sábado, 16 de mayo de 2026

¿Lo que hacen las empresas o lo que logran con lo que hacen?: El impacto importa.

 Tiempo de lectura: 15 minutos.

¿Cuáles son las empresas de mayor impacto social y medioambiental? ¿Se puede valorar el impacto? El 12 de mayo del 2026 la revista TIME publicó el informe The World's Most Impactful Companies of 2026. [i] Es una clasificación, una lista, lo que de inmediato llama la atención. Nada más atractivo que una lista de los mejores 10-50-100 (los que sean) restaurantes-películas-novelas (lo que sea).  Y es publicada en un revista de circulación masiva, generalista, lo que lleva a pensar que es otra clasificación de empresas, una más del montón de listas para atraer la atención. 

Pero no, esta lista sobre sostenibilidad empresarial es una de las más ambiciosas de las muchas que he analizado. Está basada en lo que las empresas logran, no en lo que hacen: lo que cuenta es el impacto, el cambio logrado para bien.

La lista tiene sus problemas, como toda clasificación, por muy cuantificada que sea, pero en este caso se obvian muchos de los problemas de este tipo de listas. En este artículo analizamos las características de esta clasificación y para apreciar mejor su superioridad la contrastamos con otras clasificaciones populares. También comentamos algunas de las deficiencias que surgen de su metodología para poner en contexto su potencial utilidad para los interesados en la sostenibilidad empresarial.

I.                ¿De qué es la clasificación?

La calificación es sobre el impacto de las actividades de las empresas, en este caso en la sociedad y el medio ambiente. Pero ¿qué tiene esta calificación de especial? Mucho, y es que en sostenibilidad empresarial se abusa mucho del término “impacto”, y este es uno de los pocos casos en que su uso está justificado y es lo la distingue de la gran mayoría de las calificaciones de sostenibilidad.

a.     Actividades, productos, resultados e impacto.

Para apreciar estas diferencias es conveniente hace un breve repaso a cuatro conceptos que se suelen usar indistintamente para referirse a los logros de las empresas. Esto lo habíamos ya analizado en otro artículo específicamente sobre esta confusión por lo que solo haremos un breve resumen. [ii] Decíamos:

A efectos poner en contexto el reporte de los impactos de las actividades empresariales en el logro de su sostenibilidad, consideremos que estas actividades llevan a productos, que logran resultados y por último tienen (deberían tener) impacto.

Lo que ilustrábamos con estos tres ejemplos:

 

Insumos

Productos

Resultados

Impacto

Consejos inclusivos

Búsqueda de mujeres cualificadas

Desarrollo profesional de las mujeres

Número de mujeres en el consejo

Mejora en la efectividad de las decisiones

Ética contra la corrupción

Consultores contratados

Código de ética aprobado

Diseminación y entrenamiento del personal

Disminución del impacto financiero o reputacional de las violaciones

Desarrollo profesional

Contratación de programas de desarrollo

Horas de educación impartidas, número de participantes

Aprendizaje de los participantes evaluados positivamente

Mejora en la productividad del personal

 

La gran mayoría de los indicadores que se reportan en los informes de sostenibilidad y que son usados en las calificaciones de sostenibilidad se refieren a insumos, productos o resultados, no al impacto, no al cambio logrado, aunque muchas veces lo denominan como tal. De hecho, las regulaciones de la Comisión Europea sobre el reporte de información referente a sostenibilidad no hacen las distinción. Es de destacar que medir el impacto no es sencillo, a veces el impacto solo se logra en el mediano a largo plazo. Pero ello no obsta para que se hagan los esfuerzos que sean factibles, y por lo menos no pretender que los insumos, productos o resultados reflejan impacto. A lo sumo son condición necesaria, pero definitivamente no suficiente,

La calificación que analizamos pretende usar medidas de impacto en este sentido estricto y hacerlo con valores monetarios, que es lo que debe importarle a la sociedad.

b.     ¿Cómo miden el impacto y como lo valoran?

