sábado, 14 de marzo de 2026

Inversión socialmente responsable: ¿Nos abandonan las nuevas generaciones?


La Inversión Socialmente Responsable, ISR, en valores considerados sostenibles siempre ha sido con fines de lucro (no consideremos casos muy excepcionales de altruismo), pero este segmento del mercado financiero se creó y evolucionó como una manera de estimular la responsabilidad de las empresas que los emiten. Se pretendía un balance entre objetivos estrictamente financieros y los beneficios a la sociedad. 

Este balance, a nivel agregado en las inversiones, estaba influenciado por algunas características demográficas de los inversionistas, en particular la edad. Los jóvenes han estado más dispuestos aceptar un balance ligeramente hacia la responsabilidad, han estado dispuestos a invertir en valores que tuvieran objetivos sociales y ambientales, aún a costa de algún sacrifico en la responsabilidad (lo mismo sen el caso de la selección, si es que tienen opciones, de los puestos de trabajo, o por lo menos es lo que dicen en público). Los mayores enfatizaban la rentabilidad, con muy poco interés por la contribución de los valores de las empresas responsables a la sostenibilidad de la sociedad y del planeta. 

Estas diferencias en las preferencias eran resultado, no solo de una mayor conciencia de los jóvenes sobre estos aspectos, que han creído en un entorno que lo ha enfatizado, sino que está muy influenciado por las expectativas de vida. Los jóvenes no solamente quieren vivir en una sociedad y un planeta mejor, sino que además creen que pueden esperar a que sus inversiones rindan los beneficios financieros. Han tenido una visión de más largo plazo.  

Los mayores tienen un expectativa de vida menor, por lo que la principal procuración es la calidad de lo que les resta de SU vida. ¡¡Claro que deberían preocuparse de la calidad de vida que dejaran a sus hijos y nietos!!, pero muchos prefieren dejarles la herencia monetaria que es más tangible que la social y ambiental.  Tienen, lo que, en términos económicos, se denomina una elevada tasa de descuento, que valora muy alto los costos presentes y muy bajo los beneficios futuros.

Esto lo comentábamos en un artículo anterior, Diferencias generacionales en la inversión responsable, donde comentábamos los resultados del estudio 2022 Survey of Investors, Retirement Savings, and ESG. Este se actualizó en el 2025 (ver resumen en Research Reveals a Fundamental Shift in How Investors View ESG) y ahora se concluye que se ha producido un cambio significativo en la actitud de los inversionistas ante la inversión responsable y las diferencias generacionales se han reducido.

La inversión ESG no ha desaparecido, pero ha cambiado. Los resultados de encuestas …… muestran que el entusiasmo inicial, especialmente entre los inversores más jóvenes, ha convergido en torno a un enfoque más pragmático que prioriza el riesgo.

Las diferencias generacionales en cuanto a preocupación, disposición a sacrificar rentabilidad y apoyo al activismo ESG se han reducido en gran medida,….

Los criterios ESG siguen siendo influyentes cuando los riesgos son concretos y los horizontes temporales son claros, pero las estrategias basadas en un supuesto altruismo inversor son cada vez más frágiles. (énfasis añadidos).

¿Es esto consecuencia del retroceso observado, a nivel general, en el interés por la responsabilidad empresarial y la sostenibilidad del planeta? ¿Es esto algo peculiar a la sociedad estadounidense? No tengo suficiente información para responder inequívocamente a estas dos preguntas, pero sí tengo la sospecha de que va más allá, que no es solo cuestión del entorno político y regulatorio mundial y de la situación del aquel país.

Es que las nuevas generaciones (millenials y Z), si bien están más concientizadas que la de los mayores (baby boomers y X), se están volviendo más egoístas, con objetivos más personales, con menor preferencia por el bien común, por el altruismo.

Especulo que la prevalencia de los medios sociales conlleva a una visión más estrecha, más egocentrista y que la situación económica relativamente adversa para los jóvenes, conlleva a un mayor cortoplacismo.

Esperemos que sea temporal, faltaría más que las nuevas generaciones se desentendieran de la sociedad y el planeta.

Pero, aunque lamentable, ello tiene poco impacto ya que los “jóvenes” menores de 54 años poseen solo el 15% de las acciones en EE. UU. (aunque es de esperar que en otros países con mercados de capitales menos desarrollados posiblemente sea menor), en tanto que los mayores de 70 años poseen más de la mitad y junto con los mayores de 54, casi el 85%. 

