sábado, 11 de enero de 2020

Capitalismo de los stakeholders” surge de Davos: ¿en serio?



I.                Introducción

Klaus Schwab, fundador y Director Ejecutivo del Foro Económico Mundial, institución más conocida por la organización de la reunión anual de las élites mundiales en Davos, Suiza, a finales de enero de cada año, recordó recientemente que hace 46 años había propuesto el  “capitalismo de los stakeholders” en el Manifiesto de Davos 1973.  La evidencia que hemos encontrado de ese manifiesto esta contenida en un documento del mismo Prof. Schwab, World Economic Forum: A partner in shaping history, The first 40 years, recorriendo la historia de las reuniones, publicado en 2009.  Sin embargo, el manifiesto no parece haber tenido un gran impacto en este período ya que es citado muy raramente en internet o aun en los mismos foros.  Pero es significativo que hace ya 46 años se proponía este concepto, que analizamos en este artículo.

Con motivo de los 50 años de la celebración de la primera reunión del evento precursor del Foro, entonces llamado Foro Gerencial Europeo, se lanza un Manifiesto de Davos 2020. Antes de analizar las diferencias entre ambos Manifiestos es necesario hacer un poco de historia del Foro para situar los manifiestos en su contexto.

El primer Foro Gerencial Europeo se celebró a comienzos de 1971 en Davos y tenía como objetivo “darles la oportunidad a altos ejecutivos europeos de aprender acerca de las técnicas y conceptos de gestión más recientes de los líderes empresariales más destacados incluyendo profesores prominentes de las escuelas de negocios de EE. UU.”, o sea, un foro de capacitación.  En esa época el Prof. Schwab era profesor de la Universidad de Ginebra y había publicado en ese año el libro Moderne Unternehmensführung im Maschinenbau (Gestión moderna de la empresa en ingeniería mecánica) donde desarrollaba el concepto de stakeholders.

Desde sus comienzos el Foro se consideró como un evento multidisciplinario, aun cuando la participación de los stakeholders, más allá de los gobiernos y academia, fue relativamente menor.  Según la publicación sobre la historia del Foro, la preocupación por todos los stakeholders de la empresa, con la misma concepción que tenemos de ellos hoy en día, formaba parte del objetivo del Foro. Ello está reflejado en el Manifiesto del 1973. 

Esto no deja de ser sorprendente ya que en el 1971 en las escuelas de negocios de EE. UU. (en Europa todavía estaban en etapas iniciales) no se usaba el término stakeholders.  Se estaba desarrollando con fervor la primacía de los shareholders, de los accionistas, de la maximización del beneficio.  Para las escuelas de negocios no “existían” la sociedad civil ni el medio ambiente y los trabajadores eran instrumentos de producción, ética era un curso opcional, así como lo era su consideración en la toma de decisiones (en ese año el suscrito estudiaba el MBA en una de las top ten escuelas de negocios en EE. UU.).  Es difícil constatar en la documentación la prominencia que se le daba a los stakeholders ya que no se había desarrollado todavía la producción y almacenamiento digital de la información y quedaban todavía casi 30 años para la creación de Google y el correo electrónico.  Tenemos que basarnos en la evidencia del folleto mencionado, que es una apología al Prof. Schwab (hasta incluye la foto de su boda). En todo caso, vista la evolución del Foro en los años subsiguientes, los stakeholders estuvieron durante un largo tiempo a un tercer o cuarto plano. 

De cualquier manera, hay que reconocer el mérito del Prof Schwab en llamar la atención hacia los stakeholders de la empresa.  Es oportuno recordar que el artículo seminal de Robert F. Freeman, que popularizo la teoría de los stakeholders (con David L. Reed, Stockholders and stakeholders: A new perspective on corporate governance, California Management Review 25 (3), 88-106), solo fue publicado en 1983, 10 años después del primer manifiesto de Davos.