La clasificación de las empresas se basa en gran medida en una calificación de impacto, que es determinada por la empresa finlandesa Upright.. En un artículo anterior consideramos en más detalle esta determinación de los impactos, positivos y negativos de las actividades de las empresas. [iii] Según la publicación de la lista:

El Impacto Neto busca medir la eficiencia con la que una empresa genera valor en relación con los recursos que consume y el impacto negativo que ocasiona. Evalúa de manera integral 19 categorías distribuidas en cuatro dimensiones: Medio ambiente, Salud, Sociedad y Conocimiento. Cada dimensión abarca tanto los impactos positivos como los negativos. Para garantizar la comparabilidad entre diversos tipos de impacto, The Upright Project emplea un modelo económico de costo-beneficio que traduce todos los impactos a un valor monetario, utilizando datos del Banco Mundial, el FMI, la OMS y otras instituciones destacadas. Esto permite estimar la contribución neta de una empresa al mundo.

Esta es una determinación del valor monetario neto de los impactos sumamente compleja y que hace múltiples supuestos, basado en la estimación de, por ejemplo, los costos sobre la salud de la contaminación, el valor económico de vidas humanas, el valor de la biodiversidad, el valor de la educación, entre muchas otras. El hecho de que las obtengan de instituciones reputadas no les confiere precisión, a lo sumo el mínimo de credibilidad necesario.

c.     ¿Cómo se determina la clasificación por impacto?

Basándose en las calificaciones de impacto neto de Upright, la consultora Statista hace la clasificación de las empresas, calculando un coeficiente que además considera el volumen de ingresos de la empresa y su potencial contribución al logro de los objetivos de desarrollo sostenible, ODS, bajo el supuesto de que el potencial impacto está influenciado por el tamaño de la empresa (aunque lo hacen vía un factor de moderación) y de cuan alineado el impacto está con los ODS, que suponen representan las necesidades de la sociedad.  Si bien esta basada en el valor monetario del impacto calculado por Upright, se le amplifica en función de poder llegar a una mayor parte de la sociedad y de ser más acotado a los ODS.  [iv]

d.     ¿Es impacto lo mismo que sostenibilidad empresarial?

No, no es lo mismo, pero es una medida muy superior a las que pretenden la agregación de múltiples indicadores que se refieren mayormente a actividades, productos y a lo sumo resultados, del pasado, y en mejor de los casos, de intenciones para el futuro.  Le falta la envolvente que determina la sostenibilidad, que se refiere a las sinergias y conflictos entre las diferentes actividades, productos y resultados y a la implementación de las políticas, procesos, procedimientos, incentivos positivos y negativos a los responsables de esa sostenibilidad, y, sobre todo, a la cultura organizacional que la hace posible.[v]  Sostenibilidad es un concepto de futuro y es mayor que la suma de sus partes. Estos factores de la envolvente son los que hacen que el impacto, medido en el presente, se proyecte y se potencie en el futuro.  Todas las medidas comúnmente en uso para la sostenibilidad empresarial tienden a ignorar la sostenibilidad de la sostenibilidad en el futuro.

Pero la medición y valoración del impacto es un paso de gigantes para la determinación de la sostenibilidad empresarial, aunque no haya un concepto universal que se preste a medición cuantitativa.

II.             ¿Por qué es más confiable que otras calificaciones de sostenibilidad?

Aun cuando a priori se puede tener una apreciación del valor intrínseco de las calificaciones para los usuarios, es más apreciable si se hace en términos relativos a otras calificaciones. Para apreciarlo, la compraremos con otras muy popularizadas, como lo son las calificaciones de sostenibilidad (ASG) y sus correspondientes clasificaciones, las clasificaciones basadas en encuestas de opinión del público y los premios y sellos sobre la sostenibilidad de las empresas.

Las deficiencias de estas calificaciones las hemos analizado en múltiples artículos, por lo que solo destacaremos aquellas que tienden a ser obviadas por la calificación de impacto.

a.     Calificaciones y clasificaciones de sostenibilidad empresarial.

