sábado, 7 de noviembre de 2026

¿Es real y sostenible el aumento de los flujos hacia fondos ASG? ¿Tienen impacto sobre la sostenibilidad empresarial?

 Tiempo de lectura: 12 minutos. En su producción no se ha utilizado la Inteligencia Artificial. 

Un punto no marca una tendencia. Sabiduría popular.

Algunos lectores habrán leído como buenas noticias que en los recientes trimestres han aumentado los flujos netos hacia los fondos calificados como inversionistas en valores responsables en aspectos relacionados con el medio ambiente, social y gobernanza, ASG.  Con ello se llega a la conclusión de que el interés por la sostenibilidad empresarial se está recuperando. Pero ¿son estos aumentos en los flujos hacia estos fondos indicadores de este interés?  Esta conclusión esconde varias falacias y antes de alcanzarla es necesario analizar en mas detalle que hay detrás de este aumento.  

El objetivo de este artículo no se limita a analizar la evolución reciente de los volúmenes, lo que es circunstancial y cambiante en el tiempo, sino lo que es más permanente y relevante para los interesados en promover la sostenibilidad empresarial:  el impacto que los recursos asignados a fondos ASG puedan tener sobre esa sostenibilidad.  De paso mostraremos que el optimismo sobre la recuperación del interés por la sostenibilidad empresarial no está justificado.

No basta con leer los titulares, hay que analizar lo que hay detrás.

I.                ¿Qué son los fondos de inversión calificados como sostenibles?

Antes de proceder a analizar la evolución de los flujos y su impacto sobre la sostenibilidad empresarial es necesario considerar lo que se entiende por “fondos de inversión sostenibles”. Esta denominación genérica incluye diversas categorías de selección de los valores que se incluyen en cada tipo de fondo, que cubren un espectro que va desde la simplista categoría de “exclusión” por las que se excluyen valores de empresas de ciertos sectores (tabaco, alcohol, combustibles fósiles, armamentos, apuestas, pornografía, etc.), hasta la más rigurosa de “inclusión” como lo es la denominada “inversión de impacto”, donde se incluyen valores de empresas que no solo son calificados como sostenibles, sino que además los proyectos/empresas han sido constituidas con el objetivo de tener impactos preespecificados, medibles y significativos sobre la sostenibilidad, y en cuya gestión suelen involucrarse los gestores de los fondos, corresponsables del impacto, para asegurar el logro de los objetivos.

Dentro de este espectro hay otras categorías de inclusión, con mayor o menor rigor, como las que seleccionan valores pertenecientes a algunos sectores industriales a los que pertenecen (energía renovable, eficiencia energética, salud, educación, vivienda social, etc.) aunque sin hacer análisis específicos de la sostenibilidad de los emisores de valores, bajo el supuesto de todo lo que dedica  a ese sector promueve la sostenibilidad, hasta las que incluyen valores que han sido calificados como con algo de sostenibilidad por alguna calificadora, aunque estos no constituyan el total de los fondos de las carteras. [i]

Como ejemplo ilustrativo podemos ver las distribución reportada en el informe La Inversión Sostenible y Responsable en España 2026 de Spaimpactooro Español de Inversión y Finanzas Sostenibles, donde se constata que la inmensa mayoría de los fondos calificados como sostenibles son los que utilizan criterios de exclusión, que no tienen impacto alguno sobre la sostenibilidad empresarial, no cambian a las empresas en que invierten, en tanto que la única categoría con mayor confiabilidad en este sentido, la inversión de impacto, representa solo el 4,71%, y aun algunas de estas puede no lograr los impactos esperados.  Se puede decir con confianza que calificar los €271 470 millones de fondos de inversión como sostenibles, es una exageración, la inmensa mayoría no se la merece.

 

II.             Evolución de los flujos a inversiones sostenibles.

La evolución de los recursos asignados a los fondos de inversión calificados como sostenibles deben analizarse en este contexto del potencial impacto sobre la sostenibilidad, para determinar si en efecto esos cambios reflejan un mayor interés en esa sostenibilidad.

Se han publicado varios informes analizando estos aumentos, por ejemplo, Global Sustainable Flows, Q2 2026 por la consultora/calificadora Morningstar. Según este estudio:

  • Durante el segundo trimestre del 2026 hubo un aumento neto a estos fondos de US$3 700 millones;
  • En Europa los influjos netos ascendieron a US$ 3 500 millones, mostrado que es la región con mayor crecimiento y que el resto del mundo tuvo flujos netos muy modestos. Y los fondos pasivos tuvieron flujos netos positivos por US$11 400 millones, pero los fondos activos fueron altamente negativos con US$7 800 millones.
  • Es indicativo del liderazgo de Europa que los US$3,7 billones de activos que gestionan estos fondos, Europa captura el 84% y EE. UU. el 11%, con el resto del mundo en 5%;
  • En EE. UU., por primera vez desde el 2022, los flujos netos fueron positivos en US$3 000 millones, mayormente en fondos pasivos;
  • En cuando a la creación de fondos, que es también indicativo del interés, solo se crearon 13 fondos en Europa y 3 en EE. UU., lo que muestra el limitado interés en estos fondos.
  • Estos resultados ponen en contexto la realidad del supuesto aumento del interés por la sostenibilidad empresarial, que, si lo hay, es muy modesto.

