domingo, 14 de junio de 2015

Cultura empresarial y cultura de responsabilidad social. Ia. Parte: Qué es la cultura empresarial


con Alberto Andreu


No hay más que mirar lo que ha pasado en los últimos años para darse cuenta: la cultura corporativa y responsabilidad social están directamente relacionadas. Si la cultura de una compañía (la que sea) define la forma en la que ésta actúa y se comporta, entonces un comportamiento responsable (o no) será consecuencia directa de esa cultura. Por eso nos interesó escribir sobre esto, sobre cultura empresarial y responsabilidad social.

Y lo hemos querido hacer en una doble dirección. Primera: entender cómo la cultura empresarial está en el origen del comportamiento responsable. Y segunda: comprender que, si se quiere actuar de forma responsable, es necesario actuar directamente en la cultura y, en su caso cambiarla. En otras palabras: no se puede cultivar la responsabilidad social sobre el terreno de una cultura irresponsable.

Este es el primero de una serie de artículos donde nos hemos propuesto hablar de este binomio inseparable. En el primer artículo establecemos las bases analizando que se entiende por cultura empresarial, cuáles son sus elementos básicos, porque es importante estudiar el tema y cómo surge y se desarrolla la cultura. El objetivo global de la serie de artículos es mostrar cómo desarrollar, gestionar y mantener la cultura de responsabilidad dentro de la empresa[i] .

¿Por qué se ha revivido el interés por la cultura empresarial?  Tradicionalmente ha sido un tema de interés relativamente especializado, limitado a algunos académicos y consultores y a algunas grandes empresas.  Sin embargo con motivo de la crisis financiera que comenzó en el 2008 fueron muchos los que se dieron cuenta de las fallas en el comportamiento de las empresas y de su regulación, especialmente de las instituciones financieras.  Al fortalecer las regulaciones quedó claro que eran necesarias pero no suficientes, que buena parte del problema era la cultura prevaleciente en muchas de estas instituciones.  También eran necesarios pero no suficientes los códigos y comités de ética y las reglas explícitas de comportamiento.  Junto con el renovado interés por fortalecer las regulaciones se ha desarrollado gran interés por la cultura empresarial en su más amplio sentido.

Pero, ¿qué es la cultura empresarial?  Recientemente hubo una discusión en los medios sociales que despertó nuestro interés en el tema.  En un artículo en el blog del Harvard Business Review (Why “Company Culture” Is a Misleading Term) el autor alega que el concepto es vago, que no existe unanimidad en su definición y gestión, que dentro de una misma empresa pueden habar variaciones sobre lo que se cree que es la cultura y de que es un tema del cual se habla poco dentro de las empresas.  Por ello lo considera un concepto engañoso y no gestionable.  Sostiene que las organizaciones “no tienen una cultura, tienen filosofías e ideologías que forman un proceso en el cual hay un  constante discurso sobre la naturaleza y expresión de los valores, creencias, prácticas, ideas y objetivos” (irónicamente esto parece ser una buena definición de cultura).  En otro artículo publicado en el blog de la revista Forbes (There Is Nothing Wrong With The Term 'Company Culture') el autor hizo una defensa a ultranza del concepto, acusando al autor de ignorancia sobre los temas empresariales.  Defiende que es precisamente la existencia y gestión de la cultura la que le da las empresas la resiliencia y capacidad de sobreponerse a crisis y poder enfrentar la competencia.  La cultura es un elemento unificador del personal, de la gestión. Nosotros somos partidarios de esta segunda posición y ello no llevó a escribir esta serie de artículos.

¿Y cómo se define?  La definición más sencilla es el “cómo se hacen las cosas aquí…”.  Una concepción popular es la que expresó el entonces CEO de IMB Lou Gestner: “La cultura corporativa es lo que gente hace cuando nadie está mirando”.  Esto debe entenderse como que es lo que se hace porque es algo innato, porque es la manera de ser, debe ser lo que se hace cuando te miran y cuando no te miran.  Sería una cultura perversa si se hicieran las cosas de manera diferente al abierto que en la privacidad.

De manera más formal, “la cultura organizacional es el sistema de supuestos compartidos, valores, creencias, que gobiernan el comportamiento de las personas en las organizaciones. Estos valores compartidos tienen una gran influencia sobre el personal y determinan como se visten, como actúan, como hacen su trabajo. Cada organización desarrolla y mantiene una cultura singular que proporciona lineamientos y límites al comportamiento de sus miembros.” (What is Organizational Culture? - Definition & Characteristics).

La cultura organizacional como tal no suele estar compilada formalmente dentro de la empresa.  Difícilmente se puede responder inequívocamente a la pregunta ¿cuál es la cultura de esta empresa? Son las reglas escritas y no escritas, explicitas e implícitas que rigen, o se espera que rijan,  el comportamiento.  Puede que no haya consenso entre todos sus integrantes sobre cuál es la cultura de la empresa, puede ser objeto de diferentes interpretaciones.  Es posible que algunos componentes de la cultura si lo estén.  Por ejemplo, la empresa puede tener un mission statement, una visión, tener una escala de valores, a veces expresados en códigos de ética y/o de conducta, tener políticas que rigen el comportamiento y procedimientos para aplicarlos. Ello es importante para la difusión de la cultura entre el personal.  Pero la cultura va más allá de lo formalmente escrito e incluye también una serie de supuestos organizacionales inconscientes que pueden ser determinantes.

El grafico siguiente ilustra los componentes de la cultura a través de la imagen de un árbol, que puede ser útil para conceptualizar su gestión.  Por ejemplo las raíces representan lo escondido, los supuestos organizacionales inconscientes (así se hacen las cosas aquí, ¿por qué? porque sí). Estos supuestos son los que más dificultades proporcionan a la hora de querer hacer cambios culturales ya que no están claramente identificados.  El tronco representa el soporte de la cultura de la empresa, las creencias y valores conscientes, expresados en los objetivos (modelo de empresa, incluyendo su relación con la sociedad) las estrategias y la filosofía de la gestión y el comportamiento de la alta dirección. Las ramas y las hojas representan los instrumentos con los que se materializa la cultura a través de la estructura formal e informal, los procesos explícitos e implícitos y el comportamiento del personal.  Estos elementos serán explorados en los siguientes artículos cuando analicemos la gestión.


© Antonio Vives

Figura I:  Componentes de la cultura empresarial [ii]


La cultura organizacional se aprecia mejor cuando un cambia de trabajo o se observa “como se hacen las cosas” en otras empresas u organizaciones, especialmente si el contraste involucra diferentes países.  A lo mejor no podemos describir cual es la cultura de nuestra empresa, pero sabemos que es diferente a la de otras empresas y sabemos que, en la nuestra, hay cosas que son aceptables y otras que no lo son.

