sábado, 1 de octubre de 2022

El movimiento anti-ASG llega a las viñetas: Una visión mordaz, pero ………


Algunos de los lectores conocerán la viñeta DILBERT, que desde 1989 satiriza la vida en la oficina de una gran empresa. Las viñetas se publican en alrededor de 2 000 periódicos en 57 países y en 19 idiomas.


Desde hace algunas semanas el autor la ha tomado con saña contra el “woke” de la sostenibilidad empresarial, alegando que esto una farsa y que el cambio climático es un invento de algunos científicos, no probado.

Recientemente se la ha tomado contra las calificaciones ASG.  Su intención, expresada también en entrevistas, es el de ridiculizar los esfuerzos en la sostenibilidad empresarial.  Sin embargo, algunas de sus criticas no son muy diferentes de las expresadas por muchos expertos en medios especializados, incluyendo en mis artículos sobre el tema, pero al ser en forma de viñeta pueden tener un mayor impacto sobre la población en general y permitirse exageraciones y falsedades que no serían tolerables en artículos periodísticos.[i]

Es también indicativo de la preocupación por esa sostenibilidad se está extendiendo de las páginas económicas y medios especializados a las páginas de humor editorial, en medios para un público más amplio.

I.                Movimiento anti-ASG en medios reputados.

Recientemente se están intensificando esfuerzos a nivel de medios prestigiosos, de reconocidos “expertos” y de dirigentes políticos para denunciar los esfuerzos empresariales para contribuir a una mejor sociedad y planeta, como si fuera un tema político y no económico y social (lo hemos analizado en dos artículos ¿Sabías que la sostenibilidad es mala para la economía?Politización de la sostenibilidad: ¡Alucinante!).

Recientemente la revista The Economist publicó un suplemento especial ESG investing. A broken idea el 21 julio 2022 (ver mi extenso análisis del suplemento en La sostenibilidad empresarial es un juego: The Economist vuelve sus andanzas). Posteriormente público un artículo por Vivek Ramaswamy, Stakeholder capitalism poisons democracy, en la edición del 14 de septiembre, donde argumenta que las empresas invaden un terreno que corresponde a la moral y la política y por ende debe están en poder de los ciudadanos y no en manos de algunos dirigentes empresariales y stakeholders seleccionados, por lo que se atenta contra la democracia (una visión muy restringida y conveniente de lo que quiere decir democracia y así crear alarma).  En aras del balance de ideas también publicó en la misma fecha un artículo a favor de la sostenibilidad, People trust executives to intervene in social issues, por el profesor Jeffrey Sonnenfeld, que usa argumentos muy válidos pero agotados.

No entraremos a polemizar para no alargar y desviarnos del artículo, pero aquellos definen lo que es moral y político a su conveniencia.  Para ellos el aborto es un tema estrictamente moral y por ende las empresas no deben incluirlo en sus programas de beneficios sociales.  Lo mismo sucede con el control de armas en manos del público, donde se oponen a que las instituciones financieras pongan limitaciones a su comercialización, porque ello es un tema político. Y si las empresas contribuyen financieramente a la promoción de algunos aspectos que les convienen a esos políticos, entonces la intervención no es política, ni atenta contra “la democracia”.

II.             Movimiento anti-ASG en viñetas.

El humorista Scott Parker se une a este movimiento a través de su medio: las viñetas. Reproducimos y comentamos cuatro que consideramos tienen un mensaje relevante sobre las calificaciones de sostenibilidad, en orden de publicación.

a.     Conflicto de intereses y falta de ética.

Comentario. Esta un critica exagerada, en el sentido de alegar que las calificadoras no tienen ética, que las empresas tienen intereses en las calificadoras, pero si contiene una verdad y es que al ser un negocio competitivo, con el cual se puede ganar dinero, proliferan y pueden buscar el favor de las empresas (ver el enemigo números 2, 3 y 6 en mi artículo Los trece enemigos de la RSE(C): Los primeros seis)

b.     Calificaciones a la ligera.


Comentario. Una acusación muy fuerte y grotescamente exagerada de que las calificadoras no investigan, que se inventan las calificaciones. Lo que si es cierto es que usan información proporcionada por las mismas empresas y completan las informaciones faltantes para sus algoritmos con otras fuentes, a veces no verificadas.

c.     Venalidad de las calificadoras

Comentario. Otra aseveración grotescamente exagerada y no justificada por evidencia de conocimiento púbico, en la que implica que las calificaciones se pueden comprar. Lo que tiene algo de cierto es que las relaciones globales de las empresas con las calificadoras, que a veces son parte de un grupo empresarial de servicios financieros pueden influenciar, indirectamente, la calificación. La siguiente tabla muestra la absorción de calificadoras independientes por parte de grandes grupos.

