sábado, 25 de abril de 2026

Inteligencia Artificial en la sostenibilidad empresarial> 3a. parte: Impacto en la cultura empresarial para la sostenibilidad

 

El verdadero signo de inteligencia no es el conocimiento, sino la imaginación.

Albert Einstein.

Otro de mis artículos muy extensos. 30 minutos para leerlo, una semana para escribirlo y 50 años de aprendizaje.

En dos artículos anteriores Inteligencia Artificial en la sostenibilidad empresarial. 1a. Parte: Responsabilidad de de la empresa sobre el impacto en la humanidad del empleado, analizábamos el potencial que tiene la IA de afectar la calidad del trabajo y la dignidad y autoestima del empleado y consecuentemente la necesaria ampliación del ámbito de la responsabilidad de la empresa para mitigar esos impactos. En el segundo, InteligenciaArtificial en la sostenibilidad empresarial. 2ª. Parte: Impacto en el empleo, analizábamos el impacto que la IA puede tener sobre el tipo y volumen del empleo. En otro artículo relacionado, aunque no con la aplicación de la IA, nos preguntábamos si ¿Es responsabilidad de la empresa gestionar la problemática de soledad de sus empleados y su impacto en la sociedad?.  La IA la puede exacerbar.

Con este artículo completamos la serie de tres sobre el impacto que la IA puede tener sobre la ejecución de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad. El objetivo de este articulo es analizar como puede ser afectada la cultura empresarial para la sostenibilidad. [i]  [ii] Comenzaremos con una tipología de las culturas empresariales, para destacar cuáles son las características que las hacen más conducentes a la sostenibilidad y así analizar el efecto que la IA puede tener sobre ellas y como mitigar sus posibles impactos negativos.

El objeto de este articulo NO ES presentar una discusión, ni de los grandes beneficios que la IA puede aportar a la gestión empresarial ni, en particular, a la ejecución de su responsabilidad. Se limita al potencial efecto sobre la cultura para la sostenibilidad.  Estos cuatro artículos completan una análisis sobre la responsabilidad empresarial en la humanidad del empleado, más allá de las consideraciones de la responsabilidad de la empresa en remuneraciones y beneficios.

I.                Características de una cultura conducente a la sostenibilidad.

 a.     Tipología de culturas.

Una posible tipificación de las culturas empresariales, y hay muchas, que puede ser útil para estos propósitos, es la desarrollada en un artículo del Harvard Business Review de enero-febrero 2018 (Changing your organization´s culture can improve its performance: Here is how to do that, requiere subscripción),  que analizábamos en detalle en el artículo Cultura empresarial para la responsabilidad [iii] para extraer lo que postulábamos como las características más conducentes a la sostenibilidad. 

A los efectos de poder apreciar lo que queremos decir con estas características es oportuno recordar lo que se entiende generalmente por cultura empresarial. En otro artículo decíamos: [iv]

¿Y cómo se define?  La definición más sencilla es el “cómo se hacen las cosas aquí…”.  Una concepción popular es la que expresó el entonces CEO de IMB Lou Gestner: “La cultura corporativa es lo que la gente hace cuando nadie está mirando”.  Esto debe entenderse como que es lo que se hace porque es algo innato, porque es la manera de ser, no se finge, debe ser lo que se hace cuando te miran y cuando no te miran.  Sería una cultura perversa si se hicieran las cosas de manera diferente al abierto que en la privacidad.

De manera más formal, la cultura organizacional es el sistema de supuestos compartidos, valores y creencias, que gobiernan el comportamiento de las personas en las organizaciones. Estos valores compartidos tienen una gran influencia sobre el personal y determinan como se visten, como actúan, como hacen su trabajo. Cada organización desarrolla y mantiene una cultura singular que proporciona lineamientos y límites al comportamiento de sus miembros.” (What is Organizational Culture? - Definition & Characteristics). (énfasis añadido).

Si bien la empresa tiene una cultura predominante, pocas veces explícitamente definida, también suele tener subculturas que suelen ser diferentes en los diferentes departamentos, dependiendo de los objetivos e incentivos a que se enfrentan y las profesiones dominantes. Así, un departamento de manufactura, dominado por ingenieros, tiene una cultura muy diferente a la de un departamento legal, o el de comercialización.

A continuación una representación gráfica que nos ayudará a entender aquellas características que son conducentes. Los ejes representan el nivel de interrelaciones personales (horizontal, interdependencia vs. independencia) y como las personas reaccionan al cambio (vertical, con flexibilidad vs. rigidez o estabilidad).

 

 

No analizaremos estas tipologías (remitimos al lector interesado a nuestro artículo citado arriba), limitándonos a algunos comentarios para extraer las características, y agregando ejemplos de empresas e instituciones.

