miércoles, 13 de octubre de 2021

ENCUESTA ¿QUÉ ARTÍCULOS PREFIERES VER EN EL BLOG DE CUMPETERE?


Como los lectores del blog saben publico artículos sobre diversos temas relacionados con la responsabilidad empresarial.  Si bien tengo alguna idea de los que son más leídos, la información no es confiable.


Quisiera conocer tu opinión directamente.  Es una encuesta muy simple, toma 2 minutos, pero por favor piensa en las respuestas, sobre todo la primera.

Responderlo en 

https://bit.ly/BlogCump


domingo, 10 de octubre de 2021

El bono ligado a la sostenibilidad más innovador del mundo: El mío.


Voy a ser el innovador de los innovadores en el mercado del financiamiento sostenible.  Voy a emitir un “primer” bono ligado a la sostenibilidad, primero entre los primeros.

El lector interesado en finanzas sostenibles habrá notado la avalancha de “primeros bonos verdes” por una empresa, “primeros bonos verdes” por un gobierno soberano, “primer bono ligado a la sostenibilidad”, “primer bono de sostenibilidad” por una institución financiera, “primera línea de crédito” ligada a la sostenibilidad por una automotriz, “primera emisión de acciones” ligada a la sostenibilidad por una empresa tecnológica, “primer préstamo verde” a una hidroeléctrica, “primera emisión de bono sostenible” en América Latina o en España , “primera emisión de un bono social” de una municipalidad, “primera emisión” de un bono contra la discriminación, “primera emisión” de un bono ligado a los ODS, “primera emisión” para el objetivo #5 de los ODS, “primera emisión” un 29 de febrero, “primera emisión” en una isla desierta, “primera emisión” de un bono arcoíris, “primera emisión de un empresa cuyo nombre empieza con H”, primera emisión, primera emisión……

El lector se da una idea de la importancia (para el emisor) que tienen las “primeras emisiones”. ¡Hay que ser el primero……. en algo!

Y ahora, ¡la emisión más innovadora de todos los tiempos! Mi primer bono.

He decido hacer la primera emisión por una persona natural de bonos ligados a la sostenibilidad en un vecindario.  Seré el primero, sin duda alguna, sentaré precedentes. 

Emitiré un bono ligado a la sostenibilidad por US$80,000 para comprarme el nuevo Audi Q4 e-tron, sportback, del 2022, eléctrico, claro está. 


Lindo ¿eh?

Al ligarlo a la sostenibilidad me comprometo a ahorrar anualmente 2000 kilos de CO2 en emisiones, comparado con las emisiones actuales de mi coche, un BMW 328 GT del 2014.  La tasa de interés será variable y comenzará con la tasa promedio para la adquisición de vehículos de la zona, con un greeninun (prima negativa) del 0.5% por ser para la adquisición de un vehículo verde (aunque espero que sea rojo).  La tasa irá disminuyendo a medida que cumpla con la reducción de las emisiones. Por cada 100 kilos que ahorre se reducirá la tasa de interés en un punto básico (por ejemplo, pasaría de la inicial anual del 3.00% al 2.80% si cumplo con la meta de los 2000 kilos).  Y para ser generoso con el medio ambiente, conduciré el coche mucho más de lo que lo hago ahora y así ahorraré más emisiones y pagaré menos intereses (similar a lo que hizo la emisión del “primer” bono ligado al cumplimiento de los ODS de ENEL, al comprar una planta de renovables ya existente y así reducir sus emisiones, no las del mundo). [1]

Como el bono es emitido por una persona natural y no una persona jurídica, que lo suele garantizar vía su situación financiera general, este será garantizado por mis cuentas en Andorra.

También me comprometo a cambiar el suministro de electricidad en mi casa a electricidad generada por fuentes renovables y cargarlo solo en estaciones que usen esa electricidad.  Es de destacar que con esto voy más allá de mis compromisos en la emisión ya que usaré energía renovable en el resto de mi consumo energético y no solo para el coche.  Espero que mis stakeholders me lo reconozcan (especialmente mis niet@s).  No tengo idea si el proveedor de mi casa genera electricidad vía fuentes renovables, pero entiendo que si la pago como renovable la empresa la debe comprar en alguna parte como tal, aunque los electrones que yo consuma sean sucios.  Lo que cuenta es el impacto incremental.

El bono tendrá un vencimiento de 5 años a ser pagadero en ese momento cuando espero vender el coche para comprarme uno más eficiente y con mayor rango de batería (el bono no será amortizado periódicamente). Como en esto de las finanzas sostenibles no se toman en cuenta las emisiones de la fabricación de los coches ni de su disposición, no pasa nada y lo puedo cambiar frecuentemente, sin que cuenten.

La emisión se hará de acuerdo con los nuevos principios de bonos ligados a la sostenibilidad del International Capital Markets Association, ICMA, y tendrá la requerida “segunda opinión” sobre el cumplimiento con los principios. Esta será preparada por mi hija, que de eso no sabe nada, pero sí sabe opinar, es creativa y escribe bien (y así contribuiré al logro del ODS #5 de Igualdad de género y al ODS #21 de Apoyo a la familia).

El cumplimiento anual y la reducción de la tasa lo verificaré yo mismo ya que soy un individuo confiable y los principios permiten que lo haga el emisor.  No me conviene emitir el bono de acuerdo con la propuesta de principios de bonos verdes de la Unión Europea ya que estos piden verificación independiente por parte de verificadores certificados, y tengo dudas de que en Bruselas me certifiquen.    

El documento del esquema de la emisión para diseminación a los potenciales inversionistas lo está elaborando una microempresa especializada en publicidad (así contribuiré al ODS # 8 de Trabajo decente y crecimiento económico) para que quede muy bonito, y la gente se impresione con las fotos y no se moleste en leer la letra pequeña (les envié el modelo de Coca Cola FEMSA [2] ). Tendrá una página de texto y cinco páginas de fotos del coche, de mis stakeholders (mis niet@s, que son precios@s y que son los que sufrirán las consecuencias del cambio climático), del cargador en el garaje de mi casa y de cargadores de carretera y estacionamientos, cielos azules, plantas solares y molinos de generación.  No será impreso, solo estará disponible de forma electrónica y con ello contribuiré más todavía a evitar emisiones y ahorrar dinero.

