sábado, 13 de junio de 2020

¿Es la filantropía parte de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad?


¡Como cambian los tiempos!  Y de repente. En los momentos más álgidos de la discusión sobre cuales eran las responsabilidades de la empresa ante la sociedad decíamos, gritábamos, de que no era hacer donaciones, que no era la filantropía.

 Cansados de oírlo en todas las conferencias sobre la RSE, escribíamos, entre otras cosas, en un artículo sarcástico, “Como nos gustaría ver …..”:

 

Una conferencia que no tenga un ponente que diga que la RSE no es filantropía.

Una conferencia que no tenga un ponente que diga que la RSE es ir más allá de la ley.

Una conferencia que no tenga un ponente que diga eso del ADN y la RSE.

Una conferencia que no tenga necesidad de dar una definición de la RSE.

 Cuanta tinta, cuantos electrones, cuantas palabras se han empleado para distinguir la responsabilidad social de la filantropía, para sacar a las empresas de su malentendido.

 Pero hay que ponerlo en contexto.  Eran momentos en que era necesario hacerle entender a las empresas que no se podían lavar las manos de su responsabilidad social con el dinero de la filantropía.  Había que vencer no solo los orígenes, desde el comienzo de la revolución industrial, de que la responsabilidad se asumía a través de la filantropía, sino lo más pernicioso, la inercia, el continuar haciéndolo cuando la sociedad, sus necesidades y su relación con las empresas, habían cambiado. 

La dependencia de las empresas por las comunidades aledañas y las fallas de los gobiernos de cubrir necesidades básicas de la población durante buena parte del siglo XX perpetuaba la filantropía como sinónimo de responsabilidad.  En países en vías de desarrollo estos efectos eran aún más acentuados y persisten todavía hoy.  De allí los esfuerzos en décadas recientes de implantar la visión más amplia de la responsabilidad de las empresas ante la sociedad, no porque ello era pernicioso, sino porque era y es insuficiente. Lo malo era considerarla como substituto.

 Pero ahora nos encontramos en una situación muy especial donde una de las principales responsabilidades de las empresas, sobre todo las de gran poder económico, es precisamente la filantropía.  Pero de nuevo, no debe ser una filantropía cualquiera, sino una filantropía dirigida y coordinada entre las empresas y sus fundaciones, los gobiernos las instituciones de la sociedad civil, para potenciar el impacto.  Ante la gran sorpresa de la pandemia, la inexistente preparación de los gobiernos, y de muchas instituciones con responsabilidad por la salud de las poblaciones, la capacidad financiera y de gestión y la agilidad de las empresas se está demostrando crítica para hacerle frente.

 Es la filantropía la que está financiando las investigaciones más urgentes, es la filantropía la que está poniendo a disposición de los investigadores equipos de supercomputación necesarios para el procesamiento de la infinidad de datos, es la filantropía la que esta proporcionando equipamientos para los hospitales, muchas veces ante las fallas o incompetencias de los gobiernos.

 Pero con la urgencia, con la necesidad de aparecer que se responde a las necesidades se pueden cometer errores que restan eficiencia y efectividad a estos esfuerzos. Es necesario reducir las trabas burocráticas a las donaciones, sin olvidar la accountability (rendir cuentas asumiendo la responsabilidad), hacer alianzas con otros donantes para potenciar el impacto, apoyar al sector público y enfocarse en las necesidades con mayor impacto y resultados en el corto plazo, sobre todo las sociales.

 Ante el impacto desproporcionado de la pandemia sobre las poblaciones más vulnerables, de menores ingresos y de menores niveles de destrezas laborales, es ser necesario extender la filantropía más allá de los stakeholders materiales y pasar a enfatizar el argumento moral de la responsabilidad, hacer el bien porque es lo justo, sobre el argumento empresarial de hacer el bien porque rinde beneficios.

Y sería de esperar que ante las dificultades que las mismas empresas enfrenan ante la caída de la demanda, se reduzcan estas actividades filantrópicas en momentos de mayor necesidad de las instituciones que promueven el bienestar social.   

 Aunque no es generalizable, algunas de las fundaciones asociadas con empresas que mayores volúmenes de recursos aportan a las instituciones de apoyo social reconocen los aumentos de las necesidades y han decido aumentar sus contribuciones al punto de endeudarse. Por ejemplo, la Fundación Ford, una de las mayores del mundo, emitirá bonos a 30 y 50 años por US$1000 millones (aunque tiene un legado de más de US$17.000 millones con cuyos rendimientos financia las contribuciones, pero no quiere reducir este pool de recursos para mantenerlo viable en el largo plazo; puede aprovechar que las tasas de interés están a niveles históricamente mínimos y que presumiblemente gana más en sus inversiones que lo que pagará por los bonos).

 Sí, la filantropía es parte integral de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad, pero no es substituto, tiene su papel, pero como complemento a una estrategia integral. Y ello no debe implicar el descuido de la responsabilidad entendida en el sentido más amplio. La mayoría de las empresas han visto disminuida su actividad, con los consecuentes impactos negativos en su situación financiera.  Para muchas empresas ello implica entrar en modo de supervivencia, de cortoplacismo, de reducir incertidumbres, y por ende descuidar la visión y acciones de largo plazo requeridas para asumir sus responsabilidades. La otra cara de la moneda es el impacto negativo sobre el personal y otros stakeholders materiales como suplidores, tanto en términos financieros como emocionales y de salud. Y cuando los empleados más necesitan de seguridad, en menores condiciones están las empresas de atenderlos.  Y esto no se arregla con filantropía y no se la debe usar como excusa para relajar la verdadera responsabilidad.

