domingo, 4 de octubre de 2015

Objetivos de Desarrollo Sostenible y sus implicaciones para la responsabilidad de las empresas ante la sociedad. Ia. Parte: ¿Pueden cumplir su objetivo?


I.  Introducción

El 27 de septiembre de 2015 los gobiernos de los países miembros de la Asamblea General de las Naciones Unidas, ONU, aprobaron los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS. Son objetivos que pretenden guiar, sobre los próximos 15 años, las acciones de la sociedad en general, incluyendo gobiernos, empresas y sociedad civil (o sea, el resto) para lograr mejoras en el desarrollo sostenible de todos los países, desarrollados y en vías de desarrollo.  Estos objetivos no son vinculantes para los gobiernos, ni para las empresas, ni para la sociedad civil.  Son aspiraciones, que tratan de servir como guía para la acción coordinada de todas estas partes.  Los ODS son 17 con 169 metas (en este nexo cada objetivo se puede expandir para revelar las metas).

Se ha escrito tanto sobre los ODS, que es casi imposible añadir valor, pero en esta serie de artículos lo intentaré en dos aspectos: Segundo (si, al revés), con un análisis de las implicaciones de los ODS para las estrategias y actividades en sostenibilidad de las empresas privadas [1] y Primero (o sea, antes) un análisis de su utilidad como guía para estas empresas.  Puede ser que tengan implicaciones para las empresas, pero si no están formulados de forma conducente al modo de actuar de las empresas, su utilidad puede verse limitada.  Dada la extensión de la tarea, consideraremos estos dos aspectos en dos artículos separados.  En el primero analizamos que son y si pueden ser útiles para las empresas y en el segundo analizamos sus implicaciones y que podrían/deberían hacer las empresas.  Y en el proceso, espero agregar valor a la discusión haciendo un análisis crítico. Las glosas, aunque necesarias, difícilmente lo hacen.



A continuación analizaremos el potencial de los ODS de tener impacto y de la posible contribución de las empresas.

II.   Contraste entre los ODM y los ODS [2]

Es conveniente comenzar con un breve repaso de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2000-2015) que serán sustituidos por los ODS el 1 de enero del 2016, en lo que se refiere a proceso e implicaciones para la empresa privada.  Los ODM fueron desarrollados mayormente de arriba hacia abajo, por un grupo de técnicos de la ONU, en consulta con expertos externos.  De allí que salieron solamente ocho objetivos con 18 metas.  Por el contrario, los ODS fueron desarrollados a través de un largo proceso por múltiples grupos de trabajo, con la participación de todos los sectores (gobiernos, instituciones privadas y sociedad civil, incluyendo academia). 

No es de extrañar que de este proceso salieran 17 objetivos con 169 metas.  Es muy difícil en este tipo de procesos quitar cosas, es mucho más expedito y conducente a la paz interna el añadir cosas para complacer a todos …… y eran muchos.  En estos procesos se suele tener miedo al “error de omisión”, de que te acusen de haber dejado algo fuera.  Si se miran con cuidado las 169 metas no es difícil concluir que había que contentar a mucha gente y que en algún objetivo había que incorporar sus temas favoritos.  Parece como si las metas fueron primero, resultado de sugerencias y peticiones y después se categorizaron en objetivos, en vez de tener objetivos primero y subdividirlos en logros.  Esto no es una crítica  a los que lideraron el proceso, es una crítica al proceso. A veces al querer ser incluyente y satisfacer a todos  se tiene que usar un lenguaje muy general que hace perder efectividad, concreción a la tarea y se pierde la visión del objetivo final.

También es de notar una gran diferencia entre los ODM  y los ODS que es poco comentada.  Los primeros están dirigidos a los países en vías de desarrollo, pretendían en cierta forma establecer prioridades para guiar su desarrollo económico y social.  Sin embargo los segundos, por su envergadura, no pueden señalar prioridades y aplican a todos los países, desarrollados y en desarrollo con la idea de que no basta el desarrollo, sino que éste debe ser sostenible y de allí que se incluyan todos los países (¿cómo se podía incluir  el cambio climático si no se refieire a todos?).  Y lo que creo que puede ser sorpresa para muchos, lo fue para mí, es que la brecha actual del cumplimiento de los ODS es también grande para los países desarrollados y que tampoco ellos los podrán cumplir. [3]