Estas son ampliamente usadas en la industria de la inversión socialmente responsable, usando criterios medioambientales, sociales y de gobernanza, ASG. En el mercado hay decenas de calificadoras, cada una con su metodología propia, produciendo resultados que suelen discrepar mucho unos de otros. [vi] En general, estas calificaciones son un promedio ponderado de los valores asignados a un decenas de indicadores en aspectos A, S y G, que consideran relevantes para el sector industrial de la empresa y con pesos relativos también asignados por las calificadoras. Implícitamente suponen un modelo de lo que debe ser la sostenibilidad de la empresa, que no necesariamente refleja los aspectos materiales para la empresa. [vii]

Los indicadores suelen ser de actividades, productos o resultados, pero nunca de impacto. Implícitamente suponen, por ejemplo, que tener mujeres en el Consejo, o tener un plan de reducción de emisiones, o gastar X miles en entrenamiento del personal hace a la empresa sostenible. Adicionalmente suelen ignorar los efectos negativos de sus actividades, y en el mejor de los casos compensarlas con aquellas que tienen efectos positivos e ignorar los impactos negativos de los productos o servicios. Una tabacalera, que tenga practicas regenerativas de cultivo, o una empresa de apuestas y una de bebidas alcohólicas, que tengan programas contra la adicción acumularán puntos positivos, pero no negativos por la destrucción de hogares o el daño a la salud. [viii]

b.     Clasificaciones basadas en encuestas de opinión.

Están basadas en encuestas al público en general sobre sus percepciones o (des)conocimiento de las prácticas responsables de la empresas, basadas en decenas de preguntas sobre decenas de empresas. [ix] Es muy poco probable que un miembro del público en general conozca las prácticas responsables medioambientales, sociales y de gobernanza de ninguna empresa. A lo sumo habrá oído hablar de alguna práctica en alguna empresa, vía información selectiva controlada por la empresa, y extrapola esa limitadísima percepción, que no conocimiento, a otros practicas (el llamado efecto aureola [x]). Las calificaciones, más que tener relación alguna con la sostenibilidad, reflejan el conocimiento popular de algunos productos o servicios de las empresas, por lo que tienden a destacar empresas de consumo masivo.

c.     Premios y sellos de sostenibilidad empresarial[xi]

Para el otorgamiento de premios y sellos de responsabilidad las instituciones, muchas veces públicas, utilizan información suministrada por las mismas empresas para optar al distintivo, sin corroboración de su veracidad o confiabilidad. Salvo en los casos que se otorgan por prácticas específicas, se enmascaran posibles prácticas irresponsables.  Y se otorgan por actividades, no por impacto. La empresa se vanagloriará de haber sido reconocida como entre “las más responsables”. Suelen ser otorgados a las empresas que logran presentar mejor la información, no las más sostenibles.

d.     ¿Por qué esta clasificación de impacto es más confiable?

La clasificación de impacto intenta medir el valor económico de los impactos positivos y negativos y no presupone modelo alguno sobre lo que deben ser las actividades de las empresas. Las calificadoras ASG no solo presuponen los aspectos que son genéricamente relevantes, sino que además les asignan importancia relativa [xii]. La calificación de sostenibilidad intenta valorar todos sus impactos sociales y medioambientales y su importancia relativa son su valores monetarios. Si bien está basada en información del dominio público sobre las empresas, como otras calificaciones, esta hace una valoración de todos los impactos basándose en estudios científicos y económicos sobre las consecuencias de esos impactos en la sociedad y el medio ambiente.

Consideremos algunos ejemplos para contrastar estas calificaciones. La empresa calificada como la de mayor impacto es Moderna, la farmacéutica que desarrolló la tecnología para el desarrollo, en tiempo record, de las vacunas contra el COVID. Con esto Moderna contribuyó a salvar millones de vidas, resolviendo un problema crítico para la sociedad, con un amplísimo alcance, y contribuyendo a reducir el impacto socioeconómico de la epidemia.  Esto de mucho mayor valor que producir un informe de sostenibilidad o donar recursos a la comunidad.  Aquello es impacto real.  

Tesla, la empresa pionera y líder en la producción de vehículos eléctricos, calificada en esta lista en sexto lugar, ha contribuido a la reducción de grandes volumen de gases de efecto invernadero, en consecuencia, contribuyendo también a mejorar la salud y eventualmente salvar vidas. Cuando la calificadora S&PGlobal hizo la calificación para seleccionar a los integrantes de un índice de sostenibilidad en el 2025, que sirviera de guía a los inversionistas responsables, substituyó a Tesla por Exxon, una las mayores productoras de combustibles fósiles. En ese momento se reveló que Tesla había tenido problemas laborales (su principal accionista y CEO  no es un modelo de virtud) y le redujeron el puntaje y que Exxon había producido un plan para la reducción de las emisiones en el largo plazo (que no está siendo implementado), que le subía el puntaje. ¿Cuál es la contribución relativa al bienestar de la sociedad y del planeta de Tesla y Exxon?

