domingo, 14 de octubre de 2012

Contabilidad y Sostenibilidad: ¿Amigos o enemigos? Segunda Parte


En la primera parte de este artículo (recomendamos leer antes) describíamos la problemática que las reglas de contabilidad imponen a la práctica de la sostenibilidad social y ambiental de las empresas.  En esta segunda parte exploramos algunas soluciones a esta problemática de tal manera de reducir la enemistad entre contabilidad y sostenibilidad. El principal problema que comentábamos era la diferencia entre la valoración de activos y pasivos, gastos e ingresos desde el punto de vista de los dueños y acreedores de la empresa y desde el punto de vista de la sociedad.

(Paciencia querido lector, este artículo es largo)

En algunos casos la valoración contable y la valoración para la sociedad son semejantes, y son los casos fáciles de justificar de las prácticas responsables (ahorro de agua y energía, reciclaje, etc.).  En buena parte el argumento empresarial (business case) que se hace para la sostenibilidad ambiental y social se basa en apelar al impacto contable, en el mediano o largo plazo de las prácticas responsables, como por ejemplo aumentos en la productividad laboral, captura de mercados responsables, mejores precios, etc.   Hemos descrito esto ampliamente en el capítulo 10 de mi libro (con Estrella Peinado y otros), La Responsabilidad Social da la empresa en América Latina: Manual de Gestión y lo hemos comentado en otros artículos sobre la importancia de no poner toda la estrategia en lo que se “puede contar” No todo lo que se puede contar cuenta, ni todo lo que cuenta se puede contar.


© Imagen de Ralf Kleemann via Shutterstock

Claro está que todo esto depende de la reacción de los mismos mercados, de que “valoren” las prácticas responsables.  Y esto es una de las posibles soluciones al problema: si la contabilidad no cambia, que sea el mercado el que le de mayor valor contable a las prácticas responsables.  Esta es fundamentalmente la estrategia actual de promoción de la sostenibilidad.

Parte de esta estrategia está en el margen de maniobra que otorgan las reglas actuales de contabilidad y la legislación de que basta mantener el capital en positivo, de que no es obligatorio maximizarlo.  De allí que la dirigencia empresarial pueda “invertir” ahora en responsabilidad a la espera de beneficios o reducción de costos en el futuro.  Muchos dirigentes, en particular los que también son dueños de las empresas, adoptan esta estrategia.  Pero sus enemigos son los mercados que les proporcionan los recursos financieros para hacer las inversiones y que exigen valoración contable, tangible. 

Son muy pocas las empresas que pueden competir en los actuales mercados en base a capital de los dueños.  Necesitan financiamiento externo y ese financiamiento externo, especialmente el de capital, viene con la preferencia de que mejor es el dinero ahora que más tarde.  Todo ser humano, unos mas que otros, tiene una preferencia por el consumo actual sobre el consumo diferido.  Todos preferimos un dólar hoy a uno en un año, y a veces hasta más que $2 en un año (dependiendo de la incertidumbre de obtenerlo y del poder adquisitivo que tenga en ese entonces).  La reglas de juego y la naturaleza humana conspiran contra actuar para el futuro.

La segunda estrategia es la más difícil: acercar la valoración de activos y pasivos, ingresos y gastos al valor que tienen para la sociedad.  Un ejemplo paradigmático en esa dirección lo constituye la valoración de las emisiones de gases de efecto invernadero, el llamado “precio del carbón” por el principal gas, el dióxido de carbono (trataré de mantener la discusión muy simplificada).  La gran mayoría de la actividades del ser humano y de las empresas emiten dióxido de carbono, que según la ciencia actual, contribuye al calentamiento global, con grandes costos futuros para al humanidad. 

Sin embargo, estos costos para la humanidad no están contabilizados a su valor en los balances contables, de allí que las empresas no tienen incentivos para reducirlos.  Una primera estrategia es medirlos y ponerles limitaciones, en forma de cuotas de emisión para cada empresa.  Quién necesite emitir más de su cuota puede ir al “mercado de carbono”  y comprar cuotas no usadas a otros.  Pero ello no resuelve el problema y los incentivos no son los más apropiados.  Una estrategia más efectiva sería ponerle un precio a cada tonelada de carbono emitido, basado en el daño estimado vía calentamiento global.  Así la energía generada en base a petróleo sería más cara que la generada con gas, que sería más cara que la hidroeléctrica o que la eólica o la solar.  Ello llevaría a una transición gradual de los hidrocarburos a la energía renovable. 