En cuanto a la participación del sector privado en el logro de los objetivos, en los ODM entró por la puerta de atrás, fueron diseñados como objetivos para los gobiernos.  Fue muy indirectamente, vía el objetivo número ocho, “Desarrollar una alianza global para el desarrollo”, que inicialmente no se había creado para englobar la acción del sector privado sino para apoyar la implementación de los otros siete.  De hecho, las metas de este objetivo se refieren a acceso a los países a los mercados financieros, al comercio internacional, a la reducción de la deuda pública y al apoyo a los países sin litoral y las islas de menor tamaño.  Fue el sector privado quién se agarró del objetivo 8 para incorporarse al proceso,  casi que por iniciativa propia de algunas grandes multinacionales que vieron una oportunidad de potenciar las acciones de su responsabilidad ante la sociedad y de paso adquirir todavía mayor visibilidad al entrar en un foro multilateral y multiempresarial.

En los ODS el sector privado, capitalizando en la experiencia de los ODM, ha sido parte integral del proceso de preparación a través de asociaciones gremiales como el World Business Council for Sustainable Development, WBCSD.  Sin embargo, por el lenguaje usado en los objetivos y las metas, no es obvio cuál puede ser su papel en el logro de los objetivos.  Es lo que comentaremos en detalle en la segunda parte de este artículo.

III.   ¿Están los objetivos en consonancia con el modus operandi de las empresas?

Hay que tener objetivos, de los contario se corre el riesgo de dispersar esfuerzos, con cada uno por su cuenta; cada uno puede tener los suyos que pueden no ser compatibles con los de los demás actores. Recordemos el dicho de que “si no sabes adónde vas, todos los caminos te conducen a ello”.  Pero, ¿cómo deben ser formulados los objetivos, ya sea de gobiernos, empresas, personas, instituciones, etc., para que puedan servir de guía en ese camino?

Los defensores de los ODS dirán que la pregunta del subtítulo es irrelevante, que los ODS no fueron escritos para las empresas, que fueron desarrollados para todos (aunque hay que reconocer que los principales destinatarios son los gobiernos).  De acuerdo, pero aquí solo queremos analizar cómo pueden estimular a las empresas a participar en su logro.

Forma ya parte de la práctica tradicional que los objetivos, para poder tener efectividad deben ser:
  • ·       Completos
  • ·       Concisos
  • ·       Controlables
  • ·       Medibles
  • ·       Entendibles


No vale la pena extenderse en describir cada una de estas características, son relativamente evidentes.  Y lo más importante para su efectividad, es que no basta con decir de forma concisa adónde se quiere llegar (de manera controlable, medible y entendible) sino que además, para poder ser implementados, la estrategia de su logro debe establecer quién es el responsable de logarlos, las etapas intermedias que se deben lograr, cuáles son los recursos que son necesarios y sus fuentes y cuáles son las consecuencias de no hacerloCompletos los son, demasiado.

En el 2009 ESADE publicó el libro ¿Pueden las empresas contribuir a los Objetivos de Desarrollo del Milenio? Claves para comprender y actuar (Maria Prandi y Josep Lozano) al que el suscrito contribuyó con un capítulo (Empresa privada, desarrollo y los Objetivos de Desarrollo del Milenio: Ampliando la visión).  En ese capítulo analizábamos los obstáculos para las empresas de involucrarse en el logro de los ODM, en gran parte porque habían sido diseñados con los gobiernos como responsables pero en buena parte porque por su redacción se hacía difícil su participación.  Incluíamos la siguiente tabla para ilustrar las incompatibilidades entre los ODM y los objetivos de la empresa privada:


ODM
Empresa Privada
Objetivos
Grandes promedios, sin priorizar, sin considerar la realidad de cada país
Concretos, puntuales, con prioridades
Visión
Largo plazo
Corto plazo
Ámbito geográfico
Todos los países en vías de desarrollo
Su mercado
Ámbito sectorial
Casi todo
Sus productos y servicios
Aportes necesarios
Inmensos
Limitados
Contexto de operación
Ilimitado
Dentro de su estrategia comercial


Estas incompatibilidades continúan vigentes para el caso de los ODS, aunque  hay que reconocer que con unos objetivos tan ambiciosos y tan amplios es muy difícil lograr estos ideales de formulación.

