sábado, 5 de octubre de 2019

Qué fácil es usar los ODS para el greenwashing



Qué fácil es usar los ODS para el greenwashing.  Puede parecer que la culpa no es de los ODS sino de las empresas, que los (ab)usan, pero no debemos olvidar la presión que estas reciben de los promotores de los ODS, en particular de la ONU, del Pacto Mundial y de la industria de la consultoría,[i] para mostrar contribuciones y aparecer que los ODS son respaldados por las empresas.

Ha habido muchos casos de abuso de los ODS por parte de las empresas, pero ahora se ha presentado un caso paradigmático del potencial de los ODS de ser abusados.  

I.                Introducción


“Enel emite el primer ‘bono de propósito general vinculado a los ODS’ del mundo, colocando exitosamente un bono por US$1.500 millones en el mercado de EE. UU.”, 6 septiembre 2019.  

En color verde, y el PRIMER bono del mundo.

Enel es el principal proveedor de electricidad en Italia y tiene operaciones en otros 33 países en todos los continentes, incluyendo España, Brasil y Chile. Para dar una idea de su magnitud, es el mayor operador de redes de transmisión, mayor generador de energía renovable y tiene la mayor base de clientes en el mundo. Tiene US$177.000 millones en activos (el gobierno italiano tiene casi el 24% de las acciones, cotiza en la bolsa de Milán).  [ii]

Es de recordar que los recursos de un bono de propósito general se pueden usar para financiar las actividades normales de la empresa y no hay compromiso de usarlos para proyectos específicos, como sería el caso de los bonos verdes, sociales o de sostenibilidad.  No hay “Principios” que rijan la emisión de bonos vinculados a los ODS, como si los hay para los otros mencionados.  Ello da amplias libertades para el destino de la emisión, lo cual puede ser abusado por el emisor (ver la serie de cinco artículos el quinto de los cuales es Bonos verdes, sociales y sostenibles. Quinta parte: Mejorando la legitimidad e impacto). 

II.             Contribución a los ODS

En cuanto a su contribución a los ODS, Enel alega contribución directa a cuatro (energía limpia, cambio climático, industria, innovación e infraestructura y ciudades y comunidades sostenibles) e indirecta en los otros 13 (aunque en la presentación del bono alegan contribución directa a los ODS 4, de educación de alta calidad, y el ODS 7, de empleo y crecimiento sostenible).  Dicen que contribuyen a todos los ODS y dicen que su compromiso con los ODS se está cumpliendo. 

Si bien esos “bonos de propósito general vinculados a los ODS” no se comprometen a contribuir a los ODS de forma directa, deberían demostrar el vínculo a los ODS, aunque no sea vinculante (cacofonía a propósito). 

Pero ya la misma categoría de “bonos de propósito general vinculados a los ODS” huele y suena a greenwashing  (comentábamos este potencial en el artículo ¿Contribuyen las empresas a los ODS o los ODS a la delusión por las empresas?). Veamos las palabras claves: “General”, o sea que los recursos financian las actividades normales de la empresa, como cualquier otro bono, nada especial, tradicionales; “vinculados”, o sea que no hay compromiso, solo algún vínculo; “ODS”, que como todos sabemos son cualquier cosa, toda actividad humana y empresarial está “vinculada” a alguno de los 17 ODS en sus 168 metas.

Pero el caso de Enel, el “vinculo” es exagerado.  En la presentación de la emisión a los inversionistas (no se produjo un prospecto de la emisión), se encuentra esta transparencia




En la emisión alegan que el bono contribuirá al logro de los ODS, 4 (educación), 7 (energía limpia), 8 (empleo) y 13 (cambio climático).  En el segundo y cuarto caso, la contribución se hará, presumiblemente, a través del aumento del porcentaje de generación energética de Enel con energía renovable del 56% al 62% en el período, lo que es creíble dada la estrategia de diversificación de la empresa expresada en el prospecto de la emisión.  [iii]

En este el caso Enel se compromete de forma tangible al logro de un porcentaje de energía renovable (del 46% en el primer semestre del 2019 a 55% a finales del 2021; los números de la transparencia se refieren generación “libre de emisiones”, que incluye energía nuclear), de una manera que es creíble y que tiene los incentivos correctos.  Si no lo logran el bono debe pagar una prima de 25 puntos básicos. Será verificado a finales del 2021 y auditado por Ernst and Young. Pero ese es un único compromiso con consecuencias.  El de la población servida con energía limpia y los demás ODS no forman parte de estos compromisos firmes (no son Key Performance Indicators, KPI, a ser logrados).

El primer y tercer casos dan lugar a dudas. En el primer caso, dicen que se aumentará el acceso a la educación de alta calidad en 1,4 millones de personas, y en el tercer caso, se aumentará el acceso a empleo a 6,0 millones de personas en las comunidades locales, ambos sobre el próximo decenio. Eso es lo que se lee en la transparencia.

Como una inversión genérica en activos relacionados con generación y transmisión de energía contribuirá a estos dos logros es motivo de dudas.  Las inversiones crearán algo de empleo, ¿pero 6 millones más en las comunidades locales? ¿Cómo contribuirán al acceso a la educación de calidad a 1,4 millones más de personas?