 III.           ¿Altruismo u oportunismo?

Y para apreciar la motivación por la asignación de recursos a esos fondos es necesario responder a un pregunta: Es el aumento de fondos debido a que hay más interés por la sostenibilidad empresarial o que creen que esos fondos rendirán más en el futuro que los fondos tradicionales? ¿Es el interés altruista u oportunista?  Tenemos varias fuentes de información para intentar una respuesta

a.     Revalorización

El informe mencionado arriba de Morningstar concluye además que el incremento de US$230 000 millones en los activos globales de los fondos superó considerablemente los US$ 3 700 millones de influjos netos trimestrales, lo que muestra que fue la revalorización de mercado el motor del crecimiento de los activos, y no los recursos frescos.

b.     Selectividad.

La sección ESG: The Recovery?!? del boletín Point of Returns del 27 de septiembre del 2026 por John Authers en Bloomberg, muestra que la mayor parte del aumento de los flujos a fondos sostenibles han ido a inversiones en energía renovable. Si se eliminan los influjos a este subsector el neto es negativo. Ello indica que el supuesto aumento de interés por la sostenibilidad no es genérico es oportunista.

c.      Rentabilidad.

El informe del Institute for Sustainable Investment de Morgan Stanley, Sustainable Funds Outperformed Traditional Peers in First Half 2026, puede ayudarnos a responder esta pregunta

Según el informe, los fondos sostenibles superaron la rentabilidad en los mercados de valores durante la primera mitad del 2026 a los fondos tradicionales. Otro titular engañoso. Si esto no se analiza en detalle, se generaliza, como si también en el futuro aquellos fondos fueran a rendir mejor. Y los promotores de la sostenibilidad empresarial extienden esto a decir que el factor que produce la superioridad es la sostenibilidad de los valores que integran aquellos fondos, que los mercados están dispuestos a pagar más por valores responsables.

Puede ser, pero ello no es ni obvio ni sostenido, es circunstancial. Hay múltiples razones por las cuales aquellos fondos pueden rendir más en algún período de tiempo, que van más allá de la sostenibilidad de los valores. Estos fondos tienen muchas otras características que van más allá de la dicotomía “responsable”-“convencional” (o mejor dicho “algo responsable”-“menos responsable”). Para analizar esto hay que tener en cuenta varios aspectos que ya habíamos analizado en el artículo Rendimiento de fondos responsables versus convencionales: Ni antes éramos tan buenos ni ahora somos tan malos.

  • Las etiquetas ASG son arbitrarias, cada fondo ASG y cada índice de sostenibilidad es diferente por lo que cualquier comparación entre sí y con sus equivalentes convencionales no podrá tener resultados generalizables;
  • Toda empresa tiene alguna característica o actividad que permite, según estos criterios, calificarla como responsable e incluirla en estos fondos. No hay un acuerdo ni siquiera de mínimos;
  • Por estas razones, los fondos sostenibles y los tradicionales tienen un gran número de valores en común y se suelen distinguir por solo algunos, los que pueden explicar las diferencias en rendimiento, en algún periodo de tiempo.[ii];
  • Los valores negociables reaccionan de forma diferente a los vaivenes del ciclo económico y es el comportamiento en bolsa de los pocos valores no comunes entre los fondos durante las diferentes etapas del ciclo que explican las diferencias. El período analizado es muy corto;
  • Por ejemplo, los fondos responsables suelen tener una sobre ponderación en tecnología con respecto a los convencionales, ya que estas empresas tienden a tener una baja intensidad de carbono; y también en valores de energía renovable, lo que en buena parte explica la diferencia de rendimientos en ese período. Al contrario, en otros momentos del ciclo económico los “fondos de vicio”, que invierten en combustibles fósiles y defensa, por ejemplo, rinden más que los tradicionales y que los responsables.

Los fondos calificados como sostenibles pueden tener una rentabilidad superior a la de los fondos convencionales en algún período de tiempo, debido a una multitud de factores que van más allá de las diferencias en sostenibilidad de los valores que las componen, que puede ser mínima.

Para ser generalizables se requieren comparaciones sobre períodos mucho más largos, de varios años, que cubran el ciclo económico y con fondos que tengan diferencias notables en la sostenibilidad de sus componentes.

d.     ¿Por qué los inversionistas invierten en fondos sostenibles?

En el artículo ¿Les preocupa el impacto a los inversionistas “responsables”? [iii] analizábamos las motivaciones para invertir en fondos sostenibles y una de las razones relativamente sorprendente, resultado de una investigación académica, era que:

“…el inversionista individual promedio es un optimizador de su “feeling” (warm glow), que optimiza el sentirse bien de haber hecho la selección “correcta”, más que uno que prefiere resultados, que quiere optimizar el impacto de sus inversiones.”

