Tiempo de lectura: 6 minutos. En su producción no se ha utilizado la Inteligencia Artificial.
Recientemente se
publicó un artículo en el New York Times (19 octubre), “I
Teach at a Business School. It’s Time to Shut Them Down”, por el Prof. Chris Marquis, que aboga,
no como dice el título (que logró excitar a múltiples lectores), por abolirla,
pero sí por cambiarla radicalmente. Tanto por su relevancia, como por su provocación
y el medio de publicación, ha dado lugar a una avalancha de comentarios
y de artículos de profesores de escuelas de negocios, mayormente criticándolo,
ya sea por impertinente, ya sea por la inefectividad de sus recomendaciones, ya
sea por la percibida amenaza a sus ocupaciones.
Y no es que el
artículo postule nada nuevo, por lo menos para los que practican una visión
integral de la empresa en la sociedad, ya que su crítica es algo que se viene discutiendo desde tiempo
inmemorial, mucho antes del tristemente célebre artículo de Milton Friedman, The Social Responsibility of Business is
to Increase its Profits, publicado en el mismo
medio el 17 de septiembre de 1970. Ya en el 1923, hace más de 100 años, se
había publicado un artículo haciendo un llamado semejante.[i]
Escribí un breve comentario en mi blog
sobre el artículo, pero ante esa avalancha de reacciones he creído oportuno expandirlo
y concretar mi punto de vista sobre la problemática de la efectividad de la enseñanza
en las escuelas de negocios (diplomados, másteres y desarrollo ejecutivo).[ii]
I.
El problema y sus cuatro manifestaciones.
El principal problema es la estrechez de miras de esa enseñanza, que se puede explicar en cuatro
manifestaciones de la cultura de las escuelas y que no he visto mencionado explícitamente
en ninguna de las múltiples respuestas que he leído, que en general son
defensivas, no introspectiva como sí lo es el artículo original. Ofrezco
también una introspección sobre esa cultura.
La enseñanza en
estas escuelas comenzó por la necesidad de “profesionalizar” la gestión de las empresas
ante los avances de la industrialización y el desarrollo de las compañías anónimas
a principios del siglo pasado. Se crearon como una forma de entrenamiento para
el ejercicio de la gestión empresarial, como se hizo para otras profesiones
como mecánicos y electricistas.
Pero al
extenderse el desarrollo de esas empresas con gestores profesionales, independientes
de los dueños, se fue haciendo más necesaria la especialización
y el objetivo de la enseñanza era y se fue fortaleciendo aun mas, en la
gestión eficiente y efectiva, pero con una medición de esa eficiencia y
eficacia que esta sesgada, lo que condujo a estrechar
la visión de estos profesionales, a la que atribuimos al problema
actual de esa educación.
Este sesgo o miopía
se manifiesta en cuatro aspectos fundamentales.
a.
Compartimentación de la enseñanza. Espacio.
Para hacer la educación
factible en la práctica, los aspectos de la gestión de las empresas se separan en
aspectos manejables, lo que da lugar a la especialización y con ello la compartimentación
de la enseñanza en silos separados: las asignaturas se imparten de forma
aislada, con una interdisciplinariedad mínima, finanzas, por un lado, marketing
por otro, etc., cada una encerrada en su torre impermeable de marfil, lo que
cual si bien es necesario en la práctica, tiene
un efecto perverso ya que la problemática
que enfrenta la empresa en multidimensional y aquello limita la visión del dirigente
al abordar la complejidad y las interacciones propias del mundo empresarial y
la sociedad.
El tímido intento
de introducir cursos separados, muchas veces electivos, de ética o de “empresa
y sociedad” o de sostenibilidad empresarial suelen ser un parche con poca
efectividad en la práctica y en el tiempo. Tiene el efecto perverso de conducir
a su consideración como algo “especial”, que no es parte integral de la cotidianidad
de la gestión en todos sus aspectos. Es una tirita para algo que requiere cirugía.
Hay que
reconocer que hay algunas escuelas que ya integran la consideración de las interacciones,
sinergias y la extensión en el espacio y tiempo de los impactos de las empresas
en algunos de sus cursos,
o que ofrecen cursos más integrados como finanzas sostenibles o mercadotecnia
responsable. Y hay algunos MBA con una consideración integral, a lo largo y
ancho de la enseñanza, aunque son una pequeña minoría pero que no son considerados
por la gran mayoría de los empleadores como del mismo “valor” que un MBA “tradicional”.
b.
Una variable. Beneficio.
