sábado, 17 de octubre de 2020

La responsabilidad social de la empresa ante la anormalidad

 

El 15 de octubre dicté la charla del título en la Universitat de les Illes Balears, como parte del curso Responsabilitat Social i Ètica Empresarial, patrocinada por las facultades de turismo y de economía y empresas y por Eticentre, la organización que más activamente promueve la RSE en las islas.

 Puedes encontrar las transparencias de PowerPoint que use pulsando en el nexo (todavía no está disponible el video):

 La responsabilidad social de la empresa ante la anormalidad

Y ya que estás en mi sitio Cumpetere.com a lo mejor quieres visitar los nueve libros que he publicado sobre RSE y las decenas de artículos sobre el tema en revistas académicas o libros.

 

 

sábado, 10 de octubre de 2020

Economía, el mercado y la empresa en la encíclica Fratelli tutti.


En efecto, no se trata de dar lo superfluo, sino de ayudar a pueblos enteros, que están excluidos

o marginados, a que entren en el círculo de desarrollo económico y humano.

 Juan Pablo II en la encíclica Centesimus Annus (1991)

 

El día de San Francisco (4 de octubre), el papa Francisco firmó en Asís la encíclica Fratelli tutti, (Hermanos todos) donde aboga por la inclusión de todos los seres humanos como criterio para juzgar todos los proyectos políticos económicos sociales y religiosos (fraternidad). [i]  La encíclica cubre una gran cantidad de aspectos referentes a estos temas (97 páginas y 287 párrafos y 288 notas al pie), la gran mayoría de los cuales están fierra de mis competencias, por lo que me limitaré a comentar los relacionados con economía y en consecuencia a los mercados y las empresas y el papel de la política en ello.

 Es una coincidencia que se publica solo tres semanas después del quincuagésimo aniversario de la publicación de famoso artículo de Milton Friedman “La responsabilidad social de la empresa es aumentar sus ganancias”. Lo hacemos notar solo porque ese aniversario dio lugar a una avalancha de artículos evaluando la vigencia de los postulados de Friedman. [ii] Ese artículo y la encíclica tienen un fundamento en común: el objeto de los beneficios.  Sin embargo, representan dos polos extremos en cuanto al papel de esos mercados en el desarrollo económico. Haremos un breve contraste entre las dos posiciones.  Son sintomáticos de lo que hemos progresado, pero también de lo mucho que todavía falta para lograr una economía más justa.

 I.                Economía y mercado

 Debo enfatizar que lo que sigue son mis reflexiones basadas en la lectura de la encíclica, no lo que dice la encíclica.  Para esto he reproducido los párrafos (con énfasis añadido) que son claves para darles sustento y entenderlas, preparar al lector para la discusión y porque expresan mejor las ideas que lo que hacen mis comentarios. Las citas más relevantes en la discusión que sigue son las siguientes (énfasis añadido):

Hay reglas económicas que resultaron eficaces para el crecimiento, pero no así para el desarrollo humano integral. Aumentó la riqueza, pero con inequidad, y así lo que ocurre es que «nacen nuevas pobrezas». Cuando dicen que el mundo moderno redujo la pobreza, lo hacen midiéndola con criterios de otras épocas no comparables con la realidad actual. Porque en otros tiempos, por ejemplo, no tener acceso a la energía eléctrica no era considerado un signo de pobreza ni generaba angustia. La pobreza siempre se analiza y se entiende en el contexto de las posibilidades reales de un momento histórico concreto.

Si la sociedad se rige primariamente por los criterios de la libertad de mercado y de la eficiencia, no hay lugar para ellos, y la fraternidad será una expresión romántica más. 

El derecho de algunos a la libertad de empresa o de mercado no puede estar por encima de los derechos de los pueblos, ni de la dignidad de los pobres, ni tampoco del respeto al medio ambiente, puesto que «quien se apropia algo es sólo para administrarlo en bien de todos»

 El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico “derrame” o “goteo” —sin nombrarlo— como único camino para resolver los problemas sociales. No se advierte que el supuesto derrame no resuelve la inequidad, que es fuente de nuevas formas de violencia que amenazan el tejido social. Por una parte, es imperiosa una política económica activa orientada a «promover una economía que favorezca la diversidad productiva y la creatividad empresarial», para que sea posible acrecentar los puestos de trabajo en lugar de reducirlos.

 Los aspectos del sistema económico y los resultantes mercados son de relativa menor cobertura en la encíclica (menos de un 10%), pero no obstante contienen posiciones firmes.  De hecho, para algunos comentaristas la encíclica es un manifiesto anti-neoliberalismo y anti-mercado.  Pero hay que recordar que la Iglesia Católica ha reconocido desde los comienzos de su Doctrina Social el derecho a la propiedad privada (Encíclica Rerum Novarum del papa León XIII (1891), pero reconoce que debe ser puesta al servicio del bien común. Esa encíclica rechazaba por igual el socialismo y el capitalismo irrestricto. [iii]

 Esta encíclica es mucho más y mucho menos que una crítica al neoliberalismo. Más porque cubre el papel de la política como defensor del bien común contra las injusticias propias del sistema económico, la organización de la sociedad, en particular el empoderamiento de la persona y sus comunidades (subsidiariedad) y el papel de la religión para destacar los problemas y ofrecer solaz espiritual.  Y no se limita a criticar el sistema económico, sino que además describe los efectos que tiene sobre su principal preocupación: la exclusión y por ende la dignidad personal.  Y es menos, porque al poner el énfasis en los sistemas e instrumentos subestima el papel que tiene el comportamiento de los participantes en ese mercado. Tanto los cambios en los estímulos (léase incentivos) bajo los cuales opera el sistema económico, como la reacción de los participantes son necesarios para reducir esa exclusión, como comentamos más adelante. 

