sábado, 31 de octubre de 2026

Tratemos el impacto de la sostenibilidad empresarial con el rigor que se merece

  

Tiempo de lectura: 10 minutos. No se ha usado la IA para escribir este artículo.

Henos escrito repetidamente sobre la necesidad de no confundir los impactos de las actividades de sostenibilidad, los cambios que se logran en consecuencia, de lo que suele reportase como si fuese un impacto, lo que suele referirse a niveles previos al logro del impacto como lo pueden ser los insumos dedicados, los productos obtenidos o los resultados logrados. [i]

Es un tema que debería despertar más interés entre los stakeholders, pero parece haber una “conspiración de desinterés” o de “ignorancia conveniente”. Los que aseveran impacto no tiene interés en complicarse mostrando el cambio logrado, la apariencia basta, lo cual es compartido por los gestores de fondos de inversión responsable, que de lo contrario podría limitar el interés por sus productos.  Afortunadamente con el creciente interés en el greenwashing, algunos reguladores si se preocupan por la confusión y la posibilidad del abuso del término “impacto”, que es atractivo para las empresa y para los gestores de fondos.

Para ayudar a la claridad y precisión de las declaraciones sobre el impacto logrado por las inversiones en fondos sostenibles, el 12 de octubre del 2026 la Autoridad del Mercado de Valores Europea, ESMA, emitió una nota temática sobre las Aseveraciones de Impacto de las inversiones en la serie de Notas sobre declaraciones de sostenibilidad claras, justas y no engañosas: Abordar los riesgos de *greenwashing* en apoyo a las inversiones sostenibles.

Las notas temáticas se elaboran para los participantes en el mercado con fines educativos y se basan en las prácticas observadas en el mercado. No establecen nuevos requisitos normativos, sino que tienen por objeto recordar a los participantes en el mercado sus responsabilidades de formular declaraciones claras, justas y que no induzcan a error (énfasis añadido).

I.                No es impacto todo lo que reporta como tal, no es oro todo lo que reluce.

Para apreciar las diferencias entre los diferentes indicadores sobre los logros de las empresas de actividades, productos, resultados e impacto, es conveniente hace un breve repaso a estos cuatro conceptos que se suelen usar indistintamente. Esto lo habíamos ya analizado en otro artículo específicamente sobre esta confusión por lo que solo haremos un breve resumen. Decíamos [ii]:

A efectos poner en contexto el reporte de los impactos de las actividades empresariales en el logro de su sostenibilidad, consideremos que estas actividades llevan a productos, que logran resultados y por último tienen (deberían tener) impacto.

Lo que ilustrábamos con estos tres ejemplos:

 

La gran mayoría de los indicadores que se reportan en los informes de sostenibilidad y que son usados en las calificaciones de sostenibilidad se refieren a insumos, productos o resultados, no al impacto, no al cambio logrado, aunque muchas veces lo denominan como tal. De hecho, las regulaciones de la Comisión Europea sobre el reporte de información referente a sostenibilidad no hacen la distinción.

Es de destacar que medir el impacto no es sencillo, a veces el impacto solo se logra en el mediano a largo plazo. Pero ello no obsta para que se hagan los esfuerzos que sean factibles, y por lo menos no pretender que los insumos, productos o resultados reflejan impacto. A lo sumo son condición necesaria, pero definitivamente no suficiente,

II.             La nota temática de ESMA

ESMA, como ente regulador del mercado de capitales europeo, solo se preocupa de un segmento del financiamiento sostenible: los valores y fondos que se transan en los mercados de valores, y el objetivo de la nota es la prevención del greenwashing en la comercialización de estos productos, de lo cual las aseveraciones de impacto de los productos son solo una parte.  Pero en este artículo consideraremos solo este aspecto del greenwashing.[iii]

Por ello, la cobertura del impacto se trata de pasada y no es tan específica como hubiéramos deseado, en el contexto de la discusión precedente sobre los diferentes conceptos. La Nota también suele mezclar el impacto como sinónimo de cambio logrado con los conceptos de menor alcance como los insumos, productos y resultados. De hecho, solo menciona dos de los cuatro: resultados e impacto.

