sábado, 31 de julio de 2021

Cuatro estudios sobre información de la sostenibilidad: Materialidad, Doble Materialidad, Estándares y Aseguramiento


En este artículo analizamos el contenido de cuatro informes publicados en junio del 2021 (¡actividad frenética!), con el denominador común de la información sobre la sostenibilidad. Provienen de las instituciones más activas en el tema: Global Reporting Initiative, GRI, el World Business Council for Sustainable Development, WBCSD, la International Organization of Securities Commissions, IOSCO, organización internacional que agrupa a los reguladores de los mercados de valores, y de la International Federation of Accountants, IFAC, organización gremial internacional de los contadores públicos.

 La reseña de estos estudios refleja mi análisis e interpretación de su contendido y los pone en el contexto del entorno de la información sobre la sostenibilidad. Pretende agregar valor.

 Una vez más, al reseñar estos estudios pedimos disculpas por solo hacerlo sobre los publicados en inglés.  Son muy pocos los publicados por instituciones de habla hispana. Invitamos al lector a llamar nuestra atención sobre estudios publicados originalmente en español. 

I.                The double-materiality concept: Application and issues 

Es un estudio preparado por un equipo de cuatro estudiantes y dos profesores de la Universidad de Durham, en el Reino Unido y publicado por el GRI.  Es un estudio relativamente liviano pero muy didáctico, de solo siete páginas de análisis.  Parece haber sido comisionado por el GRI para defender su diferenciación de otros estándares, al concentrarse en el reporte del impacto de las actividades de la empresa sobre los stakeholders. 

Bajo la guisa de analizar la doble materialidad, o sea incluir además el impacto de la reacción de los stakeholders sobre la empresa, que es el énfasis de los otros estándares, es una apología de la materialidad de ida, la del impacto sobre los stakeholders. Para defender esa posición, el estudio recurre a la potencial contribución de las empresas al desarrollo sostenible, argumentando que sería más efectiva si se concentra en esa. O sea, defiende la doble materialidad, no porque considera importante la de vuelta, la del impacto de los stakeholders sobre las finanzas de la empresa, sino para evitar que esta prevalezca y se subestime la primera, la que constituye la base de los reportes GRI. Hay que priorizar la primera.   

Habíamos considerado estos conceptos y la posición del GRI en el artículo The New GRI Definition of Materiality: Forward or Backward? donde analizábamos la propuesta de revisión de la definición de materialidad en los estándares del GRI. En propuesta de revisión de sus estándares, el GRI proponía cambiar su definición de materialidad de la doble vía a la de una sola vía, la de ida. En el artículo citado defendíamos la versión original del GRI de la doble materialidad ya que a la empresa le debe preocupar el impacto sobre los stakeholders y el de estos sobre sus actividades, y expresábamos sorpresa sobre la revisión del GRI.  

La revisión pretende diferenciarse de los estándares que se preocupan por la situación financiera de la empresa, la que propugnan el SASB, los estándares de reporte sobre el cambio climático y las propuestas lideradas por la industria de la contabilidad financiera, competidores del GRI. [1]  Para defender sus estándares sacrifica el reporte de los impactos de vuelta, sobre la empresa.  Es una diferenciación clara: a los stakeholders, diferentes de los shareholders, les interesa el impacto de la empresa, y en términos más generales, la contribución de la empresa al desarrollo económico, posición compartida con los promotores de los ODS; a los shareholders les interesa como es afectada la situación financiera de la empresa. Y la empresa le interesan ambos. 

Es de destacar que la propuesta en elaboración de la Comisión Europea utiliza la de doble materialidad, porque tiene una visión más amplia, holística, no se preocupa del parroquialismo de defender uno u otro estándar. [2] Lo que importa es la empresa, sus impactos y las reacciones de los stakeholders. 

Y en esta discusión sobre la doble materialidad hay una paradoja subyacente y es que los que promueven la sostenibilidad via la determinación de los impactos financieros (SASB et al.) sobre la empresa están implícitamente promoviendo la maximización de beneficios y la primacía de los accionistas. ¡Que contradicción! 

II.             The reality of materiality: Insights from real-world applications of ESG materiality assessments 

Este es un informe muy completo, preparado para el WBCSB, que presenta los resultados del análisis de las prácticas sobre el proceso de evaluación de la materialidad en las empresas.  Está basado en el análisis en dos frentes, en uno analiza 95 documentos sobre el tema (98 referencias ¡buena bibliografía!) y en el otro analiza el reporte de ese proceso en 428 informes (y 20 entrevistas) de empresas miembros del WBCSB. Con ello puede sacar algunas conclusiones sobre cómo se promueve que se haga y como se hace en la práctica. Es un estudio que se basa en el manual ESG Disclosure Handbook del mismo WBCSD y del que se puede considerar un complemento. 

Una de las conclusiones más generales, y que tiene relación con la discusión del estudio anterior, es que no hay consenso ni claridad sobre lo que se entiende por materialidad y como se debe determinar.  A pesar de la dicotomía relativamente clara sobre las dos vías (impacto en la empresa, impacto en los stakeholders) a la hora de hacer las evaluaciones muchas veces se mezclan, a veces deliberadamente, a veces espontáneamente, creando confusión sobre los objetivos y estrategias de la empresa. 

De análisis en el primer frente aprecian: 1) las múltiples perspectivas que existen sobre materialidad; 2) las inconsistentes orientaciones sobre las metodologías; 3) múltiples stakeholders, múltiples opiniones; 4) la materialidad es dinámica (¡aleluya!); 5) la materialidad representa una responsabilidad fiduciaria; y, 6) que no es información financiera (el GRI muy contento pero el SASB y otros productores de estándares sobre la materialidad de la segunda vía no estarán de acuerdo). 

El análisis de la practica incluye varios temas, pero los más destacables son: 1) el enfoque sobre el cual se evalúa la materialidad (empresa y/o stakeholders); 2) la modalidad y selección de los stakeholders a ser consultados; 3) el cálculo del puntaje de los aspectos materiales; y, 4) la selección de los que serán priorizados. El estudio concluye que hay mucha dispersión en todos estos temas, a pesar de la amplia disponibilidad de lineamientos.

 


Y el suscrito añade que todo esto es de esperar ya que cada empresa debe tener su grupo de asesores en reporte que prefieren diferentes esquemas y que para distinguirse de los demás proponen diferentes modalidades de hacer la evaluación y su presentación.  Estas “innovaciones”, que a lo mejor tienen buenas intenciones, cuando se analizan en el conjunto, como en este caso sobre 428 informes, la imagen que producen es de confusión. Si cada reporte tuviera un grupo único de stakeholders no habría confusión, pero como gran cantidad de usuarios de la información y stakeholders son comunes, la impresión que se causa en el agregado es de una gran dispersión lo que no ayuda a consolidar y comparar la información, ni al avance de la sostenibilidad y su reporte.  Al analizar esta dispersión, este estudio pretende dar luces sobre esta confusión. No pretende dar “la solución” pero si ofrece útiles sugerencia para mejorar el proceso de evaluación de los aspectos materiales. 

