¡Cuánto me gustaría ver a todos con un
trabajo decente! Es esencial para la dignidad humana.
Papa Francisco (1936-2025)
(¿socialista?)
Cuando hablamos de la disrupción económica
de la IA, la mayor parte de la conversación gira en torno a los empleos. Se
trata de una cuestión enormemente importante, y que trasciende el ámbito
económico.
El trabajo proporciona ingresos, propósito
y dignidad.
Larry Fink, CEO de BlackRock en su carta
anual 2026 a sus accionistas.
(¿capitalista?)
El trabajo proporciona estabilidad a las personas, no solo financiera, sino
que además emocional, es el principal antídoto contra la pobreza, fortalece su
dignidad, lo que colectivamente produce “externalidades positivas” para su
familia, para su entorno y para la sociedad, contribuyendo a la paz y justicia
sociales.[i] Y la
mayor fuente de empleo es la empresa privada, en todo su espectro de tamaños,
desde la gran multinacional hasta la microempresa familiar, claro está que con
diferentes grados de estabilidad, certidumbre y capacidad de apoyo. De allí
su suprema responsabilidad.
El objetivo de este articulo no es analizar los impactos de la Inteligencia
Artificial, IA, en las empresas y sobre el ejercicio y reporte de su
responsabilidad social, se limita a analizar el efecto que su disrupción tiene sobre las
personas y por ende sobre la responsabilidad de las empresas en la
humanidad de sus empleados.
(Querido lector: este es uno de mis
artículos extensos. No obstante, espero que te sea de provecho)
I.
La humanidad del empleado.
Las situaciones económicas adversas y los rápidos avances de la tecnología
constituyen una gran amenaza para la humanización del empleado, para lo que las empresas tienen mayor capacidad
de afrontar que sus empleados, pero que, para muchos de ellos, a nivel
individual, puede tener efectos devastadores. Es por ello por lo que la humanidad
del empleado debe ser parte de la cambiante responsabilidad de la empresa. Y
no se trata de mantener el empleo a toda costa, la principal responsabilidad de
la empresa es seguir siendo financieramente viable, para que pueda ser viable
el ejercicio de aquella responsabilidad.
Una reciente película coreana, No Other Choice, [ii] muestra muy dramáticamente
estos impactos, donde la tecnología y la presión por los beneficios desplazan a
un experto en producción de papel, que se ve forzado a llevar a cabo trabajos humillantes
para su nivel profesional, engaña a la familia sobre su situación, y decide ir
eliminado a los que sospecha pueden ser sus competidores para un potencial
nuevo empleo. [iii]
Dramatización sin duda, pero una buena metáfora.
Esperemos que no se llegue nunca a esas situaciones.
Tuvimos un buen ejemplo sobre esta humanización durante la crisis del COVID, donde muchas empresas no solo
reaccionaron contribuyendo con sus recursos a paliar los efectos de la epidemia
y las carencias de los gobiernos, sino que además apreciaron la necesidad de
apoyo de sus empleados ante la adversa situación, lo que conllevó a que los
aspectos sociales de su responsabilidad aumentaran su prioridad relativa y las
personas se convirtieran en el centro de atención. Lamentablemente con el paso
de la crisis esto se diluyó, pero que, ante las
situaciones económicas adversa y los avances de las tecnologías se debe
reactivar. [iv] [v] [vi]
En este sentido es importante destacar la necesidad de ir más allá de lo
que tradicionalmente se considera la responsabilidad de la empresa ante sus empleados,
de pagar sueldos justos, de proporcionar ambientes laborales conducentes y de proporcionar
los beneficios sociales que la empresa pueda afrontar. Todo esto se puede implementar
concibiendo al empleado como un recurso más, al mismo nivel que los recursos financieros
y los recursos físicos necesarios para la producción, que eficientemente usados
contribuyen a la rentabilidad de la empresa. Se pueden considerar como en la
segunda guerra mundial, cuando los soldados se gestionaban al mismo nivel que
los cañones: recursos.
En el caso de los empleados no basta con este válido argumento financiero
de la rentabilidad, se deben dar dos pasos más hacia adelante, primero, considerarlos
como un capital, no como un recurso, sobre el que no solo debe evitarse su
depreciación y ser aumentado, como todos los demás capitales, a través de su
mejoramiento profesional y del enriquecimiento de sus funciones y, segundo, considerando
el argumento moral de la responsabilidad, de tratar a los empleados como seres
humanos. Moverse
de tratarlos como recursos que contribuyen a los objetivos de la empresa, a
capital que debe ser protegido y desarrollado, a personas que tienen dignidad.
