sábado, 17 de abril de 2021

Los trece enemigos de la RSE(C): Los primeros seis


Si este artículo no es controversial, si no despierta mucho interés, discusión y desacuerdos, no habré logrado mi objetivo disruptivo. Es una denuncia………..suave.

En las dos partes del artículo paso revista a los trece principales (a lo mejor hay más, pero trece es un “buen” numero) enemigos de la RSE, sin orden de prioridad (bueno, más o menos sí). Todos ellos la perjudican, en mayor o menor medida, siempre o a veces. Y por supuesto que hay excepciones a las generalizaciones que siguen.  Generalizar es peligroso y a veces contraproducente, pero si se gestiona con cuidado puede ser útil para llamar la atención e invitar a una consideración crítica del asunto.

He dividido el artículo en dos partes para hacerlo menos tedioso. [i] Normalmente muchos lectores leen las primeras partes de mis artículos, pero menos las segundas partes.  Esta vez espero despertar su curiosidad para conocer el resto de los enemigos en la segunda parte. A lo mejor el lector está incluido en la lista.

Me perdona el lector si en este articulo cito tantas veces mis artículos, pero es que después de publicar más de 500 de ellos en el blog y diez libros sobre RSE (¡que arrogante!), he escrito ya sobre casi todo.

Y si no tenía suficientes enemigos, con estos artículos me ganaré algunos más.

I.         Enemigos, primera parte

        1.   La RSE.

Primer enemigo de la RSE es ella misma, por concepto difuso, por diseño.  El problema es que quienes inventaron el concepto y quienes lo promovemos queremos que la responsabilidad de la empresa sea amplia.  Se partió de una base muy estrecha de filantropía y luego se avanzó hacia la inversión social, y más adelante a “no hacer el mal”, y hemos querido llegar a que sea la asunción de responsabilidad por los impactos de sus actividades en el medio ambiente y toda la sociedad, y no contentos con esto, (el suscrito en particular) queremos que también asuman responsabilidad por el bien que podrían/deberían hacer. Y cuando lo analizamos con cuidado, la asunción de esa responsabilidad es específica a cada empresa, al contexto en que opera, al momento en el tiempo, a sus capacidades gerenciales y financieras entre otros condicionantes (ver ¿Cómo interpretar LA definición de la RSE?).  Lo cual dificulta aún mas la concreción del concepto.

Esto ha ocasionado una gran confusión, el gran parte porque esta ambición convierte el concepto en difuso, difícil de acotar, inmedible, sujeto a interpretaciones y en gran parte porque los críticos se aprovechan de ello e insisten en mantener visiones primitivas del concepto, y como veremos más adelante, proponer falsas alternativas. 

Y sobre todo para los dirigentes que se han educado y desarrollado con la idea de que lo que no se puede medir no cuenta (ver ¿Cuánto vale tu madre?: Relevancia versus medición). No todo lo que cuenta se puede medir.  No se puede, pero se pretende, comparar el beneficio neto, preparado de acuerdo con los principios de contabilidad generalmente aceptados, o el rendimiento en bolsa, para las que cotizan, con valor agregado a la sociedad y el medio ambiente, medido por un buen número de indicadores cuantitativos y cualitativos indirectos no condensables en una sola cifra (ver mi extenso análisis en ¿Cuántos esquemas/estándares de información sobre sostenibilidad se necesitan? Primera parte: ¿Cuántos hay? y, Segunda parte: ¿Cuántos debe haber?.  

Se prefiere una medición precisa, pero menos relevante a una medida relevante pero poco precisa, para medir la contribución de la empresa (ver un ejemplo del impacto de esto sobre la gestión responsable en los casos de Unilever, Etsy y el más reciente de Danone, ¿Valoran los accionistas los beneficios a la sociedad? El caso Danone).