  • Cuidado (Caring): Enfocado en las relaciones interpersonales y la confianza mutua. Ambiente cálido y colaborativo. Orientada a satisfacer las necesidades de los clientes o beneficiarios. Pocas veces con fines de lucro. Por ejemplo, una ONG;
  • Propósito (Purpose): Basado en el idealismo y el altruismo. Orientada a la consecución de un objetivo de hacer el bien a través de sus productos y servicios. Por ejemplo, las Sociedades de Beneficios e Interés Común, SBIC o del Cuarto Sector (Benefit corporation);
  • Aprendizaje (Learning): Caracterizado por la exploración, creatividad y apertura mental. Trabajo en equipos es fundamental. Pocas veces con fines de lucro en el corto plazo. Por ejemplo, “startups” tecnológicos;
  • Disfrute (Enjoyment): Expresado a través de la espontaneidad, camaradería y el placer y orgullos derivados del trabajo. Por ejemplo, una fundación familiar;
  • Resultados (Results): Enfocado en la consecución de metas, la meritocracia y el éxito. El objetivo de lucro colectivo e individual suele ser prevalente. Por ejemplo, los bancos de inversión y “hedge funds”;
  • Autoridad (Authority): Definido por la fuerza, la audacia y la competitividad. Poca cabida al individualismo. Por ejemplo. Las empresas con líderes fuertes;
  •  Seguridad (Safety): Orientado a la planificación, la precaución, el seguimiento de reglas escritas y la reducción de riesgos. Por ejemplo, empresas de servicios públicos domiciliarios;
  • Orden (Order): Dominada por una estructura jerárquica, el seguimiento de órdenes y procedimientos y su estricto cumplimiento. Poca cabida a la innovación. Por ejemplo, burocracias.

Pero es de destacar que, a pesar de que hemos dados ejemplos, posiblemente ninguna cultura empresarial sea representable puramente por uno de estos tipos, no son mutuamente excluyentes. Podríamos decir que las culturas pueden ser prevalentemente de uno de estos tipos, pero contendrán elementos de otros.

b.     Atributos de una cultura conducente a la sostenibilidad empresarial

Sin pretender ser exhaustivos y a sabiendas de que los lectores pueden discrepar, dado que la cultura empresarial se basa en las interrelaciones entre las personas y los procesos y procedimientos, postulamos que el agregado de las personas, incluyendo los líderes, que constituyen las empresas que quieren asumir su responsabilidad ante la sociedad deberían tener, en mayor o menor medida los siguientes atributos:

  • Sensibilidad a la problemática social y medioambiental;·       Confianza en las personas e instituciones;
  • Compromiso con la empresa;
  • Tolerancia, abiertas a diferentes opiniones;
  • Altruismo;
  • Innovación;
  • Colaboración;
  • Empatía;
  • Sentido de responsabilidad por sus acciones.

En base a estos atributos y de nuevo sin pretender ser excluyentes ni inclusivos y solo como ilustración, postulamos que algunos de los tipos de culturas descritos son más conducentes que otros para la sostenibilidad empresarial.

Por ejemplo, la cultura de Resultados, caracterizada por egoísmo, por gran prioridad en los resultados financieros, es menos conducente que la de Cuidados o la de Propósito o la de Aprendizaje. Las culturas de Seguridad y la de Orden pueden ser conducentes, pero de una forma rígida, poco adaptable a las cambiantes circunstancias, podríamos decir que la sostenibilidad de la institución es decretada por reglas, con poca convicción. Lo conducente de la cultura de Autoridad dependerá en gran medida de la convicción de los dirigentes con poder, y como en los dos casos precedentes puede ser impuesta, con poca convicción por parte de los que la deben implementar.

Excitamos al lector a analizar lo conducente de la cultura de su organización para la sostenibilidad en función de estos comentarios, utilizando el esquema incluido en el Apéndice.

II.             Impactos de la aplicación de la IA sobre la cultura empresarial.

a.     Atributos de la IA ….. según la IA.

Al preguntarle a la IA cuáles son sus atributos respondió (editado para brevedad):

  • Aprendizaje y adaptación: Capacidad de adaptar su comportamiento y mejorar su precisión sin necesidad de una reprogramación explícita;
  • Autonomía y toma de decisiones: Capacidad para la automatización de tareas complejas, repetitivas o peligrosas con una intervención humana mínima;
  • Percepción Capacidad para imitar los sentidos humanos para interpretar información visual y auditiva con el fin de comprender su entorno;
  • Procesamiento del lenguaje natural: Capacidad de comprender, interpretar y generar lenguaje similar al humano;
  • Resolución de problemas y razonamiento: Capacidad para encontrar patrones, realizar deducciones lógicas y resolver problemas complejos;
  • Gestión de datos no estructurados: Capacidad de procesar información desorganizada como imágenes, videos y texto sin procesar;
  • Mejora continua (autocorrección): Capacidad de aprender de sus errores, perfeccionando sus algoritmos para ofrecer mejores resultados con el paso del tiempo;
  • Conciencia contextual: Capacidad de comprender el sentimiento subyacente, por ejemplo, en una reseña sarcástica de un producto, y adaptarse a las condiciones cambiantes.

Sin duda que es una herramienta muy poderosa para muchas situaciones. No es el objeto de este articulo analizar las grandes contribuciones positivas que puede hacer a la gestión de la sostenibilidad, desde la recopilación de información, su procesamiento, su capacidad de producir informes adaptados a los necesidades de cada tipo de stakeholder, incluyendo los de cumplimento regulatorio, de analizar las regulaciones y las consultas con los stakeholder y producir la estrategia de sostenibilidad correspondiente, identificar las necesidades de recursos humanos y financieros para ello, gestionar los sistemas de producción, de gestión de recursos humanos, del consumo de recursos, de control de las emisiones y un etcétera de etcéteras.