[vii]
Pero esta cambiante responsabilidad tiene dos grandes enemigos, uno,
el tradicional, la priorización de los beneficios
financieros, que se agudiza en situaciones económicas adversas y
dos, los avances de la tecnología,
que están entrando en una espiral explosiva, potenciados por la misma
tecnología, que empuja a los seres humanos individuales hacia la
insignificancia. No analizaremos el primero ya que está ampliamente cubierto en
la disciplina, pero sí haremos algunos comentarios sobre el segundo por ser menos
analizado. En este caso nos ocuparemos del avance tecnológico de la
Inteligencia Artificial, IA, pero concentrándonos en su impacto sobre la
humanidad de los trabajadores.
(Nota: en la producción de este artículo
no se ha usado ningún instrumento de la IA)
II.
La inmensa disrupción de la Inteligencia Artificial.
Los extraordinarios beneficios de la IA para la economía están ampliamente
discutidos, lo que en el caso de las empresas es el impacto sobre su
productividad, por lo que no hacen falta mayores comentarios. Pero es ese
mismo impacto sobre la productividad es el que
puede afectar la humanidad de los trabajadores. [viii] Aparte
de sus impactos positivos en facilitar y enriquecer sus labores, también tiene
y tendrá impactos negativos sobre el empleo de esos trabajadores. Sí, mejorará
su tiempo libre, pero muchos no quieren ese tiempo libre adicional: el
desempleo o subempleo. [ix] Y es en
esto donde se potencian los dos enemigos mencionados, en la utilización de
los avances tecnológicos para la mejora de la situación financiera aprovechándose
del nexo más débil y más a la mano, cual es la degradación de la mano de obra.
Y usamos el término “mano de obra” y no capital humano, para llamar la atención
a lo que puede ser la deshumanización del trabajador.
No se trata de oponerse a los avances tecnológicos, se trata, como con los
impactos que las empresas tienen en su entorno, de mitigar los negativos y potenciar
los positivos. En las décadas
recientes hemos tenido disrupciones tecnológicas, pero ninguna con la profundidad, velocidad y alcance de la IA, que
adicionalmente escapa al control de la gran mayoría de los afectados y en
algunos aspectos es espontánea.
El advenimiento de los ordenadores personales y los teléfonos portátiles,
por ejemplo, tuvieron gran impacto en la productividad de las empresas, en el
desarrollo económico y en la calidad de vida de las personas. Es cierto que algunas
se pudieron ver perjudicadas pero los costos fueron relativamente concentrados
y los beneficios se extendieron por toda la sociedad. Los requerimientos
para la adaptación del trabajo y de la vida cotidiana a estas nuevas tecnologías
fue ordenada, gradual y relativamente simple y
accesible Algo parecido sucedió con el advenimiento del
internet.
Con estos avances se abrieron grandes campos de actividad, se crearon nuevas profesiones, nuevas
posibilidades para el disfrute de la vida, canales de comunicación directa y
rápida entre personas (redes sociales) e instituciones, muy posiblemente con
una contribución neta positiva al empleo y la calidad de vida. También, como
toda disrupción, han tenido impactos negativos, su uso para hacer el mal, facilitar
el fraude y el “hacking”, la diseminación de bulos, el engaño, el aislamiento, la
deshumanización de las personas, amigos virtuales en vez de humanos,
electrónica en vez de sentimientos, actuar en vez de pensar, entre otros.
Pero el caso de la IA es mucho más disruptivo que aquellas tecnologías. Se alega, y se alegará, que los beneficios
a nivel agregado son muy superiores a los costos, que el neto es positivo. Pero
para la sociedad no son los netos a nivel agregado, de país, o de sector
industrial lo que debe determinar cómo se desarrolla, a
las empresas y personas debe interesarle el impacto neto a nivel individual.
Y a este nivel los beneficiados suelen ser los poderosos, que no compensan a los
perjudicados, que suelen ser más vulnerables. La
IA tiene un gran potencial para acelerar la desigualdad entre países, sectores
industriales, empresas y sobre todo entre segmentos de la población.
Es un caso análogo a los impactos de la globalización, que tanto se han discutido
recientemente, donde a nivel de la economía global el neto de costos y beneficios
había sido positivo, pero a niveles de países e individuos había ganadores y
perdedores netos y sobre todo a nivel de segmentos de la población, lo que
con el tiempo ha llevado a un reacción negativa a la apertura económica con la
intensificación del nacionalismo económico, el populismo político y el “parroquialismo”.