El problema es que la implementación de esta estrategia lleva a un encarecimiento de los hidrocarburos con serias consecuencias para al activad económica, de la cual dependen.  Pero hay estrategias de implementación paulatina y considerada como lo ha demostrado Canadá (donde los ingresos extraordinarios del gobierno por esto concepto pueden ser usados para compensar las distorsiones en el corto plazo).  Pero es extraordinariamente complejo y políticamente muy costoso.  Pero es un excelente ejemplo del cambio de valoración de un insumo de su valor contable al valor para la sociedad.

Estos cambios en la valoración son semejantes a los que se hacen para convertir la evaluación financiera de proyectos de inversión a evaluación económica o social, donde se corrigen por transferencias y distorsiones en los valores de mercado (financieros), que muchas veces no reflejan los valores para la sociedad.  Por ejemplo, desde el punto de vista netamente financiero los accidentes evitados en la construcción de una carretera más segura no se cuentan.  Sin embargo en la evaluación económica y social se contabilizan como beneficios el valor (controversial) de las vidas salvadas y los accidentes no ocurridos.  No obstante, en el caso de estas evaluaciones las correcciones que se suelen hacer son muy limitadas.

Otro ejemplo mas dramático lo constituye la valoración del capital humano de la empresa y su valor intelectual.  De acuerdo a los principios de contabilidad generalmente aceptados, el personal esta valorado, cuando mucho, al valor que costó adquirirlos y desarrollarlos (gastos de contratación, entrenamiento, etc..), y muchas no siquiera está ya que se suelen considerar gastos de periodo y no inversiones y van directamente al estado de ganancias y pérdidas.  Y esta valoración es cada vez más importante ya que la mayor parte del valor de la empresa son sus empleados y sus conocimientos, o sea, el potencial de contribuir a las ganancias futuras de la empresa.  

Y es cada día mas importante en la medida que las empresas van dependiendo mas del capital humano que del capital físico.  ¿Cuales son los  principales activos de Apple o de Google o de una Universidad? (sin negar el valor de la reputación).  Pero si no figuran entre los activos de la empresa esos conocimientos se pueden destruir a través de malas prácticas de recursos humanos, incluyendo la depreciación de ese capital (que no se contabiliza) y el despido sin que ello tenga consecuencias contables en el corto plazo, pero que sabemos que destruyen el valor de la empresa en el mediano y largo plazo.  Esta discrepancia entre contabilidad y sostenibilidad lleva a decisiones perversas para el valor de la empresa.  Ver mi artículo Capital humano: ¿Está en el capital de la empresa? sobre los incentivos de la contabilidad para la destrucción del capital humano.

Aun cuando tuviéramos la capacidad de darle valor social a todos los ingresos y gastos, activos y pasivos, nos quedaría el importante aspecto de la determinación de impacto de las actividades de la empresa: ¿cuánto del impacto sobre la sociedad es atribuible a la empresa?  Es imposible determinar el impacto global sobre toda la cadena de valor y habría que circunscribirlo a los impactos que podríamos llamar materiales (es lo que algunas empresa ya hacen con algunos impactos y algunos proveedores). 

En la contabilidad tradicional ya existe el denominado principio de materialidad a través del cual solo se contabiliza lo que de verdad cuenta o que puede cambiar los resultados.  En la contabilidad de la sostenibilidad sería lo mismo, pero es mucho más complejo.  ¿Quién determina lo que tiene un impacto material sobre la empresa y cual es su atribución?  No es lo mismo la determinación de simples prioridades, de la materialidad, para escribir un informe cualitativo de sostenibilidad que el determinar el impacto cuantitativo, expresado en valores monetarios, sobre la sociedad de las actividades de la empresa. 

Algunas empresas ya han comenzado a hacerlo para algunas actividades. Por ejemplo Puma, la empresa de artículos deportivos, publicó su Estado de Ganancias y Pérdidas Ambientales 2010 donde analiza el costo ambiental de sus actividades, incluyendo su cadena de valor.  Valora el costo de emisiones, uso de la tierra y el agua, contaminación y desechos.  Es un ejercicio muy laudable y el informe es altamente recomendado para entender la problemática que hemos descrito. El costo total de su impacto se estima en 145 millones de Euros.  Afortunadamente (o casualmente) el número fue modesto.  ¿Pero que pasará cuando el número sea significativo? ¿Compensarán a la sociedad por ese costo?  