Ejemplo de los resultados de Tesla

La calificación de impacto intenta medir esa contribución. No le da valor a lo que relativamente son banalidades, como por ejemplo el reciclaje de metales de una productora de armas o la existencia de plan del logro de neutralidad de emisiones no factible de implementar. Lo valorará cuando se hayan logrado las reducciones.

El impacto no depende ni de qué ni de cómo reporta, sino de lo que hace, con o sin estrategia de sostenibilidad, con o sin información al público, con o sin políticas anticorrupción, que ayudan, pero no son el impacto. Y el impacto es función de la contribución de sus productos y servicios, de cómo la innovación contribuye a la solución de problemas críticos para la sociedad y de cuan extendido es el alcance

En esta calificación el tipo de producto o servicio tiene una gran influencia, ¡como debe ser! ya que es con ello que se logra impacto. Recordemos que las calificaciones ASG suelen ser todo lo contrario, tienden a ignorar o subestimar la responsabilidad del producto o servicio, por lo que muchas estrategias de inversión responsable excluyen, de entrada, valores de empresas con productos o servicios considerados irresponsables, al no capturarlo las calificaciones.

e.     ¿Por qué listar 500 empresas?

Puede parecer una pregunta irrelevante, pero creo que la respuesta puede contribuir a valorar el ejercicio. Upright, la empresa que hace las mediciones de impacto lo hace sobre más de 70 000 empresas y más de 43 000 fondos de inversiones, por lo que la información la tienen. Especulo que con ello quieren enviar dos mensajes: (1) que hay muchas empresas relativamente desconocidas que tienen impacto y merecen ser reconocidas, que no se trata de las mismas de siempre; y, (2) para ampliar su base de clientes mostrando que disponen de información sobre un gran número de empresas (algo parecido sucede con el ranking de las 500 mejores universidades). Pero al listar 500 empresas se diluye el interés del lector.

El hecho de que analicen todo tipo de empresas, no solo las que cotizan en bolsas de valores, sino además las privadas y las del sector público, amplía la información disponible a los interesados en la sostenibilidad de las empresas, más allá de los inversionistas, cuyo interés se suele limitar a sus valores bursátiles.  Permite a consumidores, reguladores y organizaciones de la sociedad civil disponer de información para su toma de decisiones. De allí a que estos utilicen la información hay un gran trecho, pero estaría disponible.    

Entre las 200 primeras hay nueve de Iberoamérica (solo tres entre las 100 primeras), cuatro de España, Grenergy (energía renovable), Acciona (infraestructura), FCC (medioambiente, infraestructura), Endesa (energía), y cinco de Brasil, Sabesp (agua y saneamiento) y Rede D'Or (salud), CEMIG (energía eléctrica), Advida (salud) y Copel (energía). [xiii]

III.           Aunque tiene sus problemas.

El hecho de que este basada en números y que alardee constantemente de que está basada en “la ciencia” (science-based) no quiere decir que la calificación que se le asigna a cada empresa es objetiva, robusta. No, como mencionamos arriba es muy superior a otras calificaciones y sus resultantes clasificaciones, pero no indiscutible. Tiene que hacer supuestos y en ellos hay subjetividad.

No puedo ser lo explicito que me gustaría porque no conozco los detalles de la metodología, buena parte de ella está en la “caja negra”, conozco solamente las generalidades que han puesto a disposición del público, por lo que comento a continuación debe tomarse solamente como indicativo, no definitivo.

a.     Medición del impacto.

Si bien identifican los impactos que pueda tener la empresa, estos contienen supuestos con respecto a su logro efectivo. Recordemos el verdadero impacto puede tardar tiempo en materializarse.  Se supone que un programa de salud puede reducir el ausentismo, pero no deja de ser un supuesto.

b.     Respaldo científico.

