domingo, 23 de enero de 2022

¿Porque las empresas “practican RSE” ?: Otro estudio más, pero con valor agregado

 

Por si no se había analizado hasta la saciedad el tema de las motivaciones y beneficios de la responsabilidad empresarial, se publicó un artículo más.  En este caso vale la pena analizarlo por lo relativamente novedoso en su enfoque y por su valor agregado (Why Companies Practice Corporate Social Responsibility, MIT Sloan Management Review, enero 20, 2020). Analiza los resultados de 200 encuestas a lo largo de 20 años.

El hecho de que usan el término “practicar RSE”, no debe quitarle interés.  Cae en la conceptualización anacrónica de que la RSE es hacer cosas, en contraposición a la moderna de la RSE, de asumir y ejecutar la responsabilidad por impactos pasados, presentes y futuros, que ha tenido, tiene y quiere tener. Pero el título del articulo refleja la conceptualización prevaleciente al hacer las encuestas: por que hacen cosas, porque se practica la RSE.

Advertencia previa:  Ha cambiado mucho el mundo en 20 años y sobre todo la conceptualización e implementación de la responsabilidad empresarial, pero mete en el mismo saco encuestas de hace 20 años con encuestas recientes. Cada una de esas encuestas tiene diferentes objetivos, se hace en diferentes públicos, incluyen países desarrollados y en vías de desarrollo, empresas multinacionales y pequeñas y medianas, encuestas de firmas de consultoría y de académicos. Y como toda encuesta, las respuestas están dadas por las preguntas, si algo no está la lista de opciones, no puede estar en las respuestas.  Lo que parecería una virtud, la diversidad, podría ser pernicioso para sacar conclusiones generalizables. Al mezclar tanta diversidad se corre el riesgo de perder la perspectiva. Sin embargo, el tipo de conclusiones que extrae no dejan de ser interesantes.  El lector debería tomar esta advertencia en cuenta para apreciar la relevancia de esas conclusiones.

El lector podrá recordar la lectura de resultados de este tipo de encuetas que seguramente les fueron presentados en conferencias y cursos, en las que se usan para demostrar la posición que apoya el respectivo ponente. Están los argumentos intrínsecos, de que la empresa lo hace por sus valores, por ética, por razones morales, de justicia o de cultura, a veces agregados como el “argumento moral”.  La otra línea de argumentación es la que las empresas “hacen RSE” (¡que nombre tan horrible!) por razones de prevención de consecuencias, como anticiparse para evitar regulaciones o gestionar la presión de activistas, un “argumento preventivo”.  Y por supuesto, el más usado en la promoción de la RSE, es el “argumento empresarial”, de que la RSE conlleva a mejorar en la competitividad, mejores precios, atracción de mejores talentos, mayores mercados, mayores ventas, etc., etc., etc. La RSE con efecto milagroso. [i]  En el artículo denominan estos tres grupos de motivaciones como normativas (o sea, normas a seguir), políticas (o sea, gestión de relaciones) e instrumentales (o sea, instrumentos para lograr resultados).

El estudio básicamente analiza la preferencia, en el agregado de las 200 encuestas, por cada uno de estos grupos de motivaciones. Ahora que analizamos sus resultados es conveniente tener en mente la advertencia previa hecha arriba. En resumen:

  • Cuando aparecen en las mismas encuestas, la motivación normativa (ética, moral, et.) tiene respuestas más positivas que la política (prevención de problemas) en el 83% de los casos. Y las normativas aparecen mejor que las instrumentales (porque es beneficioso) en el 73% de los casos. O sea, que las empresas son buenas por que sí, por naturaleza, no porque tienen temor a regulaciones, a los activistas o porque sea rentable (hubiera sido interesante distinguir las respuestas de dirigentes de las del público en general y de las multinacionales de las PyME).
  • Pero cuando se entra en el análisis desagregado de las motivaciones dentro de cada uno de los grandes grupos, se encuentra que la motivación con mayor respuesta es la mejora de la imagen, de la marca, de la reputación, superior al grupo de normativas en dos tercios de los casos. Parafraseando el resultado podríamos decir: “Somos buenos porque sí, no es que pretendamos que nos traiga beneficios, pero que mejore la imagen, la marca y la reputación, eso es lo más importante.  Con ello aprovechamos el efecto aureola, que extiende en la mente de la persona una buena acción en alguna acción a los demás comportamientos, (sobre los cuales la persona no sabe nada).  Si hacemos algo bueno en medio ambiente o en filantropía el público extrapolará a que todo lo hace la empresa es bueno” (ver nuestro artículo de noviembre del 2011: ¿Se puede manipular la reputación?: El efecto aureola)

Esto se puede considerar como un super promedio de 200 encuestas sobre 20 años, pero no deja de tener algo de verdad.  “Es lo que hay”. No es incompatible con la realidad que observamos cotidianamente.  Pero cada empresa es diferente, puede tener algunas o todas las motivaciones que se incluyen en las encuestas, cada empresa es única, opera en su propio contexto, es imposible generalizar.

Pero esto demuestra la necesidad de redoblar los esfuerzos para combatir el greenwashing. Sí quieren mejorar su imagen, su marca y su reputación, que sea siendo responsables en todas sus áreas de actuación, no solo en las que son más visibles.  Y no comprar el mal que hacen con alguna cosita buena.