Y en cierta forma esta es la direccion que está tomando el Draft Framework Outline producido por el International Integrated Reporting Committee, IIRC, institución encargada de producir los principios para el reporte integrado.  Y es lo que propusimos en el capítulo Etapas en los informes de sostenibilidad: Hacia el informe integrado como la última etapa de los reportes integrados (ver el capítulo III.8 en mi libro Una Mirada Critica a la Responsabilidad Social en Iberoamérica).  Pero esto da para otro extenso artículo.

La solución intermedia a esta problemática, y esperamos que solo sea temporal, fue la creación del concepto de la Triple Cuenta de Resultados.  Con ello se pretendía llamar la atención hacia la idea de que la empresa tenía tres cuentas de resultados que atender, la financiera (cuantificada monetariamente) y  la social y ambiental (descrita cualitativamente y cuantificada, en algunos casos, en unidades no monetarias).  Cumplió el objetivo de llamar la atención pero también abrió, y mantiene abierta la puerta, para la desintegración de los resultados y en cierta forma legitimizar la idea  de que lo social y ambiental no se mezcla con lo financiero. Que no hay manera de valorarlos de forma compatible.  En cierta forma podrimos decir que la Triple Cuenta de Resultados ha sido un enemigo de la integración de resultados ya que nos hace pensar en tres cosas separadas, cuando debemos pensar y actuar en una sola cuenta de resultados. La Triple cuenta de Resultados debe pasar a la historia, mientras más pronto mejor. Está siendo perniciosa.

Esta discusión no ha pretendido resolver el problema existencial de la sostenibilidad, solo ha pretendido ilustrar la problemática y en particular mostrar como algunas reglas de juego de la sociedad se oponen a su propio progreso.  Pedimos que las empresas vean a la sociedad como su sujeto, pero seguimos con un sistema contable y legal que prácticamente se opone a ello. Ahora nos quejamos de que la visión de la empresa no debería ser la maximización de valor para los accionistas, sino el valor para la sociedad,  pero es la misma sociedad (o gran parte de ella) la que exige la rentabilidad de acuerdo a una definición muy estrecha.

Pasara mucho tiempo antes de que ello ocurra, a lo mejor en la segunda mitad del Siglo XXI, después de una gran crisis social y ambiental.  Mientras tanto sigamos exigiendo progreso en las  prácticas empresariales, regulaciones gubernamentales y en la reacción de la sociedad favoreciendo las empresas responsables y castigando las no responsables.  Es así que la sociedad puede hacer internalizar los costos a las empresas.

Contabilidad y Sostenibilidad: ¿amigos o enemigos?  Debemos hacerlas compatibles.

Post Data:  El nuevo Presidente del Consejo Mundial Empresarial de Desarrollo Sostenible Peter Bakker en su discurso el 2 de octubre en la undécima reunión anual en Portugal resume perfectamente el contenido de mis dos artículos: “Déjenme explicarles lo que es un capitalista, es alguien que optimiza el rendimiento del capital utilizado. El error del modelo económico actual es que se centra exclusivamente en la optimización de la rentabilidad del capital financiero. Tenemos que añadir dos elementos más del capital: el capital natural o ambiental y el capital social, y decirle a los capitalistas que trabajen en optimizar esto".

Pero no debemos añadirle dos más.  Debemos integrarlos en uno solo, de lo contrario siempre estaremos haciendo balances entre los tres “capitales”, compensando uno con el otro.  Es muy difícil, pero marca la dirección a seguir.

domingo, 7 de octubre de 2012

Contabilidad y Sostenibilidad: ¿Amigos o enemigos? Primera Parte


 
La primera responsabilidad de la empresa es ser rentable para poder seguir operando.  Si no hay empresa no podemos hablar de la responsabilidad social de la empresa.  Pero ¿que quiere decir ser rentable?  Sin entrar a discutir si la empresa debe maximizar beneficios, lo que sí es indiscutible es que debe tener un nivel de beneficios que le permita la continuidad.  Y esa continuidad esta determinada por las legislaciones vigentes en los países, generalmente en los códigos de comercio y las leyes y regulaciones sobre quiebras[i] basadas en la valoración de activos y pasivos, ingresos y gastos, de acuerdo a principios contables. Y la valoración determina la sostenibilidad financiera, social y ambiental de la empresa.

Todas las regulaciones y legislaciones tienen un denominador común y es que la determinación de la situación financiera de la empresa en basa en la contabilidad de ingresos y gastos, de activos y pasivos, que a su vez se basa en “principios de contabilidad generalmente aceptados” (en la gran mayoría de los países son los determinados por el International  Accounting Standards Board, IASB, y en algunos otros, especialmente en Estados Unidos, por el Financial Accounting Standards Board, FSAB).  En muchos casos, sobre todo para instituciones financieras, son suplementados por regulaciones supranacionales, como la Comisión Europea y el Comité de Basilea, y nacionales como las superintendencias de instituciones financieras (valores, bancos, seguros, etc.).