Yo mismo gestionaré la emisión y su colocación, porque si lo hacen corredores correrán detrás de sus comisiones, ignorando el impacto sobre el planeta.  Me asesoré con un abogado amigo mío, que es mi vecino, pero que tiene residencia legal en la Islas Caimán y así evitaremos problemas fiscales (no sé si los hay, pero es mejor curarse en salud). Y como todo lo haremos verbalmente no habrá riesgo de que periodistas (ir)responsables nos puedan abrir la caja de Pandora. 

Le recuerdo al lector preocupado que mi bono es ligado a la sostenibilidad, concepto que por ahora no cubre la elusión fiscal (no es lo mismo elusión que evasión [3]). Además de que solo está ligado a las emisiones y que los Principios me permiten ser irresponsable en todo lo demás [4]. Y para los suspicaces…. no hay lavado de dinero ¡no tengo dinero para lavar!

Y para mayores créditos a mi innovación, los recursos del bono de dedicarán en un 100% a la reducción de emisiones, no como muchos emisores que los dedican a actividades tradicionales [5] o solo a una pequeña parte de sus actividades de sostenibilidad.

En la próxima reunión de la asociación de vecinos, a celebrarse en el club del vecindario, voy a hacer el road show correspondiente para presentar la emisión. Espero transmitirla por internet para los que no puedan venir en persona (se requerirá el uso de mascarilla). Estoy ansioso de ver la demanda que tendrá el bono. Estoy seguro de que tendrá gran demanda ya que los vecinos están muy preocupados por el CO2 que ven salir del tubo de escape de mi coche (aunque es invisible) cuando me paseo por el vecindario (en nuevo coche no tiene tubo de escape, así que no se lo podrán ni imaginar).  En función de esa sobredemanda cada vecino solo podrá adquirir un máximo de $2000. 

Reservaré un numero de bonos para mis lectores por si están interesados, y así poder decir además que es el “primer bono ligado a la sostenibilidad comprado por lectores”.

Y todos mis inversores podrán decir que invierten en valores ASG (legítimos, sin greenwashing) y que han contribuido al logro de los ODS, inclusive a uno que no está entre los 17.

 

P.S. Y si alguno se me adelanta y emite un “bono personal, de vecindario, ligado a la sostenibilidad”, por favor denominarlo “segundo” y darme crédito por la idea.

 

miércoles, 6 de octubre de 2021

Hay que vacunarse contra la sostenibilidad en el ADN de la empresa


Pensé que ya nos habíamos olvidado del cliché del “ADN en la responsabilidad empresarial”.  Fue durante muchos años, a mediados de la década anterior, la aseveración más popular en los eventos de RSE. Cansado de ello, en mi artículo, satírico, “Cómo me gustaría ver………del 3 de marzo del 2013, expresé que uno de mis 26 deseos para RSE era asistir a “Una conferencia que no tenga un ponente que diga eso del ADN y la RSE”. 

A finales de septiembre se han publicado dos artículos sobre el ADN de la responsabilidad (a lo mejor hay más). La revista Harvard Deusto publica un artículo Conversaciones Harvard Deusto: La sostenibilidad en el ADN de la empresa y el World Economic Forum y Accenture publicaron el reporte Shaping the Sustainable Organization: Decoding Sustainability DNA to deliver value and impact for all stakeholders, en una apología al stakeholder capitalism.

Sospecho que de tanto hablar del COVID y de las vacunas basadas en ADN se han vuelto a acordar del ADN.  Ahora todos somos genetistas.

Ojalá encuentren una vacuna contra los clichés.

 


sábado, 2 de octubre de 2021

Tres iniciativas en sostenibilidad: Reporte del valor, propósito y objetivos empresariales

 

Tres iniciativas (bajo diferentes nombres: alianza, iniciativa y proyecto) que tienen en común que han sido creadas desde el 2019 y desarrolladas por alianzas independientes entre empresas, instituciones académicas y profesionales con un propósito muy concreto: la promoción de diferentes aspectos de la sostenibilidad en las empresas. Un grupo de empresas que se aliaron para promover información sobre sostenibilidad que mejor sirva sus necesidades, un grupo de instituciones académicas que quieren promover la sostenibilidad alrededor de una mejor concepción del propósito de las empresas y su implementación y un grupo profesionales que lo quieren hacer a través de la recolección y diseminación pública de información sobre los objetivos y posiciones de las empresas en aspectos claves para la sostenibilidad.

I.                Value Balancing Alliance: Alguien lo tiene claro en el reporte de sostenibilidad

Esta iniciativa corresponde a una agrupación de doce grandes empresas, mayormente de Europa, que tiene el objetivo de “crear un estándar de medición de los impactos globales positivos y negativos de la actividad empresarial y proporcionar guías sobre como integrar estos impactos en la dirección de las empresas.”  Si bien es relativamente poco conocida dentro del universo de estándares de información, es necesario comentarla por cuanto es la única propuesta liderada por un grupo de empresas multinacionales.  Está respaldada por la Unión Europea y tiene el apoyo de las cuatro grandes firmas de auditoría, la OCDE y el Foro Económico Mundial. Se distingue de la gran mayoría de las propuestas de estándares [1] en que tiene como objeto el mejorar su propia gestión a través del cálculo en valores monetarios del impacto en la sostenibilidad (similar a la metodología pionera del Grupo Kering de marcas de lujo para los impactos ambientales [2] ) y no solamente desarrollar conjuntos de indicadores y propuestas de narrativa.  Su principal stakeholder es la empresa.

En este artículo comentamos la diseminación reciente de su metodología (en tres documentos) y de los resultados, muy resumidos, de aplicaciones piloto en 11 empresas. 

 


 

La metodología es sumamente ambiciosa ya que pretende atacar elementos que han sido poco o muy imperfectamente considerados: impacto social y ambiental (no solo insumos y productos), valoración monetaria (no solo indicadores) y toda la cadena de valor, desde materias primas pasando por producción y llegando a cubrir el uso por parte del consumidor final. En la valoración monetaria sigue los lineamientos de otras iniciativas como la del Capitals Coalition (fusión de las coaliciones del Natural Capital y la Social and Human Capital), y puede servir de base para la medición de los seis capitales de los informes integrados.