Utilizan herramientas de la inteligencia artificial para identificar los impactos de las actividades empresariales, con acceso a más de 300 millones de artículos científicos (de la base de datos de CORE). Pero el hecho de que utilicen artículos científicos no lo confiere automáticamente relevancia al caso en cuestión. Adicionalmente, aunque han sido publicados en publicaciones con esquemas rigurosos de revisión no quiere decir que sus resultados sean infalibles. Por otra parte, hay contradicciones entre los resultados de publicaciones, que dependen mucho de la metodología utilizada.  De hecho, muchos casos de metaanálisis (revisión de múltiples estudios sobre un mismo tema) encuentran contradicciones. [xiv]

c.     Valoración del impacto.

Para poder agregar los impactos y no tener que recurrir a ponderaciones, más o menos arbitrarias, de los pesos relativos de cada uno, los convierten valores monetarios, así su importancia relativa es función de su valor monetario. Con esto se obvia el problema de la arbitrariedad de las ponderaciones que hacen las calificadoras de sostenibilidad, pero se pasa a la dependencia de las valoraciones monetarias de los impactos.  Estas valoraciones suelen ser genéricas, estimadas en base a casos hipotéticos, dependientes de múltiples supuestos, no son específicos al caso de cada empresa. ¿Cuánto vale una vida? ¿Cuál es el valor de la educación superior? Depende.

d.     Automatización del proceso.

Para poder llevar a cabo estas extensivas tareas sobre decenas de miles de empresas, millones de artículos científicos y centenares de fuentes sobre la valoración de impactos, el proceso debe ser altamente automatizado, lo que no permite hacer análisis sobre la confiabilidad de los resultados individuales, aunque es de suponer que sí los revisan para asegurarse consistencia lógica.

IV.            En resumen: El impacto importa.

Estos problemas potenciales añaden incertidumbre a las calificaciones y clasificaciones, por lo que no deben tomarse como precisos.  ¿Representan los valores del impacto neto la contribución de las empresa a la sociedad? Posiblemente no, pero el número no es tan importante como el concepto, el poner el foco donde debe ser, con la perspectiva lo que es relevante, lo que cambia para bien a la sociedad y el planeta, distinguiéndolo de lo superfluo, lo que tiene mínimos impactos.

Las estimaciones no dejan de ser una guía, pero mucho más útil para la toma de decisiones de los usuarios de la información sobre sostenibilidad, evitando errores como el suponer que la sostenibilidad de la empresa está determinada por intenciones, planes y programas como el tener un comité de sostenibilidad, de incentivos a los ejecutivos por actividades, productos o resultados (nunca por impacto logrado) o por mejorar el balance de género en la empresa (condición necesaria, pero no suficiente).

Por ello no debemos darle excesiva importancia a la calificación relativa ya que las diferencias en los coeficientes finales son mínimas.  Podemos decir que tienen un razonable margen de error atribuible a las metodologías utilizadas.

Lo relevante para los interesados en la sostenibilidad empresarial es que lo que importa es el impacto y que estas aproximaciones, imprecisas, muestran el camino a seguir para distinguir la paja, actividades, productos y resultados, del trigo, el impacto, el cambio logrado.

Este artículo habrá logrado su objetivo si los lectores miran con mas suspicacia, con criterio crítico, las calificaciones de sostenibilidad basadas en criterios ASG, las encuestas de opinión y los premios y sellos por sostenibilidad y empiezan a exigir información sobre impacto a las empresas.



[i] Está disponible el webinar y las transparencias de la presentación.

[iv] Esta breve descripción no le hace justicia a la metodología, por lo que el lector interesado debería consultarla.

[ix] Ver el artículo de la nota 5 y Otro ranking de RSE: ¿De qué?

[xii] No obstante, es de destacar que algunas calificadoras ASG producen calificaciones especializadas en algún aspecto muy específico, por ejemplo, cambio climático o género. En la medida que sean más acotadas, mayor podría ser su confiabilidad.

[xiii] Echo de menos la presencia de Natura, una empresa considerada entre las más sostenibles del mundo en las calificaciones más convencionales. Es una B-Corp de solo 112 que cotizan en bolsas de valores (cotiza en las bolsas se Sao Paulo y Nueva York, la única da America Latina).