 

Pero la clave de lo que nos ocupa es que es la contabilidad la que determina, legalmente, la continuidad de la empresa (de allí las trampas que algunas empresa quieren hacer en sus cuentas) y es el impacto contable lo que determina las acciones de la empresa.    La contabilidad, que ha evolucionado sobre mas de 500 años (desde que en 1494 Luca Pacioli escribió el primer libro sobre la “partida doble”, activos y pasivos, y su contabilidad), y tiene una serie de principios básicos que determinan la valoración de los activos y pasivos y por ende del capital contable de la empresa, cuyo valor es el residual de activos menos pasivos.  La legislación está basada en el valor en libros, contable, del capital de la empresa.  Si es negativo, si el valor de los pasivos es superior al de los activos, esta técnicamente en quiebra, independientemente del valor de sus acciones en el mercado.  Si es positivo puede seguir operando (en condiciones excepcionales se puede permitir la operación con capital negativo si hay perspectivas ciertas de recuperación)

Entonces la clave para la continuidad y las acciones de sus dirigentes pasa por la valoración de los pasivos y de los activos, de los ingresos y los gastos.  Sin entrar en detalles técnicos hay muchas maneras de valorarlos.  En general se usa el costo histórico al cual fueron adquiridos, que puede no tener relación alguna con la realidad actual.  En algunos casos se pueden/deben valorar al valor del mercado, si es que éste mercado existe y es confiable. Gran parte del problema contable de las instituciones financieras ha sido la valoración, a precios de mercado de sus activos (que han caído) y de sus pasivos (que suelen mantener su valor), lo que ha llevado a quiebras y a insuficiencias de capital (las instituciones financieras tiene requerimientos de los reguladores sobre el capital mínimo).

Y el cambio en el valor del capital de un año al otro es el resultado de las ganancias del período, el neto de los ingresos y los gastos, que también son valorados de acuerdo a esos criterios (con muchas complejidades adicionales que no son relevantes para esta discusión).

Lo que si es cierto es que los activos y pasivos, los ingresos y los gastos están valorados para determinar el valor para los accionistas, bajo el supuesto de que la empresa continuará (no se trata de valorarlos al valor que tendrían en caso de liquidación).  No tienen nada que ver con el costo o beneficio para la sociedad y no miden, salvo por coincidencia, el valor de la empresa para la sociedad.  Todo gira alrededor de la medición del valor del capital.  La contabilidad gira alrededor de los accionistas o dueños, son el objeto de la contabilidad.  De allí que, querámoslo o no, los SHAREholders son el objeto de la contabilidad y de las legislaciones, no los STAKEholders.  Se necesita otra metodología de valoración para atender los costos y beneficios para la sociedad.

Aunque ello no obliga a la empresa a maximizar el valor del capital es obvio que, por razones contables y por ende legales, esto no se puede menospreciar y es el objeto de la estrategia de continuidad.  Los máximos beneficios posibles para crear reservas ante la posibilidad de años difíciles, para poder repartir dividendos y para que aumente el valor de las acciones o el valor para los dueños.  Los inversionistas, salvo algunas excepciones (inversión socialmente responsable, dueños con otros objetivos), invierten en la empresa para poder obtener dividendos y tener ganancias de capital por apreciación del valor de sus acciones.

Pero puede haber una empresa que produce un beneficio neto a la sociedad, aun con capital contable negativo, pero que sin embargo la legislación vigente no la deja existir, porque, según las normas vigentes, no es la “sociedad” la que la financia, la financian los accionistas, los dueños, el sistema financiero y estos quiere ganancias en el sentido contable y generación neta de efectivo para cubrir gastos.  Los dividendos, los sueldos, los intereses y la amortización de la deuda se pagan en efectivo, o se pagan en especies convertibles en efectivo.  Es cierto que la sociedad contribuye a la supervivencia de la empresa, pero es la contabilidad la que lo determina.  Es la dura realidad.

Cuando yo era profesor en una escuela de negocios aportaba un beneficio a la sociedad (¡eso creo!), aunque mi remuneración financiera no lo reflejara, era muy baja. Pero yo obtenía remuneración no financiera elevada en la forma de satisfacción personal.  Pero una vez mi esposa trató de pagar en el supermercado con mi satisfacción personal y no se la aceptaron.  Solo efectivo o tarjeta de crédito.  Tuve que buscar un trabajo más cónsono con la realidad del (super)mercado.