El evento fue evolucionando y ya a partir de 1974 se inició una etapa de intensa participación de líderes políticos.  Fue el centro de algunas reuniones políticas de alto nivel (Turquía-Grecia, unificación de Alemania, Coreas de Norte y Sur, ambas partes del apartheid en África del Sur, Israel-Palestina, entre otros).  A partir del 1987, con el cambio de nombre a Foro Económico Mundial, como lo conocemos en la actualidad, se ha ido consolidando como evento de discusión de los temas más relevantes a escala mundial.  Ahora es una reunión donde participan altos ejecutivos de las más grandes empresas del mundo, funcionarios de alto nivel de gobiernos, incluyendo algunos jefes de estado, y destacados representantes de la sociedad civil, incluyendo académicos.

Pero es de destacar que es uno de los pocos eventos donde se discuten temas netamente globales, entre los principales actores, empresas, gobiernos y académicos, con alguna participación creciente de organizaciones de la sociedad civil, cuidadosamente seleccionadas.  El Foro ha sido criticado ampliamente como elitista, no incluyente, donde no se presentan contrastantes puntos de vista sobre esos problemas globales.  Existe cierta homogeneidad de opiniones entre los invitados a participar. No obstante, produce conocimiento, manifiestos de compromisos empresariales (pero con poco seguimiento) y concientización a nivel de las élites de los problemas políticos, económicos y sociales de mayor relevancia.

Los temas para tratar varían dependiendo de la problemática mundial del momento, predominando algunas veces temas políticos, otras veces económicos y otras veces sociales (desigualdad) y ambientales (cambio climático).  Como consecuencia de La Gran Recesión, una de las mayores crisis financiera y comercial de la historia reciente, los organizadores se dieron cuenta de que la globalización no favorecía a todos, que fomentaba la desigualdad, el localismo y el populismo entre otros.  Se intensificó el interés por el impacto de los negocios en la sociedad menos favorecida y despertó el interés de las grandes empresas en temas de equidad. [i]

El programa de enero del 2020 incluye 7 grandes temas y 415 ponentes.  Todos los temas giran alrededor de la sostenibilidad: economías justas, tecnologías para el bien, futuro del trabajo, futuro saludable, mejores negocios, más allá de la geopolítica y como salvar el planeta (¡suerte!).

Adicionalmente, se ha diversificado geográficamente y ahora incluye la celebración de foros regionales sobre América Latina (crecimiento e inclusión, Sao Paulo, abril 2020), China, India, entre otros y eventos de discusión casi mensuales, en diferentes países sobre temas más enfocados al interés local.


II.             Dos manifiestos

Comparemos los dos manifiestos.  Schwab presento el nuevo manifiesto en el artículo What Kind of Capitalism Do We Want?,  del 2 de diciembre del 2019 en la revista Project Syndicate. 

Los párrafos más relevantes del Manifiesto del 1973 decían (énfasis añadido):

A.    El propósito de la gestión profesional es servir a los clientes, accionistas, trabajadores y empleados, así como a las sociedades, y armonizar los diferentes intereses de los stakeholders.

B.     La gerencia puede lograr los objetivos mencionados a través de las entidades económicas por las que son responsables…….

Dado que foco del Foro original eran los empresarios, el manifiesto pone la responsabilidad social de la empresa en sus gestores, en las personas, reconociendo que utilizarán a las entidades económicas (empresas entre otras) para esos fines.

En el Manifiesto 2020 (en español aquí) se dice (énfasis añadido):

A. El propósito de las empresas es colaborar con todos sus stakeholders en la creación de valor compartido y sostenido.[ii]  [iii]

B. Una empresa es algo más que una unidad económica generadora de riqueza. Atiende a las aspiraciones humanas y sociales en el marco del sistema social en su conjunto. El rendimiento no debe medirse tan solo como los beneficios de los accionistas, sino también en relación con el cumplimiento de los objetivos ambientales, sociales. Los salarios del personal ejecutivo deben reflejar la responsabilidad ante los stakeholders.

Nótese el diferente foco, en el de 1973 el foco estaba en las personas, pero en el del 2020 en las empresas.  Puede parecer una diferencia muy sutil pero refleja la realidad legal.  En el primer caso se considera implícitamente que la responsabilidad está en la persona natural, en tanto que en el segundo caso recae en la persona jurídica.  En el del 1973 se pasaba por alto que el dirigente no es legalmente responsable por las acciones que lleva a cabo la empresa.  Se podía hablar de una responsabilidad ética y moral del individuo, pero no legal, aunque en años recientes algunas legislaciones se están moviendo hacia el reconocimiento de la responsabilidad (por lo menos la criminal) de sus dirigentes. 