Según el suscrito, la probabilidad de que los millares de empresas consultoras involucradas en la evaluación y reporte de la materialidad adopten criterios uniformes es muy baja. Y aquí no nos referimos a los estándares de los reportes sobre la información de sostenibilidad (donde también es baja, pero hay esfuerzos de harmonización)[3], sino a la metodología y reporte de la evaluación de la materialidad, que si bien están íntimamente relacionados, uno precede al otro y son procesos separados. 

Y como una lección colateral el estudio propugna algo que debe ser muy obvio y sorprende que lo deba recordar, pero debe ser que su análisis reveló que no es suficientemente reconocido: “la evaluación de la materialidad es una herramienta útil para el establecimiento de prioridades, la determinación de la estrategia y la integración de la retroalimentación de los stakeholders”. Obvio, la determinación de la materialidad no se hace para poderla reportar, no es un fin, es un medio para establecer e implementar la estrategia y actividades de su responsabilidad ante la sociedad. 

Incluye un Apéndice con la definición de materialidad usada por 20 instituciones, de las cuales están 15 están directamente relacionadas con el reporte de información sobre sostenibilidad. Puede ayudar a entender porque estamos confundidos. 

III.           Report on Sustainability-related Issuer Disclosures 

Este es un informe preparado para IOSCO con el objeto de guiar su decisión sobre involucrarse en los estándares de reporte y la posible constitución de un Consejo para ello, el International Sustainability Standards Boards, ISSB, para la emisión de estos estándares, pero en el contexto de los intereses de las comisiones reguladoras de los mercados de capitales.  Serían la otra cara de la moneda de los estándares de contabilidad financiera del International Accounting Standards Board, IASB. De hecho, la propuesta es que ambos estén bajo la dirección de la International Financial Reporting Standards Foundation, IFRS, que es la que ya supervisa al IASB. 

La iniciativa surge en gran parte como consecuencia de la proliferación de estándares de información sobre sostenibilidad, con diferentes metodologías y población objetivo y para anticiparse al establecimiento de requerimientos de reporte a nivel nacional, que están en curso en algunas comisiones de valores, y que podrían afectar la comparabilidad de la información y afectar las inversiones y flujos de recursos financieros a nivel internacional.  Esperan poder uniformar criterios, con el foco exclusivamente en los inversionistas.  En este sentido sus objetivos son similares a los del SASB y a los estándares especializados en el tema del cambio climático y opuestos a los del GRI, como comentábamos en los dos estudios arriba. 

Con el reconocimiento de que los aspectos relacionados con el impacto social y ambiental afectan las finanzas de la empresa, es natural que las comisiones de valores se preocupen del tema ya que uno de sus principios fundamentales, la materialidad de la información, es que las empresa deben reportar todo lo que pueda afectar esas finanzas y apoyar las decisiones de los inversionistas (la definición de materialidad de la comisión de valores y mercados de EE. UU. es brutalmente simple: “Un asunto es material si hay una posibilidad substancial de que una persona razonable la considere importante”). 

Tradicionalmente, algunos de estos potenciales impactos se reportaban en la información suplementaria (notas al pie) a los estados financieros, en el informe anual. Esto ha estado evolucionando hacia los informes integrados (ya no son notas pie, sino parte integral del informe) y hacia informes especializados separados.  El objetivo de IOSCO es ir un paso más allá en esta tendencia y requerir información sobre el impacto en la empresa de los impactos en la sociedad y el medio ambiente.    

En función de la situación actual sobre los estándares de reporte de información sobre sostenibilidad el estudio de IOSCO establece que “…..hay una urgente necesidad de trabajar hacia la mejora de estos reportes en términos de completitud, consistencia, comparabilidad, confiabilidad y auditabilidad, incluyendo un mayor énfasis en medidas cuantitativas y la estandarización de la información narrativa.”.  Este es un resumen muy preciso y deseable de las características que debe tener esa información. La razón por la cual ello no se ha logrado hasta ahora es porque la información sobre los aspectos relacionados con la sostenibilidad no se presta a estas características como si lo hace la información expresada en términos monetarios.  

Adicionalmente en el caso de la sostenibilidad no hay consenso sobre cuales son los aspectos claves, dependen del contexto y de la industria, tienen stakeholders heterogéneos, con diferentes necesidades y hay conflictos entre algunos de los criterios, por ejemplo, entre la comparabilidad y la relevancia (para que sean comparables deben ser generalizables lo que les puede quitar especificidad y por ende relevancia).  Pero todo esto no quiere decir que no se debe intentar, lo que muestra es la dificultad de lograrlo, lo que requerirá simplificaciones, compromisos y mucho tiempo. 

En gran parte por estos problemas, el informe propone un proceso de construcción en bloques (building blocks), con el cual se vayan cubriendo los aspectos en alguna secuencia y no atacarlos todos simultáneamente, poco a poco, ir aprendiendo.  También propone trabajar en grupos multidisciplinarios con las instituciones ya involucradas en la preparación de estándares de reporte. 

Algunos de los hitos claves resumen el trabajo que se pretende completar: 1) a noviembre del 2021, establecimiento del ISSB; 2) a junio del 2020, completado el estándar para cambio climático (el más fácil, el que ya está más desarrollado por diferentes entidades y que más se presta a los objetivos de los estándares mencionados arriba y que puede servir de guía para los demás); y, 3) primer trimestre del 2022, consulta sobre las áreas prioritarias de expansión, más allá del cambio climático. 

IV.           The State of Play in Sustainability Assurance 

Este estudio repasa el estado del reporte y del aseguramiento (assurance) de los informes de sostenibilidad basado en análisis de una muestra de 1400 informes en 22 países, agrupados en tres regiones Américas (5 países incluyendo Argentina, Brasil y México), Europa y el Medio Oriente (9 países incluyendo España), y Asia Pacífico (8 países).  Es producido por la Federación Internacional de Contadores Públicos y por las organizaciones correspondientes en EE. UU., la American Institute of Certified Public Accountants, AICPA, y en el Reino Unido, la Chartered Institute of Management Accountants, CIMA (esta agrupa a los contadores internos a las empresas). 

Este informe es una compilación de estadísticas sobre los resultados del análisis, con múltiples calificaciones cruzadas, incluyendo esquemas de reporte utilizado (GRI, SASB, TCFD, etc.), por tipo de reporte, por país, por sector industrial, por tipo de aseguramiento y de asegurador.  No es posible hacerle justicia al estudio en este breve análisis ya que es una extensa colección de gráficos y tablas.  Destacaremos solamente algunos resultados que llaman la atención, recordando que se trata de una muestra y que puede no ser representativa, pero si ilustrativa. 

En cuanto a los esquemas de reporte el más usado, con mucha ventaja es del GRI (69%), seguido muy de lejos por el SASB (incluyen los ODS y el Pacto Mundial como si fueran esquemas de reporte, al mismo nivel que aquellos).  El SASB es mayormente usado en Canada y EE. UU., en tanto que en los de habla ibérica, es mayormente el GRI.  En cuanto al tipo de reporte hay una gran variedad, con el grueso denominado de sostenibilidad o semejante (57%), aunque hay algunos países en los que prevalece otra denominación, como el de informe integrado, solo en África del Sur, la utilización de ambos, integrado y de sostenibilidad en España, y totalmente como informe anual en Francia. 