El considerar los netos y los promedios pueden ser contraproducentes para la
gestión de fenómenos de impacto global. [x]
Desde el punto de vista de la responsabilidad empresarial la IA tiene un
potencial masivo de desplazamiento de mano de obra, claro está que en forma
desigual por sectores de actividad y por tipo de empleo, tanto intra empresa
como inter empresas, y, lo que es más grave, hacia el desplazamiento del empleo
remunerado. Todos serán afectados, pero los grupos más afectados, por lo menos
en el corto plazo, son las profesiones puramente intelectuales, a todos los
niveles, desde personal administrativo a personal altamente calificado, desde
personal secretarial a programadores, de analistas financieros a personal
gerencial, sobre todo los que llevan a cabo tareas repetitivas o replicables.
[xi] Y
en particular tiene un impacto desmesurado sobre los jóvenes que buscan su
primer empleo. Si bien su conocimiento de la tecnología ayuda, suelen ser vulnerables
dentro de entornos empresariales por falta de experiencia que lo potencie. En
el corto plazo se salvarán aquellas destrezas altamente manuales y las que
requieren constantes innovaciones o que combinan el trabajo manual con el
intelectual. Los médicos dentistas, estarán seguros, pero no los de medicina
primaria (ahora el principal médico es el Dr. Google y la IA hace mejores
diagnósticos que el 90% de los médicos).
Y no es que los trabajos manuales estén exentos. Véanse los vehículos autónomos, los cajeros sin
cajero en los supermercados, la impresión 3D de herramientas y edificaciones, los
robots en el ensamblaje, la traducción e interpretación de idiomas mecanizadas,
artículos, libros y videos producidos digitalmente, y hasta confesionarios sin
intervención humana,[xii] y un
gran etcétera, que crece con el tiempo. Estamos
en camino de la creación de la “biblioteca universal” soñada desde tiempo
inmemorial. [xiii]
Es cierto que todo esto contribuye a la productividad, a la reducción de costos de producción, a
una mejora de la calidad de vida, expansión del tiempo del ocio en el promedio de las personas (aunque para algunas,
forzado), pero esto es, en gran parte, a expensas de la humanidad de las
personas. Para muestra, un botón: véase la deshumanización en los videos
artificiales. La IA atrofia el pensamiento crítico y conspira contra el
aprendizaje.
Se alegará que la disrupción es una transición, que se llegara un nuevo
estado de equilibrio cuando
se haya difundido ampliamente y la humanidad se haya adaptado. Pero, así como con
lo pernicioso de mirar los netos o los promedios, la preocupación no está en
ese largo plazo. Aún el largo plazo está
compuesto de muchos cortos plazos que deben ser superados. Y como dice
el proverbio popular, “en el largo plazo estamos todos muertos”. El problema es el elevado costo desigual de la transición. Es muy posible que en el largo plazo la
humanidad esté mucho mejor, pero el corto plazo, la humanidad del trabajador
puede sufrir mucho.
Puede ser deseable llegar del punto A al punto B, pero lo critico en todos
los casos de cambio, y en este más todavía por ser relativamente descontrolado,
es el camino que se debe recorrer. Las grandes desigualdades pueden ser
opacadas por los supuestos beneficios del logro del punto B, pero en el camino
pueden quedar muchos muertos.
III.
La suprema responsabilidad de la empresa.
Para poner la responsabilidad de la empresa en el contexto de esta
transición es necesario analizar la distribución de los impactos en la
pirámide económica y social. Es más fácil
a nivel de país compensar lo negativo con lo positivo, se tienen muchas herramientas
para redistribuirlos, más resiliencia. Pero a medida que va bajando, se hace
cada vez más difícil la amortiguación, la capacidad de absorber el neto. A nivel
de sector industrial la capacidad es menor que a nivel de país, y va disminuyendo
a nivel de empresa en particular y en el caso más extremo, el empleado, la
persona, su capacidad para adaptarse en el corto plazo a la disrupción es
altamente limitada. Es el que más sufre y el más necesitado de apoyo.
Por estas razones, las responsabilidades de los actores ante la disrupción son
función de esa capacidad de adaptación. Desde el punto de vista de las empresas en
colectivo y de una empresa individual, su responsabilidad sobre el impacto de
la transición sobre sus empleados se acentúa. Ya
no es la responsabilidad que tienen en condiciones de equilibrio estable, es su
responsabilidad ante la inestabilidad. [xiv]
¿Cuál es entonces la responsabilidad de la empresa en la transición? La respuesta fácil, pero no factible, es que
mantenga el empleo y sus condiciones como si no pasara nada. Pero tampoco se
puede optar por el otro extremo, la otra solución (¿excusa?) fácil de reducirlo
y/o de empeorar las condiciones laborales.
