martes, 17 de marzo de 2026

¿Seguirán las empresas publicando informes de sostenibilidad aun cuando no sea obligatorio?

Todas las generalizaciones son falsas, incluyendo esta.
Mark Twain, 1835-1910

"El 90% de las empresas que ya no entran dentro del ámbito de aplicación de la Directiva de Reportes de Sostenibilidad Empresarial, CSRD, planean mantener y ampliar sus informes de sostenibilidad”. Este es el titular resumen de un estudio publicado en marzo del 2026 (Beyond Compliance: Sustainability Reporting After the Omnibus) en el que se reportaban los resultados de una encuesta a empresas que habían sido liberadas de la obligación de reportar al aprobarse el Ómnibus de desregulación. [i] 

Visto el titular a secas y aun leyendo resúmenes publicados la impresión es muy buena. Lo que veníamos diciendo muchos parece realidad: [ii] Si bien el ómnibus eximió a más de 50 000 empresas en Europa de la Directiva de reportar, parece ser que algunas lo quieren seguir haciendo, ya sea respondiendo a lo que creen son las exigencias de algunos stakeholders o bien porque ya tienen la maquinaria montada para hacerlo, bien porque es una excelente guía estratégica, bien porque los dirigentes están comprometidos con la sostenibilidad empresarial.

El objetivo de esta breve nota no es comentar los resultados del estudio, es solamente el hacer una advertencia sobre la extrapolación de sus implicaciones ya que me temo que podemos estarlas exagerando injustificadamente (el lector interesado puede ver una completa síntesis de Alberto Andreu Pinillos en LinkedIn). Siempre conviene ir más allá de los titulares y analizar las metodologías, sobre todo cuando los resultados están basados en encuestas y respaldan nuestros deseos u opiniones.

¿Por qué hay que hacer la advertencia? El estudio se basó en una encuesta a unos 400 ejecutivos de empresas ahora exentas. La encuesta refleja, a lo sumo, intenciones y no la realidad, no refleja un análisis de hechos sino de expectativas, que en este caso pueden enfrentarse a la dura realidad de los costos. Una cosa es “le gustaría a Ud. hacer…..” y la otra es “Puede demostrarme Ud. que ha hecho…..”. Adicionalmente, la muestra es muy pequeña, menos del 1% del universo de las más de 50 000 empresas exentas y es segada en dos sentidos, primero porque la encuesta se hace a empresas comprometidas con la sostenibilidad, presumiblemente de mayor tamaño y, segundo, porque la muestra no es aleatoria, se basa en ejecutivos con contactos con los autores del estudio.

¿Es necesario hacer la advertencia? Sí, porque es precisamente la euforia, no justificada, y la banalización de la sostenibilidad empresarial lo que ha contribuido a la violenta reacción en contra, ha dado alas a los enemigos, fomentado su desregulación.  La mejor manera de promoverla es sincerándose (ver mi análisis de este fenómeno en Los altibajos de la sostenibilidad empresarial: De la ignorancia, a la confusión, a la expansión, a la banalización, a la euforia, al revuelo, a sincerarse).

Los resultados son, a lo sumo, indicativos de las intenciones de un selecto grupo de empresas. Buena noticia, por menos indican que quieren seguir reportando, aunque no sea obligatorio. Como mencionábamos en un artículo anterior [iii] hay decenas de razones [iv] para hacerlo voluntariamente, alguna de las cuales son (1) las inversiones ya hechas por estas empresas, por lo que es más sencillo continuar haciéndolo; (2) los beneficios internos para las estrategias y actividades sostenibles resultantes de la introspección que el cumplimiento conlleva, y (3) las expectativas de los consumidores y de los mercados financieros, que posiblemente hagan que se sigan llevando a cabo muchas de las actividades para el cumplimiento.

Pero yo no apostaría a que “El 90% de las empresas que ya no entran dentro del ámbito de aplicación de la Directiva de Reportes de Sostenibilidad Empresarial, CSRD, planean mantener y ampliar sus informes de sostenibilidad.”