En cuanto al aseguramiento, que es el objeto del informe, destacan que los 1269 reportes que incluyen información sobre sostenibilidad, el 51% contienen alguna aseguración (España por encima del promedio, Brasil y México en el promedio y Argentina muy por debajo).  En cuanto al tipo de empresa que hace la aseguración, el 58% son empresas de auditoría, el 5% son afiliadas a estas y el 37% son empresas consultoras.  Argentina y España usan casi totalmente de empresas de auditoría en tanto que en Brasil y México son cerca del 75%. El informe sugiere que las empresas de auditoría deberían tener mayor confiabilidad (sus auditores pertenecen al gremio que produce este estudio y el 88% de sus aseguraciones son en base a normas de la profesión: NIEA 3000 (Revisada) Encargos de aseguramiento distintos de la auditoría o de la revisión de información financiera histórica).  

Por nivel de aseguramiento, el 83% son en la categoría de “limitado” (expresado en términos negativos: “….basado en los procedimientos llevados a cabo no se ha llamado nuestra atención a nada que indique que las aseveraciones de la dirección sobre XYZ sean materialmente equivocadas…”) que en su casi totalidad pertenecen a las firmas de auditoria y sus socios.  Las empresas de consultoría sí emiten aseguramientos “moderados” y “razonables” (expresado en términos positivos: “…basado en los procedimientos llevados a cabo, en nuestra opinión, las aseveraciones de la dirección sobre XYZ están razonablemente expresadas…”), que son niveles superiores e indican revisión más detallada de la información y de los procesos.  

Este es un dato destacable en dos sentidos: 1) que las instituciones certificadas como tales emiten casi exclusivamente aseguraciones limitadas; y, 2) que la información sobre sostenibilidad se encuentra todavía en proceso no consolidado lo que hace muy difícil emitir aseguraciones más robustas, aparte de su mucho mayor costo. No es lo mismo auditar facturas y recibos, que emisiones de gases y contaminación del agua. La aseguración razonable debe considerarse como algo excepcional (o que es verdaderamente un nivel superior o que es dudosa). 

El informe contiene un apéndice donde se detallan los resultados para cada uno de los 22 países.

 

 

[1] Para una amplia discusión de los diferentes estándares vigentes y en estudio ver los el artículo en dos partes  ¿Cuántos esquemas/estándares de información sobre sostenibilidad se necesitan? Primera parte: ¿Cuántos hay? y Segunda parte: ¿Cuántos debe haber? 

[2] Ver un análisis más detallado de la posición de la Comisión Europea en la sección Ia. de la segunda parte del articulo en la nota 1. 

[3]  Ver los artículos en la nota al pie 1.

 

jueves, 15 de julio de 2021

¿Hace falta ser una empresa responsable para emitir un bono ligado a la sostenibilidad?


La empresa productora y comercializadora de carne más grande del mundo y la segunda en alimentos, JBS, con sede en Brasil, emitió a principios de junio del 2021 un bono ligado a la sostenibilidad, BLS, por un monto de US$1,000 millones en el mercado de EE. UU.  En este artículo analizamos la incompatibilidad entre las credenciales de sostenibilidad de la empresa y la emisión de estos bonos y la complicidad de la industria de la inversión responsable.

 I.                ¿Quién es la empresa y cuál perfil de responsabilidad?

 JBS en una empresa fundada en 1953 con sede en Sao Paulo, Brasil, y filiales en América del Norte y del Sur, Europa y Oceanía, con ingresos de US$53.000 millones en el 2020, operaciones en 190 países y con 275000 empleados. Produce, empaca y comercializa carne vacuna, de aves domésticas, de cerdo, de cordero y ovejas y productos proteínicos vegetales y subproductos animales. Vende sus productos con marca propia a intermediarios como supermercados y otros distribuidores y a empresas de alimentos como restaurantes, hoteles y otros procesadores, entre otros.

 La empresa ha sido considerada como un ejemplo de irresponsabilidad por muchas ONG preocupadas por la sostenibilidad empresarial.  En particular Greenpeace la ha denunciado repetidamente por su contribución a la deforestación y las emisiones de gases de efecto invernadero.  En más reciente reporte de Greenpeace del 2019 sobre la empresa Slaughtering the Amazon, (La Matanza de la Amazonía) dice que sus operaciones contribuyen a las emisiones con equivalente a la mitad de las grandes petroleras como Exxon Mobil o Shell.  También la acusa de comprar directa e indirectamente de rancheros que queman zonas forestales deliberadamente para pastorear el ganado, lo cual la empresa niega.  El gobierno intenta el control de estas actividades, pero con poco éxito (los rancheros llevan al ganado cuando está listo para el matadero a fincas legales para proceder a su venta y así camuflar su origen ilegal).

 La empresa ha sido acusada de contribuir directamente a la deforestación y es considerada una de las peores contaminadoras de agua en EE. UU.  Las facilidades de las productoras de carnes descargan más aguas residuales que algunas grandes ciudades de EE. UU. y contienen una variedad de patógenos y toxinas peligrosos para la salud humana, incluyendo nitratos, estiércol, sulfito de hidrógeno, plomo, E. Coli, bacterias resistentes a antibióticos, hormonas para el crecimiento, etc.  A diferencia de los desechos de ciudades, su tratamiento no es obligatorio y pueden descargarse en el entorno. En EE.UU. JBS descarga 80 millones de toneladas anuales de desechos, el mayor monto entre los procesadores de ese país. [i]

 Ante estas críticas, la empresa se ha comprometido a eliminar todos los casos de deforestación ilegal en su cadena de suministro en la Amazonia para el 2025 y para el 2030 en el resto de Brasil. Pretende lograr deforestación cero para el 2035 en todo el mundo.

En el 2017 la empresa admitió haber pagado sobornos por US$123 millones a tres expresidentes de Brasil y 1850 políticos. La Comisión de Valores Mobiliarios de Brasil demandó a la empresa por US$3400 millones, por abuso de información privilegiada, aprovechando la diseminación de información selectiva sobre los sobornos para afectar el precio de sus acciones en la bolsa.  La empresa fue multada con US$3200 millones a ser pagados sobre un período de 25 años. En el año 2020 J&F Investimentos, el propietario de JBS, pagó multas por US$280 millones en EE. UU. para resolver acusaciones de corrupción en EE. UU., incluyendo la compra de una filial en ese país.  La empresa recibió donaciones por más de US$90 millones del gobierno de ese país en compensación por los prejuicios causadas por la guerra comercial con China

 La calificadora de sostenibilidad ISS ESG (que también emitió la segunda opinión de la emisión de los JBS) califica a la empresa en la posición 118 de las 256 empresas evaluadas en el sector de alimentos y bebidas.

 Pero estas irresponsabilidades no forman parte de los compromisos de sostenibilidad asociados a la emisión de los bonos. [ii]

 JBS no es un parangón de sostenibilidad, pero puede emitir bonos ligados a la sostenibilidad, con gran demanda. ¿Qué hay de malo en ello? 