III.           Como contribuye la emisión a los ODS: Greenwashing elevado a un nuevo nivel

Hicimos las siguientes preguntas sobre estos números a la dirección de relaciones con los inversionistas de Enel:

  • Entiendo que el bono es de propósito general y los recursos no se usarán para proyectos dirigidos a los ODS, pero si Enel alega que es un bono vinculado a los ODS, el vínculo debe ser probado y demostrado.  ¿Cuál es el vínculo?
  • ¿Podrían decirme como, INDIRECTAMENTE, las inversiones que se harán con los recursos del bono (esperemos que en energía renovable ya que Enel dice que su porcentaje de generación renovable aumentará) conducirán a los aumentos en el número de personas con acceso a educación de calidad y empleo en las comunidades locales? 
  • Alternativamente, por favor díganme porque reportan estos números y como se estimaron.
  • Alternativamente, por favor díganme como las actividades generales de Enel conducen a estos números.
  • Si el bono no tiene nada que ver con estos números, ¿por qué se reportan?

y recibimos esta respuesta:

Nuestras acciones y nuestro comportamiento tendrán una contribución indirecta a todos los demás ODS, incluyendo el 4 y el 8. En relación con esto, contribuiremos al aumento en el número de beneficiarios de educación de calidad y personas que tengan acceso a empleos a través de los proyectos que esperamos desarrollar en los países en los que operamos (mayormente Suramérica, África y Europa).

El como “contribuiremos al aumento en el número de beneficiarios” es la clave y sobre lo que no obtuvimos respuesta, a pesar de reiterar la pregunta.

Por la magnitud de los números (millones de personas) parece ser algo que sucede a pesar de las actividades de la empresa y no como consecuencia de estas actividades. [iv] Hay una imputación de algo que no es causal, ni las inversiones están dirigidas a ello.

Y este es el “primer bono del mundo vinculado a los ODS”.  BNP Paribas, uno de los colocadores de la emisión, lo define como revolucionario (groundbraking) ¿Por qué no ha habido otras emisiones? [v]

IV.           ¿Por qué no emitieron un bono verde o sostenible?

Esta pregunta y su respuesta pueden proporcionar evidencia del “greenwashing”.  Como analizábamos en artículos anteriores, [vi] existen las categorías de bonos verdes, sociales y sostenibles, los primeros que cubren casos en que los recursos de la emisión se dedican a proyectos con impacto ambiental positivo, los segundos a proyectos de beneficios sociales y los terceros a ambos conceptos.  A pesar de que estos son también abusados, tienen mayor credibilidad que un bono vinculado a los ODS (ver nota al pie 4).

Por las características de la emisión de Enel, hubiera podido ser un bono verde ya que las inversiones tienen como objeto reducir su contribución a las emisiones y generar energía renovable. Si alguna de las inversiones proporcionase además beneficios sociales podría haber sido un bono sostenible.  En ambos casos hubiera sido necesario cumplir con criterios y principios internacionalmente aceptados para este tipo de emisiones, por ejemplo, los del International Capital Markets Association (ver nota al pie 6).

Emitiendo bonos de propósito general, quiere decir que no hay que cumplir con los Principios y, por ejemplo, no hay que comprometerse a inversiones “verdes”, ni hacer las verificaciones independientes de los compromisos (aunque en este caso lo hacen para el porcentaje de energía renovable), ni presentar reportes verificados del destino de las inversiones, entre otros.  El destino de los fondos es absolutamente libre, lo pueden usar para lo que les parezca conveniente.  Adicionalmente, al ofrecer solamente “vínculos con los ODS”, tampoco se comprometen a nada verificable ya que los “vínculos” no son demostrables con certeza y los ODS son cualquier cosa.  La empresa produjo sus propios Principios, pero son muy vagos y no son reconocidos fuera de ella.[vii]

Es cierto que ello le da libertad de acción a la empresa en cuanto a la utilización de los recursos de la emisión, pero ello también revela la debilidad del compromiso con los ODS, más allá de los relacionados con energía renovable.  Un bono verde cubriría este compromiso, pero no podrían alegar contribuciones (no verificables) a los demás ODS.

Los números indicados arriba, de educación y empleo, no representan compromiso medible y son, aparentemente, números sin fundamento en estimaciones rigurosas y que dan lugar a pensar que son “greenwashing”.      

V.              ¿Por qué no emitieron un bono tradicional?

Las inversiones, que son parte de las actividades normales de la empresa, podrían haber sido financiadas con un bono tradicional, como lo hacían en el pasado.  Pero según Enel, el denominar la emisión como vinculada a los ODS les ahorra 20 puntos básicos en intereses. Ya que va a financiar la expansión de la generación con energía renovable, conviene aprovechar la existencia de los ODS y darle esa denominación, aun cuando el objetivo fundamental no sea la contribución a los ODS sino la expansión de la capacidad, y lo hace con un bono de “propósito general”.

VI.           La elusión fiscal no está en los ODS

El bono fue emitido por la filial Enel Finance International N.V.  (tiene 8 empleados).  ¿Por qué si Enel tiene su sede en Italia la filial financiera está domiciliada en los Países Bajos? Por que en ese país tienen menores tasas impositivas.

Ello no contradice que la emisión pretenda contribuir a los ODS, pero si caben dudas sobre la elusión fiscal.  Recordemos que  la elusión fiscal no está en los ODS (en nuestra propuesta de añadir un ODS numero 18 si lo incluíamos (ver ¿Falta algún Objetivo de Desarrollo Sostenible?, de febrero del 2016).  Como hemos comentado, [viii] ello no es ilegal, se aprovechan de los diferentes sistemas fiscales y del libre movimiento de capitales dentro de la Unión Europea.  Pero ello refuerza la idea de que la emisión es greenwashing.    

