sábado, 26 de noviembre de 2022

Diferencias generacionales en la inversión responsable


 ¿Hay diferencias en las preferencias por la inversión responsable entre las diferentes generaciones?

Se público a finales del 2022 un estudio relativamente novedoso que las analiza entre tres grupos generacionales, los Baby boomers (nacidos entre 1946-1964), la Generación X (1965-1984) y las dos más recientes, Millennials (1985-2000) y Generación Z (2001-2020). Fue realizado por tres instituciones de la Universidad de Stanford 2022 Survey of Investors, Retirement Savings, and ESG (se publicó un artículo resumen en The ESG Generation Gap: Millennials and Boomers Split on Their Investing Goals. (La brecha generacional en ASG: Los millennials y los baby boomers dividen sus objetivos de inversión). Y es interesante porque las diferencias son significativas, cuyo conocimiento es entonces útil para la promoción de esa inversión.

Si bien la encuesta cubre solamente inversionistas de EE. UU., donde las inversiones bursátiles están más difundidas entre la población que en otros países y los resultados no son extrapolables directamente, deben ser de interés para otros países que quieren estimular la inversión responsable. Las preferencias de las diferentes generaciones entre países no son muy diferentes.[1]

El estudio se hizo sobre 2 470 inversionistas con ahorros desde menos de US$10,000 a más de US$500,000 (promedio de US$200,000), distribuidos por género, raza, edad, ingreso familiar y estado de residencia. Solo analizaremos las diferencias por grupo generacional. Si bien el estudio hace un muestreo estratificado por generación, muy posiblemente la cantidad de las inversiones esté dominada por los mayores, que han acumulado mayores capitales.

El siguiente grafico resume las diferencias por tema y por generación, que analizaremos un poco más a continuación.


Porcentaje de los inversionistas que cree que sus inversiones deberían influenciar la sostenibilidad ambiental social y de gobernanza de las empresas en que invierten.

11    1.    Consideración de aspectos ASG [2]

Lo primero que surge es que los jóvenes (millennials y generación Z) tienen mayor preferencia por incorporar aspectos A, S y G en la inversión de sus ahorros. Esto puede ser resultado de la formación, ya que estas generaciones nacieron y han crecido en un entorno que ha mostrado preocupación por los temas ambientales y sociales, en tanto que la generación X y sobre todo los baby boomers (el suscrito incluido) crecieron en un entorno en que estos aspectos no eran considerados críticos y si ahora lo son, en muchos prevalecen las concepciones de su juventud. En el mismo sentido estas preferencias reflejan la preocupación por el largo plazo de parte de las generaciones jóvenes que tendrán que convivir con los impactos del cambio climático y la desigualdad social entre otros, y las generaciones de mayores que piensan que les queda menos tiempo de vida y no lo ven tanto como un problema que les afecta. Son cortoplacistas. ¿Y los hijos y nietos? ¿Nos volvemos menos solidarios, más egoístas a medida que nos volvemos viejos?

Explica además el mayor interés por los aspectos A y S, más novedosos en las inversiones y el menor interés por los aspectos de gobernanza, G, a pesar de que es un tema tradicional entre los analistas financieros y por ende por el lado de la oferta de valores responsables, prevaleciente cuando las viejas generaciones comenzaron con sus inversiones [3]

En este sentido los principales resultados del estudio son:

Las generaciones de los mayores, que viven de sus ahorros están menos preocupadas por los aspectos ambientales y sociales y mucho más preocupados por asegurarse rendimientos financieros que cubran sus necesidades. Solo el 30% expresa preocupación, en tanto que la mayoría de los inversionistas más jóvenes (70%) expresan gran preocupación por aspectos ambientales como las emisiones y las energías renovables.

Algo similar ocurre con los aspectos sociales donde el 65% de los inversionistas jóvenes expresa gran preocupación por temas como la diversidad, desigualdad y las condiciones laborales, comparado con solo el 30% de los mayores.

Y estas preferencias se ven reflejadas en sus inversiones. El 78% de los jóvenes invierte en fondos calificados como de inversión responsable, en tanto que solo lo hace el 19% de los mayores.

Los jóvenes y aquellos que tienen mayores inversiones apoyan más las inversiones responsables, en tanto que las generaciones de los mayores, independientemente del monto de sus inversiones, se oponen a la consideración de aspectos ASG. ¿Solidaridad intergeneracional?

2.    2.    Activismo.

Directamente relacionado con su interés en las inversiones responsables, los jóvenes desean que los gestores de sus fondos se involucren en la promoción de la sostenibilidad empresarial a través del activismo. Recordemos que el activismo es una de las pocas vías para que la inversión responsable tenga impacto sobre la sostenibilidad empresarial. La inversión pasiva tiene poco o ningún impacto. [4]

Casi el 80% de los jóvenes inversionistas, pero solo el 42% de las generaciones de los mayores, opinan que es extremadamente o muy importante que los gestores de sus fondos traten de influenciar las prácticas ambiéntales y sociales de las empresas.  Y el 85% lo haría aun cuando ello decreciera el rendimiento de sus inversiones. Para las generaciones de los mayores, solo el 35% lo apoyaría.

3    3.    Conformidad con el sacrificio de beneficios en aras de la sostenibilidad empresarial

Las generaciones jóvenes parecen ser consistentes y dicen estar dispuestos a sacrificar algunos beneficios para promover la sostenibilidad empresarial.  No es que las empresas responsables rinden menos en bolsa, pero aun si ese fuera el caso, como alegan algunos detractores, estarían dispuestos a hacerlo. [5]

Según el estudio, los inversionistas jóvenes estarían dispuestos a sacrificar entre el 6% y el 10% para que mejorase la responsabilidad ambiental de las empresas, y entre el 10 y el 15% para mejorar las condiciones sociales, en tanto que los baby boomers no estarían dispuestas a sacrificar nada en ambos casos.  Para el tema de gobernanza están dispuestos a sacrificar muy poco. De la encuesta no queda claro si estuviesen dispuestos a sacrificar ambos porcentajes para el logro de responsabilidad ambiental y social.  Cuesta pensar que sea acumulativo.

Hay que destacar que estas preguntas son hipotéticas: ¿Cuánto estaría dispuesto a sacrificar…? y se puede esperar que los jóvenes, que están dispuestos a hacerlo, sean un poco optimistas. La respuesta de la generación de los mayores, siendo tajante y negativa, debería reflejar sus intenciones.

