Se contemplan numerosas actividades y proyectos que están muy alineados con la estrategia del grupo de empresas y que son prioritarias por el elevado impacto que tienen sus actividades. 

La estructura general de la emisión y las áreas de inversión dan confianza de que en efecto contribuirá a mejora la sostenibilidad del planeta. Pero tiene además algunas características menos comunes que inspiran más confianza en la efectividad de la utilización de los recursos: 

  • Se autoexigen que los proyectos que financien, por ejemplo, en energía renovable tengan adicionalidad, o sea, que sean proyectos nuevos, o que expandan el suministro, no la compra de energía renovable de proyectos existentes. Es la manera de garantizar que la inversión contribuye a la reducción de emisiones de GEI.  El caso de la energética italiana ENEL, que comentábamos en el artículo Qué fácil es usar los ODS para el greenwashing, no requiere adicionalidad y pueden alegar que la compra de energía renovable de terceros reduce las emisiones y contribuye a los ODS, cuando en efecto ya están reducidas.
  • En proyectos donde no tengan el total control, por ejemplo, en inversiones en PyME o en vivienda accesible, que no los ejecutan, exigirán que cumplan con sus políticas de sostenibilidad, como si fueran ejecutados directamente.
  • Ofrecen reportes con verificación independiente de que las inversiones efectuadas han sido llevadas a cabo de acuerdo con los principios del esquema de emisión.
  • Ofrecen incluir en los reportes de ejecución una serie de indicadores de impacto para cada una de las áreas.  Algunos indicadores ya están definidos para cada área, sin embargo, es de destacar que más que impacto se refieren a indicadores numéricos de lo que en evaluación ex post de proyecto se llaman outcomes, que se refiere a lo que se ha hecho físicamente, que no es lo mismo que impacto, que se refiere a cómo ha cambiado la situación como consecuencia de la inversión. Lo que ofrece Alphabet es lo normal en este tipo de emisiones, pero no es suficiente. Con la experiencia acumulada a lo mejor Alphabet podrá acercarse algo más a la medición del impacto, en el sentido más estricto de la palabra. [2] 


Todas las actividades contempladas se pueden llevar a cabo con los financiamientos tradicionales a los que tiene acceso Alphabet y sus empresas.  Pero desde el punto de vista de la sociedad, el hecho de hacerlo vía bonos sostenibles tiene la ventaja de que fuerza a la empresa a enfocarse en esas actividades, gestionarlas y reportar sobre su ejecución.  Si fueran financiadas vía bonos tradicionales, la empresa podría hacer lo que quisiera con los recursos, sin restricciones de destino, salvo que la emisión lo especificara. Podrían decir que han financiado sostenibilidad, pero con menos confianza para la sociedad. 

Desde el punto de vista de la empresa una de las razones por las cuales se financian bajo la modalidad de bonos sostenibles es para llamar la atención sobre su responsabilidad social y ambiental, mostrando el volumen de actividades en este sentido que llevan a cabo.  De esta manera se sensibilizan a los mercados financieros de esa responsabilidad y, visto el elevado interés actual en los mercados de inversiones responsables, ISR, y las grandes confusiones sobre lo que en realidad son inversiones ambientales, sociales y de gobernanza, ESG, esta emisión puede llenar parte de la demanda por este tipo de inversiones en una empresa sostenible en todos los sentidos de la palabra. De hecho, la emisión tuvo una demanda por cuatro veces el monto de la emisión, lo que además puede contribuir a rebajar su costo. 

Es posible que los bonos hayan tenido un descuento por ser sostenibles y se haya reducido el costo del financiamiento de Alphabet.  El profesional que lideró la emisión, que puede no ser objetivo, opina que esta puede haberles ahorrado entre 3 y 5 puntos base (cada punto base, 1/100 de 1%, le puede ahorrar US$575.000 anuales por concepto de intereses).  Habíamos analizado estudios más rigurosos sobre el impacto en el costo de financiamiento de este tipo de bonos al final del articulo Bonos verdes, sociales y sostenibles. 2a. Parte: ¿Añaden valor?, donde no se constataba efecto alguno.  Estos estudios son a nivel agregado, por lo que cabe destacar que para una empresa en particular sí sea posible que se reduzca su costo, aunque sea difícil probarlo (no puede haber una emisión tradicional perfectamente comparable). Además, entre aquellos estudios del 2015 y la actualidad el mercado de ISR ha evolucionado mucho. 