VII.         ¿Pero qué importancia tiene que hagan greenwashing? ¿A quién le importa?

Hay tres problemas.  El primero es un problema de transparencia y ética en la comunicación en una empresa que se jacta de responsable.  Segundo, hay un problema de potencial engaño a los inversionistas.  Debemos recordar que estos bonos se promueven a inversionistas responsables, que posiblemente estén dispuestos a pagar una prima por tener “bonos responsables” en sus carteras, ya sea porque legítimamente lo desean, ya sea para poder presumir de ser inversionistas responsables. Y tercero, se crea un problema de exageración a la contribución a los ODS, que no es real.  Muy posiblemente la ONU y el Pacto Mundial cuenten estos US$1.500 millones como parte del “financiamiento de los ODS” (ver mi artículo El Pacto Mundial se hace trampas al solitario: Falacia e ilusión).  Solo miran el nombre, que dice “bonos”, que dice “US$1.500 millones” y que dice “ODS”, no analizan con cuidado lo que hay detrás, no evalúan la legitimidad y mucho menos evalúan si en efecto hubo impacto y progreso en el logro de los ODS. Se cuenta ex ante, las intenciones, y basta. 

En una época en que la credibilidad en temas de responsabilidad empresarial esta en cuestionamiento estas situaciones no ayudan.



[ii] Este artículo ha sido escrito con electricidad provista por Enel, en Florencia. El suscrito es accionista indirecto de Enel, a través de fondos de inversiones.

[iii] En el boletín de prensa del Pacto Global alegan contribuciones a otros ODS diferentes.  Presumimos que se refieren a “compromisos” generales de la empresa.

[v] El Banco Mundial emitió un bono en el 2017 que también denominó “el primer bono vinculado a los ODS”, y que también tiene una vinculación muy tenue e indirecta (el colocador también fue BNP Paribas).

[vi] En particular en los artículos Bonos verdes, sociales y sostenibles. 1a. Parte: ¿Qué son y para qué sirven? donde analizábamos las condiciones que deben cumplir estos bonos, y en Bonos verdes, sociales y sostenibles. Quinta parte: Mejorando la legitimidad e impacto, donde presentábamos sugerencias para mejorar la legitimidad de estos bonos.


miércoles, 2 de octubre de 2019

¿Honestidad, lapsus linguae o greenwashing?



En una conferencia un directivo bancario se vanagloriaba de que su empresa había sido incluida en el índice Dow Jones de empresas sostenibles y recordaba el proceso necesario para lograrlo:

“………..Dow Jones nos incluyó hace dos años en el exigente
índice de las empresas más sostenibles del mundo, lo que tiene un mérito
añadido por las adversas circunstancias en que se produjo, cuando el banco
estaba todavía en pleno proceso de reestructuración. Recuerdo cómo hubo
que rellenar un cuestionario con cientos de preguntas, que pasaron por
analistas encargados de verificar que las respuestas eran coherentes con el contenido de la memoria, con la página web y con lo que puede encontrarse en Google sobre la entidad.” (énfasis añadido).

Nótese como los analistas del banco verificaron que las respuestas coincidieran con la información disponible al público (memoria, página web y Google), o sea, que no hubiera contradicciones que Dow Jones pudiera detectar con la información externa.

Hubiera sido deseable que los analistas verificaran que las respuestas coincidieran con lo que HACE el banco, no solo con lo que DICE que hace.

¿Honestidad, lapsus linguae o greenwashing?




lunes, 30 de septiembre de 2019

¿Se toma Amazon su responsabilidad ambiental en serio?



De vez en cuanto vienen noticias (potencialmente) buenas. El 19 de septiembre del 2019 Jeff Bezos, el principal accionista y CEO de Amazon, anunció un amplio programa de responsabilidad ambiental.  Esto viene semanas después de que la Asamblea General de la empresa rechazara múltiples propuestas de resoluciones para mejorar su acciones y transparencia en este tema y de que los empleados anunciaran un abandono temporal del trabajo (walk out) protestando la inacción de la empresa, que fue llevada a cabo al día siguiente del anuncio.

I.                Resoluciones rechazadas en la Asamblea General

En la Asamblea General de Accionistas de Amazon, el 22 de mayo del 2019, se presentaron 10 propuestas de resoluciones sobre temas de responsabilidad empresarial, por grupos de accionistas, y todas fueron rechazadas (Ver mi análisis en el artículo Activismo social y ambiental en Amazon: Buen intento, fallido y los resultados de las votaciones aquí).  Una de ellas se refería al tema ambiental y fue presentada por los empleados. Durante la presentación y discusión Jeff Bezos estuvo deliberadamente ausente (por el anuncio posterior es de suponer que no quería entrar en discusiones del programa que estaba preparando) 

Esta propuesta de resolución, presentada por 7.683 empleados, pedía la preparación de un informe sobre los planes de la empresa para responder al cambio climático y como está reduciendo su dependencia de combustibles fósiles.  La propuesta contó con un 31% de los votos emitidos, sin contar con las abstenciones.  Este porcentaje es superior al del 26% logrado en promedio en resoluciones similares entre el 2015 y 2018. Y como se observa, en la resolución no es que pidan reducciones en las emisiones ni otros compromisos. Todo lo que se pide es un informe sobre los planes.  Amazon alegó que ya cumplía lo solicitado ya que había anunciado previamente de algunas iniciativas para reducir sus emisiones.  


II.              Activismo de los empleados

A pesar de estas iniciativas, los empleados expresaron su desconfianza a través de una carta abierta argumentando que estos planes no son suficientes para atender la crisis del cambio climático.  La carta pedía fechas para el logro de los objetivos sobre energía renovable, la reducción de emisiones por envíos al 50% para el 2030 y el 100% para el 2050 y eliminar las inversiones en combustibles fósiles.  

Posteriormente anunciaron un abandono temporal del trabajo (walk out) protestando la inacción de la empresa, que fue llevada a cabo al día siguiente del anuncio del programa para combatir el cambio climático.