En el artículo ¿Por qué los inversionistas individuales invierten en valores socialmente responsables? ¿Altruismo, egoísmo o buenismo? analizábamos estas motivaciones más a fondo y encontramos que existe una desconexión entre las opiniones expresadas y su comportamiento real:

“Solo el 13 % de los inversores citó la alineación de las inversiones con sus valores personales como la principal razón de su interés y solo el 2 % citó la reducción de los riesgos ambientales, sociales o de gobernanza, como motivador”.

“Más del 80% afirma que la rentabilidad financiera es un factor clave de su interés en la inversión sostenible, y las expectativas de rendimiento siguen impulsando los planes de asignación de activos”

Si bien las intenciones pueden ser de contribuir a la sostenibilidad, en la práctica se siguen buscando rendimientos financieros y no tanto hacer el bien como sentirse bien y ganar bien. Esto es una generalización resultado de encuestas y estudios, pero ello no quiere decir no haya inversionistas cuyos intereses sean los de promover la sostenibilidad, como lo es el caso de los “fondos de inversión de impacto”, mencionados arriba.

IV.            Expectativas para el futuro.

Ante el interés por apreciar si la recuperación del interés por la sostenibilidad empresarial es sostenido podemos analizar los resultados de estudios sobre las expectativas que tienen los inversionistas y gestores de fondos de inversión sobre el futuro cercano.  Uno de estos estudios es el realizado el Institute for Sustainable Investment del banco de inversión Morgan Stanley, Sustainable Signals: Institutional Investors 2026. Este estudio encuentra que:

  • Más del 80 % de los inversionistas institucionales prevé aumentar sus asignaciones a inversiones sostenibles en los próximos dos años (en Europa más del 90% y en Norte América lo esperan cerca del 75%).
  • No obstante, solo el 2 % de los inversionistas y el 4 % de los gestores de activos esperan que dichas asignaciones aumenten más de diez puntos porcentuales, una cifra muy inferior a la del 20% estimada en el 2025, en tanto que el 30% espera un crecimiento de más del 5% y menos del 10%, también una cifra muy inferior al 66% en el 2025). 
  • El titular más usado de que el 80% espera aumentar sus asignaciones resulta muy engañoso ya que los aumentos, si se dan, son muy modestos. No es cuántos inversionistas esperan aumentar, sino cuánto esperan aumentar;
  • Las motivaciones para invertir en este segmento son la búsqueda de oportunidades de crecimiento, mitigación de riesgos y diversificación de la cartera;
  • La inmensa mayoría considera que los impactos de los riesgos climáticos son muy difíciles de determinar, no obstante, su consideración es una motivación muy extendida para la inversión. Es el aspecto temático considerado más crucial;
  • Según este estudio, el segmento sigue siendo de interés para los inversionistas, pero con expectativas muy moderadas en cuanto a su crecimiento. 

V.              ¿Hay mayores recursos disponibles para las empresas sostenibles?

Pero, aunque se destinen mayores recursos a fondos de inversiones sostenibles, la pregunta clave para los interesados en la sostenibilidad empresarial y del planeta es si se han invertido más recursos en actividades que promueven esa sostenibilidad, o si más bien son recursos que se tranzan entre inversionista, que no llegan a las empresas.

Al comienzo de este artículo comentábamos las metodologías de selección de los valores en los diferentes fondos y constábamos que la gran mayoría de ellos utilizan criterios relativamente simplistas sobre la sostenibilidad de los valores. Y sin hablar de que las empresas calificadas por alguna institución como sostenibles, lo sean en la realidad. Es muy posible que logren la calificación con algunas actividades, políticas o estrategias, pero su contribución puede ser mínima.

Pero aun en estos casos, los recursos no tienen impacto sobre la sostenibilidad empresarial ya que las transacciones solo representan transferencias de recursos entre compradores y vendedores de estos valores en los mercados, sin que las empresas reciban recursos para sus inversiones en sostenibilidad.

Un caso con impacto de estos fondos, pero poco frecuente, es de “fondos de inversión de impacto”, que mencionamos anteriormente, que se constituyen específicamente para la adquisición de valores de empresas que a su vez se han constituido con ese fin y que se comprometen a usar los recursos en esas actividades, y que, en general, suelen tener el involucramiento directo de los gestores de esos fondos en lograrlo.

Donde sí hay potencial impacto es en el caso de los mercados primarios, donde las empresas emiten valores (acciones o instrumentos de endeudamiento) y préstamos recibiendo recursos frescos con el compromiso de dedicarlos a estas actividades como es el caso, por ejemplo, de los préstamos y bonos verdes, sociales y sostenibles, y algunos casos de préstamos y bonos ligados a sostenibilidad.