II.             ¿En qué consiste la emisión de bonos ligados a la sostenibilidad?

Las condiciones de sostenibilidad de la emisión se refieren a una minúscula reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, por tonelada de producto, del 30% en el alcance 1, emisiones directas y alcance 2, resultado del consumo de energía, para el 2030, sobre la base del 2019, con metas intermedias en forma linear, comenzando en el 2025.  No incluye reducción de las emisiones de sus proveedores de carnes, alcance 3, que constituyen más del 90% de sus emisiones.  La industria ganadera es una las principales contribuyentes a las emisiones de metano (eructos y estiércol), gas más de 25 veces mas poderoso que el CO2.  El bono ignora por completo el impacto que tiene en la deforestación de la Amazonía y otras regiones del mundo.

En este sentido es de destacar algo muy poco común en las segundas opiniones que deben emitir revisores independientes sobre el cumplimiento de los principios de estos bonos ligados a la sostenibilidad (en español aquí), que suelen ser muy favorables al emisor.  El revisor, ISS ESG, explicitó que si bien “…los indicadores son centrales y relevantes para la sostenibilidad del emisor ……….no son materiales para la cadena de suministro de la empresa ya que no incluyen emisiones de alcance 3”, que como mencionamos arriba son el 90% de las emisiones. 

El bono fue emitido por la subsidiaria de JBS en EE. UU., Pilgrim’s Pride (el esquema de la emisión se puede ver aquí).  Es de destacar que el bono no financiará actividades de reducción de emisiones, solo se compromete a ello, ya que los recursos se utilizarán para retirar bonos más costosos de la empresa, con un cupón del 5.75% que se vencen en el 2025. El costo de la nueva emisión es del 4.375%.  Si la empresa no logra sus metas de sostenibilidad para el 2025 la tasa de interés aumentará en 25 puntos básicos anuales hasta tanto las metas se logren, confirmado por una verificación externa independiente. 

O sea que es una operación estrictamente financiera de reducción del costo de la deuda y de extensión de su vencimiento, disfrazada de sostenibilidad. 

En esta época de mínimos rendimientos financieros en el mercado el poder obtener algunos puntos básicos más en intereses por los inversores sobre los bonos de otras emisiones comparables vence muchos posibles obstáculos. El bono fue calificado como B1/BB+/BB+ o sea, en un nicho de mercado de alto rendimiento, con riesgo de impago. Es la más alta categoría dentro de los bonos por debajo del “grado de inversión”, que no pueden ser adquiridos por muchos inversionistas institucionales, por su riesgo crediticio. 

Pero por lo menos con esta emisión la empresa está exponiéndose al escrutinio de sus prácticas, si no ahora, cuando llegue el momento de revisar el cumplimiento de las obligaciones para revisar la tasa de interés.[iii]  Se ha estimado que la empresa obtuvo un descuento de 12.5 puntos básicos anuales (greenium del .125%) sobre una emisión tradicional comparable que no estuviera ligada a la sostenibilidad.  Para obtener esta rebaja en el costo deberá hacer inversiones e incurrir costos en la mejora de su sostenibilidad.  

III.           ¿Hay un mínimo de responsabilidad que los mercados deben exigir? 

En un artículo anterior Financiamiento ligado a la sostenibilidad: ¿Ahora va en serio?, analizábamos las características de un financiamiento ligado a la sostenibilidad y contrastábamos su rigor, en términos de su potencial contribución a la sostenibilidad con los más tradicionales bonos verdes, sociales y sostenibles, BVSS.  Los bonos ligados a la sostenibilidad, BLS, son una respuesta a parte de las críticas de los BVSS en cuanto a su compromiso en el logro de metas de sostenibilidad. En aquellos bonos se establece algún tipo de relación entre su costo y el logro de metas propuestas en la emisión y estas tienen un carácter más vinculante que en los casos de los BVSS, que son más bien expresiones de deseos, sin más consecuencias que las derivadas de la reputación del emisor por el posible incumplimiento.  Aunque es de recordar que en los BVSS existe el compromiso de utilizar los recursos del financiamiento en los proyectos y actividades propuestas. 

Este nivel superior de compromiso en los BLS ha dado lugar a una mayor confianza en los mercados financieros responsables y se ha producido un gran impulso a sus emisiones. 

Si bien los BLS representan una mejoría sobre el compromiso en el logro de las metas sobre los BVSS, mantienen todavía una gran brecha sobre el potencial de los emisores de contribuir a la sostenibilidad.  Y no nos referimos a que las metas puedan no ser suficientemente exigentes, lo cual podría resolverse con las demandas que hicieran los mercados por metas mas rigurosas.  Nos referimos a un problema más de fondo, destacado por la emisión de JBS y que nos genera la pregunta del título de este articulo: ¿Hace falta ser una empresa responsable para emitir un bono ligado a la sostenibilidad?, o puesto en otros términos ¿deben los mercados financieros responsables favorecer a empresas irresponsables por el hecho de comprometerse a ser responsable en algún aspecto, en algo que puede ser de poca importancia en el contexto de la sostenibilidad del emisor?  ¿puede separarse el comportamiento global de la empresa de lo ofrecido en las condiciones del financiamiento? Y si la respuesta es: “sí, porque por lo menos algo bueno hace”, ¿no estamos degradando entonces el esfuerzo de la industria de la inversión responsable e indirectamente el de la sostenibilidad? ¿No estamos adoptando la posición del avestruz? 

Veamos el potencial que tienen los principios que rigen estas emisiones y de algunas regulaciones de reforzar su impacto en sostenibilidad.  La taxonomía de la Unión Europea establece lo que se consideran actividades o proyectos verdes o sostenibles, como la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, que son las metas de los bonos de JBL. La taxonomía solo pone orden en los casos más abusivos de financiamientos que, o no financian o lo hacen marginalmente, actividades sostenibles.  En este caso los fondos no se usan para esa reducción y la reducción ofrecida es marginal.  En todo caso, los bonos han sido emitidos por la filial en EE. UU. y no cubre las localizadas en Europa. Los Principios de los Bonos Vinculados a la Sostenibilidad, de aplicación universal, establecen que  Los fondos obtenidos mediante la emisión de BLS están concebidos para a ser utilizados con fines generales corporativos, por lo que el uso específico de los mismos (“Use of Proceeds”) no es determinante para su categorización”.  O sea, que los Principios no requieren que se usen los fondos en el logro de las metas ligadas a sostenibilidad.  Y en todo caso, las metas propuestas cubren una pequeña parte del impacto (negativo) de la empresa en la sostenibilidad.

El problema está en que el análisis de la supuesta sostenibilidad de estos principios y regulaciones se centra en la emisión y no en el emisor.  ¿No se debería imponer un nivel mínimo de responsabilidad al emisor para poder participar en estos mercados, vía una calificación de la empresa? 