Todas las empresas se verán afectadas de una u otra manera, algunas podrán capitalizar
la tecnología y otras se verán afectadas negativamente. Pero este caso sui
generis de la IA, donde hasta las que pueden aprovecharla tendrán el incentivo para cambiar tecnología por empleo y
mejorar aún más su situación financiera. Y si este fuera el caso, es
responsabilidad de la empresa compartir estas mejoras con sus empleados,
que las han hecho posibles, en particular para mitigar los impactos negativos, y
no solo con los dueños o accionistas que ha sido actores pasivos. [xv] Y
los afectados negativamente también buscarán la solución fácil de mitigar el
impacto económico reduciendo el empleo, ignorando que así reducen uno de los
capitales de la empresa. [xvi]
Claro está que la capacidad de las empresas de mitigar los impactos
sobre sus empleados también será muy desigual. Dependerá no solo de cómo sea
afectada sino además de sus capacidades financieras y gerenciales, del entorno
competitivo en que opera, de su visión de largo plazo, del tipo de impacto que
la disrupción tiene sobre sus empleados, entre otros factores. Cada una lo
deberá gestionar de acuerdo con sus posibilidades, pero hay un algunos
elementos comunes, dentro de los dos extremos mencionados.
Para la consideración de la estrategia ante la transición es necesario,
sobre todo, tener en cuenta que para muchos empleados su vida revuelve
alrededor del empleo, tanto para su sustento físico como emocional. No se
debe menospreciar este efecto, si bien también es cierto que muchos lo ven como
una pesada carga, sin darse cuenta de lo valioso que es el empleo que tienen. “No
sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”. El aprecio debe ser reciproco. Puede parecer
algo banal pero el empleado no puede pretender lealtad si el(la) no la tiene. También
es la responsabilidad suprema de los trabajadores el trabajo responsable,
profesional, dedicado. [xvii]
Sin pretender ser exhaustivo (a lo mejor el lector puede, con su experiencia sugerir otras acciones) a
continuación listamos algunas de las medidas que se pueden tomar para
mantener los humanidad del empleado, reconociendo que cada caso tiene sus especificidades,
antes de optar por la reducción de la nómina o deterioro en las condiciones
laborales. Algunas de estas medidas ayudan a mantener las inversiones hechas en
el aumento de valor del capital humano.[xviii]
- Entrenamiento para adaptarse a los cambios;Reasignación a otras labores;
- Préstamos de personal a otras empresas;
- Incentivos para el retiro voluntario;
- Despido por tiempo acotado;
- Apoyo emocional a los que se quedan;
- Para despedir el menor número posible de
empleados:·
o
Reducción
del número de horas o días de trabajo;
o
Reducción
temporal de sueldos;
o
Períodos
sabáticos para estudiar o hacer otros trabajos, pagándoles sólo un porcentaje
del sueldo.o
o
Que
no sea de forma abrupta;
o
Con apoyo
emocional en la transición
o
Con apoyo
en la búsqueda de un nuevo empleo;
o
Con
prestaciones justas o hasta superiores a lo requerido por las regulaciones;
o
Dando
prioridad para el reempleo si las condiciones mejoran;
o
¡No
te aumentes el sueldo!;
o
¡Y no lo hagas con un correo electrónico! En persona,
explicando ¡Empatía!
En lo que precede nos hemos concentrado en el impacto sobre los empleados
que potencialmente pueden ser desplazados por la IA. Pero aun los no desplazados sentirán el
efecto del cambio en sus labores, ya sean directos por el despido de sus
compañeros o cambios en los procesos, ya sean indirectos, como cambios
en la cultura empresarial, con la consiguiente ansiedad, inseguridad, e incertidumbre, (“cuando veas la barbas de tu
vecino arder, pon las tuyas a remojar”) por lo que la responsabilidad de la empresa
ante la humanidad de los empleados debe extenderse hacia la gestión de estas
situaciones, con empatía, con comprensión, con confortación.
IV.
En resumen.
El advenimiento de la IA es una disrupción muy significativa del mercado
laboral, mucho más amplia, profunda, veloz y, en muchos sentidos, descontrolada, que otras disrupciones recientes, con el
potencial de la deshumanización de las personas. Ello está requiriendo una
reevaluación de la responsabilidad de las empresas hacia sus empleados, expandiéndola
a considerar el impacto sobre su humanidad.