El del 2020 es más cercano a  la realidad legal actual y es la empresa la que es legalmente responsable, en tanto que los dirigentes son responsables de llevar a cabo los objetivos de la empresa y para ello se deben establecer los incentivos internos necesarios (que no deberían ser necesarios), uno de los cuales es su remuneración, basada no solo en el logro de objetivos financieros (accionistas), sino además los ambientales y sociales, y aunque no lo dice, debe suponerse que se incluyen los de gobierno corporativo (ASG o ESG en inglés).  

El Manifiesto del 2020 es una refinación y ampliación en detalles del de 1973.  Pero es el del 1973 es que podría ser mas efectivo: se dirige a las personas, que son las que hacen o dejan de hacer.  El del 2020 se dirige a una “persona ficta”, con el riesgo de que se desentienda.  El énfasis actual vuelve a ser en la concientización y asignación de responsabilidad de la implementación en los dirigentes.  Adelante hacia el pasado.

El cambio reciente de propósito de la empresa por parte del Business Roundtable, BRT, muy publicitado en la Declaración sobre el Propósito de la Empresa, es el reconocimiento del cambio en la realidad donde operan.  El BRT es una organización que agrupa a muchos de los CEO de las empresas más grandes de EE.UU., que emitió esa Declaración el 19 de agosto del 2019 firmada por 181 CEO (ver mi artículo El propósito de la empresa responsable: ¿Punto de inflexión? ¿Se consolida?), cambiando el propósito de maximización de beneficios y primacía de los accionistas por el de la responsabilidad ante sus stakeholders.

Especulación del suscrito (no tengo evidencia):  Al ver la Declaración del BRT, el Foro Económico Mundial vio que podría perder el liderazgo en visibilidad sobre el propósito de la empresa, aun cuando eran los pioneros, desde hace más de 46 años en el reconocimiento del “capitalismo de los stakeholders”, decidieron actualizar su Manifiesto.  Es de suponer que después de la reunión de Davos (20-23 de enero 2020) se informe sobre la gran acogida que ha tenido el Manifiesto.

III.           Capitalismo de los stakeholders en la práctica

El infierno está empedrado de buenas intenciones.  Pero no son las grandes declaraciones, ni los manifiestos, ni los statement of purpose de las empresas los que cambian la responsabilidad de la empresa ante la sociedad, lo cambia la implementación consistente y sostenible de sus actividades en función de los valores de la empresa, de sus dirigentes y de las expectativas y necesidades de la sociedad.

Comentando el nuevo Manifiesto, la destacada periodista Gillian Tett del Financial Times (Moral Money, 4 diciembre 2019) decía:  Los veteranos de Davos saben que la acción no está en los estrados, donde a los directivos les gusta hablar de iniciativas que favorecen a los stakeholders.  Está en los chalets privados donde se reúnen para hacer negocios que pueden crear valor para los stakeholders, pero que muchas veces conducen a reducciones de nómina y perjuicios a sus proveedores, clientes y comunidades locales.”  Y yo añadiría: “y al aumento en el valor para los accionistas y sus propias bonificaciones”.

Y los dirigentes no pueden escudarse en supuestas reglas que les exigen priorizar a los accionistas y la maximización de beneficios.  No hay legislación en ninguno de los países donde ello se exija.  En algunos casos como Brasil, se requiere explícitamente que se consideren los intereses de los stakeholders; en otros como el Reino Unido y China se permiten esas consideraciones; en otros como EE. UU., la interpretación legal es que esa consideración está cubierta por la responsabilidad de ejercer el “buen juicio” en la toma de decisiones; y en muchos otros, como Colombia, por ejemplo, está pasivamente permitido ya que no está ni prohibido ni discutido en la legislación. (ver mi artículo ¿Quién determina cuales son los objetivos de la empresa? ¿Debe maximizar los beneficios?)





