domingo, 25 de octubre de 2026

El verdadero problema para la efectividad de la enseñanza en las escuelas de negocios: Una estrechez de miras

 

Tiempo de lectura: 6 minutos. En su producción no se ha utilizado la Inteligencia Artificial.

Recientemente se publicó un artículo en el New York Times (19 octubre), “I Teach at a Business School. It’s Time to Shut Them Down”, por el Prof. Chris Marquis, que aboga, no como dice el título (que logró excitar a múltiples lectores), por abolirla, pero sí por cambiarla radicalmente. Tanto por su relevancia, como por su provocación y el medio de publicación, ha dado lugar a una avalancha de comentarios y de artículos de profesores de escuelas de negocios, mayormente criticándolo, ya sea por impertinente, ya sea por la inefectividad de sus recomendaciones, ya sea por la percibida amenaza a sus ocupaciones.

Y no es que el artículo postule nada nuevo, por lo menos para los que practican una visión integral de la empresa en la sociedad, ya que su crítica es algo que se viene discutiendo desde tiempo inmemorial, mucho antes del tristemente célebre artículo de Milton Friedman, The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits, publicado en el mismo medio el 17 de septiembre de 1970. Ya en el 1923, hace más de 100 años, se había publicado un artículo haciendo un llamado semejante.[i]

Escribí un breve comentario en mi blog sobre el artículo, pero ante esa avalancha de reacciones he creído oportuno expandirlo y concretar mi punto de vista sobre la problemática de la efectividad de la enseñanza en las escuelas de negocios (diplomados, másteres y desarrollo ejecutivo).[ii]

I.                El problema y sus cuatro manifestaciones.

El principal problema es la estrechez de miras de esa enseñanza, que se puede explicar en cuatro manifestaciones de la cultura de las escuelas y que no he visto mencionado explícitamente en ninguna de las múltiples respuestas que he leído, que en general son defensivas, no introspectiva como sí lo es el artículo original. Ofrezco también una introspección sobre esa cultura.

La enseñanza en estas escuelas comenzó por la necesidad de “profesionalizar” la gestión de las empresas ante los avances de la industrialización y el desarrollo de las compañías anónimas a principios del siglo pasado. Se crearon como una forma de entrenamiento para el ejercicio de la gestión empresarial, como se hizo para otras profesiones como mecánicos y electricistas. 

Pero al extenderse el desarrollo de esas empresas con gestores profesionales, independientes de los dueños, se fue haciendo más necesaria la especialización y el objetivo de la enseñanza era y se fue fortaleciendo aun mas, en la gestión eficiente y efectiva, pero con una medición de esa eficiencia y eficacia que esta sesgada, lo que condujo a estrechar la visión de estos profesionales, a la que atribuimos al problema actual de esa educación.

Este sesgo o miopía se manifiesta en cuatro aspectos fundamentales.

a.     Compartimentación de la enseñanza. Espacio.

Para hacer la educación factible en la práctica, los aspectos de la gestión de las empresas se separan en aspectos manejables, lo que da lugar a la especialización y con ello la compartimentación de la enseñanza en silos separados: las asignaturas se imparten de forma aislada, con una interdisciplinariedad mínima, finanzas, por un lado, marketing por otro, etc., cada una encerrada en su torre impermeable de marfil, lo que cual si bien es necesario en la práctica, tiene un efecto perverso ya que la problemática que enfrenta la empresa en multidimensional y aquello limita la visión del dirigente al abordar la complejidad y las interacciones propias del mundo empresarial y la sociedad.

El tímido intento de introducir cursos separados, muchas veces electivos, de ética o de “empresa y sociedad” o de sostenibilidad empresarial suelen ser un parche con poca efectividad en la práctica y en el tiempo. Tiene el efecto perverso de conducir a su consideración como algo “especial”, que no es parte integral de la cotidianidad de la gestión en todos sus aspectos. Es una tirita para algo que requiere cirugía.

Hay que reconocer que hay algunas escuelas que ya integran la consideración de las interacciones, sinergias y la extensión en el espacio y tiempo de los impactos de las empresas en algunos de sus cursos, o que ofrecen cursos más integrados como finanzas sostenibles o mercadotecnia responsable. Y hay algunos MBA con una consideración integral, a lo largo y ancho de la enseñanza, aunque son una pequeña minoría pero que no son considerados por la gran mayoría de los empleadores como del mismo “valor” que un MBA “tradicional”.

b.     Una variable. Beneficio.