 Para un análisis más detallado de lo que debería ser la responsabilidad de las empresas ante esta situación y lo que muy posiblemente será ver el artículo Impacto de la crisis sobre la responsabilidad empresarial: Deseos y predicciones. Comentábamos en ese artículo que la S de la RSE adquirirá prioridad y la S es terreno fértil para la filantropía.

 


domingo, 7 de junio de 2020

La responsabilidad social de la empresa en tiempos revueltos


El 20 de mayo se transmitió por radio y por YouTube mi conferencia sobre el tema del título, patrocinada por ConexiónRSE.

El video se puede ver aquí:

  

 

La conferencia está basada en los artículo Impacto de la crisis sobre la responsabilidad empresarial: Deseos y predicciones  publicado el 25 de abril y Resultados de la encuesta sobre el impacto de la crisis en la Responsabilidad Social de las Empresas, publicado el 12 de abril en el blog de Cumpetere.

 


sábado, 30 de mayo de 2020

La responsabilidad social de la digitalización


 La mentira ya ha recorrido la mitad del mundo antes 

de que la verdad se termine de poner los zapatos.

Anónimo

 

En las décadas recientes la penetración de la digitalización en la actividad cotidiana se ha venido acelerando y en especial en la difusión de la información con la proliferación de las redes sociales.  La ubiquidad de los teléfonos móviles inteligentes ha creado dependencia de esa digitalización.  Y la crisis la ha intensificado aún más. Ahora la usamos para sobrevivir el confinamiento, para hacer compras esenciales que antes hacíamos de forma presencial y aun para hacer nuestro trabajo cotidiano, desde casa.

Esta ubiquidad de la digitalización y la facilidad y bajo costo de su uso han creado y acentuado las responsabilidades de la producción y uso de las tecnologías digitales y se está volviendo cada vez necesario considerar las responsabilidades ante la sociedad, no de empresas individuales, o de una industria de empresas, o sino además de la actividad misma, de su uso y abuso. Por lo mencionado es ahora más importante considerar esa responsabilidad en el sentido más amplio.

En mayo del 2020 se publicó un artículo, Corporate Responsibility in the Digital Era ,[1] en la revista MIT Sloan Management Review donde se presenta un esquema de esa responsabilidad. Solo destacaremos algunos aspectos que son específicos a la responsabilidad de la digitalización y no los que son comunes a toda responsabilidad empresarial.

El siguiente gráfico presenta un resumen del artículo.  Se puede apreciar que incluye los dos componentes “tradicionales” de la RSE, Social y Ambiental, con aspectos muy comunes a todo tipo de empresas. Incluye un componente que denomina “Económico” que cubre aspectos de la tradicional Gobernanza, pero incluye además un componente específico que es la responsabilidad de la tecnología digital.

 


Los cuatro aspectos mencionados en el tercer componente coinciden con los tradicionales de la gobernanza, pero con algunas variantes específicas que merecen comentar.  El primero reconoce el poder de la tecnología de afectar la cantidad y dignidad del capital humano a ser substituido por capital tecnológico.  Es una responsabilidad de toda empresa o actividad pero que el caso de la digitalización tiene un potencial impacto muy elevado por lo que es muy oportuno e importante destacar y considerar a la hora de intensificar el uso de las tecnologías.

 De hecho, en una encuesta reportada en el Edelman Trust Barometer 2019  (el informe completo aquí) el principal temor expresado por los empleados fue la pérdida del empleo, ya sea por los cambios tecnológicos (55%), ya sea por la falta de las destrezas necesarias (59%).  El 54% creía que la innovación iba demasiado rápido.

Esto es algo relativamente conocido pero que cada día nos trae nuevas implicaciones. Por ejemplo, el reciente confinamiento mundial ha acelerado el uso del teletrabajo y la educación virtual, lo que a primera vista tiene connotaciones muy positivas pero que un análisis más detallado releva connotaciones negativas, incluyendo en los aspectos de la desigualdad económica y social. No se trata solamente de un problema de substitución de personas por máquinas, sino además de la maquinización de las personas.

 El aumento del teletrabajo conlleva una disminución de la utilización del espacio de oficinas, con el consecuente impacto negativo para las personas que se dedican a la limpieza y mantenimiento de las edificaciones y de toda la industria de comidas, entretenimiento y transporte creada alrededor de esos espacios, entre otros impactos.  La educación a distancia también tiene connotaciones positivas, pero donde su análisis más detallado también revela impactos negativos.  Como en el caso del teletrabajo es más apto para las personas de mayores capacidades económicas e intelectuales. Muchos colegios de educación primaria no han podido continuar la educación a distancia por carecer de las tecnologías y, en algunos casos, de las capacidades de los maestros para manejarlas.  Ambas actividades, teletrabajo y teleeducación contribuyen a la desigualdad al afectar más negativamente a las personas con menores ingresos y niveles de educación.  Adicionalmente, reducen el contacto social, el desarrollo de las culturas empresariales y el desarrollo de las destrezas de la convivencia con otras personas. Se corre el riesgo de la deshumanización de los trabajadores y de los alumnos.