VI.            En resumen

De la evidencia precedente pareciera que los inversionistas buscan contribuir a la sostenibilidad, pero no sacrificando la rentabilidad, que se suele propugnar como superior a la de los fondos convencionales, pero que ello puede ser circunstancial, debido a factores diferente a las diferencias entre la supuesta sostenibilidad de los fondos. Por otra parte, los aumentos en los volúmenes de los fondos se deben más a revalorización de las carteras que a recursos frescos resultados de un creciente interés por estos fondos.

No se puede concluir que la (circunstancial) superior rentabilidad y el (supuesto) aumento en el volumen de recursos asignado estos fondos sean el resultado del interés de los inversionistas por la sostenibilidad empresarial.

Y aun los volúmenes de recursos invertidos en estos fondos y los elevados montos de las transacciones no son indicativos del impacto que tienen en la sostenibilidad empresarial ya que las empresas emisoras de los valores no reciben recursos frescos para invertir en actividades de sostenibilidad, salvo en los casos de emisiones en los mercados primarios donde si reciben los recursos, con el potencial de dedicarlos a esas actividades, y el caso excepcional de los fondos de inversión de impacto, que como vimos en el ejemplo de España constituyen un monto relativo muy pequeño. [iv]

De esto concluimos que, si bien el mercado de las inversiones socialmente responsable quiere dar la imagen de grandes contribuciones a la sostenibilidad empresarial, estas son pequeñas en comparación con los recursos que gestionan estos fondos y el ruido que hacen.

Sobre las preguntas del título del artículo:

¿Es real y sostenible el aumento de los flujos hacia fondos ASG?: Gran parte del aumento reportado recientemente se debe más a revalorización de los fondos existentes que a un creciente interés por parte de los inversionistas, y dadas la turbulencias en estos mercados parece ser más circunstancial que sostenido y sostenible.

Pero lo más crítico….

¿Tienen impacto sobre la sostenibilidad empresarial?: Mucho menos del que se suele alegar en las aseveraciones de los participantes en el mercado de las inversiones socialmente responsables, en particalr por los gestores de los fondos.  El impacto se limita a algunos casos muy particulares y en los los mercados primarios.

El impacto de la inversión socialmente responsable sobre la sostenibilidad empresarial está muy exagerado.



[i] Ninguna de estas categorías de inclusión es garantía de que las empresas emisoras de los valores son en realidad sostenibles. Las calificaciones ASG que son generalmente usadas dejan mucho que desear como indicadores de la sostenibilidad de las empresas. Para un análisis de las deficiencias de estas calificaciones, ver el artículo Doce razones por las que los criterios ASG no reflejan la sostenibilidad empresarial.  Para un análisis del rigor relativo en las categorías de inversión, ver el artículo ¿Es lo mismo Inversión Socialmente Responsable, ISR que inversiones ASG?

[iv] Para un estimado de las inversiones directas, financiadas en los mercados primarios de deuda y de capital y con recursos propios en Europa, ver el informe de octubre del 2026 de la Plataforma sobre financiamiento sostenible de la Comisión Europea, Monitoring of Capital Flows to Sustainable Investments.

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Greenwashing sobre/con impacto

 

Tiempo de lectura:  3 minutos. No se ha usado la IA para escribir este artículo.

 En el artículo anterior Tratemos el impacto de la sostenibilidad empresarial con el rigor que se merece, analizábamos una nota de la Autoridad del Mercado de Valores Europea, ESMA, para combatir el greenwashing en el reporte de impactos en los fondos de inversión y valores calificados como sostenibles.

Complementando ese artículo, en este analizamos el greenwashing sobre el impacto de las actividades de sostenibilidad empresarial, aunque no se refiere a fondos de inversión, sí se refiere al greenwashing del impacto, es el caso de la demanda de greenwashing para la aerolínea Lufthansa. Tenía un programa denominado de Tarifa Verde por el que el pasajero pagaba una extra. Fue acusada por la ONG Environmental Action Germany de greenwashing por el uso de esa palabra genérica, como si por extensión indicara que era usado para reducir emisiones. Al perder la demanda, Lufthansa decidió cambiar el nombre del programa a Tarifa Impacto.

El tribunal dictaminó que los consumidores que optaban por compensar sus vuelos mediante las «tarifas verdes» (*Green Fares*) no recibían información clara sobre el alcance de la compensación climática aplicada por la aerolínea en relación con el vuelo reservado. Además….. las tarifas daban a entender que los consumidores estaban contribuyendo directamente a compensar sus propios vuelos…. engaña sistemáticamente a sus clientes, haciendo pasar los viajes aéreos por climáticamente neutros a cambio de un pago adicional.[i]

La nueva tarifa sí especifica que no se usa para la reducción de las emisiones de su vuelo, sino de forma genérica para reducir las emisiones de la aerolínea, que ahora convierte los impactos que antes se entendían como específicos y directos a impactos genéricos.  Ahora por lo menos el viajero que paga el extra puede saber, si se interesa, que a lo que está contribuyendo no es a reducir emisiones tangibles, lo que lo hacía sentir bien, sino a que la empresa logre algunos objetivos de sostenibilidad, pero con el financiamiento de algunos viajeros, en vez de por esfuerzos propios.