La metodología todavía está en sus comienzos y es objeto de consulta pública, pero ha sido aplicada, en forma parcial, a varios casos. Los documentos fueron presentados en un webinar de una hora organizado por Sustainable Brands, Impact Measurement and Valuation: Holding Sustainability to Account, donde el lector interesado puede ver más detalles (se presentaron los resultados parciales de la aplicación en Phillip Morris International y en Mitsubishi Chemicals, dos organizaciones con gran impacto).

Si se logra completar el proyecto sería una gran contribución a la valoración del impacto de la sostenibilidad y a la toma de decisiones, sobre todo al expresarlos en términos monetarios comparables para poder hacer los tradeoffs necesarios entre los impactos financieros y los ambientales y sociales. Al valorar monetariamente las externalidades positivas y negativas se podría apreciar el verdadero valor creado por las actividades de la empresa.  Por ejemplo, se crea capital financiero y humano, pero se destruye capital natural.  Hoy por hoy no hay manera de valorar el balance neto. Se calcula muy bien el primero, se insinúa el segundo y se ignora el tercero. ¿Cuánto del capital financiero ha sido creado a costa de la destrucción del capital natural?

Esta metodología puede revelar el elevado costo no contabilizado, por ejemplo, al medio ambiente, y poner a las empresas en posiciones muy defensivas, ya que corren el riesgo de que la sociedad quiera recuperar esos costos por parte de la empresa.  En este sentido es muy laudable el reconocimiento que hace el grupo Kering de este costo al revelarlo públicamente (ver nota al pie 2).

II.             Enacting purpose initiative: Como articular el propósito de la empresa

Esta iniciativa está liderada por dos escuelas universitarias, la de negocios Said, de Oxford University y la de leyes de la University of California at Berkeley y respaldada por una empresa de consultoría en propósito, un gestor de fondos de inversión responsables y la academia de ciencias sociales británica. Tiene como objeto aportar claridad y recursos para la articulación del propósito de la empresa en el contexto de su responsabilidad ante la sociedad.  Su enfoque estratégico y conceptual la enfoca a los altos dirigentes y consejeros, más que a los que tienen que implementarla.

Como se recordará el tema del propósito de la empresa ha estado adquiriendo creciente interés en el entorno de responsabilidad empresarial.  Junto con el cambio climático parece ser el tema de moda. [3]

Han producido cuatro documentos para avanzar en la articulación e implementación del propósito de la empresa: Enacting Purpose within the Modern Corporation: A Framework for Boards of Directors, The Enacting Purpose Initiative: Building on Common Ground to Advance Sustainable Capitalism, Measuring Purpose: An Integrated Framework y Enacting Purpose Initiative: EU Report References & Further Reading Bibliography.

En un artículo de presentación de la iniciativa de solo 2 páginas, Why Corporate Purpose is Important to the Recovery From the Pandemic establecen cual debe ser el propósito de la empresa. El Prof. Antonio Argandoña, en el artículo Otra vez el propósito de la organización extrajo las palabras claves en un párrafo, confiriéndole todavía mayor impacto al mensaje:

“He destacado algunas cosas que me han llamado la atención. Un negocio legal, ético, rentable y sostenible, es decir, conforme a las necesidades de los propietarios, directivos, empleados y stakeholders, además de la sociedad. Que crea valor a largo plazo. Que implica a todos los interesados. Que responde no a criterios externos, sino al buen juicio de los que dirigen la empresa. Que ha de ser puesto en práctica. Que responde a los deberes de los gestores para con los propietarios y con todos. Que se aplica a la empresa y a sus partes interesadas.” (énfasis en el original). [4]

Ese debe ser el propósito, en términos generales de la empresa, aunque cada una deba añadir las especificidades que permitan su implementación y no se quede en generalidades grandilocuentes, y que dificulten a la sociedad exigir la rendición de cuentas.

Esto se debe ver como el comienzo, como la base común sobre la cual construir la especificidad que permita a la empresa la implementación práctica de su propósito, plasmándolo en una estrategia de comportamiento responsable, llevando a cabo las acciones pertinentes, reportando sobre sus resultados e impacto y permitiendo a la sociedad su evaluación.  De lo contrario corremos el riesgo de quedarnos en lo de siempre, la declaración de buenos principios y luego nada.  Recordemos la famosa Declaración del Business Roundtable, revisando el propósito de la empresa para sus más de 200 miembros, incluyendo a todos los stakeholders no solo a los shareholders. [5]

El primero de los documentos mencionados es una apología del propósito y ofrece un esquema sobre el papel de deberían jugar los consejos en la definición e implantación del propósito. Puede ser útil para las interacciones de los dirigentes responsables dentro de la gerencia con los consejos (bueno).  El segundo documento es posiblemente el más útil para los dirigentes empresariales.  Analiza en más detalle el propósito de la empresa, su relación y diferencias con la misión, visión y valores de la empresa y con la ASG (estrictamente hablando no es con la ASG, sino con las acciones para implementar el propósito, que no es lo mismo).  Incluye además una discusión sobre la relevancia para los inversionistas y como incorporarlo en la gestión de la empresa (un poco mejor).  El tercero es una colaboración de once autores, mayormente académicos, que presentan un esquema conceptual, sin detalles de cómo hacerlo en la práctica, para la supuesta medición del propósito, pero no dicen como se debe hacer (decepcionante).  El cuarto se explica por sí solo.

III.           Embedding Project: Base de datos sobre objetivos y posiciones en sostenibilidad

Este proyecto está promovido y gestionado por un grupo de profesionales que se definen como un proyecto de investigación al servicio de la implementación de la sostenibilidad en empresas y el apoyo a la investigación de aplicación práctica. No son una empresa de consultoría, sin embargo, ofrecen servicios selectos de asesoría a empresas.  Parecen ser una agrupación independiente sin afiliación a instituciones preexistentes, aunque muchos de los principales investigadores están asociados con la Simon Fraser University en British Columbia, Canadá. Tienen asociaciones con unas 30 empresas privadas, públicas y ONG internacionales.

Su principal objetivo es el apoyo a la implementación de la sostenibilidad por parte de los diferentes dirigentes e investigadores (la traducción literal de “embedding” sería incrustación, más enfático, permanente, que implementación). Para ello mantienen una gran variedad de recursos incluyendo dos bases de datos: (1) sobre los objetivos expresados por las empresas y (2) sobre sus expresadas posiciones públicas en temas relacionados. Ello representa una rica colección de expresiones que pueden ser usadas por otras empresas como modelos o para investigaciones aplicadas sobre variedad e impacto.