 

d.     Compensación entre los componentes de las calificaciones.


Comentario. Este el más válido y mordaz de todos. Satiriza que las metodologías de las calificadoras asignan puntaciones a los diferentes aspectos A, S y G, que se compensan entre sí, para llegar a un número global. En esos modelos, en general, las puntaciones son intercambiables, independientemente del impacto que puedan tener ante la sociedad y el medio ambiente. Las puntuaciones las asignan las calificadoras de acuerdo con sus modelos de lo que es sostenibilidad empresarial (ver el artículo sobre la mejor clasificación de una empresa de combustibles fósiles sobre una que promueve el uso de energía renovable en ¿Se justifica sacar a Tesla de un índice ASG?).

Por ejemplo, la desigualdad de género en el consejo se puede compensar con la existencia de un código de ética, o como asevera la viñeta, las emisiones se pueden compensar con diversidad en los consejos.  Este ejemplo es grotesco, al ir más allá de lo que sería la diversidad de género a la que tradicionalmente se refiere la sostenibilidad, la de hombres y mujeres, o de otros grupos no representados, para introducir un tercer género: el no binario, ni hombre ni mujer u hombre/mujer, lo que, según la viñeta, les daría todavía “más puntos” (solo le faltó decir que sería además una persona minusválida). 

Pero esta es la mayor deficiencia estructural de las calificaciones. Véase en el gráfico los puntajes que una calificadora asigna a las diferentes categorías para el caso de la banca. Por ejemplo, in código de buena conducta vale casi lo mismo que el financiamiento de actividades y proyectos sostenibles.

O la variedad de puntuaciones entre calificadoras.

Estas deficiencias las hemos analizado extensamente (ver mis artículos ¿Cuál es el banco más sostenible del mundo?, ¿Se puede encapsular la responsabilidad empresarial en un numero ASG? y El índice IBEX Gender Equality: ¿Igualdad de género? Falacia ASG)

III.           La lucha se traslada a otro plano.

Y esto que parece humorístico puede ampliar la base del movimiento anti-ASG ya que es un mercado mayor que el de las publicaciones especializadas, que son dirigidas a los escépticos profesionales. Estas son dirigidas personas no conocedoras del tema y que pueden ser más crédulos.

¿Y si se publicaran viñetas a favor de la ASG?  No tendrían el mismo efecto, lo negativo atrae más.  Nuestra campaña de concientización se está complicando.  Afortunadamente tenemos a los millenials que son más conscientes de estos temas y tendrán que vivir las consecuencias da la insostenibilidad, pero aún estos dicen más de lo que hacen.  Habrá que retroceder a la educación secundaria y primaria para crear conciencia durable (ver mi artículo de septiembre del 2015, ¿Por dónde empezar para promover la sostenibilidad?).  Y demás esta decir la importancia de la enseñanza en las escuelas de negocio y cursos de desarrollo profesional para ejecutivos, pero no como añadidos, como electivas, sino como parte integral de cada una de las asignaturas (ver el enemigo número 9 en el artículo Los trece enemigos de la RSE(C): Los segundos siete).



[i] En septiembre del 2022 la viñeta Dilbert fue cancelada en 77 periódicos de EE. UU. y aunque no se han revelado las razones (más allá de que “tenemos muchas viñetas para escoger”) se presume que sea por razones políticas.

miércoles, 28 de septiembre de 2022

Mis treinta y dos artículos y un podcast sobre inversión responsable y financiamiento sostenible (actualizado a octubre 2022)

 

Reseña de publicaciones sobre sostenibilidad. Primera parte: Finanzas sostenibles

Julio 9, 2020

Junio 18, 2022
Febrero 15, 2022

Febrero 12, 2022

Febrero 8, 2022

Marzo 29,2022

La “S” de la ASG: ¿Qué es? …. aparte de ser la cenicienta del grupo

Marzo 26, 2022

¿Son las empresas de armamento socialmente responsables?

Marzo 5, 2022

Oferta pública inicial de acciones sostenibles: ¿es posible?