¡Y éramos pocos y parió la abuela!  Para potenciar la confusión, se le dan decenas de nombres diferentes con múltiples interpretaciones.  Mi colección parcial de 36 nombres, sin contar las variaciones y permutaciones de partes de esos nombres (ninguna es invento mío):

 

¿Alguien quiere ponerle un nuevo nombre a la responsabilidad empresarial

Responsabilidad social de la empresa

Sostenibilidad

Medio ambiente, Social y Gobernanza

Ciudadanía Corporativa

Triple Balance

Creación de Valor Compartido

 

CAPITALISMOS

 

Capitalismo de los stakeholders

Capitalismo Consciente

Capitalismo Creativo

Capitalismo Cooperativo

Capitalismo Limpio

Capitalismo Responsable

Capitalismo Humanista

Capitalismo Sostenible

Capitalismo Comprometido

Capitalismo Múltiple

Capitalismo Progresivo

Capitalismo Regenerativo

Capitalismo Moral

Capitalismo Democrático

Capitalismo 2.0…3.0…4.0, etc.

Capitalismo Distributivo

Capitalismo Inclusivo

Capitalismo Ciudadano

 

ECONOMÍAS

 

Economía Circular

Economía del Bien Común

Economía de la Mutualidad

Economía Social y Solidaria

Economía Verde

Economía de Impacto

Economía Colaborativa

Economía Naranja

Economía de la Comunión

Economía Civil

Economía Azul

Economía Cordial

Autor: Antonio Vives

 

¡No es de extrañar si estamos confundidos!

        2.   Consultores y “expertos”.

Y buena parte de este problema se debe a los consultores y expertos, que para diferenciarse y crear su nicho de mercado deben inventar diferentes enfoques y nombres.  Pero ello conduce a una mayor confusión y les da alas a los enemigos de la RSE.  A pesar de las críticas que siguen a continuación hay que reconocer que la gran mayoría son responsables y no pretender crear esa confusión. Pero muchos anteponen el bien personal al bien común.

Este grupo es muy amplio y variado. Comencemos con los consultores en la preparación de informes de sostenibilidad.  Son contratados por las empresas y deberán promover sus intereses y uno de los principales es presentar a la empresa en su mejor imagen, lo que los lleva a una selectividad en la información que se reporta, reportando lo bueno y descartando lo menos bueno.  Y algunos llegan al extremo de usar su pericia en facilitar y legitimar el greenwashing. ¿Alguno ha visto un informe de sostenibilidad donde se reporten las deficiencias de la empresa en su relación con la sociedad y el medio ambiente? A pesar de la existencia de decenas de códigos de deontología para los consultores en RSE (ver uno aquí), hay amplios márgenes de acción.  El primer artículo de estos códigos debería ser lo que se jura en los tribunales, decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, no ser selectivos.

Y después están los consultores que asesoran a las empresas en las estrategias e implementación de su responsabilidad ante la sociedad. De nuevo, hay muchos que son responsables en el amplio sentido de la palabra, pero hay algunos que con el objeto de promover su negocio incitan a las empresas a emprender actividades que tendrán poco o nulo impacto, que no son materiales, no priorizan (ver ¿Hay que hacer de todo?: Sobre los riesgos de generalizar en RSE).  Ello puede llevar a la empresa a comprometer sus escasos recursos financieros y gerenciales en actividades que no rinden beneficios ni en el corto ni en el largo plazo. Y muchas empresas, sobre todo las pequeñas y medianas, PyME, requieren ver el impacto, no tienen los recursos para esperar, deben acometer lo que les rinde, en el amplio sentido de la palabra. Pero para evitar supuestos errores de omisión cometen errores de comisión. 

Y las grandes empresas de consultoría que promueven cualquier esquema de reporte que se proponga porque, además de su “deber” de colaborar, hay detrás de ello hay un negocio millonario.  Están involucrados en casi todas las propuestas en consideración (ver los artículos sobre esquemas y estándares de reporte mencionados arriba). Uno de los más respetados expertos en información sobre sostenibilidad, Elaine Cohen, escribió: “…si yo fuera un contador diseñaría un esquema para medir la sostenibilidad lo suficientemente diferente como para que fuera noticia ……para luego ganar toneladas de dinero asesorando a clientes …. para que adopten mi esquema y verificar su aplicación”. [ii] Cínico pero muy certero. 

Y los “expertos”, entre comillas.  El elevado interés en las dos últimas décadas en temas de responsabilidad empresarial ha dado lugar a una proliferación de cursos, maestrías, diplomados, conferencias, seminarios, webinars, etc., con un amplio espectro de calidad.  Desde presenciales de uno o dos años en universidades reputadas, a certificados de varias semanas, a cursos online de algunas horas, dictados por consultores. Muchos de estos gradúan “expertos” entre comillas, en tiempo récord que muchas veces se dedican a la consultoría. En las situaciones actuales, es más fácil que encontrar trabajo en una empresa. 