En sostenibilidad empresarial puede hacerlo casi todo. Pero también puede ser usada para para mal, por ejemplo, para el greenwashing altamente sofisticado, creando mensajes especialmente diseñados para cada grupo de afectados, explotando sus susceptibilidades e intereses, y para parecer que se cumplen con las regulaciones, explotando sus omisiones y confusiones. [v]

Pero todas estas bondades no obstan para que pueda tener algunos efectos contraproducentes para la gestión de la sostenibilidad, sobre todo si se le toma al pie de la letra, sin ejercer los juicios necesarios sobre la compatibilidad con el resto de las estrategias empresariales, sobre la conveniencia de sus recomendaciones y su factibilidad gerencial y financiera, y, sobre todo, en el impacto sobre la humanidad de los empleados (que cubrimos en el primero de estos tres artículos).

Y es oportuno también recordar el moto del procesamiento de datos, GIGO (“garbage in, garbage out”) ya que la IA es una procesadora de datos, descansa en la información a la cual tiene acceso, a la cual accede velozmente y que es casi infinita, pero que debe ser la adecuada a las tareas que se le encomiendan.

b.     Pero puede tener defectos.

Según la IA, ella es muy superior a la inteligencia natural, y hasta es capaz de auto alabarse (no necesita de la abuela como los humanos).  Y en eso se asemeja a la inteligencia natural, no reconoce que puede tener defectos (“el que esté libre de culpa que tire la primera piedra”, aunque sea una piedra artificial).  A continuación, postulamos un breve (¡18!) listado de los aspectos que pueden conspirar contra la cultura de sostenibilidad y la humanidad de los empleados, que determinan esa cultura.

  1. Mecanicista, artificial;
  2. Dependencia de los datos que se le alimentan (como los humanos, pero no sabe lo que no sabe);
  3. Sesgo hacia la optimización economicista, a la racionalidad, subestimando el impacto de aspectos intangibles, en particular los sociales, no “monetizables”;
  4. Incapaz de hacer balance entre juicios cualitativos;
  5. No puede asumir responsabilidad moral. Es amoral, con valor, pero sin valores éticos o morales; [vi]
  6. No puede generar confianza, valentía, ni un propósito compartido;
  7. Atrofia las habilidades sociales de los individuos, contribuyendo al aislamiento del personal [vii] y a la reducción de la colaboración, del intercambio de ideas, de soluciones;
  8. Atrofia el pensamiento crítico, necesario para la mejora continua de la gestión;
  9. Incapaz de discernir, clave para la gestión y sobre todo en la de sostenibilidad, con su gran complejidad de factores a considerar;
  10. Carece de intuición, herramienta muchas veces necesaria para la toma de decisiones (aunque a veces traiciona a los humanos);
  11. Libera a los responsables de la responsabilidad por sus decisiones. La responsabilidad no se le puede delegar a quien no puede asumir responsabilidades;
  12. Induce a la indiferencia y reduce el interés por desempeñar las tareas y la lealtad a la empresa;
  13. Atrofia el aprendizaje de los empleados y el crecimiento profesional y personal de los empleados, con la consecuente pérdida de motivación;
  14. Devalúa el capital humano, que es uno de los capitales más valiosos y difíciles de valorar;
  15. No mejora el capital intelectual, que en muchas empresas constituye su principal valor y lo que la distingue;
  16. Carece de empatía, es desmoralizante; [viii]
  17. Puede cometer un crimen profesional pero no puede ir a la cárcel;
  18. No siente.

c.     Con consecuencias.

En ese escenario, las organizaciones se vuelven más automatizadas, pero menos adaptables; más orientadas a los datos, pero menos sabias; más eficientes, pero menos legítimas a los ojos de los empleados y los clientes. Las empresas pierden la capacidad de refinar su juicio a través de la experiencia, particularmente ese tipo de conocimiento tácito que se transfiere cuando una persona aprende de otra en el propio lugar de trabajo.

El contenido moral de las decisiones queda oculto tras modelos, puntuaciones y funciones de optimización. La sustitución del juicio humano por resultados algorítmicos conlleva el riesgo de que la organización pierda la capacidad de facilitar correcciones de rumbo cuando los sistemas, las políticas o los incentivos se desvían.  Un aspecto que la IA no hace, por ahora, es indicar qué es lo adecuado para el negocio y su cultura.

Esto resulta especialmente importante en la sostenibilidad empresarial donde las decisiones a menudo implican balances y compensaciones de unos aspectos con otros, que muchas veces son difusos, imprecisos, dependientes del buen criterio y esto es algo para lo cual la humanidad de los dirigentes y empleados es fundamental. No es substituible por máquinas.

Claro está que estos impactos dependen de la extensión de la adopción de la IA. A lo mejor la empresa solo utiliza algunos aspectos para facilitar algunas tareas o automatizar procesos, en cuyo caso los efectos contraproducentes serán moderados.  Pero es como una droga, su uso se puede extender rápidamente y como una droga crea dependencia, por lo que es importante, en todos los casos, estar al tanto de los potenciales impactos adversos y prepararse para tomar las medidas pertinentes.  Lo que sí es válido en todos los contextos es que estos impactos no se pueden ignorar.