2.     Y no podrían faltar los ODS 

También la documentación de la emisión hace referencia a su contribución a los ODS. Como describíamos en el artículo Lo nuevo en reportes de sostenibilidad, Derechos Humanos, Pacto Mundial y los ODS al comentar el informe del Linking the SDGs and the GRI Standards, es posible hacer una correlación entre lo que dicen que hacen las empresas, en este caso lo que prometen hacer, con todos los ODS y así parecer que se hace una contribución. 

Sin duda que las actividades propuestas en la emisión pueden hacer una contribución, pero lo que deja un mal sabor es la amplitud reportada de la potencial contribución, el todo vale.  Para cada una de las ocho áreas hacen esa correlación y alegan que contribuirán a nueve de los ODS (y se les olvidó añadir el #17, ya que algunos proyectos se llevarán a cabo en alianzas con otras organizaciones). La contribución es laudable, pero como se aprecia, lo que se hace es una correlación ex post, primero se diseña la emisión y luego se le atribuye contribución. No parece ser un esfuerzo especial para contribuir, es un mapeo.  [3] 

IV.           En resumen 

A pesar de las ligeras críticas expresadas en este artículo, el bono está muy bien diseñado y estructurado, respalda la estrategia de la empresa y prioriza las áreas en la que tiene mayor impacto social y ambiental.  Es un modelo de cómo hacer estos bonos y puede contribuir a estimular emisiones de otras empresas. 

Lo que falta por saber es cuál será el impacto de los proyectos y actividades ya que a estas alturas reflejan intenciones. Esto es un problema común de todas estas emisiones, es un problema de la falta de mordiente en los principios y guías que las rigen (ya habíamos destacado la necesidad de que sean fortalecidos en What's the true impact of green bonds? y la necesidad de desarrollar esquemas independientes de seguimiento en Needed: A systematic effort to monitor and report greenwashing related to the SDGs). 

Es de destacar, no obstante, que en este caso, Alphabet ofrece confianzas de que la ejecución de los proyectos será efectiva. El compromiso de las empresas del grupo con la sostenibilidad parece firme. 

Si el bono hubiese sido objeto de certificación o rating daría todavía más confianzas. No conocemos las razones por las cuales no lo fue, pero es de presumir que consideraron que por las medidas tomadas para asegurar la efectividad y la capacidad de Alphabet para supervisar y controlar la ejecución de las inversiones ello no era necesario. 

Ojalá le salgan imitadores y potencien sus inversiones sostenibles………….y su compromiso con la sociedad.

 


[1] Para un análisis detallado de las características de este tipo de bonos ver Bonos verdes, sociales y sostenibles. 1a. Parte: ¿Qué son y para qué sirven? y los demás artículos listados en Mis artículos sobre bonos verdes, sociales y sostenibles.

 [2] Por ejemplo, el monto invertido en viviendas es un output, el número de viviendas construidas y el número de personas beneficiadas en un outcome.  El impacto es la contribución a la reducción del costo de la vivienda, que es el objetivo de la inversión.  El impacto se muy difícil de medir ya que depende de otros factores exógenos al proyecto y se requiere de plazos largos para poderlo determinar.

 [3] Ver el artículo ¿Legitimidad o greenwashing en la contribución de las empresas a los ODS?: Criterios para discernir, donde proponemos cinco criterios para determinar la legitimidad de las contribuciones a los ODS.

 


Mis artículos sobre bonos verdes, sociales y sostenibles (agosto 2020)


Alphabet (Google)emite un bono sostenibile: ¿Cuán sostenible?

Ago. 26, 2020


 Needed: A systematic effort to monitor and report greenwashing related to the SDGs

Nov. 18, 2019


 Qué fácil es usar los ODS para el greenwashing

Oct 5, 2019


Bonos verdes, sociales y sostenibles. Quinta parte: Mejorando la legitimidad e impacto

Jan. 27, 2019


 What's the true impact of green bonds?