El tercer aspecto sobre el pago de los impuestos que tocan no es exclusivo de esta actividad, pero al ser esta menos tangible, que por ejemplo la manufactura, facilita la ubicación de las fuentes de ingresos y costos de tal manera de localizarlos en los territorios dependiendo de la fiscalidad.  Se presta para la elusión fiscal. Los ingresos se ubican en territorios de baja fiscalidad (Irlanda, Luxemburgo, paraísos fiscales), en tanto que los costos se imputan en los territorios que permiten el mayor desgravamen fiscal (para mayores detalles ver los artículos Eludir y evadir impuestos: ¿Hasta dónde llega la irresponsabilidad empresarial?, y  ¿Un paso adelante contra la elusión fiscal?, donde considerábamos el caso de algunas empresas de base digital).  

El artículo del MIT añade un componente específico a la digitalización a los ya tradicionales ASG (ambiente, social y gobernanza) de la RSE de las empresas en general: el tecnológico (que aunque también existe para estas no se suele destacar mucho en las discusiones tradicionales de la RSE).

Se refiere a la responsabilidad en la captación, uso, procesamiento, diseminación y disposición de la información digital, en particular la captada de forma espontánea del público.  La principal preocupación ha sido el abuso de esa información, el mantenimiento de la privacidad (con motivo de algunos abusos habíamos analizado la responsabilidad ante la sociedad de una de las mayores empresas digitales en La responsabilidad social de Facebook).  En este componente, el artículo señala cuatro aspectos, pero comentaremos solo el primero ya que los siguientes tres son relativamente más obvios.

La ética en el uso de los algoritmos y de la inteligencia artificial, no es tan obvia para el gran público.  Los algoritmos son reglas, a veces complejas, para tomar de decisiones que suelen ser desarrollados por personas, empresas o instituciones con el fin de utilizar la inmensa cantidad de información que se recopila continuamente (big data) para, por ejemplo, ofrecer productos a ese público en función de sus intereses expresados, directa o indirectamente en los foros donde los expresa en función de los sitios internet que visita. Se usan algoritmos, por ejemplo, para determinar la concesión de créditos basada en el historial crediticio y otras características y comportamiento de las personas o empresas. Se usan para la selección del personal, también en función de características y comportamiento, basadas en información que ha sido recopilada muchas veces sin el conocimiento de las mismas personas. 

Estos algoritmos y la inteligencia artificial (aprendizaje derivado del análisis de un gran número de decisiones tomadas por otros en circunstancias que tienen algo en común, por ejemplo, analizando miles de operaciones llevadas a cabo por médicos) suelen ser de propiedad exclusiva de los que los desarrollan, sin que los que hayan proporcionado la información lo sepan o sepan que hay dentro de la “caja negra” que toma las decisiones. Suelen ser secretos. Pudiendo ser estos algoritmos muy poderosos y tener una gran influencia sobre la vida de las personas, empresas e instituciones, es que se requiere su desarrollo y utilización éticaSe pueden utilizar para el bien, por ejemplo, para una asignación más eficiente y efectiva de recursos, pero también para el mal, por ejemplo, para discriminar o excluir a personas por sus características, como género, edad, gustos, comportamiento, opiniones, etc.  

Y una gran responsabilidad de la digitalización es el control de información que es falsa y que puede ser dañina para la sociedad. Cuanta zozobra se ha creado en la actual crisis con la diseminación de bulos e información incorrecta o simplemente falsa (Los bulos de la pandemia: cuántos, cuáles, dónde, cómo y quiénes). Si bien es cierto que la responsabilidad recae en las personas o instituciones que la crean y diseminan, no es menos cierto que es la tecnología digital es la que permite su diseminación masiva e instantánea y por ende su impacto negativo.  Los medios tecnológicos de recopilación, procesamiento, uso y difusión de la información tienen gran parte de responsabilidad en controlar esa información.   No es que sea fácil determinarlo ex ante, pero pueden poner los algoritmos y la inteligencia artificial que mencionábamos antes para identificarla y controlarla.  Usarlos para el bien de la sociedad.

Ante los riesgos de la captación, uso, procesamiento, diseminación y de la información digital, la Unión Europea ha desarrollado extensas regulaciones para minimizarlos (ver Reglamento general de protección de datos), que entraron en vigencia en mayo del 2018 y que se cubren los siguientes derechos: 

  1. El derecho a ser informado.
  2. El derecho al acceso.
  3. El derecho a la rectificación.
  4. El derecho a la eliminación.
  5. El derecho a restringir el procesamiento.
  6. El derecho a la portabilidad.
  7. El derecho a objetar.
  8. Derechos relacionados con la toma de decisiones automatizadas y la generación de semblanzas (profiling).

 Ojalá esta responsabilidad de la digitalización sea asumida urbi et orbi.

 ¡Qué iluso!

 

Post Data:  el 26 de mayo del 2020, Twitter, primera vez en su historia, utilizó la advertencia sobre posibles hechos falsos.  Le añadió la designación de “No corroborado” a una aseveración del………. !!!Presidente Trump!!!, donde decía que la expansión del voto por correo en California conduciría al fraude. Twitter invita a los lectores a verificarlo e incluye nexos.

 


[1] Es posible que para acceder al artículo haya que registrarse, pero ello permite leer varios artículos al mes de forma gratuita.


martes, 26 de mayo de 2020

Un buen ejemplo de responsabilidad por los empleados en la crisis



Apenas se detectó la emergencia sanitaria en Italia el empresario y multimillonario Leonardo del Vecchio, fundador y CEO de Luxottica, donó 10 millones de euros para el equipamiento del hospital de Milán que tuvo que atenderla.