O sea, que los inversionistas en valores emitidos en empresas responsables adquieren esos valores más para sentirse bien que para estimular el comportamiento responsable, por el cual parecen tener poco interés. [i]  Aparte de que el impacto de la ISR sobre la responsabilidad empresarial es muy dudoso. [ii]

¿Y tú qué opinas? (yo soy de la generación de la post guerra, los “baby boomers”, a los que supuestamente no nos preocupa).

jueves, 12 de marzo de 2026

Confieso que he pecado: Pero ahorraré emisiones

 

Desde hace varios años espero para cambiar mi coche por uno eléctrico para ahorrar emisiones. Hasta había pensado financiarlo emitiendo un bono verde altamente innovador, el primero en ser emitido no por país, no por sector, sino por una persona, en un vecindario y para financiar un coche (para detalles de la emisión ver (El bono ligado a la sostenibilidad más innovador del mundo: El mío)) [i]. A mi avanzada edad, muy posiblemente sería el ultimo coche que compraría en mi vida y por ello quería despedirme con uno eléctrico.

Y quería contribuir a la sostenibilidad del planeta, con hechos, más allá de mis (inciertas) contribuciones, vía las palabras en mis artículos y libros.

Pero después de tanto esperar a que saliera el coche ideal me he rendido. En EE. UU., a diferencia de Europa, la oferta es muy pobre. Nunca compraría un Tesla, que, si bien es una empresa relativamente sostenible, su mayor accionista y CEO es un gran irresponsable. Quería comprar uno europeo para así contribuir a la competitividad de Europa frente a EE. UU., que tanto lo necesita, y hacerle caso al informe Draghi.  Los modelos de los coches eléctricos de BMW, mis coches anteriores y el actual, son feísimos, Audi ha resultado poco confiable y Mercedes Benz me parece muy esnob, de nuevo rico.

Así que, lamentablemente, capitulé y me compré un coche a gasolina, un BMW X2. Confieso que he pecado.

Pero es venial. Ahorraré emisiones ya que es mucho mas eficiente que mi coche actual, fabricado hace 13 años. Pero no me darán créditos por reducciones de emisiones que pudiera vender en los mercado de carbono, como si pueden hacer la empresas. Así que no recibiré subsidios, como si los reciben las empresas.



[i] Espero que el lector aprecie el sarcasmo

domingo, 8 de marzo de 2026

¿Era la sostenibilidad el principal obstáculo a la competitividad europea? (reenvío)

 Sin duda los lectores recordarán que los argumentos utilizados para la “simplificación” de las regulaciones sobre los reportes de sostenibilidad, diligencia debida y la taxonomía verde se basaban en su impacto negativo sobre la competitividad de las empresas. La simplificación recientemente aprobada en el Ómnibus I supone que ahorrará € 5 000 millones anuales en costos administrativos a las empresas cubiertas (unos € 3 millones cada una) y € 2 500 millones, una vez, para las ahora exentas (pobres consultoras que dejaran de percibir muchos de estos ingresos, cuyo impacto económico no ha sido considerado). [i]

Pero esto no solamente ignora los costos para la sociedad de esa simplificación[ii] sino que además supone que las empresas ahora no cubiertas no seguirán haciendo lo que pedían las anteriores versiones de las regulaciones. Esto ignora las inversiones ya hechas por estas empresas, por lo que pueden querer seguir haciéndolo, los beneficios internos en las estrategias y actividades sostenibles de la introspección que el cumplimiento conlleva, [iii] las expectativas de los consumidores y de los mercados financieros, que posiblemente hagan que se sigan llevando a cabo muchas de las actividades para el cumplimiento. [iv]

Pero era más fácil y políticamente más expedito dar la culpa a estas regulaciones, que atacar los verdaderos problemas de la competitividad, uno de los más directos e impactantes son las restricciones al comercio interno. Según un estudio del Banco Central Europeo:

Las fricciones comerciales en la Unión Europea son más onerosas que el arancel más alto que Trump amenazó con imponer al bloque el año pasado, Barreras como las diferencias en las regulaciones nacionales y las prácticas anticompetitivas son responsables de costes comerciales intracomunitarios equivalentes a gravámenes del 67 % para bienes y del 95 % para servicios (110% según el Fondo Monetario Internacional).

Y si consideramos los volúmenes del intercambio comercial de bienes podemos apreciar el impacto de aquellos “aranceles” en la competitividad de sus empresas: el comercio interestatal en EE. UU. es de casi el 60% del PIB, en tanto que en la UE es de solo el 20%

Lamentablemente el proceso de desregulación se politizó, su usaron argumentos cuidadosamente seleccionados para el impacto en la opinión pública y se dejaron de lado los análisis requeridos de los costos y beneficios de las desregulaciones para la sociedad (lo que sí se había efectuado para justificar las regulaciones). [v]  Si las regulaciones se aprobaron demostrando elevados beneficios netos,  ¿qué ha cambiado para que ahora los elevados sean costos netos?: La política.