 Desde el punto de vista de la economía, el mercado y la empresa, el hilo conductor de la encíclica, aunque no lo expresa en este lenguaje, es la tensión entre la eficiencia económica a la que conducen las decisiones basadas en la aplicación de las técnicas economicistas y el logro de la equidad, la justicia y la inclusión. La eficiencia económica puede conspirar contra estos aspectos.  Viene a la memoria el cliché de que la derecha se interesa por agrandar la torta y que la izquierda por repartirla.  La encíclica no se opone a agrandar la torta, pero sí a que la torta la disfruten solo algunos y aboga por una distribución más inclusiva, más equitativa, por el aprovechamiento del capital humano y potencial de los excluidos y la realización de su dignidad.

La teoría microeconómica en su versión convencional predica la toma de decisiones basadas en un solo criterio, la eficiencia económica, medida en términos monetarios, cuantificables.  Para la asignación de los escasos recursos propugna directa o indirectamente la primacía de la maximización del valor económico para las partes involucradas. Es una toma de decisiones con un objetivo. En la aplicación generalizada no se incluye la optimización de múltiples objetivos que incluyeran además el impacto sobre la equidad y la justicia del intercambio. [iv]

 Conceptualmente se debería maximizar el valor para la sociedad, que incluye además de la eficiencia los demás criterios mencionados. En la práctica es muy difícil hacerlo, no solo por las dificultades de determinar esos otros criterios, sobre los cuales la sociedad puede no tener consenso, sino además porque también tienen tensiones entre sí.  Como diría un economista “si fuera fácil ya se habría hecho”. En términos matemáticos sería como querer resolver un sistema de ecuaciones con más variables que ecuaciones.  Pero lo grave es que no se intente, aun sabiendo que la solución no será óptima, y que se suponga, sin cuestionamiento, que el objetivo económico es el único que importa.  La disyuntiva, desde el punto de vista de la sociedad, es: ¿debemos usar valores precisos pero inadecuados o valores adecuados pero imprecisos?

Y el uso de los criterios de eficiencia, ante la escasez natural de recursos para satisfacer las necesidades de la sociedad de las empresas y los individuos, trae como consecuencia que cada uno busque sus intereses, promueva el individualismo y desestime la solidaridad y el bien común. Y siendo el dinero el denominador común que permite el acceso a los escasos recursos, se convierte en criterio para tomar decisiones.  La técnica economicista y una economía basada en el dinero se refuerzan mutuamente para concentrar aún más el poder en los que ya cuentan con dinero para participar en las actividades de intercambio, en detrimento de aquellos que no tienen los recursos para participar.

 Pero esto no es ataque a los mercados, que cuando funcionan, proveen un servicio muy valioso a la sociedad.  El problema es la aplicación del mecanismo del mercado libre, sin controles o restricciones a actividades que no pueden ser equitativamente transadas [v] o que no cumplen con las condiciones para que los beneficien a todos, para lo cual todos los participantes deben tener acceso a “información perfecta” sobre los bienes y servicios a ser transados y que haya competencia entre compradores y entre vendedores.

 Pero la encíclica tiene una preocupación adicional: el acceso a estos mercados por parte de todos, sin exclusiones.  Y el principal mercado para los pobres y excluidos es el mercado laboral, que es el principal antídoto contra la pobreza, la principal fuente de dignidad para los seres humanos y uno de los mercados más imperfectos, en general, con exceso de oferta, lo que lleva a transacciones a precios que no son justos, con asimetría de beneficios. [vi]

 El reciente surgimiento del sentimiento generalizado en contra de la globalización es una manifestación muy tangible de esta asimetría en la distribución.  En el promedio, la sociedad gana con la globalización, pero el promedio esconde una gran variación entre los beneficiados y los perjudicados.  El Brexit fue un caso paradigmático.  Los gurús económicos se esforzaron en demostrar los beneficios, a nivel agregado, de la continuación de la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, pero los votantes no sentían los beneficios agregados, sentían los impactos a nivel individual y comunitario.  Recordemos el caso del estadístico que no sabía nadar y que se ahogó tratando de cruzar un río que tenía una profundidad promedio de un metro.

 En la discusión del papel de los mercados, a algunos le vendrá a la mente la conocida (¡y abusada!) cita de Adam Smith (1776) en su tratado de economía Investigación de la naturaleza y casusas de las Riquezas de las Naciones:  [vii]

 No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, si no por su propio interés. No nos dirigimos a su humanidad sino a su amor propio y nunca les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas.

 que se usa para defender los mercados (libres) y destacar la importancia del egoísmo. Pero lo que es en realidad es una defensa del acceso a los mercados para poder intercambiar el fruto de los esfuerzos y un estímulo al trabajo productivo y hoy en día, añadiríamos, al emprendimiento y la innovación.  

 La posibilidad de obtener beneficios en el mercado es el incentivo que permite mejorar el bienestar, lo que estimula la superación personal, el trabajo y la creatividad individual y la eficiencia e innovación en las empresas. Inclusive permite poner al servicio de la sociedad los talentos con que hemos sido dotados.  Pero si el sistema no funciona, o no funciona bien, estos beneficios se ven limitados y se generan consecuencias negativas, que son el centro de atención de la encíclica.