En el caso del riesgo de crédito, existen calificaciones como AAA, AA, A, BBB, etc. que califican el riesgo al servicio financiero de la deuda.  En esto existe lo que se llama “el grado de inversión” que representa las calificaciones que se consideran relativamente seguras como que las adquieran ciertos inversionistas, por ejemplo, los fondos de pensiones.  De la misma manera se podría crear para el financiamiento sostenible la categoría de “grado de sostenibilidad” que incluiría los emisores (no las emisiones de bonos y deuda, como comentamos en la siguiente sección) que han sido calificadas como de aceptable contribución global a la sostenibilidad. 

En el caso del financiamiento genérico de las empresas se considera el riesgo crediticio total de la emisión ya que es la empresa la que debe hacer el servicio de la deuda.  En el caso de la sostenibilidad debería ser lo mismo, se debería evaluar la sostenibilidad de toda la empresa. 

IV.           Esto no es Project Finance 

Pero hay casos especiales de inversiones en los que se evalúa el riesgo crediticio de la emisión separado de los emisores, y es cuando la emisión la hace un instrumento legal, especialmente creado para estos propósitos (Special Purpose Vehicle, SPV), donde la responsabilidad legal y crediticia de ese instrumento están separadas de la empresa o empresas que promueven el proyecto. En el caso de los bonos ligados a la sostenibilidad y aun los BVSS, se tratan como si así fuera, pero no lo es.  No hay instrumento legal separado. El emisor es totalmente responsable de la emisión, legal, financiera, social y ambientalmente. 

Los defensores de la liviandad alegan que como se hace en el caso de project finance, donde las empresas que patrocinan el proyecto no son corresponsables de la deuda del SPV ya que la emisión es para ese proyecto en particular y la responsabilidad no se extiende a las empresas que forman parte del proyecto.  Pero esto es solo válido para el caso de emisiones de BVSS cuando financiar proyectos específicos, con condicionalidad ligada al proyecto, no lo es para los BVSS y BLS que se usen para financiar empresas, “con fines generales corporativos”, con condicionalidad ligada a la empresa.  

Este argumento, con analogía al crediticio, se cae en el caso de los BLS ya que por su naturaleza son ligados a la sostenibilidad de la empresa y no generan recursos financieros como para cubrir el servicio de esa deuda, la que es cubierta con los flujos de caja de la empresa como un todo.   No son susceptibles de la metodología de project finance, ya que no podrían tener una buena calificación crediticia, requerida por los mercados financieros, que depende de la capacidad financiera del servicio de la deuda de la empresa como un todo. No cumpliría con la calificación dual necesaria, crediticia y de sostenibilidad. 

V.              ¿Cómo establecemos el nivel mínimo, el “grado de sostenibilidad”? 

Este es el meollo de la cuestión.  Las calificaciones crediticias las producen varias calificadoras, la mayoría concentradas en las tres grandes, Moody´s S&P y Fitch (creadas entre 1906 y 1913), y aunque suelen tener algunas diferencias en sus calificaciones de empresas y proyectos, la dispersión es muy pequeña.  En el caso de las calificaciones de sostenibilidad hay centenares de calificadoras, cada una con su metodología y los resultados que producen tienen una gran dispersión, hay muy poco consenso sobre lo que califican, sobre lo que es “sostenibilidad”, y mucho menos sobre como evaluarla. [iv] De allí que la definición de “grado de sostenibilidad” sea muchísimo más compleja que la de “grado de inversión”.  ¿Qué calificaciones usar?

 


Bajo estas circunstancias es prácticamente imposible encontrar una solución que sea consensuable.  Pero ello no obsta para que se pongan a prueba algunos esquemas y a medida que se desarrolle la experiencia se pueda tender a algún acuerdo generalmente aceptable.  Es oportuno recordar los esfuerzos en marcha para tratar de unificar el reporte de la información sobre la sostenibilidad, lo cual, a pesar de los grandes obstáculos, puede contribuir a refinar características del comportamiento que se consideren materiales, claves e innegociables para cada tipo de empresa (hay que recordar que en temas de sostenibilidad es muy difícil generalizar ya que depende mucho del tipo de empresa y del contexto en que opera). [v] 

Una posibilidad sería que se cree una organización independiente que califique, de acuerdo con una metodología previamente acordada por representantes de la industria de la inversión responsable (incluyendo los que desarrollan los principios de emisiones de bonos y deuda, BVSS y BLS), para una tipología de empresas.  Pero, en el corto plazo es en efecto una utopía. La industria de la preparación de información, diseminación y calificación es muy extensa, poderosa y no regulada como para ceder ese poder.  No es lo mismo que con las calificaciones de crédito que ya nacieron como un quasi-monopolio de calificadores, regulado por comisiones de valores.   

Mientras tanto esa organización independiente podría utilizar las instituciones existentes y seleccionar, digamos, las diez mayores calificadoras, de acuerdo con su volumen de calificaciones (u otros criterios), recalibrar sus calificaciones en base a una escala de 0 a 100 y hacer un promedio.  Se establecería un mínimo para acceder al grado de sostenibilidad, digamos de 70 (aunque sería necesario hacer pruebas de validación para llegar a un número, lo que para crédito es BBB- o Baa3).  Seria imperfecto, una solución de mediano plazo, pero por lo menos ninguna de las calificadoras sería dominante, incluirá diferentes modelos de sostenibilidad (entre las 10 habrá un denominador común), y las empresas no podrían explotar el sistema, no podrían influenciarlas a todas. 

Solución imperfecta, pero mejor que lo que (no) hay ahora, donde una empresa con elevados grados de irresponsabilidad puede emitir BVSS y BLS. 

VI.           ¿Ingenuidad, conspiración o indiferencia en la inversión responsable? 

¿Es la industria de la inversión responsable, la que participa en estas emisiones ingenua? Seguramente no, sabe lo que hace. 

¿Es entonces esta industria indiferente? Posiblemente le convenga hacerse la vista gorda.  La mayoría de los participantes se benefician de estas emisiones, los consultores, evaluadores y calificadores cobran tarifas, la banca de inversión y las instituciones de corretaje cobran comisiones, los administradores de fondos de inversión reciben sueldos y comisiones y los emisores pueden obtener descuentos en sus tasas de interés (el llamado greenium) y mejorar su reputación.  Son muchos a los que les conviene la expansión de este mercado. 

¿Es entonces esta industria parte de una conspiración? Implícitamente sí. Por las razones recién expuestas puede ser que haya una conspiración, que a lo mejor no es explícita, pero que a sabiendas de que todos se benefician, lo mejor es “no agitar el gallinero”.  Les basta con poder decir que se cumplen con las (imperfectas) taxonomías y principios y todos estamos a salvo. 

Y para demostrar esto, es de notar que el bono de JBS tuvo una demanda de 4,8 veces su monto, sin necesidad de promocionarlo (roadshows) y sin cuestionar sus credenciales de sostenibilidad.  ¿Ingenuidad, conspiración o indiferencia? 