[xiv] El caso de los estudios sobre el impacto de la sostenibilidad en la rentabilidad de las empresa es muy paradigmático, donde, por diferencias metodológicas, hay estudios que muestran relación positiva, otros negativa y otros no relación. Ver ¿Conduce la sostenibilidad empresarial a la rentabilidad? Puede ser, depende.

domingo, 10 de mayo de 2026

¿Por qué los inversionistas individuales invierten en valores socialmente responsables? ¿Altruismo, egoísmo o buenismo?

 (Tiempo estimado de lectura: 10 minutos)

Las inversiones tipificadas como socialmente responsables, ISR, acumulan montos estimados a nivel mundial al 2026 de US$ 30 billones. Estos elevados montos mantienen, obviamente, un gran interés en los mercados financieros y aun en el “mercado” de la sostenibilidad empresarial. En el primer caso constituyen una gran oportunidad de negocios para la industria, por lo que tiene gran interés en su desarrollo.  En el segundo caso se supone, instintivamente, que ello represente impacto sobre esa sostenibilidad, pero la euforia no está justificada ya que el impacto de estos montos acumulados y de las transacciones en los mercados financieros de esos valores es muy dudoso y en muchos casos nulo. Esto lo hemos analizado en múltiples artículos por lo que no lo cubriremos aquí. [i]

Y además esos valores que son tipificados como “responsables” pueden no merecen ese calificativo, que es generoso (escribimos “responsables” entre comillas para destacarlo). En general las empresas tienen algunas prácticas que podrían ser calificadas como tales, pero que eras de simplificación del lenguaje se tiende a extrapolar como si la totalidad de sus actividades fueran responsables. Sería más preciso, pero engorroso, calificarlas como “con algunas prácticas responsables”.  Pero no es un problema de semántica, es un problema real de asignación de recursos basados en de un atributo que no tienen. [ii]

El objeto de este artículo es más limitado, solo pretende pasar revista a la participación y motivaciones de los inversionistas individuales en esos mercados, con el objetivo de discernir si esas motivaciones están justificadas en la realidad.  Para ello analizamos los resultados de varias encuestas a inversionistas individuales, que son mucho menos comunes que las realizadas entre inversionistas institucionales y gestores de fondos, ya sea de inversión, ya sea de pensiones, ya sea de fortunas familiares. 

I.                ISR a nivel de inversionistas individuales

El Morgan Stanley Institute for Sustainable Investing publicó en mayo del 2026 los resultados de su estudio Sustainable Signals: Individual Investors 2026. El estudio se basa en una encuesta a 2 250 inversionistas individuales en América del Norte, Europa y Asia-Pacífico, con edades entre 18 y 80 años, y con inversiones discrecionales en las bolsas de más de US$ 100 000. Y se les definió lo que se debe entender por inversión responsable. Los principales resultados son (énfasis añadido):

  • El 92% de los encuestados a nivel mundial manifiesta interés, con una asignación media a inversiones sostenibles del 31% de sus carteras de inversión financiera, lo que demuestra que puede existir una desconexión entre las opiniones expresadas y el comportamiento real;
  • Más del 80% afirma que la rentabilidad financiera es un factor clave de su interés en la inversión sostenible, y las expectativas de rendimiento siguen impulsando los planes de asignación de activos;
  • El 64% declara tener previsto aumentar su exposición a las inversiones responsables, citando como motivo la confianza en su desempeño financiero. Otro 28% espera mantener sus asignaciones, mientras que el 5% planea reducir su exposición, citando con mayor frecuencia la decepción ante los rendimientos obtenidos;
  • Una cuarta parte de los encuestados afirma que su principal objetivo temático consiste en promover una combinación de objetivos medioambientales y sociales en su cartera; a este grupo le sigue un 15% que identifica, en igual medida, la inclusión financiera y la salud y el bienestar como sus máximas prioridades;
  • Solo el 13 % de los inversores citó la alineación de las inversiones con sus valores personales como la principal razón de su interés y solo el 2 % citó la reducción de los riesgos ambientales, sociales o de gobernanza, como motivador;
  • Si bien casi un tercio de los inversores considera que el greenwashing es un motivo de gran preocupación, más de tres cuartas partes perciben las opciones de inversión sostenible como un factor diferenciador a la hora de seleccionar a un asesor financiero; y, 
  • Dos tercios de los inversores perciben mayores oportunidades para las inversiones sostenibles o de impacto en los mercados privados que en los mercados públicos, y son aquellos con mayor exposición a inversiones responsables los que prefieren los mercados privados.