Es análogo al caso de las empresas que diseminan información selectiva, no necesariamente incorrecta, para crear impresiones favorables, que en el caso de las buenas noticias en sostenibilidad son muy necesarias en estos momentos para combatir el pesimismo de algunos.

 Y este es un ejemplo más de la importancia de no tomar al pie de la letra generalizaciones sin analizar lo que hay detrás. Ya basta con lo bulos que nos trae la IA.


sábado, 14 de marzo de 2026

Inversión socialmente responsable: ¿Nos abandonan las nuevas generaciones?


La Inversión Socialmente Responsable, ISR, en valores considerados sostenibles siempre ha sido con fines de lucro (no consideremos casos muy excepcionales de altruismo), pero este segmento del mercado financiero se creó y evolucionó como una manera de estimular la responsabilidad de las empresas que los emiten. Se pretendía un balance entre objetivos estrictamente financieros y los beneficios a la sociedad. 

Este balance, a nivel agregado en las inversiones, estaba influenciado por algunas características demográficas de los inversionistas, en particular la edad. Los jóvenes han estado más dispuestos aceptar un balance ligeramente hacia la responsabilidad, han estado dispuestos a invertir en valores que tuvieran objetivos sociales y ambientales, aún a costa de algún sacrifico en la responsabilidad (lo mismo sen el caso de la selección, si es que tienen opciones, de los puestos de trabajo, o por lo menos es lo que dicen en público). Los mayores enfatizaban la rentabilidad, con muy poco interés por la contribución de los valores de las empresas responsables a la sostenibilidad de la sociedad y del planeta. 

Estas diferencias en las preferencias eran resultado, no solo de una mayor conciencia de los jóvenes sobre estos aspectos, que han creído en un entorno que lo ha enfatizado, sino que está muy influenciado por las expectativas de vida. Los jóvenes no solamente quieren vivir en una sociedad y un planeta mejor, sino que además creen que pueden esperar a que sus inversiones rindan los beneficios financieros. Han tenido una visión de más largo plazo.  

Los mayores tienen un expectativa de vida menor, por lo que la principal procuración es la calidad de lo que les resta de SU vida. ¡¡Claro que deberían preocuparse de la calidad de vida que dejaran a sus hijos y nietos!!, pero muchos prefieren dejarles la herencia monetaria que es más tangible que la social y ambiental.  Tienen, lo que, en términos económicos, se denomina una elevada tasa de descuento, que valora muy alto los costos presentes y muy bajo los beneficios futuros.

Esto lo comentábamos en un artículo anterior, Diferencias generacionales en la inversión responsable, donde comentábamos los resultados del estudio 2022 Survey of Investors, Retirement Savings, and ESG. Este se actualizó en el 2025 (ver resumen en Research Reveals a Fundamental Shift in How Investors View ESG) y ahora se concluye que se ha producido un cambio significativo en la actitud de los inversionistas ante la inversión responsable y las diferencias generacionales se han reducido.

La inversión ESG no ha desaparecido, pero ha cambiado. Los resultados de encuestas …… muestran que el entusiasmo inicial, especialmente entre los inversores más jóvenes, ha convergido en torno a un enfoque más pragmático que prioriza el riesgo.

Las diferencias generacionales en cuanto a preocupación, disposición a sacrificar rentabilidad y apoyo al activismo ESG se han reducido en gran medida,….

Los criterios ESG siguen siendo influyentes cuando los riesgos son concretos y los horizontes temporales son claros, pero las estrategias basadas en un supuesto altruismo inversor son cada vez más frágiles. (énfasis añadidos).

¿Es esto consecuencia del retroceso observado, a nivel general, en el interés por la responsabilidad empresarial y la sostenibilidad del planeta? ¿Es esto algo peculiar a la sociedad estadounidense? No tengo suficiente información para responder inequívocamente a estas dos preguntas, pero sí tengo la sospecha de que va más allá, que no es solo cuestión del entorno político y regulatorio mundial y de la situación del aquel país.

Es que las nuevas generaciones (millenials y Z), si bien están más concientizadas que la de los mayores (baby boomers y X), se están volviendo más egoístas, con objetivos más personales, con menor preferencia por el bien común, por el altruismo.