 II.              Empresas y comportamiento de los empresarios

Sobre esto es relativamente poco lo que dice la encíclica por lo que nuestros comentarios van allá de su contenido porque creemos que es importante analizarlo en más detalle al ser la empresa la fuente de la mayor parte del empleo y la que ofrece posibilidades de incluir en el circulo de intercambio a los excluidos y de mejorar el bienestar de los incluidos.  Los pocos párrafos incluidos, con alguna relación, son los siguientes: 

Mi crítica al paradigma tecnocrático no significa que sólo intentando controlar sus excesos podremos estar asegurados, porque el mayor peligro no reside en las cosas, en las realidades materiales, en las organizaciones, sino en el modo como las personas las utilizan. El asunto es la fragilidad humana, la tendencia constante al egoísmo humano ….. 

Pero en todo caso estas capacidades de los empresarios, que son un don de Dios, tendrían que orientarse claramente al desarrollo de las demás personas y a la superación de la miseria, especialmente a través de la creación de fuentes de trabajo diversificadas. Siempre, junto al derecho de propiedad privada, está el más importante y anterior principio de la subordinación de toda propiedad privada al destino universal de los bienes de la tierra y, por tanto, el derecho de todos a su uso. 

El gran tema es el trabajo. ……«ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo». 

Una parte clave de las citas precedentes dice que "El mayor peligro reside en el modo en que las personas las utilizan”. El comportamiento de las personas, en particular el de las que tienen poder económico y político es la clave para la justicia social. Los mercados, las instituciones, las regulaciones o su ausencia, etc. están diseñadas y gestionadas por las personas, que actúan de acuerdo con los incentivos a los que se enfrentan.  Muchos de estos incentivos para los dirigentes empresariales son económicos y para los políticos el poder.  Por encima de estos estímulos extrínsecos deberían estar la ética, la moral, la solidaridad, el deseo de hacer el bien, que son incentivos intrínsecos. [viii]

 Es oportuno recordar la cita de la encíclica Caritas in Veritas del papa emérito Benedicto XVI: “no se deben hacer reproches al medio o instrumento sino al hombre, a su conciencia moral y a su responsabilidad personal y social.”

 A nivel de la empresa el equivalente es la tensión entre la maximización de valor para los accionistas (criterio economicista a la Friedman) como criterio para la toma de decisiones y la consideración del impacto positivo y negativo sobre todos stakeholders (criterio de equidad a la Francisco), en especial los trabajadores. [ix]  La encíclica resalta este mismo conflicto, pero a un nivel superior, entre el bienestar de la economía y el de las personas, que pueden tener muchas coincidencias, pero también conflictos. Y lo que lamenta es que el primero suele prevalecer sobre el segundo, como en el caso de las empresas, donde todavía prevalece la primacía de los accionistas.

Y esto es gran parte debido a la primacía de las enseñanzas de los criterios economicistas donde se educan los futuros empresarios y dirigentes de empresas.  De la misma manera que comentábamos arriba, es mas fácil enseñar a optimizar basado en un solo objetivo, beneficios financieros, que en objetivos múltiples, beneficios a la sociedad.

 Hay que reconocer que la optimización basada en estos múltiples objetivos sociales es en efecto estudiado por la economía del bienestar, pero es considerado un tema avanzado, limitado a especialistas, que no se enseña en las escuelas de negocios ni en cursos de desarrollo profesional.  Lo que se enseña en la versión más simplista, y que permea en la mayoría de las asignaturas no solamente la de finanzas y microeconomía. Esta enseñanza domina la preparación de líderes en la gestión de las empresas y del sistema económico. [x]

 III.           El papel de la política

 La encíclica llama la atención al papel de la política para mediar en este conflicto entre la persecución de la eficiencia económica en el uso de los recursos y la distribución de los beneficios de la actividad económica con equidad, justicia e inclusión. Los párrafos en los que basamos nuestros análisis son los siguientes: 

Exige un Estado presente y activo, e instituciones de la sociedad civil que vayan más allá de la libertad de los mecanismos eficientistas de determinados sistemas económicos, políticos o ideológicos, porque realmente se orientan en primer lugar a las personas y al bien común.

Me permito volver a insistir que «la política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia»……. No se puede pedir esto a la economía, ni se puede aceptar que esta asuma el poder real del Estado.

 Por más que cambien los mecanismos de producción, la política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo.

 ….la grandeza política se muestra cuando, en momentos difíciles, se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo. Al poder político le cuesta mucho asumir este deber en un proyecto de nación» y más aún en un proyecto común para la humanidad presente y futura. Pensar en los que vendrán no sirve a los fines electorales, pero es lo que exige una justicia auténtica,….

 Una vez más convoco a rehabilitar la política, que «es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común».

 Pero deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder. Otras veces busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población.

 Es la política la que es responsable de la distribución, de asegurar la equidad y la inclusión y regular las fallas de los mercados. En principio la política representa a todas las personas, y es la que puede y debe establecer objetivos que redunden en el bien de la sociedad como un todo, no solo de las clases que dominan los mercados y que poseen ya un poder económico

 Claro está que la política, como el mercado, también tiene sus fallas, en participar es muy vulnerable al poder de las élites económicas, se pueden cooptar a la política a que promueva sus intereses.  La encíclica reconoce que los incentivos de los políticos pueden no ser conducentes a cumplir sus funciones de velar por los intereses de la sociedad, que hacen prevalecer sus intereses electoreros, de fama, de corto plazo. En lenguaje economicista, podemos decir que las “fallas de los políticos” son tan grandes como las “fallas del mercado”.  He ahí el dilema.  

 Parafraseando a Churchill (“la guerra es demasiado importante para dejársela a los generales”), podemos decir que la “economía es demasiado importante para dejársela a los economistas”.  Han adquirido mucho poder en los gobiernos y en la definición de políticas económicas, muchas de la cuales son diseñadas con criterios economicistas.  Los últimos 40 años vieron la ascendencia de sus ideas de eficiencia económica con la propugnación de los libres mercados, la apertura del comercio internacional, la privatización de las empresas de servicios públicos, y en algunos países de los planes de pensiones. Esto en efecto dio lugar a un crecimiento económico y el aumento de indicadores como el PIB (que no reflejan el bienestar de la población, pero que se usan como criterio).  