No podemos analizar la “implementabilidad” de cada uno de los 17 objetivos o de las 169 metas, pero tomaremos algunos como ejemplo para que luego el lector que así lo desee los use para analizar los que le interesen.  Tomemos el más cercano a la responsabilidad de la empresa ante la sociedad, el número 12, “Garantizar un consumo y patrones de producción sostenibles”.  Por definición el lenguaje del objetivo es vago, pero veamos algunas de las 11 metas.  Destacamos en negrilla las palabras claves.

  • ·       12.1 Para 2030, lograr la gestión sostenible y el uso eficiente de los recursos naturales
  • ·       12.2 Para 2030, reducir a la mitad el desperdicio mundial de alimentos per cápita en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y distribución, incluidas las pérdidas posteriores a las cosechas.
  • ·       12.3 Para 2020, lograr la gestión ecológicamente racional de los productos químicos y de todos los desechos a lo largo de su ciclo de vida, de conformidad con los marcos. internacionales convenidos, y reducir de manera significativa su liberación a la atmósfera, el agua y el suelo a fin de reducir al mínimo sus efectos adversos en la salud humana y el medio ambiente.
  • ·       12.4 Para 2030, disminuir de manera sustancial la generación de desechos mediante políticas de prevención, reducción, reciclaje y reutilización.
  • ·       12.5 Alentar a las empresas, en especial las grandes empresas y las empresas transnacionales, a que adopten prácticas sostenibles e incorporen información sobre la sostenibilidad en su ciclo de presentación de informes.


Para estas metas (recodar que son las que supuestamente especifican lo que se debe hacer para lograr los objetivos) incitamos al lector a responder algunas preguntas que son las que se haría una empresa:

  • ·       ¿Quién es responsable de lograr el cumplimento de cada meta?  ¿Le podemos echar la culpa a los gobiernos de que no tienen las políticas adecuadas, que no se han asignado los recursos?
  • ·       ¿Qué quiere decir “lograr la gestión sostenible y el uso eficiente” de todos los recursos naturales?
  • ·       ¿Cómo se puede determinar si se ha logrado una “disminución de manera substancial” si no sabe de dónde se parte?
  • ·       ¿Qué quiere decir “lograr la gestión ecológicamente racional”?
  • ·       ¿Se puede decir que se cumple la meta 12.5 si se ha “alentado” a las empresas a informar sobre sostenibilidad? ¿Y si no lo hacen? Basta con alentarlas.


Un excelente ejemplo de la problemática es el citado por el Economist en su artículo The good, the bad and the hideous:  Which MDGs did some good and which SDGs might work? Donde pone como ejemplo la meta 4.7:  

“Para 2030, garantizar que todos los alumnos adquieran los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para promover el desarrollo sostenible, entre otras cosas mediante la educación para el desarrollo sostenible y la adopción de estilos de vida sostenibles, los derechos humanos, la igualdad entre los géneros, la promoción de una cultura de paz y no violencia, la ciudadanía mundial y la valoración de la diversidad cultural y de la contribución de la cultura al desarrollo sostenible, entre otros medios”………. Trata de medir esto.

De mi experiencia redactando comunicados de reuniones ministeriales puedo decir que esto el gran compromiso de un amplio comité de expertos, donde cada uno metió sus palabras.
Para investigar si los ODS consideran explícitamente a la empresa hicimos un análisis del contenido de las 169 metas, buscando la citación de algunas palabras y éstos son los resultados:                                                                                                                                                                                  
Palabra
Número de veces
Contexto
Business
0
----------
Private
3
Violencia, investigación, alianzas
Enterprise
2
Formalización y acceso a financiamiento de MiPyMEs
Companies
1
Grandes y multinacionales a adoptar practicas sostenibles y reportar

El lector puede sacar sus propias conclusiones.

Algunos lectores dirán que estamos hilando demasiado fino, que son objetivos y metas de tipo general.  Es cierto, pero si queremos que se hagan cosas hay que saber quién tiene que hacer qué, cómo, cuándo, dónde, con qué recursos, las consecuencias, etc.  Por lo menos así es como opera el sector privado.  Estos objetivos y metas no están en su idioma.