May 11, 2018


 Bonos verdes, sociales y sostenibles. Cuarta parte: Un ejemplo paradigmático

Mar 25, 2018


 Bonos verdes, sociales y sostenibles. Tercera parte: ¿Legitimidad o Greenwashing?

Mar 18, 2018


 Bonos verdes, sociales y sostenibles. Segunda parte: ¿Añaden valor?

Mar 4, 2018


 Bonos verdes, sociales y sostenibles. Primera parte: ¿Qué son y para qué sirven? 

Feb. 18, 2018

 

miércoles, 19 de agosto de 2020

¿Ha pasado algo a un año de declaración sobre la primacía de los stakeholders del Business Roundtable?

 

Algunos recordaran que, con bombos y platillos, la organización que agrupa a mas de 200 CEO de los EE. UU., el Business Roundtable, BRT, emitió el 19 de agosto del 2019 una declaración que cambiaba el énfasis tradicional de la organización desde la primacía de los accionistas hacia la primacía de los stakeholders.

 Aun cuando cada una de nuestras empresas tiene sus propios propósitos, compartimos un compromiso básico con todos nuestros stakeholders. Nos comprometemos a: 

·        Proporcionar valor a nuestros clientes. Profundizaremos la tradición de las empresas estadounidenses de liderar el camino en cumplir o exceder las expectativas de nuestros clientes.

·        Invertir en nuestros empleados. Esto comienza con una compensación justa y la provisión de beneficios importantes. También incluye respaldarlos a través de educación y entrenamiento que les permita desarrollar destrezas para el mundo cambiante. Promovemos la diversidad, inclusión, dignidad y respeto.

·        Relacionarnos justa y éticamente con nuestros proveedores. Estamos dedicados a server cono buenos socios con otras empresas, grandes y pequeñas, que nos ayuden a cumplir nuestro propósito.

·        Respaldar a las comunidades en las que operamos. Respetamos las personas en nuestras comunidades y protegemos el medio ambiente adoptando practicas sostenibles a lo largo y ancho de nuestras actividades. [2]

·        Generar valor de largo plazo para nuestros accionistas, que proporcionan el capital que permite a las empresas invertir, crecer e innovar.  Estamos comprometidos con la transparencia y el involucramiento efectivo con y de nuestros accionistas.

 Cada uno de nuestros stakeholders es esencial. Nos comprometemos a proporcionar valor a todos ellos, para el éxito futuro de nuestras empresas, nuestras comunidades y nuestro país (énfasis añadido).

 

 En el artículo El propósito de la empresa responsable: ¿Punto de inflexión? ¿Se consolida? lo analizábamos en detalle y de la discusión concluíamos que:  

La Declaración, como hemos comentado, en efecto le falta mordiente, es de esperar de una declaración pública masiva y le faltan muchos elementos críticos como hemos señalado, pero puede estimular la discusión, difusión y acción.  Pero compete a la sociedad y a los gobiernos exigir acciones y cuentas y si ambos son indiferentes, mal pueden quejarse.  Nosotros como consumidores, empleados, funcionarios, votantes, profesores, alumnos, etc., tenemos responsabilidades, debemos actuar.

 Con motivo del aniversario de la declaración, el 19 de agosto del 2020, se llevó a cabo un foro electrónico con el CEO de la organización.  La pregunta escrita del suscrito fue recogida por la moderadora: 

Siendo que BRT es una asociación de los CEO, que no tienen total control sobre las empresas, ni las obligan, ¿cómo se puede asegurar que éstas cumplan con los principios de la declaración? ¿Cómo hace BRT para hacer seguimiento al cumplimiento y qué acciones puede tomar?

 Es oportuno recordar que la declaración fue firmada por cada CEO a título personal, no a nombre su empresa, por lo que no la compromete. Algunos la habrán comentado con sus Consejos y a lo mejor consultado con sus departamentos legales, pero es claro que la empresa no adquiere compromiso alguno.  