En el caso de los objetivos, han revisado más de 12000. La base de datos incluye más de 700 objetivos primarios, que actualizan semanalmente. Pueden ser buscados por aspecto relevante, empresa, sector, nivel de influencia y por las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En el caso de las posiciones públicas, contiene las expresiones de las mayores empresas. Han revisado más de 4000 de ellas y sus documentos.  Incluye más de 200 ejemplos de posiciones claves, que son actualizadas mensualmente.

En ambas bases de datos hacen el seguimiento a más de 1200 empresas y contienen nexos a los documentos más relevantes de cada empresa. Las bases de datos son conjuntas con el World Business Council on Sustainable Development, WBCSD.

Adicionalmente mantienen una amplia biblioteca de documentos calificados en seis temas transversales: cultura, sistemas, estrategia, cambio organizacional, gobernanza y presentación, calificados además por 40 tipos de actividad (por ejemplo, compartir conocimientos, evaluar riesgos, desarrollo del personal, establecimiento de objetivos, etc.).


La iniciativa es un recurso de una gran utilidad para los interesados en saber lo que hacen otras empresas y tomar ideas.

En resumen

La primera alianza es muy ambiciosa y si se lograra concretar sería una de las mejores contribuciones a la sostenibilidad empresarial. Pero lo veo muy difícil, sobre todo en el mediano plazo.  No me sorprendería que eventualmente se abandone incompleta.

La segunda iniciativa, como su nombre lo indica, es un inicio, que se queda en expresiones de buena voluntad y que creemos tendrá poca continuidad e impacto. Terminará en lo que ya es.

La tercera, un proyecto, como su nombre lo indica, es algo que estará siempre en evolución, no tiene un término previsto.  Ojalá lo logren continuar, aunque parecen ser los que menos recursos tienen de las tres iniciativas. Son un grupo de profesionales independientes automotivados.

Mis pronósticos se basan en lo que creo que son los incentivos que enfrentan cada uno de los grupos responsables. Mientras los consultores de la alianza cobren seguirán adelante, los segundos buscan notoriedad y ya la lograron, y los terceros lo necesitan para su supervivencia y seguirán adelante, mientras haya interés en los usuarios.

 



[1] Habíamos analizado en detalle las principales iniciativas para la producción de estándares de reportes de sostenibilidad en ¿Cuántos esquemas/estándares de información sobre sostenibilidad se necesitan? Primera parte: ¿Cuántos hay? y  Segunda parte: ¿Cuántos debe haber? y habíamos puesto esta Alianza en ese contexto.

[2] Presenta la cuantificación de los impactos ambientales de sus operaciones en su “Balance de Pérdidas y Ganancias Ambientales” Environmental Profit & Loss (Ep&L) 2020 Group Results.

[3] Los lectores interesados en el tema del propósito de la empresa pueden encontrar mayores detalles y referencias en mi artículo, Ampliar el propósito de la empresa requiere una implementación a propósito (original en Broadening the purpose of the corporation requires purposeful implementation) y en Mis trece artículos sobre el propósito de la empresa, y en la bibliografía del cuarto documento.

[4] Esta “declaración” es muy semejante al Manifiesto de Davos 2020: El propósito universal de las empresas del Foro Económico Mundial, que ha popularizado el concepto del capitalismo de los stakeholders.

sábado, 25 de septiembre de 2021

Evidencia de Greenwashing en fondos ASG


En el artículo ¿Tienen tus inversiones ASG “grado de sostenibilidad”? publicado el 2 de septiembre del 2021 analizábamos las posibles decepciones de los fondos y valores calificados como responsables, ASG, y su consecuente greenwashing y ofrecíamos una propuesta para paliar estos problemas.

El 21 de septiembre la escuela para negocios (como se autodenominan para enfatizar su enfoque pragmático) École des Hautes Etudes Commerciales du Nord, EDHEC, especializada en finanzas, presentó los resultados de su estudio Doing Good or Feeling Good? Detecting Greenwashing in Climate Investing en el webinar The Climate Deserves Better than 12%! (presentación). El estudio corrobora con evidencia tangible que muchas de las inversiones calificadas como A, “ambientalmente responsables” (el estudio se concentra solo en el tema del cambio climático) dejan mucho que desear en cuanto a impacto en el cambio climático.

En aquel artículo preguntábamos: ¿Cuánta A, o cuánta S, o cuánta G deben tener las empresas que emiten valores o piden préstamos? ¿Cuál es el mínimo necesario para calificar? Este estudio analiza la primera de estas preguntas y concluye que muchos valores calificados como A tienen muy poca A y mucho de greenwashing, pero son calificados como tales, con la implicación (no explícita) de que son “completamente A”.

En este adendum consideramos los resultados del estudio en el contexto de nuestras observaciones.

El aquel articulo analizábamos también el argumento de que los fondos calificados como ASG rendían más que los fondos tradicionales y lo atribuyamos (sin hacen un análisis estadístico riguroso) a que tenían una mayor proporción de valores que eran considerados como ASG, pero que lo eran poco, pero siendo valores de elevada capitalización en el mercado eran incluidos en los fondos para no desviarse mucho del rendimiento de los índice que se usan como benchmark para la evaluación de sus rendimiento.  En efecto, estos valores tienden a ser incluidos en mayores proporciones que en los índices benchmark, lo cual ha dado lugar a un mayor rendimiento de los fondos ASG.

El estudio citado, para mostrar el efecto del greenwashing, se hace también un análisis comparativo de las proporciones de los diferentes valores con supuesto impacto en el cambio climático (A) en fondos comercializados como de ese impacto, con los de los benchmarks. Pero en este caso se concluye con una observación sobre el potencial greenwashing en la composición de los fondos.  Si en nuestro artículo atribuíamos las diferencias de proporciones a la busca de un argumento de mayor rentabilidad, en este estudio es la similitud de proporciones la que sugiere el argumento de greenwashing.

Concluye, por ejemplo, que:

“las estrategias de los fondos que alegan combatir el cambio climático son muy parecidas a las de los fondos tradcionales……..Por ejemplo, los diez valores con mayor proporción en el fondo ASG de MSCI (US$22.500 millones en inversiones: iShares ESG Aware) son las mismas que las de mayor proporción en el índice general S&P 500. 

