sábado, 28 de marzo de 2020

Impacto de la crisis en la responsabilidad empresarial




Impacto de la crisis en la responsabilidad empresarial



La actual crisis tiene un severo impacto sobre la salud de las personas, pero además, con la reducción de la actividad económica, tiene un gran impacto sobre las empresas, sobre todo sobre las de menor tamaño relativo.  Como consecuencia de los cambios sin precedentes, es de esperar que el comportamiento de las empresas se vea alterado.  En esta encuesta queremos conocer tu opinión sobre como cambiará ese comportamiento en lo referente a su responsabilidad ante la sociedad.


Para los efectos de esta encuesta piensa en empresas de relativo mayor tamaño, aquellas con actividades significativas sobre la responsabilidad social.  Es de esperar que las PyME, casi sin excepciones, concentrarán sus esfuerzos superar la crisis, en su supervivencia financiera.

Te ruego responder esta breve encuesta.  Te debe tomar menos de 5 minutos.

GRACIAS!

El virus de la justicia poética

(artículo excepción a temas de RSE)

El virus de la justicia poética

Francesco Morace, Sociólogo
(mi traducción del italiano)


Podemos llamarlo el virus de la justicia poética.
Potencia invisible en la era de visibilidad.
Amenaza la respiración, pero mejora la calidad del aire
Confina a las familias, pero devuelve a los padres el papel de educadores
Relativiza la inteligencia artificial, reivindicando el mundo animal más selvático
Ridiculiza las opiniones populares valorizando la competencia de los expertos
Penaliza el contacto físico demostrando su insostenibilidad
Elimina los excesos dando fuerza a lo esencial
Favorece el trabajo inteligente, aclarándole los límites de la inteligencia
Elimina las excusas masculinas purificando el papel de lo doméstico
Aísla a las personas mostrando la necesidad de la reciprocidad
Desarma la discriminación selectiva alimentando la conciencia sistémica
No creo en el castigo bíblico, pero Dante era un genio.


domingo, 22 de marzo de 2020

Por qué The Economist y Warren Buffett están equivocados



En diciembre del 2019 The Economist y el billonario inversionista Warren Buffet expresaron opiniones sobre el papel de la empresa en la sociedad.  Pero están equivocados, como demostraremos a continuación.

I.                Sus opiniones

The Economist dice que la responsabilidad fiduciaria del CEO es hacia los accionistas: “Si hubiera una recesión los CEO activistas tendrían muchas dificultades en reconciliar los intereses de los empleados con su responsabilidad fiduciaria hacia los accionistas”.  Ello sugiere que en caso de conflicto entre los intereses de los empleados y los de los accionistas, los dirigentes deberían priorizar a los accionistas. empresa (Bosses will pay a price for mixing politics and corporate values).

Y el billonario y famoso inversionista, Warren Buffett concuerda: “Las empresas no deben imponer sus creencias sobre lo que creen es mejor para la sociedad a sus inversionistas….es el dinero de los accionistas”. 

II.             Breve lección de gobierno corporativo

Para entender porque estas dos opiniones son equivocadas es necesario hacer un breve repaso de las normas del gobierno corporativo de las empresas que cotizan en bolsas de valores y que están reguladas no sólo por códigos de comercio sino además por las legislaciones y regulaciones de los mercados de capitales y supervisadas por Comisiones de Valores.  No nos referimos a las empresas con pocos inversionistas o empresas familiares ya que estas se suelen regir solamente por el Código de Comercio (regulaciones básicas) y por los estatutos de la misma empresa que, en estos casos, pueden ser cambiados con facilidad para adecuar los objetivos de la empresa a las voluntades de sus pocos dueños.