Con los conocimientos adquiridos en breve tiempo y muchas veces a través de un laptop y el internet, se han convertido en expertos capaces de asesorar a las empresas, sin haber trabajado nunca en una de ellas, no habiendo lidiado con las contradicciones internas, el conflicto de intereses, la escasez de recursos, las reducidas capacidades gerenciales, el escepticismo de los dirigentes.  Creen que todo es posible. Han aprendido sobre el “debería ser”, lo ideal de la responsabilidad empresarial que le han enseñado los cursos, han descubierto la rueda.  Ahora saben lo que no sabían hace unos meses y si ellos no lo sabían, suponen, sin darse cuenta, que nadie más lo sabe, que tienen un conocimiento casi exclusivo, superior, que hay que escribir un artículo para mostrárselo al mundo. Ello banaliza la RSE.

Estos nuevos expertos suelen atender el mercado de las PyME, a las que recomiendan emprender actividades que pueden no coincidir con sus necesidades y capacidades.  Por ejemplo, acabando de estudiar los estándares del GRI, y en algunos casos habiendo obtenido alguna certificación, recomiendan a una PyME que prepare un informe de sostenibilidad usando estos estándares, sin considerar si tal informe es la mejor estrategia de gestión y comunicación de la sostenibilidad para el pequeño grupo, a lo mejor poco activo, de sus stakeholders. Ello puede contribuir a la decepción, confusión y frustración de esas empresas sobre la sostenibilidad y abandonar sus esfuerzos.

Esto no es un caso hipotético, son casos reales.  Véanse las cualificaciones que algunos “expertos” listadas en LinkedIn.  Y si ello ha dado lugar a una viñeta como esta, es porque es una percepción extendida sobre estos “expertos”.



Con esto no queremos decir que todos los “expertos” son enemigos de la RSE, todo lo contrario, son los que la hacen avanzar. Pero hay que hacerlo con responsabilidad, con experiencia, con humildad. Y a los que se sienten aludidos, recomiendo leer, estudiar, aprender, adquirir experiencia, analizar las posiciones de otros expertos. No siempre innovar requiere inventar algo nuevo, muchas veces consiste en la aplicación oportuna y adecuada de la tecnología y conceptos ya desarrollados, adaptándolos a la situación que enfrentan.

Disculpas a los que son expertos, sin comillas, legítimos. Pagan justos por pecadores.

        3.   La industria de la información sobre sostenibilidad

Dado el creciente interés en la responsabilidad empresarial, sobre todo en los mercados financieros, se ha desarrollado una muy extendida industria alrededor de la información sobre las actividades de las empresas.  Incluye millares de empresas e instituciones en la recopilación, agregación y distribución de información básica, productoras de estándares de reporte, empresas calificadoras, productoras de índices de sostenibilidad, consultoras en producción de informes, consultoras en agregación de información, consultoras en el uso de la información y medios de difusión, instituciones que producen premios y distintivos, entre otras instituciones. 

Solo como un ejemplo de la dispersión podemos mencionar que uno de los principales proveedores de índices, el MSCI, ha desarrollado más de 1500 índices ESG. El sitio Reporting Exchange del World Business Council for Sustainable Development, lista más de 1400 indicadores, más de 2000 esquemas de reporte y más de 650 instituciones de calificación, clasificación e índices de sostenibilidad.

Cada una de estas empresas e instituciones quiere proteger su nicho de mercado, para lo que desarrollan sus propios indicadores y sus modelos privados de lo que es sostenibilidad, lo que resulta en grandes diferencias en los reportes y en las calificaciones de una misma empresa entre diferentes calificadoras.  Ello crea confusión en la comunidad de usuarios y le quita credibilidad a las calificaciones y a la misma sostenibilidad empresarial. Pocas veces el usuario analiza que hay detrás de la calificación, quiere la información lista para guiar sus decisiones de inversiones o recomendaciones (ver el análisis comparativo de dos rankings de sostenibilidad en Rankings de RSE/Sostenibilidad: Cualquier coincidencia es pura coincidencia y el artículo sobre los esquemas/estándares de reporte mencionados arriba y resumidos en Is harmonization of reporting standards possible or even desirable?).