Para interpretar los resultados es de tener en cuenta que es el instituto de investigación de la gestora de fondos de inversión responsable y una de las mayores calificadoras de sostenibilidad de valores y fondos, Morgan Stanley, lo que los puede sesgarlos hacia el optimismo.

Uno de los aspectos más destacables para nuestros propósitos es el que la principal motivación es la del rendimiento financiero, si bien una cuarta parte dice que también pretenden con ello contribuir a la sostenibilidad social y medioambiental.  Pero no invierten de acuerdo con sus valores personales.

Otro aspecto destacable es que dos tercios de los encuestados perciben mayores oportunidades en los mercados privados de inversión donde potencialmente el impacto sobre la sostenibilidad puede ser más efectivo, ya que la sostenibilidad de los valores suele ser controlada con mayor cuidado, especialmente en los valores y fondos calificados como de impacto. [iii]

Otra encuesta que corrobora la motivación del rendimiento fue llevada a cabo por Globescan, que es una empresa especializada en encuestas y solamente en encuestas, que reporta las respuestas a una pregunta hecha a casi 8 500 inversionistas individuales en 23 mercados sobre sus expectativas en cuanto a la rentabilidad de las inversiones responsables. 77% de los encuestados cree que los valores sostenibles rinden más y que los rendimientos son proporcionales al grado de sostenibilidad de los valores.

Esta institución no es una parte interesada en sesgar los resultados, como lo puede ser Morgan Stanley, [iv] pero tiene el problema de que no son expertos en sostenibilidad, son expertos en hacer encuestas, y aun así suelen tomar la ruta fácil, hacen preguntas en línea a quien quiera responder, lo que puede reducir la confiabilidad de los resultados. No hay garantía de que los que responden sepan lo que es inversión responsable ni de que sean, en efecto, inversionistas. Y es otra de las preguntas hipotéticas, cuya fraseología puede inducir a respuestas positivas. Más convincente sería saber qué porcentaje de sus carteras de inversión está colocada en valores específicamente seleccionados por creer que son “responsables”. Pero es lo que hay, “valga a manera de inventario”.

II.             ISR a nivel de las generaciones, por edad, de inversionistas individuales

Un grupo de académicos de la Universidad de Stanford ha estado analizando las preferencias, expectativas y motivaciones, y su evolución en el tiempo, de inversionistas individuales en función de grupos de edades. Los resultados de los dos estudios llevados a cabo, separados por tres años, los hemos analizado anteriormente por lo que solo los resumiremos para ponerlos en el contexto de la discusión en este artículo. [v] De los dos estudios concluyen:

  • Que se ha producido un cambio significativo en la actitud de los inversionistas ante la inversión responsable y las diferencias generacionales se han reducido;
  • La inversión ESG no ha desaparecido, pero ha cambiado. Los resultados de encuestas …… muestran que el entusiasmo inicial, especialmente entre los inversores más jóvenes, ha convergido en torno a un enfoque más pragmático que prioriza el riesgo;
  • Las diferencias generacionales en cuanto a preocupación, disposición a sacrificar rentabilidad y apoyo al activismo ESG se han reducido en gran medida; y,
  • Los criterios ESG siguen siendo influyentes cuando los riesgos son concretos y los horizontes temporales son claros, pero las estrategias basadas en un supuesto altruismo inversor son cada vez más frágiles. (énfasis añadidos).

Y al analizarlos comentábamos:

  • Que las nuevas generaciones (millenials y Z), si bien están más concientizadas que la de los mayores (baby boomers y X), se están volviendo más egoístas, con objetivos más personales, con menor interés por el bien común, por el altruismo; y,
  • Especulo que la prevalencia de los medios sociales conlleva a una visión más estrecha, más egocentrista y que la situación económica relativamente adversa para los jóvenes, conlleva a un mayor cortoplacismo y menos altruismo.

Los mayores, por sus horizontes de planificación, pero ahora también los más jóvenes, supuestamente preocupados por el bienestar social y medioambiental, buscan rendimientos financieros en sus inversiones y el “hacer bien” está pasando a ser cada vez más secundario.