 Las respuestas de BRT, sin sorpresas, fue lo que ya habíamos concluido en el articulo original.  La responsabilidad de cumplir con los principios de la declaración compete a las empresas ya que BRT es una institución que existe solo para reunir a los CEO a discutir temas de importancia para sus empresas y la sociedad, pero que no tiene entre sus funciones el seguimiento del cumplimiento de las declaraciones.  Corresponde a los stakeholders de cada empresa tomar las medidas para exigir ese cumplimiento.

 Al repartir esa responsabilidad entre millones de stakeholders dispersos, desinformados, con poco poder, y que nadie asuma la responsabilidad, se da credibilidad a los críticos de la declaración de que es simplemente una declaración de buenas intenciones, no exigible, ni siquiera con obligación colectiva de reportar progreso. A lo sumo, el reporte voluntario de cada empresa como mejor le parezca.

En el preámbulo dicen que se comprometen.  Pero solo se podían comprometer a proponer, hacer esfuerzos, liderar dentro de la empresa.  A pesar de todo el poder que tienen, no lo tienen como para forzar a toda la empresa a hacerlo.  De allí que la declaración parezca, y terminará siendo, un "saludo a la bandera".

No hay  plan de acción, mecanismos de seguimiento, ni de reporte, de control.  "Nos comprometemos sin compromiso."

 ¿Qué impacto tiene la declaración, más allá de llamar la atención sobre el “buenismo” de algunos CEO?



sábado, 8 de agosto de 2020

Lo nuevo en reportes de sostenibilidad, Derechos Humanos, Pacto Mundial y los ODS


Analizamos el contenido de cinco informes de mediados del 2020 sobre la empresa privada y su responsabilidad en el desarrollo sostenible y sugerimos su utilidad para el lector interesado en estos temas.

 El primer informe contiene un análisis de las disposiciones sobre la diseminación de información sobre la responsabilidad empresarial en el mundo; los siguientes cuatro son publicaciones relacionadas con las Naciones Unidas.  Son cuarto reportes que analizan la correspondencia entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS, y los estándares de reporte del GRI y pasan revista al estado actual de implementación de tres de sus iniciativas, gestión de los derechos humanos en las empresas, el estado de implementación de los Diez Principios del Pacto Mundial, y el progreso logrado en los ODS.  Estos cuatro tienen en común que quieren estimular la atención y la acción de empresas y gobiernos, sobre estas tres iniciativas por cuanto sus logros dejan mucho que desear.  Todos los informes son de mediados del 2020.

 Los cinco informes son en inglés (el título abajo contiene el nexo al documento respectivo).  Como en casos anteriores, en que reseñamos informes semejantes, repetimos la llamada a aquellos que conocen de informes en español, relevantes, destacables, disponibles al público, que nos lo hagan saber para también reseñarlos.

  

I.     Carrots and sticks. Sustainability Reporting Policy: Global trends in disclosure as the ESG agenda goes mainstream.

 Este es la quinta edición del informe (en anterior es del 2016) que analiza las disposiciones nacionales obligatorias y voluntarias sobre la diseminación de información sobre la responsabilidad social de las empresas.  Fue preparado por la University of Stellenbosch Business School, en África del Sur. Esta edición cubre más de 600 disposiciones (280 en el 2016) en 84 países (71 en el 2016).  Además de calificarlas por voluntarias y obligatorias, las clasifica por emisor (gobiernos, reguladores de mercados, bolsas de valores, etc.), por tipo (regulaciones y leyes, códigos, auto-regulación, estándares de reporte, etc.), por región (Europa, América del Norte, del Sur, Asia-Pacífico, África y Medio Oriente), por tipos de empresas (cotizadas, no cotizadas, públicas, etc.), por sector industrial (industrias extractivas, energía, transporte, manufactura, etc.), por tema ambiental (cambio climático, agua, contaminación, biodiversidad, etc.), por tema social (derechos humanos, condiciones laborales, impacto social y responsabilidad de productos y servicios), por tema de gobierno corporativo (transparencia, anticorrupción, ética e integridad, remuneración, consulta con stakeholders, etc.), por tema económico (cadena de valor, rendimiento, comercio, adquisiciones, etc.) y por medio para diseminar la información (informe anual, informe de sostenibilidad y otros informes específicos).