[i] Uno de los primeros artículos en el blog de Cumpetere, hace 12 años, RSE en Davos, comentaba sobre tres sesiones en la reunión del 2008, que indirectamente cubrían el tema, expresando sorpresa de que fuera considerada la RSE en una reunión de ese tipo.  La crisis que comenzaría más tarde en ese año impulsó el interés de las empresas en los temas sociales, ambientales y de gobernanza.

[ii] Es una pena que el Manifiesto incluya un término que crea tanta confusión como el de “valor compartido” y que es netamente inferior al de responsabilidad de la empresa ante la sociedad.  Bastaba con decir “crear valor para los stakeholders “.  Ver mis artículos Compartir el Valor Creado versus Crear Valor Compartido:¡El diablo está en la implementación! (20 mayo 2012) y ¿Qué comparte Nestlé: el valor creado o el valor destruido? (27 marzo 2016).

[iii]  Sin ánimos de polemizar diríamos que la traducción del inglés no es la más adecuada, al usar el término “sostenido”, en vez del más arraigado de “sostenible”, aunque también es deseable que la creación de valor sea sostenida, que no flaquee.


sábado, 4 de enero de 2020

Mis muchos pronósticos para la RSE en el 2020



Evito siempre predecir de antemano,
porque es mucho más fácil hacerlo a posteriori.
Winston Churchill (1874-1965)

Este año los Reyes Magos me trajeron, aparte del carbón no contaminante, la capacidad de ver el futuro de la RSE.  Sin preámbulo, vayamos al grano ..…..

Nota: de acuerdo con mi pronóstico número 29 para el 2018, y 2019, repito para el 2020 los mismos pronósticos.  ¡No cambia nada.

 1.   Se publicarán más artículos diciendo lo que debería ser, lo que se deberían hacer que artículos que digan lo que es, lo que han hecho.


      2.  Se publicarán más artículos que digan que todo va bien, que hay progreso, que artículos que analicen si ha habido progreso.

      3.   Se publicarán más pronósticos sobre lo que sucederá en el 2020 que el año pasado.

     4.  Los autores de pronósticos no publicarán artículos analizando como resultaron los pronósticos que hicieron para el 2019.

     5. Todos los pronósticos incluirán cambio climático, pero ninguno pronosticará una reducción en las emisiones.

     6. Se inventará un (soy pesimista, solo uno) nuevo término para referirse a la responsabilidad de la empresa ante la sociedad.

     7.    Se propondrá un (soy pesimista, solo uno) nuevo esquema para la preparación de informes de sostenibilidad.

    8.      Se publicarán más informes de sostenibilidad que en el 2019, pero no serán ni más cortos ni más enfocados.

    9.      Los informes de sostenibilidad no dirán cuales son los problemas que enfrenta la empresa en su responsabilidad, ni lo que no han hecho bien.

   10.   Aumentará el número de colores y globos usados en las matrices de materialidad en los informes de sostenibilidad.

   11.   El número de conferencias sobre sostenibilidad, valor compartido, economía circular, economía del bien común, economía azul, …….. (ponle un apellido a la nueva economía) aumentará considerablemente.

   12.   Disminuirá considerablemente el número de conferencias que tienen “responsabilidad social” en su título y las pocas que haya incluirán una nueva definición de RSE.

   13.   Se otorgarán más premios y en más categorías a empresas por sus prácticas en RSE, basadas en información proporcionada por sus consultores y lo harán en eventos patrocinados por las empresas ganadoras.

   14.   El DIRSE continuará mejorando su influencia y nivel, pero no la remuneración, dentro de las empresas.

   15.   No se cerrará la brecha de género en las empresas, pero aumentará el número de mujeres DIRSE.

   16.   Los gestores de las inversiones calificadas como de Inversión Socialmente Responsable, ISR, continuarán alardeando del aumento de volumen de activos gestionados con criterios de ISR, pero no dirán que la inmensa mayoría se gestiona en base a exclusión de sectores (armas, tabaco, apuestas, etc.) y no en base a selección positiva, buscando las más responsables y así estimular sus prácticas responsables.