Postula cuatro principios que deben guiar el reporte del “impacto”: que se explican por si solos y no ameritan comentarios, aunque queremos resaltar uno de ellos:

  • Precisos;
  • Accesibles;
  • Actualizados, y
  • Fundamentados: Este es el aspecto más critico y lo que permite determinar la veracidad de las aseveraciones y contribuir a evitar el greenwashing. Según la nota:

 La fundamentación debe basarse en metodologías (incluyendo comparaciones, umbrales o supuestos subyacentes) que sean justas, proporcionadas y significativas. Deben darse a conocer las limitaciones de la información, los datos y las métricas utilizados en una afirmación.

Para ilustrar estos principios, la nota incluye cinco ejemplos breves sobre como reportar honestamente y otros seis de lo que se debe evitar. A efectos prácticos, estos ejemplos constituyen el valor agregado de la nota, más allá de la discusión general que los procede.

Para no extender más este artículo reproducimos algunos de los ejemplos que resumen muy precisamente el objetivo de la nota.

Este es un caso muy común de greenwashing, donde se promete el logro de la neutralidad en las emisiones, con planes, pero sin justificar su factibilidad, la estrategia a seguir, los hitos intermedios, los recursos asignados, las responsabilidades, etc. sin reportar el progreso que se va logrando.

III.           ¿Pero tiene impacto el financiamiento sostenible?

Analizando los productos que les preocupa a ESMA, los valores negociables y los fondos que agregan estos valores, que se ofrecen a los inversionistas, se puede ver que se hace el supuesto implícito de que es cuestión de reportar ese impacto de forma honesta. En este sentido es importante destacar que lo que ellos denominan impacto no necesariamente tiene impacto sobre la sostenibilidad del planeta y la sociedad. Es solo que tienen el “potencial” de hacerlo.[iv]

Por ejemplo, catalogarían como impactante un fondo de inversión que ha seleccionado los valores negociables que lo integran en función de la supuesta sostenibilidad empresarial de las empresas que los emiten. Ello permite reportar que el fondo tiene impacto, pero lo que no se dice es que los valores que el fondo ha adquirido en los mercados secundarios de capitales ya existían y fueron vendidos por alguien que los poseía, lo que resulta ser una mera transferencia de recursos financieros entre comprador y vendedor, las empresas cuyos valores constituyen los fondos no han recibido recursos frescos para llevar a cabo actividades que mejoren la sostenibilidad del planeta y la sociedad.  Los recursos han sido una transferencia entre comprador y vendedor. También es posible que los fondos adquieran valores que hayan sido recientemente calificados como sostenibles y que antes se cotizaban en los mercado como empresas sin tal calificación.  Pero tampoco hay transferencia de recursos a las empresas.

No hay “impacto” sobre la sostenibilidad de la sociedad y del planeta, solo el potencial de haberlo.

Es solo en el caso de los mercados primarios, donde las empresas emiten valores (acciones o instrumentos de endeudamiento) donde las empresas reciben recursos frescos, pero, aun así, ello no obliga a las empresas que hayan sido calificadas con algún grado de sostenibilidad, a invertir esos recursos frescos en actividades de sostenibilidad. Esto es solo en el caso de las emisiones de valores o endeudamientos con compromiso de dedicar estos recursos a estas actividades como el caso, por ejemplo, de los bonos verdes, sociales y sostenibles, y algunos casos de bonos ligados a sostenibilidad. [v]

Un fondo o los valores de una empresa puede reportar que ha tenido impacto en la sostenibilidad sin haber dedicado los recursos a ello. Solo lo será en el caso de recursos frescos que se obtengan con el compromiso de dedicarlos a actividades relacionadas con la sostenibilidad, o bien en aquellos casos de gestores activistas que utilizan su poder de voto en influenciar las decisiones de las empresas, o su poder de persuasión para involucrarse con los dirigentes.