 Incluye una sección en la que analiza la relación entre las disposiciones y cada uno de los 17 ODS, si bien no hay disposiciones nacionales específicamente referidas a los ODS.  Pero como es costumbre en informes relacionados con la responsabilidad de la empresa privada parece ser obligatorio encontrar alguna relación, a posteriori, con los ODS.

 Esta edición incluye algunas entrevistas con representantes de bolsas de valores del sudeste asiático, que lamentablemente no añaden valor, son relativamente inocuas.

 El sitio contiene además un mapa interactivo que permite pulsar sobre los países analizados para ver el número de disposiciones y un sitio que incluye un listado con nexos a las correspondientes disposiciones.  El valor de esta publicación está en el inventario que hace de las mas de 600 disposiciones y sus clasificaciones. Posiblemente sorprenderá al lector la proliferación de disposiciones.

 

II.             Linking the SDGs and the GRI Standards

 

El informe es una actualización, a marzo del 2020, de la correlación entre los estándares de reporte del GRI y los ODS, que forma parte de la colaboración con el Pacto Mundial para estimular el reporte de las contribuciones de las empresas al logro de los ODS. Presenta un mapeo de cada una de las 167 metas de los 17 ODS a alguno de los estándares GRI.  De esta manera el GRI puede alegar que sus estándares cubren todas las metas y el PM que sus metas pueden ser reportadas en los informes preparados de acuerdo con los estándares del GRI.

 Si bien el mapeo puede mejorar el reporte de las contribuciones a los ODS también puede estimular que las empresas, preparado sus informes de sostenibilidad, tengan la oportunidad de imputar los indicadores GRI a alguno de los ODS y con ello parecer que contribuyen a su logro. Un informe GRI tradicional, puede con el mapeo, preparar un “informe de contribución a los ODS”.  Y según el mapeo, si reportan de acuerdo con los estándares del GRI, contribuyen a todos los ODS (ver ejemplo en el gráfico). ¿Tiene esto algo de malo?  Depende de como se use.  Si las contribuciones son legítimas y se reportan, bien, pero si se imputa lo que ya se viene haciendo se puede estimular el greenwashing (ver los artículos La empresa privada y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: Legitimidad o greenwashingLos riesgos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para las empresas responsables y Needed: A systematic effort to monitor and report greenwashing related to the SDGs).

 El valor (negativo) de este informe que el mapeo facilita (¿estimula?) el greenwashing de la contribución a los ODS.

 


III.  Business and Human Rights: Navigating the legal landscape

 Este informe preparado por el bufete legal Freshfields Bruckhaus Deringer LLP, incluye el análisis de las obligaciones legales que pueden afectar a las empresas en el tema de derechos humanos, DD.HH., en ocho países y la Unión Europea, en función de la tendencia en la última década hacia comportamientos obligatorios en el tema de DD.HH, y otros principios de sostenibilidad.  Lamentablemente el informe no cubre ningún país de habla hispana.  No obstante, puede ser de interés ver como van evolucionado estas obligaciones de legislación blanda (guías, códigos, etc.) a legislación dura (legislación y regulación).

 El lector recordará que un informe emblemático sobre los DD.HH. fue el de los Principios Rectores sobre las empresas y los derechos humanos: proteger, respetar, remediar (conocido como informe Ruggie, 2011), de las Naciones Unidas, que después de muchos años de discusiones, terminó en una serie de recomendaciones para los países y las empresas privadas de cumplimiento voluntario.  Sin embargo, persiste la presión a producir un esquema que sea de carácter obligatorio (desde el 2011 hay un grupo de trabajo en las Naciones Unidas con ese mandato, pero con poco progreso al 2020).  Ello no ha obstado para que los países vayan incorporando algunas obligaciones en sus legislaciones y regulaciones en el tema de DD.HH.  Este informe pasa revista a esta evolución.