La reputación, la imagen, la marca, deben ser el resultado de la responsabilidad, no la razón para ser responsable. [ii]



[i] Sí, es posible que mejore la competitividad, pero ello no es automático.  Ver Rentabilidad de la responsabilidad o responsabilidad de la rentabilidad.

domingo, 16 de enero de 2022

El índice IBEX Gender Equality: ¿Igualdad de género? Falacia ASG

 

 ¿Qué tienen de ASG los índices ASG? ¿Estimulan la sostenibilidad? Se lanzó un índice de sostenibilidad basado en los mercados de valores de España, que pretende capturar los valores de empresas del IBEX (índice general) que se destaquen por la igualdad de género. Si cumpliera con ese objetivo, ¿se podría considerar como un índice ASG? Analicemos.

I.                ¿Para qué se crea un índice de sostenibilidad?

Un índice de las bolsas de valores es un promedio ponderado de los precios de ciertos valores.  Los valores y los pesos relativos que se incluyen en el índice dependen del uso que se quiere dar.  Un índice como el Dow Jones solo incluye los valores de las acciones es de 30 grandes empresas, sin ponderación alguna, es un promedio simple de precios (las de más alto precio tienen más peso).  Sin bien es muy popular, es muy poco representativo de la evolución de los precios en Bolsa de Valores de Nueva York. Por la poca cantidad de acciones y por el sesgo en darle más peso a los valores con mayores precios.[1] El índice Standards and Poor 500, S&P 500, contiene aproximadamente 500 de las más grandes acciones ponderadas por su capitalización (el valor total de sus acciones) por lo que es más representativo.  El IBEX 35 de la Bolsa de Madrid contiene 35 valores ponderados por su capitalización total (como el S&P 500).

Hay además índices específicos que incluyen valores sobre algunos sectores, temas o geografías, como cambio climático, agricultura, Europa, etc., y sobre sostenibilidad en general y sobre algunos aspectos muy específicos en particular.  Solo MSCI, la empresa de información financiera produce 1500 índices relacionados con sostenibilidad. Todos estos son ahora considerados como ASG, índices cuyos componentes han sido seleccionados en base a alguna de las características medioambientales, sociales y de gobernanza.

Hay índices generales como el Dow Jones Sustainability Index que contiene el 10% de las mayores 2500 acciones (según S&P) en 17 super sectores y 5 sectores, seleccionadas en función de ser las mejores de su grupo industrial (best in class) de acuerdo con de la definición de sostenibilidad que se ha creado Dow Jones para estos propósitos. Incluye las mejores empresas de energía renovable, bancos, tabacaleras, cementeras, aerolíneas, alimentos, etc., producido en versiones a nivel mundial y a nivel de áreas geográficas. Dow Jones lo llama de sostenibilidad, pero ¿qué quiere decir en este caso sostenibilidad? ¿Se pueden considera las empresas incluidas como sostenibles? No, porque quiere incluir empresas de todos los sectores.  Es un índice muy complicado: una empresa responsable en un sector responsable puede tener que dejar el paso a la menos irresponsable de un sector irresponsable, ver Inclusiones y exclusiones del Dow Jones Sustainability Index: No apto para aficionados). 

Otros índices generales de sostenibilidad, como la serie de 172 índice del FTSE4Good, tiene una versión española, IBEX FTSE4Good, que contiene acciones de su índice FTSE Spain All Cap Index y del IBEX 35, seleccionados de acuerdo con sus criterios de sostenibilidad, que tengan un rating de más de 3.1 sobre 5 (¡que no es mucho!).  Entran las mejores empresas, independientemente del sector industrial al que pertenecen.  El índice global contiene más de 2000 empresas y el español cerca de 30. [2]

Estos índices se crean con varios propósitos.  Uno es para resaltar las empresas que se consideran sostenibles, aunque para esto bastaría una lista, pero las ponderaciones pueden establecerse para reflejar importancias relativas. Otro uso es para crear fondos de inversión en empresas sostenibles invirtiendo en los valores de algún índice (general, sectorial, geográfico, industrial, por característica de sostenibilidad (emisiones, género), etc. y combinaciones y permutaciones de ellas). Sirven de base para la creación de fondos de inversión socialmente responsables.  Otro uso es como métrica (benchmark) del rendimiento de los fondos o carteras con características semejantes.

¿Le interesa a una empresa pertenecer a un índice de sostenibilidad? En general sí ya que ello se interpreta como un reconocimiento de la sostenibilidad de la empresa (aunque no todos los índices tienen la misma reputación). 

El pertenecer a un índice también puede estimular la demanda por las acciones de la empresa cuando los inversionistas institucionales (fondos de inversión, soberanos, pensión, mutuales, etc.) usan el índice como ejemplo para crear sus carteras.  También tiene otros beneficios y costos que no vale la pena detallar aquí (ver ¿Para qué sirven los índices de sostenibilidad?).

Y algunos llegan a usar la pertenencia en un índice de sostenibilidad como métrica para la remuneración de los directores, a pesar de los incentivos perversos que ello conlleva (ver  Greenwashing a la grande I: Recompra de acciones ligadas a la sostenibilidad).

II.             El índice IBEX Gender Equality 

a.     ¿Qué es el índice?

El índice fue creado por la gestora SIX, que controla la institución Bolsas y Mercados Españoles, BME, y que gestiona la Bolsa de Suiza.  El índice es una réplica del que SIX había creado para esta bolsa ocho meses antes.

Las condiciones para entrar en el índice son de que las empresas tengan entre 25% y un 75% de mujeres consejeras (que pena que las que tengan más de 75% no pueden entrar) y entre un 15% y un 85% en la alta dirección. Son uno de los criterios más simples de todos los índices que cubren aspectos de sostenibilidad.  Es un índice perezoso, no analiza, selecciona por números.