Es un caso semejante al contraste entre “Bonos Verdes”, donde existe el compromiso medible de lograr objetivos de sostenibilidad con los recursos obtenidos, y los “Bonos ligados a la Sostenibilidad” donde los recursos son de libre disposición de la empresa para cubrir cualesquiera necesidades, pero comprometiéndose a lograr algunos objetivos de sostenibilidad (que debería logar de todas maneras).

Y he aquí un abuso de la palabra impacto. Cuando este debería entenderse por lo de que la tarifa adicional tiene un impacto directo, como el que se interpretaba con la Tarifa Verde, no es cierto ya que el “impacto” es a lo sumo indirecto. Antes el nombre era genérico para hacer creer que era de impacto directo y amplio, ahora se usa una denominación específica para un impacto genérico.

Para el no iniciado, como la gran mayoría de los viajeros, “Verde” debía parecer como algo genérico, vago, pero “impacto” debe parecer como específico, cuando es al revés. Recordemos que la demanda viene de una ONG muy conocedora de las situación.

Querido lector, si no te dan detalles, o no averiguas, ¿dónde crees que tienes mayor efectividad, pagando una “Tarifa Verde” o una “Tarifa de Impacto”?

Como consecuencia de la demanda Lufthansa es ahora más transparente, pero en función del destino de los recursos, que no ha cambiado, el nombre de la tarifa “Impacto”, a quien no hace sus deberes, es más greenwashing que la “Verde”.

Yo diría que Lufthansa no perdió, empató.

sábado, 31 de octubre de 2026

Tratemos el impacto de la sostenibilidad empresarial con el rigor que se merece

  

Tiempo de lectura: 10 minutos. No se ha usado la IA para escribir este artículo.

Henos escrito repetidamente sobre la necesidad de no confundir los impactos de las actividades de sostenibilidad, los cambios que se logran en consecuencia, de lo que suele reportase como si fuese un impacto, lo que suele referirse a niveles previos al logro del impacto como lo pueden ser los insumos dedicados, los productos obtenidos o los resultados logrados. [i]

Es un tema que debería despertar más interés entre los stakeholders, pero parece haber una “conspiración de desinterés” o de “ignorancia conveniente”. Los que aseveran impacto no tiene interés en complicarse mostrando el cambio logrado, la apariencia basta, lo cual es compartido por los gestores de fondos de inversión responsable, que de lo contrario podría limitar el interés por sus productos.  Afortunadamente con el creciente interés en el greenwashing, algunos reguladores si se preocupan por la confusión y la posibilidad del abuso del término “impacto”, que es atractivo para las empresa y para los gestores de fondos.

Para ayudar a la claridad y precisión de las declaraciones sobre el impacto logrado por las inversiones en fondos sostenibles, el 12 de octubre del 2026 la Autoridad del Mercado de Valores Europea, ESMA, emitió una nota temática sobre las Aseveraciones de Impacto de las inversiones en la serie de Notas sobre declaraciones de sostenibilidad claras, justas y no engañosas: Abordar los riesgos de *greenwashing* en apoyo a las inversiones sostenibles.

Las notas temáticas se elaboran para los participantes en el mercado con fines educativos y se basan en las prácticas observadas en el mercado. No establecen nuevos requisitos normativos, sino que tienen por objeto recordar a los participantes en el mercado sus responsabilidades de formular declaraciones claras, justas y que no induzcan a error (énfasis añadido).

I.                No es impacto todo lo que reporta como tal, no es oro todo lo que reluce.

Para apreciar las diferencias entre los diferentes indicadores sobre los logros de las empresas de actividades, productos, resultados e impacto, es conveniente hace un breve repaso a estos cuatro conceptos que se suelen usar indistintamente. Esto lo habíamos ya analizado en otro artículo específicamente sobre esta confusión por lo que solo haremos un breve resumen. Decíamos [ii]:

A efectos poner en contexto el reporte de los impactos de las actividades empresariales en el logro de su sostenibilidad, consideremos que estas actividades llevan a productos, que logran resultados y por último tienen (deberían tener) impacto.

Lo que ilustrábamos con estos tres ejemplos:

 

La gran mayoría de los indicadores que se reportan en los informes de sostenibilidad y que son usados en las calificaciones de sostenibilidad se refieren a insumos, productos o resultados, no al impacto, no al cambio logrado, aunque muchas veces lo denominan como tal. De hecho, las regulaciones de la Comisión Europea sobre el reporte de información referente a sostenibilidad no hacen la distinción.