Las empresas son personas jurídicas, creaciones de las leyes, persona ficta, que les confieren ciertos derechos y deberes de forma semejante a las personas naturales, aunque, obviamente sus características son muy diferentes. Es necesario destacar estas características básicas para entender nuestra argumentación.
  • ·   La empresa se constituye de acuerdo con las legislaciones y regulaciones de un país (o jurisdicción) determinado, y pasa a ser una persona jurídica, donde la responsabilidad por su actuación es “anónima”, es de esa persona jurídica, no es de sus accionistas que no tienen responsabilidad legal alguna sobre sus actuaciones.
  • ·    La empresa se posee a sí misma y esta es una realidad que cuesta mucho entender. [1]
  • ·   La empresa debe perseguir los objetivos que se establecen en sus estatutos, normalmente aprobados por los accionistas originales que constituyen la empresa, modificados con el acuerdo de los accionistas vigentes en el momento de las modificaciones.  Estos sí tienen el poder de cambiar los estatutos, de acuerdo con el proceso que establezcan las leyes y regulaciones, y será por consenso de la mayoría o que establezcan los mismos estatutos.
  • ·   La empresa emite acciones que se transan en mercados desarrollados entre diferentes personas e instituciones. Pueden hacer emisiones de nuevas acciones ya sea para su constitución inicial (normalmente en mercados privados), ya sea para aumentar su capital o diversificar la base de accionistas (normalmente en mercados públicos).
  • ·   Las acciones dan derechos a sus poseedores en función de lo que les otorguen las leyes y regulaciones.  Los más comunes y básicos son los derechos a recibir dividendos, a recibir los resultados de la liquidación de los activos en caso de cierre o de adquisición por otra empresa.
  • ·   Tienen además el derecho de participar en la elección de los miembros del Consejo, aunque esto depende de la estructura del accionario de la empresa y de la legislación vigente, que determinan el porcentaje de votos que se requiere para el nombramiento de un consejero.  En muchos casos, es difícil lograr los consensos necesarios y existe inercia en la composición del Consejo. 
  • ·   Algunos países tienen legislaciones que permiten diferentes tipos de acciones con diferentes poderes de votación, incluso la figura de las “non voting shares”, acciones con derecho a dividendos, pero sin derecho a voto.  Por ejemplo, Facebook tiene dos tipos de acciones A y B. Las A son las que se transan en bolsa y conllevan un voto por acción. Las B son poseídas por un grupo restringido de accionistas (fundadores y algunos dirigentes) y conllevan 10 votos por acción, lo que le confiere a Mack Zuckerberg el poder absoluto sobre la empresa. Las acciones B controlan el 70% de los votos.
  • ·   Los accionistas no son dueños de la empresa, no tienen derechos sobre los activos de las empresas, solo tienen derecho la cuota parte que les corresponda de las ganancias que decidan repartir los miembros del Consejo.
  • ·   No tienen el derecho a intervenir directamente en la gestión de la empresa, por ejemplo, pidiendo el pago de dividendos, u otras acciones como la distribución de reservas liquidas, lo que compete al Consejo Directivo.
  •     Algunos accionistas activistas tratan de influenciar estas decisiones, pero deben hacerlo vía la Asamblea General de Accionistas, que el Consejo puede rechazar.  Para logar sus intenciones deberían tener suficientes consejeros que estén de acuerdo con ello y puedan demostrar que ello va en el interés de todos los accionistas.
  • ·   El Consejo Directivo tiene responsabilidades fiduciarias en la gestión de la empresa, que en general, están determinadas por el principio de la actuación de la persona prudente, haciendo lo que supongan que va en el bien de la empresa y en ningún caso en el bien de algunos de ellos o de algunos accionistas, lo que sería una corrupción. Pueden tomar en cuenta los intereses de otros stakeholders si creen que ello promueve los mejores intereses de la empresa.
  • ·   Sus miembros pueden representar a grupos de accionistas, pero la responsabilidad de los miembros es hacia la empresa, la persona jurídica, no hacia los accionistas que los nombraron. Lo que sucede en muchos casos es que los miembros del Consejo pueden tener miedo al poder de alguno de los accionistas y no actúen en función de los intereses de la empresa, pero ello es una anomalía, es una negligencia de su responsabilidad fiduciaria (veremos el caso de Warren Buffett más abajo).
  • En condiciones estacionarias, las más comunes, donde la empresa no requiere de aumentos de capital, de nuevos accionistas, lo que sucede es que miles, o millones, de acciones, cambian de propietario diariamente. Los accionistas cambian continuamente, pero ello no afecta directamente a la empresa, son transacciones entre personas y/o instituciones, la empresa no recibe dinero alguno (salvo en el caso muy poco común de que venda acciones que posee de sí misma). Unos compran otros venden.
  • Los accionistas compran y venden las acciones en los mercados de capitales y su horizonte de tenencia suele ser de muy corto plazo (salvo algunos inversionistas institucionales, como fondos de pensiones que tienen objetivos de más largo plazo. En promedio de tenencia en la bolsa de Nueva York es de cuatro meses (pero la del fondo 500 de Vanguard es de 33 años).
  • En general se habla de los accionistas como si fueran un grupo homogéneo con objetivos comunes, pero son un grupo muy diverso, tan diverso como lo pueden ser los demás stakeholders.  Es cierto que pueden tener en común que prefieren más dinero a menos, pero su visión sobre como obtenerlos y el periodo de tiempo puede variar.  En general cada empresa suele atraer un tipo de accionista que concuerda con sus objetivos, pero siempre habrá algunos que buscan solamente el beneficio a corto plazo.
  • El accionista no es responsable por lo que haga la empresa mientras posea las acciones, hay separaciones de poderes. [2]  La empresa es responsable de sus acciones, ergo los accionistas no pueden determinar sus objetivos, salvo vía los estatutos o a través de resoluciones en las Asambleas Generales de Accionistas si se logran los acuerdos entre ellos, de acuerdo con lo establecido en los estatutos y en la legislación correspondiente. Si un accionista no está de acuerdo con la gestión de la empresa, deberá logar el acuerdo de un grupo suficientemente grande como para lograr el cambio (lo que hacen algunos accionistas activistas), pero lo más común es que venda sus acciones e invierta en las empresas con cuyos objetivos concuerda.
  • El capital de la empresa es, mayormente, el resultado de sus operaciones, las ganancias retenidas, de los aumentos de capital subsecuentes y en parte de los aportes iniciales.  Para las empresas maduras la mayor parte de su capital contable es producto de sus operaciones, no de aportes de los accionistas, sean iniciales o de aumentos de capital. Los accionistas que se dicen dueños no han aportado recursos a la empresa, se los han dado a los accionistas a los que le han comprado las acciones. Esto es algo que no es suficientemente entendido.
  • El valor de las empresas cotizadas en bolsa suele reflejar el potencial futuro de pagar dividendos, no el valor en libros, que suele ser mucho menor. Aquel es el resultado en buena parte del valor de los intangibles, que incluyen entre otros el valor del capital humano, del capital intelectual, del capital natural, del capital social y relacional y de la reputación. Para las empresas del índice S&P 500 los intangibles representaban el 84% del valor de mercado (2015).  En buena parte es el resultado de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad (tres de los cuatro capitales mencionados) y que no están reflejados en los libros contables.
  • Las empresas que cotizan en bolsa tienen un horizonte de operación infinito, no son creaciones temporales, no tienen el objetivo de cese de actividades en un momento predeterminado, de allí que su visión sea (debe ser) de largo plazo.