No obstante, los bajos límites todavía constituyen un reto ya que solo 16 empresas del IBEX 35 forman parte del índice y solamente 4 llegan a un porcentaje del 40%.  Solo 30 de las 120 compañías que opera BME las cumplen. También es de notar que, de las 80 empresas con capitalización superior a los 500 millones de euros, analizadas en un reciente estudio de la CNMV, 20 no tienen ninguna mujer en el consejo. 

Cierto es que hace falta mucho esfuerzo, pero un índice como este no es efectivo.

Las tres empresas con mayor participación en los consejos son Red Eléctrica con 6 de 12 (50%, única empresa con igualdad, pero con ¡solo una mujer en la alta dirección!), Caixabank, 6 de 14 consejeros (43%) e IAG con 5 de 12 (42%). Telefónica es la tercera con menor representación, con 5 mujeres de 17 en su Consejo (29%),[3] seguida de Meliá e Inmobiliaria Colonial con 3 mujeres sobre 11 consejeros (27%). [4]

 


Además de estas 30 empresas originales, se añadieron a fin del 2021 otras tres: Telefónica, Logista y Dominion.

Para apreciar el contexto de estas condiciones recordemos que la Comisión Nacional del Mercado de Valores, CNMV, tiene como recomendación no vinculante un mínimo del 30% ya que pospuso la aplicación de la buena práctica del 40%, incluida en el vigente Código de Buen Gobierno. La Unión Europea intentó sin éxito establecer una cuota del 40%.[5]  Noruega, que sí tiene la cuota, tiene el 40,5% de miembros no ejecutivos de los consejos de las empresas que cotizan en bolsa, pero solo el 6,4% de los ejecutivos son mujeres y ninguna de las grandes empresas tiene presidente que sea mujer.

b.     ¿Cuál es la contribución del índice? Lo bueno

Sin duda que la constitución del índice ha contribuido a llamar la atención sobre el problema.  Basta ver la muy extensa cobertura mediática aun en medios no especializados

Es posible que algunos gestores de activos creen fondos que reproduzcan el índice para ofrecérselos a los inversionistas institucionales y financieros.  Con ello podría aumentar la demanda por los valores que lo constituyen. El mismo nombre en inglés es un factor de comercialización al exterior de país.

Si se crean fondos de inversión basados en el índice, los poseedores podrán decir que tienen recursos “invertidos responsablemente”, o de acuerdo con criterios ASG, aun cuando ello no afecte a las empresas que lo constituyen. Pero como comentamos más adelante es una perversión de la inversión responsable.  Pero lo dirán.

Pero es un índice muy poco diversificado con solo 33 empresas, lo que reduce su utilidad tanto para la creación de fondos como para la evaluación de su rendimiento (benchmarking) y tiene criterios de sostenibilidad muy, muy simples.

No hay que descartar que algunas empresas, por razones reputacionales, quieran pertenecer al índice y por ello es posible que aumenten la proporción de mujeres en el consejo (los limites sobre alta dirección son tan bajos que no deberían ser limitantes), lo que tendría un efecto positivo. Pero ¿se hace por convicción de los beneficios de la participación de la mujer en las decisiones o se hace por la imagen?


© Financial Times

c.     ¿Qué inconvenientes trae el índice?

Una empresa con un 25% de mujeres consejeros y con un 15% de mujeres en alta dirección puede ser parte del índice.  ¿Es esta una empresa destacable en igualdad de género?

¿Dónde está la “igualdad” del nombre del índice en los criterios? ¿Igualdad no es 50-50? Pero así no habría índice. Gender Equity sería más apropiado, significando que las empresas le dan igualdad de oportunidades a las mujeres, aunque no garanticen los resultados.  Ello requeriría de un análisis de la políticas y prácticas de las empresas que lo harían más riguroso, más activista, podrían considerar las causas de la desigualdad.

¿Y un índice con el nombre Gender Equality no debería incluir “equality” en la remuneración en la alta dirección y en el consejo como criterio de inclusión? Presumiblemente reduciría el número de empresas elegibles. ¡Como debe ser!

No se le puede atribuir al índice la virtud de la promoción de la participación de la mujer en los consejos ni en alta dirección ya que por su naturaleza es una selección de empresas sobre las que no tiene influencia alguna (califican o no califican) y es un mero cálculo de un índice de precios bursátiles para un conjunto de empresa.  Es un ente pasivo, un espectador. Lo que puede cambiar las cosas son las regulaciones o las voluntades de las empresas. Es cierto que las organizaciones de la sociedad civil monitorean y hacen cabildeo en este sentido, pero este índice no les ofrece bases para hacerlo más efectivo.

El titular de El País sobre la noticia es paradigmático.  Dice: Un índice para empoderar a las mujeres en Bolsa. De la discusión precedente debe quedar claro que el índice no hace nada para empoderar a las mujeres, solo llama la atención sobre el problema.  Ni siquiera incluye todos los aspectos relevantes ya que se desentiende de un factor crítico como lo es la brecha de género. Ojalá estemos equivocados.

d.     ¿Cómo hacer más efectiva la participación de la mujer?