Queremos que la empresa tome en cuenta su impacto sobre la sociedad y el medio ambiente, pero la tiranía de la contabilidad existe, no la podemos ignorar.  Tenemos un supuesto pernicioso pero es la realidad.  ¿Podemos cambiar esta realidad?  ¿Que podemos hacer?  La solución simple, pero casi imposible en la práctica, sería valorar los activos y pasivos, ingresos y gastos no al costo de adquisición o al valor de mercado, sino al costo y beneficio para la sociedad, al valor para la sociedad.   Utópico pero marca la dirección.

En la segunda parte de este artículo comentaremos algunas posibles soluciones a este problema.
 



[i] Y antes de entrar en la explicación pido al lector un poco de paciencia por la explicación previa (necesaria) sobre  contabilidad ya que no todos conocen el tema.
 

domingo, 30 de septiembre de 2012

Ensuciado de cara: Destrucción de la reputación de la responsabilidad empresarial


Hemos comentado en varias oportunidades que no existe tal cosa como una empresa responsable sino que existen empresas que tienen prácticas de responsabilidad, con mayor o menor impacto, con mayor o menor efectividad. La “empresa responsable”, con la connotación que ello tiene de TOTALMENTE responsable, de que no tiene irresponsabilidades, no existe, aunque algunas se acercan mucho (Ver Walmart, Bimbo, Telefónica: ¿Se pueden llamar empresas responsables?)

Lamentablemente el termino “empresa responsable’ es objeto de mucho uso y abuso.  Al tener alguna practica que podríamos llamar responsable la empresa y muchos medios de comunicación le dan ese tirulo.  Y muy lamentablemente también lo hacen un gran número de premios, más ávidos de publicidad propia que de la promoción de responsabilidad en las empresas (aunque es menor grave en aquellos que se otorgan por prácticas específicas, reconociendo que el premio no es por la responsabilidad total de la empresa)



Pero el problema persiste en las empresas que se reconocen o se hacen reconocer por una práctica responsable, esperando que el efecto aureola (ver  ¿Se puede manipular la reputación?: El efecto aureola) se lo extienda a todas las actividades de la empresa, responsables o no.

Y es aquí donde hay los mayores abusos, conscientes en algunas empresas, inconscientes en otras.  Está bien reconocer que una empresa tiene programas de apoyo a la comunidad, pero ¿es eso relevante en el conjunto total de las acciones de la empresa?  Es laudable que una empresa apoye a la comunidad,  pero, ¿qué representa esto en el contexto de todas sus actuaciones? Siempre se puede encontrar algo bueno que reportar.

La clave está en cuál es el impacto relativo de esa práctica que se destaca en el conjunto de actividades de la empresa.  ¿Relevante?

Leía recientemente una revista de negocios que le dedicaba un número especial a las buenas prácticas de RSE de 43 empresas.  ¡!Muy laudable que la revista le dedique un número especial  a este tema!!, demuestra progreso en el interés por la RSE.  No conozco si las páginas de la revista en que se cubría las empresas habían sido patrocinadas o no por la empresa correspondiente o si era una selección y redacción independiente de los editores, pero lo que quiero destacar es la importancia relativa de las prácticas que se resaltan en el conjunto de actividades de la empresa.  Por ejemplo:

·         Una embotelladora de refrescos destaca sus programas de salud y educación infantil y el reciclado de residuos, pero no dice nada de su eficiencia en el consumo de agua ni sus acciones para la conservación ambiental de las cuencas en el entorno de donde la obtiene.  De su principal impacto nada.
·         Una azucarera destaca sus programas de desarrollo comunitario, en particular programas de salud y educación.  Pero no menciona nada del cultivo sostenible de la caña, su impacto sobre el medio ambiente, reciclado de los desechos, ni del uso potencialmente abusivo de su producto.  De su principal impacto nada.  
·         Se destacan las prácticas de varias cerveceras.  En una se destacan las actividades de asistencia social a damnificados, en otra las actividades  de su fundación en educación, salud, niñez, deportes y cultura. Pero estas no dicen nada del impacto sobre la salud y de sus esfuerzos (si es que lo hacen) para prevenir la adicción de los jóvenes, ni sobre el consumo responsable, ni sobre el consumo sostenible del agua. De sus principales impactos nada.
·         Una cementera destaca sus programas de la fundación en capacitación y en recuperación de áreas verdes.  Pero no menciona su contribución a la contaminación ambiental, biodiversidad en las canteras, consumo energético y emisiones de gases de efecto invernadero.  De sus principales impactos nada.
·         Un banco destaca sus esfuerzos por apoyar a los discapacitados.  Pero no menciona la atención a los grupos sin bancarización, la educación financiera de sus clientes, el impacto ambiental y social de sus operaciones de crédito.  De sus principales impactos nada.