Febrero 26, 2022

¿Es la desinversión una estrategia efectiva para promover la sostenibilidad?

Febrero 19, 2022

¿Es lo mismo Inversión Socialmente Responsable, ISR que inversiones ASG?

Febrero 5, 2022

El índice IBEX Gender Equality: ¿Igualdad de género? Falacia ASG

Enero 16, 2022

De la Responsabilidad Social, a la Sostenibilidad, a la ASG: Lo bueno, lo malo y lo feo

Diciembre 19, 2021


Diciembre 11, 2021

Greenwashing a la grande II: Emisiones de bonos ligados a la sostenibilidad

Diciembre 4, 2021

Greenwashing a la grande I: Recompra de acciones ligadas a la sostenibilidad

Noviembre 19, 2021

¿Tiene el financiamiento sostenible impacto sobre la sostenibilidad? Segunda parte: Inversiones reales

Noviembre 14, 2021

¿Tiene el financiamiento sostenible impacto sobre la sostenibilidad? Primera parte: Inversiones financieras

Noviembre 7, 2021

El bono ligado a la sostenibilidad más innovador del mundo: El mío.

Octubre 10, 2021

Evidencia de Greenwashing en fondos ASG

Septiembre 25, 2021

¿Tienen tus inversiones ASG “grado de sostenibilidad”?

Septiembre 2, 2021

Junio 12, 2021

Sept. 20 2020

Ago. 26, 2020

 Needed: A systematic effort to monitor and report greenwashing related to the SDGs

Nov. 18, 2019

 Qué fácil es usar los ODS para el greenwashing

Oct 5, 2019

Bonos verdes, sociales y sostenibles. Quinta parte: Mejorando la legitimidad e impacto

Jan. 27, 2019

 What's the true impact of green bonds?

May 11, 2018

 Bonos verdes, sociales y sostenibles. Cuarta parte: Un ejemplo paradigmático

Mar 25, 2018

 Bonos verdes, sociales y sostenibles. Tercera parte: ¿Legitimidad o Greenwashing?

Mar 18, 2018

 Bonos verdes, sociales y sostenibles. Segunda parte: ¿Añaden valor?

Mar 4, 2018

 Bonos verdes, sociales y sostenibles. Primera parte: ¿Qué son y para qué sirven? 

Feb. 18, 2018

 

sábado, 24 de septiembre de 2022

Taxonomía estandarizada para reportes estandarizados de sostenibilidad: ¿Panacea o espejismo?


No, no se trata de la taxonomía verde o social de la Comisión Europea. 

Valga la cacofonía de la repetición de lo de “estandarización”, pero eso es lo que es. Un instrumento para estandarizar mecánicamente información estandarizada en prosa. En este artículo describimos la taxonomía para el reporte de información de sostenibilidad de acuerdo con los estándares internacionales (no los europeos) en preparación y sus ventajas y posibles inconvenientes.

I.                Estándares de reporte sobre información de sostenibilidad empresarial

Muy posiblemente el lector este en conocimiento de los esfuerzos en marcha para producir estándares de reporte de información sobre la sostenibilidad empresarial (mal llamada “información no financiera”).  Son múltiples los actuales esquemas y estándares de reporte de esta información, pero que están convergiendo en dos estándares, por ahora, alternativos.  El que prepara la Comisión Europea, fundamentado en la doble materialidad, o sea información sobre los impactos y efectos de las actividades de la empresa sobre la sociedad y el medio ambiente (materialidad de impacto) y de estos sobre la situación financiera de la empresa (materialidad financiera) y el estándar, que podríamos llamar Internacional, por su pretendida aplicación a todos los países, que se fundamenta en la materialidad financiera. 

El primero está promovido por una institución supranacional del sector público y por ello tiene una visión amplia de la necesidad de información de todos los stakeholders. El segundo está siendo promovido por una organización internacional, sin fines de lucro, con visión de sector privado (International Sustainability Standards Board, ISSB, dentro del International Financial Reporting Standards Foundation, IFRS, que también tiene responsabilidad por los estandartes de información financiera, International Accounting Standards Board, IASB) pero cuyo objeto es un solo grupo de stakeholders: los que tienen intereses financieros en la empresa. Estos estándares tienen como objetivo complementar la información financiera tradicional.