O sea, que no se enfatizan los valores (acciones y bonos) de las empresas con impacto en el cambio climático. De hecho, la principal conclusión del estudio es que la diferencia global agregada entre las proporciones en los fondos de cambio climático y los tradicionales es de solo el 12%

Como tal, el estudio del greenwashing en la construcción de los fondos de inversión muestra que las calificaciones sobre cambio climático solo corresponden, en el promedio, a un 12% de la diferencia en las proporciones de los valores en los fondos con todas las estrategias de inversión con las que tienen como objetivo primario el impacto sobre el rendimiento climático.

¿Se puede justificar la etiqueta ASG, o en este caso de A, a fondos que en el promedio se diferencian de los tradicionales en un 12%? O sea, un caso de etiquetado más que de impacto, como denunciábamos en el artículo.   

Y no vale la pena entrar en argumentaciones metodológicas sobre el valor del 12% de diferencias. Lo que si es cierto es que la correlación entre la composición de un fondo tradicional y uno dedicado al cambio climático es muy alta y ello indica que hay poca diferencia de estrategia entre ambos, poco valor añadido por los fondos dedicados a valores de empresas que supuestamente son ambientalmente responsables. Los autores del estudio llaman a esto greenwashing, en el sentido de que “venden” un fondo como ambientalmente responsable cuando se diferencian muy poco de los fondos tradicionales.  En el lenguaje de nuestro articulo podríamos decir que con muy poca “A” estos fondos se denominan “A”.

No se puede esperar que los componentes de los fondos ASG sean 100% ASG, pero como proponíamos con la calificación de “grado de sostenibilidad” se debe exigir que cada uno de los valores que se incluyen en esos fondos y los mismos fondos resultantes (no compensar irresponsables con responsables) deban superar un umbral de impacto positivo en sus respectivas especializaciones, en este caso en A.

El estudio también destaca una conclusión colateral pero que es relevante para la construcción de estos fondos de inversión.  Es la estrategia que usan algunos de evitar invertir en empresas que tienen alta contribución a las emisiones, lo cual en principio parece que debe ser la estrategia que seguir, pero que tiene efectos secundarios importantes en la economía real.  Por ejemplo, evitar inversiones en generación de energía eléctrica con fuentes no renovables parece ser razonable, pero ello implica que los fondos afectan la asignación de recursos financieros a ciertos sectores que son (todavía) necesarios para hacer la transición de una economía baja en emisiones carbono.  No se puede vivir sin la electricidad y no toda puede ser generada por fuentes 100% renovable en el corto y mediano plazo.  Lo razonable sería la de no excluir aquella actividad, pero enfatizando su transición a energía limpia.  Debería ser aceptable incluir inversiones en función de su mejora y no solo por su condición actual.  Significativamente el estudio también concluye que los fondos siguen invirtiendo en empresas que empeoran su contribución al cambio climático.

Pero este requeriría de un activismo proactivo de los fondos de inversión, no solo favoreciendo las empresas responsables sino además exigiendo la mejora de ese comportamiento.  Recordemos que la responsabilidad empresarial, en la mayoría de los casos, se aleja mucho de ser inmejorable. En general los fondos de inversión ESG son relativamente pasivos en este sentido [1](con algunas excepciones como el fondo de pensiones más grande del mundo, el de los empleados públicos del estado de California, CalPERS). ¿Debería esto ser parte de la responsabilidad social de los fondos de inversión?

En nuestro artículo comentábamos que se podrían construir fácilmente fondos ambientalmente responsables, aumentando las proporciones en empresas de consultoría (bajas emisiones) y, según el análisis del estudio, reduciendo las proporciones en generación eléctrica.  Pero ¿qué es más importante para la transición a la economía limpia y el desarrollo económico, que es lo que la sociedad necesita? ¿más capital para la consultoría y menos para la electricidad? ¿o más recursos para las empresas de electricidad y con ello estimular el cambio? Mientras tanto ¿podemos vivir sin combustibles fósiles? No, pero se puede estimular a esas empresas que inviertan los beneficios que obtienen con esas fuentes para diversificarse a fuentes renovables. 

En este sentido es de destacar el impacto que puede ejercer la demanda, como es el caso de las empresas de mayor consumo energético del mundo, como Google y Amazon.  Google, desde hace 13 años es neutro en sus emisiones de GEI utilizando energía renovable y compensado emisiones con inversiones en proyectos que evitan o reducen emisiones. Es el mayor comprador del mundo de energía renovable. Amazon también es un gran comprador de energía renovable y se comprometió a usar exclusivamente energía renovable para el 2030 y ser neutrales en carbono para el 2040.

Ejercer el poder de compra es un cabildeo muy efectivo. Al contrario del cabildeo greenwashing que hace el mayor fondo de inversión del mundo, BlackRock, cuyo CEO se ha hecho todavía más famoso al pontificar sobre la responsabilidad de las empresas ante la sociedad, aun cuando sus fondos no actúan en consecuencia.  Se defienden diciendo que consideran más efectivo el involucramiento directo con los dirigentes de las empresas en que invierten.  Mientras tanto no votan a favor de resoluciones, por ejemplo sobre cambio climático, en las Asambleas Generales de Accionistas. [2]

Y ha habido denuncias públicas de este greenwashing por parte de exempleados. Tariq Fancy, el ex jefe de inversiones sostenibles de BlackRock ha denunciado en tres artículos (Secret Diary) la hipocresía de su ex empleador, alegando que sus políticas y esquemas de inventivos conspiran contra sus acciones en sostenibilidad.  La ex jefe de inversiones sostenibles del mayor gestor de inversiones bursátiles de Europa, DWS (Deustche Bank tiene el 80% de las acciones), Desiree Fixler, denunció que su empleador no incorporaba criterios de sostenibilidad en la composición de gran parte de los fondos comercializados como ASG (ello ha dado lugar a su despido y a investigaciones por parte de los reguladores de EE. UU. y de Alemania).

El estudio mencionado hace un breve análisis de este greenwashing en el cabildeo por parte de algunos gestores de fondos responsables. Esto ya lo habíamos analizado en algunos artículos. [3]

En resumen, greenwashing en la selección de los valores a incluir en los fondos, en sus proporciones, en su calificación y aun en el cabildeo a favor de la sostenibilidad.

 

sábado, 18 de septiembre de 2021

Confusiones y malentendidos en la rentabilidad de la responsabilidad

 

Uno de los temas más discutidos en la consideración de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad es si esta es rentable, si el ser responsable es rentable. Es el llamado argumento empresarial (no nos referimos al argumento moral, hay que ser responsables porque sí, porque es de justicia, que es igualmente importante).