También en aras
de simplificar, y como consecuencia de la evolución histórica, esa enseñanza suele
enfatizar una sola variable en la toma de decisiones, un solo benefició, el
financiero. Es mucho más difícil enseñar la toma de decisiones basada en la optimización
de varias variables simultáneamente y la consideración de sus interacciones, positivas
y negativas. La solución al problema se complica mucho, por lo que lo
reducimos a algo manejable, sacrificando su efectividad.
Pero el entorno
en que opera la empresa es en realidad multivariable
y la toma de decisiones requiere la consideración de otras variables, de otros beneficios,
positivos y negativos.
Y esto, unido a los
silos en lo que desenvuelve la cultura de la enseñanza, conlleva a una suboptimización
del papel que le corresponde a la empresa en función de los recursos que la sociedad
pone a su disposición.
c.
Cuantificación. Medición.
Y unido a esas
dos “simplificaciones” se añade una tercera, que es la preferencia por lo tangible, con un énfasis pernicioso en
lo cuantificable. Existe un mantra en las escuelas de negocios según
el cual “no se puede gestionar lo que no se puede medir”, frente a una visión
más amplia (y realista): “no todo lo que se puede contar cuenta, y no todo lo
que cuenta se puede contar”. [iii]
Y, de hecho,
la gran mayoría de las decisiones en la empresa deben tomarse con información
imperfecta, incompleta, no cuantificada, con múltiples variables, subjetiva, pero el énfasis en la educación está en
lo tangible, cuantificable, “univariable”, lo que conlleva a la exclusión de
múltiples impactos, más allá del financiero, que son relevantes para la toma de
decisiones.
En el desarrollo
de la enseñanza en las escuelas de negocio ha tenido más influencia la economía,
con su sesgo en la cuantificación y optimización de una variable, que la sociología,
con su énfasis multidimensional, aunque ambas sean “ciencias” sociales.
d.
Cortoplacismo. Tiempo.
Y relacionado con
lo anterior de limitarse a los aspectos más accesibles para la toma de decisiones,
está la consideración del período en el tiempo que cubren esas decisiones, lo
que conlleva a una visión cortoplacista. Por dos
razones fundamentales, una es que a medida que se amplía el periodo de tiempo se
considera que la información es más incierta, menos manejable, menos confiable,
pero además porque los incentivos que enfrentan los dirigentes están condicionados
por los resultados en ese corto plazo, tanto por la dificultad de medir los
resultados de las decisiones sobre el largo plazo como por el hecho de que los horizontes
de preocupación en su actual posición suelen ser también cortoplacista, esperan,
o ser promovidos, o encontrar un mejor empleo.
Esto no solo descarta aspectos que pueden ser muy relevantes para las decisiones,
sino que además desestimula la consideración de los impactos que tienen las actividades
de las empresas que se pueden manifestar en el largo plazo. Y para poner solo un ejemplo, ello suele desestimular
las inversiones de recursos, que pueden tener resultados muy favorables, pero
con efectos en el largo plazo, como la innovación, el mantenimiento, el
desarrollo del capital humano o la protección del medio ambiente. Son “costos” que se manifiestan de forma tangible
en el corto plazo, a cambio de “beneficios” que pueden ser intangibles, en el largo
plazo. El
sesgo economicista de la enseñanza en las escuelas de negocios conspira contra
ello.
II.
En resumen
Las
consideración de estos cuatro aspectos, las interdependencias y sinergias entre
las diferentes disciplinas, la naturaleza multivariable de los impactos, y el
alcance en el espacio y en el tiempo para la toma de decisiones, permitirían
ofrecer a los estudiantes una perspectiva más
integral, sin
necesidad de suprimir estas escuelas, lo que redundaría en una educación que
sería más efectiva para la sociedad que la facilita y respalda ….y para
las mismas empresas, a las que les permitirían apreciar oportunidades
que la estrechez de miras en el espacio, en los costos y beneficios, en sus
valores (numéricos y morales) y en los plazos, le impide o dificulta.
Pero requiere un
cambio de cultura, lo que nunca es fácil.
Y las respuestas al artículo citado al principio demuestran la oposición
férrea de los afectados a este cambio.
[i] En mi artículo Regreso al futuro: ¿Hay progreso en RSE?
comentaba un artículo del 1923 del Harvard Business Review del decano de
la escuela de negocios donde ya proponía esa amplitud de miras.
[ii] Ver mis artículos ¿Efectos perversos de la educación en las
escuelas de negocios? (marzo 2023), ¿De quién es la empresa? ¿Qué debe maximizar?
(mayo 2017), ¿Quién determina cuales son
los objetivos de la empresa? ¿Debe maximizar los beneficios?” (abril
2016), y Responsabilidad en la enseñanza en
las escuelas de negocios (marzo 2009).
[iii] Cita atribuida a Einstein,
posiblemente para darle un aura de infalibilidad.
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