III.           ¿La conversión de Amazon?

El 19 de septiembre el CEO de Amazon anunció un programa, cuyos elementos claves son:

  • Adquisición de 100.000 camiones eléctricos para la entrega de las compras, a Revian, una empresa en la cual ya han invertido US$440 millones.
  • Para el 2030 usar exclusivamente energía renovable y ser neutrales en carbono en el 2040.
  • Y aportó US100 millones a la ONG Nature Conservancy a su fondo contra el cambio climático (Right Now Climate Fund).

Sin embargo, no accedió a la demanda de sus empleados de que dejara de proporcionar los servicios de la nube (una de las actividades más rentable de Amazon) a empresas de petróleo y gas.  Anunció que revisarían sus donaciones a políticos que niegan la existencia del cambio climático, pero no respaldó la iniciativa sobre este tema de otros políticos progresistas (el Green New Deal).

Su huella de carbono actualmente de 44.4 toneladas métricas de CO2, equivalentes a 600,000 camiones tanque de gasolina, lo cual lo coloca entre los 150-200 mayores emisores del mundo.

No contentos con responder al clamor de partes de la sociedad, quieren convertirse en líderes en el tema. Jeff Bezos dijo al presentar la iniciativa: “Estamos cansados de estar en medio del rebaño en estos temas, hemos decidido usar nuestro tamaño y escala para hacer una diferencia”. Y muchos están cansados de promesas.

Obviamente que un programa de esta envergadura no se prepara de la noche a la mañana, ya que puede llevar muchos meses el prepararlo seriamente y es muy posible que se venía preparando desde antes del activismo de los empleados, pero es de suponer que ello haya tenido mucho que ver en el diseño del programa y en la oportunidad del anuncio


IV.            Mucho ruido pocas nueces ….. por ahora.

Pero obviamente está por verse como cumplen con estos compromisos.  Es de suponer que este será un caso que, por su visibilidad, tendrá un seguimiento por parte de la sociedad, en particular de los empleados y algunas ONG. 

El programa cuenta con un sitio web dedicado, que por ahora contiene pocos detalles, muy buenos gráficos y muchas expresiones de buena voluntad. 

Y no podía faltar la obligatoria referencia a su contribución a los ODS.  Dice que la empresa contribuye a 13 de los 17 y solo deja de contribuir a cuatro (1, 6, 10 y 16).  Por ahora no dice como, solo lista los logos de los ODS respectivos.

Y las dudas continúan.  Estaremos pendientes.


domingo, 22 de septiembre de 2019

Activismo político de los CEO ante fallas del gobierno



¿Tienen los líderes de las empresas privadas la responsabilidad de intervenir en la solución de problemas sociales y ambientales si los gobiernos no quieren o no pueden hacerlo?  Es ciertamente un tema controversial.  Por una parte porque puede parecer que intervienen en política pública. Por otra parte, porque, dependiendo del tema, su intervención puede tener consecuencias sobre sus empresas, tanto positivas (menos probable la reacción de los afectados) como negativas (reacciones mas probables).

I.                Introducción

En los artículos anteriores Masacres y responsabilidad empresarial y Masacres y responsabilidad empresarial: Sí, las empresas hacen algo, analizábamos el papel que las empresas pueden jugar en la prevención de las recientes (y continuas) masacres en EE. UU. En el segundo de estos artículos comentábamos que el CEO de Walmart, el más afectado directamente por una de ellas, anunció una serie de medidas al interno de la empresa y una externa, de activismo político.  Envió cartas a congresistas y al presidente pidiendo un debate sobre la reactivación de la prohibición de armas de asalto y del financiamiento de investigaciones sobre violencia por armas. [1]  Pidió hablar del tema y ello se considera en EE. UU. como una osadía digna de encomio.

Esta iniciativa ha sido ahora respaldada por 145 CEO, lo cual es muy indicativo de la asunción de la responsabilidad social de estos CEO sobre una situación que es potencialmente explosiva, valga el doble sentido. Y ello es controversial.  Algunos pueden ver los ingresos de sus empresas afectados ya que el tema tiene una elevada carga emocional.  Es posible que los clientes que están a favor del control de armas favorezcan sus productos y servicios, pero también es posible que enfrenten reacciones negativas de los que se oponen, que en general suelen ser mucho más activistas y belicosos que los que se están a favor del control de armas, que suelen ser más pasivos y pacíficos.  Estos pueden ser afectados, eventualmente, por una masacre, pero los otros serán definitivamente afectados si se establecen controles. [2]

Este activismo político de los CEO estaría en línea con la reciente Declaración sobre el propósito de la empresa, que ha sido criticada por ligera y posiblemente de greenwashing. [3] [4] Por lo menos este activismo demuestra que algo hay.

Y esta situación dio lugar a la inusual publicación de un editorial en el New York Times, NYT, sobre el control de armas. Y lo más notable es que fue puesto en el contexto de la responsabilidad social de la empresa (como lo habíamos propuesto en los artículos mencionados arriba).  Ojalá más medios ejercieran su responsabilidad social al exigir esta responsabilidad empresarial. Por este motivo lo comentaremos.


II.             Activismo político de los CEO en el control de armas

El 12 de septiembre los CEO de 145 empresa enviaron una carta a los líderes del Senado (que bloquean cualquier intento de establecer mínimos controles sobre la posesión de estas armas), en la que pedían legislación con la obligatoriedad de verificación de antecedentes antes de poder adquirirlas (horror: hoy en día cualquiera puede comprar estas armas en la tienda de la esquina) y el establecimiento de un sistema de denuncias sobre tenedores peligrosos (red flags) que permita controlar su posesión. Ante la falla de gobierno dicen: “No hacer algo es simplemente inaceptable. [5]

Entre los firmantes están los líderes de Airbnb, Bloomberg, Uber, Lyft, Levi Strauss y Twitter.  También la firmó el CEO de Dick´s Sporting Goods, uno de los grandes vendedores de armas que había ya dejado de venderlas después de la masacre en una escuela en Florida (febrero 2018).  En su libro de próxima aparición dice:  El beneficio de una empresa debe resultar no solo de la venta de productos dignos y una buena estrategia de negocios, sino de un comportamiento responsable.  En pocas palabras, para ser una buena empresa hay que ser buenos.