VII.         ¿Cómo mejorar el sistema? 

No solo deben hacerse críticas al sistema, lo cual es fácil, hay que ofrecer soluciones, lo que es poco común.  Estas son nuestras propuestas de mejora: 

  • 1.   Los recursos de los BLS deberían destinarse directamente al logro de las metas, como si fuera un proyecto, como se hace en el caso de los BVSS.
  • 2.   Hay que cubrir deficiencias en los compromisos por lo que las metas deben constituir una parte material del impacto de la empresa o proyecto.
  • 3.   En el caso de emisiones de bonos por empresas estas deben contar con una calificación global de sostenibilidad mínima, alcanzar el “grado de sostenibilidad”. En el caso de emisiones por parte de nuevos proyectos sin trayectoria de sostenibilidad, se basaría en los logros propuestos, a ser revisadas periódicamente.
  • 4.  Y si durante la vigencia del bono se pierde el “grado de sostenibilidad” de la empresa como un todo, o del proyecto, se revisarán las tasas de intereses, no solo si se incumplen los objetivos de la emisión como es ahora. 

Es cierto que muchas de estas iniciativas (BVSS, BLSD, Taxonomías, etc.) pretenden mejorar la sostenibilidad de los que no lo son (“No son los sanos los que necesitan médico, sino los enfermos”), pero en una época de creciente interés y presión por la sostenibilidad se recurre al abuso, al greenwashing.  El caso de JBS es paradigmático. 

La industria de la inversión responsable no puede participar en empresas irresponsables por el hecho de que se arrepientan de un pecado venial, cometiendo pecados mortales. 

¿Se le puede generar la aurora de sostenibilidad a una empresa por emitir un bono ligado a la sostenibilidad, pero desligado de su responsabilidad? ¿Es responsable ser cómplice? 

 


(Esta viñeta de El Roto fue publicada en el diario El País, de España, el 13 de julio de 2021, tres días después de haber completado este artículo. ¿Se lo habrá filtrado alguien?)

 



[i] Y no es de extrañar que ante estos impactos se promueve una reducción del consumo de carne. (aquí y aquí) 

[ii] Para mayores detalles se puede consultar el informe de sostenibilidad. 

[iii] Uno se podría preguntar si los inversionistas responsables ahora son indiferentes a la problemática se preocuparán más adelante.  Por otra parte, esto puede ser una estrategia de algunos dirigentes de la empresa para tener presión externa de los mercados financieros hacia la empresa para mejorar su sostenibilidad, que para JBS es algo inevitable en el mediano plazo.  Para un estudio de la sostenibilidad de las empresas cotizadas en la Bolsa de Sao Paulo, el suscrito tuvo oportunidad de entrevistar a los responsables en la casa matriz en el 2015 y estos expresaron el gran interés en mejorar su sostenibilidad, pero con grandes obstáculos, intrínsecos al negocio, a vencer.   

[iv] Ver ¿Cuántos esquemas/estándares de información sobre sostenibilidad se necesitan? Primera parte: ¿Cuántos hay? y Segunda parte: ¿Cuántos debe haber? 

[v] Ver la nota al pie anterior.

lunes, 28 de junio de 2021

Responsabilidad empresarial como generador de valor intangible. Tercera parte de tres.

  

En los correos este artículo sale truncado. Favor ir al original en el blog   https://bit.ly/RSEintan3  


En la primera parte de este artículo analizábamos en qué consisten los intangibles, la composición del valor del mercado de la empresa y el papel de esos intangibles en su valoración, adelantando que la responsabilidad es el determinante del valor de esos intangibles. En la segunda parte analizábamos las fuerzas que impulsan la responsabilidad hacia la buena gestión y la correspondiente creación de valor del mercado.  En esta tercera parte estudiamos como la responsabilidad da valor a la marca, a la reputación y a otros intangibles y, por ende, da valor a la empresa en el mercado de valores.

 I.                ¿Quo vadis responsabilidad?: Hacia la buena gestión empresarial. 

Mientras más actúan las tres fuerzas, las prácticas responsables se van haciendo parte cotidiana de la gestión y lo que antes podría considerarse excepcional de algunas empresas, poco a poco se va convirtiendo en rutinario, lo extraordinario se convierte en ordinario, la responsabilidad en buena gestión. 

Para analizar la relación entre la buena gestión y la responsabilidad es necesario considerarla en el sentido más amplio de la palabra, no como conjunto de actividades sino como una actitud integral, una forma de hacer la actividad empresarial, como comentábamos en la segunda parte.  De una manera simplista podemos decir que toda empresa tiene una gestión que puede ser calificada en partes buena y en partes mala.  La mala gestión es irresponsable, no usa los recursos que le han sido confiados de manera de obtener el mayor beneficio posible, para la empresa y para la sociedad.  Sin embargo, puede generar valor de mercado. El mercado está todavía muy lejos de incorporar la responsabilidad empresarial en su toma de decisiones. La buena gestión consiste en buscar ese beneficio dual de forma responsable. 

Para ilustrar la relación entre buena gestión y responsabilidad consideremos un ejemplo muy simple: hace unos diez años se consideraba que reducir el consumo de materiales en los empaques (formas, volumen, tipo de material, reciclabilidad, etc.) era parte de la responsabilidad social de la empresa, y las empresas lo reportaban y algunas se vanagloriaban de ello.  Hoy en día se considera sencillamente buena gestión, sentido común. Lo mismo ocurre con la eficiencia energética y el consumo de agua y todo el tema de la ecoeficiencia.  Ya no es algo destacable, reportable de manera especial (aunque muchos todavía lo harán).  Y como comentábamos en la segunda parte, la calidad del aire al interior de las instalaciones empresariales se podría considerar como responsabilidad empresarial, en el sentido de que hacen algo especial, pero la pandemia ha hecho que ello sea simplemente parte de la base de una buena gestión, como en el caso de la ecoeficiencia. ¡Pero falta mucho!  [1] 

Otro ejemplo de la convergencia se puede apreciar al comparar la práctica y la regulación del comportamiento empresarial en países con diferentes grados de desarrollo institucional. Un comportamiento que es necesario regular en un país de América Latina puede no ser necesario regularlo en un país escandinavo, en el cual aquel comportamiento irresponsable ha sido superado, es parte de la práctica cotidiana, de la buena gestión.  Algo parecido sucede dentro de un mismo país, a través del tiempo, con la evolución de la regulación y del comportamiento empresarial. 

Ejemplos como estos distinguen a las empresas con buena gestión de las que todavía consideran estos comportamientos como especiales.  Las primeras son empresas “profesionalmente” responsables, las segundas son empresas “aficionadas” a la responsabilidad, las que creen que la responsabilidad es “hacer cosas”, y se vanaglorian de ello. En el futuro (¿muy lejano?), la empresa responsable será aquella que no tenga que decirlo. 

Lo mismo sucederá con la inversión socialmente responsable, que hoy en día es un nicho de mercado, pero que eventualmente se convertirá en la única forma de invertir.  Es difícil pensar que en el futuro se ofrecerán fondos de inversión “irresponsables” a los inversionistas, aquellos que incluyen empresas no responsables, como ocurre ahora.  Hoy en día no solo hay fondos de inversión en vicios (apuestas, tabaco, alcohol), armamentos y en combustibles fósiles, sino que gran parte de los fondos calificados como responsables (que para simplificar se están llamando ASG, o ESG) contienen empresas con solo algún comportamiento responsable y muchos irresponsables.  