La cultura empresarial puede tener múltiples manifestaciones, algunas dominantes, dentro del concepto más general. Se puede hablar de una cultura ética[iii], de una cultura de cumplimiento, de una cultura conservadora que no tolera errores, de una cultura de estímulo a la creatividad y la toma de riesgos, de una cultura competitiva a veces individualista, de una cultura de equipo, de colaboración, de una cultura de servicio, entre otras, y la que nos interesa en esta serie de artículos, la cultura de responsabilidad social, que incluye la ética pero que es mucho más completa, que no excluye la competitiva, pero que al coexistir pueden dar lugar a conflictos.

Aun cuando hablemos de la cultura organizacional a nivel de toda la empresa, ello no quiere decir que toda la organización tenga una misma cultura, que sea uniforme a todo lo largo y ancho de la empresa. En la práctica, especialmente en las grandes empresas, pueden coexistir gran variedad de culturas.  Algunas empresas tienen una cultura relativamente uniforme, por lo menos a nivel básico.  Pero mientras más variedad haya entre los objetivos, incentivos, origen y profesiones del personal de los diferentes departamentos más variable puede ser la cultura. Por ejemplo en una institución financiera el grupo de banca de inversión tendrá una cultura diferente del grupo de banca minorista, el uno puede tener una cultura de competitividad a cualquier costo, el otro una cultura de servicio.  En una empresa comercial Ventas puede tener una cultura diferente a la de Investigación y Desarrollo de productos. Los diferentes departamentos suelen estar poblados por diferentes profesiones que traen diferente formación y diferentes motivadores.

¿Por qué es importante estudiar el tema de la cultura empresarial y en particular la cultura de responsabilidad social?  Porque es la cultura la que define los comportamientos de los integrantes de la organización y son los comportamientos los que definen el carácter de la empresa y su relación con el entorno.  Una cultura definida y generalizada será más conducente a un comportamiento gestionable, internamente consistente, articulado.  Si es vaga y no está extendida o si es fragmentada, con diversidad de “subculturas”, será mucho más difícil gestionarla, de allí la importancia de un establecimiento consciente y explícito de la cultura.  Pero si la cultura es gestionada explícitamente y no producto de la casualidad, deberían haber elementos comunes a todos, sobrepuestos a las subculturas, sobre todo en ética y en responsabilidad social.  Ello no quiere decir que todos lo entiendan igual, que todos conozcan las reglas explicitas e implícitas, pero sí que hay bases fundamentales del comportamiento que son, o deber ser, compartidas, por todos los empleados.

¿Cómo surge y se desarrolla la cultura empresarial?  No todas las empresas tienen una cultura empresarial definida.  Las empresas de tamaño relativamente pequeño, las empresas que sufren continuos cambios, las que tienen gran crecimiento y absorben personal con gran variedad de profesiones y culturas tienen la tendencia a tenerla menos definida.  Sin embargo, algunas pequeñas empresas que tienen un líder fuerte tendrán la cultura que refleje su cultura personal, sus valores, creencias, etc.
La cultura se desarrolla con el tiempo, no es algo que se decide implantar de la noche a la mañana.  Se desarrolla con el comportamiento de los líderes de la organización, en las interacciones internas, donde se muestra el comportamiento aceptable e inaceptable, los incentivos, los sistemas de gestión, lo que se aprecia y lo que no se aprecia, si se estimulan las opiniones divergentes o si se ve con malos ojos, si se toleran los jefes dictatoriales o si se prefieren los que buscan consenso, si se castigan los errores o si se aceptan como parte del aprendizaje y la mejora, si se estimula la innovación o si se promueve la conformidad, si el “vivo” es promovido o desenmascarado.  Se desarrolla a través de las estructura, procesos y comportamientos, y, en esta época de grandes cambios tecnológicos, a través del uso de la tecnología, como comentaremos en el artículo siguiente. 

¿Porque la cultura corporativa es importante para la responsabilidad social?  Porque es la cultura corporativa la que determina la reacción de la empresa a los cambios en el mercado, a las acciones externas y en las últimas décadas la responsabilidad de la empresa por sus impactos ante la sociedad se está haciendo imperativa.  La sociedad y los gobiernos lo están exigiendo. Muchas empresas no se han formado o desarrollado con esta concepción, por el contrario, la cultura prevaleciente es la dictada por objetivos financieros, de allí que se requiere un cambio cultural en la gran mayoría de ellas, no solo el implantar nuevas acciones. 
El cambio requerido es más profundo.  Si se quiere hacer una adaptación a los cambios del entorno, la cultura debe permitirlo, ser conducente, de lo contario pondrá obstáculos.  Cambiar la cultura no es tarea del corto plazo.  Este será el tema del último de los artículos de esta serie.

En definitiva, el objetivo que nos hemos marcado es ponerle cara y ojos a esa frase tan manida entre los gestores de la Responsabilidad Social de que “la RSC tiene que estar en el ADN de la empresa”. Frase bonita pero que se queda en una declaración vacía de intenciones si no somos capaces de descifrar el código genético de la cultura ni de encontrar las enzimas que hagan reaccionar al organismo de forma positiva.






[i]
En los siguientes artículos cubriremos, entre otros, los siguientes temas: Cómo incluir la RSC en el ADN de la compañía: en la visión, la misión, valores, la identidad, el carácter, el cumplimiento (compliance) y la reputación de la empresa. En qué palancas de gestión hay que actuar para inyectar la RSC en la cultura corporativa: la estructura formal, la informal, el perfil de las personas y el impacto de la tecnología. También responderemos a preguntas como ¿Se puede cambiar la cultura organizacional en el corto plazo?  ¿Se puede medir la cultura? ¿Debe la cultura empresarial ser permanente o adaptarse al medio y su cultura? De paso analizaremos diferentes aspectos de su gestión, las especificidades del desarrollo y gestión de una cultura de responsabilidad social.

[ii] El listado de los elementos es tomado de Edgar H. Schein, Organizational Culture and Leadership, 4ª, edición, Wiley, 2010. La ilustración gráfica es producto del autor de este artículo.

[iii] O al revés, una cultura de corrupción, donde a veces se llega a creer que no tiene nada de mala, que es la manera de hacer negocios. El caso reciente de la FIFA es el mejor ejemplo.

domingo, 7 de junio de 2015

¿Cuándo se puede prescindir del “departamento de RSE”?


Es un mantra más o menos consensuado de que la responsabilidad de la empresa ante la sociedad no se ejerce desde un departamento, que es algo que corresponde a toda la empresa, que tiene que estar en el DNA de la empresa, que sin el apoyo decidido de la alta gerencia y del Consejo no habrá progreso, etc, etc.  El lector puede añadir sus propios “clichés” de la RSE.