Es de destacar que medir el impacto no es sencillo, a veces el impacto solo se logra en el mediano a largo plazo. Pero ello no obsta para que se hagan los esfuerzos que sean factibles, y por lo menos no pretender que los insumos, productos o resultados reflejan impacto. A lo sumo son condición necesaria, pero definitivamente no suficiente,

II.             La nota temática de ESMA

ESMA, como ente regulador del mercado de capitales europeo, solo se preocupa de un segmento del financiamiento sostenible: los valores y fondos que se transan en los mercados de valores, y el objetivo de la nota es la prevención del greenwashing en la comercialización de estos productos, de lo cual las aseveraciones de impacto de los productos son solo una parte.  Pero en este artículo consideraremos solo este aspecto del greenwashing.[iii]

Por ello, la cobertura del impacto se trata de pasada y no es tan específica como hubiéramos deseado, en el contexto de la discusión precedente sobre los diferentes conceptos. La Nota también suele mezclar el impacto como sinónimo de cambio logrado con los conceptos de menor alcance como los insumos, productos y resultados. De hecho, solo menciona dos de los cuatro: resultados e impacto.

Postula cuatro principios que deben guiar el reporte del “impacto”: que se explican por si solos y no ameritan comentarios, aunque queremos resaltar uno de ellos:

  • Precisos;
  • Accesibles;
  • Actualizados, y
  • Fundamentados: Este es el aspecto más critico y lo que permite determinar la veracidad de las aseveraciones y contribuir a evitar el greenwashing. Según la nota:

 La fundamentación debe basarse en metodologías (incluyendo comparaciones, umbrales o supuestos subyacentes) que sean justas, proporcionadas y significativas. Deben darse a conocer las limitaciones de la información, los datos y las métricas utilizados en una afirmación.

Para ilustrar estos principios, la nota incluye cinco ejemplos breves sobre como reportar honestamente y otros seis de lo que se debe evitar. A efectos prácticos, estos ejemplos constituyen el valor agregado de la nota, más allá de la discusión general que los procede.

Para no extender más este artículo reproducimos algunos de los ejemplos que resumen muy precisamente el objetivo de la nota.

Este es un caso muy común de greenwashing, donde se promete el logro de la neutralidad en las emisiones, con planes, pero sin justificar su factibilidad, la estrategia a seguir, los hitos intermedios, los recursos asignados, las responsabilidades, etc. sin reportar el progreso que se va logrando.

III.           ¿Pero tiene impacto el financiamiento sostenible?

Analizando los productos que les preocupa a ESMA, los valores negociables y los fondos que agregan estos valores, que se ofrecen a los inversionistas, se puede ver que se hace el supuesto implícito de que es cuestión de reportar ese impacto de forma honesta. En este sentido es importante destacar que lo que ellos denominan impacto no necesariamente tiene impacto sobre la sostenibilidad del planeta y la sociedad. Es solo que tienen el “potencial” de hacerlo.[iv]

Por ejemplo, catalogarían como impactante un fondo de inversión que ha seleccionado los valores negociables que lo integran en función de la supuesta sostenibilidad empresarial de las empresas que los emiten. Ello permite reportar que el fondo tiene impacto, pero lo que no se dice es que los valores que el fondo ha adquirido en los mercados secundarios de capitales ya existían y fueron vendidos por alguien que los poseía, lo que resulta ser una mera transferencia de recursos financieros entre comprador y vendedor, las empresas cuyos valores constituyen los fondos no han recibido recursos frescos para llevar a cabo actividades que mejoren la sostenibilidad del planeta y la sociedad.  Los recursos han sido una transferencia entre comprador y vendedor. También es posible que los fondos adquieran valores que hayan sido recientemente calificados como sostenibles y que antes se cotizaban en los mercado como empresas sin tal calificación.  Pero tampoco hay transferencia de recursos a las empresas.

No hay “impacto” sobre la sostenibilidad de la sociedad y del planeta, solo el potencial de haberlo.

Es solo en el caso de los mercados primarios, donde las empresas emiten valores (acciones o instrumentos de endeudamiento) donde las empresas reciben recursos frescos, pero, aun así, ello no obliga a las empresas que hayan sido calificadas con algún grado de sostenibilidad, a invertir esos recursos frescos en actividades de sostenibilidad. Esto es solo en el caso de las emisiones de valores o endeudamientos con compromiso de dedicar estos recursos a estas actividades como el caso, por ejemplo, de los bonos verdes, sociales y sostenibles, y algunos casos de bonos ligados a sostenibilidad. [v]

Un fondo o los valores de una empresa puede reportar que ha tenido impacto en la sostenibilidad sin haber dedicado los recursos a ello. Solo lo será en el caso de recursos frescos que se obtengan con el compromiso de dedicarlos a actividades relacionadas con la sostenibilidad, o bien en aquellos casos de gestores activistas que utilizan su poder de voto en influenciar las decisiones de las empresas, o su poder de persuasión para involucrarse con los dirigentes.

Un caso muy específico, pero poco frecuente [vi] es de “fondos de inversión de impacto”, que se constituyen específicamente para la adquisición de valores de empresas que constituyen con ese fin y que se comprometen a usar los recursos en esas actividades, y que, en general, suelen tener el involucramiento directo de los gestores de esos fondos en lograrlo. Son relativamente una excepción entre los fondos de inversión que se califican como responsables.