El problema de la participación de la mujer en la alta dirección y en los consejos se ha estudiado mucho y hay mucha experiencia acumulada. Y una de estas experiencias es que el tema mucho es más complejo de lo que parece a simple vista. Lo más probado, las cuotas, son un paliativo, no resuelven el problema. En la serie Mis catorce artículos sobre el liderazgo de mujeres en las empresas (con Helena Ancos), analizamos las experiencias de los países escandinavos con las cuotas, los esfuerzos de regular de la Unión Europea, estudios académicos con análisis de los obstáculos y sus posibles remociones, los problemas con las revisiones del Código de Buen Gobierno de la CNMV y resumimos las lecciones aprendidas y hacemos algunas sugerencias.

En uno de esos artículos, Revisión del Código del Buen Gobierno: Participación de la mujer ADDENDUM: Una omisión, una recomendación, comentábamos una oportunidad perdida en la revisión y hacíamos una recomendación para mejorar esa participación:

Una parte de la remuneración variable de los consejeros debe estar determinada por avances en la participación de las mujeres en los Consejos y en la alta dirección.

 Las empresas deberán reportar en sus estados de información no financiera, de acuerdo a lo establecido en la Ley 11/2018, los porcentajes de mujeres en los Consejos y en la alta dirección, las políticas y estrategias vigentes para el aumento de esa participación, las medidas adoptadas en el período de reporte, los indicadores que utilizan para medirlo, el nexo entre la remuneración variable de los Consejeros con el progreso en estos indicadores y los valores monetarios y porcentuales de las remuneraciones, a nivel agregado de todos los Consejeros, resultantes de las medidas adoptadas.

Y un índice podría incluir las empresas que cumplen con esta recomendación de un código (¡con coraje!)  de buen gobierno.

III.           ¿Es el IBEX Gender Equality un índice para fondos ASG?

¿Se creó el índice para “empoderar a la mujer” o para aprovechar que el tema es de interés de la sociedad en general y de algunos inversionistas responsables en particular y de la gestora de BME? Creemos que es lo segundo, pero aun en ello presenta inconvenientes.

La industria de la inversión responsable está compuesta por millares de empresas e instituciones en la recopilación, agregación y distribución de información básica, productoras de estándares de reporte, empresas calificadoras, productoras de índices de sostenibilidad, consultoras en producción de informes, consultoras en agregación de información, consultoras en el uso de la información y medios de difusión, instituciones que producen premios y distintivos, entre otras instituciones, todos con fines de lucro, todos con objetivos de crezca el mercado, un gran número con conflicto de intereses con la sostenibilidad.

Algunos inversionistas responsables sí se preocupan de sus fondos sean canalizados a empresas responsables, en el sentido más amplio de la palabra, con el objeto de abaratar su costo de capital o de facilitarles recursos para emprender proyectos, productos, procesos y servicios responsables. 

Pero no todos los recursos de la inversión responsable se destinan a inversiones reales, que contribuyen a la sostenibilidad.  La inmensa mayoría de los fondos se destinan a los mercados financieros, donde unos compran y otros vender valores, sin que hay inversiones reales. Es el entorno en que se mueven los índices de sostenibilidad (ver los artículos ¿Tiene el financiamiento sostenible impacto sobre la sostenibilidad? Primera parte: Inversiones financieras y Segunda parte: Inversiones reales).

Y aun esto está degenerando más todavía.  Se está pasando de la “inversión socialmente responsable”, ISR, donde los inversionistas seleccionan los valores de acuerdo con criterios muy específicos, para promover la responsabilidad de las empresas, a la “inversión ASG”, de compraventa de valores que alguien ha etiquetado como tales, en base supuestamente a algunos criterios ambientales, A, sociales, S y de buen gobierno corporativo, G. Se está pasando de invertir en valores que se sabe lo que son, a valores etiquetados por terceros, para promover la circulación del dinero (ver ¿Es lo mismo Inversión Socialmente Responsable, ISR que inversiones ASG?).

Si bien hay fondos y valores etiquetados de acuerdo con criterios estrictos, lo más común son criterios muy parciales, muy vagos y a veces dudosos.  Es el greenwashing the la industria ASG (ver De la Responsabilidad Social a la Sostenibilidad, a la ASG: Lo bueno, lo malo y lo feo).

El índice IBEX Gender Equality es ilustrativo. Su objeto son los valores de empresas que tienen ciertos porcentajes de mujeres en los consejos y en la alta administración.  Pero ello es un mínimo aspecto de la G de Gobernanza, pero se le imputaría, consciente o inconscientemente toda la G y de paso habrá quienes lo incluyan en la lista de índices ASG, dando la impresión que tienen toda la A, toda la S, y toda la G, aun cuando solo tenga una mínima parte de G (ver ¿Tienen tus inversiones ASG “grado de sostenibilidad”?). El efecto aureola en operación (ver ¿Se puede manipular la reputación?: El efecto aureola).

Tal y como está conceptualizado, el índice puede incluir una empresa con 25% de mujeres en el consejo, 15% en la alta dirección, con una gran brecha de género, ser un gran emisor de gases de efecto invernadero y producir productos irresponsables (tabaco, armas, apuestas, etc.). Pero estará incluida en un “índice de sostenibilidad”. Y ya verán el boletín de prensa de la empresa y de la gestora anunciando su incorporación al índice.

El índice podrá usar el nombre sostenibilidad o el acrónimo ASG para valores que tienen una mínima o nula contribución a la sostenibilidad.