 I.                Confusiones y malentendidos

 Esta discusión se desarrolla en un entorno de confusiones y malentendidos. [1] En este artículo trataremos de aclararlas y ponerlas en contexto y está motivado por la discusión en un webinar el 25 de marzo de 2021, Stakeholder capitalism: Thinking beyond shareholder primacy, organizado por la revista The Economist, donde cada uno de los expertos y el moderador se referían a una faceta de la relación entre los dos conceptos, responsabilidad y rentabilidad, girando alrededor del supuesto conflicto (uno conspira contra el otro) y de la causalidad (uno refuerza el otro), con bastante confusión, cada ponente y el moderador exponían su punto de vista en planos diferentes, como si habitasen en universos paralelos, sin darse cuenta del contexto y obviamente sin llegar a acuerdos. Y esto es muy común en la discusión del argumento empresarial, por lo que pretendemos aclararlos en este artículo.

 Algunos alegaban que sí era rentable, bastaba ver el impacto que el reciclaje o la reducción de empaques tenía, otros lo alegaban vía la rentabilidad en bolsa de las empresas responsables y otros alegaban que no era posible ser responsable y cotizar en bolsa y ponían como ejemplo el caso reciente de Danone (ver ¿Valoran los accionistas los beneficios a la sociedad? El caso Danone).  Estas discusiones estaban en dos planos diferentes, una en el contexto de la rentabilidad en las bolsas de valores, que citaba evidencia que no es generalizable, y la otra basada en evidencias circunstanciales. 

 Para aclarar estas confusiones es necesario separar la discusión en los dos planos: la rentabilidad de las empresas responsables en las bolsas de valores, a nivel agregado, y el impacto de la responsabilidad en la rentabilidad de una empresa en particular. El primero es del interés de los inversionistas responsables y el segundo es de mayor interés de los dirigentes de la empresa, e indirectamente de los inversionistas.   

II.             Análisis agregados a nivel de inversiones bursátiles: inversionistas

 Se pretende responder a la pregunta de los inversionistas si es más rentable invertir en empresas o fondos empresas que hayan sido calificadas como responsables, con el objeto de guiar las decisiones de los inversionistas.  Para ello se suelen efectuar estudios estadísticos tratando de correlacionar la rentabilidad con la responsabilidad.  Se han publicado centenares de estos estudios, con resultados muy dispares, algunos, la mayoría, muestra una correlación positiva, algunos una negativa y algunos no concluyente. [2] Estos resultados no son de extrañar ya que cada uno utiliza una metodología diferente y sobre todo diferentes definiciones de rentabilidad y responsabilidad. 

 Esta última es la más variable en estos estudios ya que no hay una definición y mucho menos una cuantificación de lo que quiere decir ser una empresa responsable.  Estos estudios suelen usar un aspecto limitado de la responsabilidad (por ejemplo, porcentaje de mujeres en el consejo, gastos en medio ambiente o en inversión social, beneficios a los empleados, etc.). Algunos utilizan como variable de responsabilidad las calificaciones de empresas calificadoras, tratado de obtener una concepción agregada de la responsabilidad (hay que destacar la gran dispersión de los modelos de estas calificadoras y de las calificaciones para una misma empresa [3] ). Algunos utilizan la reacción del precio en el mercado de valores a anuncios de eventos relacionados con la responsabilidad, ya sean positivos o negativos. La gran mayoría de estos estudios determinar la correlación entre ambas variables, pero solo unos pocos hacen un análisis de la causalidad, quien determina quien, que es primero, la gallina o el huevo.  Y también en este caso los resultados son en ambas direcciones y a veces no concluyentes. [4]

 El problema de estos estudios académicos de correlación es que no hay una concepción generalizable de lo que es responsabilidad y mucho menos de su cuantificación, cuando gran parte de esa responsabilidad es cualitativa. [5] La responsabilidad es especifica a cada empresa, su contexto, los incentivos que enfrentan los dirigentes, su conjunto de stakeholders, con su poder, su voluntad de actuar, su impacto, lo que determinan los aspectos materiales para la empresa, lo que importa. Los millares de indicadores no pueden capturarla.  En el mejor de los casos muestran una correlación entre algún aspecto de responsabilidad y alguna medida de rentabilidad, contable o en bolsa.  Es imposible llegar a una conclusión firme y generalizable. Y en esto hay mucho sesgo hacia lo que se quiere creer más que de lo qué se puede creer.

 Y además de los estudios académicos, de mayor o menor rigor, se suele recurrir a demostraciones que resultan ser circunstanciales, comparando simplistamente la evolución del rendimiento de un índice general con uno de empresas calificadas como responsables, sobre todo sobre el período de la pandemia.  Estas comparaciones no toman en cuenta los diferentes riesgos de ambos conjuntos de acciones y se basan en períodos que pueden no ser representativos.  Además, estos índices responsables suelen incluir empresas que tienen algo de responsabilidad, pero también mucha irresponsabilidad.  Y el “excedente” de rentabilidad está muy influenciado por algunas empresas que ha tenido grandes subidas recientes de precios y no necesariamente por ser responsables. En el mercado de EE. UU. dependen mucho de las cuatro grandes tecnológicas, Alphabet, Apple, Facebook y Microsoft, que suelen calificarse como responsables y que están sobre representadas en los índices con responsabilidad, en comparación con los generales.  Su subida durante la pandemia no se debe a que han sido responsables ante la situación, sino que la situación ha favorecido su negocio. [6]


 

Pero todo esto depende de la reacción de los stakeholders, en este caso de los inversionistas.  Si no actúan, si son indiferentes, la responsabilidad no se traduce en mayor demanda. La rentabilidad en bolsa depende de esa demanda la que a su vez depende, en parte de la responsabilidad y en parte de las expectativas de esos inversionistas.  Es posible que algunos inversionistas, en particular los interesados en las inversiones responsables estimulen la demanda por valores que son calificados como responsables, ya sea porque quieren fomentar esa responsabilidad ya sea porque creen que estas empresas enfrentaran menores riesgos y/o podrán aprovechar las oportunidades de los mercados de sus productos y servicios responsables. [7]