III.           Algunas legislaciones sobre las responsabilidades fiduciarias de los consejeros

Sin embargo, aun a pesar de estar estas responsabilidades claras, existen sesgos en la práctica:

  • En ninguna legislación se establece que el objetivo de la empresa debe ser la maximización de los beneficios a los accionistas.  Sin embargo, muchos consejeros y altos directivos actúan como si esa fuese su responsabilidad fiduciaria.
  • Este sesgo ha sido desarrollado y perpetuado por la educación en las escuelas de negocios y facultades de economía, en buena parte por su simplicidad explicativa.  Es mucho más fácil enseñar como operar con un solo objetivo que con varios, que pueden ser conflictivos entre sí.
  • Es fomentado por accionistas activistas que sí persiguen esos objetivos y tratan de imponerlos a la empresa a través del nombramiento y/o remoción de consejeros y altos directivos, muchas veces con el objeto de hacer subir el precio de las acciones para luego venderlas.  Suelen tener objetivos cortoplacistas.  Y los consejeros, en violación de su responsabilidad fiduciaria, en algunos casos persiguen los intereses de los accionistas en detrimento de los de la empresa

Ni siquiera en las legislaciones en el parangón del capitalismo, EE. UU., se establece que el objetivo de la empresa es la maximización de beneficios.  En ese país las empresas se rigen por las legislaciones correspondientes de los estados en que se constituyen y lo más común es dejarlo al criterio de los consejeros, siguiendo el principio de la gestión prudente. En el peor de los casos se establece el principio de la “dualidad” con el que la responsabilidad de los consejeros es hacia la empresa y hacia los accionistas, al mismo nivel, pero en ninguna jurisdicción se establece que la responsabilidad hacia los accionistas es superior a la que tienen con la empresa.

Un estudio sobre las legislaciones en 20 países, sobre la responsabilidad fiduciaria de los consejeros ante los stakeholders las calificó en cuatro grupos: [3]


  • ·   Explícitamente requerido. Por ejemplo, en Brasil donde la responsabilidad hacia un amplio grupo de stakeholders es un requerimiento vinculante, no sugerido.
  • ·   Explícitamente permitido. Por ejemplo, en el Reino Unido y China donde las responsabilidades hacia la sociedad y algunos stakeholders especificados debe ser considerada.·
  •      Permitida bajo interpretación. Por ejemplo, en EE.UU. donde el criterio de la gestión prudente otorga libertades para considerar los intereses de los stakeholders.
  • ·    Pasivamente permitido. Por ejemplo, en Colombia donde la consideración de los intereses de los stakeholders no está ni prohibido ni discutido en la legislación.


Pero para eliminar posibles confusiones, darles claras instrucciones a sus consejeros y protegerlos de posibles presiones o demandas legales por parte de algunos accionistas, las empresas pueden establecer esas responsabilidades fiduciarias en sus estatutos. Esto es más factible al momento de la creación de la empresa y puede ser muy complejo logar el consenso en una empresa madura.  Al no contradecir las legislaciones vigentes son legalmente válidas. Adicionalmente, aclaran a los futuros inversionistas cuáles son sus objetivos y prioridades en caso de quieran invertir en la empresa. En algunos países lo facilitan aún más al establecer la figura legal de “empresa por beneficios”, en las que se deben balancear los rendimientos financieros y las contribuciones al bien de la sociedad. [4]

IV.           Porque están The Economist y Warren Buffett equivocados

Si bien las legislaciones sobre la responsabilidad fiduciaria de los dirigentes son claras, aún hay personas e instituciones prominentes que no lo comparten.  Por ejemplo, el prestigioso periódico, The Economist dice que la responsabilidad fiduciaria del CEO es hacia los accionistas: “Si hubiera una recesión los CEO activistas tendrían muchas dificultades en reconciliar los intereses de los empleados con su responsabilidad fiduciaria hacia los accionistas”.  Ello sugiere que en caso de conflicto entre los intereses de los empleados y los de los accionistas, los dirigentes deberían priorizar a los accionistas.  La realidad legal es que deben priorizar los intereses de largo plazo de la empresa como unidad, y si ello requiere reducir el personal, deberán hacerlo, pero no para satisfacer a los accionistas o mantener sus dividendos, sino porque es lo que consideran que es lo más conveniente para la empresa (Bosses will pay a price for mixing politics and corporate values).