La pregunta que nos formulamos en este artículo es que si esto es así, ¿se puede prescindir del “departamento de RSE”?  La respuesta teórica es que el departamento no “debería” ser necesario, que todas las actividades deberían ser llevadas a cabo por la totalidad de la organización sin necesidad del “departamento”.  La palabra clave en esta oración es “debería”.  En temas de RSE la palabra más usada es “debería” pero estamos actuando en el mundo real y la verdadera preocupación “debería” ser el “como es” no el “debería ser” (ver mi artículo Responsabilidad Empresarial: De la ilusión a la realidad).  Uno de los principales enemigos es no percibir la realidad.

La realidad es que la RSE no está en el DNA de ninguna empresa (perdón, a lo mejor conoces una en que sí lo está a todo lo largo y ancho) y que la alta gerencia y el Consejo lo apoyan, muchas veces pero no siempre, siempre y cuando no haya conflictos importantes con el negocio del negocio.

Bueno, a lo mejor en el corto plazo no es así, pero debería serlo, y es de esperar que en el largo plazo si lo sea, que el departamento deje ser necesario ya que todos los empleados y directivos actuarán con ética y con pleno conocimiento de cuál es la responsabilidad de la empresa ante la sociedad, de que todos saben cuáles son y cómo gestionar los impactos que las actividades de la empresa tienen en la sociedad y los que quiere que tenga (ver mi artículo ¿Cómo interpretar LA definición de la RSE?).

El lector se habrá dado cuenta de que si bien este es el mundo deseable, es una utopía, y que el largo plazo en el que esto “pueda ser” en vez de “deberá ser” es muy, muy largo.  Harán falta varias generaciones.

Volviendo a la pregunta, ¿Cuándo se puede prescindir del “departamento de RSE”, la respuesta en nunca.  No solamente tardaremos mucho tiempo en que el mundo sea un lugar pacífico y bondadoso sino que la complejidad de las actividades e impactos empresariales, las expectativas de la sociedad y el poder relativo de las empresas irán en aumento y se continuará a requerir de personal especializado que continúe a detectar y analizar la problemática y coordinar la implementación de acciones.

No, el “departamento de RSE” no desaparecerá.  Cambiará su carácter, cambiará su localización, cambiarán sus funciones, cambiarán las destrezas del personal requerido, cambiará su composición y tamaño.  Pero mientras la empresa tenga impactos sobre la sociedad y ésta demande acciones, se necesitarán un grupo de personas especializadas para identificarlos y coordinar respuestas.

Se ha tardado mucho tiempo para que el pensamiento del impacto financiero de las actividades de la empresa esté embebido en las empresas, pero ello no quiere decir que la función del directivo financiero se haya hecho innecesaria.  Todavía hay un grupo que debe centralizar el impacto financiero, gestionar los recursos financieros, llevar las cuentas, informar a los inversionistas y acreedores y manejar las relaciones con los aportantes de recursos financieros. De la misma manera habrá un grupo que debe centralizar el impacto en responsabilidad social, gestionar los recursos especializados, llevar las cuentas de esos impactos, de informar a los stakeholders y de manejar las relaciones con algunos de ellos.

Como dice elocuentemente Mallen Baker en  Actually, no. CSR is not dead. Again.).

“Si aceptamos que las empresas tienen un papel positivo que jugar en la sociedad, que puede proveer soluciones a algunos de nuestros problemas comunes, al tiempo que encuentran maneras de ser rentables, entonces será siempre el caso de que las empresas necesitarán especialistas que entienden las sutilezas de cómo lograrlo de la mejor manera.  De la misma manera que emplean expertos en mercadeo, contadores, auditores, vendedores, diseñadores y desarrolladores de productos, necesitarán profesionales en RSE” .

Lo que debe quedar también claro de esta discusión es que la función es y será muy dinámica y que solo serán aptos los profesionales que estén preparados para entender la mayoría de los impactos de la empresa, de la reacción de la sociedad, del carácter multidisciplinario del problema y la necesidad de entender, promover y gestionar el cambio y la adaptación a la realidad.  (ver mi artículo Cómo prepararse para una carrera en RSE: ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo?).  Este no es campo para aficionados.

Pero nunca digas nunca.  Patagonia, la conocida empresa de prendas deportivas, reconocida como empresa líder en temas de sostenibilidad (que comentábamos como B-corp en el artículo anterior) eliminó el “departamento de RSE”.   Sí, pero la función no desapareció, la hicieron mas efectiva.  Dado el gran avance que la ha empresa ha hecho (aquí sí se puede decir que está en su DNA) tomaron la decisión de asignar a los expertos medioambientales y sociales dentro de las unidades que pueden tomar acciones preventivas, por ejemplo en diseño y producción.  De todas maneras dentro de una empresa así habrá algún grupo encargado de coordinar, de reportar, de planificar y a lo mejor un Comité de Sostenibilidad al más alto nivel. En el caso de Patagonia el dueño es el Comité. 

Pero esto no quiere decir que el “departamento de RSE” tenga siempre un impacto positivo.  Hay que tener mucho cuidado en que en la empresa no lo consideren responsable de la responsabilidad y que ello dé lugar a que los demás se desentiendan: “no es problema mío, es de los de RSE”.   Esto es mucho más probable que ocurra cuando esos se quieren abrogar o aceptan responsabilidades ejecutivas, por ejemplo de programas de desarrollo social o filantropía.  Pasan entonces a ser conocidos como los de “programas especiales”, de mejora de reputación, de caprichos de algunos.  Ello puede ser muy negativo para la visión más necesaria de los impactos de la empresa ante la sociedad, de su fin mayormente estratégico y global y no táctico o ejecutivo de programas puntuales. 

Si el “departamento” desaparece será porque se suicidó, metiéndose en lo que no debe y no metiéndose en lo que debe. O lo hemos matado a base de improvisación e incompetencia.  Se lo habremos servido en bandeja de plata a los enemigos.



domingo, 31 de mayo de 2015

¿Se puede ser responsable por estatutos?: Empresas con fines de beneficios y Empresas B


Pareciera que el tema de las empresas con fines de beneficios (beneficios no en sentido de lucro sino de beneficios financieros con beneficios a la sociedad, en inglés benefit corporation), que son empresas que tienen incluida alguna forma de su responsabilidad ante la sociedad en sus estatutos está adquiriendo realce.  En este artículo pasamos revista a lo que son estas empresas con fines de beneficios, las implicaciones para la RSE y a dos eventos recientes que están contribuyendo a estimular el interés.




Que son las empresas por beneficios (benefit corporations) y las empresas B (B-corp)

En el número 12 de la Revista sobre Responsabilidad Social de la Empresa (Fundación Luis Vives, Madrid), de Sept.-Dec. 2012 publicamos un extenso artículo, Cuarto Sector: Hacia una mayor Responsabilidad Social Empresarial, en el que analizábamos este emergente Cuarto Sector y como parte de ese sector analizábamos a las empresas con fines de beneficios y las empresas B (ver Cuarto Sector: Hacia una mayor Responsabilidad Social Empresarial  y un artículo introductorio en El cuarto sector: Empresas nacidas con responsabilidad ).  Reproducimos a continuación algunas partes pertinentes para los efectos de este artículo.