Y sin hablar de que las empresas calificadas por alguna institución como sostenibles, lo sean en la realidad. Es muy posible que logran la calificación con algunas actividades, políticas o estrategias, pero su contribución puede ser mínima.[vii]

IV.            En concusión.

El impacto importa, es lo mas importante de la sostenibilidad empresarial, pero lamentablemente no solo existe confusión sobre lo que es en realidad impacto, cambio logrado, por lo que es uno de los instrumentos más utilizados para el greenwashing.

La nota temática de ESMA tiene el potencial de contribuir a reducir la confusión y mejorar la comunicación del impacto, aunque se limita los fondos de inversión u valores calificados como sostenibles.

Pero todavía queda la confusión más critica, que es la de creer que las inversiones en fondos de inversión y valores calificados como sostenibles y los volúmenes transados en los mercados secundarios tienen impacto sobre la sostenibilidad de la sociedad y del planeta.  Solo tienen el potencial de hacerlo las inversiones y endeudamientos en los mercados primarios sostenibles y los fondos de inversión específicamente constituidos y dedicados a lograr impacto.


[vi] El informe La Inversión Sostenible y Responsable en España 2026 de spainsif, Foro Español de Inversión y Finanzas Sostenibles, reporta que solo el 4,70% de los fondos calificados como sostenibles corresponde a inversión de imoacto.

domingo, 25 de octubre de 2026

El verdadero problema para la efectividad de la enseñanza en las escuelas de negocios: Una estrechez de miras

 

Tiempo de lectura: 6 minutos. En su producción no se ha utilizado la Inteligencia Artificial.

Recientemente se publicó un artículo en el New York Times (19 octubre), “I Teach at a Business School. It’s Time to Shut Them Down”, por el Prof. Chris Marquis, que aboga, no como dice el título (que logró excitar a múltiples lectores), por abolirla, pero sí por cambiarla radicalmente. Tanto por su relevancia, como por su provocación y el medio de publicación, ha dado lugar a una avalancha de comentarios y de artículos de profesores de escuelas de negocios, mayormente criticándolo, ya sea por impertinente, ya sea por la inefectividad de sus recomendaciones, ya sea por la percibida amenaza a sus ocupaciones.

Y no es que el artículo postule nada nuevo, por lo menos para los que practican una visión integral de la empresa en la sociedad, ya que su crítica es algo que se viene discutiendo desde tiempo inmemorial, mucho antes del tristemente célebre artículo de Milton Friedman, The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits, publicado en el mismo medio el 17 de septiembre de 1970. Ya en el 1923, hace más de 100 años, se había publicado un artículo haciendo un llamado semejante.[i]

Escribí un breve comentario en mi blog sobre el artículo, pero ante esa avalancha de reacciones he creído oportuno expandirlo y concretar mi punto de vista sobre la problemática de la efectividad de la enseñanza en las escuelas de negocios (diplomados, másteres y desarrollo ejecutivo).[ii]

I.                El problema y sus cuatro manifestaciones.

El principal problema es la estrechez de miras de esa enseñanza, que se puede explicar en cuatro manifestaciones de la cultura de las escuelas y que no he visto mencionado explícitamente en ninguna de las múltiples respuestas que he leído, que en general son defensivas, no introspectiva como sí lo es el artículo original. Ofrezco también una introspección sobre esa cultura.

La enseñanza en estas escuelas comenzó por la necesidad de “profesionalizar” la gestión de las empresas ante los avances de la industrialización y el desarrollo de las compañías anónimas a principios del siglo pasado. Se crearon como una forma de entrenamiento para el ejercicio de la gestión empresarial, como se hizo para otras profesiones como mecánicos y electricistas. 

Pero al extenderse el desarrollo de esas empresas con gestores profesionales, independientes de los dueños, se fue haciendo más necesaria la especialización y el objetivo de la enseñanza era y se fue fortaleciendo aun mas, en la gestión eficiente y efectiva, pero con una medición de esa eficiencia y eficacia que esta sesgada, lo que condujo a estrechar la visión de estos profesionales, a la que atribuimos al problema actual de esa educación.

Este sesgo o miopía se manifiesta en cuatro aspectos fundamentales.

a.     Compartimentación de la enseñanza. Espacio.

Para hacer la educación factible en la práctica, los aspectos de la gestión de las empresas se separan en aspectos manejables, lo que da lugar a la especialización y con ello la compartimentación de la enseñanza en silos separados: las asignaturas se imparten de forma aislada, con una interdisciplinariedad mínima, finanzas, por un lado, marketing por otro, etc., cada una encerrada en su torre impermeable de marfil, lo que cual si bien es necesario en la práctica, tiene un efecto perverso ya que la problemática que enfrenta la empresa en multidimensional y aquello limita la visión del dirigente al abordar la complejidad y las interacciones propias del mundo empresarial y la sociedad.

El tímido intento de introducir cursos separados, muchas veces electivos, de ética o de “empresa y sociedad” o de sostenibilidad empresarial suelen ser un parche con poca efectividad en la práctica y en el tiempo. Tiene el efecto perverso de conducir a su consideración como algo “especial”, que no es parte integral de la cotidianidad de la gestión en todos sus aspectos. Es una tirita para algo que requiere cirugía.