Y el famoso inversionista, Warren Buffett concuerda: “Las empresas no deben imponer sus creencias sobre lo que creen es mejor para la sociedad a sus inversionistas….es el dinero de los accionistas”.  Esto es también una falacia. Los dirigentes, a través de las empresas, no imponen creencias a la sociedad, actúan de acuerdo con sus creencias de lo que es mejor para la empresa, que en muchos casos es lo que le conviene a la sociedad.  Y el dinero no es de los accionistas.  Los accionistas compraron los derechos a recibir dividendos, votar por miembros del Consejo, etc. al comprarle las acciones a otros accionistas que las poseía, el dinero no lo recibió la empresa, lo recibieron los vendedores de las acciones. 

Solo en el caso de las emisiones iniciales o de aumentos de capital (poco frecuentes) los accionistas aportan recursos a la empresa para que esta los invierta.  Pero aun en este caso los derechos que adquieren son los mimos.  No tienen derecho a exigir que la empresa haga lo que algunos de ellos quieren.  El Sr. Buffett suele poseer porcentajes significativos en algunas de las empresas en las que invierte lo que le da el poder legal, si logra los porcentajes requeridos, o de persuasión (que lo usa) de que los consejeros se alineen con sus objetivos. En estos casos tiene el poder de cambiar miembros del Consejo o de perturbar el precio de las acciones en el mercado al hacer amenazas para que la empresa haga lo que él quiera.  Pero ello no cambia lo que debe ser la responsabilidad fiduciaria de los consejeros, pero si como la perciben.  

Ambos argumentan que la empresa no tiene una responsabilidad ante la sociedad, que la tiene ante los accionistas.  La realidad legal es que las empresas tienen la responsabilidad de hacer lo que es mejor para sí mismas, lo que, para muchas empresas en el corto plazo y para todas en el largo, coincide con lo que es mejor para la sociedad.


V.              ¿Pero, ejercen los miembros del Consejo sus responsabilidades fiduciarias?

A pesar de todo esto, muchas empresas son gestionadas como si los beneficios financieros en el corto plazo fueran lo más importante.  Podría alegarse que lo hacen en violación de su responsabilidad fiduciaria, tal y como ha sido detallado antes.  Y el caso de Warren Buffett es paradigmático.

Lo que sucede es que es muy difícil demostrarlo porque los stakeholders son muchos, no son homogéneos y pueden tener objetivos contradictorios entre sí.  Y es algo que solo es evaluable en el largo plazo, no en el presente. El balance es muy difícil de lograr.   Imposible llevarlo a una corte legal, pero no imposible hacerlo en la corte de la sociedad, de los consumidores, de los empleados, etc.

Pero también debemos recordar que sin rendimientos financieros la empresa no tiene continuidad y no puede atender a los demás stakeholders.  Pero ello no obsta para que sea su único objetivo.

De allí que en la práctica se tienda a hacer lo que dicen The Economist y Warren Buffett. Pero están equivocados.



lunes, 9 de marzo de 2020

Variedad de puntos de vista sobre la RSE o porque nunca la lograremos



I.                Volando alto y bajo

Si observamos lo que sucede alrededor de la RSE desde un punto de vista imparcial, elevándonos a cientos de metros de la tierra, viendo todas las partes, empresas, consumidores, gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, consultores, centros de enseñanza, etc. posiblemente veríamos que cada uno va por su cuenta, un enjambre de posiciones diferentes  Si la miramos desde la tierra, la perspectiva se reduce mucho y posiblemente vemos esfuerzos de múltiples partes donde cada una de ellas esta tan absorto en lo que hace que parece homogéneo, compacto, coherente.. 

La adopción casi universal de este punto de vista terrestre nos ha impedido ver que ello es un obstáculo en sí mismo para la RSE, pro encima de las dificultades, obstáculos, omisiones, prejuicios, etc. ya inherentes en el tema.   

Si la miramos desde muy arriba, con una visión global, podremos apreciar la existencia de no menos de tres grandes puntos de vista, tres maneras de ver lo que pasa con la RSE, tres grandes mundos, lo que puede explicar que nunca nos pondremos de acuerdo y el tema de la RSE se mantendrá en discusión constante, con desacuerdos.

II.             Tres visiones de la RSE

El primer punto de vista sobre la RSE es el de los productores de responsabilidad, las empresas. Aquí no me refiero a su opinión de lo bien que lo hacen, sino de cómo ven o perciben a la RSE.  Para muchas empresas son una serie de actuaciones en respuesta o en anticipación sobre lo que creen quieren sus stakeholders y dirigentes.  Para la gran mayoría es un conjunto de actividades especificas a su empresa y su entorno que tienen el denominador común de no hacer daño y tratar de hacer el bien. No es que esta manera de ver la RSE sea equivocada, es que es incompleta por cuanto, para muchas empresas es improvisada, reactiva, incoherente.  No hay un consenso entre las empresas en lo que se refiere a cuál debe su responsabilidad en el contexto en que opera, hay muchas opiniones.