Un fondo altamente calificado como tal contiene acciones de empresas como Amazon que, por ser, por ejemplo, el mayor comprador de energía renovable del mundo, la hace elegible para el fondo, pero que también tiene muchos comportamientos irresponsables: explota y discrimina a algunos suplidores, tiene condiciones laborales abusivas, gasta ingentes cantidades en cabildeo, evade y elude impuestos, se opone a la regulación de la información sobre sostenibilidad, emite gases de efecto invernadero en su transporte, y un largo etcétera. [2] El fondo no puede no contener las acciones de Amazon de lo contario no es financieramente competitivo.  El mayor fondo del mundo calificado como ASG tiene invertido el 20% en acciones de las cinco grandes tecnológicas que comparten el comportamiento irresponsable citado. Y hay fondos autocalificados ASG que invierten en las empresas menos malas del universo de acciones, pero consideradas las mejores de su sector industrial (cemento, tabaco, etc.) como si ello quisiera decir que son responsables. Poco a poco los fondos deberán ser más selectivos y eventualmente (¿muy lejano?) incluirán solo empresas responsables, no solo empresas aficionadas a la responsabilidad.  Será entonces fondos con “buena gestión.”

  


Las fuerzas mencionadas en la segunda parte empujarán ambos círculos, gestión (azul) y responsabilidad (verde), hacia el centro, hacia su superposición y eventualmente serán lo mismo.  En varias décadas dejaremos de hablar de responsabilidad empresarial para hablar sencillamente de buena gestión.  Con esto, el argumento empresarial, lo de que las acciones responsables deben conducir a la responsabilidad, perderá importancia porque la responsabilidad, incluyendo la responsabilidad moral ante la injusticia y la inequidad, será la única manera aceptable de operar (puedo hacer este pronóstico porque entonces yo ya no estaré para que me recuerden que me equivoqué). 

II.             ¿Quo vadis responsabilidad?: A generar valor de mercado para la empresa 

Y aquí postularemos algo que puede no ser cierto en el corto plazo pero que lo será en el largo plazo: la responsabilidad determina el valor del mercado de la empresa, via los intangibles, en particular la marca y la reputación. 

 


 1.      ¿Qué determina el valor de la marca y reputación y como se calculan? 

Como comentábamos en la primera parte, los activos intangibles incluyen una gran variedad de conceptos, pero para enfocar la discusión y no alargarla aún más nos concentraremos en la discusión del impacto sobre los valores de la marca y la reputación por ser los que tienen un nexo más tangible con la responsabilidad empresarial, a pesar de los supuestos, implícitos o explícitos, de sus promotores, que los consideran valores independientes de la responsabilidad, casi de creación espontánea.  En esta sección queremos mostrar que el valor de esos intangibles está, hoy por hoy, influenciado, y en el futuro estará determinado, por la responsabilidad con la que la empresa lleva a cabo sus negocios. 

Para considerar este impacto es conveniente distinguir entre la forma como se suelen calcular sus valores y los factores que los determinan. El hecho de que se utilicen algunos factores en su estimación no quiere decir que son esos factores los que crean el valor.  Y es de enfatizar que, para estimar estos valores, cada uno de los estimadores tiene su propia metodología, no existe una metodología generalmente aceptada. Este es un caso análogo a la calificación de la sostenibilidad de la empresa.  Cada calificadora tiene su propia idea de lo que es sostenibilidad y un modelo sobre los aspectos que la determina, de allí la gran variación en calificaciones de la una misma empresa.[3] 

Y como ejemplo de que los valores calculados no reflejan los factores que los determinan podemos considerar el caso de las empresas que producen armamentos, tabaco, apuestas y alcohol que tienen productos irresponsables (según la opinión de buena parte de la sociedad) y además comportamientos irresponsables (contaminación, discriminación, etc.), tienen una marca y una reputación que pueden ser valoradas con las metodologías que se usan para generar los “números” que comentábamos en la primera parte, pero que no serán “valores”, o no deberían serlo de acuerdo con la sociedad. No todos los valores son valores. 

Hay múltiples maneras de conceptualizar y valorar la reputación y cada institución que la estima tiene su propio modelo de sus determinantes y cómputo. [4] Una de las más reconocidas es la estimación de Harris-Fombrun que calcula un Coeficiente de Reputación Corporativabasado en la percepción del público sobre 20 atributos de la empresa, calificados en 6 dimensiones (Atractivo emocional, Productos y servicios, Visión y liderazgo, Ambiente laboral, Rendimiento financiero y Responsabilidad social).  Y aquí hay que enfatizar “percepción”. 

Hemos analizado en otros artículos la dificultad de que el público pueda opinar confiablemente sobre los 20 atributos para centenares de empresas y el sesgo que ello induce hacia las empresas de productos de consumo masivo, ampliamente conocidas.  Para nuestros propósitos baste mencionar en qué se basan las estimaciones del valor de la reputación y lo que los modelos suponen que lo produce.[5] La responsabilidad social está incluida de nombre, pero es muy posible que los encuestados, público en general, la entiendan, si la entienden, como la concepción reducida de la responsabilidad por los impactos y no en la concepción amplia que comentábamos en la segunda parte de, además, hacer todo el bien posible.  Si así fuera, todas las demás dimensiones podrían considerarse como responsabilidad social, el “orden superior de responsabilidad” y, por ende, buena gestión. 

En cuanto a la valoración de la marca las metodologías son muy diversas y relativamente complejas. En general se basan en supuestos y comparaciones del valor de empresas análogas que no tienen la marca y la estimación de lo que serían sus beneficios si tuviera productos genéricos, sin marca que los distinga. En general están basadas en la estimación del valor presente de beneficios que son atribuibles a la marca.  A diferencia de la estimación del valor de la reputación, no se consideran factores predeterminados, de allí que la influencia de la responsabilidad sobre el valor de la marca sea vía la misma reputación y la confianza, confiabilidad y experiencias del consumidor con los productos y servicios.[6] Si preferimos una marca, digamos de champú, como Neutrogena, es porque tenemos confianza en que la empresa tiene controles de calidad, se cuida de que sea efectivo, que el champú hace lo dicen que hace, que es saludable y que no ha tenido quejas o problemas legales sobre el producto, etc.  Lo favorecemos, dándole valor a la marca como resultado de la responsabilidad del producto, con la que lo produce y con lo que lo comercializa.  

El valor del resto de los intangibles [7] pueden parecer menos determinados por la responsabilidad, por ejemplo, los valores de los derechos o del capital intelectual, pero no se puede negar que la responsabilidad de la empresa es un factor clave en la confianza y confiabilidad, lo que permite el desarrollo de estos intangibles. Quien quiere trabajar con la empresa, quien quiere tener relaciones con la empresa, quien quiere otorgarles derechos, necesita tener confianza.  A estas alturas a lo mejor la responsabilidad no es tan determinante como en los casos de la marca y la reputación, pero si es influyente.

 2.    Valoración de la responsabilidad 

La inmensa diversidad de resultados se debe a que ninguno considera una medida integral de responsabilidad, que no existe, ni puede existir, según la concepción desarrollada en la segunda parte, y mucho menos cuantificarla. 