Otro aspecto que permite explicar las actitudes de las generaciones jóvenes es que su expectativa, en el promedio, es de que los rendimientos bursátiles en los próximos diez años serán del 16.8%, Las generaciones de los mayores esperan un 10.7%.  En función de los mayores rendimientos esperados se puede entender que piensen que pueden sacrificar algo de los rendimientos en aras de la sostenibilidad empresarial.

En otro estudio, de la consultora Ernst and Young, EY, (How can corporate reporting bridge the ESG trust gap?), sobre la brecha en la información suministrada por las empresas y las requeridas por los inversionistas, se hizo la pregunta a los gestores de fondos si sus inversionistas estarían dispuestos a sacrificar rendimientos financieros por el logro de objetivos de sostenibilidad empresarial, aunque en este caso el análisis es por área geográfica, no por generación. 

El 31% y 35% en los países de Asia y Europa respectivamente respondieron que lo aceptarían (no hicieron la pregunta en EE. UU y no cubrieron América Latina). Como la respuesta viene dada por los gestores es una pregunta hipotética sobre las opiniones de los inversionistas, pero es de suponer que deben conocer a muchos de sus clientes.  Son porcentajes considerables, sobre todo si se considera que la respuesta cubre las diferentes generaciones y que la de los mayores debe representar el mayor volumen de fondos gestionados.

4    4.    Conocimiento del mercado

Otra parte de la explicación sobre estas preferencias contrastantes es que los jóvenes tienen un mayor conocimiento de la operatoria de los mercados bursátiles. El 78% se define como gran o muy conocedor de los mercados de valores, en tanto que ello es de solo el 20% para las generaciones de de mayores.

5.    5.    En resumen

Las generaciones de los jóvenes son mucho más proclives a considerar aspectos ambientales y sociales en las inversiones de sus ahorros y quieren que los gestores de sus fondos promuevan estos aspectos, que las generaciones de los mayores.

Esto es en buena parte explicado por las diferencias en su formación, en el contexto en que les ha tocado vivir (la preocupación por temas ambientales y sociales a nivel de empresas e inversiones es relativamente reciente), sus expectativas sobre los rendimientos de sus inversiones, su horizonte de planificación y las razones por las que invierten.

Si bien todos invierten para aumentar el valor de sus ahorros, los jóvenes tienen la expectativa de continuar generando recursos financieros vía sus ocupaciones y pueden esperar compensar buenos años con malos años, como sucede en los mercados bursátiles, en tanto que las generaciones de mayores suelen depender de los ingresos derivados de esas inversiones para sufragar sus gastos. Si bien pueden tener pensiones públicas o privadas, suelen ser menores que lo que serían los sueldos.  Han perdido alternativas de generación de ingresos.

Hay que destacar que la encuesta y los que la responden creen que las inversiones en los mercados bursátiles usando criterios ASG contribuyen a la sostenibilidad empresarial, pero como hemos analizado en otros artículos esto no es siempre cierto y en muchos casos el efecto es indirecto. [6]

 

6    6.    Y tú lector, ¿Cuáles son tus preferencias?

Responde a una brevísima encuesta (6 preguntas de respuesta múltiple, 1 minuto) en

https://es.surveymonkey.com/r/8H7W5SY

¡GRACIAS!



[1] Son resultados de una encuesta de opinión, lo que siempre esta supuesto a sesgos. En este caso me atrevo a especular que los jóvenes tienden más a responder favorablemente, en función de lo que es deseable hacer o lo que les gustaría hacer, mientras que los mayores creo que responden en función de lo que ya han hecho.

[2] Al referirse a preferencias de los inversores, ASG es el término usado en el estudio, ya que la sostenibilidad empresarial en su sentido más amplio es posiblemente menos conocida y aquel es el lenguaje común, aunque represente una visión miope. Ver ¿Es lo mismo Inversión Socialmente Responsable, ISR que inversiones ASG?

[3] Ver la discusión sobre el interés relativo de la A, S y G en La “S” de la ASG: ¿Qué es? …. aparte de ser la cenicienta del grupo.

sábado, 19 de noviembre de 2022

¿Control del greenwashing en cambio climático? Necesario, pero ….. Informe del grupo de expertos de la ONU


Quien mucho abarca, poco aprieta
Proverbio popular

 

¿Puede salir algo concreto de la COP27 más allá de su gran contribución a las emisiones derivadas de los miles de asistentes y centenares de ponencias sobre cómo/qué hacer, en vez de hacer?  Algo concreto podría ser la implementación del informe del Grupo de expertos de alto nivel sobre los compromisos sobre neutralidad en emisiones por entidades no estatales (UN High-Level Expert Group on the Net-Zero Emissions Commitments of Non-State Entities). El grupo presentó su informe en la reunión: La integridad cuenta: Los compromisos de cero emisiones netas de empresas, instituciones financieras, ciudades y regiones (Integrity Matters: Net Zero Commitments by Businesses, Financial Institutions, Cities and Regions). Nos referiremos al conjunto como “entidades”.

Pero, ¿es factible la implementación? ¿sería efectiva?

I.                El problema: Greenwashing a la grande en la neutralidad de emisiones.

El lector interesado en estos temas posiblemente habrá notado la proliferación de empresas e instituciones que se comprometen a lograr la neutralidad en emisiones para alguna fecha, algunos para el 2030 y otros para el 2040 y algunos hasta el 2050. Lo de que se comprometen es un decir, lo más preciso sería decir “anuncian la intención”. Es la moda del 2022, sobre todo en vísperas de la celebración de la cumbre sobre el Cambio Climático, Conference of the Parties, COP, numero 27 (sí, ¡ya llevamos 27!).

En un artículo del 10 de noviembre del 2022 el periódico The Economist, comentando el estudio, dice:

“De acuerdo con la consultora Accenture, alrededor de un tercio de las 2000 empresas con ingresos más elevados del mundo han hecho públicos sus compromisos de neutralidad en emisiones de carbono. De estas, sin embargo, el 93% no tiene posibilidad de lograr ese objetivo sin hacer mucho más de lo que hacen al momento. Pocas empresas han establecido planes creíbles de inversión o especificado las metas sobre las cuales se constataría el progreso” (énfasis añadido).

Esta moda de anuncios es tan extendida que ha dado lugar a sospechas (¡fundadas!) de que se hacen para la galería, el clásico greenwashing.  Pero esta vez, en vez de hacerse la vista gorda (como la ONU lo ha hecho durante mucho tiempo con el greenwashing con el Pacto Mundial), el Secretario General de la ONU decidió tomar acción (¿?) y el 31 de marzo del 2022 nombró el grupo de expertos, que produjo un informe a tiempo para la reunión del COP27. [i]  Pero……

II.             ¿Qué recomienda el informe?

A primera vista parece un documento concreto, corto que no se anda en rodeos burocráticos.  Pero algunas de sus recomendaciones son de muy difícil implementación y algunas se salen del objetivo central del informe: reducción del greenwashing.