Luxottica, fundada en el 1961, es el mayor productor y vendedor del mundo de gafas y lentes (Ray-Ban, Oakley, Vogue Eyewear, Persol, Oliver Peoples, Arnette, Costa del Mar y Alain Mikli, y licencias que incluyen Giorgio Armani, Burberry, Bulgari, Chanel, Coach, Dolce&Gabbana, Ferrari, Michael Kors, Prada, Ralph Lauren, Tiffany, Valentino y Versace). Tiene más de 9000 tiendas, en 150 países y más de 85000 empleados en todo el mundo

Ahora ha anunciado un paquete de medidas para proteger a sus 10000 empleados en Italia, donde tiene su sede en Milán.  Completará sus fondos de compensación, de los cuales los desempleados en Italia reciben sus ingresos, para que reciban el equivalente del 100% del sueldo (los fondos gubernamentales solo cubren hasta el 60%).  Además, pagará una bonificación de 500 euros mensuales a los que continúan trabajando.  Un buen ejemplo de responsabilidad.

Pero lo más interesante es como lo financiará: con la solidaridad de los dirigentes de las empresas que se han reducido el 50% de sus remuneraciones.

Obviamente recuerda sus humildes orígenes y aprecia las necesidades de los trabajadores.  Es hijo de un vendedor de frutas.

Pero, como con el caso de las donaciones de la Fundación de Amancio Ortega, (ver mi análisis en ¿Por qué rechazan la filantropía de Amancio Ortega? y Responsabilidad empresarial y filantropía personal: Las “limosnas” de Amancio Ortega) no han faltado quienes lo acusan de limosnero.  Las mismas confusiones.

Ojalá hubiera más empresarios como estos.


sábado, 16 de mayo de 2020

Cómo las empresas pueden evitar el greenwashing con los ODS



Entrevista de Pernilla Strid, periodista, a Antonio Vives.[1]

Recientemente se propusieron nuevos criterios para el trabajo de la Agenda 2030 de las empresas, para evitar el riesgo de greenwashing con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS. La revista Aktuell Hållbarhet (Medio Ambiente y Sostenibilidad al día) ha pedido al autor Antonio Vives analizar tres grandes empresas suecas en diferentes sectores sobre la base de los criterios propuestos (Eriksson, Stora Enso y Volvo). Ninguna de ellas es aprobada.

Antonio Vives es asociado principal de la firma de consultoría Cumpetere y ex profesor de la Universidad de Stanford, EE. UU. Recientemente, propuso en la publicación Greenbiz una serie de criterios para reducir el riesgo de que las empresas abusen de los ODS en la Agenda 2030, el llamado greenwashing con los ODS".



I.                Los criterios

Las preguntas que Antonio Vives cree que las empresas deben hacerse al encarar y reportar sus actividades con los ODS son:

1. ¿Es la actividad incremental, es decir, se implementa debido a los objetivos de sostenibilidad, o se habría implementado de todos modos?
2. ¿Es material, es decir, transformador y no son “cositas” sueltas?
3. ¿Es contextual, por lo tanto, parte de la estrategia de la empresa?
4. ¿Tiene un impacto medible?
5. ¿Es sostenible en el tiempo, o es solo una acción ocasional o única?

Estos criterios constituyen un reto y, si se aplican estrictamente, podrían reducir significativamente la cantidad de contribuciones reportadas para lograr los ODS y, por lo tanto, la percepción de que se están logrando. Pero si se utilizasen, las contribuciones reportadas serían legítimas, dice Antonio Vives a Aktuell Hållbarhet.

Argumenta que ni las organizaciones de las Naciones Unidas involucradas, ni la multitud de empresas consultoras, ni las propias compañías, ni los gobiernos tienen ningún interés en informar solo contribuciones legítimas. Algo de lo que se lamenta.

Según Antonio Vives, ha habido una presión extrema sobre las empresas privadas en los últimos años para ayudar a alcanzar los ODS por parte de organizaciones que establecen estándares de informes, de las empresas de consultoría y de otras empresas.

Esta presión ha provocado que algunas empresas cambien algunas de sus actividades para que tengan un efecto positivo en los ODS. Pero muchas empresas han respondido a esta presión no haciendo nuevas actividades sino reportando que las actividades que ya estaban haciendo contribuyen a los ODS, dice Antonio Vives.

“Los 17 objetivos de desarrollo sostenible y sus 169 metas cubren la mayor parte de lo que están haciendo las empresas y no es difícil encontrar algo que contribuya a alguna de estas metas.
Algunas empresas han utilizado los ODS como guía para acciones y reportes, pero otras solo como guías para reportar lo que venían haciendo", dice Antonio Vives.

La pregunta importante por responder es, según él, cómo las actividades están mejorando el mundo, en comparación con cómo era la situación antes de que existieran los ODS. Entonces no es suficiente considerar las actividades normales de la empresa como una contribución a los ODS, o exagerar el efecto de contribuciones menores.

¿El empleo regular de una empresa contribuye a la reducción de la pobreza? ¡Absolutamente! Pero la contratación de empleados es parte de las actividades normales de una empresa. No tienen un efecto incremental, a menos que sean parte de un programa de empleo específico, o como resultado de que la compañía retenga un empleo que de otra manera se habría reducido.

De acuerdo con Antonio Vives, afirmar que las actividades que la empresa ya venía realizado antes o las nuevas actividades que la compañía habría realizado de todas maneras, se ejecutan para contribuir a los ODS no debe ser aceptable. Esto aumenta el riesgo de greenwashing.  La sociedad puede pensar que la compañía ha cambiado su estrategia para aumentar su contribución, mientras que de hecho solo ha cambiado su forma de reportar.