Pero no firmaron ni Facebook ni Google que temieron llamar más la atención del gobierno sobre los problemas que ya confrontan sobre privacidad y el uso de sus plataformas para difundir informaciones tendenciosas. Prefirieron “no agitar el avispero”.  Tampoco firmó el CEO de Visa, que ha recibido peticiones para limitar el uso de sus tarjetas en la adquisición de armas, lo que tendría gran impacto.  Dijo: “Estamos en el negocio de facilitar el comercio legal.  No nos compete establecer o interpretar sino seguir las leyes”.  O sea, si es legal, adelante.  Lo de ética y responsabilidad es otra cosa.  Compete a los gobiernos establecer las leyes. ¿Pero, y si el gobierno no actúa? ¿Pueden las empresas ser indiferentes? [6]

III.           Editorial del New York Times sobre la responsabilidad social de las empresas

En el mismo medio en el que se publicó el famoso artículo de Friedman [7] se publica ahora, casi 50 años después, un editorial Making Companies Act When Government Won’t (Las empresas deben actuar cuando los gobiernos no lo hacen). Es un editorial con potencial de impacto ya que es el medio periodístico más influyente del país y uno de los más influyentes en el mundo. [8] 

Empezando por el título, el editorial es muy notable, ya que pide a las empresas que actúen ante una falla del gobierno.  Esto es una de las proposiciones de la concepción moderna de la responsabilidad social de las empresas, la de suplir las fallas de gobierno en casos necesarios.  En general esta es una responsabilidad más notable en países en vías de desarrollo, donde las fallas de gobierno son más comunes y amplias, pero en este caso el gobierno de EE. UU. ha demostrado una falla flagrante en actuar sobre un problema que afecta a la sociedad, cual es las frecuentes masacres con armas de asalto, en manos de la población civil.

El editorial pasa revista a diferentes aspectos de la responsabilidad social, en particular al papel de los inversionistas y consumidores en ejercer las presiones en los mercados, que es lo que entienden las empresas, y llamando a los dirigentes responsables a ejercer su poder cuando el gobierno no ejerce el suyo. Pero no menciona el poder de la sociedad civil en pedir cuentas tanto a gobiernos como a empresas por los compromisos adquiridos. 

IV.           En resumen

Este caso no es uno en el que las empresas pueden hacer lo que los gobiernos deben, pero no quieren o no pueden hacer, como es el caso, por ejemplo, de salud, educación, agua, etc., en países en vías de desarrollo. En este caso las empresas hacen lo que saben hacer, el cabildeo, pero en positivo, pidiendo regulaciones y legislaciones para resolver un problema social. Y en algunos casos usan sus actividades para contribuir a resolverlo, con impacto directo e inmediato, como dejar de vender armas y lo que sería muy efectivo, que el sistema financiero dejase de procesar transacciones de compra venta de armas al público y de financiar las empresas que contribuyen a ello.

Utópico, pero pensable.





[1] Ver mi serie de cuatro artículos sobre el Activismo de líderes empresariales y el artículo sobre la Responsabilidad política de la empresa responsable.

[2]  Un candidato a la nominación del partido demócrata para la presidencia del país anunció que una de sus medidas sería la confiscación de las armas de asalto en poder de los ciudadanos y las amenazas de muerte contra él no se hicieron esperar.

[4] A mediados de septiembre, el CEO de Walmart mencionado arriba fue nombrado presidente del Business RoundTable, institución gremial que promovió la Declaración, en sustitución de Jamie Dimon el CEO de JP Morgan, que había impulsado la Declaración.

[5] Andrew Ross Sorkin, ‘Simply Unacceptable’: Executives Demand Senate Action on Gun Violence, New York Times, 12 septiembre 2019.

[6] En el artículo sobre la Responsabilidad política de la empresa responsable analizábamos la participación de la empresa en políticas públicas a nivel nacional, individual y colectiva.

[7] Milton Friedman, The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits, New York Times, 17 septiembre 1970.

[8] Para los no conocedores es de notar que el NYT es un medio relativamente imparcial, pero de tendencia progresista. 



domingo, 15 de septiembre de 2019

Rentabilidad de la responsabilidad o responsabilidad de la rentabilidad


¿Es rentable para las empresas el ser responsable? 

La respuesta se debe buscar en dos facetas, con distintas implicaciones. Por una parte, es si las empresas que son responsables tienen mejores rendimientos financieros en los mercados de valores, a efectos de establecer estrategias de inversión en sus valores para los inversionistas responsables.  Por otra parte, la pregunta se puede reformular como si la responsabilidad mejora la competitividad (rentabilidad) de una empresa en particular a efectos de establecer una estrategia de gestión para esa empresa.

Primero comentamos las posibles relaciones entre rentabilidad y sostenibilidad, tanto para el caso del agregado del conjunto de empresas como en caso de una empresa en particular, para luego analizar las principales conclusiones de los cuatro estudios y finalmente ofrecer algunas conclusiones sobre el tema.