¿Tienen la culpa las regulaciones de gestión y reporte sobre la sostenibilidad empresarial de la menor competitividad de la economía de la Unión Europea?



[i] Si quieres saber un poco más sobe el Ómnibus ver mi post en LinkedIn https://bit.ly/4aKLS8B

[iii] Ver los beneficios de la preparación de informes de sostenibilidad en Informes de sostenibilidad: ¿Sirven para algo?

[iv] Ver Beyond Compliance: Sustainability Reporting After the Omnibus, donde se reporta que el 90% de las empresas excluidas reportan que seguirían preparando los informes de sostenibilidad. Está basado en una encuesta unos 400 ejecutivos (con los que el Prof. Rasche, altamente interesado en que así sea, muy posiblemente tiene los contactos). Esto es solamente indicativo ya que solo refleja INTENCIONES Y NO LA REALIDAD, es una encuesta no un análisis de resultados. Además de que la muestra es muy PEQUEÑA Y SESGADA como para extrapolar al universo de más de 50 000 empresas excluidas.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Una plataforma para unir deseos y realidades en la sostenibilidad empresarial

 

Una joven de 18 años, Arushi Jain, ha creado una plataforma, TheWage.org, para conectar empresas, instituciones e individuos, que quieren contribuir al bienestar de la sociedad, con organizaciones, por ejemplo, ONG, que tienen la capacidad de hacerlo.  Ello facilita a aquellos que no tienen la capacidad administrativa o la experticia para hacerlo directamente, por ejemplo, PyME e individuos, para apoyarse en otras instituciones que sí tienen la capacidad y conocimientos para hacerlo, pero que suelen tener recursos limitados.

Según la fundadora: “Seguía viendo la misma brecha: las empresas quieren hacer una RSE significativa y la gente quiere ser voluntaria, pero a menudo es difícil organizar, gestionar y medir. TheWage existe para hacer que el aporte no remunerado sea más sencillo de gestionar y más eficaz para las personas a las que se supone que ayuda.”

El valor agregado de la plataforma no está solamente conectar, en ofrecer oportunidades a ambas partes de la operación, sino en hacer seguimiento de las actividades, monitorear su impacto y preparar la información para el reporte. Puede contribuir a la legitimidad a las intervenciones.

¡Ojalá alguien lo replique en nuestros países!

¡Ojalá tenga éxito!


sábado, 28 de febrero de 2026

Principios por encima del negocio: HURRA POR ANTHROPIC


Creo que la mayoría de la gente subestima lo radicales que podrían ser las ventajas de la IA, así como lo graves que podrían ser sus riesgos.

Dario Amodei CEO, Anthropic

Muy posiblemente el lector se habrá enterado de la “guerra” entre el Ministerio de Guerra de EE. UU y la empresa de Inteligencia Artificial Anthropic.  Este Ministerio ha decidido suspender el uso de su tecnología y prohibirla a sus proveedores, por diferencias en el impacto sobre la humanidad de algunos de sus usos.

El objetivo de este artículo es analizar esta disputa en el contexto de la sostenibilidad empresarial. Pero para entenderla en necesario una breve descripción de la empresa.

¿Qué es Anthropic?

Anthropic es una empresa líder en Inteligencia Artificial, IA, fundada en el 2021 por una docena de ex empleados de OpenAI, liderados por dos hermanos Dario y Daniela Amodei.  Dejaron OpenAI por desavenencias fundamentales con respecto a la dirección de la empresa, específicamente en lo que respecta a los usos de la tecnología, por un cambio en esta empresa hacia la priorización de la comercialización y la rápida implementación de productos por sobre la seguridad de la IA.

Fieles a sus convicciones, la empresa fue creada como una empresa de beneficio e interés colectivo, BIC, (Public Benefit Corporation, ¡que no es una B-corp!) de acuerdo con la legislación del estado de California. Su propósito es “el desarrollo y mantenimiento de la Inteligencia Artificial avanzada para el beneficio a largo plazo de la humanidad". [i]

Ello los obliga a, entre otras cosas, a una mayor transparencia, incluyendo la rendición de cuentas sobre los beneficios sociales y una evaluación independiente de su rendimiento. Si bien los directores están protegidos de demandas por no perseguir la maximización de beneficios financieros sí son responsables, legalmente, por lograr los beneficios duales.  Tiene además un “fideicomiso de beneficios de largo plazo”, gestionado por expertos en la ética de la IA y otros expertos, que eligen la mayoría de los consejeros de la empresa. Está respaldada financieramente por Amazon y Google.