Aunque no todos los casos destacados sufren de esta selectividad.  Algunos, como una línea aérea (escribo esto a bordo de uno de sus vuelos), destaca sus esfuerzos en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, su principal impacto.  Otros como un banco  y una empresa de bebidas alcohólicas destacan precisamente lo que comentamos arriba como su principal impacto.  Aunque muchos lo hacen a nivel de destacar políticas e intenciones más que a nivel de acciones o resultados concretos, pero por lo menos reflejan conocimiento de sus impactos relevantes.

¿Son estas prácticas destacadas lo más importante para la sociedad en cada una de estas empresas?  No dudo del valor y del impacto de cada una de las prácticas reportadas, pero en el contexto global no parecen ser relevantes.  En todos estos ejemplos se desatacan algunas actividades pero que el conjunto de la responsabilidad TOTAL de la empresa con la sociedad son de relativamente menor importancia.

Si le otorgáramos una nota de responsabilidad en función del impacto global, a lo mejor podríamos decir que son 2% o 5% responsables.  Pero la implicación, no escrita, no explicita, es que son “empresas responsable” . ¿100 %?.

Todavía se confunde y se seguirá confundiendo por mucho tiempo el SER responsable con tener algunas prácticas responsables.  Cuantas veces se lee que “la empresa tal o cual HACE RSE”.  No se hace RSE, se es responsable.  Es para “abrirse las venas” como dice una amiga andaluza.

¿Importa esta selectividad en el reporte (¿o es publicidad?).  Si, y mucho, porque es precisamente cuando sale a luz que la empresa es irresponsable en muchos otros aspectos, que se perjudica todo el conjunto de ”empresas responsables”, se contamina el concepto de RSE, se pierde credibilidad, le dan legitimidad a los que afirman que la “RSE” es un lavado de cara (greenwashing). 

La responsabilidad  debe estar enmarcada en el contexto global de la actividad de la empresa.  Las empresas que quieren reportar su responsabilidad por lo menos deberían hacerlo en función de la materialidad de sus impactos y no  en función de lo que los  “hace sentir bien”.  Todavía falta responsabilidad en la comunicación de la responsabilidad.

 Estos ejemplos son lo que dañan la reputación de la responsabilidad.

 

 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Las empresas responsables pueden y deben acceder a los mercados financieros


Con Rodrigo Amandi

En un artículo anterior (Los mercados financieros deben asignar recursos a las empresas sostenibles) hacíamos un llamado a las empresas por interesarse en el mercado de la inversión socialmente responsable. En esta segunda parte encaramos la otra cara de la moneda, “las empresas deben usar su responsabilidad para acceder a los mercados financieros”.  Ofrecemos algunas sugerencias para la estrategia empresarial de acercamiento a esos mercados. 

Es cierto que los mercados “deben” asignar recursos a empresas responsables, pero ello no ocurrirá espontáneamente, a menos que las empresas mismas se pongan en condiciones de acceder al mercado, con una actitud pasiva no llegarán muy lejos, con “business as usual”, dejando la iniciativa a los inversionistas.

 

Primero que nada la empresa debe ser responsable y además parecerlo. A estos mercados no les basta con que la empresa lo parezca.  A medida que avanza el interés de los mercados por empresas responsables sus análisis se profundizan y se obtiene cada vez más información.  Se va haciendo cada vez mas difícil engañar a los mercados con lavados de cara (greenwashing). Pero también es importante que la empresa se haga ver como responsable. 

En un artículo reciente (¿Se usa la información sobre RSE en las decisiones de inversión?), analizábamos los resultados de un par de encuestas sobre el uso de la información no financiera en las decisiones de inversión.  Si bien las encuestas llegaban a opiniones diferentes, el denominador común era que el  nivel de esfuerzo requerido para el análisis de la información no financiera era mayor por la falta de uniformidad y de comparabilidad vis a vis la información financiera.  De allí que una de las conclusiones que sacamos del análisis es que “Estos resultados demuestran la necesidad de procesarles y facilitarles la interpretación de la información social y ambiental a los analistas e inversionistas, si se quiere que la usen (“hay que darles la papa pelada”).  Por la información financiera harán los esfuerzos por buscarla e interpretarla, por la social y ambiental gran parte del esfuerzo recae en las empresas”. 