El informe está estructurado en base a diez recomendaciones básicas, lo que parece manejable, pero no resiste la tentación y añade decenas de sub recomendaciones.  La descripción de los antecedentes del informe son el mínimo necesario.

1.      Recomendaciones

Mencionamos la substancia de las diez recomendaciones, añadiendo énfasis en algunos aspectos que consideramos claves. Cada recomendación esta precedida de una breve justificación y seguida de múltiples “sub-recomendaciones”, que es donde el informe se diluye.

1.      Anuncio de las metas. Las entidades deben reducir sus emisiones lo más rápido posible, preferiblemente más allá de una reducción del 50% para el 2030 y neutralidad para el 2050. Las empresas deben incluir todas las operaciones a lo largo de su cadena de valor y en todos los alcances (1, 2 y 3). Deben reportar periódicamente el progreso en logros y no solo en planes o metas, y ser verificados por una institución independiente.

2.      Establecimiento de las metas. Deben establecer sus metas, de corto plazo de cinco años o menos, antes de un año del anuncio.

3.      Mercados de créditos de carbono. Los mercados que se usen para compensar las emisiones deben ser de comprobada integridad y los créditos no cuentan hacia sus compromisos de reducciones en sus metas de neutralidad, solo para las emisiones no compensadas. Pueden ser usados como instrumentos para la descarbonización en países en vías de desarrollo. Deben ser crédito derivado de reducciones adicionales que no se hubieran logrado sin el incentivo de los mercados de carbono. Los proyectos usados para los créditos deben favorecer los sectores y personas con mayores necesidades, la resiliencia y a las tecnologías con mayores posibilidades de reducir las emisiones en sectores más difíciles. [ii]

4.      Plan de transición. Divulgar las metas absolutas, y de ser posible las relativas, de reducciones de corto, mediano y largo plazo. Detallar el enfoque y precisión de las verificaciones, que los planes de inversiones en capital, tecnología e investigación son compatibles con el logro de las metas y la gobernanza, políticas y regulaciones, incluyendo el precio del carbono que son necesarias para sus planes de transición. Reportar anualmente sobre el logro de las metas y cambios en los planes.

5.      Transición de combustibles fósiles a energías renovables. La transición debe ser justa para las comunidades afectadas para asegurar el acceso a fuentes de energía.  Evitar la transferencia de activos relacionados con combustible fósiles a nuevos propietarios.[iii] La transición debe incluir fondos para la inversión en energías renovables, que deben reportarse en los informes. Para el carbón, cesar la expansión de reservas, desarrollo y explotación de nuevas minas y la operación de generación (2030 en países de la OCDE y 2040 en el resto). En petróleo y gas, cesar la exploración, la expansión de reservas y la producción (¿factible?). Los planes de transición a neutralidad deben incluir metas de adquisición de energía renovable.

6.      Compatibilidad del cabildeo. Reportar afiliaciones con asociaciones gremiales y estimularlas a que promuevan acciones contra el cambio climático y si no lo hacen, dejar la asociación. Contribuir a que sus stakeholders se involucren en la transformación de los sectores económicos en que operan. Las instituciones de servicios profesionales (legales, consultoría, contabilidad, relaciones públicas, etc.) deben divulgar como sus labores con sus clientes contribuyen a la neutralidad y como controlan el greenwashing. [iv]

7.      Personas y naturaleza en la transición. Invertir en la protección y restauración de ecosistemas más allá de las reducciones de emisiones. Estímulo a las concentraciones urbanas reduciendo la dependencia de transporte contaminante y mejorando la eficiencia en el consumo energético, reduciendo la destrucción del medio ambiente.

8.      Transparencia y rendición de cuentas con responsabilidad (accountability). Reportar anualmente información sobre sus emisiones, metas de neutralidad y progreso logrado, en función de la línea de base. Reportar en un formato abierto y estandarizado en plataformas públicas, centralizadas con las reducciones verificadas por instituciones independientes. Debe ofrecerse apoyo a las PyME para sus reducciones y reporte.

9.      Transiciones justas.[v] Crear un nuevo pacto entre instituciones del sector privado, publico y supranacional para asegurar que la transición ofrece oportunidades de desarrollo a los países menos desarrollados, en el acceso a la energía, atendiendo los problemas de las comunidades vulnerables, género y desigualdad.

10.     Acelerar la transición.  Los reguladores deben desarrollar regulaciones y estándares que cubran los compromisos de neutralidad, transición y diseminación, comenzando con los grandes emisores públicos y privados y las instituciones financieras. Para atender el reto de la fragmentación de la regulación se debe crear un Grupo de Trabajo sobre las Regulaciones de la Neutralidad que las coordine.

Plan de acción.

En realidad, no es un Plan de Acción, es una reiteración de las principales recomendaciones y una nueva de que las instituciones públicas las incluyan en sus políticas y regulaciones. Detalla alguna de las funciones del Grupo de Trabajo sobre Neutralidad.

III.           Comisiones y omisiones.

A pesar de ser compacto, el informe adolece de las deficiencias que se suelen observar en grupos de trabajo multidisciplinarios y con amplitud geográfica. Tiene las ventajas de considerar los diferentes puntos de vista, pero en este caso se diluye al querer abarcar una gran variedad de aspectos, cayendo en generalidades de difícil implementación. Tampoco ayuda el querer abarcar empresas, ciudades y regiones.  Se distraen del verdadero objetivo cual es la mejora en la efectividad de los programas de neutralidad de las instituciones cubiertas y la reducción del greenwashing.

En este sentido el lector puede haber notado el uso de un conjunto de palabras que podríamos llamar antónimos de “greenwashing”: integridad, reportar logros, verificación independiente, adicionalidad, accountability, estandarización, plataforma común, entre otras, que sería su punto fuerte (usan las palabras “greenwashing”, nueve veces, sin tapujos, e “integridad”, diecinueve veces, comenzado con la primera palabra del informe). 