Pero el tiempo reveló que ese crecimiento de la riqueza, en el agregado, también había producido desigualdades entre países y entre los segmentos de la población dentro de los países.  Se produjo, en mayor o menor grado, una reacción negativa a las aperturas económicas y abrió las puertas a la intensificación del populismo, el nacionalismo y el “parroquialismo”.  Ambos extremos son malos. La economía debe ser moderada con la política.

 Este “externalidad”, consecuencia, del economicismo lo insinúa la encíclica.  Si bien esta es una crítica del neoliberalismo, también lo es del populismo y del nacionalismo.[xi]  Y es aquí que también expresa un sentimiento similar al de Churchill. Los criterios de los generales son valiosos en la guerra en el terreno, en la logística, en la organización, pero tienen la mirada puesta en el campo de batalla y no toman en cuenta las implicaciones geopolíticas, más macro, y es allí donde los políticos, (supuestamente) con una visión mucho más amplia y tomando en cuenta los intereses del conjunto de la sociedad deben compensar. 

 En el caso de la encíclica la semejanza es entre el pensamiento economicista, que tiene grandes contribuciones en la actividad económica (la guerra), pero también como los generales puede perder de vista el agregado y es donde pide la intervención de la política. Para lo generales, los tanques, los cañones, las municiones y las personas eran números, eran recursos que se necesitaban en ciertas cantidades y proporciones. 

 Para el pensamiento economicista, las personas son instrumentos de producción como lo son las maquinarias, la tecnología, los recursos financieros, el capital natural, etc., que la hace concentrarse en el agregado, no considera debidamente los impactos a nivel individual, de comunidad o de país.  Y es allí donde la encíclica hace un llamado a los políticos para que incorporen, en las decisiones de política económica y social, las consideraciones de la desigualdad, el bienestar de todas personas como individuos y la inclusión de todos en la actividad económica, y no solo como instrumentos de producción.

 No son suficientes las políticas sociales de redistribución de ingresos, educación, salud, etc. para compensar los efectos perniciosos de la operación de los mercados donde no funcionan o no son los instrumentos adecuados. Sería deseable también poner la “eficiencia” del mercado al servicio de la sociedad, pasar de los “shareholders” a los “stakeholders”.  Y en este sentido, el mercado laboral, como comentábamos anteriormente es paradigmático de un mercado que no funciona y el que tiene mayor impacto sobre el bienestar y dignidad de la población, sobre todos de los excluidos.  Se puede ver el contraste claramente entre una política social (o una empresa responsable) que promueve el empleo digno, con sueldos justos y los subsidios para el desempleo.  Una es una cura, el otro es una aspirina.  [xii]

 IV.           En resumen

 En lo que se refiere a los aspectos económicos y políticos, más que un manifiesto anti-neoliberalismo y anti-populismo/nacionalismo, como se puede interpretar de una lectura superficial, es una llamada de atención a las consecuencias perversas sobre la justicia social que tiene la toma de decisiones basadas en el criterio de eficiencia económica y las resultantes instituciones. Y una exhortación a la inclusión de criterios de equidad, justicia y la inclusión de los segmentos de la población menos afortunados en los beneficios de la actividad económica.

 



 [iii] Y a los que creen que lo de que la propiedad privada conlleva responsabilidades es una ideología de izquierdas recordemos que constituye el artículo 14 literal 2 de la Constitución de Alemania que establece que “la propiedad impone deberes. Su uso debe además servir al bien común.”  

 [iv] Es de destacar que la disciplina de la economía del bienestar (welfare economics), si estudia estos aspectos, pero como comentamos más adelante, es algo que solo es de difusión y conocimiento en entornos especializados.

 [viii] En el artículo Capitalismo de los stakeholders: ¿Hasta cuándo será una utopía? analizamos en detalle los incentivos que enfrentan los dirigentes y la necesidad de relacionarlos con el logro del bienestar de los stakeholders.

 [ix] Este conflicto entre shareholders y stakeholders ya lo hemos analizado en el artículo Friedman, The Economist y la perpetuación del pasado.

 [xii] El CEO de PayPal está desarrollando una iniciativa, Evaluación del bienestar financiero de los trabajadores, que proporcionará herramientas a las empresas para analizar cuantitativamente la capacidad de las remuneraciones de los empleados para mantener un nivel de vida razonable y con ello guiar su política de remuneraciones.  Lo que sería el sueldo justo, analizado para cada contexto. Su premisa: “no puedes contar con el mercado, porque el mercado no funciona para un gran segmento de la población”.

 

sábado, 26 de septiembre de 2020

El bono verde de Coca Cola FEMSA: ¿Pintado de verde?


FEMSA emitió un bono verde, en agosto del 2020, por US$ 705 millones (monto original de US$500 millones, elevado por demanda) en el mercado de EE. UU. Al haber analizado recientemente el bono sostenible de Alphabet (Google) (ver Alphabet (Google) emite un bono sostenibile: ¿Cuán sostenible?) y haber sido emitidos casi simultáneamente es oportuno contrastarlos. Si bien son dos empresas muy diferentes, muchos de los rubros de inversión son semejantes. En particular compararemos algunas de las características entre los dos bonos y lo que sería deseable para ser considerado como un bono verde que contribuya a la mejora del medio ambiente.