·       Empresas con fines de beneficios (beneficios como sinónimo de beneficios financieros y para la sociedad, en contraposición a la dicotomía “con fines de lucro” y “sin fines de lucro”).  Estas son empresas que son constituidas o transformadas explícitamente como tales de acuerdo a legislación específica.  Tendrán además otras obligaciones que les confiera la ley correspondiente como por ejemplo incluir gobierno corporativo participativo, transparencia en el reporte, sueldos justos, responsabilidad ambiental, servicio comunitario y uso de parte o todos los beneficios para el bien común.  
·       …… el B-Lab  en EEUU, promueve la conversión de las empresas en B-Corporations a las que, al concluir el proceso de conversión certifican como B-Corps.  La certificación está basada en una evaluación de impacto social según información que proporciona la empresa. …………El proceso es algo puramente privado de la empresa, que adquiere una certificación que le permite usar el nombre de B-Corp.  Esto podría traerle beneficios en términos de aceptación de la sociedad o el aprecio de los inversionistas socialmente responsables.
·       La proximidad de nombres ha dado lugar a confusiones.  Una Benefit Corporation puede ser certificada por B-Labs como B-corp, pero una B-Corp no sería Benefit Corporation a menos que se haya constituido legalmente como tal en un estado o país en que exista la legislación.

Es importante destacar que la certificación de B-corp es solo una certificación de compromiso con objetivos ser responsable con la sociedad como pueden haber muchas otras certificaciones.  La ventaja que tiene es que es una certificación bastante seria, que si bien está basada en información proporcionada por la empresa, es objeto de verificación al azar y debe recertificarse cada dos años (sobre los problemas con las certificaciones ver mi artículo ¿Acreditación de empresas socialmente responsables?)

Creciente interés en América Latina y el resto del mundo

Recientemente ocurrieron un par de eventos que demuestran el creciente interés en las B-corp en semanas recientes. A principios de 2015 se celebró un evento en Chile, organizado por la filial chilena de Network for Business Sustainability de Canadá y el debut en bolsa de una gran B-corp en Estados Unidos.

En el evento en Chile se constituyó el Consejo Latinoamericano de B-corps y como resultado del cual se produjo un documento sobre los Retos para la sostenibilidad de las B-corp en la región.  En América Latina se ha despertado gran interés por las B-corp y se han certificado 150 empresas en seis países. Desde el 2014 el programa de certificación en América Latina cuenta con el apoyo financiero de FOMIN del Banco Interamericano de Desarrollo.

La figura legal de empresa con fines de beneficios no existe todavía en ningún país de habla hispana, aunque en Chile se han adelantado gestiones para lograrlo.

¿Pueden las empresas por beneficios (benefit corporations) cotizar en bolsa?

Sin embargo, una pregunta crítica es si el interés en empresas con compromiso explícito de responsabilidad se limita a empresas de menor tamaño y controladas por un pequeño grupo de emprendedores comprometidos o si el concepto se puede generalizar a empresas de mayor tamaño y con accionariado disperso.   Muchos pueden ver este tipo de empresas como posibles y deseables mientras el control esté en manos de unos pocos que compartan sus objetivos de perseguir el bien común siendo financieramente sostenibles, con empleados y dueños que estén de acuerdo con su cultura empresarial.  También parecen ser factibles mientras tengan un tamaño modesto donde los conflictos entre los beneficios y el bien de la sociedad no sean significativos, que pongan presión o creen divisiones, y mientras las necesidades de crecimiento no las fuercen a abrir el capital y puedan escoger a los inversores.

La prueba de fuego para este modelo de empresas en general y para las ya constituidas en particular viene cuando necesitan ampliar la base de capital y abrirse a un grupo diverso de accionistas.  ¿Los aceptarán los inversionistas tradicionales, más allá del nicho de los inversionistas socialmente responsables (ISR), en particular los inversionistas de impacto (ver El último grito en los nombres sobre responsabilidad: Impact investment).  Ello representaría la “graduación” al capitalismo responsable.

El 16 de abril de 2015 se produjo otro de los eventos que confirman el interés. Etsy[i] una empresa certificada como B-corp salió a la bolsa y no en cualquier bolsa, sino en una de las más representativas del capitalismo con fines de lucro, la Bolsa NASDAQ en Nueva York (bolsa para empresas mayormente de tecnología, donde cotizan Apple, Facebook y Google entre muchas otras).  Basado en la discusión precedente es de enfatizar que la empresa NO es una benefit corporation, no tiene el beneficio social como uno de sus objetivos legales, solo lo tiene como manifestación de intenciones, certificada por B-Labs.  Un caso opuesto es Patagonia, la conocida empresa de produce ropa y aditamentos para el disfrute de la naturaleza, que si es una gran empresa por beneficios, registrada en California, poseída en su totalidad por el fundador y su esposa, pero que no cotiza en bolsa.

Etsy no es la primera B-corp en salir al mercado en EEUU pero si es la de mayor tamaño hasta esa fecha. En Brasil la empresa de cosméticos Natura es una B-corp certificada que cotiza en bolsa y es la mayor B-corp del mundo.  Todavía no hay ninguna empresa por beneficios que cotiza en bolsa. 

Ahora la prueba de fuego pasa a ser su continuidad.  Es muy posible que su exitosa salida a bolsa se deba al interés de un grupo especializado de inversionistas en ISR, algunos particularmente interesados en el éxito de la oferta pública de acciones.  Pero cuando se materialicen los conflictos entre beneficios y bien social y los beneficios tengan que reducirse para mantener ese bien social, ¿qué reacción tendrán los accionistas, algunos de los cuales ya no serán los originales o los que compraron las acciones en su salida en bolsa?  ¿Cuánta paciencia tendrán?   

Si el mercado financiero funciona, como es de presumir, el precio de las acciones reflejará las perspectivas de beneficios después de haber cumplido con sus obligaciones de hacer el bien.  El mercado evaluará el conjunto. ¿Habrá un descuento en ese precio sobre empresas financieramente comparables?[ii]  ¿Tendrán una prima sobre acciones comparables por el hecho de ser “responsables”? ¿O para mantener la cotización y el interés del mercado harán recortes en el bien social?  ¿Qué prioridad tendrá el mantener la certificación como B-corp) ¿Cuál será el comportamiento de sus accionistas en las asambleas generales? ¿Continuará el apoyo a los equipos directivos? ¿Se ampliarán los tipos de accionistas más allá de los especializados? ¿Pedirán beneficios fiscales? ¿Se atreverán a convertirse en una benefit corporation legalmente constituida de acuerdo a las leyes de alguno de los 27 estados de EEUU que reconocen la figura legal? ¿Cuál será la reacción de los accionistas?