Un caso muy específico, pero poco frecuente [vi] es de “fondos de inversión de impacto”, que se constituyen específicamente para la adquisición de valores de empresas que constituyen con ese fin y que se comprometen a usar los recursos en esas actividades, y que, en general, suelen tener el involucramiento directo de los gestores de esos fondos en lograrlo. Son relativamente una excepción entre los fondos de inversión que se califican como responsables.

Y sin hablar de que las empresas calificadas por alguna institución como sostenibles, lo sean en la realidad. Es muy posible que logran la calificación con algunas actividades, políticas o estrategias, pero su contribución puede ser mínima.[vii]

IV.            En concusión.

El impacto importa, es lo mas importante de la sostenibilidad empresarial, pero lamentablemente no solo existe confusión sobre lo que es en realidad impacto, cambio logrado, por lo que es uno de los instrumentos más utilizados para el greenwashing.

La nota temática de ESMA tiene el potencial de contribuir a reducir la confusión y mejorar la comunicación del impacto, aunque se limita los fondos de inversión u valores calificados como sostenibles.

Pero todavía queda la confusión más critica, que es la de creer que las inversiones en fondos de inversión y valores calificados como sostenibles y los volúmenes transados en los mercados secundarios tienen impacto sobre la sostenibilidad de la sociedad y del planeta.  Solo tienen el potencial de hacerlo las inversiones y endeudamientos en los mercados primarios sostenibles y los fondos de inversión específicamente constituidos y dedicados a lograr impacto.


[vi] El informe La Inversión Sostenible y Responsable en España 2026 de spainsif, Foro Español de Inversión y Finanzas Sostenibles, reporta que solo el 4,70% de los fondos calificados como sostenibles corresponde a inversión de imoacto.

domingo, 25 de octubre de 2026

El verdadero problema para la efectividad de la enseñanza en las escuelas de negocios: Una estrechez de miras

 

Tiempo de lectura: 6 minutos. En su producción no se ha utilizado la Inteligencia Artificial.

Recientemente se publicó un artículo en el New York Times (19 octubre), “I Teach at a Business School. It’s Time to Shut Them Down”, por el Prof. Chris Marquis, que aboga, no como dice el título (que logró excitar a múltiples lectores), por abolirla, pero sí por cambiarla radicalmente. Tanto por su relevancia, como por su provocación y el medio de publicación, ha dado lugar a una avalancha de comentarios y de artículos de profesores de escuelas de negocios, mayormente criticándolo, ya sea por impertinente, ya sea por la inefectividad de sus recomendaciones, ya sea por la percibida amenaza a sus ocupaciones.

Y no es que el artículo postule nada nuevo, por lo menos para los que practican una visión integral de la empresa en la sociedad, ya que su crítica es algo que se viene discutiendo desde tiempo inmemorial, mucho antes del tristemente célebre artículo de Milton Friedman, The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits, publicado en el mismo medio el 17 de septiembre de 1970. Ya en el 1923, hace más de 100 años, se había publicado un artículo haciendo un llamado semejante.[i]

Escribí un breve comentario en mi blog sobre el artículo, pero ante esa avalancha de reacciones he creído oportuno expandirlo y concretar mi punto de vista sobre la problemática de la efectividad de la enseñanza en las escuelas de negocios (diplomados, másteres y desarrollo ejecutivo).[ii]

I.                El problema y sus cuatro manifestaciones.

El principal problema es la estrechez de miras de esa enseñanza, que se puede explicar en cuatro manifestaciones de la cultura de las escuelas y que no he visto mencionado explícitamente en ninguna de las múltiples respuestas que he leído, que en general son defensivas, no introspectiva como sí lo es el artículo original. Ofrezco también una introspección sobre esa cultura.

La enseñanza en estas escuelas comenzó por la necesidad de “profesionalizar” la gestión de las empresas ante los avances de la industrialización y el desarrollo de las compañías anónimas a principios del siglo pasado. Se crearon como una forma de entrenamiento para el ejercicio de la gestión empresarial, como se hizo para otras profesiones como mecánicos y electricistas. 