No haremos un análisis de las razones y beneficios que comparten este tipo de emisiones, por lo que recomendamos ver el análisis de la emisión de Alphabet, lo que también permitirá entender mejor el análisis que hacemos a continuación. [1]

 I.                FEMSA

 FEMSA como casa matriz tiene tres grandes grupos, Coca Cola FEMSA, FEMSA Comercio y Heineken (posee el 14.8% de su matriz, Heineken N.V.)  Coca Cola FEMSA SAB de CV, es una empresa multinacional con sede en Monterrey, México. Es la embotelladora y distribuidora de Coca Cola más grande del mundo.  FEMSA Comercio posee otras empresas como Oxxo, con casi 20.000 pequeños supermercados que sirven a poblaciones de ingresos medios, más de 3.000 farmacias y 545 estaciones de servicios. FEMSA Tiene filiales en diez países de América Latina. Las acciones de Coca Cola FEMSA cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores, BMV, y en la de Nueva York, como American Depositary Receipts (derechos sobre las acciones en la BMV).  La abreviaremos por su código en esas bolsas, KOF).  Forma parte de los índices de sostenibilidad del Dow Jones y del FTSE4Good. El lector interesado en detalles sobre su sostenibilidad puede consultar su informe integrado.

 II.             La emisión

 Como es de rigor en estas emisiones KOF publicó el esquema que rige la emisión, la que fue sometida a la segunda opinión (SO) por Sustainalytics (la misma institución que lo hizo con Alphabet) que verifica el cumplimiento del esquema con los principios de bonos verdes, en este caso los del International Capital Markets Association, ICMA (también como el caso de Alphabet). [2]

 Los recursos del bono se utilizarán para financiar proyectos y gastos, solo en Coca Cola FEMSA, en las siguientes áreas:

  • Adaptación al cambio climático: Adquisición y utilización de software para la medición de las emisiones de gases de efecto invernadero y el progreso hacia las metas de la empresa.
  • Transporte limpio: Gastos relacionados con la flotilla de transporte, propia y de terceros, con vehículos eléctricos y su infraestructura de recarga.
  • Eficiencia energética: Gastos relacionados con la eficiencia de la calefacción, ventilación, aire acondicionado, iluminación, refrigeración y eficiencia de motores. 
  • Energía renovable: Inversiones en construcción, adquisición, mantenimiento y operación de instalaciones de energía renovable, incluyendo solar, eólica y geotérmica y el cumplimiento de compromisos de compra de energía, ya adquiridos antes de la emisión.
  • Recursos naturales: Gestión sostenible de recursos naturales y uso de la tierra, preservación y reforestación de bosques. 
  • Agua y saneamiento: Gestión sostenible y eficiente del agua en las embotelladoras, aguas residuales y su tratamiento.
  • Prevención y control de la contaminación: producción, construcción, mantenimiento, operación, mejoras y la infraestructura para lograr cero desechos, incluyendo facilidades de recolección, selección y equipos para el reciclaje de vidrio y plástico y el aumento en el uso de plástico reciclado.

 El destino de los recursos del bono es casi el ideal de la sostenibilidad.  Está concentrado en inversiones y gastos en temas energéticos ya su correspondiente eficiencia, tanto económica como en términos de emisiones y en la gestión del impacto medio ambiental (uso de la tierra, agua y saneamiento y desechos y reciclaje)

III.           ¿Pintado de verde?

Lo que sigue es nuestra "tercera opinión", no solicitada, por supuesto! 

El documento con el esquema de la emisión llama mucho la atención e inmediatamente hace pensar en greenwashing.  Está poblado con fotografías e ilustraciones que pretenden destacar la “verdosidad” de la emisión (niños plantando árboles, voluntarios recogiendo desechos, que no serán actividades financiadas por el bono y que san actividades de muy baja escala).  Y el color predominante en el informe es el verde, a diferencia del informe integrado, que es el “rojo Coca Cola”. ¿Qué necesidad hay de recurrir a estas sugestiones “verdes”?

Si bien otros documentos similares contienen fotos, en este caso es más flagrante. Recordemos que el documento está dirigido a gestores de fondos de inversiones responsables, los que prefieren información a ilustraciones. La portada es muy reveladora: los traiciona el subconsciente e ilustran como pintan el planeta de verde.   

Portada

Interior 

El formato del esquema es sorprendente (al suscrito), no parece serio. Querido lector lea el esquema y hágase su opinión.  Puede ser otro caso de poca comunicación entre el departamento de comunicaciones y los responsables de la responsabilidad y relaciones con los inversionistas (ver el caso de Abanca).

Pero vayamos a la substancia.  A diferencia de otras emisiones que hemos analizado, y en particular la de Alphabet, el esquema ofrece el mínimo necesario para poder alegar que su contenido cubre lo requerido en los Principios, pero hay pocos detalles, en particular sobre la gestión, control y reporte de la utilización de los recursos. Con algunas excepciones, lo que se incluye es una lista muy genérica de actividades, como si no se hubieran planificado los proyectos específicos que se quieren financiar. [3]  Cierto es que es deseable tener flexibilidad para gestionar los recursos, pero estas generalidades le restan credibilidad a la emisión.  A mayor especificidad, mayor credibilidad.  Y no es que el esquema de la emisión se convierte en contrato legalmente exigible, se pueden variar las inversiones de lo indicado, informando a los inversionistas en los informes periódicos de ejecución.