Pero si ello fuera posible, lo que lograrían demostrar, es que la responsabilidad y la rentabilidad están ambas relacionadas con una tercera variable, omitida en estos estudios, que es la calidad de la gestión.  Lo que terminan demostrando, sin reconocerlo, es que las empresas bien gestionadas, léase responsables, tienden a ser más rentables. Obvio.  Sin darse cuenta usan parte de la buena gestión, o sea, algunas prácticas responsables, como proxy de buena gestión. Si usaran una o varias variables específicamente diseñadas para representar la calidad de la gestión, la relación sería más robusta y generalizable. 

La fortaleza de la relación está determinada por la acción de las tres fuerzas que discutíamos en la segunda parte.  Si las fuerzas actúan, responsabilidad y buena gestión son lo mismo, y si son lo mismo, conducen a rentabilidad.  Si las fuerzas no actúan, si son indiferentes a la responsabilidad empresarial, no habrá causalidad entre responsabilidad y rentabilidad.  Si los inversores son indiferentes a la responsabilidad empresarial, no harán subir el precio de las acciones en consecuencia. 

Y aquí es importante distinguir entre las relaciones responsabilidad/rentabilidad a nivel de empresa en particular de a nivel de conjunto de empresas.  El caso de arriba se refiere al intento de generalización de que responsabilidad rinde beneficios en bolsa, lo que requiere que los mercados respondan.  Esto de interés para los inversionistas en general. A nivel de una empresa en particular la relación es el llamado “argumento empresarial”, si las prácticas responsables le rinden beneficios a esa empresaEsto es de interés para los dirigentes de la empresa y sus accionistas.  Por ejemplo, si la empresa es ecoeficiente tendrá menores costos que empresas comparables, si la empresa tiene buenas prácticas y condiciones laborales puede tener mayor productividad del capital humano, si la empresa produce productos responsables responsablemente, puede tener mayor demanda. En estos casos la causa-efecto es visible, en el otro caso depende de la reacción del mercado[9] 

Y ahora que se está desarrollando la responsabilidad social (sostenibilidad) como un negocio, hay intereses en atribuir el valor de la empresa a la responsabilidad. [10] Sin embargo, este negocio todavía no está suficientemente desarrollado como para cuantificar su contribución al valor de la empresa y hacer alardes semejantes a los de marca y reputación, pero no pasará mucho tiempo para empresas de consultoría produzcan estimados de la contribución de la responsabilidad al valor del mercado…..si hay demanda por esos valores.  Y esos valores subsumirán la marca, la reputación y algunos otros intangibles. 

Cuando todas las empresas sean igualmente responsables (¿algún día?), por ende, con óptima gestión, la responsabilidad ya no será factor diferenciador, no será una ventaja competitiva. ¡Utopía! 

 

 

El valor de la empresa y en particular de los intangibles, bajo el control de la empresa, han sido generados por la reacción de los mercados a la gestión de la empresa, y siendo “valores” positivos, deseables (no nos referimos solo a “números”), es de suponer que hayan sido generados por una gestión responsable. Pero hay todavía nichos de mercado que recompensan comportamientos que gran parte de la sociedad considera irresponsables. 

III.           En resumen 

En las tres partes de este artículo hemos postulado y pretendido demostrar lo que puede parecer una osadía o una exageración: el valor de los activos intangibles generados por la empresa, que son buena parte del valor de la empresa en el mercado, se debe a su responsabilidad empresarial, que al ser debidamente conceptualizada e implementada es simplemente buena gestión. 

En este sentido por responsabilidad bien conceptualizada e implementada nos referimos a la responsabilidad no solo por sus impactos sino por hacer todo el bien que le sea posible, de acuerdo con sus capacidades y en el contexto en que opera, a una manera de hacer negocios, a la buena gestión, no a actividades ocasionales, separadas de la estrategia como es todavía generalmente concebida por gran parte de la sociedad y de las empresas. 

Y la conversión de esa responsabilidad en valor de mercado dependerá de la aplicación de las tres fuerzas que la impulsan en el siglo XXI:  la evolución de los valores de la sociedad, los intereses y acciones de esa sociedad en tener empresas responsables y el interés y acciones de los responsables de la regulación y supervisión de sus actividades. 

El proceso de enraizar la responsabilidad en todas las empresas es un esfuerzo de muy largo plazo, con progresos muy desiguales, de avance y retroceso de acuerdo con esas fuerzas y las crisis, vicisitudes y desarrollos en la situación económica y social.  Pero es la tendencia a largo plazo. 

A manera de conclusión, y para ilustrar la evolución de la responsabilidad, podemos recordar que cuando Milton Friedman escribió el tristemente célebre artículo sobre que la responsabilidad de las empresas era en la creación de valor para los accionistas, solo el 20% del valor de mercado de la empresa, en el promedio, se atribuía a los activos intangibles, en tanto que, en la actualidad, como se desprende de la discusión anterior, es una proporción mucho mayor.  Buena parte de ese valor es ahora consecuencia de la responsabilidad empresarial. ¿Será por esto por lo que Friedman no valoraba la contribución de la responsabilidad? ¿Porqué en ese entonces todo eran activos físicos y financieros? Resulta que ahora es lo mismo que en su época, solo que la manera de generar valor (léase “la forma de gestionar las empresas”) ha cambiado.  Hay que ser responsables. 

Y cuando la sociedad haya llegado a su pleno desarrollo, responsabilidad y buena gestión serán sinónimos y el valor del mercado estará determinado por la buena gestión de los activos tangibles, de los intangibles, consecuencia de la responsabilidad, y por los imponderables de los mercados, que nunca serán controlables. 

Mientras tanto empujemos las tres fuerzas.

 



[1] Mientras escribía este artículo me llego este paquete de Amazon para recordarme que el optimismo no está justificado: 



 

[4] Ver el análisis de diferentes modelos en Conceptualización y comparación de distintos modelos de evaluación de la reputación corporativa, por José Ignacio Suviri Carrasco, en la Revista de Responsabilidad Social de la Empresa, No. 4, enero-abril 2010.

 

[5] En el artículo ¿Reputación como fin o como resultado de la RSE? analizábamos otro modelo de evaluación.

 

[6] Se puede ver una metodología en Brand Finance

 

[7] 2019 Intangible Assets Financial Statement Impact Comparison Report, contiene un análisis más exhaustivo de la categorización de los intangibles en ocho grandes categorías, que resumimos en seis: (1) Propiedad intelectual; (2) Derechos públicos y privados adquiridos; (3) Marca; (4) Intangibles resultado de adquisiciones y fusiones; (5) Información; y, (6) Relaciones.

 

[8] Ver por ejemplo, ESG and Financial Performance: Uncovering the Relationship by Aggregating Evidence from 1,000 Plus Studies Published between 2015 – 2020, Tensie Whelan, Ulrich Atz and Casey Clark.  Los que quieren demostrar una relación positiva seleccionan los que les resultan más favorables como por ejemploFrom Stockholder to Stakeholder: How Sustainability can drive Financial Outperformance, de Oxford University y Arabesque Partners.

 

[10] Ver los enemigos número 2 y 3 en Los trece enemigos de la RSE(C): Los primeros seis.