II.              Ninguna compañía es aprobada.

Para obtener más información sobre cómo deben interpretarse los criterios, Aktuell Hållbarhet le pidió a Antonio Vives que comentara sobre la contribución de tres multinacionales suecas que Aktuell Hållbarhet seleccionó en tres industrias diferentes.

1.      Ericsson: Sorprendente que no incluya su contribución al cambio climático.

Ninguno de los dos grandes objetivos que Ericsson (empresa de telefonía) ha seleccionado para reportar sus contribuciones agrega nada. Uno es la razón de ser de la empresa y el otro es lo que normalmente se incluye en la gestión de un negocio. Por el contrario, la compañía parece estar contribuyendo positivamente al objetivo climático pero no lo destaca, según Antonio Vives.

Ericsson no tiene un capítulo sobre los ODS en su informe de sostenibilidad, pero informa sobre su contribución en un informe separado, Tecnología para el bien: informe de impacto. Antonio Vives dice que, aunque algunos proyectos y actividades se reportan en el informe, no están vinculados a ningún objetivo o meta específica, pero la compañía afirma que de forma general contribuyen al objetivo 9, " Industria, innovación e infraestructura” y al objetivo 17, "Alianzas para lograr los Objetivos".

Sin embargo, según él, los objetivos seleccionados muestran por qué se necesitan sus criterios.
El primer objetivo es su razón de ser. Es imposible imaginar una empresa como Ericsson que no contribuya a una "infraestructura sostenible y resistente".  Según él, el segundo objetivo, el Objetivo 17, es muy importante para la implementación de la contribución del sector privado a los objetivos globales, ya que todas las partes deben contribuir a alcanzarlos, los gobiernos, las empresas privadas, las ONG y la sociedad misma. Decir que contribuyen al Objetivo 17 puede ser correcto, pero no agrega mucho, ya que las asociaciones son parte de la gestión cotidiana del negocio. Todos lo hacen. Lo que se puede destacar son las nuevas asociaciones, incrementales y específicas, que se han hecho con el objetivo de lograr algunos de los otros 16 objetivos, no una lista de los socios como hacen algunas empresas, para afirmar que están contribuyendo, dice.

Con los criterios de Antonio Vives, Ericsson podría haber elegido otro objetivo para su contribución a la Agenda 2030.  Sorprendentemente, no afirman contribuir al Objetivo 13 sobre el cambio climático, a pesar de que sus tecnologías pueden contribuir a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y el reporte contiene varios ejemplos de esto, dice Antonio Vives.

Cuando se le preguntó qué hace la compañía que no hubiera hecho de otra manera, el gerente de sostenibilidad de Ericsson, Mats Pellbäck Scharp, destaca con detalles los esfuerzos de la empresa para reducir el consumo de energía de los clientes y, por lo tanto, el impacto climático, a través de los productos que vende. En el reciente informe Rompiendo la curva energética, la compañía muestra cómo, al desarrollar su tecnología en cuatro partes diferentes, ayuda a los clientes a reducir el consumo de energía cuando se utiliza la versión de Ericsson de la telefonía móvil de quinta generación.

“Hemos demostrado que con las cuatro partes los clientes reducen su consumo de energía en 5G, aunque algunos creen que la introducción de 5G debería conducir a duplicar su consumo de energía. Nunca hubiéramos logrado esto si no nos hubiéramos preocupado por la sostenibilidad. Pero puede, en cierta medida, impulsar las ventas de servicios y las ventas de equipos de radio trasnmisión. Es una combinación de buen negocio y buena sostenibilidad ", dice Mats Pellbäck Scharp. 



2.     Stora Enso: Da pocos detalles.

Stora Enso tiene la ventaja de trabajar en una industria de insumos renovables y, por lo tanto, contribuye fácilmente a una economía circular. Pero es difícil determinar que la compañía ha aumentado sus esfuerzos como resultado de la adopción de los ODS.

Stora Enso, que fabrica productos de madera aserrada, papel y una amplia gama de otros materiales a base de árboles, ha seleccionado el objetivo 12 "Consumo y producción sostenibles", el objetivo 13 "Combatir el cambio climático" y el objetivo 15 "Ecosistemas y biodiversidad" como los más importantes para la contribución de la empresa. Además, han enumerado en un apéndice cuáles de las metas de estos objetivos se ven afectados por el trabajo de la empresa.

Antonio Vives señala que la lista de metas afectadas es simplemente una lista sin ningún detalle sobre cómo la empresa contribuye a su logro.  Como empresa cuyo negocio es explotar bosques y producir empaques, su impacto en el logro de estos objetivos puede ser considerable. Es parte de la continuidad de su negocio tener una explotación sostenible certificada de los bosques, que son básicamente los objetivos 12 y 15. Pero la pregunta aquí es qué hacen además de sus negocios habituales para ayudar a alcanzar estos objetivos. El informe es demasiado escueto para poder analizar esto en detalle y está lleno de generalizaciones, dice Antonio Vives.

Sin embargo, con base en lo que se dice en el informe, él supone que la empresa está haciendo esfuerzos para diseñar sus productos para que tengan una vida más larga, para que sean utilizados por más consumidores y para que sean más reciclables, lo que ayuda a reducir las cantidades de desechos, las emisiones y consumo de materias primas.  Un buen ejemplo de contribución a la economía circular.