El segundo punto de vista es el de los promotores de la responsabilidad, incluidos nosotros los “expertos”, y los que la promueven dentro de la empresa, los académicos que investigan, escriben y enseñan, la industria de la promoción, que va desde instituciones como las Naciones Unidas y sus objetivos de Desarrollo Sostenible y las empresas de comunicación y consultoría, con sus intereses en que se produzcan mayor numero y más extensos informes de sostenibilidad, pasando por las instituciones que promueven lineamientos o reglas para el reporte de información, entre otros.  Cada uno persigue sus intereses, personales, reputacionales, pero sobre todo los monetarios, al tiempo que se critica a las empresas por priorizarlos. Y en todo ello hay gran diversidad de opiniones y versiones, por ejemplo, sobre como informar (múltiples esquemas competitivos de reporte), enfoques parciales competitivos (valor compartido, economía circular, capitalismo de los stakeholders, entre muchas otras).  Hay una carrera en proponer diferentes nombres o concepciones a ver si salimos ganadores y la nuestra obtiene aceptación. [1]

El tercer punto de vista es el de los consumidores de responsabilidad, el resto de la sociedad, los que la usamos para tomar decisiones de compra (consumidores), de empleo (trabajadores actuales y potenciales), de promoción y regulación de la actividad comercial (gobiernos), monitoreo y denuncia (ONG), difusión (los medios que difunden verdades y mentiras), los consultores, para ganarse la vida y el suscrito, para poder escribir los artículos de este blog, entre muchas otras partes.  Lo que este grupo tiene en común es la diversidad de intereses y opiniones, y en algunos casos la indiferencia o incompetencia, ya que tienen muchas otras prioridades y preocupaciones para sobrevivir en la vida cotidiana como para preocuparse de ello,  y la ignorancia de lo que hacen las empresas (en el mejor de los casos se enteran de lo que les dicen, lo que les conviene), no saben lo que deben exigir como responsabilidad empresarial.  Y aun sabiéndolo son muy pocos los que actúan y logran algún impacto.  Es un punto de vista que debería tener un frente común, pero que es muy desarticulado como para lograr cambios en el camino a seguir, sobre el cual ni siquiera hay consenso.

Esta tipología no es hermética ni es completa, es solo una caracterización del problema de la atomización de la percepción de la responsabilidad empresarial y de cómo implementarla.  Hay superposición entre los tres puntos de vista: como empleado tengo una visión de mi empresa y a lo mejor de nuestros competidores, pero también soy consumidor y puedo tener ideas sobre lo que deberían hacer otras empresas y puedo ser consumidor y experto con diferentes puntos de vista según el papel que desempeñe en ese momento.

Vistos desde arriba, estos puntos de vista parecen un movimiento browniano (para los que no son muy de la física, digamos que parecen “correr como pollos sin cabeza” o parecen un enjambre de abejas).  Desde la tierra, con menos perspectiva, pueden parecer grupos (puntos de vista) homogéneos, hasta que nos adentramos en ellos.




Pero lo importante de todo esto es que no solo no hay consenso intragrupo, es que no lo hay entre grupos. Dentro de cada uno de los grupos, cada subgrupo (decenas o miles de ellos) no tienen una idea generalizable de lo que debería ser la responsabilidad de la empresa, aunque pueda haber algunos puntos de encuentro. Y al contrastar esta diversidad de visiones dentro de un grupo, con las de los otros grupos nos damos cuenta de que tampoco hay consenso, aunque, de nuevo, puede haber elementos comunes.

Para ilustrarlo consideremos dos excepciones, el cambio climático y reciclaje.  En estos casos es muy posible que haya armonización entre los diferentes puntos de vista, y ello ilustra, por contraste, lo lejos que estamos de la visión holística en el resto de los temas.

III.           ¿Reconciliables?

Parte del problema es que en la práctica los puntos de vista son relativamente impermeables entre sí, hay muy pocas interacciones, cada uno vive en su mundo, en su torre de marfil, y en muchos casos hasta parece que hablan idiomas diferentes.  Mejoraría la implantación de la RSE si se intensificaran estas interacciones.  Si los presidentes de empresa trabajaran algún tiempo en una ONG de reducción de la pobreza; si el director de una ONG estuviera a cargo, por un tiempo, de la comercialización de un producto con fines de lucro; si hubiera más sociólogos y antropólogos dentro de las empresas y más MBA en las ONG; si las escuelas de negocios mirasen a la sociedad como el objeto de la actuación empresarial y no solo a los dueños; si los ingenieros entendieran que no todo tiene solución cuantitativa; si los economistas priorizaran en el análisis de las decisiones no solo la eficiencia económica sino además la justicia social, considerando todos los costos y todos los beneficios, medibles o no; si si los dirigentes entendieran que no todo lo que cuenta se puede contar, ni todo lo que se puede contar cuenta; si los abogados de la empresa consideraran los beneficios de las actuaciones responsables y no solo los potenciales riesgos legales; si los profesores de economía y finanzas hicieran voluntariado en ONG; si la remuneración de los consultores estuviese ligada a la efectividad de sus recomendaciones; si la remuneración de los dirigentes estuviera ligado al impacto en la sociedad de sus decisiones y no solo a los beneficios monetarios; si, si, si ………El lector puede añadir sus ideas de interacción, para vencer los silos.