La facilidad de substituir y mejorar muchas tareas que requieren la
participación de personas le da a la IA la capacidad del desplazamiento de
la fuerza laboral, con los consecuentes impactos sobre su situación
financiera y emocional. Adicionalmente la era de la automatización tiende a
valorar lo mecanicista sobre lo humano, desprovisto de moral, de ética, de
emociones, con la consecuente deshumanización del empleado y sobre el
ejercicio de la responsabilidad de la empresa que requiere de juicios morales y
éticos.
Cuando el pregunté a Gemini, el Chatbot de Google si la IA puede hacer
juicios morales me respondió:
La IA puede
simular, imitar y predecir juicios morales basándose en datos de entrenamiento,
pero no puede tomar decisiones morales de manera auténtica. Si bien la IA puede
analizar dilemas y adherirse a reglas éticas programadas, carece de
conciencia, empatía y una comprensión genuina de lo correcto y lo incorrecto,
lo que significa que no puede poseer verdadera agencia ni responsabilidad
moral. (énfasis añadido)
Ante esta situación sin precedentes, y sin límites aparentes, la
responsabilidad de las empresas ante sus empleados debe aggiornarse a la
par de estos avances tecnológicos, para incluir, además de los aspectos
tradicionales de las condiciones laborales, preocupación y acciones sobre el
impacto en su condición humana.
Como en el caso de la responsabilidad tradicional, cada empresa deberá
considerar como la afectan estos avances y actuar en la medida de sus
posibilidades. Como en este caso, no se puede hacer de todo, pero debe
considerar que, ante esta disrupción, debe haber un cambio en las prioridades
relativas, pasando los aspectos sociales, y en particular los del empleo, a
tener mayor relevancia, como ocurrió, temporalmente, durante la crisis del
COVID. Pero en todo caso la solución fácil de la reducción del empleo debería
usarse cuando se han agotado otras posibilidades de amortiguar el impacto sobre
sus empleados.
Esta “crisis” separará “la paja del trigo”, separará las
empresas pseudo responsables de las responsables que legítimamente merecen ese
calificativo. Propongo que estas actuaciones se incluyan en la
calificaciones de sostenibilidad (“que esperanza la del pobre”).
Y como se puede apreciar en las dos citas al comienzo, hay acuerdo entre dos conocidos exponentes de doctrinas político-sociales opuestas sobre la contribución del empleo a la dignidad humana. Que la empresa no permita que IA la degrade.
En la segunda parte de tres artículos sobre el efecto de la Inteligencia
Artificial sobre la sostenibilidad empresarial consideraremos el impacto de la
IA en la reducción del empleo, que da algunas luces sobre lo que aquí hemos
postulado como posibilidad. E n la tercera parte consideraremos el impacto sobre la cultura empresarial para la sostenbilididad.
[i] A finales
del siglo XIX, en los albores del capitalismo, en plena revolución industrial,
la iglesia católica ya propugnaba esta responsabilidad suprema de la empresa. La
encíclica Rerum Novarum (1891) del papa León XIII defiende la
dignidad humana exigiendo condiciones laborales justas, salarios dignos
y el derecho a la propiedad privada, rechazando que el obrero sea tratado como
una mercancía. León XIII afirma que el trabajo no es un simple bien comercial,
sino una actividad digna que permite al hombre mejorar su estado.
[ix] En este artículo nos concentramos
en los impactos negativos sobre la humanidad del trabajador, en otro artículo,
“La próxima bomba nuclear: La Inteligencia Artificial”, lo extenderemos a la sociedad
en general.
[x] Nos recuerda el caso del
estadístico que no sabía nadar y que se ahogó cruzando un riachuelo que tenía
una profundidad promedio de un metro.
[xi] Un caso que sufro en carne propia con el
desplazamiento de tres de mis hijos, programador, analista financiero y gestión
de recursos humanos.
[xii] Para los católicos que van o iban a
confesión les recomiendo este artículo sobre su deshumanización vía la IA A Disembodied Gospel
[xiii] Lo que pretendía ser la Biblioteca de
Alexandria en siglo III AC.
[xvii] “No creo en la justicia de los
ociosos porque fallan, a veces gravemente, en ese principio fundamentalísimo de
la equidad, que es el trabajo”. San Josemaría Escrivá (1902-1975).
[xviii] Meta (Facebook) que no es parangón
de la responsabilidad, a finales de marzo del 2026, anunció otro lote de despidos,
esta vez de más de 1000 empleados, pero a algunos se les ofreció otro trabajo o
cambiar de localización, pero mostro sus verdaderos colores al crear un programa
de extraordinario de bonificaciones para algunos de sus dirigentes en la IA,
por su contribución a los beneficios.