   17.   Se publicarán más de un centenar (soy pesimista, solo un centenar) de artículos, escritos por gestores de ISR, diciendo que las acciones de empresas responsables rinden más en la bolsa.

   18.   Se publicarán varios artículos demostrando que si aquellos gestores tienen éxito y venden en masa acciones de empresas irresponsables, estas rendirán más por poder ser compradas a precios bajos.

   19.   Se publicarán varios artículos académicos demostrando que ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario.

   20.   Se lograrán cifras record de emisiones de bonos verdes y sociales, apoyadas en el greenwashing implícito en su nombre.

   21.   Aumentarán significantemente el número de artículos sobre la RSE publicados en periódicos alabando las prácticas de las empresas que contribuyen a pagar el contenido de los periódicos.

   22.   Los artículos en revistas académicas sobre RSE (ética, sostenibilidad, etc….) aumentarán su ininteligibilidad e irrelevancia ya que son dirigidos a sus colegas y a mejorar su escalafón y no creer que tienen responsabilidad alguna ante la sociedad, de ser relevantes, por el uso que hacen de los recursos financieros y físicos que ésta aporta a su educación y remuneración.

   23.   No saldrá a la luz ninguna revista dedicada al análisis imparcial del comportamiento empresarial.  Continuará la dicotomía entre publicaciones melosas y las ininteligibles.

   24.   Se publicarán muchas, muchas guías para reportar las contribuciones a los ODS.

   25.   Aumentará considerablemente el numero de informes de sostenibilidad que mencionan las contribuciones a los ODS, sin mencionar el impacto que ellas tienen sobre el desarrollo sostenible.

   26.   Crecerán en número y en facturación las empresas consultoras en sostenibilidad, RSE, valor compartido, etc. etc. etc….

   27.   Pronóstico estrella:  Los ODS será nombrados como “negocio del año” por las empresas consultoras.

   28.   El Pacto Mundial continuará otorgando premios a las contribuciones intranscendentes a los ODS sin considerar mis recomendaciones para verificar su legitimidad.

   29.   El año que viene publicaré, Dios mediante, estos mismos pronósticos cambiando el número de los años.

   30.   Publicaré menos, pero mejores artículos en mi blog.

Y, querido lector, añade tu predicción, que se me agotó la inspiración (pero asegúrate que no sea medible no sea que te quieran evaluar).

No digo como se medirán mis pronósticos (aumentarán, publicarán, considerablemente, muchos, más, crecerán, mejores, etc.) para ser consistente con la disciplina de la sostenibilidad, RSE, etc. que dice lo que hará, pero no ofrece indicadores para medirlo.

Como mis pronósticos no son medibles, no publicaré a principios del 2021 lo que pasó con estos pronósticos sobre el 2020.  Tampoco lo haré porque estoy seguro que todos se cumplirán.


jueves, 2 de enero de 2020

Los cinco artículos más visitados (y mi favorito) en el blog de Cumpetere durante 2019



Durante 2019 publiqué 30 artículos originales en mi blog (30 en 2016 y 20 en 2017 y 40 en el 2018).  De estos, selecciono los 5 más visitados hasta fines del 2018 por si el lector se perdió alguno, en orden de publicación. Añado uno más, que también fue uno de los más visitados y que creo que se debe destacar por su carácter didáctico.  Es el que más me gustó escribir.

19 octubre

2 junio

17 marzo

9 febrero

27 enero


Y aunque no fue un artículo, el anuncio de la publicación de mi libro fue uno de los posts más visitados

16 junio


Y mi artículo favorito:

15 septiembre



viernes, 6 de diciembre de 2019

Rankings de responsabilidad social de empresas: Una metodología más confiable



I.                Rankings de responsabilidad/sostenibilidad: ¿Para qué sirven? ¿Sirven?

El ranking de empresas por su responsabilidad o sostenibilidad es un negocio muy amplio y que despierta mucho interés.  Son muchas las instituciones que se dedican a ello y muchas las empresas que quieren ser consideradas. Producen resultados que son atractivos para su difusión en los medios y que despiertan mucho interés por parte del público.  Nada es más atractivo que una lista, sobre todo si jerarquiza algo, mejores películas, mejores restaurantes, mejores playas, mejores empresas.  Y produce resultados que son aprovechados por muchas de las empresas que quedan bien para alardear de responsabilidad.  Que si fuera cierto, sería justo. 