Uno de los mayores riesgos de ello es la consideración del empleado como recurso, como uno más de los insumos lo que debe mitigarse mediante la introducción deliberada del cuidado en su más amplia acepción en la cultura empresarial, de la preocupación, del interés por las personas y por sus interacciones entre sí y con el resto de la empresa.

Y aunque no ha sido el objeto de este artículo, este riesgo se puede extender a la consideración de algunos stakeholders, en particular de los clientes y usuarios de los bienes y servicios de la empresa y otras personas afectadas por sus actividades. Al utilizar la IA para conocer, por ejemplo, sus preferencias se corre el riesgo de considerarlos como un insumo al sistema de información, o como fuentes de ingresos o de exigencias sobre la empresa, y perder de vista que también son personas con sentimientos.

Muy posiblemente el lector habrá sufrido las frustraciones de las interacciones con el servicio al consumidor cuando es automatizado utilizando la IA, aunque siempre con nombre de persona, generalmente femenino para dar la impresión de mayor empatía. ¡Cuántas veces deseamos hablar con una persona de carne y hueso!

III.           Protegiendo la cultura de la sostenibilidad de los impactos negativos de la IA.

El uso de la IA promoverá una tendencia desde la humanización hacia la automatización, hacia la mecanización, lo que cambiará el “cómo se hacen las cosas aquí”, cambiará la cultura organizacional. La sostenibilidad social y medioambiental (léase empresarial), una vez que está asegurada la sostenibilidad financiera (si no lo está, no hay empresa y la discusión termina allí), fructifica en el contexto de una cultura que sea conducente, la que es el resultado de interacciones del personal entre sí y con las estructuras, procesos y procedimientos que la empresa ha desarrollado.  De allí que, para mantener esa cultura conducente, se deben mitigar los impactos de la mecanización en la humanidad de la empresa.  Se deben tratar de proteger los atributos que mencionábamos en la sección Ib.

Para ello, la IA puede y debe usarse para la facilitación de las actividades de la empresa que son llevadas a cabo por personas: (1) la iniciativa, (2) el seguimiento, (3) y, lo más importante, la asunción de responsabilidades. En la medida que se le “deleguen” alguna de estas tres etapas a la “máquina”, mayor será el riesgo para que la cultura empresarial se deshumanice y con ello la responsabilidad de la empresa ante la sociedad y el medio ambiente.

La empresa no puede ser responsable si sus integrantes no asumen responsabilidad plena por todas sus actuaciones. Se debe “des-artificializar” la tecnología para que sirva como de instrumento de apoyo, no de sustitución. [ix]  [x]

En este sentido es oportuno recordar que esta responsabilidad incluye no solo la mitigación de los impactos negativos, pasados, presentes y futuros, sino además la potenciación de los positivos que tiene y que quiera tener.  No es de descartar que la IA pueda cumplir un papel en esto, pero la humanidad de la empresa es indispensable en la potenciación de los impactos positivos, sobre todo en su ampliación más allá de los impactos que ya considera que tiene. En todo, pero especialmente en esta responsabilidad por “hacer el bien” presente y futuro, se deben contrarrestar los efectos perversos de la inteligencia artificial, por ejemplo, los 18 que listamos en la sección IIb. 

IV.            Resumen según el autor (abajo según la IA).

La inteligencia artificial es un instrumento muy poderoso para el apoyo a la gestión de la empresa en general y la gestión de su sostenibilidad empresarial en particular. Pero tiene características que pueden tener efectos perversos y conllevan elevados riesgos de contribuir a la deshumanización de la empresa, aspecto este que es crítico para la determinación de la cultura de la empresa que sea conducente al logro de esas sostenibilidad.

La IA puede apoyar en esa gestión, pero debe hacerse en el contexto de una responsabilidad de los seres humanos que integran la empresa en todo su espectro de actuación, en cuanto a las incitativas de gestión, el seguimiento de las actividades que se encaran y la asunción de la responsabilidad por los resultados de la esa gestión exclusivamente en esos seres humanos. La empresa no puede ser responsable si sus integrantes no asumen responsabilidad plena por todas sus actuaciones. La IA puede ser complemento, pero no suplemento.

En la primera parte de esta serie de artículos ya habíamos destacado el potencial de la IA para la deshumanización de sus empleados, y el aspecto particular del impacto sobre soledad, y en consecuencia sobre la productividad, lo habíamos analizado en un artículo complementario. En la segunda parte sobre los impactos aspectos específicos de la IA analizábamos el efecto sobre el empleo y en esta tercer parte completamos el análisis sobre impacto en la cultura empresarial para la sostenibilidad social y medioambiental, todo ello con el denominador común de la posible sustitución de lo natural por lo artificial, que debe mitigarse para que la empresa cumpla con su responsabilidad en el desarrollo y progreso de la sociedad.

V.              El resumen según la IA.

Y para probar mi recomendación de usar la IA como apoyo a lo producido por la inteligencia natural, este es el resumen de NotebookLM de Google sobre el articulo producido enteramente por un ser humano (IA produjo el resumen en inglés del artículo en español, el que fue traducido al español con Google Translate).