III.           ¿Les preocupa el impacto a los inversionistas “responsables”?

En otro artículo [vi] habíamos analizado un estudio académico de investigación con, entre otros, el objetivo de discernir las motivaciones de los inversionistas individuales, lo que nos permite poner en contexto la discusión precedente y ayudar a responder la pregunta del título del artículo.

Como conclusión decíamos:

  • Confirman lo que muchas veces se supone y es el valor que se atribuye a la imagen, al poder decir que se poseen inversiones que tienen impacto, con menor importancia sobre la magnitud o existencia del impacto.  El efecto de “sentirse bien” (warm glow) es tan relevante para la selección de las inversiones, como lo puede ser el impacto que tengan las inversiones y su rendimiento. No están dispuestos a pagar más (o que rinda menos) para lograr más impacto, pero sí para “sentirse mejor”, que no necesariamente está relacionado con el impacto real; y,
  • Esto puede ser aprovechado por los gestores de fondos para mejorar el atractivo de sus fondos, gestionado su imagen (greenwashing), destacando otras características de las inversiones (por ejemplo, énfasis en género o ataque a la pobreza) que no tienen que ver con el impacto real o rendimiento, pero si con el impacto sobre el sentimiento de bienestar.

IV.            En resumen: ¿Altruismo, egoísmo o buenismo?

¿Por qué los inversionistas individuales invierten en valores socialmente responsables? Hay alegatos de todos los tipos, algunos alegan que se hace por altruismo, porque están interesados en el mejoramiento de la situación social y medioambiental, otros alegan que se hace porque rinde mayores beneficios y aun otros alegan que “ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario”, que es para sentirse bien. En general estos alegatos son opiniones, o deseos (¡!), más que el resultado de estudios rigurosos.

Si bien los informes citados están basados en encuestas, que el fin y al cabo son opiniones, representan la opinión agregada de un colectivo, un caso intermedio entre la opinión de una persona y un estudio rigoroso de prácticas observadas, extremo este deseable pero poco factible de establecer en la práctica.  

Lo que podemos concluir de la discusión precedente es que la opinión prevalente en los que promueven la sostenibilidad empresarial de que los inversionistas individuales invierten en valores o fondos “responsables” porque quieren tener impacto en la sostenibilidad empresarial es posiblemente la menos realista de sus motivaciones. Una motivación que parece más realista es la de que buscan mayores rendimientos financieros, aunque ello no está demostrado ni es generalizable, [vii] y lo que es probablemente más confiable, que buscan reducir el riesgo de sus inversiones. En este sentido sí es posible que las inversiones responsables produzcan un mayor rendimiento AJUSTADO al riesgo, no absoluto, que es lo que debe contar.

Ello no quiere decir que no hay inversionistas legítimamente interesados en el impacto real, tangible y medible, que hacen las investigaciones necesarias para la selección de sus inversiones, pero no son inversionistas individuales, ello está limitado a fondos especializados, muchas veces fondos de impacto, algunos fondos de pensiones y de fortunas personales. Aun a nivel de inversionistas institucionales son más la excepción que la regla.

Y una motivación, que es poco reconocida en la práctica, y es lo que creo como escéptico que soy, es que al invertir en valores o fondos “etiquetados” como responsables los inversionistas buscan sentirse bien.  Si las inversiones tienes impacto o no es secundario. Lo importante es la etiqueta. No hace la investigación necesaria para averiguar la realidad detrás de ella  [viii] (de allí la importancia que la Comisión Europea le da los nombres de los fondos de inversión responsable [ix]). Pero sentirse bien es importante para ellos.  Como lo es para el común de los mortales el comprar productos “etiquetados” como responsables, sobre los cuales tampoco hacemos la diligencia debida.

Y si los inversionistas, individuales e institucionales, dicen que invierten en esos mercados y valores con el objetivo de contribuir a la mejora de la sostenibilidad empresarial es que no han hecho su tarea de informarse sobre esos impactos. El grueso de los montos acumulados y las transacciones en inversiones responsables en los mercados secundarios de valores tienen muy poco o ningún impacto sobre la sostenibilidad de las empresas.

 

[iv] En un artículo anterior, ¿Crea la sostenibilidad empresarial valor financiero?  Reseña de tres informes y una dosis de realidad, mostrábamos los sesgos que pueden tener los resultados reportados por partes interesadas.