Y muy probablemente se reporte extensivamente sobre el rendimiento en bolsa del índice, en comparación con índice más generales como el IBEX 35 para demostrar que “la responsabilidad rinde”.  Veremos el titular “la inversión en empresas con más mujeres en el consejo rinden más (habrá que seleccionar cuidadosamente el período para el análisis).  Pero la comparación es superflua porque el índice no es representativo de “responsabilidad” y es también muy probable que la correlación entre ambos sea muy alta por la superposición de sus componentes. [6]

Pero lo importante no es si carteras basadas en el índice rinden más o menos (preocupación de los maximizadores de beneficios), lo importante es qué contribución hizo a la igualdad de género, como su nombre indica. ¿Alguna?

Las transacciones en esas empresas o en fondos basados en el índice pasaran a engrosar las estadísticas del avance exponencial de las inversiones ASG, sin que estos números indiquen una mejora en la sostenibilidad del planeta, solo en las transacciones en los mercados financieros.

Y es muy poco probable que la constitución del índice estimule el activismo de la industria de la inversión responsable para logar cambios, ya que se trata de una pequeña parte de la sostenibilidad empresarial.  Si hay activistas preocupados por el tema es muy posible que se preocupen por toda la S de social, y no solo por estos números.

¿Para qué sirven índices tan parciales y de tan mínimos requisitos de pertenencia? ¿Compensan sus virtudes los inconvenientes que acarrea para la reputación de la sostenibilidad empresarial, tal golpeada por el greenwashing?

  

APÉNDICE: Mi colección de arte callejero de Florencia.


[1] Recordemos que el número “precio” se puede cambiar por división (stock split) del número de acciones en circulación.  Si el precio es un número muy alto la empresa puede dividir las acciones en dos y por cada una vieja le dan dos nuevas, a un precio de la mitad. El precio de Apple se ha dividido cinco veces, en tres veces en 2, una vez en 7 y una vez en 4. El precio actual de unos $180, sería de unos $40,000 si no se hubiera dividido.  Si Apple formara parte del Dow Jones (cotiza en el mercado tecnológico del NASDAQ) su peso se habría multiplicado por 224.

[2] El estudio El índice ético FTSE4Good Ibex como alternativa para la gestión pasiva de carteras de inversión en España hizo una comparación entre la composición y el valor agregado del IBEX 35 y el IBEX FTSE4Good.

[3] A finales del 2021,Telefónica redujo el número de consejeros de 17 a 15, en cargos ocupados por dos hombres con lo que el porcentaje de mujeres subió al 38%.

[4] Colonial no lista los primeros nombres en sus consejeros de allí que por su sitio no se puede conocer este porcentaje.

[5] Sin embargo, a comienzos del 2022, el nuevo gobierno de Alemania considera retirar el veto que tenía a la imposición de la cuota. Afectaría a unas 5000 empresas de las mayores en Europa.

[6] El estudio mencionado arriba concluyó que la correlación entre aquellos dos índices era del 0,99 sobre el período analizado.

 

sábado, 8 de enero de 2022

Materialidad, doble materialidad y matriz de materialidad


Basado en un post en LinkedIn el 15 de diciembre del 2021 sobre doble materialidad, se suscitó un intercambio de opiniones con algunos alegando que el concepto de doble materialidad era redundante (la matriz de materialidad lo capturaba en sus dos ejes, uno lo que le importaba a los stakeholders y el otro lo que le importaba a la empresa) y el suscrito alegando que la materialidad, ni doble ni sencilla, se puede capturar en la matriz de materialidad (¡herejía!). Este artículo lo analiza.

El que la matriz captura la materialidad, y en particular la doble, parece razonable en principio, es lo que se representa.  Pero en función de la evolución del papel de la empresa en la sociedad y de la misma sociedad, se debe analizar con más profundidad, lo que nos llevará a cuestionar como se prepara la matriz de materialidad y lo que puede/debe ser su interpretación. ¿Que representan estos dos ejes?  Y veremos que la discusión refleja las posiciones competitivas de algunos productores de estándares de reporte. Pasamos revista a estos conceptos.

Es importante enfatizar que en este articulo tomamos la posición de la empresa, representada en un momento dado por sus dirigentes, y no la posición ni de los stakeholders, incluyendo shareholders, ni de los productores de estándares de reporte.  Esta la fuente de la confusión que trataremos de aclarar.

I.                Materialidad

Hay muchas definiciones de materialidad, siendo las más populares las de los diferentes estándares de reporte de sostenibilidad, que, junto con su definición de stakeholders, forman la base de lo que se debe reportar. Reproducimos solo las de los dos estándares más utilizados:

 

Iniciativa

Foco

Definición de materialidad

GRI

Stakeholders

El reporte debe cubrir aspectos que: a) reflejan los impactos económicos, ambientales y sociales significativos (en su influencia, tanto positiva como negativa de lograr su visión y estrategia) y b) influencian las evaluaciones y decisiones de sus stakeholders.”

SASB

Reguladores e inversionistas

[Aspectos materiales que…] “individualmente o en el agregado son importantes para la representación justa de la posición financiera y operacional de la entidad … [información que es] necesaria para que un inversionista razonable puede tomar decisiones de inversión debidamente informadas.

 

En general podemos decir que los aspectos materiales son los impactos que les importan a los stakeholders. En el caso del GRI los stakeholders son todos que pueden ser impactados, incluyendo los inversionistas.  En el caso del Sustainability Accounting Standards Board, SASB, el stakeholder es la situación financiera de la empresa, representada por los inversionistas. 