Las diferencias, ventajas, posibles deficiencias y nuestra opinión sobre como será el reporte de la información sobre sostenibilidad empresarial en el futuro las hemos presentado en el artículo ¿Cómo será el estándar de reportes de sostenibilidad en tres/siete años?: Mi pronóstico.

II.             ¿Qué es la taxonomía de reporte?

No, no es otra lista de actividades, de lo que se puede o debe hacer, como lo es la taxonomía verde y a lo mejor lo será la social de la Comisión Europea. Esta es una taxonomía (en el sentido de etiquetado, no de clasificación) para convertir información sobre sostenibilidad empresarial, producida para el uso de los humanos a información entendible por máquinas, léase computadoras. Con un poco de exageración podríamos decir que pretende convertir un documento en pdf a uno de códigos, estandarizando la conversión de aquella información a una “mecanizable”, que sea comparable y consolidable entre empresas, con la metodología ya usada para la información financiera (EXtensive Business Reporting Language, XBRL, estándar internacional para el reporte digital de información comercial).

Esta taxonomía está siendo preparada por un grupo de trabajo dentro del IFRS, con el objeto de facilitar el análisis de la información de sostenibilidad presentada de acuerdo con los estándares del ISSB (las transparencias de un webinar de presentación del primer borrador se pueden ver en IFRS Sustainability Disclosure Standards: Developing a reporting Taxonomy.  Se espera concluir el trabajo, después de la aprobación de los respectivos estándares.

Si bien la información presentada de acuerdo con los futuros estándares ISSB deberá ser estandarizada, cada empresa presentará su narrativa de forma diferente y aun si los indicadores son estandarizados, será necesario que su definición, medición y reporte sea comparable.  La taxonomía pretende convertir la narrativa relevante y los indicadores correspondientes a información tipificada, comparable.

Para el IFRS, que es responsable por los estándares de la información financiera y tiene como objeto la materialidad financiera, es crítico que la información sobre sostenibilidad empresarial sea los más parecido posible a la financiera, agregable y comparable para poder apreciar el potencial impacto financiero.  Las diversas narrativas de los reportes contendrán lenguaje no estandarizado y no serán directamente comparables, de allí la importancia de tener una taxonomía que la convierta en información relativamente estandarizada.


Pero no es que la taxonomía lograra milagros de convertir un reporte en pdf a una colección de números o categorías, sino que su existencia condicionara la forma en como se presenta y como se calculan los indicadores para que estos sean codificables.  Tampoco logrará codificar información que no haya sido presentada, pero reducirá las omisiones. Pero no toda la información presentada será codificable por lo que es de suponer que se perderá alguna parte de la información.  Habrá que hacer un balance entre la integralidad de lo capturado y la practicidad de su utilización.

Es de destacar que esta taxonomía y los indicadores siguen la ya desarrollada por el Sustainability Accounting Standards Board, SASB, que ahora forma parte del ISSB.

El siguiente gráfico ilustra la codificación de las emisiones y su relación con los estándares de reporte (S1 y S2) en proceso de finalización.

En el primer ejemplo de arriba solo se codifica si la empres tiene nexos entre la remuneración de los dirigentes y el rendimiento en aspectos de sostenibilidad, pero no dice cuáles son los nexos y mucho menos si son efectivos, como han cambiado, etc.

III.           Ventajas y posibles desventajas

Las ventajas son relativamente obvias: se estimulará la estandarización de la información reportada de tal manera que sea reportable de forma comparativa y agregable, incluyendo tendencias en el tiempo.  Facilitará la labor de los analistas financieros y de los mismos inversionistas. Y contribuirá a reducir la desconfianza y diversidad de información sobre la sostenibilidad empresarial y eventualmente refinando sus calificaciones.  Esto son demandas que se han venido haciendo desde que comenzó el reporte de esa información.

Pero la gran desventaja es que dará una impresión equivocada.  El hecho de que la información sea estandarizadas y comparable no implica que sea relevante y completa. Nunca podrán los números reflejar el impacto de la empresa en la sociedad y el medio ambiente y la reacción de estos sobre la situación financiera de la empresa (ver ¿Se puede encapsular la responsabilidad empresarial en un numero ASG?).

El objetivo de los estándares y la taxonomía del modelo Internacional es ayudar a los inversionistas genéricos y los intermediarios en ese mercado a evaluar el impacto financiero en la empresa.  Pero los inversionistas responsables quieren conocer además los impactos positivos y negativos de las actividades de la empresa sobre la sociedad y el medio ambiente, lo que no está cubierto.  De allí la importancia de los estándares europeos en preparación, basados en la doble materialidad.