¿Podremos avanzar en la RSE para el beneficio de todas las partes, si cada uno se mira al ombligo, si cada uno promueve sus intereses individuales?

¿Son estas diferencias irreconciliables?

Querido lector, ¿cree Ud. que ante escenario vamos a alguna parte? 



[1] Los casos más dramáticos son la promoción del concepto de Creación de Valor Compartido y la estrategia de la Economía Circular promovidos vigorosamente como alternativas a la RSE, aun cuando son conceptos muy inferiores. Ver ¿Qué comparte Nestlé: el valor creado o el valor destruido? Y  La economía circular: ¿Innovación o reciclaje? respectivamente, y una comparación en ¿En que se parecen la Economía Circular y la Creación de Valor Compartido?

sábado, 15 de febrero de 2020

¿Aprobarías este examen sobre el papel de la empresa en la sociedad?



El prestigioso periódico de negocios, el Wall Street Journal, publico un artículo de opinión el 12 de febrero, escrito por el CEO de Roivan Sciences, Vivek Ramaswamy, que ha dado mucho que hablar: The ‘Stakeholders’ vs. the People (Los stakeholders versus el pueblo)(sólo disponible por subscripción, pero, irresponsablemente, lo incluimos al final).

El artículo cuestiona el movimiento hacia la ampliación del propósito de la empresa más allá de la maximización de beneficios para sus accionistas hacia la inclusión de los intereses de otros grupos de stakeholders, en respuesta al interés que se despertado recientemente sobre el propósito de la empresa (ver Propósito, propósito, y más propósito: ¿La solución a los problemas de responsabilidad?) representado por la Declaración del Business Roundtable, suscrita por 181 CEO de las mayores empresa de EE.UU. (ver El propósito de la empresa responsable: ¿Punto de inflexión? ¿Se consolida?), de la presentación del Manifiesto Davos2020, sobre el Capitalismo de los Stakeholders, en la cumbre de las élites en Davos, Suiza, en enero del 2020 (ver Capitalismo de los stakeholders” surge de Davos: ¿en serio?) y de últimas tres las cartas abiertas a sus colegas por parte de Larry Fink el CEO del fondo de inversiones más grande del planeta (Mucho ruido, pocas nueces: Activismo de fondos de inversión).

Examen:  ¿Cuál es el papel/responsabilidad de la empresa ante la sociedad?

Aprovechamos este controversial artículo para proponerle al lector un examen sobre el papel/responsabilidad de la empresa ante la sociedad, y de paso ilustrar como leer un artículo con sentido crítico.  Para ello, reproducimos partes claves del artículo sobre las cuales le formulamos las preguntas al lector. Al final del artículo ofrecemos nuestras opiniones, pero no deben ser leídas hasta que no haya ensayado sus respuestas.
 

Dice: “El capitalismo de los stakeholders exige que las empresas y sus líderes jueguen un papel fundamental en la determinación de los valores centrales de la sociedad.  Pero para que las empresas persigan intereses sociales en adición a los intereses de los accionistas, las empresas primero deben definir cuáles deben ser estos intereses de la sociedad.  Esto no es un juicio empresarial, es un juicio moral.

Pregunta #1: ¿Determinan las empresas los valores centrales de la sociedad? ¿Es necesario que las empresas definan cuales deben ser los intereses de la sociedad para poder jugar su papel?

Dice: “No quiero que los capitalistas jueguen un mayor papel en la definición e implementación de los valores sociales y políticos del país. Creo que ello debe ser determinado por la ciudadanía…..Los funcionarios elegidos democráticamente, no los CEO o los directores de fondos de inversiones son lo que deben liderar el debate sobre los valores que definen al país.

Pregunta #2: ¿Corresponde a los gobernantes liderar el debate sobre los valores que definen al país o corresponde a la sociedad elegir gobernantes que reflejen los valores de esa sociedad?

Dice: “Pero estos líderes empresariales no tienen capacidades especiales para decidir si un salario mínimo para los trabajadores en el país es más importante que el pleno empleo o si la minimización de la huella de carbono de la sociedad es más importante que la subida de precios de bienes de consumo. (El autor supone que son mutuamente excluyentes, que el salario minino impide el pleno empleo y que la reducción de emisiones conlleva subidas de precios de los productos).

Pregunta #3: ¿Se requiere que las empresas tomen decisiones de priorización relativa de políticas económicas para definir su papel en la sociedad? ¿o debe la empresa adaptar su papel a lo que percibe son las expectativas y necesidades de la sociedad a las que puede contribuir? 