El artículo examina cómo la inteligencia artificial influye en la cultura corporativa y en su alineación con los objetivos de sostenibilidad a largo plazo. Identifica arquetipos culturales específicos —tales como aquellos centrados en el propósito y el cuidado— como los más compatibles con la responsabilidad social. Si bien reconoce que la IA ofrece herramientas poderosas para el procesamiento de datos y la eficiencia, el autor advierte que una dependencia excesiva de la automatización puede deshumanizar a la fuerza laboral y erosionar cualidades humanas esenciales, tales como la empatía, la intuición y la responsabilidad moral. El artículo sostiene que las empresas deben mitigar de manera intencionada los sesgos mecanicistas de la tecnología para evitar la atrofia del pensamiento crítico y de la colaboración social. En última instancia, el texto mantiene que la verdadera responsabilidad corporativa exige un enfoque centrado en el ser humano, en el que la tecnología actúe como un instrumento de apoyo y no como un sustituto del juicio humano. (énfasis añadido, la IA no sabe hacerlo).

¿Mejor resumen que el producido por el autor?

VI.            Y un poco de sarcasmo para concluir: Tabla de equivalencias.

 

HUMANIDAD

TECNOLOGÍA

Persona

Sistema

Cuerpo

Computador

Cerebro

Procesador

Atención

Amplitud de banda

Emoción

Fallo técnico

Deseos

Iteraciones sin fin

Células

Líneas de código

Alma

La nube

Amor

Error 404

Moral

Error 404

© Antonio Vives

  

APENDICE: ¿Cuál es la cultura empresarial de tu organización?

 


 

 [i] Ver Employees Are Relying on AI for Personal Support. That’s Risky. Publicado en el Harvard Business Review de mayo-junio 2026 (se pueden descargar hasta tres artículos mensuales del HBR).

[ii] Don’t Let AI Destroy the Skills that Make Your Company Competitive, blog del Harvard Business Review, 1 de abril 2026.

[iii] Mis trece artículos sobre la cultura empresarial, en particular Cultura empresarial para la responsabilidad donde analizamos en detalle las características de las culturas empresariales más conducentes a la sostenibilidad.

[v] El 7 de abril del 2026, Anthropic, uno de los laboratorios lideres en IA anunció el desarrollo de una herramienta a nivel de superinteligencia, Mythos, que ha encontrado vulnerabilidades en todos los sistemas operativos donde ha sido probada y que usada con propósitos malignos puede explotar esas vulnerabilidades. La herramienta es tan poderosa y peligrosa que solo se pondrá a disposición de los productores de sistemas operativos como Microsoft y Google. Para mayores detralls ver How dangerous is Mythos, Anthropic’s new AI model?

[vi] Según la misma IA: “La IA puede simular, imitar y predecir juicios morales basándose en datos de entrenamiento, pero no puede tomar decisiones morales de manera auténtica. Si bien la IA puede analizar dilemas y adherirse a reglas éticas programadas, carece de conciencia, empatía y una comprensión genuina de lo correcto y lo incorrecto, lo que significa que no puede poseer verdadera agencia ni responsabilidad moral.(énfasis añadido)

[vii] Y constatar que uno de los principales usos de la IA, a nivel personal, es el combate de la depresión, la ansiedad y la soledad, ¡interactuar con una maquina!

[viii] Aunque según la IA, “ella puede simular empatía (mecánica), puede detectar el estrés en tu voz o en tu ritmo cardíaco y responder con palabras reconfortantes. Pero eso no es compasión; es reconocimiento de patrones”.

[ix] ¿Cómo te sentirías si te dijeran que es la IA la que te ha despedido y estás siendo reemplazado por la IA?

[x] Hemos encontrado muy pocas referencias sobre estos temas. Una de ellas, dedicado al impacto de la tecnología en general sobre el futuro del trabajo, es The future of work will be dehumanizing — unless leaders choose to care.


sábado, 18 de abril de 2026

Consejo Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas de España: ¿Se reactiva? ¿En serio?

 

La locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes.

No, no lo dijo Einstein.

Cuanto más cambian las cosas, más permanecen igual.

Jean-Baptiste Karr, 1808-1890.

(tiempo de lectura:12 minutos)


Dieciocho años perdidos en la promoción de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad en España es una irresponsabilidad.


I.                El “viejo” CERSE

Algunos (viejos) lectores recordarán que hace unos 18 años. en febrero del 2008 se creó el Consejo Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas por el Real Decreto 221/2008, de 15 de febrero dentro del marco de la Ley de Economía Sostenible según el cual “Estará encargado del impulso y fomento de las políticas de Responsabilidad Social de las Empresas y se constituye en el marco de referencia para el desarrollo de esta materia en España.”  

Constituyó cinco grupos de trabajo para apoyar sus labores y se les encargó producir una seria de documentes de análisis y recomendaciones.   El consejo tardó mucho en arrancar y algunos grupos tardaron en producir sus informes.  Finalmente se aprobaron en mayo del 2011, sin resultados concretos más allá de los documentos.

Si aun los forofos de la RSE no lo recuerdan están perdonados y es que durante esos últimos 15 años no hizo nada.

Parte de la explicación es que el CERSE ni ha estado exento de influencias políticas. Se creó durante un gobierno socialista, se “desactivó” durante el gobierno de derechas, menos favorable a la responsabilidad de las empresa ante la sociedad, pero los siguientes gobiernos socialistas tardaron ocho años en proponer la reactivación del Consejo.