Un poco cínicamente podríamos decir que el objeto de los estándares y taxonomía del modelo internacional son los inversionistas maximizadores de beneficios y los del modelo europeo los inversionistas responsables.

Y además de esta miopía, se correrá el riesgo de que los analistas e inversionistas hagan todavía menos análisis del impacto de las actividades de las empresas.  Les facilitará el trabajo, pero limitado a lo que se reporta, no miraran lo que hay detrás de los números.  Si ahora nos quejamos de las generalizaciones, de la falta de rigor, improvisación y abuso de la etiqueta ASG, con los estándares y taxonomía se corre el riesgo de que la situación empeore.

IV.           ¿Un espejismo?

Serán menos diligentes, se automatizará más todavía el análisis de la sostenibilidad empresarial, que es mucho más que lo expresable en criterios A, S y G, por muchos que estos sean, y mucho más que su consolidación en un número.  Incluye cultura, actitudes, valores, procesos, comunión de objetivos, incentivos positivos y negativos, internos y externos, entre otros (ver el artículo Reduccionismo en la RSE: El total debe ser mayor que la suma de las partes).

Espejismo: ilusión óptica.

Y esta viñeta es ilustrativa




sábado, 10 de septiembre de 2022

¿Se puede mejorar la relevancia y efectividad de las calificaciones de la sostenibilidad empresarial?


El tema de la inconsistencia, falta de transparencia y su (ab)uso en greenwashing en las calificaciones de sostenibilidad por parte de las múltiples calificadoras del mercado ha dejado de ser solo una preocupación de los participantes en el mercado de las inversiones responsables y ha despertado el interés entre los reguladores, que hasta hace poco se habían mantenido al margen, y del público interesado en la sostenibilidad empresarial.

I.                ¿Tenemos un problema (o varios)?

Esto lo hemos analizado extensamente en varios artículos. [i] El 24 de agosto publiqué en LinkedIn un gráfico donde se ilustraban las inconsistencias en la importancia relativa asignada al cambio climático por dos de las mayores calificadoras, para diferentes sectores (las otras dos de la tetrarquía no los divulgan).  Si bien se ha publicado extensamente sobre las discrepancias, inclusive a nivel de estudios académicos, el grafico causó impresión por ser un mensaje claro y sencillo. Una imagen vale más que cien palabras.


Estas inconsistencias y abusos han dado lugar al comienzo de la intervención de los reguladores, en un segmento de mercado tradicionalmente desatendido.  Inclusive se está llegando a intervenciones penales de algunos usuarios de las calificaciones, por el abuso de la información a sus clientes. [ii] En Europa, la Comisión ha emitido una serie de regulaciones sobre la diseminación de información para las gestoras de fondos, que entre otras cosas, deben discutir con los clientes sus preferencias sobre sostenibilidad antes de ofrecerles productos de inversión responsable (MIFID II) y está en proceso de finalizar otras sobre el contenido y estándares para el reporte de sostenibilidad.[iii] En EE. UU, la Comisión de Valores y Mercados, SEC, tiene en preparación regulaciones sobre la diseminación de información por parte de los gestores y asesores de fondos de inversión sobre sus características de sostenibilidad. [iv]

Pero ningún regulador está atacando directamente el “problema” de las calificadoras, por ahora, ya que en principio no está bajo la jurisdicción de los reguladores del mercado de capitales. La Comisión Europea ha preparado un diagnóstico [v] que eventualmente llevaría a ordenar ese mercado. IOSCO también preparó un estudio sobre el sector, [vi] y Japón ha aprobado un código de conducta para las calificadoras y los proveedores de información sobre sostenibilidad. [vii]

Pero con motivo del post en LinkedIn recibí un comentario de un lector que no se puede responder de forma simple, y que estimula el comentario un poco más extenso de este artículo, lo que requiere hacer un análisis más amplio de los problemas del “mercado de las calificaciones”.  El lector se pregunta si “…..los índices ASG, deberían ser tratados por organismos independientes -entidades (BCorp) u ONG's medioambientales-, supeditados directamente por la ONU…” [viii]

¿Es factible? ¿Es conveniente?