Pero al extenderse el desarrollo de esas empresas con gestores profesionales, independientes de los dueños, se fue haciendo más necesaria la especialización y el objetivo de la enseñanza era y se fue fortaleciendo aun mas, en la gestión eficiente y efectiva, pero con una medición de esa eficiencia y eficacia que esta sesgada, lo que condujo a estrechar la visión de estos profesionales, a la que atribuimos al problema actual de esa educación.

Este sesgo o miopía se manifiesta en cuatro aspectos fundamentales.

a.     Compartimentación de la enseñanza. Espacio.

Para hacer la educación factible en la práctica, los aspectos de la gestión de las empresas se separan en aspectos manejables, lo que da lugar a la especialización y con ello la compartimentación de la enseñanza en silos separados: las asignaturas se imparten de forma aislada, con una interdisciplinariedad mínima, finanzas, por un lado, marketing por otro, etc., cada una encerrada en su torre impermeable de marfil, lo que cual si bien es necesario en la práctica, tiene un efecto perverso ya que la problemática que enfrenta la empresa en multidimensional y aquello limita la visión del dirigente al abordar la complejidad y las interacciones propias del mundo empresarial y la sociedad.

El tímido intento de introducir cursos separados, muchas veces electivos, de ética o de “empresa y sociedad” o de sostenibilidad empresarial suelen ser un parche con poca efectividad en la práctica y en el tiempo. Tiene el efecto perverso de conducir a su consideración como algo “especial”, que no es parte integral de la cotidianidad de la gestión en todos sus aspectos. Es una tirita para algo que requiere cirugía.

Hay que reconocer que hay algunas escuelas que ya integran la consideración de las interacciones, sinergias y la extensión en el espacio y tiempo de los impactos de las empresas en algunos de sus cursos, o que ofrecen cursos más integrados como finanzas sostenibles o mercadotecnia responsable. Y hay algunos MBA con una consideración integral, a lo largo y ancho de la enseñanza, aunque son una pequeña minoría pero que no son considerados por la gran mayoría de los empleadores como del mismo “valor” que un MBA “tradicional”.

b.     Una variable. Beneficio.

También en aras de simplificar, y como consecuencia de la evolución histórica, esa enseñanza suele enfatizar una sola variable en la toma de decisiones, un solo benefició, el financiero. Es mucho más difícil enseñar la toma de decisiones basada en la optimización de varias variables simultáneamente y la consideración de sus interacciones, positivas y negativas. La solución al problema se complica mucho, por lo que lo reducimos a algo manejable, sacrificando su efectividad.

Pero el entorno en que opera la empresa es en realidad multivariable y la toma de decisiones requiere la consideración de otras variables, de otros beneficios, positivos y negativos.

Y esto, unido a los silos en lo que desenvuelve la cultura de la enseñanza, conlleva a una suboptimización del papel que le corresponde a la empresa en función de los recursos que la sociedad pone a su disposición.

c.     Cuantificación. Medición.

Y unido a esas dos “simplificaciones” se añade una tercera, que es la preferencia por lo tangible, con un énfasis pernicioso en lo cuantificable. Existe un mantra en las escuelas de negocios según el cual “no se puede gestionar lo que no se puede medir”, frente a una visión más amplia (y realista): “no todo lo que se puede contar cuenta, y no todo lo que cuenta se puede contar”. [iii]

Y, de hecho, la gran mayoría de las decisiones en la empresa deben tomarse con información imperfecta, incompleta, no cuantificada, con múltiples variables, subjetiva, pero el énfasis en la educación está en lo tangible, cuantificable, “univariable”, lo que conlleva a la exclusión de múltiples impactos, más allá del financiero, que son relevantes para la toma de decisiones.

En el desarrollo de la enseñanza en las escuelas de negocio ha tenido más influencia la economía, con su sesgo en la cuantificación y optimización de una variable, que la sociología, con su énfasis multidimensional, aunque ambas sean “ciencias” sociales.

d.     Cortoplacismo. Tiempo.