Especulo que la prevalencia de los medios sociales conlleva a una visión más estrecha, más egocentrista y que la situación económica relativamente adversa para los jóvenes, conlleva a un mayor cortoplacismo.

Esperemos que sea temporal, faltaría más que las nuevas generaciones se desentendieran de la sociedad y el planeta.

Pero, aunque lamentable, ello tiene poco impacto ya que los “jóvenes” menores de 54 años poseen solo el 15% de las acciones en EE. UU. (aunque es de esperar que en otros países con mercados de capitales menos desarrollados posiblemente sea menor), en tanto que los mayores de 70 años poseen más de la mitad y junto con los mayores de 54, casi el 85%. 

O sea, que los inversionistas en valores emitidos en empresas responsables adquieren esos valores más para sentirse bien que para estimular el comportamiento responsable, por el cual parecen tener poco interés. [i]  Aparte de que el impacto de la ISR sobre la responsabilidad empresarial es muy dudoso. [ii]

¿Y tú qué opinas? (yo soy de la generación de la post guerra, los “baby boomers”, a los que supuestamente no nos preocupa).

jueves, 12 de marzo de 2026

Confieso que he pecado: Pero ahorraré emisiones

 

Desde hace varios años espero para cambiar mi coche por uno eléctrico para ahorrar emisiones. Hasta había pensado financiarlo emitiendo un bono verde altamente innovador, el primero en ser emitido no por país, no por sector, sino por una persona, en un vecindario y para financiar un coche (para detalles de la emisión ver (El bono ligado a la sostenibilidad más innovador del mundo: El mío)) [i]. A mi avanzada edad, muy posiblemente sería el ultimo coche que compraría en mi vida y por ello quería despedirme con uno eléctrico.

Y quería contribuir a la sostenibilidad del planeta, con hechos, más allá de mis (inciertas) contribuciones, vía las palabras en mis artículos y libros.

Pero después de tanto esperar a que saliera el coche ideal me he rendido. En EE. UU., a diferencia de Europa, la oferta es muy pobre. Nunca compraría un Tesla, que, si bien es una empresa relativamente sostenible, su mayor accionista y CEO es un gran irresponsable. Quería comprar uno europeo para así contribuir a la competitividad de Europa frente a EE. UU., que tanto lo necesita, y hacerle caso al informe Draghi.  Los modelos de los coches eléctricos de BMW, mis coches anteriores y el actual, son feísimos, Audi ha resultado poco confiable y Mercedes Benz me parece muy esnob, de nuevo rico.

Así que, lamentablemente, capitulé y me compré un coche a gasolina, un BMW X2. Confieso que he pecado.

Pero es venial. Ahorraré emisiones ya que es mucho mas eficiente que mi coche actual, fabricado hace 13 años. Pero no me darán créditos por reducciones de emisiones que pudiera vender en los mercado de carbono, como si pueden hacer la empresas. Así que no recibiré subsidios, como si los reciben las empresas.



[i] Espero que el lector aprecie el sarcasmo

domingo, 8 de marzo de 2026

¿Era la sostenibilidad el principal obstáculo a la competitividad europea? (reenvío)

 Sin duda los lectores recordarán que los argumentos utilizados para la “simplificación” de las regulaciones sobre los reportes de sostenibilidad, diligencia debida y la taxonomía verde se basaban en su impacto negativo sobre la competitividad de las empresas. La simplificación recientemente aprobada en el Ómnibus I supone que ahorrará € 5 000 millones anuales en costos administrativos a las empresas cubiertas (unos € 3 millones cada una) y € 2 500 millones, una vez, para las ahora exentas (pobres consultoras que dejaran de percibir muchos de estos ingresos, cuyo impacto económico no ha sido considerado). [i]