        4.   Cambio Climático

Sí querido lector, el cambio climático es un enemigo de la RSE. ¿Paradoja?  Si bien la mitigación del impacto de las actividades empresariales sobre el cambio climático es parte de su responsabilidad, la atención que se le brinda a nivel global conspira contra la RSE entendida como un concepto más amplio.  Después de la aceleración de sus impactos sobre el clima, del Acuerdo de París (ver Acuerdo de París: sencillamente analizado y explicado), su inclusión en los ODS, el énfasis en la Unión Europea con el Pacto Verde Europeo, el interés de las instituciones financieras, el cambio climático es un nuevo nicho de mercado se ha priorizado, es la moda. Es el tema favorito de los medios de comunicación formales.

Y sobre todo porque cuando muchos hablan de “sostenibilidad” se refieren solamente a temas ambientales y en particular a cambio climático, perpetuando la idea entre los no informados. Ello contribuye a relegar a la más integral RSE a un segundo plano.  Es más sexy hablar de cambio climático, es más fácil medir el impacto, se pueden “contar” las emisiones de gases de efecto invernadero.  De hecho, dentro de los esquemas/estándares de reporte sobre sostenibilidad, se han desarrollado varios especialmente para el tema, separados de los generales que cubren todos impactos (ver los artículos sobre reportes mencionados arriba). Y uno de ellos ha sido especialmente diseñando para reportar sobre la exposición de las instituciones financieras al cambio climático, por cuanto se cree que es uno de los principales riesgos sistémicos del sistema financiero.

No hay estándares separados para los aspectos sociales y para los de gobernanza, estos forman parte del conjunto ASG, pero el cambio climático es especial y la “A” es más importante.  Y otro buen ejemplo de la relegación es el reciente interés de la Comisión de Valores y Mercados de EE. UU., la SEC, con el cambio de gobierno en ese país, sobre los aspectos ASG (ESG en inglés).  Su iniciativa y sitio se llaman “Climate and ESG”, no ESG a secas, como si el cambio climático no fuera parte de la “E”, pero quieren enfatizarlo.

El aspecto A (E) gana por goleada a los aspectos S y G y le roba protagonismo e interés a la RSE en general y a estos dos en particular.

Menos mal que la pandemia (¡perdón!) ha resucitado (¡perdón otra vez!) el interés por los aspectos sociales de esa responsabilidad y ha puesto a las personas en el centro de atención (ver Relevancia de las empresas, centralidad de las personas). Y cuando pase la pandemia, ¿seguirá esta prioridad por lo social?

        5.   ODS y sus promotores

Otros de los grandes enemigos de la responsabilidad empresarial, que se constituyeron para promoverla son el Pacto Mundial y los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS, que el Pacto gestiona.  Como en el caso del Cambio Climático esto puede parecer una paradoja.  El Pacto Mundial desarrolló sus diez principios precisamente para promover la responsabilidad empresarial y ha hecho una gran contribución, pero en el afán de promoción ha enfatizado la adhesión a los principios y ha descuidado el impacto, lo que ha contribuido a que empresas poco responsables e irresponsables puedan presumir de adhesión y usarlo para lavar sus pecados, ante la negligencia del Pacto Mundial de desenmascararlas. Es cierto que expulsa a algunas empresas, pero mayormente por no reportar, no por ser irresponsables (ver El Pacto Mundial se hace trampas al solitario: Falacia e ilusión). Y hasta otorga premios que no estimulan comportamientos responsables, sino más bien el greenwashing (ver El Pacto Mundial otra vez (mal) otorgando premios)

Si bien los ODS no fueron desarrollados para promover la responsabilidad empresarial, su objetivo es el avance del desarrollo sostenible a nivel global, resultó obvio ante el fracaso de sus antecesores, los Objetivos del Desarrollo del Milenio, ODM, que la participación de las empresas era clave para su logro. Pero aquí también el afán de promover la participación de las empresas ha llevado a sus administradores a impulsar el reporte de contribuciones por parte de las empresas, destacando las grandes oportunidades de negocio que engendran los ODS. [iii]

Ello lo que ha estimulado es que las empresas busquen maneras de aparecer contribuyendo, y el resultado es que terminan imputando acciones pasadas como si fueran contribuciones adicionales, incrementales. Es sumamente fácil hacerlo ya que los 17 ODS y sus 169 metas, cubren todo el espectro posible de actividades de las empresas. Prácticamente cualquier actividad de la empresa se puede decir que contribuye a alguna de las 169 metas.  Ello ha estimulado el greenwashing, ha priorizado el reporte sobre la acción (ver Qué fácil es usar los ODS para el greenwashing y La empresa privada y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: Legitimidad o greenwashing). 