Pero en estas definiciones no está considerado lo que le importa a la empresa, a sus dirigentes. Parten del supuesto implícito de que lo que les importa es lo que le importa a los stakeholders, incluidos los inversionistas.  Pero pueden tener otros intereses. Es este supuesto, no cierto, es lo que da lugar a las diferencias entre los estándares de reporte, las diferentes definiciones de materialidad y las deficiencias de las matrices de sostenibilidad, dominadas por las necesidades de cumplir con reporte.  A la empresa le importa mucho más que el reporte, lo que es solo uno de los múltiples insumos para la determinación de la estrategia de la empresa.

Y aquí es necesario volver a hacernos la pregunta: ¿de quién es la empresa? La empresa se posee a sí misma. Los inversionistas no poseen a la empresa, solo poseen derechos a recibir dividendos, a vender sus acciones, y en algunos casos, menos comunes de lo que se piensa, de elegir a algunos miembros de consejo.  De allí que la materialidad para la empresa, para su gestión, debe considerar los impactos mencionados arriba, pero filtrados de acuerdo con su estrategia, a lo que le interesa. 

Esta supuesta herejía de la propiedad la habíamos analizado en detalle en el artículo: ¿De quién es la empresa? ¿Qué debe maximizar?. Se extrapola la idea que los inversionistas a veces pueden nombrar a algún consejero, a la generalización de que poseen control de la empresa.  Esto es solo cierto en los casos de empresas con un número reducido de accionistas, y que concuerdan en los objetivos de la empresa (algunas PyME, algunas empresas familiares y algunos startups en sus comienzos).

En este sentido es de enfatizar que el principal stakeholder de la empresa es ella misma y su interés por los demás stakeholders es consecuencia de esto.

Pero ¿qué le interesa a la empresa? ¿el impacto sobre los stakeholders en general?, ¿el potencial impacto que estos tienen sobre la situación financiera de la empresa? ¿o algo diferente, algo más y algo menos, de acuerdo con su estrategia? Es lo que responderemos a continuación

a.     Materialidad de ida (sobre los stakeholders)

Para cumplir con los esquemas de reporte y preparar la matriz de materialidad se distingue la materialidad de ida, o sea los impactos que las activades de la empresa tienen sobre los stakeholders. Esta es la definición que forma la base de la preparación de los informes bajo los estándares actuales del GRI. Los estándares anteriores del GRI consideraban la materialidad de ida y vuelta, pero fue cambiado en el 2021, presumiblemente para diferenciarse más de su competidor el SASB (ver mis artículos The New GRI Definition of Materiality: Forwards or Backwards? y Sustainability Reporting Standards: Time to Trade Competition for Collaboration).



b.     Materialidad de vuelta (sobre la empresa)

Constituyen los aspectos que tienen impacto sobre la empresa como resultado de la reacción de los stakeholders, que para muchos se refiere a impacto financiero. En este sentido, forma la base de los reportes de acuerdo con los estándares del SASB.  Para ello el SASB ha desarrollado 77 indicadores para cada uno de 11 sectores industriales, que supuestamente representan aspectos que pueden impacto, pero hay que enfatizar que no miden el impacto financiero, no son expresados en términos monetarios, sino que representan conceptos (por ejemplo, consumo de agua, emisiones de gases de efecto invernadero) que pueden tener impacto financiero, de acuerdo con su base de expertos, suponiendo que los inversionistas actúan en consecuencia en los mercados financieros.

c.     Materialidad de ida y vuelta (doble materialidad)

La doble materialidad reconoce que a la empresa le interesan ambos impactos, los que tiene sobre sus stakeholders y los que estos tienen sobre la empresa, que pueden ser financieros o no, medibles o no, en el corto y en el largo plazo.

La doble materialidad es el enfoque que está adoptando el grupo de trabajo que elabora los estándares de reporte de sostenibilidad, el European Financial Advisory Group (EFRAG), para la Unión Europea, UE (ver el informe preliminar) y que se espera aprobar a mediados del 2022.  Si bien se adopta el concepto para efectos de reporte, la UE tiene intereses más allá de la información, que es lo único que preocupa al GRI (ida) y al SASB (vuelta). La UE tiene intereses en el desarrollo social y económico de los países miembros, de allí que adopte una concepción semejante a la que le interesa a los dirigentes empresariales (ida y vuelta).[i]

II.             Matriz de materialidad

La matriz de materialidad es una herramienta que se suele incluir en los reportes de sostenibilidad, que pretende ilustrar gráficamente los aspectos que son materiales para la empresa y los que lo son para los stakeholders, en orden de impacto relativo.  El eje horizontal refleja los aspectos que la empresa considera materiales (supuestamente la materialidad de vuelta) en orden de importancia de izquierda a derecha, y el eje vertical los aspectos que la empresa percibe que son materiales para los stakeholders, en orden de importancia de abajo hacia arriba. Los puntos en el gráfico reflejan los aspectos que son comunes (¿son todos comunes?) y su posición (y a veces la magnitud de los puntos en el gráfico refleja la magnitud del impacto percibido). Dado que la empresa puede no poder atender todos los aspectos que son materiales para los stakeholders, se suelen priorizar los aspectos comunes que están en la posición noreste, de mayor importancia para ambos.