También en aras de simplificar, y como consecuencia de la evolución histórica, esa enseñanza suele enfatizar una sola variable en la toma de decisiones, un solo benefició, el financiero. Es mucho más difícil enseñar la toma de decisiones basada en la optimización de varias variables simultáneamente y la consideración de sus interacciones, positivas y negativas. La solución al problema se complica mucho, por lo que lo reducimos a algo manejable, sacrificando su efectividad.

Pero el entorno en que opera la empresa es en realidad multivariable y la toma de decisiones requiere la consideración de otras variables, de otros beneficios, positivos y negativos.

Y esto, unido a los silos en lo que desenvuelve la cultura de la enseñanza, conlleva a una suboptimización del papel que le corresponde a la empresa en función de los recursos que la sociedad pone a su disposición.

c.     Cuantificación. Medición.

Y unido a esas dos “simplificaciones” se añade una tercera, que es la preferencia por lo tangible, con un énfasis pernicioso en lo cuantificable. Existe un mantra en las escuelas de negocios según el cual “no se puede gestionar lo que no se puede medir”, frente a una visión más amplia (y realista): “no todo lo que se puede contar cuenta, y no todo lo que cuenta se puede contar”. [iii]

Y, de hecho, la gran mayoría de las decisiones en la empresa deben tomarse con información imperfecta, incompleta, no cuantificada, con múltiples variables, subjetiva, pero el énfasis en la educación está en lo tangible, cuantificable, “univariable”, lo que conlleva a la exclusión de múltiples impactos, más allá del financiero, que son relevantes para la toma de decisiones.

En el desarrollo de la enseñanza en las escuelas de negocio ha tenido más influencia la economía, con su sesgo en la cuantificación y optimización de una variable, que la sociología, con su énfasis multidimensional, aunque ambas sean “ciencias” sociales.

d.     Cortoplacismo. Tiempo.

Y relacionado con lo anterior de limitarse a los aspectos más accesibles para la toma de decisiones, está la consideración del período en el tiempo que cubren esas decisiones, lo que conlleva a una visión cortoplacista.  Por dos razones fundamentales, una es que a medida que se amplía el periodo de tiempo se considera que la información es más incierta, menos manejable, menos confiable, pero además porque los incentivos que enfrentan los dirigentes están condicionados por los resultados en ese corto plazo, tanto por la dificultad de medir los resultados de las decisiones sobre el largo plazo como por el hecho de que los horizontes de preocupación en su actual posición suelen ser también cortoplacista, esperan, o ser promovidos, o encontrar un mejor empleo.

Esto no solo descarta aspectos que pueden ser muy relevantes para las decisiones, sino que además desestimula la consideración de los impactos que tienen las actividades de las empresas que se pueden manifestar en el largo plazo. Y para poner solo un ejemplo, ello suele desestimular las inversiones de recursos, que pueden tener resultados muy favorables, pero con efectos en el largo plazo, como la innovación, el mantenimiento, el desarrollo del capital humano o la protección del medio ambiente.  Son “costos” que se manifiestan de forma tangible en el corto plazo, a cambio de “beneficios” que pueden ser intangibles, en el largo plazo.  El sesgo economicista de la enseñanza en las escuelas de negocios conspira contra ello.

II.             En resumen

Las consideración de estos cuatro aspectos, las interdependencias y sinergias entre las diferentes disciplinas, la naturaleza multivariable de los impactos, y el alcance en el espacio y en el tiempo para la toma de decisiones, permitirían ofrecer a los estudiantes una perspectiva más integral, sin necesidad de suprimir estas escuelas, lo que redundaría en una educación que sería más efectiva para la sociedad que la facilita y respalda ….y para las mismas empresas, a las que les permitirían apreciar oportunidades que la estrechez de miras en el espacio, en los costos y beneficios, en sus valores (numéricos y morales) y en los plazos, le impide o dificulta.

Pero requiere un cambio de cultura, lo que nunca es fácil.  Y las respuestas al artículo citado al principio demuestran la oposición férrea de los afectados a este cambio.



[i] En mi artículo Regreso al futuro: ¿Hay progreso en RSE? comentaba un artículo del 1923 del Harvard Business Review del decano de la escuela de negocios donde ya proponía esa amplitud de miras.

[iii] Cita atribuida a Einstein, posiblemente para darle un aura de infalibilidad.


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