Más que la existencia de un cierto número de estas empresas, del interés de algunos emprendedores en crearlas y mantenerlas de tamaño modesto y “en la familia” y del apoyo de algunos inversionistas especializados, lo determinante para el futuro del modelo en gran escala será el comportamiento de las que han salido a bolsa, como se manejan cuando sí se presentan conflictos entre beneficios y bien común (muchas veces no hay conflicto y todo es más fácil).  Para dejar de ser un nicho y pasar a ser modelo de empresas las benefit corporations deberán tener éxito comercial y bursátil en los grandes mercados.

La sobrevivencia del modelo de empresa entre las cotizadas en bolsa será el mejor aval de que el modelo tiene futuro y de que la verdadera empresa responsable, comprometida por estatutos y no solo por estrategia, es financieramente viable. 





[i] Etsy es un mercado virtual y físico de bienes no industrializados donde se reúnen compradores y vendedores (muchos son artistas apoyados por la empresa.  También participan empresas de manufactura que apoyan a los que venden sus productos. Tiene 19 millones de compradores por lo menos una vez al año.

[ii]  En su debut en bolsa la acción se comportó mejor que algunas de las empresas altamente esperadas como Facebook y Alibaba.  Subió más del 80% en el primer día de cotización (a mediados de mayo cotizaba a un 20% superior al precio de salida).  

domingo, 24 de mayo de 2015

¿Vender helados para llegar a ser emprendedor?


En mayo del 2015, con despliegue publicitario, se anunció un programa para contribuir a la reducción del empleo juvenil y apoyar su espíritu emprendedor, como parte de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad.  El Programa en principio es muy laudable, permitirá a algunos jóvenes ganar algún dinero sobre el verano y lo que es más importante, los mantendrá ocupados en una actividad productiva. [1]

Pero, ¿contribuirá a la reducción del empleo juvenil y al desarrollo de emprendedores?  ¿Es lo mejor que una empresa responsable ante la sociedad puede hacer por los jóvenes? ¿Están sus beneficios sobrevalorados y los costos y riesgos subvalorados?  ¿Está el programa sobrevendido? ¿Ha sido el programa capturado por mercadeo y relaciones públicas en detrimento de RSE?




A veces a los de Comunicación se les va la mano y los de RSE, a pesar de sus mejores intenciones sucumben a las presiones.  Según el boletín de prensa de la empresa (énfasis añadido):

“La marca de helados Frigo ha puesto en marcha 'Soy Frigo', una iniciativa para impulsar el empleo entre universitarios y jóvenes en riesgo de exclusión social en España.  El proyecto, impulsado por Unilever a través de Frigo, es de ámbito mundial y tiene como objetivo crear 100.000 empleos en todo el mundo hasta 2020, para combatir el grave problema de la alta tasa de desempleo juvenil, por encima del 52% en España. ……Frigo prevé que 500 jóvenes españoles puedan participar este año en la iniciativa.”

¿Será lo de “riesgo de exclusión social” criterio de selección o es solo un intento de parecer solidario?  No aparece como criterio en la aplicación al programa.  Tampoco es fácil de determinar.

“El programa se enmarca en el Plan Nacional de RSE, lo que convierte a Frigo en una de las primeras marcas en desarrollar un programa orientado íntegramente en el desarrollo profesional y la inserción laboral de los jóvenes, además de sumarse a la Estrategia de Emprendimiento y Empleo Joven del Ministerio”

¿Es el enseñar a vender helados durante el verano un “programa de desarrollo profesional e inserción laboral”? o un intento de usar las palabras que hay que usar para quedar bien con el gobierno?

Antes de llegar a las calles, los jóvenes del programa 'Soy Frigo' recibirán una formación en la que se les enseñarán técnicas de venta, control de stocks, manipulación de alimentos, contabilidad, marketing y redes sociales, con el objetivo de mejorar sus aptitudes y capacidades para gestionar su puesto de helados y, sobre todo, para su empleabilidad futura.

El programa desarrollará “aptitudes y capacidades para gestionar su puesto de helados”  ¿Desarrollo profesional?

Los participantes en la iniciativa tendrán la posibilidad de gestionar durante la campaña un equipamiento (moto, bicicleta, carrito…) de venta de helados como si fuese su propio negocio……Así, los consumidores que compren en los puestos de helados de 'Soy Frigo', no solo estarán disfrutando de su helado, sino que estarán ayudando a crear empleo.

Hay que mostrarles a los consumidores que ayudando a Frigo a tener más ventas “estarán ayudando a crear empleo”.  Buena estrategia de mercadeo.  ¿Las demás ventas no ayudan a crear empleo?

La duración de la participación en el programa (será limitada)….. dependerá de la duración del evento, y habrá otros que estén ubicados en playas, en las que el periodo de ventas se alargará hasta el final del verano. …… Una vez concluida esta primera fase del programa, Frigo ofrecerá un premio a los tres mejores vendedores, basándose en el volumen de ventas y la originalidad de la dinamización. Entre estos premios estará la posibilidad de hacer unas prácticas remuneradas en Unilever (énfasis añadido).

Los incentivos están en volumen de ventas y el premio para “los tres mejores vendedores” es la “posibilidad de hacer prácticas remuneradas”.  ¿Es esto creación de empleo y el desarrollo profesional?

No creo que haya dudas de que la creación de empleo y apoyar el emprendimiento es una responsabilidad de las empresas ante la sociedad.  Es precisamente una responsabilidad descuidada en la gran mayoría de las empresas.  Por ello había publicado un artículo sobre este tema en la revista Globalización, Competitividad y Gobernabilidad (Vol. 7, No. 3, Sept-Dic 2013, Empleo y emprendimiento como responsabilidad social de las empresas) donde abogaba por mayor acción por parte de las empresas y por el desarrollo de un ecosistema de apoyo por parte de los gobiernos, sociedad civil (especialmente universidades) y las mismas empresas.

Es muy necesaria la creación de puestos de trabajo. ¿Pero cumple el programa “Soy Frigo” con el objetivo enunciado en sus boletines de prensa de contribuir a la creación de empleo y desarrollar el emprendimiento?  Nada en contra de vender helados por las calles y en las playas.  La pregunta es si esto es un programa que pretende ayudar a los jóvenes desempleados, a la empresa, o a ambos.  Y si es este último, como debe ser, sería deseable que los beneficios de las mayores ventas se reinvirtieran en los jóvenes. ¿Es esto lo mejor que puede hacer Frigo por los jóvenes?  Sin duda es una excelente estrategia de comercialización, pero, ¿lo es de responsabilidad social? ¿Refleja la publicidad la realidad del programa?