Pero cuando se aleja del tema central de integridad y del greenwashing contiene otras recomendaciones que le quitan credibilidad. El informe refleja no solo ingenuidad, en la factibilidad y velocidad de la transición, sino además irresponsabilidad, como es caso de pedir la cesación de la producción de petróleo y gas, cuando está claro que estos productos son necesarios para la transición, y que aun después de haber logrado la neutralidad pueden todavía deben ser necesarios.  Debía enfatizar la transición paulatina y firme, no la cesación. [vi] Y lo más importante, ignora un aspecto crítico para la supervivencia de la humanidad y de la misma transición cual el papel del petróleo y gas en las industrias petroquímica, médica, de alimentos, etc.  No todo el petróleo y gas se convierte en CO2, metano y otros gases de efecto invernadero.

El objeto del informe no puede ser atacar toda la problemática del cambio climático, es (debería ser) fomentar la integridad y reducir el greenwashing.

Porque si quisieran ampliar este ámbito deberían pedir la reducción (en lo políticamente factible) de los subsidios a la combustión del petróleo y gas, que hay en gran número de países. Además, el establecimiento de precios para el carbono, aranceles basados en el contenido de carbono de las importaciones, entre otras medidas. [vii]  Si bien esto son medidas que competen a gobiernos, lo que cae fuera de sus entidades de preocupación, el informe si incluye algunas recomendaciones a gobiernos.

IV.           Y el eterno problema: ¿Quién es responsable de la implementación?

Y la respuesta es siempre la misma: todos nosotros.  Y el resultado es siempre el mismo: no pasa nada (“Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes”, cita atribuida a Albert Einstein). ¿Será diferente esta vez? Veamos.

Con este informe sucede algo parecido al de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, con 17 objetivos, pero 169 metas, de difícil medición y responsabilidad difusa.  En este participaron centenares de expertos e instituciones, cada una con un interés creado en que las 169 metas incluyeran sus intereses. [viii] Con los ODS no hubo plan de acción y tampoco lo hay con este en el sentido de asignación de responsabilidades y recursos, tiempos, logros, reportes de progreso, etc.

“Hágase” no suele ser una orden muy efectiva.

Como ejemplo de la factibilidad y efectividad veamos la recomendación 9 sobre la Transición Justa:

Para el logro de la neutralidad global, al mismo tiempo que se asegura una transición justa y un desarrollo sostenible, se necesita un nuevo pacto para el desarrollo, que incluya las instituciones financieras y las empresas multinacionales, en conjunto con los gobiernos, instituciones multilaterales de financiamiento y de desarrollo para que consistentemente tomen más riesgos y establezcan metas para amentar considerablemente sus inversiones in energía limpia en los países en vías de desarrollo

Laudable. ¿Quién produce el nuevo pacto, quién puede obligar a las partes a que participen, tomen más riesgos y aumenten sus inversiones? Hay dos grandes grupos de actores: el sector privado, autónomo, y los gobiernos y las instituciones supranacionales que esos gobiernos controlan. Son los gobiernos que pueden estimular a estas instituciones a tomar más riesgos y aumentar el financiamiento, pero recordando que su principal objetivo debe ser su factibilidad financiera.  En la reunión de la COP27 algunos gobiernos lo estimularon.

Pero el objeto debe ser la promoción de la integridad y la reducción del greenwashing en los programas de neutralidad. Recordemos del título: La integridad cuenta: Los compromisos de cero emisiones netas de empresas, instituciones financieras, ciudades y regiones.

V.              ¿Qué debieron hacer?

Si se hubieran concentrado en el objetivo primario mencionado arriba, acotado a empresas, podrían ser más efectivos: (1) estableciendo mecanismos de definición de programas de neutralidad; (2) estandarización de metas; (3) reporte de programas y progresos; (4) mecanismos de verificación de la información presentada; y (5) mecanismo de supervisión, control,  diseminación en un medio centralizado de los programas de neutralidad y “enforcement.  Y como ninguna institución tiene poder sobre todas ellas, la difusión pública, así como ellas lo hacen con sus anuncios (greenwashing), sería el mecanismo de “enforcement”, imperfecto pero un paso adelante.

Y en esto se podría aprovechar la experiencia en la parte de reporte del Climate Disclosure Project, CDP, que ahora incluye los estándares del International Sustainability Standards Board, ISSB, para el reporte de la sostenibilidad empresarial, incluyendo uno para el tema de emisiones.

Se debieron concentrar en las primeras cuatro recomendaciones, pero cayeron en una de las comunes tentaciones de los consultores y grupos de trabajo: por el miedo a las acusaciones de errores de omisión, incluyen de todo, lo que lleva a cometer errores de comisión

Ya hay bastantes iniciativas, con poca coordinación, y un ejército de empresas consultoras dispuestas a asesorar sobre el cómo lograr la neutralidad.  Lo que es urgentemente necesario es la integridad de las acciones y los logros prometidos.

 

¿Quién es responsable de la implementación?  Perro de muchos dueños se muere de hambre.



[i] El grupo fue presidido por Katherine McKenna, que había sido ministra de Medio Ambiente y Cambio Climático de Canadá (2015-2019 y tiene dos miembros de Iberoamérica: Camila Escobar, Columbia (sic), CEO de Juan Valdés (empresa cafetera) y Helena Viñes Fiestas, España, consejera de la Comisión Nacional del Mercado de Valores). Incluye 8 hombres y 8 mujeres, además de la presidente.

[ii] Si esto se aplica, muchos de los créditos (fáciles y sin adicionalidad) actualmente en uso dejarían de ser válidos y muchos bonos verdes que hoy se llaman verdes no lo serían. Ver El bono verde de Coca Cola FEMSA: ¿Pintado de verde?

[iv] Estas instituciones son las que muchas veces ayudan a las entidades a hacer el greenwashing.

[v] Una organización de la ONU, la Iniciativa Financiera del Programa Medioambiental de las Naciones Unidas (UNEP FI por sus siglas en inglés) produjo un mes antes una guía para los bancos en el financiamiento de la transición a neutralidad de emisiones, Net Zero Banking Allinace: Transition Finance Guide. Iniciativas no faltan: en la COP26 de Glasgow se creó la Glasgow Finance Alliance for NetZero. En el contexto de las Naciones Unidas existen otras dos: Net-Zero Asset Managers Alliance y la Net-Zero Asset Owner Alliance.

  

sábado, 12 de noviembre de 2022

Inversión responsable o responsabilidad de la inversión: ¿Es responsable la inversión responsable en España?

No es oro todo lo que reluce.