 Y para apreciar el rigor de ese esquema es ilustrativo analizar el caso del consumo de energía renovable y compararlo con el de Alphabet.  Este hacía explicito que las inversiones solo podrían ser utilizadas en nuevos proyectos de energía renovable, que hicieran una contribución incremental a la reducción de emisiones como consecuencia de la inversión de los recursos del bono. No podía cubrir la compra de energía renovable de instalaciones ya en funcionamiento. En el caso de FEMSA no se ofrece esta garantía, es más, se usarán los recursos para el pago de energía renovable en proyectos ya construidos y en contratos ya firmados antes de la emisiónEllo no quiere decir que no se ahorran emisiones, pero el ahorro no es atribuible a FEMSA, el proyecto ya existe y está en operación, aunque reportarán las reducciones como si lo fueran. Solamente sería incremental si la energía renovable no se generase si FEMSA no la comprase, pero un proyecto ya instalado de energía eólica o solar generará la energía de todas maneras, no pararán el sol o el viento, no es como la energía generada con el consumo de combustible, que se puede generar o no.

 Adicionalmente es de destacar que entre los rubros elegibles figuran en muchas de las categorías el financiamiento de gastos operativos, y de mantenimiento, que pueden ser ya sea de proyectos nuevos o de las actividades existentes.  De nuevo, como en el caso anterior, se contribuye, por ejemplo, a la reducción de emisiones, pero no todo será incremental, y las mejoras pueden no ser atribuibles al bono.

 El bono de FEMSA, a diferencia del de Alphabet no ofrece verificar que los proyectos e inversiones ejecutados por terceros, por ejemplo, los de transporte, cumplan con sus políticas de sostenibilidad, como si fueran ejecutados directamente.

 Como en el caso de Alphabet aprovechan para destacar que con las inversiones y gastos de contribuirá al logro de los ODS: #6 (agua y saneamiento), #7 (energía), #8 (crecimiento económico), #9 (infraestructura), #11 (ciudades sostenibles), #12 (consumo responsable), #13 (cambio climático), y #15 (vida en la tierra).  Como en la gran mayoría de los casos de estas atribuciones no se ofrecen indicaciones del impacto cualitativo o cuantitativo sobre el logro de alguno de las metas de estos ocho ODS. [4]  En el esquema de la emisión no se dice a cuales de las correspondientes metas específicamente contribuirán (tampoco lo decía el de Alphabet).  La segunda opinión de Sustainalytics cubre esta deficiencia y añade que lo hará en 11 de las metas.

En cuanto al sistema de gestión y reporte, FEMSA ofrece incluir la información dentro de su informe integrado, lo que puede parecer laudable para dar una visión integral, pero será más difícil, separar las actividades normales de la empresa de las atribuibles al bono.  Si bien FEMSA ofrece que la gestión de la ejecución de las actividades serán objeto de aseguración independiente, el informe integrado, que contendrá esa información no cuenta con “aseguración independiente limitada” de las actividades de sostenibilidad como es común en el caso de empresas con gran impacto social y ambiental.  La posibilidad de dilución de las actividades del proyecto dentro de un informe integrado de una empresa de la magnitud de Coca Cola FEMSA es elevada. Una cosa es la verificación de que los recursos del bono se han gastado o invertido en alguno de los ocho rubros mencionados y otra es que las metas que se ofrecen lograr en el esquema de la emisión sean atribuibles al bono. [5]

 Y como en el caso de Alphabet no usan a empresas calificadoras independientes que evalúan la idoneidad de la gestión para logar los resultados (recuérdese que la SO solo verifica que la información presentada cumple con lo requerido en los Principios). Parece que, con el acelerado crecimiento del mercado de estos bonos, los gestores de inversiones responsables se están volviendo menos exigentes y se preocupan menos por el impacto que por poder decir que hacen inversiones responsables, en este caso verdes. Esto será un problema cuando mejore la transparencia sobre los resultados obtenidos y la sociedad, y en particular los inversionistas, exijan resultados. Por ahora la atención del mercado se concentra en las emisiones, de bonos, no en las de gases de efecto invernadero, no en sus logros.

 IV.           En resumen

 Es laudable que Coca Cola FEMSA emita un bono verde para intensificar sus actividades en torno a la sostenibilidad. Ofrece expectativas de que con los recursos adicionales, específicamente designados para proyectos en sostenibilidad, y las obligaciones que adquiere con la emisión, se intensificaran esas actividades.

 No obstante, y a pesar de amplitud y enfoque de las actividades a financiar, la emisión levanta dudas en cuanto al compromiso de lograimpacto incremental, más allá de las actividades tradicionales, en particular sobre algunas de las actividades nuevas a financiar y las debilidades aparentes en la gestión y reporte del impacto de sus proyectos. 

Aparece como un bono tradicional al que se le han asignado actividades relacionadas con el medio ambiente, más que un conjunto de inversiones diseñadas para tener impacto ambiental positivo que necesitan financiamiento. 

En algunos aspectos parece greenwashing. 

Nosotros calificamos esta emisión como Verde Claro, imitando la escala de una calificadora.[6]

 

 [1] Y para los que todavía quieren saber más pueden ver un análisis detallado de las características de este tipo de bonos ver Bonos verdes, sociales y sostenibles. 1a. Parte: ¿Qué son y para qué sirven? y los demás artículos listados en Mis artículos sobre bonos verdes, sociales y sostenibles.

 [2] El documento de la segunda opinión es mucho más detallado que el esquema de la emisión que verifica.

 [3] Como buenos ejemplos de esquemas véanse los de Apple y de Starbucks, publicados como parte de los prospectos de la emisión de valores para cumplir con las regulaciones de la Securities and Exchange Comission de EE.UU.

[4] Ver el artículo ¿Legitimidad o greenwashing en la contribución de las empresas a los ODS?: Criterios para discernir, donde proponemos cinco criterios para determinar la legitimidad de las contribuciones a los ODS.