Pues en abril del 2026 el Ministerio del Trabajo y Economía Social lo reactivó. El Boletín Oficial del Estado publicó el “Real Decreto 301/2026, de 8 de abril, por el que se modifica el Real Decreto 221/2008, de 15 de febrero, por el que se crea y regula el Consejo Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas”. Pueden ver un resumen en la nota de prensa Trabajo reactiva el Consejo Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas tras más de diez años inoperativo.  

¿Buenas noticias? Depende. Veamos.

La primera reactivación del CERSE en el 2012 la habíamos analizado en el artículo Promover la RSE en España  de julio de ese año.  En ese entonces ya éramos muy escépticos sobre la posible efectividad del Consejo. Decíamos entre otras cosas:

El Prof. Argandoña decía:  “….tengo algunas dudas sobre la adecuación de ese organismo para cumplir los objetivos que se pretende conseguir. Un organismo que tenía más de 50 miembros en el momento de su constitución….. ¿es el adecuado para dinamizar algo? Con una composición compleja (se trataba de que no se quedase fuera nadie que pudiese sentido ofendido por la omisión), ¿es el organismo adecuado?

La constitución del CERSE trató de ser políticamente correcta y en ello sacrificó su efectividad.  Fue creado en el contexto de una ley y supervisado por el Ministerio de Trabajo e Inmigración (ahora en el Ministerio de Empleo y Seguridad Social), lo cual le confería y confiere un sesgo laboral, aunque esa no fuese la intención.  

Todos sabemos que el tema de la RSE es mucho más que laboral, pero al otorgar a los sindicatos co-liderazgo en el tema lo sesgan e introducen, quiérase o no, un potencial de confrontación con las empresas.  Es la tradición…  Para empezar, hay que sacar el tema de la órbita de Trabajo, para que quede claro el carácter multisectorial, multipartito y de desarrollo integral de la problemática que se quiere resolver.  

Uno de los mayores problemas es la descoordinación en las administraciones públicas y el desarrollo aleatorio de instituciones relacionadas.  España necesita una estrategia que guíe las actividades e instituciones de todo el gobierno central y ofrezca ideas a los gobiernos de las comunidades autónomas, para que esas actividades e instituciones sean armonizadas y consistentes entre sí.

II.             El “nuevo” CERSE: ¿Qué ha cambiado?

Pero ¿qué ha cambiado desde entonces en la constitución y funciones del Consejo?  Poco o nada. La observaciones precedentes siguen siendo válidas para el “reactivado” Consejo. Una de las pocas cosas que han cambiado es que añade la prioridad de la igualdad de género que tiene el ministerio, que es muy necesaria (ver Mis dieciocho artículos sobre el liderazgo de mujeres en las empresas), pero que resalta aún más la estrechez de miras sobre lo que es la responsabilidad de la empresa ante la sociedad, que cubre un ámbito significativamente mayor que el laboral. Recordemos que la responsabilidad no es solo responsabilidad ante el capital humano (trabajo, género), incluye todo los aspectos sociales y medioambientales de sus operaciones.

La excusa puede ser que muchos de estos aspectos quedan fuera del ámbito del ministerio, pero ello no es razón para reducir el ámbito de actuación. Todo lo contrario, demuestra que uno de los principales problemas de la asunción y seguimiento de la responsabilidad empresarial ante la sociedad es la dispersión de responsabilidades, la falta de coordinación, la falta de una visión integral de la problemática. [i]  Actualmente son muchas entidades de la administración central las que están o deberían estar involucradas, además de la atomización de iniciativas, regulaciones, reconocimientos, etc., a nivel de las comunidades autónomas, cada una por su cuenta.

Otro de los “cambios” es que el decreto confirma que el ministerio puede otorgar el Sello de Empresa Socialmente Responsable, recientemente creado, como ya lo hacen algunas comunidades autónomas y hasta municipales. No entraremos a analizar las virtudes y efectos perversos de este “sello” ya que lo hacíamos en el artículo Sello de Empresa Socialmente Responsable en España: Cómo mejorar su efectividad, donde además ofrecíamos sugerencias sobre como no hacerlo y algunas recomendaciones para mejorar su efectividad.

III.           ¿Será efectivo el reactivado CERSE?

De esta discusión sacamos la impresión de que el ministerio puede tener buenas intenciones pero que las probabilidades de lograr los objetivos y sobre todo de que tengan efectividad en la mejora y ampliación de la asunción de la responsabilidad ante la sociedad por parte de las empresas españolas es muy, muy baja, y que terminarán cometiendo el pecado del que culpamos a las empresas, del greenwashing, del querer aparentar responsabilidad cuando no la tienen, que en este caso es de aparentar acción pero que muy posiblemente no será efectiva. Existe un elevado riesgo de que los esfuerzos se centren en “cumplir con las formalidades”: hacer una reunión, escribir las minutas, producir un informe, y convocar la próxima reunión, contratar un informe, aprobarlo y archivarlo.

El portal de Responsabilidad Social del Ministerio de Trabajo y Economía Social, que debería contener las estrategias, planes de acción, objetivos, recursos, instrumentos de apoyo a las empresas y un gran etcétera, ni siquiera ha sido actualizado para registrar la aprobación de la reactivación.  Se puede apreciar cuan actualizado está cuando dice, por ejemplo, “Actualmente, y a través de la Orden ESS/2360/2013, del 3 de diciembre del 2013 ……”. Hemos verificado ese “actualmente” del 2013 el 15 de abril del 2026).