Para esto se requiere de la coordinación entre las unidades que se encargar de coordinar la información sobre sostenibilidad y aquellas que se encargan de las relaciones con los inversionistas.  Ambas requieren adaptar sus estrategias.  Las primeras suelen estar sesgadas hacia la acción interna, haciendo grandes esfuerzos porque las demás unidades implementen la estrategia de sostenibilidad.  Es su especialidad.  Las segundas están sesgadas hacia proporcionar información de tipo financiero y de gobernanza corporativa.  Es su especialidad.

Pero para atraer a los mercados financieros se requiere de ambas, los que conocen el mensaje y los que conocen a la audiencia.  Será necesario desarrollar una estrategia de comunicación a los inversionistas, la información tradicional de un informe de sostenibilidad no basta. Es necesario definir los objetivos, audiencias, interacciones, establecer las necesidades de la audiencia, desarrollar el cronograma de actividades de comunicación, definir el mensaje, entre otros. 

Pero esta estrategia requiere de un conocimiento más a fondo de esos mercados, cuales son los principales actores, cuales son sus motivaciones para invertir, las necesidades de sus clientes, sus necesidades de información, son procesos de toma de decisiones, su demografía y geografía.

Para estos mercados es importante la participación de la alta gerencia, que demuestra que la empresa tiene un compromiso sostenible con la sostenibilidad.  Su participación en los “roadshows” donde se hace la presentación de la empresa en los mercados financieros es crítica, en particular para mostrar que la sostenibilidad es parte integral de la empresa, que no es algo separado, que no se promueve en eventos separados.  Ello no obsta, sin embargo, que se tengan que hacer presentaciones a audiencias especializadas en inversión responsable.

El mensaje debe incluir todos los elementos fundamentales: posicionamiento en el  mercado, estrategia de negocios, etc., así como los correspondientes a la sostenibilidad social, ambiental y en particular la de gobernanza (que para los inversionistas ocupa un lugar privilegiado). Y como en todo, dejar los canales de comunicación abiertos, especialmente sincronizados entre los responsables de las relaciones con los inversionistas y los responsables de la sostenibilidad.

Y hay que recordar que la audiencia a la que se dirige esta estrategia es una audiencia sofisticada, y aunque dedica esfuerzos al análisis de la información, mucha de la información necesaria para la inversión responsable no es uniforme ni es uniformemente disponible. El peso de la responsabilidad por la información recae en la empresa. Si el mercado no la usa o no la entiende es culpa de la empresa.

domingo, 16 de septiembre de 2012

¿Se usa la información sobre RSE en las decisiones de inversión?


Recientemente se publicaron dos encuestas sobre la relevancia y el uso de la información de RSE en las decisiones de inversión con resultados poco compatibles. Parece que el caso no está cerrado.

El primer estudio que analizaremos es el comisionado por Accounting for Sustainability y el GRI, The value of extrafinancial disclosure: What investors and analysts said, dos instituciones promotoras de reportes de sostenibilidad que obviamente concluye que la información no financiera es considerada relevante por los analistas de inversión. Se basa en una encuesta a 35 analistas y 34 inversionistas (68% de la muestra se considera parte del mercado de la Inversión Socialmente Responsable, ISR, y los demás son tradicionales).


Pero lo interesante de este estudio no es que concluye que la información no financiera (ASG, ambiental, social y de gobernanza, pero también añaden capital humano e intelectual)  es considerada relevante, lo que vuelve a ser una de esas preguntas en las encuestas que tienen respuesta obvia. La pregunta no obvia hubiera sido cómo usa esa información y qué impacto tiene en sus decisiones.  De este estudio lo que si resulta interesante es el contraste en el tipo de información que se considera más relevante y lo que ello representa para las estrategias de RSE de las empresas que quieren entrar en el mercado de la ISR.
El 80% de los encuestados considera esta información ESG como relevante o muy relevante (¡¿sólo el 80%?!), el mismo número que cree que los reportes integrados beneficiarán sus evaluaciones.  Pero hay diferencias en el tipo de información.  El 64% lo dice de la información sobre los recursos naturales (¿a lo mejor quieren decir “temas ambientales”?), pero solo el 52% lo considera para la información sobre aspectos sociales y de la comunidad.  El 100% lo considera para la información sobre gobierno corporativo.  El sesgo o preferencia de la G sobre la A y la S es abrumador.  La A y la S deben competir con la G en la mente de los inversionistas y analistas.