Para responder a estas preguntas hay que analizar las condiciones bajo las cuales se crea el mencionado empleo, que implícitamente muestran lo que debería ser un programa de responsabilidad ante la sociedad para fomentar el empleo y emprendimiento:

·       ¿Crea empleo el programa o es solo “ocupación”? ¿Es el empleo temporal? 
·       ¿Qué pasa con los jóvenes al terminar la temporada? ¿Otra vez desempleados?
·       ¿Tienen contrato con los correspondientes beneficios?
·       ¿Qué obligaciones adquieren los jóvenes?
·       ¿Qué pasa si al completar el entrenamiento no quieren trabajar?
·       ¿Aprenden algo más que a “gestionar un puesto de helados”?
·       ¿Cómo participan en los beneficios de las ventas?  ¿A comisión? ¿A sueldo?
·       ¿Tienen cuotas de ventas? ¿Y si no las cumplen?
·       ¿Qué riesgos corren?  ¿Deben comprar o alquilar los carritos, bicicletas o motos a la empresa?
·       ¿Cuántos se convertirán en emprendedores y cuantos adquirirán empleo permanente?

Las respuestas a estas preguntas nos permitirían responder sobre la legitimidad del programa como parte de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad y su contribución.  No tenemos las respuestas, el sitio web del programa Soy Frigo no las responde.  Animamos al lector a analizar el programa en función de las respuestas que encuentre o suponga a estas preguntas.

Ojalá que Frigo las respondiera como parte de la promoción del programa.

Es sorprendente que la empresa reconocida como líder mundial de sostenibilidad e innovación al servicio de la sociedad, Unilever, con un extraordinario y admirado líder por CEO, Paul Polman, cree un programa tan tímido como el de “Soy Frigo”.  Por coincidencia,  el mismo día que se anunciaba el programa y en el mismo país, el Sr. Polman  recibía el premio ESADE al mejor liderazgo por promover el apoyo a la innovación para el crecimiento socialmente responsable de las compañías (en opinión del suscrito muy, muy merecido).

¿Y cuáles son los incentivos con los que operara el programa?: Hay un premio a quien venda más helados.  ¿Quién gana si todos se esfuerzan en vender más helados?  La empresa captura los esfuerzos de todos y premia a tres con la posibilidad de hacer prácticas remuneradas.  ¿Qué le queda a los tres jóvenes ganadores de entre 500 participantes?  ¿Un empleo?  ¿Por qué no le dan un trabajo permanente en la empresa a los que se destaquen por su creatividad y emprendimiento en vez de “la posibilidad de hacer prácticas” por ser un buen vendedor?

Cuando el suscrito tenía 13 años, le ofrecieron un trabajo semejante durante el verano, de vendedor ambulante de limpiador de pisos, de casa en casa, de apartamento en apartamento.  No era parte de ningún programa de RSE (hace muchas décadas), era utilización de mano de obra barata, de hecho sin sueldo, ganábamos una comisión por botella vendida.  El único día que “trabajé” vendí dos botellas y se me rompió una.  Tuve que pagarle a la empresa la asignación semanal que me daba mi padre.  Mal negocio…… para mí.  La empresa vendió tres botellas.

Pero aprendí mucho: Nunca más volveré a ser vendedor ambulante, nunca más me someteré a la humillación de tocar timbres y recibir respuestas despectivas.  Estudiaré a todas horas para llegar a ser un profesional digno, financieramente autosuficiente.  Tuvo algún impacto:  me gradué como el mejor estudiante en mi escuela secundaria, el mejor estudiante de ingeniería del país y saqué un MBA y un Ph.D en una prestigiosa universidad de EEUU.  Pero la experiencia me quitó el apetito por tomar riesgos de emprendedor y me llevó a depender de empleo de terceros.

Espero que a estos jóvenes no se les derritan los helados y tengan que pagar a la empresa.  A lo mejor alguno observa un gran mercado y crea una empresa de distribución o una para hacerle competencia a Frigo.  A lo mejor algunos aprenden lo que aprendí yo: que es mejor estudiar y formarse para el futuro que vender helados en las playas. 

Si así fuera, el programa le habrá hecho un servicio a la sociedad a sacar a algunos de los 800.000 NINIs[2] en España de su estupor.




[1] Gracias a Mayte Aparisi de Feeling Lab por hacerme notar el programa y sugerirme que escribiera sobre ello.
[2] NI estudia, NI trabaja (Ministerio de Empleo y Seguridad Social 2013)

domingo, 17 de mayo de 2015

Cómo prepararse para una carrera en RSE: ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo?


Con el creciente interés de las empresas, gobiernos, instituciones supranacionales y organizaciones de la sociedad civil en la responsabilidad de las empresas ante la sociedad, las empresas de consultoría y las universidades y otras instituciones de enseñanza han visto una buena oportunidad de hacer negocio y prestar sus servicios. La oferta y la demanda han estimulado el interés de estudiantes y personas en ejercicio a prepararse para servir las necesidades de las empresas y otras instituciones en estos temas.



Esto ha dado lugar a la proliferación de cursos, especializaciones y grados académicos, en busca de satisfacer la demanda de formación.  Muchos de estos cursos parecen diseñados más para capturar el interés que para satisfacer las verdaderas necesidades del “mercado de la RSE”, que está en proceso de constante evolución.  La “profesión” del “profesional” de la responsabilidad empresarial, repito, la empresarial (no tratamos en este artículo, salvo por extensión, las gobiernos o instituciones de la sociedad civil) no está ni estará definida por muchos años.  Por muchos esfuerzos que se hagan por tipificarla, será, por definición, una disciplina en evolución.  En lo que respecta a las empresas es una modalidad de gestión y como tal evolucionara con la evolución de las empresas y las exigencias de sus stakeholders). 

Y ponemos “profesión” y “profesional” entre comillas porque no lo son, no tiene (¡ni debería!) tener una certificación de competencia profesional generalmente aceptada (como los abogados, médicos, ingenieros, etc.) ni un canon de conocimientos necesarios.  Es una sub-función de la gestión de empresas y esta no es una profesión, es una ocupación.  Como dijo uno de los padres de la moderna RSE, Archie Carroll en 1994:

‘‘….. es un campo ecléctico con bordes indefinidos, múltiples membresías, y diferentes perspectivas y entrenamiento; amplio más que enfocado, multidisciplinar; amplio alcance; trae un amplio rango de conocimiento; e interdisciplinario….. y el mapeo del campo es muy pobre.”

Ello no obsta para que la disciplina no tenga definidos una serie de fundamentos básicos, de aplicación más o menos universal. 