Además, el portal, al referirse al CERSE del 2012 dice:  “…configurándose como un órgano vivo en constante labor de estudio y análisis”.  Huelgan comentarios.

El sitio tampoco registra la creación, que ocurrió en abril del 2025, de la Comisión Internacional de personas expertas en Responsabilidad Social de las Empresas, para “inspirar la elaboración de una nueva Estrategia Española de la RSE, y actualizará el enfoque de la responsabilidad social a fin de adaptarlo a los retos contemporáneos en materia de derechos laborales y medioambientales, así como al nuevo contexto normativo y social.” Habíamos comentado su creación en el artículo Comisión Internacional de Personas Expertas en Responsabilidad Social de las Empresas (RSE): Mal comienzo.  Aparte de lamentar la constitución de la comisión, que le imprimiría un sesgo a favor del tema de diversidad de género, con el potencial de subestimar otros aspectos de la responsabilidad empresarial que comentábamos arriba, entre otras cosas decíamos:

Todos los miembros de la comisión son académicos (aunque uno coordina una ONG muy crítica de las empresas) ¡Ninguno de empresas!  Expert@s en el “debería ser”, no en el “es”. Una comisión de expert@s (¿?) en responsabilidad social de la empresa que nunca han tenido a su cargo la ejecución de la responsabilidad social de una empresa. Pero pretende influenciar el comportamiento de esas empresas.

Esperemos que la concentración académica no impida utilizar una de las herramientas más básicas de la RSE y consulten a los stakeholders, incluyendo a los más afectados: las empresas. Los académicos no lo saben todo, aunque lo creemos.

La nota de prensa citada arriba sobre la reactivación del CERSE menciona a esta comisión diciendo:

En las próximas semanas se presentará el trabajo de una comisión internacional de personas expertas en Responsabilidad Social de las Empresas impulsado desde el Ministerio de Trabajo y Economía Social. Un informe con propuestas concretas, más de 100 medidas de responsabilidad social relativas al respeto de los derechos humanos, la igualdad de trato y no discriminación por razón de género, sexo y orientación sexual, o la garantía del trabajo decente, entre otras. (énfasis añadido)

Lo que hemos marcado en negrilla corrobora la falta de comprensión sobre lo que involucra la responsabilidad social de las empresas que comentábamos arriba. Es más que condiciones laborales y género. Además, el proponer ¡CIEN MEDIDAS! es una garantía de que no se hará nada.  No creemos que ello refleje una amplitud y profundidad de miras, más bien refleja una dispersión de esfuerzos, que dificultará mucho el logro de objetivos específicos-

¿Tendrán un plan de acción con metas, plazos de cumplimento, asignación de responsabilidades, esquemas de seguimiento y control, consecuencias por incumplimiento, y recursos para hacerlo? ¿O será un greenwashing ministerial?  Esperemos que la Dirección General de Economía Social y Responsabilidad Social de las Empresas disponga de la capacidad gerencial y financiera para implementar, las que le correspondan, y controlar la implementación satisfactoria de las 100 medidas.

IV.            Y dos grandes omisiones.

Regulaciones europeas. Durante las recientes décadas, a nivel de la Comisión Europea, se han desarrollado grandes esfuerzos para asegurar que las empresas asuman sus responsabilidades ante la sociedad y el medio ambiente y se han emitido directivas y otros instrumentos de regulación, con decenas de documentos y bases de datos de apoyo, que han sido y serán transpuestas a la regulación española.

Muchas de las regulaciones caen fuera del ámbito de actuación del ministerio, pero ello no obsta para que el Consejo Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas, las ignore. Enfatizamos las palabras “Estatal”, léase a nivel del “estado español” y “Responsabilidad Social de las Empresas,”, léase “a nivel de todas las actividades de las empresas que afectan o son afectadas por la sociedad y el medio ambiente”.  Es una demostración adicional de la falta de coordinación y de visión integral de la problemática por parte del ministerio …. y del estado español.

Información y promoción. Parte del objeto del CERSE es “…el impulso y fomento de las políticas de responsabilidad social de las empresas” y en esto hay otra gran omisión, cual es el reconocimiento de que las políticas (y añado estrategias) empresariales (y añado públicas) son solo condición necesaria, pero no suficiente para la asunción de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad.  Son las prácticas empresariales (y las políticas e instrumentos públicos) las que tienen un potencial impacto en la mejora de las condiciones sociales y medioambientales. En este sentido se debería incluir la promoción de estas prácticas, por ejemplo, vía actividades divulgativas de buenas prácticas, oportunidades educacionales y de intercambios de experiencia, para la mentoría entre empresas, especialmente para las PyME, entre otras. [ii]

El portal debería ser el centro de recopilación de estas oportunidades y actividades pertinentes sobre las políticas públicas nacionales, de las comunidades y de la Comisión Europea, de los instrumentos de apoyo que ofrece el estado, de convocatorias a reconocimientos, entre otras informaciones. Debería cubrir el “estado”.