 [5] Apple publica un informe separado de impacto de las inversiones con sus bonos verdes.

 [6] Cicero Shades of Green usa la escala de tonalidades de verde (claro, medio, oscuro) para valorar la idoneidad de la gestión del bono para lograr los resultados propuestos en la emisión.



sábado, 19 de septiembre de 2020

Friedman, The Economist y la perpetuación del pasado.


 Hoy en día la gente conoce el precio de todo y el valor de nada

Oscar Wilde

 El periódico paradigma del capitalismo no podía dejar de unirse a la avalancha de artículos en el 50º aniversario de la publicación del artículo The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits por  Milton Friedman (el suscrito es parte de esta avalancha, ver Puede, en el largo plazo, ser del interés de la empresa…..: 50 años de Friedman y ahora este artículo). La gran mayoría de ellos defienden la evolución de la responsabilidad social de las empresas, con algunas excepciones, como este de The Economist y algunos de la escuela de negocios de la Universidad de Chicago (donde enseñaba Friedman).

 En el número del 19 de septiembre del 2020 The Economist publicó el artículo What is stakeholder capitalism?: Beware a new world of near-impossible trade-offs, donde defiende la vigencia de las ideas claves expresadas en aquel artículo y la casi imposibilidad de lograr los balances requeridos por el capitalismo de los stakeholders, o “stakeholderismo” como lo llaman en forma despectiva.

El argumento que se repite es la primacía de los accionistas, defendido en gran medida en base a que cuando se maximiza el valor para los accionistas, estos son un grupo uniforme, todos quieren lo mismo, y es algo medible, objetivo, universal, etc. el dinero, un solo objetivo del que preocuparse. 

 Alegan que si se quiere recurrir al stakeholderismo, hay que incluir los deseos de multitud de grupos diferentes, muchas veces contradictorios entre sí y con los accionistas, difíciles, en el mejor de los casos, de medir, donde es imposible que los dirigentes sean capaces de complacerlos a todos o balancear sus intereses.  Friedman decía que los dirigentes no pueden ser “legisladores, ejecutivos y juristas” (los tres poderes del estado), no son dioses.  [1]

En términos matemáticos equivale a decir que es imposible resolver un sistema de ecuaciones múltiples con más variables que ecuaciones.  Pero la gestión empresarial no es de precisión matemática, es de aproximaciones sucesivas (trail and error), del uso del buen juicio.

 Dejaremos de lado el argumento fácil de que perseguir el bien de los stakeholders puede redundar en el bien de los accionistas.  Harto sabido. Pero su argumento central contiene una falacia y es que todos los accionistas son iguales y quieren lo mismo, e implícitamente, que se preocupan de la sostenibilidad financiera en el largo plazo.  Si bien los accionistas tienden a invertir en las empresas que son gestionadas de acuerdo con sus intereses, no todos tienen los mismos intereses financieros de corto plazo.  Y si no les gusta como se gestiona la empresa, pueden vender sus acciones.  De hecho, la tenencia promedio de una gran empresa cotizada en bolsa es de menos de tres meses.  Y los que quieren maximizar sus beneficios posiblemente las posean por plazos aun menores.  Es una falacia alegar que los accionistas quieren el bienestar de la empresa.  Las acciones son un instrumento para el aumento de su riqueza.  La inmensa mayoría no tiene ningún otro compromiso con el futuro de la empresa.

 Por otra parte, como hemos analizado en detalle en otros artículos, no son los dueños de la empresa, como también supone el argumento.  Son poseedores de derechos de recibir dividendos y su cuota parte de los activos cuando desaparezca ya sea por liquidación o por fusión y con complicaciones, nombrar algunos miembros del Consejo (ver en particular el análisis detallado en El papel de la empresa en la sociedad: Por qué The Economist y Warren Buffett están equivocados).

  Solo en el caso excepcional de empresas con propiedad concentrada (familiar, sociedades de varios individuos) se puede decir que son los dueños de la empresa.  En este caso, la propiedad está directamente asociada con la gestión y es mucho más factible lograr el balance entre los intereses de los accionistas y muchos de los stakeholders.

 Lo que si es cierto, y en eso concordamos con The Economist, es que el balance es casi imposible de lograr, son muchos, son difusos, son contradictorios, tienen importancias relativas cuya relatividad es también casi imposible de determinar.  No será perfecto, cada caso es diferente, habrá que determinar quienes son los stakeholders materiales, los que se quieren favorecer y los que pueden impactar a la empresa.  En algunos casos los empleados tendrán gran preponderancia, en otros casos serán los clientes, en algunos casos ambos, a veces la comunidad aledaña será importante y siempre lo será el medio ambiente, en mayor o menor escala.

  Aunque no será perfecto, la alternativa no puede ser ignorarlos, afectan y son afectados por la empresa en el corto, mediano o largo plazo, algunos son críticos para la supervivencia misma. Los dirigentes tienen que intentarlo. Muchos no lo sabrán hacer, serán incapaces, pero el problema son ellos, no el “stakeholderismo”.  No hay que tirar el niño con el agua sucia de la bañera.

 ¿Quién tiene más “at stake” en la empresa, un accionista o un empleado?  ¿Qué pasa si a la empresa va mal?  El accionista vende sus acciones y a lo mejor pierde algo de su capital.  Y el empleado, ¿qué pierde?

 Es oportuno puntualizar que Unilever, empresa líder en sostenibilidad ha desarrollado su propio índice para determinar parte de la remuneración de su CEO, para cuya construcción han decidido cuales son aspectos materiales para la empresa, lo que debe ser promovido (indicadores) y su importancia relativa (pesos). ¿Difícil? Puede ser, pero refleja, en la medida de lo posible, el comportamiento que la empresa desea estimular.  