Cuando Stora Enso recibió los comentarios de Antonio Vives, la empresa primero envió una lista con los objetivos y metas. La compañía luego eligió responder las preguntas formuladas en los criterios. Y en respuesta al primer criterio, si las medidas son incrementales, la compañía reconoce que las medidas se habrían tomado incluso si los ODS no hubieran existido. La explicación es que incluso antes de que se formularan los objetivos, la empresa se preocupaba por la sostenibilidad de sus productos.

“Mucho antes de que se definieran las metas para 2030, trabajábamos con sostenibilidad, que incluía todos los objetivos de ODS especificados (12, 13 y 15). Entonces sí, se habría contribuido a ellos, aunque no existieran como tales. Pero al definirse las metas e indicadores globales con los que relacionarse, naturalmente se hace más fácil informar cómo progresa la contribución y poner los resultados en un contexto medible”, dice el gerente ambiental Kenneth Collander.


3.     Volvo: Sus esfuerzos educativos van más allá de lo que hacen la mayoría de las empresas.

Según Antonio Vives, la mayoría de las actividades que contribuyen a los ODS de Volvo son las que la compañía habría llevado a cabo de todos modos.

Según su presentación sobre su contribución a la sostenibilidad en el sitio web, Volvo se centra en cuatro de los ODS. El objetivo 3, "Buena salud y bienestar" se refiere principalmente a la seguridad, el objetivo 9 " Industria, innovación e infraestructura" se relaciona con la eficiencia y la innovación en sus productos, el objetivo 11 "Ciudades y comunidades sostenibles" se trata principalmente de la producción de autobuses eléctricos y el objetivo 13 "Cambio climático" se refiere principalmente a la eficiencia energética de su producción y de sus productos. En su informe integrado anual y de sostenibilidad, también enumeran las contribuciones al objetivo 4 "Buena educación para todos", al 8 "Condiciones de trabajo dignas y crecimiento económico" y al objetivo 12 "Consumo y producción sostenibles".

La mayoría de estas actividades son parte de una gestión empresarial eficaz en un entorno competitivo y se atribuyen como contribución a los ODS, aunque la mayoría se habría realizado independientemente de los objetivos de sostenibilidad, dice Antonio Vives.

Sin embargo, él cree que hay un área destacable como lo son algunos de los programas de capacitación vocacional de la compañía. Se trata del apoyo a colegios técnicos en Europa y América del Norte y sobre el desarrollo de escuelas, formadores, donaciones de vehículos y componentes con fines educativos en algunos mercados emergentes. La compañía también apoya la capacitación de conductores, mecánicos e iniciativas de seguridad vial.

Este programa coincide con los objetivos generales de apoyar el desarrollo económico, especialmente en los países menos desarrollados y puede tener un efecto claro y medible, dice Antonio Vives.

Martina Klaus, gerente de sostenibilidad global de Volvo, cree que el análisis es interesante. Ella dice que se basan en sus actividades y describe sus vínculos directos con los ODS.
“A medida que más y más empresas integren la sostenibilidad en sus operaciones, las actividades vinculadas a objetivos y metas en la agenda global deberían convertirse en partes naturales de la gestión empresarial. Esta es precisamente nuestra misión y un trabajo constante, en proceso. Hemos recorrido un largo camino, pero todavía nos queda mucho trabajo por hacer”, dice Martina Klaus.



III.           Y algunas sugerencias para las empresas

Según Antonio Vives, las empresas deberían preguntarse: ¿Es este el negocio habitual o estas actividades contienen algo nuevo, algún cambio significativo para mejorar el mundo?
Siéntase libres de publicar la larga lista de contribuciones, pero resalten las actividades que son incrementales, materiales y sostenibles en el tiempo y muestren sus impactos.






[1] El artículo fue originalmente publicado en sueco.  Esta es una traducción editada hecha con Google Translate.


sábado, 9 de mayo de 2020

La ingenuidad personificada: La irresponsabilidad disfrazada de responsabilidad



El hombre sabio hace proporcional sus creencias a la evidencia
David Hume, filósofo
1711-1776

Algunos se regocijan de que la actual crisis ha sido un bálsamo para el cambio climático y proponen aprovecharla para intensificar el cambio en el status quo.  Pero no es tan sencillo como puede parecer a primera vista.

Como salvar al mundo

Un reciente artículo (La venganza del pangolín, por Frédéric Beigbeder[i]) en la revista ICON de El País, No. 75 mayo del 2020 (pg. 147), se alegra del impacto de la reciente crisis sobre el medio ambiente y dice que ella ofrece una buena oportunidad para cambiar el rumbo de la humanidad. Dice “¿Qué podemos hacer para retener la lección del pangolín? Empiezo una lista, completadla si queréis.”
 
1) Me encanta la carne, pero tengo que admitir que vamos a tener que dejar de comer animales. Esta enfermedad es su venganza. Deberíamos quedarnos con este mensaje.
2) Limitar los viajes en avión. Volar únicamente si no existe ningún otro medio de transporte menos contaminante.
3) Organizar el reparto de frutas y legumbres biológicas por agricultores próximos a nuestra casa.
4) El gobierno deberá gastar nuestro dinero en más hospitales y menos armamento.
5) Ha llegado el momento de hacer que el coche eléctrico sea obligatorio.
6) Cerrar las oficinas si se puede trabajar en casa.
7) Montar un éxodo urbano, es decir la reinstalación en el campo de millones de ciudadanos que han entendido lo absurdo del hacinamiento en las grandes urbes y desean huir de la contaminación, el ruido, el estrés y los atascos.