Y relacionado con lo anterior de limitarse a los aspectos más accesibles para la toma de decisiones, está la consideración del período en el tiempo que cubren esas decisiones, lo que conlleva a una visión cortoplacista.  Por dos razones fundamentales, una es que a medida que se amplía el periodo de tiempo se considera que la información es más incierta, menos manejable, menos confiable, pero además porque los incentivos que enfrentan los dirigentes están condicionados por los resultados en ese corto plazo, tanto por la dificultad de medir los resultados de las decisiones sobre el largo plazo como por el hecho de que los horizontes de preocupación en su actual posición suelen ser también cortoplacista, esperan, o ser promovidos, o encontrar un mejor empleo.

Esto no solo descarta aspectos que pueden ser muy relevantes para las decisiones, sino que además desestimula la consideración de los impactos que tienen las actividades de las empresas que se pueden manifestar en el largo plazo. Y para poner solo un ejemplo, ello suele desestimular las inversiones de recursos, que pueden tener resultados muy favorables, pero con efectos en el largo plazo, como la innovación, el mantenimiento, el desarrollo del capital humano o la protección del medio ambiente.  Son “costos” que se manifiestan de forma tangible en el corto plazo, a cambio de “beneficios” que pueden ser intangibles, en el largo plazo.  El sesgo economicista de la enseñanza en las escuelas de negocios conspira contra ello.

II.             En resumen

Las consideración de estos cuatro aspectos, las interdependencias y sinergias entre las diferentes disciplinas, la naturaleza multivariable de los impactos, y el alcance en el espacio y en el tiempo para la toma de decisiones, permitirían ofrecer a los estudiantes una perspectiva más integral, sin necesidad de suprimir estas escuelas, lo que redundaría en una educación que sería más efectiva para la sociedad que la facilita y respalda ….y para las mismas empresas, a las que les permitirían apreciar oportunidades que la estrechez de miras en el espacio, en los costos y beneficios, en sus valores (numéricos y morales) y en los plazos, le impide o dificulta.

Pero requiere un cambio de cultura, lo que nunca es fácil.  Y las respuestas al artículo citado al principio demuestran la oposición férrea de los afectados a este cambio.



[i] En mi artículo Regreso al futuro: ¿Hay progreso en RSE? comentaba un artículo del 1923 del Harvard Business Review del decano de la escuela de negocios donde ya proponía esa amplitud de miras.

[iii] Cita atribuida a Einstein, posiblemente para darle un aura de infalibilidad.


lunes, 19 de octubre de 2026

¿Hay que abolir las escuelas de negocios?

 

El artículo muy perspicaz sobre la enseñanza en las escuelas de negocios (MBA) en el New York Times de hoy (19 octubre), “I Teach at a Business School. It’s Time to Shut Them Down”, por el Prof. Chris Marquis, lo insinúa. 

Aboga, no como dice el título (quiere atraer al lector) por abolirla, pero sí por cambiar su cultura.



Es un articulo altamente recomendado para los que preocupan sobre el papel que estas escuelas juegan en la sostenibilidad empresarial vía la gestión de sus egresados.

El principal argumento es que instila en sus estudiantes una ambición egoísta, individualista, de hacer lo mejor posible para sí mismos, aun a pesar de las buenas intenciones que puedan tener al comenzar esos estudios de mejorar la sociedad y el mundo que los rodea.  Los adoctrina.

Alega, que tanto las materias que se enseñan como la metodología de enseñanza (ataca el estudio de casos por sobre simplificar la realidad del mundo en que se deben desenvolver y de estrechar la mira de los factores que deben tomarse en cuenta)

Crítica como insuficientes y hasta de hipócritas los intentos de remediar aquella cultura con algunos cursos electivos sobre sostenibilidad y ética, alegando que ello debería están incrustado en todas las materias y en la metodología de enseñanza. Pone el ejemplo de una escuela de negocios (donde fue profesor) en la que esto se intenta.