 Los principales documentos normativos que fundamentan el desarrollo de obligaciones a nivel de los países son, el mencionado arriba, Principios Rectores sobre las empresas y los derechos humanos, La Declaración Tripartita de Principios sobre las empresas multinacionales y la política social (5ª. Edición, 2017) de la Organización Mundial del Trabajo, OIT, y las Líneas Directrices de la OCDE para Empresas Multinacionales (2011) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE.

 Algunas de las legislaciones imponen obligación de efectuar la diligencia debida sobre los derechos humanos, algunas de las cuales extienden el ámbito legal a los grupos de empresas y su cadena de valor, incorporan requerimientos explícitos de reporte sobre esas actividades, establecen cursos de acciones para los demandantes que buscan rectificación a las fallas sobre el respeto a los DD.HH. y exigen una más intensa focalización a las operaciones y comportamiento en DD.HH. de las empresas.

 El valor de esta publicación está en el inventario y la tendencia de disposiciones a adquirir carácter legal o quasi-legal, aun cuando no cubra países de habla hispana.

 

IV.  Uniting Business in the Decade of Action:  Building on 20 Years of Progress

 Es un informe preparado por la consultora DNV DL para el Pacto Mundial, con motivo de su vigésimo aniversario y para pedir acción en los diez años restantes para el logro de los ODS. Puede considerarse un complemento, menos directo, más sutil, a la iniciativa SDG Ambition  lanzada por el Pacto Mundial a mediados del 2020 para estimular acción (ver la descripción en ¿Un paso adelante contra el greenwashing de los ODS?).

 El informe está basado en la encuesta de implementación que lleva a cabo el Pacto Mundial, PM, entre sus miembros (respondieron el 5%), entrevistas a 40 jefes de sostenibilidad, estudios de casos seleccionados de entre los miembros del PM, una muestra de las Comunicaciones de Progreso, CdP, que las empresas someten periódicamente, e investigaciones de escritorio sobre publicaciones e información sobre los ODS. Está estructurado en tres grandes secciones: (1) El progreso alcanzado en los 20 años del PM; (2) Progreso en los logros de los ODS, basado en como se referencian en publicaciones; y (3) basado en lo anterior, las medidas que deberían tomarse en la década restante para el logro de los ODS.

 Las principales conclusiones del estudio no son sorprendentes dado las fuentes que se usaron, y deben dejar satisfecho al cliente, el PM:

 ·       El conocimiento sobre los ODS es muy extensos.

  • Los Diez Principios del PM están insertos en las prácticas de las empresas miembros (¿en las prácticas o en los reportes?)
  •  Pero hace falta trasladar las intenciones de políticas en acciones prácticas.

  • Hay amplio respaldo a los esfuerzos del PM y la creencia de que el PM puede jugar un papel importante en las relaciones entre gobiernos, empresas y ONG.
  • Aunque ha habido mucho progreso con el PM, queda mucho por hacer sobre todo en las regiones donde la participación es baja.
  • El logro de los ODS requiere de mayores esfuerzos, mayores ambiciones, de objetivos, estándares y planes de ejecución concretos por parte de las empresas (léase: están lejos de alcanzarse).

 Pero lo que no han analizado es la realidad en el terreno. No han analizado si los resultados reportados en la aplicación de los Diez Principios del PM en las CdP y las contribuciones reportadas al logro de los ODS por parte de las empresas han logrado impacto, más allá de la familiaridad con los conceptos.

 El informe añade poco valor, es más bien un documento celebratorio para el PM en su vigésimo aniversario.

 

V.    Sustainable Development Report 2020: The Sustainable Development Goals and Covid-19

 Este informe es preparado por la Universidad de Cambridge, financiado por Bertelsmann Stiftung, que es una fundación independiente, cuyo objeto es promover “los procesos de reforma, los principios de la actividad emprendedora y contribuir a construir una sociedad moderna”.  Pero además actúa como tenedora del 81% de las acciones del Grupo Bertelsmann (multinacional de medios y educación).  Es un estudio realizado independientemente de las Naciones Unidas y su Pacto Mundial, por lo que tiene más credibilidad que el informe precedente.