Pregunta #4: ¿Es parte del papel/responsabilidad de las empresas, a nivel de colectivo, el buscar influenciar políticas nacionales y supranacionales, en lo que creen son las expectativas de la sociedad, o debe limitarse a su ámbito directo de acción?


 PIENSA EN TU OPINIÓN ANTES DE SEGUIR





PIENSA EN TU OPINIÓN ANTES DE SEGUIR






Mis opiniones

En realidad, no se trata de aprobar o reprobar el examen.  No es tema de ciencias naturales, es de ciencias sociales y en ello puede haber diversidad de puntos de vista.  Lo que si podemos alegar es que hay puntos de vista más internamente consistentes, más cerca del consenso. De allí que prefiero llamarlas “mis opiniones” y no “las respuestas”.

Pregunta #1: ¿Es necesario que las empresas definan cuales deben ser los intereses de la sociedad para poder jugar su papel?

No, todo lo contrario, las empresas deben considerar cuales son los intereses que la propia sociedad ha definido.  No compete a las empresas, no es parte de su papel en la sociedad el definir cuales son los intereses de la sociedad, ni cuales deben ser sus valores.  Es la sociedad la que determina sus valores, a través de su evolución histórica, de sus circunstancias, de sus instituciones, de sus líderes, etc..  Compete a las empresas apoyar esos intereses en la medida que ello es compatible con sus propios valores e intereses. La empresa debe llevar a cabo sus actuaciones en función de esos valores de la sociedad.  

Pregunta #2: ¿Corresponde a los gobernantes liderar el debate sobre los valores que definen al país o corresponde a la sociedad elegir gobernantes que reflejen los valores de esa sociedad?

No, no compete a los gobernantes liderar el debate sobre los valores que definen al país, salvo que la sociedad sea relativamente subdesarrollada.  Es la sociedad la que elige a los gobernantes, o debería elegirlos, que sean compatibles con sus valores.  Claro está que “la sociedad” no es homogénea y hay diversidad de opiniones y variantes sobre sus valores, aunque debería haber un conjunto de valores nucleares, comunes.  Es cierto que los gobernantes (supuestamente) representan los intereses de la sociedad, pero no es universalmente cierto que son más competentes que los líderes empresariales para estos propósitos.  Ambos tienen intereses que pueden conspirar contra la promoción de los valores de la sociedad, unos en la perpetuación en sus cargos y beneficios personales, otros en la obtención de beneficios monetarios.

Pregunta#3: ¿Se requiere que las empresas tomen decisiones de priorización relativa de políticas económicas para definir su papel en la sociedad? ¿o debe la empresa adaptar su papel a lo que percibe son las expectativas y necesidades de la sociedad a las que puede contribuir?

No, la empresa no tiene entre su papel/responsabilidad ante la sociedad el elegir entre objetivos conflictivos a nivel agregado de la economía.  En todo caso le corresponde promover aquellos que sean compatibles con los suyos, en función del papel que quiere jugar.  No tiene porque abogar por un salario mínimo para toda la economía, pero puede querer hacerlo en su empresa. También pueden querer reducir su huella de carbono, aunque ello conlleve a un mayor costo de sus productos, pero que también puede llevar a una mayor aceptación de ellos por parte de sus clientes.

Pregunta #4: ¿Es parte del papel/responsabilidad de las empresas, a nivel de colectivo, el buscar influenciar políticas nacionales y supranacionales, en lo que creen son las expectativas de la sociedad, o debe limitarse a su ámbito directo de acción?

Las empresas con gran poder económico pueden querer influenciar las políticas nacionales y supranacionales en temas globales como el cambio climático, la desigualdad, la inmigración, etc., en función de sus valores y de lo que creen son las necesidades de la sociedad, especialmente cuando los dogmatismos políticos conspiran contra ello.  Su acción puede ser más efectiva en su ámbito de acción, pero ello no obsta para que quieran actuar a nivel más amplio, sobre todo actuando en conjunto con otras empresas de valores similares (ver Responsabilidad política de la empresa responsable).

En resumen

Es opinión del suscrito que el autor del artículo no solo es dogmático, sino que no tiene las ideas claras sobre el papel de la empresa en la sociedad.  Es de la opinión que la empresa debe dedicarse exclusivamente a hacer negocios e ignorar sus impactos sobre la sociedad y en especial cree que contribuir al bienestar de la sociedad está fuera de su ámbito de acción. El capitalismo no es solo un conjunto de empresas, es todo un ecosistema y parece confundir el papel de la empresa en su ámbito de actuación con políticas a nivel de la economía como un todo.  No parece ser un experto sobre el tema del que escribe.  Pero se lo publica el Wall Street Journal.

Da miedo pensar que así piensa un CEO (34 años de edad) de una empresa farmacéutica que desarrolla nuevos medicamentos.  Por cierto, la casa matriz tiene sede en un paraíso fiscal, Bermuda.






The ‘Stakeholders’ vs. the People
Liberals claim they’re troubled by corporate power. So why are they working to expand it?