I.                Responsabilidad y rentabilidad

1.      Rentabilidad de activos financieros responsables

A nivel de la primera faceta es un tema que, en el mediano plazo, no se resolverá de manera definitiva, como comentamos más adelante. Se continuarán publicando muchos artículos, defendiendo (¿demostrando?) las diferentes posiciones, desde que la RSE es rentable, a que no lo es, a que no se puede demostrar de manera concluyente, a mi posición: que es imposible demostrar lo uno o lo otro.

Los que quieren que lo sea, los que promueven la Inversión Socialmente Responsable (analistas, gestores de activos financieros, agencias de ratings, etc.) y algunos académicos neutrales, continuarán encontrando evidencia, ya sea casuística, ya sea estadística basada en una muestra más o menos representativa del universo de valores negociables de las empresas. [i] En general se basan en análisis econométricos de grandes volúmenes de datos sobre muchas empresas y a lo largo de períodos de tiempo, con definiciones específicas de lo que es la responsabilidad y la rentabilidad.  Los interesados destacan los estudios que han encontrado resultados positivos y desestiman los que han encontrado resultados negativos o no concluyentes.  Como dice un dicho de los econometristas: “si torturamos a los datos lo suficiente, confesarán”.  Hay muchas variables estadísticas para la “tortura”: definiciones de responsabilidad, de rentabilidad, empresas en la muestra, período, mercado financiero, etc.

Un segundo grupo, generalmente de académicos neutrales, encontrarán resultados negativos, aunque lo más común es encontrar que las pruebas no son concluyentes, que hay de todo.  Algunos de estos estudios se basan en meta estudios, o sea, en el análisis de decenas de otros estudios específicos, generalmente encontrando que hay algunos que demuestran que sí, otros que demuestran que no y algunos que no son concluyentes. 

Esta gran variedad de resultados y la imposibilidad de demostrar de manera concluyente la relación responsabilidad-rentabilidad se debe mayormente a tres factores que están en juego:

  • Variables. Como se mencionó arriba, son muchas las variables que deben definirse para el análisis estadístico, y una de las más importante es la de “responsabilidad”.  Si entendemos responsabilidad como una modalidad holística de gestión, su cuantificación es imposible.  Lo que suelen hacer los estudios es tomar uno o varios indicadores de algunos aspectos, por ejemplo, diversidad en el Consejo, gastos en medio ambiente, en inversión social, ratings de calificadoras de sostenibilidad, etc.  La rentabilidad puede definirse también de múltiples maneras, basadas en variable contables o en variables de los mercados financieros, sobre diferentes períodos de tiempo.  Con esto es muy difícil hacer generalizaciones y tiende a explicar porque se encuentran todo tipo de resultados.  Cada estudio es diferente.
  • Causalidad.  Aun si los resultados son positivos, no demuestran si la empresa es rentable porque es responsable o es responsable porque es rentable y puede “invertir” en responsabilidad. ¿Qué causa qué?  En el capítulo 10, La responsabilidad como factor de competitividad de la empresa, del libro La responsabilidad social de la empresa en América Latina: Manual de gestión, decíamos:

“…En general las empresas responsables y las rentables tienen algo en común que es la buena gestión y esta es la que determina ambas características: la rentabilidad y la responsabilidad. Es muy difícil probar si primero vino el huevo o la gallina, pero lo cierto es que ambos existen.”

Algunos de los estudios mencionados arriba tratan de determinar la dirección de la causalidad, y también en esto hay resultados en ambas direcciones.
  • Reacción de los mercados.  La conversión de la responsabilidad en rentabilidad depende de la reacción de participantes en los mercados.  Si los inversionistas no saben sobre la responsabilidad de la empresa, o aun sabiendo no actúan en consecuencia, la responsabilidad no se traducirá en mejores rendimientos financieros.  Y este es un caso generalizado, aun cuando con la creciente diseminación de información y el creciente interés por la inversión socialmente responsable, los inversionistas aumentan la demanda por los valores de las empresas responsables y pueden, en consecuencia, aumentar sus precios en las bolsas.

Y es muy importante recordar que estos son estudios estadísticos, no individuales, que los resultados, cualesquiera que estos sean, son válidos para el agregado de la muestra, en el promedio.  Dentro de los centenares de empresas de la muestra, habrá algunas para las que la relación existe y para otras que no, pero a nivel agregado se puede decir que el resultado general aplica. Se puede imaginar un gráfico de rentabilidad versus responsabilidad y habrá puntos por todas partes, con una línea que “resuma” la relación.  Pero son pocas las empresas en la línea.


En resumen, con algunos estudios estadísticos se puede demostrar que la responsabilidad y la rentabilidad están relacionadas, pero ello no permite generalizar este resultado.  Es un resultado estadístico, no matemático, depende de demasiadas variables como para poder ser demostrado de manera concluyente.  Pero a nivel de empresa por empresa, la situación es muy diferente.

2.     Rentabilidad (competitividad) de la empresa

A nivel de gestión de una empresa en particular, lo que importa es si sus prácticas responsables conducirán a mejores resultados, de allí que sea necesario el segundo nivel de análisis, el que determina el impacto de las prácticas de nuestra empresa.  Sobre el impacto de la responsabilidad en la competitividad se han escrito decenas de artículos y no hace falta repetir aquí los argumentos. [ii] Solamente hacer algunas advertencias.  Gran número de estos artículos hablan, sin decirlo explícitamente, del “debería”.  Si se hace tal y cual cosa, “debería” ocurrir esto.  Pero en la gestión de la empresa, nos interesa el “es” no el “debería”. [iii] ¿Conduce la responsabilidad a mayor competitividad?