II.             ¿Porque las calificaciones las hacen empresas privadas con fines de lucro?

La respuesta más sencilla es: porque es un buen negocio y en franca expansión. Si no se demuestra que sus actividades son dañinas para la sociedad, no hay razón para proscribir o intervenir en este mercado. Pero, como demuestran casos, más dramáticos, de productos más dañinos como el tabaco, armamentos, alcohol, casas de apuestas, pornografía, entre otros, mientras haya demanda habrá poderosos intereses en mantener y expandir el mercado que impedirán su eliminación, si bien es posible que sean regulados. Y es lo que podría suceder con las calificadoras: regularlas para mitigar sus efectos perniciosos (en un artículo las habíamos calificado como uno de los enemigos de la sostenibilidad empresarial [ix] ).

¿Pero cuáles son esos efectos perniciosos? En realidad, las calificadoras venden sus productos a usuarios sofisticados que se supone que conocen bien lo que compran. ¿Se debe regular un mercado entre “adultos que consienten”? Nadie los obliga a comprar, ni crean adicción. El problema está en el (ab)uso de las calificaciones por parte de intermediaros entre las calificaciones y el público inversionista en general: las gestoras de fondos, los asesores y las mismas empresas, entre otros.

Lo que se debe exigir a las calificadoras es que den información exhaustiva a los usuarios sobre la metodología e información usada para que puedan entender que hay detrás de la calificación, qué es y qué no es.  En términos simplistas podemos decir que todas las metodologías contienen (1) selección de indicadores de los diferentes aspectos ASG, (2) su definición, (3) la cuantificación de acuerdo con (4) sus fuentes de información y (5) su importancia relativa en la determinación de la calificación. Cada calificadora se diferencia en todos y cada uno de estos cinco aspectos. No es de sorprender que haya discrepancias.

Y el problema se agudiza con el hecho de que se trata de un mercado altamente competitivo, con fines de lucro, que lucha por cuota de mercado y debe mantener sus ventajas competitivas. Cada calificadora tiene su modelo secreto y para competir deben diferenciarse y ello crea abundancia de metodologías diferentes, que contribuyen a la confusión. La diseminación de esa información atentaría contra su competitividad. Sería como pedirles a las empresas tecnológicas que diseminasen sus algoritmos o las farmacéuticas sus fórmulas y procesos.

Es de destacar que algunas calificadoras reportan alguna parte de sus metodologías, pero poco sobre las fuentes de información para impedir que otras calificadoras se lo copien.

Sin duda que las calificadoras son parte del problema, pero no es que no sean cualificadas. El problema es que operan en un mercado con problemas.

III.           ¿Pero cuál es el mayor problema de las calificaciones mismas?

Las calificaciones pueden ser abusadas por la falta de transparencia de las calificadoras y la proliferación de diferentes y contradictorias metodologías.  Básicamente hay cinco problemas. El principal problema (1) es que, además de las diferencias mencionadas arriba, califican algo que no está definido y que cada calificadora define y modela a su gusto.  ¿Qué es sostenibilidad empresarial? [x] Lo único que tienen en común es que todas le dan el nombre de calificaciones de sostenibilidad o algo parecido.

Adicionalmente, (2) siendo su principal mercado los inversionistas, las calificadoras usan modelos en base a la materialidad financiera, que pretenden indicar el potencial impacto sobre la situación financiera de las empresas. Su utilidad debería ser para todo el mercado de la inversión socialmente responsable (la de veras, no la falacia de la inversión ASG [xi]), donde muchos de los participantes también están interesados en la materialidad de impacto, el efecto de las activades de la empresa en la sociedad y el medio ambiente. Pero (3) ello es ignorado por las calificadorasSe basan en los insumos asignados y las actividades llevadas a cabo, pero no en sus resultados y el impacto logrado.

Y lo que es peor, (4) se ignoran los impactos negativos, no restan puntos.  Hay empresas con el máximo puntaje que tiene impactos negativos no mitigados y comportamientos irresponsables.

Pero (5) se utilizan como si indicaran la sostenibilidad empresarial, o sea como indicadores del bien que supuestamente hacen para la sociedad. ¿Inconscientemente, por ignorancia, por complicidad o por comodidad? Sea como sea, no solamente tienen los problemas de conflictos de definición de algo no definido, sino además de usos que no se corresponden con su determinación.