 El informe está en su sexta edición global (comenzó en el 2015 con el lanzamiento de los ODS), es extenso (520 páginas) y exhaustivo en el análisis del progreso en el logro de los ODS, a pesar de las grandes dificultades de obtener información confiable, sobre todo de los países de menor desarrollo relativo.  Además de las seis ediciones globales, han publicado seis ediciones regionales (África (2), América Latina, países del mundo árabe, países del mediterráneo y Europa) y seis ediciones subnacionales para ciudades y regiones (EE.UU. (3), España, Italia y Europa)

 Esta edición destaca el posible impacto de la pandemia en su logro e incluye un capítulo donde analizan las acciones de contención tomadas en diferentes países y el impacto cualitativo que ha tenido sobre cada uno de los 17 ODS. Incluye una serie de indicadores para 33 países sobre el impacto en la población, pero son cifras muy dependientes del momento y no extrapolables.

 Lo más significativo del informe es la presentación de un índice de logro de los ODS y un dashboard (“tablero de instrumentos”) para cada país, donde se presenta la situación y tendencia reciente para los 17 ODS y para muchos de los indicadores de las 169 metas, en 166 países.  Un análisis estadístico impresionante. 

 Aunque se puede cuestionar la precisión de los resultados presentados, en función de las dificultades de obtener información estadística confiable, y de la dificultad de demostrar el cumplimiento de los logros (ver Indicadores para los ODS: ¿Son los ODS medibles?), lo importante es que a nivel agregado presentan una imagen razonable de la situación de los ODS, sobre todo a nivel relativo entre países.  En este sentido es uno de los mejores reportes que se producen.  No se basa en opiniones o encuestas de supuestos expertos, se basa mayormente en datos estadísticos (ver el análisis en ¿Hay progreso (real) en la implementación de los ODS?).

 El índice produce 18 índices para cada país (cada ODS y el agregado). Es calculado como el promedio simple de la calificación de los logros en los 17 ODS (igual valor a cada uno), calificados con relación al mejor logro (100) y el peor logro (0) de entre los 166 países.  Como tal es una calificación relativa al mejor logro en cada ODS, promediada sobre los 17 ODS.  Se puede cuestionar si cada uno de los ODS es “igualmente importante” y debería tener el mismo peso en el índice global, pero cualquier otra solución sería arbitraria (aunque el suscrito cuestiona, pero no ofrece alternativas, que el progreso en el #17 de “Asociaciones para los ODS”, que requiere muy poco esfuerzo y tiene menor impacto, tenga el mismo peso que el #13 sobre “Cambio Climático” o el #6 de “Agua y Saneamiento”).  Pero lo importante no es su valor absoluto sino su valor relativo de comparación entre países y entre ODS, conociendo sus limitaciones para evitar exageraciones.

 Sin entrar en detalles, como ejemplo, baste decir que los 15 países mejor calificados son europeos. Sin sorpresas, los mejores calificados son los escandinavos, liderados por Suecia con una calificación de 84,7.  España está calificada en el puesto #21 (con 78,1), y en América Latina los mejores calificados son Chile (#28 con 77,4), Costa Rica (#35 con 75,1) y Uruguay (#45 con 74,3). Para comparación, EE. UU. esta calificado #31 con 76,4, por debajo de Chile y apenas por encima de Costa Rica.

 Siendo esta la sexta edición del informe presenta además la evolución de los países y sus ODS para seis años.

 El informe incluye un apéndice con el tablero para cada país, en el que se incluye la calificación global, en cada ODS, con una indicación de su evolución reciente y los indicadores para cada meta.  Más abajo se presenta una muestra de la información presentada.

 La información proviene de datos y análisis producidos por organizaciones internacionales, ONG, centros de investigación, redes nacionales y regionales del Sustainable Development Solutions Networks (iniciativa de la ONU) y de expertos y funcionarios de gobiernos que responden a la encuesta sobre “los mecanismos de implementación y coordinación para los ODS” a nivel centralizado y descentralizado.

 El valor de este informe está en posibilitar la comparación de la posición y evolución reciente relativa en los 166 países en el logro de los ODS, con información relativamente objetiva.


 Extracto de la información presentada por país