Nota: este artículo,
que pretende ser didáctico, contiene aspectos autobiográficos.
Ha llegado el momento
de dejar un testimonio escrito para mis nietos sobre lo que pasaron sus abuelos
para ser lo que son, sobre todo sobre su abuelita a la que no conocieron y que hizo
a sus padres, y dada mi pasión sobre la sostenibilidad empresarial, me he
acordado de una anécdota en la intersección de ambos aspectos, lucha y
sostenibilidad, ocurrida más de 65 años.
Por esas fechas
mi padre tenía una microempresa de producción de calzado para hombres, en una
habitación, con dos empleados, aparte de mi madre. Era lo que habían hecho
desde los 12-14 años, habiendo nacido en lo que en aquel entonces era la
capital del calzado de España: Inca, Mallorca. Habíamos emigrado a Venezuela
hacia cuatro años.
Producía un par
de docenas de zapatos al día. Mi padre
cortaba el cuero a mano, con una cuchilla, alrededor de patrones de cartón
piedra, sobre una plancha de zinc. Mi madre cosía las piezas (talón, pala, puntera,
lengüeta, etc.), lo que sería la parte superior del zapato, un empleado la
montaba sobre el molde de madera, le ponía la suela y otro le daba el acabado.
Gran parte de
la economía de la producción residía en la optimización de lo más costoso, en
cortar el cuero con el mínimo de desperdicio posible. Pero con las curvaturas de todas las piezas que
lo conformaban, de diferentes tamaños y de forma irregular, el desperdicio era poco
pero inevitable.
De allí mi
“gran” idea, como pinche de la fábrica, después del colegio: utilizar los
desperdicios del cuero.
Como eran pedazos pequeños no era mucho lo que se podía hacer, pero se me
ocurrió que de la misma manera que mi madre cosía las piezas para hacer el tope
del zapato, se podrían coser los retazos para hacer algo: muñequeras.
Cosiendo varios pedazos, incluyendo uno como pequeño cinturón y poniéndoles
hebillas, podía hacer diferentes modelos de muñequeras. Todos diferentes, dictados,
claro está, por los retazos disponibles. En teoría estas muñequeras se
utilizaban para evitar esguinces, pero las mías eran muy débiles, sin
estructura, que solo podían usarse como elemento decorativo, como quien hoy usa
una pulsera de cuero.
¡¡Las mías eran mucho más rudimentarias!!
Yo recogía los
retazos y los juntaba de diferentes maneras, que mi madre cosía y les ponía una
(modelo sencillo) o dos hebillas (modelo de lujo). Mi gran mercado: los alumnos
de segundo de bachillerato que yo cursaba en ese momento. Fueron todo un éxito
….. temporal….. el mercado era muy pequeño, unos 20 varones. Lo habré agotado en un mes. Habré vendido una media
docena, …….pero gané orgullo de hacer algo útil. Más de 65 años después todavía lo recuerdo.
Un ejemplo primitivo de la economía circular. Pura
lógica, nada de revelación intelectual extraordinaria, no hacen falta institutos
de investigación, ni artículos en el Harvard Business Review. Lógica y necesidad. Se juntan el hambre con las
ganas de comer.
Lo que demuestra que la sostenibilidad empresarial es pura lógica y buena
gestión.