By Vivek Ramaswamy
Feb. 12, 2020 7:06 pm ET
 ‘Stakeholder capitalism” is officially here. That’s the fashionable notion that companies should serve not only their shareholders, but also other interests and society at large. Last month Airbnb’s leaders announced a new mandate that the company “benefit all our stakeholders over the long term,” including through tying executive compensation to the company’s social goals. The same week, BlackRock chief Larry Fink issued an open letter to CEOs explaining that companies his massive firm invests with will soon have to abide by the rules of a Sustainability Accounting Standards Board regarding climate change, labor practices and other issues. CEOs at the World Economic Forum in Davos touted similar ideas, as have presidential candidates.
Stakeholder capitalism runs contrary to the demands of U.S. corporate law, which holds that directors and executives have a duty to one master: shareholders. Milton Friedman worried that a shift from shareholder primacy would cause companies to operate less efficiently and be less profitable, leaving investors, workers and consumers worse off.
My main problem with stakeholder capitalism is that it strengthens the link between democracy and capitalism at a time when we should instead disentangle one from the other. It demands that companies and their leaders play a fundamental role in determining and implementing society’s core values. But for companies to pursue societal interests in addition to shareholder interests, companies and investors must first define what those other societal interests should be. This is not a business judgment; it is a moral judgment.
Speaking as a CEO and a citizen, I don’t want American capitalists to play a larger role in defining and implementing the country’s political and social values. I think the answers to these questions should be determined by the citizenry—publicly through debate and privately at the ballot box.

I would love to know Larry Fink’s favorite stock picks, but I am less interested in his views on the environment or racial equality. Democratically elected officeholders, not CEOs and portfolio managers, should lead the debate about what values define America. Managers of large investment funds gain their positions by trading stocks more effectively than their peers do. Managers of corporations gain their positions by maximizing profits and minimizing losses. Their prowess in private enterprise may give them standing to decide whether to build a manufacturing plant or a research lab, whether to invest in one piece of software or another, whether to promote one aspiring executive or a competitor.
But these business leaders have no special standing to decide whether a minimum wage for American workers is more important than full employment, or whether minimizing society’s carbon footprint is more important than raising prices on consumer goods. CEOs are no better suited to make these decisions than an average U.S. congressman is to make the operating decisions of a complex technology company.
Though I lead a biotech company, I have many personal beliefs on matters other than drug development. I am vegetarian because I believe it is wrong to kill sentient animals for culinary pleasure. But I don’t ban employees from eating meat. We try our best to offer vegetarian options at company events because many employees don’t eat meat—just as we offer nut-free options to accommodate allergies. I have no special standing to legislate my morals because I am a CEO. I do, however, make the final decision about our company’s research-and-development budget.
Other CEOs may ask: Shouldn’t we work together with political leaders to answer society’s pressing moral questions? I think not. I believe the reason many corporate executives are speaking up in favor of stakeholder capitalism is that they think they will gain popularity at a time when it is unpopular to be perceived as a pure capitalist.
This impulse is fraught with principal-agent conflicts—shareholders are effectively asked to subsidize a CEO’s personal brand. It is revealing that the leader of the world’s largest “social impact” investment fund—Bill McGlashan of TPG’s Rise Fund—was indicted last year on bribery charges in attempting to give his children an advantage over others in college admissions. Is he really the best person to adjudicate which companies are most socially conscious?
Some may argue that companies will be more successful in serving shareholders over the long run if they also serve societal interests. If that’s true, then classical capitalism should do the job, since only companies that serve society will ultimately thrive, and “stakeholder capitalism” would be superfluous. Social activism by companies is often business interest masquerading as moral judgment.
It is puzzling that stakeholder capitalism is now viewed as a liberal idea. Many liberals who love stakeholder capitalism abhor the Supreme Court’s 2010 ruling in Citizens United v. Federal Election Commission because it permits corporate money to influence elections and thereby implement corporations’ values. Stakeholder capitalism is Citizens United on steroids: It advises powerful companies to implement the social goals that their CEOs want to push. Society created companies to provide goods and services that consumers want, not to push social values that only a subset of people agree with.
Historically, stakeholder capitalism reflects conservative European social thought, which was skeptical of democracy and convinced that well-meaning elites should work together for the common good—as defined by them. In the Old World, that often meant some combination of political leaders, business and labor elites and the church working together to define and implement social goals. But America was supposed to offer a different vision: Citizens—not the church, not corporate leaders, not large asset managers—define the common good through the democratic process, without elite intervention. That is part of what makes America great. It is what makes America itself.
I don’t mean to criticize my fellow CEOs who hold different points of view. Airbnb is a larger and more successful company than mine, and I would love to have BlackRock as a shareholder if my company ever goes public. I admire the leaders of those companies—but only as business leaders.
Our troubled times certainly require rethinking historical models, but stakeholder capitalism is a step in the wrong direction. The crux of the populist concern about capitalism is not that companies serve only their shareholders, but rather that capitalism has begun to infect our democracy through the influence of dollars in buying political outcomes. The answer is not to force capitalism into an arranged marriage with democracy. What we really need is a clean divorce.
Mr. Ramaswamy is founder and CEO of Roivant Sciences.