Proverbio popular

 

El 19 de octubre de 2022 se publicó el informe anual de Spainsif, La inversión sostenible y responsable en España 2022, con datos del 2021.  Spainsif es una asociación cuya “…misión primordial es fomentar la integración de criterios ambientales, sociales y de buen gobierno en las políticas de inversión ….así como concienciar e impulsar cambios en los procesos de inversión en la comunidad inversora, ….”. Está integrada por 108 miembros mayormente por gestoras de fondos, otras instituciones financieras, y empresas de consultoría asociadas con la sostenibilidad, todas estas con fines de lucro. Incluye además algunas organizaciones gremiales y académicas, sin ánimo de lucro, y un sindicato. Su lema es “promoviendo la inversión sostenible.

El resultado más destacado del informe es que “La Inversión Sostenible y Responsable ha alcanzado los 379.618 millones de euros gestionados en España durante 2021, lo que ha supuesto un incremento del 10% respecto a 2020, con un peso del 51% sobre el total” (énfasis añadido).

Al poner en su sola frase las palabras “Inversión Sostenible y Responsable” y “379 618 millones de euros”, se presupone, sin pensarlo, de que los casi 380 000 millones de euros están invertidos en valores de emisores responsables y que han contribuido a la sostenibilidad empresarial en España.  En este artículo diseccionaremos este supuesto implícito analizando si representan, en efecto, inversiones en valores de emisores responsables y si contribuyen a la sostenibilidad empresarial.

I.                Inversión sostenible y responsable en España según el informe de Spainsif.

El informe desglosa la inversión total en los valores por cada una de las modalidades de selección que cubre: [1]

Estas modalidades de selección se pueden definir, de manera general, como:

  • · Integración ASG: Utilización de criterios Ambientales, Sociales y de Gobernanza en la selección de las inversiones a incluir, basadas en evaluaciones y calificaciones, generalmente llevadas a cabo por calificadoras independientes, con multiplicidad de indicadores y criterios. Es la metodología más usada por los gestores de fondos abiertos al público.
  • ·  Involucramiento: Más que un criterio de selección es una metodología de gestión de las inversiones, a través de la cual la gestora, sus representantes, o los mismos inversionistas en los fondos, ejercen su poder de voto en las Asambleas Generales de Accionistas y a través de contactos directos con los consejeros/dirigentes o indirectamente por otros medios. Es la metodología generalmente usada por gestoras de fondos privados, como grandes fondos de pensiones, fondos patrimoniales o por instituciones financieras que gestionan sus carteras de inversión por cuenta propia.
  • ·  Exclusión simple: Selección de valores que no pertenecen a sectores industriales considerados irresponsables. Generalmente se refiere a tabaco, alcohol, armamentos, apuestas, combustibles fósiles y pornografía. Esta metodología es usada por gestores de fondos abiertos al público, que no quieren invertir esfuerzos en hacer selecciones rigurosas.
  • ·  Inversión de impacto: Inversiones en valores seleccionados por el impacto tangible de la empresa o proyecto. Es la metodología usada por fondos de inversión privados, generalmente muy concentrados en términos de inversionistas y sectores, por lo que suelen incluir la participación en la gestión de la empresa o proyecto. Es una variante diversificada y responsable de lo que son los fondos de inversión de riesgo y fondos de capital privado tradicionales (venture capital, private equity). [2]
  • ·  Screening basado en normas: Selección de valores basado en nomas de organizaciones internacionales como por ejemplo la Organización de las Naciones Unidas (contribución al logro de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible) o de los Principles of Responsible Investment, PRI (contribución al logro de los 10 Principios), entre otros.
  • ·  Best-in-class: Inversiones en valores de empresas que están calificadas como las más sostenibles de su sector industrial por alguna calificadora. Es una metodología usada por gestores de fondos abiertos al público, generalmente usando criterios ASG, que no quieren hacer su propia evaluación.
  • ·  Inversión temática: Inversiones en valores que exploten las mejores oportunidades de las principales tendencias relacionadas con la sostenibilidad a largo plazo (por ejemplo, empresas que combaten el cambio climático en general o inversiones en energías renovables en particular, o empresas que promueven la agricultura sostenible o la participación de la mujer, entre muchos otros temas). Suelen usar metodologías ASG y best-in-class, tercerizando la calificación o usando evaluaciones propias.

Y en esta calificación del informe Spainsif falta la categoría con el mayor potencial de contribución a la sostenibilidad empresarial, que es la Inversión Socialmente Responsable, ISR, donde los criterios de selección y su evaluación son basados en análisis internos sobre la totalidad de las actividades responsables de los emisores de valores, no solo aquellas que son cuantificables con criterios A, S o G, que son reportados por las empresas.

Es la metodología usada por fondos de inversión comprometidos a la promoción de la sostenibilidad empresarial y no solo a capturar inversionistas responsables. Muchos de los fondos privados usan esta metodología, así como los fondos públicos que atienden a un público inversionista selecto. Pueden incorporar metodologías de inversión de impacto y de involucramiento, pero ninguna de las demás listadas. Para un análisis más completo de las diferencias entre inversiones con criterios ASG y con evaluaciones ISR y su impacto sobre la sostenibilidad empresarial ver el artículo ¿Es lo mismo Inversión Socialmente Responsable, ISR, que inversiones ASG?.

II.             Objetivos de la industria de las inversiones responsables.

Antes de analizar si las estrategias de selección mencionadas seleccionan valores responsables que  son realmente responsables y contribuyen a la sostenibilidad empresarial es conveniente analizar el propósito de la industria de las inversiones responsables y las motivaciones de las partes para fomentar la responsabilidad. Es crítico para entender el grado de responsabilidad de los fondos y de los valores.

En principio hay una demanda de inversiones responsables por inversionistas que quieren utilizar sus recursos financieros para promover el bien común, para lo cual necesiten que existan valores y fondos de inversión con ese objetivo. Son pocos los inversionistas que tienen la capacidad de hacer sus diligencias debidas para seleccionarlos y gestionarlos, por lo que la mayoría debe recurrir a la oferta de intermediarios, como lo son las empresas gestoras de fondos. Algunas de estas sí tienen la capacidad para hacer los análisis requeridos de cada uno de los valores en que invertir y gestionarlas, pero son muchas las que se concentran en la gestión de los fondos y recurren a terceros para hacer la evaluación sobre la responsabilidad de los emisores, generalmente empresas calificadoras, como vimos en las descripciones arriba.