No todo se reduce a indicadores, es imposible encapsular la sostenibilidad empresarial en un número. [xii] 

IV.           ¿Se resolverían estos problemas si lo hicieran instituciones públicas o sin fines de lucro?

Un esquema sin fines de lucro, ya sea a través de organizaciones gubernamentales o del tercer sector como sugiere el lector, podrían paliar uno de los problemas, cual es la proliferación de modelos que buscan el lucro, al oficializar algunos, pero no podrían atacar los problemas de definición, medición, representatividad, materialidad, impacto, etc. y su uso inadecuado mencionados arriba, aparte de introducir otros inconvenientes. [xiii]  Y sería muy difícil encontrar consenso sobre la o las instituciones que lo deberían hacer.

Estas instituciones no suelen tener las competencias y experiencias necesarias sobre un tema tan especializado, tan extenso, difuso y cambiante. Tampoco habría confianza por parte de las empresas para suministrarle la información necesaria sobre sus actividades a ONG o instituciones del sector público.  Y los incentivos de ambos grupos, que son penalizados por omisiones y no son premiados por aciertos, sería el de sobre-especificar, sobre-regular y estandarizar, pedir el máximo posible de información posible, cuando lo que se requiere es información relevante y enfocada.[xiv]

Para el caso de las calificaciones de sostenibilidad, un mercado privado para, mayormente, el uso de inversionistas privados, las ventajas comparativas del sector privado son determinantes, lo conocen mejor.  Pero ello no obsta que se deban mitigar sus desventajas, aplicando algunas de las ventajas del segundo y tercer sectores.

V.              ¿Qué hacemos?

Si analizamos el problema a fondo vemos que además hay dos vertientes, una directamente relacionada con los mercados financieros y la otra relacionada con el comportamiento empresarial. En el primer caso los reguladores son las comisiones nacionales de valores y las instituciones de supervisión del sistema financiero y a nivel supranacional, la International Organization of Securities Markets Commissions, IOSCO, en mercados de capitales y el Comité de Basilea en mercados financieros, y las instituciones pertinentes de la Unión Europea, incluyendo la European Securities Markets Authority, ESMA y la European Banking Authority, EBA. En el segundo caso lo son instituciones de los gobiernos nacionales o supranacionales (el caso de Unión Europea).

Tanto ESMA como IOSCO han lanzado consultas al mercado sobre la regulación de las calificaciones de sostenibilidad y la respuesta de las calificadoras ha sido, como era de esperarse, de casi unánime rechazo, algunas proponiendo como compromiso que los reguladores preparen un código de conducta.

Un buen ejemplo para entender las posibilidades de solución, con la participación de los tres sectores, lo representa la experiencia sobre los estándares de reporte de información sobre sostenibilidad, que afecta a ambas vertientes, los mercados financieros y las empresas y la sociedad y el medio ambiente. También aquí ha habido gran dispersión de modelos, algunos promovidos por organizaciones sin fines de lucro, a su vez promovidas por asociaciones gremiales y desde el sector público y, ante las exigencias (¡y el hastío!) de los usuarios, se está convergiendo a dos modelos.

Un modelo “privado”, universal, sin fines de lucro, como lo es la International Sustainability Standards Board, ISSB, pero que se ha decantado por satisfacer las necesidades de la primera vertiente, el sector financiero, y solo parcialmente la segunda, las empresas, adoptando el criterio de materialidad financiera.

Y un modelo “público”, el de Comisión Europea, también sin fines de lucro, que ha adoptado ambas vertientes, incluyendo no solo las necesidades del sistema financiero y las empresas, sino además del resto de los interesados en ese mercado, incluyendo la sociedad y los gobiernos, adoptando el criterio de la doble materialidad, financiera y de impacto, pero con autoridad legal restringida a los países miembros de la Unión Europea.

De esto podríamos deducir un modelo para las calificaciones de sostenibilidad: un sector público (segundo sector), que basándose en los intereses en todos los participantes, dictaría los principios básicos para la calificaciones, requisitos mínimos de transparencia y los elementos centrales (core) de las metodologías que mencionamos arriba, que ahora incluiría criterios de doble materialidad o por lo menos opciones para dos tipos de calificaciones.  Dentro de este conjunto de principios, transparencia y elementos centrales, el sector privado haría sus calificaciones, “en concordancia con los principios y elementos centrales de … (aquí el nombre de la institución emitente”). [xv] Idealmente los grandes usuarios deberían ser más proactivos en la expresión de sus preferencias y no solo comprar lo que el mercado ofrece. Esto vas más allá de la emisión de un código de conducta como sugieren las calificadoras.