También, por ser una disciplina de reciente creación, con relativamente pocas empresas que tienen la función definida en su estructura gerencial y por ende una demanda específica y definida de sus servicios, buena parte de las necesidades de servicios se cubre vía la consultoría para estas empresas y para las que no tienen las economías de escala como para tener la función.  De allí que, explícita o implícitamente, la oferta de formación y el interés de los estudiantes y profesionales estén dirigidas a estos servicios de consultoría y menos al trabajo dentro de las empresas….. por ahora.

En este artículo consideraremos el qué se debe aprender y cuando es más conveniente hacerlo.  No cubriremos el dónde hacerlo porque ello requiere de una investigación mucho más a fondo de la oferta existente en los diferentes países.  Dejaremos a otros el decir dónde.  No obstante sí haremos algunos comentarios sobre el tipo de formación necesaria para las diferentes tareas.

¿Qué y cómo aprender?

El qué aprender es uno de los principales retos de la disciplina y sus fallas uno de sus principales enemigos, que la desprestigian.  Son muchos los que la ven como algo que se puede manejar de manera superficial, que por no ser una profesión establecida cualquiera puede ser un especialista, sin necesidad de mucha formación. Pareciera que basta con tener sensibilidad por los temas sociales y ambientales  Por el lado de la oferta de formación parecía que cualquiera puede ofrecer cursos, parecería que basta con algunos profesores a tiempo parcial y algunos ejecutivos que den algunas charlas, cada uno por su cuenta, y ya se tiene montado el programa.  La integralidad y la coherencia interna del programa son dejadas de lado. Todavía hay mucha improvisación.

Vista desde las necesidades de las empresas y de la sociedad es una disciplina muy compleja.  Tiene que ver con todos, sí todos, los aspectos de la gestión empresarial, con todos los aspectos del entorno que la rodea, regulatorios, sociedad, medio ambiente. Es el epítome de la disciplina transversal.  El gerente financiero debe ser experto, o conocedor, de la gestión de los recursos financieros, el gerente de informática debe ser experto, o conocedor, de tecnología y sistemas de información, el de recursos humanos en la gestión de personas, y así sucesivamente. Pero el encargado de promover y gestionar la responsabilidad de la empresa ante la sociedad debe conocer del impacto financiero de las actividades para satisfacer esta responsabilidad, de cómo capturar y usar la información para hacerlas más efectivas y de cómo “transformar” a las personas para que la internalicen en sus actuaciones, además de muchas otras destrezas de gestión. 

Con esto no queremos decir que hay que ser experto en todo, pero hay que poder comunicarse con todos estos especialistas, en su idioma.  La principal destreza es el conocer el idioma empresarial, cómo piensan los diferentes directivos, qué los mueve a actuar como actúan y qué es necesario hacer para que lo hagan en función de la responsabilidad de la empresa y no en función de intereses estrictamente sectoriales, de compartimiento estanco. La otra destreza fundamental es la capacidad de persuasión, de gestionar el cambio.  Todo lo que quiere hacer este profesional requiere del cambio.


Sí, el profesional de la responsabilidad empresarial debería ser superdotado.  Con más razón para no tomar su formación a la ligera.

Si bien ello no es factible en la práctica, la formación que se reciba debe ser consciente de las  necesidades de desarrollar estas destrezas y la evaluación de su idoneidad debe ser la medida en que las cubren y no por los tópicos (medio ambiente, consultas con stakeholders, reportes de sostenibilidad, etc.) que se cubren.

Claro está que muchos instrumentos de formación no persiguen formar al “profesional” de la responsabilidad. Pretenden cubrir necesidades puntuales, ya sea de concientización (muchas de las conferencias), de introducción (cursos cortos, diplomados) o de especialización (cursos formales), en función de la demanda.  Pero como mencionábamos ello puede contribuir al desprestigio de la disciplina. Son muchos los graduados de diplomados que creen que el completar un curso de 40 horas, a veces online, los ha preparado para gestionar la responsabilidad de una empresa o ser expertos consultores.  Son muchos los cursos de 20 horas que supuestamente crean expertos.  Un buen ejemplo de esto son los cursos en reportes de sostenibilidad  G4, dictados por firmas de consultoría acreditadas por el GRI, que pretenden formar expertos en preparar reportes, entre personas que no han trabajado y lidiado con la gestión de las empresas, ni tienen la visión de la sostenibilidad.  El conocer unos lineamientos para reportar no califica para saber el por qué, el qué, el cómo, a quién y el cuándo reportar (ver el excelente artículo de Elaine Cohen, gurú de los reportes de sostenibilidad, Will I take the G4 exam?).

Y los “profesionales” de la responsabilidad cada día serán más senior dentro de la empresa, por lo que la preparación será todavía más importante y deberá ser más intensa y extensa.  En el país de los ciegos en el que se desenvuelve la RSE actualmente en muchos países pareciera que cualquiera que sabe algo es rey.  Malo para la RSE, malo para los “pseudo-profesionales”.  El futuro los puede agarrar mal preparados, la competencia se intensificará y sobresaldrán solo los capacitados.

Entones, ¿cómo prepararse? Obviamente depende del objetivo que se persiga.  ¿Basta un diplomado o un curso introductorio?  Definitivamente no.  Estos pueden servir come base para decidir sobre la mejor manera de prepararse, para tener una base sobre la cual adquirir experiencia, para saber lo que no sabe, que es lo más importante, no para creer que se sabe todo. Las conferencias y los cursos de especialización son para los que ya trabajan en el tema y tienen experiencia. 

Pero para ser un “profesional” es necesario hacerse de una formación más integral, por ejemplo las maestrías que ofrecen educación en la gestión empresarial, donde cada uno de los temas es tratado desde el punto de vista de la gestión ética y responsable y que no está basada en cursos que tocan temas específicos de la gestión (finanzas, mercadeo, producción, etc.), como compartimientos estancos. 

Algunas maestrías en administración de empresas incluyen algunos cursos sobre temas de sostenibilidad (ética, medio ambiente, gestión de personas, etc.), después de haber enseñado que la maximización de beneficios financieros en el corto plazo debe ser el objetivo de la empresa, después de haber enseñado cómo utilizar la técnicas de mercadeo para capturar al consumidor, después de haber enseñado cómo hacer la producción más eficiente, independientemente de las condiciones laborales y la responsabilidad de las materias primas o de sus procesos productivos (ver mis artículos: Responsabilidad en la enseñanza en las escuelas de negocios,  Ética y responsabilidad en las escuelas de negocios y La responsabilidad de los economistas frente la responsabilidad empresarial). Las materias separadas, sean electivas u obligatorias, ayudan, pero el conocimiento se verá forzado a tomar raíces en un entorno poco conducente, donde el estudiante percibe que las prioridades son otras.