El problema es ciertamente uno de oferta, lo que las escuelas de negocios ofrecen, que podrá se mitigado con su propuesta, pero también hay un problema de demanda, que es menos manejable y que no considera y es que los estudiantes quieren lo que la cultura tradicional de esas escuelas ofrece, los mejores sueldos posibles al graduarse.  De hecho, esto es uno de los principales criterios que se utilizan para la calificación de estas escuelas, que también se han “corporatizado”, y tratan de maximizar sus ingresos y reputación

P.S. He escrito varios artículos sobre el tema en mi blog, por ejemplo, “¿Efectos perversos de la educación en las escuelas de negocios?” (marzo 2023, https://bit.ly/MBAPerv ),  “¿De quién es la empresa? ¿Qué debe maximizar?” (mayo 2017, https://bit.ly/Maximiz2 ) y “¿Quién determina cuales son los objetivos de la empresa? ¿Debe maximizar los beneficios?” (abril 2016, https://bit.ly/3M9Jfz1) y “Responsabilidad en la enseñanza en las escuelas de negocios” (marzo 2019, https://bit.ly/412b5X3

sábado, 10 de octubre de 2026

Economía circular, circa 1960: Nada nuevo bajo el sol.

 

Nota: este artículo, que pretende ser didáctico, contiene aspectos autobiográficos.

Ha llegado el momento de dejar un testimonio escrito para mis nietos sobre lo que pasaron sus abuelos para ser lo que son, sobre todo sobre su abuelita a la que no conocieron y que hizo a sus padres, y dada mi pasión sobre la sostenibilidad empresarial, me he acordado de una anécdota en la intersección de ambos aspectos, lucha y sostenibilidad, ocurrida más de 65 años.

Por esas fechas mi padre tenía una microempresa de producción de calzado para hombres, en una habitación, con dos empleados, aparte de mi madre. Era lo que habían hecho desde los 12-14 años, habiendo nacido en lo que en aquel entonces era la capital del calzado de España: Inca, Mallorca. Habíamos emigrado a Venezuela hacia cuatro años.

Producía un par de docenas de zapatos al día.  Mi padre cortaba el cuero a mano, con una cuchilla, alrededor de patrones de cartón piedra, sobre una plancha de zinc. Mi madre cosía las piezas (talón, pala, puntera, lengüeta, etc.), lo que sería la parte superior del zapato, un empleado la montaba sobre el molde de madera, le ponía la suela y otro le daba el acabado.

Gran parte de la economía de la producción residía en la optimización de lo más costoso, en cortar el cuero con el mínimo de desperdicio posible. Pero con las curvaturas de todas las piezas que lo conformaban, de diferentes tamaños y de forma irregular, el desperdicio era poco pero inevitable.

De allí mi “gran” idea, como pinche de la fábrica, después del colegio: utilizar los desperdicios del cuero. Como eran pedazos pequeños no era mucho lo que se podía hacer, pero se me ocurrió que de la misma manera que mi madre cosía las piezas para hacer el tope del zapato, se podrían coser los retazos para hacer algo: muñequeras. Cosiendo varios pedazos, incluyendo uno como pequeño cinturón y poniéndoles hebillas, podía hacer diferentes modelos de muñequeras. Todos diferentes, dictados, claro está, por los retazos disponibles. En teoría estas muñequeras se utilizaban para evitar esguinces, pero las mías eran muy débiles, sin estructura, que solo podían usarse como elemento decorativo, como quien hoy usa una pulsera de cuero.  

¡¡Las mías eran mucho más rudimentarias!!

Yo recogía los retazos y los juntaba de diferentes maneras, que mi madre cosía y les ponía una (modelo sencillo) o dos hebillas (modelo de lujo). Mi gran mercado: los alumnos de segundo de bachillerato que yo cursaba en ese momento. Fueron todo un éxito ….. temporal….. el mercado era muy pequeño, unos 20 varones.  Lo habré agotado en un mes. Habré vendido una media docena, …….pero gané orgullo de hacer algo útil.  Más de 65 años después todavía lo recuerdo.

Un ejemplo primitivo de la economía circular.  Pura lógica, nada de revelación intelectual extraordinaria, no hacen falta institutos de investigación, ni artículos en el Harvard Business Review. Lógica y necesidad. Se juntan el hambre con las ganas de comer.

Lo que demuestra que la sostenibilidad empresarial es pura lógica y buena gestión.