Pero en muchos casos los rankings no reflejan lo que comúnmente se cree que reflejan.  los “usuarios” extrapolan o interpretan los resultados más allá de lo que la metodología realmente refleja.  Estos usuarios no suelen, ni tienen la capacidad, de analizar que hay detrás del ranking, que quiere decir en realidad, y los productores de los rankings no hacen advertencias sobre su interpretación, y aunque lo hicieran, se ignorarían por pereza.

A veces, los rankings se basan en percepciones del público, que no suelen conocer las acciones en responsabilidad de las empresas, sino la comunicación que de ellas hacen las empresas, o lo más frecuente y más pernicioso, es que esa percepción es una extrapolación de lo conocida o popular que es la empresa como si ello representara responsabilidad (ver ¿Se puede manipular la reputación?: El efecto aureola y un famoso ranking que se basa en ello Otro ranking de RSE: ¿De qué?).  En otros casos se basan en informaciones proporcionadas por las empresas, que pueden no reflejar la realidad. Y en todos los casos reflejan un “modelo de sostenibilidad” de lo que aquellos que hacen los rankings creen que es importante y se generaliza como si fuera de aplicación universal.

Cada una de las decenas de rankings tiene su propia metodología, muchas veces no muy explícita, lo que produce resultados muy divergentes y no comparables, que le suele restar credibilidad a la responsabilidad empresarial, más que a los mismos rankings. Para los productores de rankings ello es irrelevante, lo que les importa es la publicidad que se genera y las oportunidades de vender servicios de consultoría.  “Regalan” el ranking para vender servicios (como casi nos regalan la impresora para que compremos la tinta). Y las empresas que salen bien paradas, los destacan y las que no, los ignoran, o buscan otro donde salgan mejor calificadas.

Hemos escrito varios artículos sobre el tema (ver Mis quince artículos sobre rankings de la responsabilidad social de empresas y expertos) el más reciente de los cuales fue Rankings de RSE/Sostenibilidad: Cualquier coincidencia es pura coincidencia,  donde destacábamos dos rankings muy contrastantes para sacar una serie de lecciones para interpretar mejor los resultados y evitar extrapolaciones espurias.

Ante estas circunstancias es muy oportuno comentar un ranking que supera muchos de los problemas y que por su metodología es más confiable y produce resultados más generalizables, menos dependientes de percepciones o de información irrelevante.

II.             Un ranking más confiable: Just Capital

Just Capital es una institución sin fines de lucro fundada en el 2013 por un grupo de líderes de la sociedad civil, de las finanzas y del mundo empresarial.  El del 2020 es el tercer ranking de empresas que producen. Por sus características, en especial sus promotores y sus fuentes de recursos, Just Capital es una institución independiente de intereses lucrativos o de figuración.  Su objetivo es la promoción de un capitalismo responsable.  Es de notar que la metodología tiene limitaciones ya que por su naturaleza solo puede jerarquizar empresas de un mismo país, aunque podría ser aplicable a una región relativamente homogénea en sus expectativas sobre la responsabilidad social de las empresas. No obstante, es instructivo analizar la metodología, muy diferente de las tradicionales, por las lecciones que puede aportar a otras instituciones que hacen rankings más amplios. 

A continuación destacamos y comentamos los elementos distintivos de la metodología, que le confieren confiabilidad y que corrigen las principales deficiencias de los rankings tradicionales (ver metodología detallada aquí):