Análisis de sensatez

Estas recomendaciones, tomadas a la ligera, parecen tener sentido, pero analizadas en todo su contexto e impacto son ingenuas y tienen consecuencias muy negativas.  Veamos.

Advertencia:  La crítica de las propuestas que hago no quiere decir que no debamos hacer todo lo posible para reducir la contribución de los humanos a la destrucción ambiental. Pero hay que ser racional, hay que analizar no solo los beneficios de las acciones sino también los costos.

1) Me encanta la carne, pero tengo que admitir que vamos a tener que dejar de comer animales. Esta enfermedad es su venganza. Deberíamos quedarnos con este mensaje.

Dejar de comer productos animales podría contribuir a la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero, GEI, ya que la alimentación, digestión (uno de los principales causantes de las emisiones de metano, 25 veces más poderoso que el C02) y su procesamiento para el consumo son causantes del 14,5% de las emisiones mundiales.  Adicionalmente, la reducción del consumo podría mejorar la salud de muchos seres humanos.

SIMPLE, PERO.  ¿Qué hacemos con miles de millones de animales que se crían para el consumo humano? ¿Qué uso de damos a la tierra? ¿Cuántos millones de personas quedan sin empleo en la ganadería y en el procesamiento de alimentos de origen animal?  ¿Qué alternativas de empleo tienen las personas, muchas de los cuales son de bajo nivel educativo y de bajos ingresos?  ¿Y el consumo de esos millones de personas, que generan empleo para otros?  Y los miles de millones de euros que genera la industria, con su efecto multiplicador ¿se pierden?  Y, que comemos, ¿pescado? ¿Hay suficiente para el consumo alternativo?  ¿No están ya los mares sobreexplotados? ¿Comemos más vegetales?  ¿Es la tierra que dejan los animales apta el cultivo de vegetales? 

2) Limitar los viajes en avión. Volar únicamente si no existe ningún otro medio de transporte menos contaminante.

En efecto, podrían disminuir las emisiones de GEI y nos forzaría a intensificar el teletrabajo.

SIMPLE, PERO. La aviación contribuye el 2% de las emisiones totales y el 12% de las emisiones por todo tipo de transporte, en tanto que el terrestre produce el 74% de las emisiones del sector. El 80% de las emisiones de la aviación se deben a vuelos de más de 1500 kilómetros para los cuales no hay alternativas viables.  Y la eficiencia en el consumo de combustible de la aviación ha aumentado significativamente en las últimas décadas.

Pero si se siguiese la recomendación la reducción de emisiones sería baja y sería substituida por otras de mayor contaminación como el transporte con vehículos (no todos los destinos pueden usar trenes eficientes).  Quebrarían la mayoría de las empresas de aviación y los pocos viajes que se pudieran efectuar serían a precios exorbitantes (la industria de la aviación tiene grandes economías de escala y depende de altos volúmenes de pasajeros).   Perderían el empleo millones de personas, no solo las que trabajan en el transporte aéreo sino además las que dependen de ello, como el turismo la industria hotelera, entre otros. ¿Y qué hacemos con los aeropuertos que quedan sobredimensionados y los aviones que ya no se usarían?  Sin duda que hay lograr mejorar en la eficiencia del transporte aéreo pero las soluciones draconianas no son factibles.

3) Organizar el reparto de frutas y legumbres biológicas por agricultores próximos a nuestra casa.

Y así favoreceríamos lo local y se ahorrarían emisiones de gases de efecto invernadero. Y a lo mejor esos alimentos serían más saludables.

SIMPLE, PERO. ¿Tienen los productores locales la capacidad de suministrar las necesidades de la población vecina? Y los que no están cerca de grandes aglomeraciones urbanas, ¿a quién le venden sus productos? ¿Pueden los productores locales de menor tamaño garantizar las seguridades sanitarias necesarias para suministrar las grandes cantidades requeridas (ver el problema que enfrentó la cadena de comida rápida Chipotle al querer comprar local)?. Y se dejarían de capturar las economías de escala de las producciones de alimentos en grandes volúmenes.  Los precios de las frutas y legumbres aumentarían.

Y el cambio en el uso de la tierra, el perturbar la tierra de su estado natural (arado, deforestación para la agricultura, …...) es un gran contribuyente a las emisiones de GEI, el 6%, el triple que la aviación.  Aquella es una medida que solo se puede implementar a pequeña escala.

Y hay maneras de reducir las emisiones de la agricultura mejorando la tecnología, por ejemplo con la agricultura regenerativa (ver Y un (potencial) buen ejemplo de contribución a los ODS).

4) El gobierno deberá gastar nuestro dinero en más hospitales y menos armamento.

Totalmente de acuerdo, pero nótese que no se refiere al tema ambiental como todas las demás.

5) Ha llegado el momento de hacer que el coche eléctrico sea obligatorio.

Ciertamente que reducir el consumo de combustibles fósiles reduciría las emisiones de GEI.

SIMPLE, PERO.  Pongámoslo en perspectiva. El parque automotriz mundial al 2019 es de 1300 millones de coches, con una producción anual de 92 millones. La producción de coches eléctricos es de unos 2 millones anuales, con un stock de unos 10 millones, o sea un 2% de la producción anual y un 0,8% del total en circulación.  Para el 2025 se espera que la producción llegue a los 5 millones anuales, con un stock de unos 60 millones, lo que será cerca del 4% del parque automotriz. 