Hay que reconocer que hay algunas escuelas que ya integran la consideración de las interacciones, sinergias y la extensión en el espacio y tiempo de los impactos de las empresas en algunos de sus cursos, o que ofrecen cursos más integrados como finanzas sostenibles o mercadotecnia responsable. Y hay algunos MBA con una consideración integral, a lo largo y ancho de la enseñanza, aunque son una pequeña minoría pero que no son considerados por la gran mayoría de los empleadores como del mismo “valor” que un MBA “tradicional”.

b.     Una variable. Beneficio.

También en aras de simplificar, y como consecuencia de la evolución histórica, esa enseñanza suele enfatizar una sola variable en la toma de decisiones, un solo benefició, el financiero. Es mucho más difícil enseñar la toma de decisiones basada en la optimización de varias variables simultáneamente y la consideración de sus interacciones, positivas y negativas. La solución al problema se complica mucho, por lo que lo reducimos a algo manejable, sacrificando su efectividad.

Pero el entorno en que opera la empresa es en realidad multivariable y la toma de decisiones requiere la consideración de otras variables, de otros beneficios, positivos y negativos.

Y esto, unido a los silos en lo que desenvuelve la cultura de la enseñanza, conlleva a una suboptimización del papel que le corresponde a la empresa en función de los recursos que la sociedad pone a su disposición.

c.     Cuantificación. Medición.

Y unido a esas dos “simplificaciones” se añade una tercera, que es la preferencia por lo tangible, con un énfasis pernicioso en lo cuantificable. Existe un mantra en las escuelas de negocios según el cual “no se puede gestionar lo que no se puede medir”, frente a una visión más amplia (y realista): “no todo lo que se puede contar cuenta, y no todo lo que cuenta se puede contar”. [iii]

Y, de hecho, la gran mayoría de las decisiones en la empresa deben tomarse con información imperfecta, incompleta, no cuantificada, con múltiples variables, subjetiva, pero el énfasis en la educación está en lo tangible, cuantificable, “univariable”, lo que conlleva a la exclusión de múltiples impactos, más allá del financiero, que son relevantes para la toma de decisiones.

En el desarrollo de la enseñanza en las escuelas de negocio ha tenido más influencia la economía, con su sesgo en la cuantificación y optimización de una variable, que la sociología, con su énfasis multidimensional, aunque ambas sean “ciencias” sociales.

d.     Cortoplacismo. Tiempo.

Y relacionado con lo anterior de limitarse a los aspectos más accesibles para la toma de decisiones, está la consideración del período en el tiempo que cubren esas decisiones, lo que conlleva a una visión cortoplacista.  Por dos razones fundamentales, una es que a medida que se amplía el periodo de tiempo se considera que la información es más incierta, menos manejable, menos confiable, pero además porque los incentivos que enfrentan los dirigentes están condicionados por los resultados en ese corto plazo, tanto por la dificultad de medir los resultados de las decisiones sobre el largo plazo como por el hecho de que los horizontes de preocupación en su actual posición suelen ser también cortoplacista, esperan, o ser promovidos, o encontrar un mejor empleo.

Esto no solo descarta aspectos que pueden ser muy relevantes para las decisiones, sino que además desestimula la consideración de los impactos que tienen las actividades de las empresas que se pueden manifestar en el largo plazo. Y para poner solo un ejemplo, ello suele desestimular las inversiones de recursos, que pueden tener resultados muy favorables, pero con efectos en el largo plazo, como la innovación, el mantenimiento, el desarrollo del capital humano o la protección del medio ambiente.  Son “costos” que se manifiestan de forma tangible en el corto plazo, a cambio de “beneficios” que pueden ser intangibles, en el largo plazo.  El sesgo economicista de la enseñanza en las escuelas de negocios conspira contra ello.

II.             En resumen

Las consideración de estos cuatro aspectos, las interdependencias y sinergias entre las diferentes disciplinas, la naturaleza multivariable de los impactos, y el alcance en el espacio y en el tiempo para la toma de decisiones, permitirían ofrecer a los estudiantes una perspectiva más integral, sin necesidad de suprimir estas escuelas, lo que redundaría en una educación que sería más efectiva para la sociedad que la facilita y respalda ….y para las mismas empresas, a las que les permitirían apreciar oportunidades que la estrechez de miras en el espacio, en los costos y beneficios, en sus valores (numéricos y morales) y en los plazos, le impide o dificulta.

Pero requiere un cambio de cultura, lo que nunca es fácil.  Y las respuestas al artículo citado al principio demuestran la oposición férrea de los afectados a este cambio.



[i] En mi artículo Regreso al futuro: ¿Hay progreso en RSE? comentaba un artículo del 1923 del Harvard Business Review del decano de la escuela de negocios donde ya proponía esa amplitud de miras.

[iii] Cita atribuida a Einstein, posiblemente para darle un aura de infalibilidad.