¿Coinciden los objetivos de la demanda y de la oferta? En general no, en algunos casos sí.  La demanda tiene como objetivo fundamental favorecer con sus recursos financieros el avance de la sostenibilidad, pero la oferta, instituciones con fines de lucro (gestoras, calificadoras, consultoras, etc.), en la mayoría de los casos persigue la maximización de beneficios, la reducción de costos, la eficiencia operativa, la mejora de su cuota de mercado, lo que no siempre coincide con el avance la sostenibilidad.  La industria de la oferta está interesada en la expansión del mercado, lo que puede conllevar a ligerezas y simplificaciones en la selección de las inversiones, con lo que terminan ofreciendo fondos como responsables cuando la responsabilidad del fondo como un todo y la de sus componentes individuales no lo son, o dejan que desear.

En esta ligereza/simplificación conviene distinguir dos grandes actores: las gestoras de fondos y las calificadoras. Las gestoras de fondos, en general, claman por información que simplifique el trabajo, ya sea por información uniformada ya sea por información procesada por terceros. Estos terceros, que recopilan, procesan y califican la responsabilidad de los emisores son las calificadoras, de las cuales hace centenares en el mercado, aunque el grueso se esté concentrando en unas seis grandes.

Las calificadoras, si bien hacen análisis exhaustivos de la responsabilidad, usan moldeos simplificados, que se prestan a la comparación entre los valores y la automatización de los análisis. En general analizan miles de indicadores relacionados con los criterios A, S y G, seleccionan algunas decenas que consideran materiales para el sector industrial a la que pertenecen los emisores de valores, les asignan un valor y pesos relativos a cada uno y al componente al que pertenecen, A, S o G. y calculan in promedio ponderado global, que es la calificación del emisor. Se alimenta la información el computador y se producen las calificaciones.

Muchas de las metodologías de selección mencionadas se basan en las calificaciones de sostenibilidad por agencias calificadoras En el artículo ¿Se puede mejorar la relevancia y efectividad de las calificaciones de la sostenibilidad empresarial? analizábamos en mayor detalle este proceso de calificación y concluíamos que adolecen de seis problemas en lo referente a la determinación de la responsabilidad de los emisores (hemos hecho una propuesta para paliar algunos de estos problemas [3] ). Decíamos:

El principal problema (1) es que califican algo que no está definido y que cada calificadora define y modela a su gusto.  ¿Qué es sostenibilidad empresarial?  Lo único que tienen en común es que todas le dan el nombre de calificaciones de sostenibilidad o algo parecido. Adicionalmente, (2), siendo su principal mercado los inversionistas, las calificadoras usan modelos en base a la materialidad financiera, que pretenden indicar el potencial impacto sobre la situación financiera de las empresas, pero muchos de los participantes también están interesados en la materialidad de impacto, el efecto de las actividades de la empresa en la sociedad y el medio ambiente.

Pero (3), ello es ignorado por las calificadoras.  Se basan en los insumos asignados y las actividades llevadas a cabo, y con algunos criterios se basan en planes, en intenciones, pero no en sus resultados y el impacto logrado. Y lo que es peor, (4), se ignoran los impactos negativos, no restan puntos.  Hay empresas con el máximo puntaje (best-in class) que tiene impactos negativos no mitigados y comportamientos irresponsables.

Pero (5), se utilizan como si indicaran la sostenibilidad empresarial, o sea como indicadores del bien que supuestamente hacen para la sociedad. ¿Inconscientemente, por ignorancia, por complicidad o por comodidad? Sea como sea, no solamente tienen los problemas de conflictos de definición de algo no definido, sino además de usos que no se corresponden con su determinación.

Y (6), asignan clasificaciones a los diferentes criterios A, S y G, y calculan una calificación agregada, lo que implícitamente permite compensar deficiencias en algunos aspectos con elementos positivos en otros y viceversa.

Y muchas de las calificadoras no consideran la responsabilidad del producto o servicio. Lo dejan 2a estrategias de exclusión.

Si bien esta brevísima y simplificada descripción no le hace justicia a las complejidades de los modelos de algunas de las calificadoras, es suficiente para los propósitos de nuestra discusión. Hay que recordar que la gran mayoría de las calificadoras no divulgan sus metodologías. [4] Se puede constatar que difícilmente ese gran promedio ponderado de números incompletos refleja la responsabilidad del emisor. Cada una tiene sus ideas de lo que quiere decir ser responsable (sobre lo que no hay ni habrá consenso, dependen del contexto en que opera la empresa, de sus prioridades, del bien que quiere hacer, etc.). Remitimos al lector al artículo ¿Cuál es el banco más sostenible del mundo? donde incluimos la tabla de puntuaciones que asignan una de las mayores calificadoras del mundo, S&PGlobal, a los bancos, donde podrá constatar estas aseveraciones.

Al ser la evaluación un gran promedio ponderado, implícitamente se permite compensar defectos con alguna virtud (en la evaluación de ExxonMobil se compensó su contribución a las emisiones de gases de efecto invernadero, el mayor contribuidor del mundo a nivel de empresa, con sus planes para logar cero emisiones netas en 2050).  La calificación es un neto, pero recordando que no se asignan números negativos a comportamientos irresponsables. [5]

En general, solo las gestoras de fondos que usan evaluaciones integrales ISR evitan muchos de estas deficiencias de las calificaciones y además toman en cuenta otros factores pertinentes para la sostenibilidad empresarial como la cultura, valores, estrategias, políticas y procesos y su implementación, organización, gobernanza, incentivos, relaciones con stakeholders, etc. Y pueden “restar puntos” por impactos negativos.  En este caso la evaluación es a la medida, evalúan el emisor, sus acciones, sus compromisos y sus circunstancias, y en la medida de los posible su impacto, a diferencia de la mayoría de las calificadoras cuya evaluación es más o menos genérica, automatizada. [6] [7] La sostenibilidad empresarial es mucho más que la suma de actividades en aspectos A, aspectos S y aspectos G. [8]

Teoría y práctica y las intenciones y el impacto se confunden en las evaluaciones. El código de conducta/ética y su implementación es un buen ejemplo de estas diferencias. Las calificadoras valoran la existencia del código, pero los que hacen una evaluación integral ISR se preocupan además de la implementación del código, de la cultura de ética, de la gobernanza del proceso, del funcionamiento del comité de ética, de las acciones remediales tomadas.  En sus informes de sostenibilidad difícilmente las empresas reportan estos detalles.

III.           ¿Pero es esta inversión reportada como “responsable” responsable? 

¿Son responsables los valores seleccionados como tales? De la discusión precedente se puede concluir que algo de sostenibilidad empresarial tienen, pero su intensidad depende del proceso de selección, lo que analizamos brevemente a continuación, en orden inverso.

