sábado, 10 de octubre de 2026

Economía circular, circa 1960: Nada nuevo bajo el sol.

 

Nota: este artículo, que pretende ser didáctico, contiene aspectos autobiográficos.

Ha llegado el momento de dejar un testimonio escrito para mis nietos sobre lo que pasaron sus abuelos para ser lo que son, sobre todo sobre su abuelita a la que no conocieron y que hizo a sus padres, y dada mi pasión sobre la sostenibilidad empresarial, me he acordado de una anécdota en la intersección de ambos aspectos, lucha y sostenibilidad, ocurrida más de 65 años.

Por esas fechas mi padre tenía una microempresa de producción de calzado para hombres, en una habitación, con dos empleados, aparte de mi madre. Era lo que habían hecho desde los 12-14 años, habiendo nacido en lo que en aquel entonces era la capital del calzado de España: Inca, Mallorca. Habíamos emigrado a Venezuela hacia cuatro años.

Producía un par de docenas de zapatos al día.  Mi padre cortaba el cuero a mano, con una cuchilla, alrededor de patrones de cartón piedra, sobre una plancha de zinc. Mi madre cosía las piezas (talón, pala, puntera, lengüeta, etc.), lo que sería la parte superior del zapato, un empleado la montaba sobre el molde de madera, le ponía la suela y otro le daba el acabado.

Gran parte de la economía de la producción residía en la optimización de lo más costoso, en cortar el cuero con el mínimo de desperdicio posible. Pero con las curvaturas de todas las piezas que lo conformaban, de diferentes tamaños y de forma irregular, el desperdicio era poco pero inevitable.

De allí mi “gran” idea, como pinche de la fábrica, después del colegio: utilizar los desperdicios del cuero. Como eran pedazos pequeños no era mucho lo que se podía hacer, pero se me ocurrió que de la misma manera que mi madre cosía las piezas para hacer el tope del zapato, se podrían coser los retazos para hacer algo: muñequeras. Cosiendo varios pedazos, incluyendo uno como pequeño cinturón y poniéndoles hebillas, podía hacer diferentes modelos de muñequeras. Todos diferentes, dictados, claro está, por los retazos disponibles. En teoría estas muñequeras se utilizaban para evitar esguinces, pero las mías eran muy débiles, sin estructura, que solo podían usarse como elemento decorativo, como quien hoy usa una pulsera de cuero.  

¡¡Las mías eran mucho más rudimentarias!!

Yo recogía los retazos y los juntaba de diferentes maneras, que mi madre cosía y les ponía una (modelo sencillo) o dos hebillas (modelo de lujo). Mi gran mercado: los alumnos de segundo de bachillerato que yo cursaba en ese momento. Fueron todo un éxito ….. temporal….. el mercado era muy pequeño, unos 20 varones.  Lo habré agotado en un mes. Habré vendido una media docena, …….pero gané orgullo de hacer algo útil.  Más de 65 años después todavía lo recuerdo.

Un ejemplo primitivo de la economía circular.  Pura lógica, nada de revelación intelectual extraordinaria, no hacen falta institutos de investigación, ni artículos en el Harvard Business Review. Lógica y necesidad. Se juntan el hambre con las ganas de comer.

Lo que demuestra que la sostenibilidad empresarial es pura lógica y buena gestión.