  Pero también es posible que la demanda venga de las expectativas de que habrá demanda, o sea que las compran porque creen que las podrán vender a mayores precios, no necesariamente porque se reconocerá el valor de la responsabilidad.  Este es un factor que ha alimentado la demanda por valores responsables en los últimos tres o cuatro años, al popularizarse la inversión responsable, sobre todo por la influencia del cambio climático y más recientemente por la pandemia

 Esta demanda por expectativa de demanda fue ilustrada recientemente por el caso de una empresa que vende videojuegos en tiendas físicas, GameStop, que languidecía en bolsa, y que promovida a través de “datos” en las redes sociales hizo que su precio subiera más del 1000% en lo que va de año (pico de 1500% en marzo), con pérdidas en los últimos tres, sin justificación alguna por su responsabilidad o por su negocio, sencillamente por la creencia de que habría otros (más tontos) que la querrían comprar (las llamadas acciones “meme”), sobre todo al ver como subía su precio (la manía de los tulipanes del siglo XVII).  Pura especulación. No siempre el mercado de valores es racional. Esto es un caso extremo, muy poco probable que ocurre con temas de sostenibilidad, pero es indicativo del instinto de manada en los inversionistas.

     III.           Análisis a nivel de empresa individual: los dirigentes

 Aquel plano de la relación responsabilidad/rentabilidad es de interés para los dirigentes empresariales en el sentido de que si los mercados de valores reaccionan a su responsabilidad puede subir el precio de sus acciones y reducir su costo de capital en caso de que deban acudir al mercado de valores para financiar su expansión.  También es de interés para los dirigentes en el sentido de que ello puede conducir a una mejora de sus remuneraciones ligadas al precio de las acciones, aunque es muy importante distinguir entre las acciones legitimas y las de greenwashing para influenciar la precepción de los mercados

 Pero es el segundo plano, el de la empresa en particular, que está mucho más bajo el control de los dirigentes que más les debe interesar. En este caso podemos analizar la relación responsabilidad/ rentabilidad en dos frentes: impactos directos e impactos indirectos que dependen de la reacción de los stakeholders.   

1.      Rentabilidad directa de las actividades 

Esta son las actividades que lleva a cabo la empresa que se traducen en impacto financiero sin la mediación de terceros.  Es el caso de la gran mayoría de las actividades de ecoeficiencia: reciclaje, eficiencia en el consumo de recursos (energía, agua, materiales, empaque, etc.), eficiencias en los procesos productivos, etc.  En general reflejan una reducción de costos que se transmiten directamente a los beneficios de la empresa. En este caso no hace hacer muchos análisis para apreciar la relación responsabilidad/rentabilidad.  De hecho, algunos creemos que estas actividades no son una parte especial de la sostenibilidad de la empresa, no hay que ufanarse por ello, son parte de sentido común, de la buena gestión. 

2.      Rentabilidad indirecta de la responsabilidad   

Hay otras acciones que dependen de la reacción de terceros y cuyo impacto sobre la rentabilidad no es obvio.  Para no alargar consideraremos solo dos ejemplos. Se supone que las mejores condiciones laborales conducen a una mayor productividad del capital humano, pero ello depende de la reacción de las personas afectadas. La producción y comercialización de los productos y servicios (por ejemplo, sueldos y precios justos y la responsabilidad de y hacia los suplidores) se supone que debe estimular una mayor demanda por los productos de la empresa, pero ello también depende de la reacción de los consumidores, los cuales pueden o no enterarse (¡haya que comunicar responsablemente!), o bien entrándose, no reaccionar positivamente.  

Y aquí es oportuno considerar un caso que muchas veces se usa con efectos negativos.  Es el caso de la gestión del capital humano.  Su valor no se registra en la contabilidad de la empresa, pero su costo sí e inmediatamente.  Durante la pandemia muchas empresas, para sobrevivir, redujeron el personal, con lo cual se redujeron sus costos inmediatamente.  Pero ello es una solución miope ya que, con el ahorro del costo, contabilizado, se redujo el valor del capital humano, no contabilizado. La rentabilidad (aparentemente) se mejora con la irresponsabilidad. Y hoy en día, donde el conocimiento es fundamental para la competitividad, es reconocido que gran parte del valor de las empresas se debe al valor de ese capital humano. 

3.     A nivel de muchas empresas 

Y hay también estudios estadísticos semejantes a los de la rentabilidad en bolsa donde se analiza la relación entre aspectos específicos de responsabilidad (reciclaje, emisiones, ecoeficiencia, equidad de género, etc.) pero en este caso con la “competitividad” medida, por ejemplo, como cuota de mercado, reputación, rentabilidad contable, etc. [8]  Son extensiones a múltiples empresas de lo que son las relaciones a nivel de empresa individual. Se pretende demostrar que algunas de estas acciones no dependen de la especificidad de cada empresa, que son generalizables y por tanto son de interés de los dirigentes.  Estos estudios suelen mostrar resultados positivos.  Claro está que si todas las empresas hacen lo mismo (¡bienvenido sea!), se pierde el factor diferenciador de la competitividad, y/o depende de la reacción de sus stakeholders particulares. 

IV.           ¿Qué determina la rentabilidad de la responsabilidad?: El denominador común 

1.      Conclusión I: No se puede generalizar 

En el plano de la rentabilidad de la responsabilidad en las bolsas de valores no se puede generalizar ya que es imposible encontrar una medida cuantitativa que represente el amplio espectro de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad.  Los resultados de los diferentes estudios, si bien muestran, en general, una relación positiva, están condicionados por las variables utilizadas, los períodos de tiempo del análisis y las diferentes bolsas de valores.  Y lo que se presenta como una correlación positiva puede ser relativamente débil, en términos estadísticos lo mismo que la causalidad, que puede ser además de ida y vuelta. Pero es el argumento que se usa para promover la inversión socialmente responsable, a nivel general. 

Viendo el diagrama de la izquierda, relativamente representativo de los resultados, ¿diría Ud. que la responsabilidad produce rentabilidad en bolsa (cada punto es una acción)? ¿siempre? ¿a veces? ¿Y si fuera el de la derecha? 