La empresa es privada, no cotiza en bolsa, y tiene un valor estimado de mercado, a febrero del 2026, de US$ 380 000 millones.

La disputa.

Anthropic venía prestando servicios al Ministerio, pero este ahora pretendía utilizar su tecnología, además, para la vigilancia masiva de estadounidenses y en el desarrollo y operación con armas totalmente autónomas. El Ministerio de Guerra alega que puede usar la tecnología en todas actividades que sean legales y que “un contratista no puede dictar como la usa”. 

Parte del problema es que el gobierno de EE. UU. ha optado por decidir lo que es legal, al margen de las leyes nacionales e internacionales y de los dictámenes de los tribunales. Pero ese no es quid de la cuestión, para Anthropic es cuestión de principios. No todo lo que es legal es ético o va en “beneficio a largo plazo de la humanidad”.  El lector posiblemente estará al tanto de algunas acciones del gobierno que tienen dudosa legalidad.

Ante la firme posición de Anthropic, el Ministerio ha optado por terminar el contrato de US$ 200 millones, y lo que es más grave, declarar a la empresa como un “riesgo en al cadena de valor” de los que le suministran bienes y servicios, por lo estos no podrán usar su tecnología en estos suministros. Es un hecho sin precedentes. Anthropic recurrirá a los tribunales esta designación, pero para cuando estos tribunales, en apelación tras apelación, dictaminen el mal ya estará hecho.

Y para más saña, el presidente ha emitido una orden de que ninguna dependencia del gobierno federal puede usar la tecnología de Anthropic. Los ha calificado de “izquierdistas radicales”, politizando la ética.  Con esto y con la designación arriba, el impacto sobre Anthropic será substancial.

La posición de Anthropic ha sido posible gracias a la ética de sus dirigentes, su visión de la designación de empresa de beneficio e impacto colectivo y el hecho de que es una empresa privada que no cotiza en bolsa, por lo que no tiene las presiones mercantilistas del mercado.

Y OpenAI aprovechó para ocupar el espacio.

Open AI, el principal competidor de Anthropic, cuyos dirigentes son enemigos declarados, en principio apoyó su posición sobre el uso de la tecnología, pero al terminar la relación entre Anthropic y el Ministerio, OpenAI cerró un acuerdo con éste para la utilización de su tecnología para “fines legales”, acordando que su tecnología incluiría seguridades de que no se utilizaría para los fines en disputa. Aunque es de destacar que su tecnología no está todavía en condiciones de suplir la de Anthropic, por lo que el Ministerio tendrá, entretanto, un gran vacío.

Una posición muy oportunista y mercantilista de OpenAI. A ver si podrá determinar cómo se usa su tecnología y si todos esos usos son legales, a nivel nacional e internacional.  Esto respalda la razón por la cual los fundadores de Anthropic se separaron de OpenAI.

¿Y si el Ministerio hace lo que quiera? (“un contratista no puede determinar como la usa”) ¿Qué recurso tendrá OpenAI? No, no son ingenuos, son maximizadores de beneficios.

¿Y los demás?

Aprovechando esta situación, varias empresa han ofrecido sus servicios, incondicionalmente, incluyendo Google y xAI, la empresa de Elon Musk.  Pero la tecnología de estas y de OpenAI no están listas para substituir a Anthropic, y por ahora son inferiores.

Afortunadamente no todo está perdido, ya que 75 empleados de OpenAI y 450 de Google han expresado públicamente sus preocupaciones sobre esos usos de la tecnología. En una carta abierta, los de OpenAI dijeron:

“Intentan dividir a cada compañía con el miedo de que la otra ceda.  Esa estrategia solo funciona si ninguno de nosotros conoce la postura del otro. Esta carta quiere fomentar la comprensión y la solidaridad compartidas ante la presión del Departamento de Guerra”.

Rentabilidad sobre Responsabilidad.

La posición de Anthropic es laudable, no solo por este caso, sino en general.  Son fieles a sus principios y plenamente conscientes de los riesgos que la utilización de la tecnología IA conlleva y pretenden minimizar aquellos que estén a su alcance. ¡Un buen ejemplo! ¡Ojalá tuviéramos más!

Y una externalidad positiva: Esperemos que esta controversia estimule la consideración de los serios riesgos de la IA.