Y aun siendo un instrumento de reporte, es de recordar que los estándares actuales del GRI no requieren la preparación y presentación de la matriz de materialidad (ver los artículos de la gurú en reportes de sostenibilidad, Elaine Cohen, GRI Standards: Materiality: You’ve Been Doing It All Wrong y Why the materiality matrix is useless). Se continúa usando en buena medida porque se cree que necesario presentarla, por inercia y porque presenta un gráfico atractivo.  Sin embargo, es de destacar que su preparación contribuye a la gestión de la sostenibilidad y su presentación a la estructuración de los reportes de sostenibilidad.  En particular fuerza la identificación y consulta con los stakeholders, una introspección interna sobre sus impactos y lo que es material para la empresa, la coordinación y comunicaciones internas, entre otras contribuciones (ver la lista con viñetas en Informes de sostenibilidad: ¿Sirven para algo?).

No, no proponemos eliminarla. Es un instrumento de reporte y apoyo, pero nuestra posición es que como instrumento de gestión es incompleto. A continuación, analizamos esto y la materialidad que le interesa a la empresa para su gestión estratégica. Recordemos que estamos utilizando el punto de vista de la empresa.

III.           Materialidad para el reporte y materialidad para la estrategia

El reporte y la gestión de la sostenibilidad tienen diferentes objetivos y cubren diferentes necesidades lo que muchas veces se ignora o descuida y se pretende, quizás inconscientemente, que la matriz de materialidad sirva diferentes objetivos, que pueden no estar alineados. Es lo que analizamos a continuación.

Para entender mejor la diferencia entre doble materialidad para la gestión y lo que refleja la matriz es conveniente recordar (1) lo que le interesa a la empresa y, (2) lo que es la reacción de los stakeholders. En el primer caso recordemos la concepción moderna de la responsabilidad empresarial, la gestión de los impactos que tiene y que quiere tener, sobre stakeholders presentes y futuros, en el corto y largo plazo.  Por su visión de largo plazo le puede interesar tener impactos, a veces no conocidos por los stakeholders, y puede querer impactar otros stakeholders que ahora no lo son o que pasan desapercibidos. Estos impactos no están en la matriz de materialidad tradicional.

En el segundo caso los impactos de la empresa en sus stakeholders no necesariamente rebotan, no necesariamente producen reacciones que impactan a la empresa, de allí que tampoco estén en la matriz de materialidad, como comentamos más adelante. 

En resumen, aparte de la concepción tradicional, hay que notar que (1) hay impactos que le interesa tener a la empresa y (2) hay impactos que no les interesan a los stakeholders, que no están en la matriz de materialidad, pero que (1) sí forman parte de la materialidad de ida y (2) no forman parte de la materialidad de vuelta.

Y aquí es donde surge el problema del uso e interpretación de estos conceptos. En la matriz de materialidad, con el objetivo de reportar, lo que se diagrama es el impacto que tiene, pero no el quiere tener, sobre los actuales y futuros stakeholders, y lo que los stakeholders podrían reaccionar, no lo que reaccionan, y con un sesgo sobre el impacto financiero. La realidad práctica es otra. 

a.     Materialidad de ida, estratégica

A diferencia de la materialidad para el reporte, para la estrategia la empresa quiere identificar y gestionar sus impactos no solamente que tiene, sino los quiere tener y no solamente en sus stakeholders actuales, sino a los que pueda querer afectar, en función de lo que concibe es su papel en la sociedad. Es el querer hacer el mayor bien posible, no solo controlar impactos negativos o positivos resultantes del status quo. Por ejemplo, una empresa farmacéutica puede querer desarrollar medicamentos para enfermedades típicas de países de menor desarrollo, que no forman parte de su mercado, no solo como estrategia de comercialización (muy poco probable que sea rentable) sino como parte de su papel ente la sociedad y para ello invertir recursos en investigación y desarrollo.

b.     Materialidad de vuelta, estratégica

Es el aspecto de materialidad que más interés suscita entre los inversionistas, promotores de la responsabilidad (ponentes, gestores de activos, etc.) y dirigentes, estos últimos especialmente si tienen bonificaciones relacionadas con los resultados financieros.  Muchas veces el impacto financiero suele ser enfatizado y exagerado para atraer el interés de estos stakeholders hacia la sostenibilidad, es el llamado argumento empresarial, que la responsabilidad es rentable (ver ¿Cuál es el argumento empresarial de la RSE? y Mis nueve artículos sobre la tensión entre responsabilidad y rentabilidad).

Pero, si tomamos el punto de vista de que la empresa es el principal stakeholder, la materialidad de vuelta, estratégica, incluye además los aspectos que potencialmente pueden tener un impacto (financiero, reputacional, orgullo, etc.) y no solo en el corto plazo.  Y esta es una parte de la diferencia entre la materialidad de la matriz y la materializa estratégica.  A la empresa le interesa más que el simple impacto financiero de la reacción de los stakeholders que actúan en el corto plazo.

Consideremos el siguiente gráfico que pretende ilustrar de manera simplificada una tipología de los stakeholders. Por los nombres el lector puede apreciar que algunos stakeholders, aunque impactados no son de interés para la empresa, porque o no actúan o no tienen poder (por menos no tienen impacto financiero). Es posible que todos sean de interés en la identificación de la materialidad estratégica de vuelta, pero se puede apreciar por los nombres que algunos tienen diferentes potenciales de impactar diferentes aspectos y tiempos de las actividades de la empresa.

Algunos lo pueden hacer financieramente en el corto plazo (los que se suelen incluir en la matriz y que son objeto de reporte bajo los estándares SASB), otros pueden afectar la reputación en el largo, otros pueden no afectar a la empresa en ninguno de estos sentidos, pero la empresa puede querer afectarlos.  De allí que, aunque no tengan impacto de vuelta, la empresa quiere tener impacto de ida.