Por ejemplo, gran parte de las regulaciones de la Unión Europea agrupadas en la Plataforma de Finanzas Sostenibles han sido desarrolladas por grupos de trabajo que incluyen representantes de los tres sectores: sindicatos, consumidores, organizaciones gremiales de los mercados de capitales, ONG con actividades en el sector financiero y estándares de reporte, reguladores e instituciones privadas con fines de lucro entre otros, todos seleccionados en base a concurso de capacidades. Se incluyen además representantes de las instituciones de la Comisión, que son nombrados directamente, para velar por sus intereses y el cumplimiento de los objetivos fijados de forma centralizada.

En todo caso esto mejoraría la relevancia de las calificaciones, pero no resolvería los problemas derivados de su utilización. Sería necesario regular la transparencia de las calificaciones y su uso por parte de los intermediarios entre las calificadoras y los usuarios finales: inversionistas, empresas y público en general, como lo han comenzado a hacer algunos reguladores.

Pero aun esto no resolverá el problema de fondo: la desidia por parte de los usuarios de investigar que hay detrás de las calificaciones y los beneficios que los intermediarios obtienen de su abuso. Encapsularlo en un número, es cómodo, les evita tener que investigar más. Pero se utiliza sin conocer su verdadero significado. Y la presión hacia la estandarización de la información es para hacer todavía menos esfuerzos; es más fácil tercerizar la labor.  Pero la sostenibilidad empresarial no se puede estandarizar, depende del contexto de cada empresa y de su tiempo. Es de aquella “demanda” que las calificadoras de aprovechan para vender sus productos.

Si los usuarios (tercer sector) hicieran estos esfuerzos por exigir información confiable y representativa de lo que dicen que es, las calificadoras tendrían los incentivos para mejorar sus productos.  Mientras haya mercado para un producto genérico, se producirán productos genéricos.

No es que esto sea algo sencillo, pero muestra el camino a seguir.  Habrá extensas oposiciones por parte de los que se benefician con el status quo, por lo que se requeriría de instituciones con poder político y económico. [xvi]

Y la gran pregunta: ¿Es esto factible a nivel mundial, fuera de la institucionalidad de la Unión Europea?

VI.           Para mejorar la relevancia y efectividad de las calificaciones de sostenibilidad….

……… aunque sin resolver todos los problemas mencionados, los reguladores supranacionales deberían emitir regulaciones sobre principios básicos para las calificaciones, requisitos mínimos de transparencia y los elementos centrales que deberían contener, incluyendo la consideración de la doble materialidad o por lo menos explicitar la materialidad que están calificando.  Ello no obsta para que los reguladores nacionales las complementen con las necesidades idiosincráticas de sus mercados (ojalá que las consultas lo hagan innecesario).



[ii] El Bank of New York Mellon, en EE.UU. fue multado en mayo del 2022 con US$1,5 millones por información engañosa sobre las características ASG de sus fondos.  Las oficinas de la gestora de fondos DWS fueron allanadas en Alemania en preparación de un caso penal por razones semejantes. Ver ¿Y si el greenwashing fuera un crimen? La redada a las oficinas de DWS.

[viii] Gracias a Marcos Cuenca: En mi opinión, ¿no crees que los índices ASG, deberían ser tratados por organismos independientes -entidades (BCorp) u ONG's medioambientales-, supeditados directamente por la ONU según los criterios ampliamente definidos en los ODS?....Este baile de terminologías, sólo altera y retrasa la agenda 2030 según los ODS, más aún cuando son consultoras relacionadas con el sector financiero, las que determinan quién es o deja de ser ASG, ….. ¿... y que el neoliberalismo es malo para la sociedad y el medioambiente?

[xiv] En otro contexto habíamos preparado esta tabla ilustrativa. 

[xv] Sobre esto hubo un intento, aunque con menos ambición, la Global Initiative for Sustainability Ratings (GISR) (ver mi artículo Calificaciones (ratings) de sostenibilidad: Hacia una mayor transparencia), pero que fracasó por la incompetencia de sus promotores, falta de recursos y de poder político y económico. El suscrito fue miembro del comité de dirección hasta que se dio cuenta de estas carencias.

[xvi] Mientras se llega a esto hemos propuesto una solución intermedia, imperfecta, pero mejor que la situación actual en ¿Tienen tus inversiones ASG “grado de sostenibilidad”?