  1. Aspectos relevantes para la sociedad.  Mediante encuestas y grupos de sondeo se determinan los aspectos de las actuaciones de las empresas que son relevantes para la sociedad y su importancia relativa para determinar además los pesos en la evaluación de las empresas.  A diferencia de la mayoría de los rankings, que suponen lo que es importante y cuan importante es para la sociedad, generalmente basado en la opinión de sus “expertos”, este ranking utiliza lo que la sociedad dice que es relevante y cuan relevante es.  Hay que reconocer que la “sociedad” no es un colectivo uniforme y sus miembros tienen opiniones muy variadas, pero por las consultas los resultados serán más relevantes que los basados en opiniones de expertos, muchas veces alejados de esta “sociedad”. Adicionalmente, se producen rankings por categorías de stakeholders, que presumiblemente son un colectivo más uniforme, lo que lo hace más relevante todavía.
  2. Evaluación de las empresas: Basado en estos resultados, se desarrollan indicadores que reflejen las consultas y se recopila la información sobre el desempeño las 1000 empresas del índice Russell.  Estos números se usan para desarrollar la calificación de cada empresa y su rango. Esta evaluación no depende de información proporcionada por las mismas empresas, ni de percepciones del público, ni de una muestra de empresas seleccionada por la institución calificadora.  Se basa en información, relevante para los intereses de la sociedad, recopilada por instituciones especializadas. 
  3. Revisión de la información. Se le da la oportunidad a las empresas de analizar la información recopilada y enviar sugerencias de revisiones antes de determinan los puntajes y el rango.  Es un procedimiento justo, a diferencia de la mayoría de los rankings que, o usan información proporcionada por las empresas, o información del dominio público, pero no constatada con las empresas, o percepciones de un público que no conoce las actividades de responsabilidad social de las empresas. 
  4. Rankings: Los rankings se determinan basados en los valores resultantes de la evaluación de las empresas sobre los indicadores que han sido considerados relevantes por la sociedad y sus pesos relativos. Producen un ranking general, por sectores industriales, por los aspectos relevantes identificados y por grupos de stakeholders, para facilitar la comparación más detallada entre empresas.  

No comentaremos los resultados del ranking, per ser de menor interés para nuestros propósitos (el lector interesado puede verlo aquí).  Pero sí vale la pena destacar que muchas de las empresas no son conocidas por el público en general, no es ranking de popularidad como algunos (por ejemplo, el del Reputation Institute), o de la calidad/completitud de la información presentada por las empresas (como el de Corporate Knights) pero sí refleja un ranking de las empresas en función de su desempeño en los aspectos que la sociedad considera relevante, que es lo que a ella le interesa.

III.           En conclusión

De esta breve descripción se puede apreciar que esta metodología corrige muchos de los problemas de los rankings tradicionales.  No obstante, es de destacar que es un procedimiento muy elaborado y costoso, no apto para quienes buscan una salida fácil y pretenden que sus beneficios, en términos de publicidad y de futuros negocios, excedan los costos de producción de los rankings. Y es solo aplicable a empresas de un mismo país o un región relativamente homogénea en términos de las expectativas de la sociedad sobre la responsabilidad de las empresas. [i]



[i] Invitamos al lector a considerar además las lecciones desarrolladas en el artículo Rankings de RSE/Sostenibilidad: Cualquier coincidencia es pura coincidencia, junto con las de esta metodología para apreciar mejor los problemas de los rankings, cómo interpretarlos y cómo es posible hacerlos más confiables.



lunes, 2 de diciembre de 2019

Mis diecisite artículos sobre rankings de la responsabilidad social de empresas y expertos (a sept. 2021)



Los rankings de la responsabilidad social de las empresas y de los expertos debería contribuir a la confiabilidad de las acciones de ambas partes y a proporcionar información útil a la sociedad sobre cuales son los “mejores”.  Sin embargo, existe una gran variedad de metodologías incompatibles, una mala utilización de la información relevante y el uso de información inadecuada, que hace que estos rankings sean poco confiables.  En los siguientes diecisiete artículos hemos analizado esta problemática.


¿Tienen tus inversiones ASG “grado de sostenibilidad”?

2 septiembre 2021

6 diciembre 2019


19 octubre 2019

7 abril 2019

2 septiembre 2018

25 septiembre 2016

15 noviembre 2015

18 octubre 2015

23 septiembre 2015

11 enero 2105

28 diciembre 2014

19 enero 2014

8 enero 2104

24 octubre 2012

22 abril 2012

15 junio 2019

11 mayo 2009