Y es la identificación de estos aspectos que tienen impacto real y tangible los que forman parte de la gestión de riesgos y oportunidades en la empresa.

 



Y un buen ejemplo de esto (y de la falacia de las calificaciones ASG) es McDonald’s.  La empresa contribuyó, directamente y a través de su cadena de valor a 54 millones de toneladas de emisiones en el 2019, más que Portugal o Hungría. Sin embargo, MSCI, la mayor empresa de calificaciones ASG (1500 índices con centenares de indicadores) considera que estas emisiones no constituyen un riesgo para la empresa por cuanto no son objeto de regulación, como puede ser el caso de las empresas de combustibles fósiles. Y yo añado que porque los consumidores no lo saben o sabiéndolo no actúan en consecuencia (en el gráfico anterior, en este aspecto, son los “discrecionales”, tienen legitimidad, pero no ejercen el poder). Por lo tanto, no considera las emisiones en sus ratings, pero sí los empaques, que tienen menor impacto social, pero que son objeto de regulación en algunos países. Según MSCI, y presumiblemente para la empresa que se guía por estos ratings, sus emisiones son irrelevantes porque ¡no afectan su beneficio neto! Como dicen los autores del artículo The ESG Mirage (El espejismo de la ASG) donde citan este ejemplo, “….no tratan de medir el impacto de la empresa en el mundo, lo que importa es si el mundo puede estropear los beneficios netos.

A los stakeholders con mayor impacto financiero puede no interesarles las emisiones, o sea que no son un aspecto material de vuelta, pero la empresa con visión puede querer reducirlas por lo que será un aspecto material estratégico de vuelta, aunque no esté en la matriz de materialidad.  Y hay que recordar que los estándares del SASB no son granulares, los indicadores son diseñados a nivel industrial agregado, por ejemplo, industria alimenticia, y no consideran la especificidad de cada empresa. Es posible que sí lo considere para este sector industrial, aunque para una empresa en particular no sea material (¡o por lo menos según la calificadora MSCI!).

IV.           En resumen: Matriz de materialidad y doble materialidad estratégica

Resumiendo, la doble materialidad estratégica no está reflejada en la matriz de materialidad tradicional para el reporte por, por lo menos, cuatro razones:

·       Concepción ampliada del papel de la empresa ante la sociedad: La empresa puede querer tener impactos no tradicionales y afectar a stakeholders futuros.  Puede querer contribuir a la sociedad más allá de no hacer el mal y más allá de hacer el bien via su negocio rutinario. Puede querer ampliar su ámbito de actuación para contribuir al mejoramiento de la calidad de vida. Puede tener interés más allá del impacto financiero. [ii]

·       Respuesta de los stakeholders: no todos los stakeholders actuales son materiales, no todos reaccionan, no todos tienen impacto sobre la empresa.

·       Granularidad: Las caracterizaciones generalizadas de los stakeholders no son conducentes a la definición e implementación de la estrategia de sostenibilidad. Consumidores, comunidad, inversionistas, entre otros, no son un bloque homogéneo, hay diferencias de intereses dentro de cada grupo de stakeholders, pero la matriz de materialidad no suele hacer diferenciación (ver Matriz de materialidad: Más allá del esquema tradicional). 

·       Interrelaciones entre impactos:  Los impactos que tiene y quiere tener la empresa no son separables nítidamente, suelen estar interrelacionados.  La matriz de materialidad no toma en cuenta estas interrelaciones y las posibles compensaciones ya que trata cada impacto como si fuera autocontenido. La mitigación de impactos negativos puede acarrear otros y la estrategia debe asegurar que hay una reducción neta (cuando se promovió la substitución de bolsas de plástico por bosas reusables de algodón se descubrió que el impacto ambiental, sobre el ciclo de vida, de estas últimas era mayor).

Algunos dirán que el problema no es de conceptos sino de que la matriz de materialidad no está bien preparada. Es posible.  Pero la realidad es que en la práctica es así, no se prepara con la conceptualización necesaria para guiar la estrategia de la empresa, que es supuestamente su objetivo, se prepara para cumplir con requisitos de reporte, que pueden no coincidir con las necesidades de la empresa.

Ni el reporte ni la posibilidad/necesidad de preparar un gráfico puede condicionar su estrategia, aunque aquello tenga muchas contribuciones positivas.

Siendo el principal stakeholder de la empresa la empresa misma, esta debe velar por sus impactos, por su sostenibilidad en el largo plazo, financiera, social y ambiental y para ello necesita desarrollar e implementar estrategias que sirvan para estos fines y la materialidad relevante es la estratégica, no la reporte. 



[i] Es de notar que el 68% de los analistas financieros, que se esperaría se concentrasen en la materialidad de vuelta, la del impacto financiero, opinaron en una encuesta (Survey of CFA Institute Members on Latest ESG Matters) que se debe reportar la doble materialidad, que ellos llaman materialidad financiera (vuelta) y materialidad de impacto (ida).

 [ii] Los escépticos dirán que estos dirigentes no durarán mucho.  Yo diré que depende del poder de algunos accionistas claves. Es más fácil sobrevivir a esto en empresas con accionariado concentrado que muy disperso. Véanse los artículos ¿Valoran los accionistas los beneficios a la sociedad? El caso Danone, ¿Pueden las empresas responsables resistir los embates de los activistas financieros?,  ¿Pueden las empresas certificadas como responsables cotizar en bolsa? y ¿Quién gana cuando la responsabilidad compite contra la rentabilidad?.