  • Exclusión simple: No necesita comentarios, a lo sumo excluye emisores cuyos productos o servicios, buena parte de la sociedad considera con grados de irresponsabilidad. Pero es una metodología que no quiere aceptar su responsabilidad en la selección, se lava las manos. Debería ser excluida de estas estadísticas.
  • Integración ASG, Best-in-class y Screening basado en normas: Están basados en calificaciones con criterios ASG, aunque la de “Screening basad en normas” puede usar criterios definidos en base a las normas de referencia que suelen ser un subconjunto del total que consideran las calificadoras.  La de best-in-class compara solo empresas dentro de un mismo sector industrial (class).  Las tres adolecen de las deficiencias que mencionamos arriba.  La selección best-in-class trata de evitar la eliminación por completo de emisores de los sectores normalmente excluidos ya que hay empresas en estos sectores que tienen algunas prácticas calificables como responsables con criterios ASG. Las tabacaleras pueden promover la agricultura sostenible y pagar precios justos por sus insumos. Las empresas de armamentos pueden hacer esfuerzos por limitar sus emisiones y tener excelentes beneficios laborales.  De hecho, la calificadora S&PGlobal, que usa la metodología best-in-class para conformar sus índices de sostenibilidad, califica, por definición, a una empresa tabacalera, de armamentos, etc. como las más sostenible de su sector. Así selecciona las empresas más responsables de esta categoría de irresponsables. Estos ejemplos son indicativos de las deficiencias de las calificaciones en representar, de forma agregada, la responsabilidad de los emisores.
  • Involucramiento: La responsabilidad de los emisores incluidos dependerá de la metodología de selección que se haya utilizado. Como comentábamos, es más una estrategia de gestión que criterios de selección. Si se ha seleccionado de acuerdo con criterios ASG, mecanicista, adolecen de los problemas mencionados. Si se han seleccionado con evaluaciones a la medida, ISR, la responsabilidad de los emisores es muy posiblemente superior. Los gestores que utilizan esta metodología, que implica involucrarse, es muy posible que hagan la selección con una evaluación más detallada.
  • Inversión temática: También depende de la metodología de selección. Se trata de seleccionar emisores que tienen responsabilidad en algunos aspectos temáticos, pero ello puede hacerse via los criterios ASG, usando las calificaciones particulares sobre el tema de interés (algún aspecto A o alguno S, o alguno G) y no en el agregado o bien via evaluaciones más detalladas sobre las empresas destacadas en el tema. En el primer caso adolece de algunos de los problemas mencionados, pero no de todos, y en algunos casos se pueden obviar muchos de ellos.  Es muy posible que los inversores que estén interesados en temas específicos tiendan a preferir la metodología de análisis más detallado.
  • Inversión de impacto: En este caso es casi por definición que la metodología de selección es tipo ISR, y hasta más rigurosa, ya que no solo busca resultados sino además impacto tangible, cambios. Es la metodología que mayor proporción de responsabilidad selecciona en los emisores. [9]
  • Inversión ISR: No esta explícitamente considerada en el informe Spainsif, aunque si es posible que con la metodología de “screening en base a normas”, algunas gestoras que usen las normas que hemos destacado como ISR (comportamiento responsable, no solo el uso de indicadores A, S y G), pudieran ser consideradas como tal (pero las de la ONU o el PRI no lo son).  Por la discusión precedente se debe concluir que ISR es la que el mayor grado de responsabilidad incluye entre los emisores seleccionados y por ende los fondos así constituidos tienen mayor legitimidad en el uso del término “inversiones sostenibles y responsables”.  

IV.           Mercados primarios versus mercados secundarios

Aun suponiendo que los fondos de inversión y sus componentes pudiesen ser considerados como responsables, digamos seleccionados a la medida, todavía queda la pregunta más importante sobre estas inversiones: ¿Contribuyen las inversiones responsables a la sostenibilidad empresarial? ¡Qué pregunta! Pues no es obvio. [10]

Para responder a esta pregunta hay que distinguir entre los mercados primarios y secundarios de estos valores. En los mercados primarios las empresas emiten valores negociables (acciones, bonos, obligaciones, etc.) que son adquiridos directamente por los inversionistas y cuyos recursos van directamente a las empresas para financiar sus actividades en la mejora de su sostenibilidad empresarial. En este caso, las inversiones responsables tienen un alto potencial de contribuir a esa sostenibilidad, aunque ello depende la forma en la que las empresas utilicen esos recursos. Pero el hecho de que, por ejemplo, emitan bonos verdes, sociales o sostenibles, para financiar actividades de sostenibilidad no quiere decir que automáticamente se contribuye, ni que el emisor sea responsable (en estos casos la calificación de sostenibilidad es del instrumento no del emisor).  De hecho, hay muchos ejemplos de abuso y greenwashing.[11] [12]

Las inversiones en los mercados secundarios, que son las cubiertas por el informe Spainsif, son los fondos que han sido constituidos mayormente a través de la adquisición de los valores en los mercados bursátiles y de inversión privada, donde los recursos financieros intercambiados en la transacción van de un comprador a un vendedor, sin que las empresas emisoras reciban recursos algunos. En este caso y en el caso de los bonos ligados a la sostenibilidad (donde los recursos son para uso general de la empresa, no directamente para una activad de sostenibilidad), no hay contribución directa a la sostenibilidad empresarial.

Pero puede haber contribución indirecta via el involucramiento de los gestores de fondos responsables en influenciar el comportamiento de las empresas. Este es el caso más común de los gestores de fondos privados, cerrados, los de la inversión de impacto, los de involucramiento y los fondos gestionados via ISR, pero no para los fondos con criterios ASG. También hay un efecto indirecto en el sentido de que la calificación de la empresa como elegible para estos inversionistas y la reputación que ello conlleva puede estimular a las empresas a un comportamiento más responsable.  Pero el impacto de los mercados secundarios en la sostenibilidad empresarial es secundario. Y la desinversión en emisores irresponsables, contrario a lo que suele creer, puede tener un impacto negativo. [13]

V.              ¿Se puede mejorar la responsabilidad de los fondos?

Se puede y se debe.  Las regulaciones en proceso en el seno de la Unión Europea son prueba de que las deficiencias arriba mencionadas existen y las regulaciones pretenden subsanar algunas.  La Autoridad Europea del Mercado de Valores (European Securites Markets Association, ESMA) ha producido las regulaciones (MIFID II) y en agosto del 2022 entró en vigencia el Reglamento Delegado (UE) 2021/1253, que aclara algunas disposiciones del MIFID II (Spainsif produjo un breve documento explicativo del Informe Final de la ESMA sobre las Directrices relativas a determinados aspectos de los requisitos de idoneidad de la MiFID II – Green MIFID) por lo que no nos extenderemos.