 


Lo que se puede concluir, a nivel agregado, es que la relación depende de la reacción de los inversionistas, de la necesidad de aparecer responsable en las inversiones, del instinto manada, de las expectativas de que eventualmente aumentara la demanda por esos valores y la (ir)racionalidad de los mercados. [9] A nivel de una empresa en particular la relación esta más focalizada en la reacción de los inversionistas a su responsabilidad, especialmente en temas materiales. Y una consideración que es poco comentada y es que a medida que la sostenibilidad se afirma en el mercado de valores, la relación puede fortalecerse, aumenta el interés de los inversionistas en el tema. La pandemia y el cambio climático (lamentablemente) ayudan. Los resultados de los estudios hoy en día serían diferentes de los de hace diez años, por ejemplo. 

En el plano de la rentabilidad de la responsabilidad a nivel de empresa individual es más factible generalizar, sobre todo en los casos de relación directa.  En el caso de que la relación dependa de la reacción de algunos stakholders, la generalización está condicionada.  El activismo de los stakeholders, en general, es todavía incipiente, sobre todo la de los consumidores.  Pero la tendencia es firme hacia una mayor concientización. 

La intersección entre el plano de la rentabilidad en bolsa a nivel general y el de rentabilidad en la empresa a nivel particular es ilustrado por dos casos de empresas cuya responsabilidad está plasmada en sus estatutos.  Mi artículo sobre el caso Danone despertó mucho interés y la clásica pregunta: ¿Fueron sus “malos” resultados debidos a su responsabilidad social o a incompetencia gerencial? Difícil encontrar repuesta definitiva. Pero es oportuno recordar lo que concluía en el artículo sobre Etsy (¿Pueden las empresas certificadas como responsables cotizar en bolsa?): “El caso de Etsy demuestra que las iniciativas que pretenden ser socialmente responsables, a un nivel que va más allá de las acciones puntuales tradicionales, y que deben acudir a los mercados de valores para financiar su crecimiento deben tener una gestión financiera al mismo nivel, o SUPERIOR, de excelencia que las empresas tradicionales.”  Válido para Danone y todas las B-corp y empresas por beneficios que quieran cotizar en bolsas de valores. 

Lo que nos lleva a la segunda conclusión. 

2.     Conclusión II: ¡Es la buena gestión! 

Y siempre queda al pregunta de si es la responsabilidad lo que conduce a la rentabilidad o es esta la que le da la capacidad financiera a la empresa para asumir mejor su responsabilidad. A lo mejor como el caso de la sabiduría popular no podemos responder la pregunta sobre qué es lo primero, si la gallina o el huevo, o qué determina qué. Pero lo que sí es cierto que en todos los casos tienen un denominador común:  la buena gestión. Responsabilidad es sinónimo de buena gestión. Rentabilidad, en el largo plazo y en mercados racionales, bien regulados y bien informados, es resultado de buena gestión.[10] Siempre es posible ser rentable por vías irresponsables, pero, a algunas personas se les puede engañar siempre; a todas, alguna vez, pero no se puede engañar siempre a todas las personas. (You can fool some of the people all the time, all the people some of the time, but you cannot fool all the people all the time: Abraham Lincoln). 

Que fue primero, la gallina o el huevo, la responsabilidad o la rentabilidad: lo primero fue la buena gestión. 

El ejemplo que comentábamos arriba sobre la ecoeficiencia es muy ilustrativo de esto: lo que ayer era algo especial de sostenibilidad hoy es rutinaria buena gestión. Y lo que hoy es todavía sostenibilidad (especial) será en el futuro buena gestión (rutinaria).  La rentabilidad será el resultado de la buena gestión. 


Y volviendo a lo que motivó este artículo, el webinar de The Economist, podemos apreciar la confusión que tenían los participantes al mezclar, sin darse cuenta, diferentes planos, de interés a diferentes stakeholders, con generalizaciones no generalizables y definitivamente no mezclables.

 



[1] Habíamos publicado un artículo en dos partes en mayo del 2008,  ¿Responsable solo si es rentable? Primera Parte y Segunda Parte  y otro en septiembre del 2019, Rentabilidad de la responsabilidad o responsabilidad de la rentabilidad, que tienen un contenido relacionado a este, pero hemos creído oportuno actualizarlo y acotarlo, a ver si es más efectivo. Ver además Mis nueve artículos sobre la tensión entre responsabilidad y rentabilidad. 

[2] Para un ejemplo de estos análisis estadísticos ver el articulo ESG and financial performance: Aggregated evidence from more than 2000 empirical studies (Gunnar Friede, Timo Busch y Alexander Bassen, Journal of Sustainable Finance and Investment 5(4):210-233, octubre 2015).  Un resumen de los múltiples aspectos relacionados con la correlación entre responsabilidad y rentabilidad se encuentra en Exploring Links to Corporate Financial Performance, publicado por Standards and Poor’s Global (abril 2019). 

[3] Ver el análisis de esta dispersión en el artículo ¿Tienen tus inversiones ASG “grado de sostenibilidad”?

[4] Para un análisis mas detallado de estos estudios, sus virtudes y problemas ver el artículo de la nota al pie 1.

 

[6] Pero esta calificación de empresa responsable está sujeta a mucho greenwashing.  Ver el artículo ¿Tienen tus inversiones ASG “grado de sostenibilidad”? 

[7] En estudio estadístico, Corporate Sustainability: First Evidence on Materiality, concluyó que en, efecto, las empresas que tienen mejores calificaciones en los aspectos que le son materiales tienen mayores rendimientos en la bolsa y las que los tienen en aspectos que no le son materiales no rinden mejor. Parece obvio, pero los estudios a nivel agregado hacen esta distinción. Supuestamente los inversionistas reaccionan a los aspectos materiales de la responsabilidad, no a definiciones genéricas. 

[8] El estudio Sustainability innovations and firm competitiveness: A review (Fanny Hermundsdottir y Arild Aspelund, Journal of Cleaner Production, Vol 280, Parte 1, 20 enero 2021) revisa 100 estudios sobre la relación entre aspectos específicos de sostenibilidad ambiental y competitividad, donde la mayoría presenta resultados positivos (solo dos muestran resultados negativos).  En este caso las definiciones de las variables son más acotadas y medibles que en los estudios generales de responsabilidad versus rentabilidad en bolsa. 

[9] En una reciente encuesta entre más de 500 dirigentes empresariales de todo el mundo (ESG Planning and Performance Survey) se encontró que, si bien el 78% creen que sus esfuerzos en sostenibilidad tienee un impacto sobre la marca y la reputación, solo el 48% cree que tiene un impacto financiero. Un obstáculo más a vencer.