El 61% considera difícil comparar la información sobre aspectos sociales entre empresas, en tanto que sólo el 41% lo dice para la información ambiental y sólo el 3% lo dice para la información financiera. Esto demuestra no sólo que los analistas e inversionistas son especialistas en información financiera (¡!sorpresa!!) sino que creen que la información ambiental está mas estandarizada (consumo de recursos, reciclaje, emisiones, energía renovable, etc.) que la social. 

Estos resultados demuestran la necesidad de procesarles y facilitarles la interpretación de la información social y ambiental a los analistas e inversionistas, si se quiere que la usen (“hay que darles la papa pelada”).  Por la información financiera harán los esfuerzos por buscarla e interpretarla, por la social y ambiental gran parte del esfuerzo recae en las empresas.  Comentábamos en un artículo anterior Los mercados financieros deben asignar recursos a las empresas sostenibles sobre la importancia de las empresas tengan una actitud proactiva en la atracción de interés por parte de inversionistas responsables.

Sólo el 38% responde que el aseguramiento de la información no financiera es importante o muy importante, pero el 88% lo dice para la información financiera.  Esto refleja la poca confianza que se le tiene a las aseguraciones de los informes de sostenibilidad. ¿Considerarían la información financiera si no tuviese auditoría externa? 

El GRI ve los resultados como evidencia de la importancia de su trabajo de definición de indicadores comparables.  Es evidente que la comparabilidad les daría confianza a los analistas, pero debemos recordar que la comparabilidad es un medio y que primero debemos determinar lo que es relevante para el análisis.  Comparar cosas irrelevantes al exigir reportar sobre todo tipo de indicadores, pertinentes o no, no es conducente a promover la ASG en las inversiones.  En la información financiera se han desarrollado principios de medición y reporte a lo largo de cientos de años y luego ha venido la sintetización de la información en indicadores para el análisis. En el tema los aspectos de ASG se han desarrollado los indicadores antes de desarrollar los principios de medición y selección de la relevancia.  En esto hay mucho trabajo por hacer[i].

El otro estudio, CSR and the Investment Market: coming together. Preparing for investor engagement, que parece ser mas independiente, es el realizado por ICA, Smithfield y Burson-Marsteller.  Se basa en una encuesta a analistas de inversión en 27 casas de corretaje y bancos de inversión, por lo que parece ser más representativo de los que venden inversiones.    

En este estudio, solo el 28% cree que las políticas de RSE juegan un papel importante en la selección de inversiones, aunque no todo está perdido ya que el 63% cree su importancia aumentará en los próximos dos años. En cuanto a los temas a los que le asignas más importancia, también hay diferencias con el estudio anterior ya que el 59% cree que los más importantes son las relaciones con los empleados y el 50% los aspectos ambientales.  Una comparación interesante, y en contrate con el estudio anterior, la representa la importancia atribuida a temas de la cadena de valor (aspecto A y S), que afectan las operaciones, y la remuneración de los ejecutivos (aspecto G), que es mas un tema de reputación.  Ambas son igualmente valoradas en 44% y 41% respectivamente.   Al tema de la comunidad no le dan importancia (6%). 

El estudio concluye que si bien el papel de la RSE en la mitigación de riesgos y gestión de la reputación es ampliamente aceptado, para avanzar como consideración en las inversiones, la RSE debe referirse directamente al crecimiento de la empresa (impacto en operaciones).

Es importante una vez mas resaltar que estos estudios se refieren a mercados desarrollados y que sus extrapolaciones a mercados en vías de desarrollo tienen las limitaciones propias del subdesarrollo de sus mercados financieros y en particular de los de inversión socialmente responsable.  También es de esperar que la importancia relativa de los diferentes temas sea diferente es estos países.

Las conclusiones más relevantes de estos dos estudios son:

·         Que los analistas todavía dan poca importancia a los temas ambientales y sociales y continúan centrados en la información financiera y la gobernanza corporativa, que es para lo que han sido entrenados;

·         Que hay que darles la información social y ambiental de forma comparable y lista para analizar, y

·         Que la RSE como consideración en las decisiones de inversión esta todavía en etapa de desarrollo y es muy difícil generalizar.




[i] La propuesta de nuevos principios del GRI G4, ofrece mejoras substanciales en este aspecto.  Ver el extraordinario resumen y análisis de Elaine Cohen en The GRI G4 Exposure Draft explained.