Unas pocas maestrías han evolucionado y ya incluyen la gestión financiera ética y responsable, el mercadeo ético y responsable, la producción ética y responsable, la gestión e las personas ética y responsable, entre otras como las materias básicas, no como suplementos, no como electivas, donde la responsabilidad ya está integrada (ver por ejemplo el informe 2014 Business as UNusual que lista casi 100 escuelas con programas especializados, algunas en España).  Pero, ¿dónde están los profesores capaces de hacerlo?  Todavía hay muy pocos.  Muchos todavía quieren amortizar la inversión que tienen en el conocimiento y materiales de lo que han venido enseñando hasta ahora.  Y muy pocas maestrías lo ponen en el contexto de la contribución positiva que las empresas puede hacer al desarrollo de una mejor sociedad, de manera proactiva, más allá de hacer lo que hace bien hecho, con una educación con énfasis en la responsabilidad de la empresa ante la sociedad, con múltiples y a veces contradictorios objetivos y en la gestión de estos conflictos.

También existen maestrías específicas en sostenibilidad, que tienen la ventaja de cubrir las actividades para que las empresas asuman sus responsabilidades, pero muchas de estas parten de la premisa que esa responsabilidad es reconocida y aceptada por todos, que el terreno está abonado y solo hay que sembrar.  Pero todavía pueden fallar en situarlas en el contexto de la gestión de la empresa en un mundo competitivo con empresas irresponsables, en el contexto de la hostilidad de muchos de los directivos, de los conflictos que se presentan en la gestión cotidiana, de la necesidad de gestionar el cambio.  Nada es automático.

¿Y la preparación para hacerlo en las PyMEs (que son mi preocupación constante)?  Lo básico es lo mismo.  Cambia el grado de especialización y la intensidad, que pueden ser menores y el grado de selectividad que debe ser mayor.  Las PyMEs no tienen los recursos financieros ni gerenciales para hacer de todo, como se enseña en muchos cursos y diplomados.  Deben enfocarse, deben ser mucho más selectivas, encarar las actividades que son más efectivas, más críticas para la empresa.  Irónicamente las PyMEs requieren de “profesionales” o consultores que sean todavía más conocedores de la realidad en que operan que en las grandes empresas. 

No podemos ofrecer la solución ideal, solo comentar sobre lo que sería deseable en la formación del “profesional” de la responsabilidad, que quiere liderar los procesos dentro de las empresas.  Lo que debe quedar claro de la discusión precedente es que cursos aislados, diplomados y una formación de pregrado no son suficientes.

¿Y cuál debe ser la formación previa para que la formación “profesional” sea más efectiva, mejor aprovechada?  Por su naturaleza amplia, como se ha comentado antes, son muchas las preparaciones que pueden conducir a ello, cada una tendrá algunas ventajas sobre las otras.  Los economistas aportarán el criterio de gestión bajo escasez de recursos, los abogados aportaran el criterio de gestión cumpliendo las normas establecidas, los ingenieros aportarán el criterio pragmático en las decisiones, los sociólogos y antropólogos aportarán el conocimiento del funcionamiento de la sociedad y si otras profesiones o formaciones.  Todos pueden aportar a una disciplina tan compleja y completa, todos son necesarios. Ninguno tiene a priori una ventaja comparativa.  

Aunque también pueden tener desventajas comparativas: los economistas se pueden obsesionar con la eficiencia en la gestión de los recursos financieros, los abogados en evitar riesgos, los ingenieros en logar el objetivo con recursos materiales, desestimando los intangibles,  y los sociólogos y antropólogos con un cierto desdén por la realidad financiera (todas las generalizaciones son falsas incluyendo estas).  Cada uno puede tener una ventaja comparativa, a posteriori, dependiendo de cuáles sean los aspectos materiales para la empresa en que trabajará (ver  Materialidad: 12 principios básicos y una metodología para la estrategia de RSE).

¿Y cuándo se debe hacer esta formación?

A estas alturas el lector puede haber deducido que el suscrito es partidario de por menos contar con una maestría en temas de gestión de empresas sostenibles, si se quiere ejercer el liderazgo dentro de la empresa.  Ello no está al alcance de todos y se ofrece todavía en muy pocos centros educativos en los países de habla hispana.

Posiblemente habrá notado también que para ejercer la “profesión” hay que tener mucha experiencia en gestión de empresas.  Al final se trata de gestionar la empresa ética y responsablemente, lo que es mucho más complejo que simplemente gestionarla.

Entonces, ¿cuándo hacer la formación?  La formación, en un tema tan amplio, extenso y en evolución constante como el que tratamos, debe ser continua y permanente.  Pero debe haber momentos en que se requiera de una dedicación casi a tiempo completo en esa formación.  Idealmente la formación sería mucho más efectiva si se ha aprendido el idioma de los negocios, si se ha adquirido una apreciación de los conflictos internos que toda gestión conlleva y de la necesidad de gestionar el cambio con el mayor consenso posible.  Esto difícilmente se enseña en la universidad, aunque un buen MBA puede ayudar.

De allí que el terreno para la formación será mucho más fértil si se ha adquirido experiencia en la gestión de empresas, dentro de las empresas.  La experiencia en consultoría ayuda, pero por definición difícilmente es tan integral y extendida como lo que requiere la responsabilidad de la empresa ente la sociedad.

Y este es un caso que requiere de experiencia, no se improvisa, no basta con haber estudiado.  Si se debe lidiar con profesionales curtidos y para colmo escépticos, el profesional de la RSE debe ser estar todavía más preparado que ellos.  Debe además lidiar con gobiernos no lo tienen claro, con ONGs que creen que a las empresas les sobre el dinero y que pueden hacer de todo. Sí, prepararse académicamente es importante, pero no es suficiente, se requiere de actualización continua, constante, y de experiencia, experiencia, experiencia.

Hay algunos argumentos a favor de hacer la formación al egresar del pregrado, como por ejemplo el hecho de ya que está estudiando, es más fácil seguir haciéndolo, de que si no se hace en ese momento no se hará por los compromisos que se adquirirán (familia por ejemplo), o de que no se encuentra empleo con el pregrado (razón que puede ser la equivocada) (el lector interesado pude ver un discusión más completa en The road to a sustainability career: Grad school or work first?).  Pero esta no es una opción recomendable por los argumentos mencionados arriba, salvo que solo se pretenda mejorar un poco la situación económica.

En resumen


La disciplina de liderar la responsabilidad de la empresa ante la sociedad es muy amplia y compleja, en constante evolución.  La preparación requerida no puede ni debe subestimarse como lo están haciendo muchos centros educativos y muchos aspirantes a ejercerla.  Requiere del conocimiento de muchas disciplinas, de destrezas muy específicas, el conocimiento del idioma y operación de los negocios, de persuasión y de gestión del cambio.  Muchas de éstas se adquieren ejerciéndolas, aunque los conocimientos específicos requeridos se puedan adquirir en programas especializados, mayormente de posgrado, preferiblemente después haber desarrollado madurez y experiencia  profesional.