Las funciones del CERSE parecen centrarse en obtener información, procesarla y producir informes, cuando lo que es más necesario es la promoción de la acción, del impacto de las empresas. El éxito del CERSE no deben medirse en términos del número de grupos de trabajo, de reuniones efectuadas, de informe producidos, esto son insumos y la sumo productos, pero no son impacto.[iii] Debe medirse en base al cambio logrado en la mejora de las condiciones de la sociedad y el medio ambiente como consecuencia de las actividades de las empresas, resultantes de las actividades del CERSE.

V.              En resumen

La reactivación del CERSE es, en principio, una buena noticia para el ejercicio de la responsabilidad de las empresas, pero las condiciones estructurales que dieron lugar a su inactividad durante 15 años parecen continuar vigentes. En el papel todo parece favorable, pero el mantenimiento de la misma composición numérica y sectorial del Consejo, la falta de estrategias dedicadas, de planes de acción, con metas, medidas de supervisión y seguimiento, consecuencias de las fallas en los logros y la falta de asignación de responsabilidades y recursos financieros específicos, ponen en duda su efectividad.

Y ello se confirma al constatar una situación semejante con la comisión de expertos que al proponer 100 medidas demuestra que no han tomado en cuenta la factibilidad y efectividad de su implementación.  Cometen el clásico error de los consultores, burócratas y comisiones de expertos al temer ser acusados de omisiones y por ello recomiendan que se haga de todo. Sus criterios de selección son la exhaustividad, no la factibilidad y efectividad. Recibirán reproches si se deja de incluir algo del interés de algunos, pero no serán reconocidos por promover lo factible y efectivo. Enfrentas incentivos asimétricos. Y si sus recomendaciones fallan, siempre podrán darle la culpa a la implementación defectuosa.

Casi 50 miembros de un Consejo y 100 medidas de un Comité Asesor, para complacer a muchos, dejan de complacer al objeto de las tareas: la sociedad española.

A todo esto, se une la dispersión de esfuerzos, la falta de coordinación y compatibilización de objetivos, tanto a nivel sectorial, por aspectos de la responsabilidad, como a nivel geográfico, entre las diferentes instancias del gobierno central y gobiernos locales, que hacen pensar que la efectividad de los logros estará muy por debajo de las necesidades de la sociedad.

Para la efectividad del incremento de la calidad, cantidad e impacto de las actividades empresariales en bien de la sociedad se requiere una participación más amplia que la que puede ofrecer el ministerio o el CERSE como tal.

VI.            Y una petición…

Resistan la tentación de concentrar su atención en las grandes empresas españolas que pueden ser paradigmas de la responsabilidad, dentro y fuera del país. No necesitan su ayuda ni atención. Son excepciones que no son replicables en el resto del 99.81% de las empresas españolas. [iv]Concéntrense en mejorar las condiciones del entorno en que opera ese 99.81% y en excitarlas a que contribuyan más y mejor a la calidad de vida de sus empleados, clientes, el medio ambiente y demás stakeholders. 

Y ya que estamos en ello, no se olviden de buscar maneras de que un grupo, omnipresente y casi omnipotente, que afecta a ese 99.81%, el sistema financiero, asuma su responsabilidad integral ante la sociedad, tal y como lo exige la licencia legal que les ha sido otorgada.[v]

VII.         Apología y “apologies”.

Parte de la razón de ser de este artículo, como lo fueron mis artículos sobre el Sello de Responsabilidad y sobre la Comisión de Expertos, aunque algunos no lo crean, es de hacer una crítica constructiva, ofreciendo algunas sugerencias para el logro de los objetivos trazados.

Ojalá que ello tenga algún impacto (que se logre cambio), pero no lo creo por tres razones: uno, porque no las conocerán, dos, porque aun si las conocen no las podrán adoptar, y, tres, porque a lo mejor ni siquiera son efectivas.[vi]

Si estoy equivocado, y la Dirección General de Economía Social y de la Responsabilidad Social de las Empresas lo considera pertinente, me gustaría recibir sus observaciones y lo reconoceré por este mismo medio.

Ojalá no se cumpla la frase atribuida a Napoleón Bonaparte:Si quieres que algo se demore eternamente, nombra una comisión".

 

[i] Un claro ejemplo de la falta de visión integral lo comentábamos en Fallo clamoroso del Estado en la regulación de las compras responsables, aunque ahora, afortunadamente, se incorporan las compras públicas entre los aspectos a considerar por parte del CERSE.

[ii] Un esquema, con la participación de los sectores públicos, privados y la sociedad civil, para la promoción de la responsabilidad social se puede leer en el capítulo 6 del libro  Responsabilidad Social de la Empresa en las PyMEs

[iii] Para una apreciación de la diferencia entre insumos, actividades, productos, resultados, efectos, y el legítimo “impacto”, el cambio logrado, ver En sostenibilidad empresarial, ¿Tiene impacto el impacto?

[iv] Y con esto no quiero decir todas las 5 600 empresas “grandes”, incluidas en el 0.19%, con más de 250 empleados son paradigmáticamente responsables. Algunas los son.

[vi] Al hacer la revisión final de este articulo llegó a mi buzón un artículo sobre el CERSE, en la misma línea, muy incisivo, España resucita la responsabilidad social tras una década dormida: ¿cambio real o maquillaje?, por Quim González Muntadas.