Y la presión por reportar contribuciones a los ODS distrae la atención de las empresas sobre lo que es en realidad material y de impacto en sus actividades.  Todo esto ha conspirado contra la RSE, que no es lo mismo que desarrollo sostenible (ver los artículos ¿Es hora de pasar de la RSE a los ODS? y Responsabilidad Social, Sostenibilidad y Desarrollo Sostenible: ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de las empresas?). Y si encuentran suficientes actividades del pasado, muchas veces las cotidianas, que atribuir a una contribución a los ODS, ¿las exime ello de intensificar su responsabilidad de ahora en adelante?  A lo mejor explícitamente no, pero la satisfacción de “ya lo logrado” puede desestimular otras contribuciones positivas.

Sin embargo, es de notar que reconociendo esto, la ONU ha lanzado la iniciativa SDG Ambition (ver ¿Un paso adelante contra el greenwashing de los ODS?), La iniciativa está basada en tres pilares: (1) hacer las contribuciones a los ODS como parte del propósito, estrategia y gobierno corporativo de la empresa; (2) integrarlo en todas las actividades de la empresa: productos y servicios, gestión del capital humano y en las decisiones de asignación de recursos financieros; y (3) profundizar el involucramiento de los stakeholders. Todavía es muy temprano para evaluar su impacto, aunque en el artículo citado analizábamos algunas de sus deficiencias.

        6.   Mercados financieros

Por mercados financieros entendemos las instituciones que tienen relación con las finanzas de la empresa: inversionistas, bancos y otras instituciones de crédito, asesores financieros, gestores de fondos, agencias de calificación crediticia y de sostenibilidad, etc.  Estos mercados también pueden ser enemigos de la responsabilidad empresarial. En general, salvo algunos nichos, son instituciones que tienen como objetivo asegurar la máxima rentabilidad de sus operaciones de inversión y financiamiento, lo cual puede llevar a que ejerzan presión sobre las empresas para que maximicen sus beneficios en detrimento de su responsabilidad ante la sociedad. 

Este el caso de algunos inversionistas activistas que fuerzan cambios de estrategia y de dirigentes para lograr esos fines. Recientemente se han presentado varios casos muy paradigmáticos, el más reciente (marzo 2021) es el de un inversionista que con el 0,05% del poder de votación logró cambiar al CEO de Danone, empresa constituida como empresa con fines de beneficios (ver ¿Valoran los accionistas los beneficios a la sociedad? El caso Danone y los casos de Etsy, ¿Quién gana cuando la responsabilidad compite contra la rentabilidad? y Unilever ¿Pueden las empresas responsables resistir los embates de los activistas financieros?.), supuestamente porque sus fines duales, sociales y financieros, distraían su atención sobre los financieros y no obtenía todos los beneficios que podría y debería.

A pesar de estos casos, los mercados financieros se están moviendo hacia la promoción de la   responsabilidad empresarial vía el nicho de mercado de inversiones socialmente responsables, ISR (ver Todo lo que necesitas saber sobre la Inversión Socialmente Responsable en cinco respuestas).  Este es un mercado en franca expansión donde participan empresas calificadoras y de producción de índices de sostenibilidad, fondos de inversiones dedicados a empresas responsables e inversionistas, mayormente institucionales (fondos de pensiones, fondos de inversión especializados y gestores de fortunas familiares, entre otros).