Sin duda que es conveniente la substitución de vehículos a base de combustibles fósiles por los eléctricos, pero lo que estas cifras demuestran es que el impacto será relativamente bajo, se requiere de mucho tiempo para reemplazar el actual stock de vehículos a base de combustibles fósiles. Y para que los beneficios sean reales la energía con la cual se cargan los eléctricos debe ser renovable, lo cual dista todavía de ser una realidad.

En este caso no habría un cambio dramático en el corto plazo, se desarrolla sobre el largo plazo, con lo cual los cambios de que produce en la economía y el empleo son manejables, se pueden planificar y gestionar.

Y este es excelente ejemplo de hacia donde deberían dirigirse parte de los esfuerzos de los gobiernos en reactivar la economía afectada por la crisis.  Ne se trata de dar dinero a las empresa y personas, sino exigir su uso en actividades que contribuyan al mejoramiento social y ambiental (además de invertir en hospitales en vez de en armamentos).

6) Cerrar las oficinas si se puede trabajar en casa.

Ciertamente que se reduciría el tráfico de vehículos en las grandes urbes, lo que resultaría en menores emisiones de GEI, menor contaminación atmosférica, menor stress y menos tiempo perdido en los viajes, lo que podríamos dedicar a otras actividades, como el reposo y la familia.

SIMPLE, PERO. No todo es positivo, tiene también consecuencias negativas. ¿Qué hacemos con las oficinas vacías? ¿Y el impacto que ello tiene en los negocios que se han creado alrededor de las oficinas?  Llevaría a la pérdida del empleo de millones de personas que dependen de los servicios a las oficinas, como la restauración y los de limpieza y mantenimiento, que suelen emplear a personas de menores niveles educativos y de ingresos. ¿Y los ingresos por concepto de alquiler y la pérdida en el valor del mercado de los edificios de oficinas? Tendría un gran impacto sobre las instituciones financieras, que suelen tener grandes volúmenes de activos en bienes raíces productivos. Tendría además un gran impacto sobre la industria de la construcción.  Se reproduciría la crisis del ladrillo en España.

Y por supuesto que no todas las actividades son aptas para el teletrabajo. Ello favorece a las empresas tecnológicamente más avanzadas y los empleados que pueden usar la tecnología. Se puede perder el sentido de pertenencia al grupo de trabajo y dificultar su cohesión. De nuevo, tiene un impacto negativo sobre las personas de menores niveles educativos e ingresos, que no pueden trabajar desde su casa. 

7) Montar un éxodo urbano, es decir la reinstalación en el campo de millones de ciudadanos que han entendido lo absurdo del hacinamiento en las grandes urbes y desean huir de la contaminación, el ruido, el estrés y los atascos.

Ciertamente que también podría contribuir a una reducción de la contaminación ambiental, al mejoramiento de la calidad de vida de algunos y dar nueva vida a las zonas rurales.

SIMPLE, PERO.  Es otra propuesta que conlleva a grandes pérdidas de empleo, con el consecuente impacto multiplicador sobre la actividad económica.  ¿Dónde están los empleos que necesitamos para sobrevivir? ¿en el campo? ¿Mudamos las industrias al campo?  Las aglomeraciones urbanas tienes problemas, como se mencionan, pero también tienen virtudes, como la eficiencia en el transporte de bienes, el florecimiento del comercio, menores distancias de desplazamiento, mayor vida cultural, …….

Y como en el caso anterior, habría una caída en la demanda de residencias urbanas, con la consecuente caída de precios, de ingresos por alquileres, con  el efecto  multiplicador sobre la actividad económica.  ¿A quien le vendemos las casas, los apartamentos que quedan vacíos? ¿A los okupas?

En todo caso es factible en pequeña escala y sobre largos períodos de tiempo.

Y la gran omisión

Estimular la eficiencia energética y la producción y consumo de energías renovables.

Un solo comentario: La generación y el uso de la energía produce el 72% de las emisiones de GEI.

En resumen

El fin de las recomendaciones puede parecer laudable, pero se le fue la mano.  Quizás el autor suponía que los lectores se lo creen todo, que no piensan.  Pero ello es irresponsable.

No estoy abogando por la continuación del status quo, que no es sostenible, estoy enfatizando que cambiarlo no es tan sencillo como parece, que hay consecuencias que deben analizarse cuidadosamente, planificar los cambios y mitigar los impactos negativos.

Y, obviamente, cada persona es libre de tomar sus decisiones.  Si quieren comer menos carne, si quieren consumir frutas y verduras locales, si quieren viajar menos por avión, si pueden trabajar desde su casa, si pueden comprar un coche eléctrico, si se quieren ir a vivir al campo, que lo hagan, estarán contribuyendo a la mejora de la calidad de vida.  El problema es que ello sea política nacional o que se haga en volúmenes masivos.

La pregunta clave que hay que hacerse: ¿es factible el camino para ir del hoy, en la actualidad, a ese deseable mañana? ¿Cuáles son las consecuencias de ese caminar? Hay un supuesto implícito en estas ideas utópicas de que el camino es plano, corto y en línea recta. Debe diseñarse la transición con mucha cautela.

La crisis ha conllevado a una gran disminución de la actividad económica y lo menos que necesitamos ahora son medidas que la contraigan todavía más.



[i] Prolífico escritor francés, crítico literario y presentador de televisión.