No consideraremos la regulación sobre la información que debe presentarse, reportarse, etc. sobre los productos que ofrecen las gestoras de fondos al público. Para nuestros propósitos baste con destacar que las regulaciones ahora estipulan que antes de ofrecer productos al inversionista se deben determinar sus preferencias en cuanto a las características de sostenibilidad empresarial de los valores a incluir en sus carteras, se deben ofrecer asesorías para aquellos que no las conocen o no las tienen, ofrecer alternativas y debe entrenarse al personal de la gestora para hacerlo.

Deberán explicarles a los potenciales inversionistas precisamente lo que hemos discutido arriba: las características de sostenibilidad de los valores, como las han determinado y su proceso de selección y gestión.

Esto solo ataca parte del problema de la transparencia de los fondos que se comercializan, pero no ataca el problema del uso de las calificaciones como si representaran, en efecto, valoraciones sobre la sostenibilidad de los emisores y/o sus instrumentos.

Pero las regulaciones de la Comisión Europea con su obsesión con el verde del medio ambiente descoloran la sostenibilidad empresarial que involucra mucho más que ello, desestimando los demás aspectos.  Pretende promover la sostenibilidad empresarial via los mercados de valores, pero se concentra en la sostenibilidad ambiental. [14]

El suscrito había hecho una propuesta más sencilla y pragmática, menos rigurosa, en particular para aquellos países que no son sujetos a las regulaciones de la Comisión Europea. [15]

Pero esperemos que las regulaciones de la Comisión y el desarrollo del conocimiento de los inversionistas responsables estimulen a las gestoras de fondos a hacerlo.

VI.           ¿Contienen los casi 380 000 millones de euros en “inversiones sostenibles y responsables” en España emisores sostenibles y responsables? ¿Contribuyen esas inversiones a la sostenibilidad empresarial?

Esa es la impresión que producen titulares noticiosos, pero como hemos analizado, esa impresión es solo parcialmente verdadera. El uso de la etiqueta “sostenibles y responsables” tipifica todo lo que incluye como totalmente “sostenible y responsable”, como si el 100% de los emisores fueran 100% responsables, cuando en realidad contiene de todo. Es otra “extralimitación conceptual”. [16]

Los valores incluidos en los fondos de inversión tienen algunas características de responsabilidad, dependiendo de la metodología de selección, pero no se puede decir que son valores de emisores responsables ni que los fondos representar carteras responsables.  La respuesta a la primera pregunta es:  algo de responsabilidad tienen, pero muy lejos de lo que se pretende transmitir.

En cuanto a la segunda pregunta, sobre su contribución a la sostenibilidad empresarial la respuesta es: contribuyen muy poco e indirectamente, dependiendo del activismo de los fondos y del interés de las empresas en tomar acciones para ser percibidas como responsables.  Pero la experiencia indica que en España las gestoras de fondos de inversión al publico son muy poco activistas y que las empresas saben gestionar bien la información para sus calificaciones de sostenibilidad. [17] [18]

En el contexto de la Reglamento de Divulgación en materia de Finanzas Sostenibles (SFDR) de la Comisión Europea la mayoría de estos fondos se calificarían entre Articulo 6 y 8, (tipo exclusión y ASG) desde verde traslúcido a verde claro. Los inversionistas responsables necesitan fondos de Artículo 9 (más cerca de ISR), verde oscuro.  Y esta es la tendencia que se observa en Europa, donde los primeros nueve meses del 2022 vieron una salida de 173 000 millones de euros en fondos calificados artículo 8 y una entrada de 33 000 millones de euros en fondos calificados como articulo 9. 

VII.         Inversión responsable y responsabilidad de la inversión: Doble materialidad.

Spainsif o Eurosif  (la gremial a nivel europeo) tienen como misión fundamental promover la inversión socialmente responsable y han tenido mucho éxito en ello. Pero quizás han enfatizado más la promoción de la inversión responsable que la responsabilidad de la inversión. En la primera estimulan la oferta (el mercado, el negocio de sus miembros), pero ha llegado la hora de que promuevan además la segunda, la que es la que interesa a la demanda, a los inversionistas responsables.  Deben estimular la sinceración” de la responsabilidad de los valores y fondos, no solo su expansión, que condición necesaria pero no suficiente para contribuir a la sostenibilidad.

Spansif, Eurosif y similares deberían verse al servicio de la responsabilidad de la inversión, y sus stakeholders materiales deberían incluir no solo los gestores de fondos, sus miembros, sino además los inversionistas responsables.

Esto es análogo a la preocupación por doble materialidad: la promoción de la inversión responsable sería el espejo de a la materialidad financiera (de vuelta), el impacto de la sostenibilidad sobre la situación financiera de la empresa, en tanto que la responsabilidad de la inversión sería el espejo de la materialidad de impacto (de ida), el impacto sobre la sociedad y el medio ambiente de las inversiones responsables.

 

¿Y si las comisiones de los gestores de fondos responsables fueran proporcionales al grado de responsabilidad del total de los activos gestionados y no solo al volumen en euros?

 


[1] De la presentación del suscrito ¿Pueden los mercados financieros contribuir a la sostenibilidad? realizada en la Universitat de les Illes Balears, el 2 de noviembre.

[2] El lector interesado puede consultar Setting up an impact fund.

[4] Hay una presión creciente por parte de los reguladores de Europa y de EE.UU. para lograr mayor transparencia sobre estas metodologías.

[7] En el artículo Fund managers rejecting a fifth of greenbonds as quality concerns continue, se reporta que los fondos con criterios ISR rechazan mas del 20% de los fondos de bonos verdes por incluir irresponsabilidades en sostenibilidad ambiental.

[9] Para un análisis de las diferencias entre inversiones ASG e inversiones de impacto ver ESG Is Not Impact Investing and Impact Investing Is Not ESG.

[10] ¿Tiene el financiamiento sostenible impacto sobre la sostenibilidad? Primera parte: Inversiones financieras y Segunda parte: Inversiones reales

[14] Habíamos considerado esto en detalle en el artículo Crónica de una muerte anunciada: Taxonomía Social de la Comisión Europea

[17] Ver al análisis de la calificación del BBVA en ¿Cuál es el banco más sostenible del mundo?

[18] Del total de campañas puestas en marcha en Europa durante 2022 sobre firmas cotizadas, 3 afectaron a empresas españolas y dos de ellas las llevó a cabo un fondo.