Pero esto no solamente ignora los costos para la sociedad de esa simplificación[ii] sino que además supone que las empresas ahora no cubiertas no seguirán haciendo lo que pedían las anteriores versiones de las regulaciones. Esto ignora las inversiones ya hechas por estas empresas, por lo que pueden querer seguir haciéndolo, los beneficios internos en las estrategias y actividades sostenibles de la introspección que el cumplimiento conlleva, [iii] las expectativas de los consumidores y de los mercados financieros, que posiblemente hagan que se sigan llevando a cabo muchas de las actividades para el cumplimiento. [iv]

Pero era más fácil y políticamente más expedito dar la culpa a estas regulaciones, que atacar los verdaderos problemas de la competitividad, uno de los más directos e impactantes son las restricciones al comercio interno. Según un estudio del Banco Central Europeo:

Las fricciones comerciales en la Unión Europea son más onerosas que el arancel más alto que Trump amenazó con imponer al bloque el año pasado, Barreras como las diferencias en las regulaciones nacionales y las prácticas anticompetitivas son responsables de costes comerciales intracomunitarios equivalentes a gravámenes del 67 % para bienes y del 95 % para servicios (110% según el Fondo Monetario Internacional).

Y si consideramos los volúmenes del intercambio comercial de bienes podemos apreciar el impacto de aquellos “aranceles” en la competitividad de sus empresas: el comercio interestatal en EE. UU. es de casi el 60% del PIB, en tanto que en la UE es de solo el 20%

Lamentablemente el proceso de desregulación se politizó, su usaron argumentos cuidadosamente seleccionados para el impacto en la opinión pública y se dejaron de lado los análisis requeridos de los costos y beneficios de las desregulaciones para la sociedad (lo que sí se había efectuado para justificar las regulaciones). [v]  Si las regulaciones se aprobaron demostrando elevados beneficios netos,  ¿qué ha cambiado para que ahora los elevados sean costos netos?: La política.

¿Tienen la culpa las regulaciones de gestión y reporte sobre la sostenibilidad empresarial de la menor competitividad de la economía de la Unión Europea?



[i] Si quieres saber un poco más sobe el Ómnibus ver mi post en LinkedIn https://bit.ly/4aKLS8B

[iii] Ver los beneficios de la preparación de informes de sostenibilidad en Informes de sostenibilidad: ¿Sirven para algo?

[iv] Ver Beyond Compliance: Sustainability Reporting After the Omnibus, donde se reporta que el 90% de las empresas excluidas reportan que seguirían preparando los informes de sostenibilidad. Está basado en una encuesta unos 400 ejecutivos (con los que el Prof. Rasche, altamente interesado en que así sea, muy posiblemente tiene los contactos). Esto es solamente indicativo ya que solo refleja INTENCIONES Y NO LA REALIDAD, es una encuesta no un análisis de resultados. Además de que la muestra es muy PEQUEÑA Y SESGADA como para extrapolar al universo de más de 50 000 empresas excluidas.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Una plataforma para unir deseos y realidades en la sostenibilidad empresarial

 

Una joven de 18 años, Arushi Jain, ha creado una plataforma, TheWage.org, para conectar empresas, instituciones e individuos, que quieren contribuir al bienestar de la sociedad, con organizaciones, por ejemplo, ONG, que tienen la capacidad de hacerlo.  Ello facilita a aquellos que no tienen la capacidad administrativa o la experticia para hacerlo directamente, por ejemplo, PyME e individuos, para apoyarse en otras instituciones que sí tienen la capacidad y conocimientos para hacerlo, pero que suelen tener recursos limitados.

Según la fundadora: “Seguía viendo la misma brecha: las empresas quieren hacer una RSE significativa y la gente quiere ser voluntaria, pero a menudo es difícil organizar, gestionar y medir. TheWage existe para hacer que el aporte no remunerado sea más sencillo de gestionar y más eficaz para las personas a las que se supone que ayuda.”

El valor agregado de la plataforma no está solamente conectar, en ofrecer oportunidades a ambas partes de la operación, sino en hacer seguimiento de las actividades, monitorear su impacto y preparar la información para el reporte. Puede contribuir a la legitimidad a las intervenciones.

¡Ojalá alguien lo replique en nuestros países!

¡Ojalá tenga éxito!