Estos inversionistas demandan inversiones en empresas que hayan sido calificadas por los calificadores como responsables o que estén incluidas en algún índice de sostenibilidad y sean ofrecidas por fondos de inversiones. Hasta aquí todo bien.  El problema es que en el afán de atender la creciente demanda de los inversionistas responsables los fondos califican como inversiones responsables con gran liviandad y se autocalifican como fondos ASG. Casi cualquier empresa es calificada como tal, si pueden encontrar algo positivo

Gran parte de las inversiones de los fondos calificados como tales, ASG (ESG) son en empresas calificadas así por “exclusión”, o sea que “no hacen daño”.  Lo más común es excluir a las que se dedican a la producción de armamento, apuestas, tabaco, alcohol y otros vicios. Ello no contribuye a promover la responsabilidad empresarial como lo sería una selección por “inclusión”, o sea empresas que son específicamente responsables, pero no solo en algo marginal, sino en la mayoría de sus actividades. Cada día hay más fondos de este tipo, pero no son la mayoría.

Esta selección por inclusión podría estimular a las empresas a ser más responsables, para poder acceder a esta demanda por sus valores negociables, que a veces son en condiciones más favorables. Pero hay mucho abuso del término “inversiones ASG”, casi cualquier cosa se califica como tal, lo que quita credibilidad a la industria ISR y la misma responsabilidad empresarial.

Un segmento de alto crecimiento en esta industria ISR, aparte de la de fondos de inversión, son los préstamos y bonos verdes, sociales y sostenibles, que prometen invertir en mejorar la sostenibilidad, pero algunos tienen serias deficiencias en su impacto y su monitoreo. Hay muchos de estos financiamientos que tienen poco impacto incremental, nuevo.  Algunos son refinanciamiento de lo que ya vienen haciendo o actividades muy marginales lo que también le quita credibilidad a la industria ISR y a las actividades que se financian (ver Mis diez artículos sobre bonos verdes, sociales y sostenibles (a septiembre 2020, en particular El bono verde de Coca Cola FEMSA: ¿Pintado de verde? y What’s the true impact of green bonds?). Compras un bono verde y después resulta que no era verde.

Tal es la preocupación sobre el tema que se han desarrollado iniciativas para combatir este greenwashing. Un caso paradigmático y con gran potencial son las iniciativas de la Comisión Europea sobre la transparencia en la oferta de productos de inversión etiquetados como responsables Sustainable Finance Disclosure Regulation. Y en el caso del “financiamiento verde” han desarrollado iniciativas como la Taxonomy: Final report of the Technical Expert Group on Sustainable Finance, que define lo que se pueden considerar como actividades sostenibles, y la Usability Guide; TEG Proposal for an EU Green Bond Standard para fortalecer los criterios para calificarlo como verdes.

II.        Enemigos, segunda parte

En la segunda parte analizaremos otros siete enemigos y concluiremos con una discusión sobre el impacto de los trece enemigos y el balance que proporcionan los amigos para el avance de la RSE, algunos de los cuales han sido incluidos en esta primera parte como enemigos. 

Todas las categorías tienen contribuciones positivas y negativas y es necesario destacarlo.  Si aquí se han destacado los negativos es solo para invitar a la reflexión, al análisis crítico necesario para mejorar la situación.




[i] Hoy en día el período de atención es muy corto, dos o tres minutos o un par de páginas, hay mucha competencia por el tiempo del lector (de hecho, el tiempo promedio de visita a mi blog es de dos minutos, y yo que paso días y días estudiando y escribiendo cada artículo, cada uno de ellos entre 4 y 20 páginas).

[ii] En su artículo The Enlightenment According to the Big Four. Not. donde analiza la propuesta del esquema de reporte del World Economic Forum.

 

1 comentario:

Paula dijo...

Excelente análisis, quedo atenta a la próxima entrega para tener una opinión completa. Por ahora reconozco que me veo en algún grupo de los "enemigos", no me considero para nada experta, si bien me gustaría serlo algún día, pero este tema de la rse o sostenibilidad o como se le llame, no es lineal, parece ser un camino que uno recorre a su pinta todavía, no se ven muchas pautas establecidas y como bien dices, hay mucho matiz dependiendo de quien lo plantea.

Comparto lo complejo que es para uno como lector poder atender todo el contenido que anda dando vueltas. A veces me cuesta terminar estos artículos por lo mismo, pero desde hace un tiempo me he propuesto leerlos completos y, cada vez más, es un agrado y un placer.

Saludos y gracias!