Algunas acciones responsables, las que dependen exclusivamente de la empresa, son relativamente obvias. Por ejemplo, la reducción del consumo de recursos tiene un efecto inmediato en la reducción de costos.  Hay otros que no son tan obvios, por ejemplo, el mejoramiento de las condiciones laborales, “debería” con altas posibilidades, conducir a una mejor productividad, pero dependerá de la reacción de los empleados.  Y hay algunas que dependen de factores externos que “deberían” pero que no “son” ni con seguridad ni con alta posibilidad.  Por ejemplo, el respeto al medio ambiente en la producción dependerá de que los consumidores se enteren y que actúen en consecuencia favoreciendo los productos y servicios de la empresa. Y aun más, que esas acciones sean percibidas como factor de diferenciación con la competencia.  El cuarto artículo, comentado más abajo, concluye que es la especificidad de las prácticas responsables, la diferenciación de las prácticas de las demás empresas lo que las puede hacer competitivas, es decir, afectar su rentabilidad.

Los fanáticos de la RSE no se hacen estas preguntas, creen que la responsabilidad conduce a responsabilidad y los escépticos, generalmente los fanáticos de la maximización de beneficios creen que no, que es un malgaste de recursos. Como en muchos otros casos, la verdad está entre estos extremos.


II.             Cuatro estudios

A finales del 2018 se publicaron cuatro estudios que merece la pena comentar, para ilustrar estos aspectos que estamos analizando, dos de los cuales podríamos calificar en la primera faceta, inversión en cartera, y dos en la segunda, la gestión de la empresa.

1.      Incorporan los mercados la responsabilidad en el precio de las acciones

El primer estudio, How markets price ESG, es un estudio empírico realizado por la calificadora de sostenibilidad MSCI donde analizan el impacto que cambios en las calificaciones de sostenibilidad tienen sobre el precio de las acciones, o sea, si los mercados reaccionan a cambios en las calificaciones. Sus principales conclusiones son las siguientes:

  • Los mercados tienen mayor sensibilidad a los cambios en empresas que no tienen calificaciones ni muy altas ni muy bajas.
  • Reaccionan más a subidas en las calificaciones que a bajas.
  • Las reacciones son más notables sobre períodos de un año, que sobre cortos o largos plazos.

Estos resultados parecen indicar que el mercado reacciona más a las mejoras en las empresas medianamente responsables, que a las consideradas como muy o poco responsables.  Como si importaran menos los cambios en las que ya son consideradas como muy o poco responsables, como si los precios en los mercados ya reflejaran esa información, en el primer caso que el mejorar más allá de una alta responsabilidad no añade valor, y en segundo caso como si el cambio de “malo a menos malo” no fuera motivo de reconocimiento.  Y que la incorporación del cambio en los precios toma tiempo, pero a largo plazo se olvida.

El resultado de que reaccionan más a las subidas que a las bajas en un poco sorprendente ya que sería de esperar que los mercados reaccionen más a las malas noticias que a las buenas, como han sido los resultados de otros estudios sobre el impacto de noticias favorables o desfavorables.  En algunos de estos estudios se ha demostrado que el efecto es de poca duración, que los precios se recuperan (salvo casos de gran impacto).

Los autores alegan que al analizar cambios de las calificaciones sobre los precios en períodos subsecuentes se demuestra que la causalidad es en la dirección de que la rentabilidad en bolsa en causada por la responsabilidad.  

2.     Cuál es el impacto de la responsabilidad en la valoración de los activos financieros

El segundo estudio The Alpha and Beta of ESG Investing, publicado por Amundi’s Research Centre, una empresa de gestión de activos financieros, [iv] es también un análisis estadístico de masivos volúmenes de información sobre el impacto que la responsabilidad de las empresas (medida con las calificaciones de sostenibilidad de Amundi) tiene sobre los rendimientos.  En este caso la diferencia con los estudios tradicionales es que usan varios períodos de tiempo (2010-2013 y 2014-2017) y varias regiones (EE. UU. y Eurozona) para discernir el impacto que carteras conformadas con altas calificaciones tienen respecto a las conformadas por bajas calificaciones.  Esto podría compensar los problemas de agregación de largos períodos de tiempo o la casuística de cortos períodos, y la concentración en una bolsa de valores, como lo hacen los estudios más tradicionales.  Permite mucha más granularidad y demuestra lo difícil que es generalizar.

Sus principales conclusiones son las siguientes:

  • En el período 2010-2013, la responsabilidad tendió a penalizar tanto las carteas activas como las pasivas en ambas regiones.
  • En el período 2014-2017, la responsabilidad produjo beneficios adicionales en ambas regiones.  En la Eurozona, todos los componentes (Medio ambiente, Social y Gobernanza contribuyeron a estos beneficios adicionales, con la Gobernanza siendo el factor de más impacto, en tanto que en EE. UU. lo fue el componente ambiental.
  • En EE. UU. en el período 2014-2017 los rendimientos aumentaron en función de las calificaciones de sostenibilidad.  En la Eurozona, en el mismo período, las mejores fueron recompensadas y las peores penalizadas.
  • La búsqueda de los rendimientos adicionales a través de la inversión responsable debe implementarse con cautela ya que, siendo solo una porción del universo invertible, puede conducir a menor diversificación y mayores riesgos.

Hemos omitido muchas de las conclusiones a nivel de detalle (qué componente, dónde y cuándo tiene mayor o menor influencia en las buenas y en las malas) para no abrumar al lector.  A lo mejor después de todo esto tendremos más cautela en hacer generalizaciones.