 Para defender su argumento The Economist usa algunos estudios de forma engañosa.  Alegan por ejemplo que en un estudio de privatizaciones de empresas (empresas en poder del público inversionista compradas por fondos privados), el 95% de los ejecutivos no defendieron los intereses de los trabajadores ante los nuevos dueños, aun cuando en esos casos la legislación local lo permitía.  Lo que sucede es que el estado donde están incorporadas la inmensa mayoría de las empresas en EE. UU., Delaware, y que sirve de modelo para la legislación en muchos otros estados, los dirigentes no tienen obligación de maximizar el valor de la empresa, solo de actuar con buen criterio, EXCEPTO en los casos de venta o liquidación de las empresas donde si lo deben hacer.  Aquellos dirigentes actuaron de acuerdo con la ley prevaleciente en la mayoría de los casos, aunque no la vigente en la localidad donde ocurría la venta, veían el pasado, ya no sería “su empresa”. Los compradores veían el futuro, en el que se aplicarían las leyes más comunes. Negociadores de los vendedores conservadores y de los compradores, rapaces.

 Citan otro estudio en el cual se concluye que los 183 firmantes de la Declaración del Business Roundtable, BRT (ver ¿Ha pasado algo a un año de declaración sobre la primacía de los stakeholders del Business Roundtable?), sobre el propósito de las empresas (consideración de todos los stakeholders), en los cuatro años precedentes tenían más violaciones de regulaciones ambientales y laborales y que gastaban más en cabildeo.  Concluyen que el stakeholderismo es una ilusión. Pero esto es el pasado, debemos juzgarlos porque lo hacen después de la Declaración. “No he venido a llamar a justos sino a pecadores al arrepentimiento”. A lo mejor se convierten.

 No es que hay que hacerse ilusiones, no es que estos 183 firmantes han visto la luz.  Tardarán mucho tiempo en convertirse al stakeholderismo, pero por algo se empieza.  Ahora por lo menos podremos acusarlos de cínicos e hipócritas, con razón.  ¿Actuará la sociedad si no se portan bien?

Y la solución de The Economist al stakeholderismo es que los accionistas inviertan en empresas que comparten sus valores y que presionen a los dirigentes para que los implementen.  Los accionistas mayoritarios, que pueden ejercer control sobre la empresa suelen ser los inversionistas institucionales, gestores de fondos de inversión, de pensiones, etc., que salvo algunos fondos de específicos de inversión responsable, no presionan por los stakeholders.  En el artículo Capitalismo de los stakeholders: ¿Hasta cuándo será una utopía?, decíamos: 

“Los tres fondos de inversión pasivos, BlackRock, Vanguard y State Street, son el primer, segundo o tercer mayor accionista en el 42%, 8% y 8% respectivamente del número de empresas cotizadas en la Bolsa de Nueva York, son uno de los tres primeros accionistas en el 93% de esas empresas. Y son el primer, segundo o tercer accionista en el 78%, 10% y 5%, respectivamente de las empresas medidas por capitalización.  Controlan la bolsa.  Deberían poder usar ese poder para promover el capitalismo de los stakeholders, que una de ellas, BlackRock, propugna, pero hay que recordar que en realidad representan a los shareholders.

 Ahora es nuestro turno de acusar a The Economist de iluso:

  • ¿Son los accionistas un grupo uniforme que se pueden unir para presionar a los dirigentes? 
  • ¿Cuántas empresa podremos transformar si los accionistas invierten de acuerdo con sus valores?  ¿Cuáles valores? Por ejemplo, durante el 2019 solo el 28% de las propuestas de resoluciones las Asambleas Generales de Accionistas incluían el establecimiento de un nexo entre las remuneraciones de los dirigentes y rendimiento en temas de sostenibilidad y ninguna fue aprobada (Deloitte, 2019).

 Solo estamos de acuerdo con estas soluciones para empresas de capital concentrado (familiares, pocos socios), donde las respuestas son positivas.  Están nacen con el “stakeholderismo”.

 Los que propugnan la primacía del accionista lo hacen sesgados por la contabilidad tradicional.  Mide las ganancias contables, de rubros cuyo valor se pueden medir o estimar con confianza, que afectan el capital financiero, los que a su vez determinan en buena medida el valor de las acciones.  Pero, ¿y si pudiéramos preparar estados de rendimiento que midieran el impacto en la sociedad y el medio ambiente y no solo sobre el capital financiero? [2] Entonces el stakeholderismo no sería iluso.  Estamos lejos de ello, pero ello señala en camino a seguir.

 La disyuntiva es: ¿debemos usar valores precisos pero inadecuados o valores adecuados pero imprecisos? Un día los adecuados serán precisos. Uno favorece el “shareholderismo”, el otro el “stakeholderismo”.

 Mensaje a The Economist: ¡Friedman ha sido superado por los hechos! Es del pasado.

 50 años son muchos, son unas bodas de oro.


 [1] El Council of Institutional Investors (defensor a ultranza de la primacía de los accionistas) dramatizó su reacción a la declaración del BRT diciendo “ser responsable ante todos es no ser responsable ante ninguno” (accountability to everyone means accountability to no one).

 [2] Algunas empresas (por ejemplo, el Grupo Kering, que agrupa a 14 marcas de lujo (Gucci, Bottega Veneta, Balenciaga, Saint Laurent y otras diez) ya cuantifican, en términos monetarios, su impacto sobre el medio ambiente y lo incorporan a su estado de rendimientos. Y se han producido metodologías para medir el impacto ambiental de las empresas en términos monetarios (ver Corporate Environmental Impact: Measurement, Data and Information).