3.     Percepción y valoración de la responsabilidad

El tercer estudio, Sentiment and pricing ESG, es un documento de trabajo por George Serafeim, publicado por la Harvard Business School. Es un análisis de masivos volúmenes de datos sobre el efecto de la responsabilidad de las empresas (indicadores de medio ambiente, social y gobernanza, ASG) en la prima en el precio de las acciones de las calificadas como más responsables.  Concluye que esta prima ha ido creciendo con el tiempo (mi opinión: presumiblemente porque los inversionistas actúan cada vez sobre la información de responsabilidad) y que esta prima aumenta con el impulso (momentum) en el sentimiento.  Por sentimiento, el estudio se refiere a indicadores de la opinión publica (ONG, centros de pensamiento, expertos y medios de comunicación) sobre la responsabilidad de la empresa.

“La evidencia sugiere que el sentimiento del público influencia la opinión de los inversionistas sobre el valor de las actividades responsables y por ende tanto la prima que se paga por la responsabilidad empresarial como el rendimiento de las carteras que consideran la información sobre ASG.”

¿Implicaciones para la estrategia empresarial? Aunque el estudio no hace sugerencias, podemos pensar que la empresa debe preocuparse no solo de serlo, sino de parecerlo, informar al público, y en la medida de lo posible, influenciar ese sentimiento del público (éticamente, se entiende [v] )


Como comentábamos arriba, no solo hay que ser responsable, sino que las partes interesadas, en este caso los inversionistas, deben actuar sobre la información para que la responsabilidad se traduzca en rentabilidad y en este caso parece que el impulso en la percepción del público, no solo la percepción, tiene un efecto positivo.  Hay que ser continuamente proactivo, impulsar.


4.     La responsabilidad como estrategia competitiva

El cuarto estudio es otro documento de trabajo Corporate Sustainability: A Strategy?, por Ioannis Ioannou y George Serafeim, publicado por la Harvard Business School.  También es un análisis estadístico de masivas cantidades de datos, pero a diferencia de los dos primeros no trata de demostrar la rentabilidad de la responsabilidad a nivel agregado, sino que analiza los factores que la pueden hacer rentable, como se puede usar la responsabilidad como estrategia de competitividad. 

El estudio determina que para casi todas las diferentes industrias las practicas de responsabilidad convergen hacia una serie de prácticas “comunes”, aunque hay algunas que son diferentes entre las empresas, que las denominan “estratégicas”.  Son estas las que están relacionadas con el rendimiento sobre el capital y las expectativas de mejores resultados (expresadas en el valor de la empresa en el mercado relativo al valor contable).   Las practicas “comunes” solo tienen impacto sobre este último resultado y no sobre el rendimiento sobre el capital.

Aunque el estudio no lo comenta, es muy posible que la convergencia hacia prácticas comunes esté influenciada por los indicadores para todas las empresas en una industria que piden los estándares de reporte como el GRI y el SASB y los criterios de las calificadoras de responsabilidad, que inducen al efecto rebaño a hacer lo que hay que reportar. O sea, al revés de lo que debería hacerse. Los reportes no deben determinar la estrategia.

Si todos hacemos lo mismo ¿podemos ser competitivos?  De nuevo la respuesta puede parecer obvia a los iniciados en el tema de competitividad: Sí, pero hay que diferenciarse de los demás.

III.           Y mi opinión

La pregunta sobre si la responsabilidad, en general, afecta el positivamente el rendimiento de los valores negociables no tendrá nunca una respuesta convincente, porque es una pregunta demasiado general, busca una respuesta universal, en un agregado de empresas y circunstancias muy diversas.  Cualquier relación que se demuestre, será válida en un gran promedio de variables, lo que tiene poco valor paras las decisiones individuales. Además, que siempre quedarán los problemas de causalidad (¿la responsabilidad conlleva a la rentabilidad o la rentabilidad permite a las empresas ser más responsables?) y que la misma responsabilidad que se usa como variable clave no es medible y, en el mejor de los casos, será válida para la versión que se use.  Como vimos en los resultados comentados, la respuesta se tendrá que dar con una gran cantidad de advertencias si se quiera extrapolar a otros casos.  Y dependerá de que los inversionistas actúen en ese mercado de valores.  Es posible que, con el paso de tiempo, al mejorar la difusión de la responsabilidad de las empresas y el volumen de recursos que se invierten en empresas responsables, la relación se vaya afinando.

Pero a nivel individual, de una empresa en particular la respuesta es más factible y confiable, aunque tampoco se puede extrapolar para todo tipo de actividades.  Algunas se traducen en rentabilidad en el corto plazo, otras en el largo, otras nunca y en algunos casos no se podrá establecer la causa-efecto.  Depende, como hemos comentado, de la reacción de las partes que intervienen en convertir la responsabilidad en rentabilidad o en ventaja competitiva.

Y una advertencia para concluir.  En este artículo nos hemos concentrado en la potencial rentabilidad de la responsabilidad para comentar los cuatro artículos. Pero ello no quiere decir que solo hay que ser responsable porque es rentable, el llamado argumento empresarial.  Debemos recordar el argumento moral, el que la responsabilidad ante la sociedad es una responsabilidad moral de la empresa, sea ello o no rentable.  Si lo es, tanto mejor, pero no debería ser la única razón para serlo.  En el largo plazo, ambos argumentos son el mismo: la buena gestión, y las empresas bien gestionadas tienden a ser mas rentables. [vi]





[ii] El capítulo 10, La responsabilidad como factor de competitividad de la empresa, del libro La responsabilidad social de la empresa en América Latina: Manual de gestión, contiene una extensa discusión.

[iv] Para los no iniciados en la teoría de carteras de inversión, “alpha” se refiere a los rendimientos extraordinarios que se pueden obtener de alguna estrategia activa de inversión (estrategia pasiva es comprar una cartera de acciones y no alterarla), y “beta” se refiere a la sensibilidad de una cartera de inversión a cambios en la valoración del mercado de valores como un todo.