Esta posición la resume muy bien el experto en RSE Mallen Baker en un artículo en su blog (Will the new UN development goals help or hinder business sustainability?) cuando hablando de la magnitud y complejidad de los ODS dice:

“Los mejores líderes empresariales pueden atestiguar que la manera más efectiva de lograr cambios es simplificar la esencia de la tarea a metas que lleven naturalmente a la acción correcta. Aun cuando las medidas sean imperfectas o son solamente proxies.  Hazlo simple, hazlo medible, controla los incentivos perversos y úsalo para guiar el cambio” (énfasis añadido).

¿Quiere decir esto que el sector privado no participará? Definitivamente no, lo hará, pero no con la efectividad que podría hacerse si los objetivos y metas fueran más concretas, más enfocados, si se hubieran dividido, o por lo menos enfocado, a los diferentes componentes de la sociedad, con responsabilidades para cada uno de ellos.  Las acciones con algún impacto muy posiblemente se limiten a las grandes multinacionales que tienen visibilidad y que pueden usar su participación en los ODS como parte de su estrategia de comunicación y mejora de la reputación.  Y esto es lo que comentaremos en la segunda parte.

Ante las múltiples críticas que han surgido Teresa Ribera, Co-presidenta de la Red Española de Desarrollo Sostenible, REDS, publicó un artículo en Ethic, Objetivos de Desarrollo Sostenible: ¿una nueva época?  donde defiende a los ODS diciendo:

 Y flaco favor haría a esta nueva bocanada de aire fresco quien, en aras de un argumento académico, (énfasis añadido) pretendiera defender que 10 y 100, ó 12 y 60 son números más estéticos y redondos que 17 y 169, o que conviene reordenar el resultado con arreglo a criterios homogéneos estableciendo un sistema en cascada capaz de diferenciar con precisión obligaciones de resultado frente a orientaciones instrumentales. En una sociedad plural en la que cada cual aspira a ser responsable de su propio futuro no hay que despreciar el inmenso valor que supone la voluntad de apropiarse de la agenda, y en el caso de la formulación de los 17 ODS cada participante está en condiciones de decir con orgullo: «no son perfectos, pero son los míos» (énfasis en el original).

Está claro que con la ambición que tienen los objetivos, los gobiernos de los países, las empresas y las instituciones de la sociedad civil deberán enfocarse en lo que pueden enfrentar, en lo que tienen ventaja comparativa, en lo que es prioridad para ellos, dentro del gran marco de las 169 metas.  Pero el objetivo de los ODS no es que cada participante se sienta orgulloso de “su ODS” sino que se implementen.  No se trata de buscar números redondos. Debemos analizar los ODS por su posible efectividad y ello depende de su “implementabilidad (palabra que lamentablemente no existe en la lengua española).  Si no son “implementables” se pierden los esfuerzos.  Y éste es el argumento de muchos de los críticos y el mío. No es que nos opongamos al desarrollo sostenible, es que queremos que los escasos recursos se usen de manera efectiva, eficiente y sostenible. No hay recursos como para malgastarlos en esfuerzos improductivos. El objetivo debe ser el logar resultado, no el hacer cosas.

Estos problemas ocurren cuando los responsables de la formulación no son los mismos que los responsables de la implementación.  Los primeros tienen incentivos para ser lo más completos posibles, de terminar a tiempo, lo que puede no ser conducente a la implementación.  Afortunadamente los donantes, tanto bilaterales (países), como multilaterales (organismos) como los individuales (fundaciones) están exigiendo cada vez más que sus recursos se usen de forma efectiva y eficiente. Esto tendrá el efecto de exigir la rendición de cuentas sobre el uso, lo que será un incentivo para la medición y monitoreo de resultados.

Es de esperar que los “responsables” de promover la implantación de los ODS y de su seguimiento detallarán como hacerlo.  En particular ya se ha desarrollado un instrumento para el sector privado, la “Brújula de los ODS” que también comentaremos en la segunda parte.

IV.   ¿Son realistas en cantidad y en alcance?

Aparte de analizar si son compatibles con el modus operandi de la empresa privada, es también deseable analizar si son logrables, si son realistas en cantidad y alcance. Está fuera de nuestro alcance hacer un análisis a fondo, pero podemos citar algunos análisis que han hecho otros.

Uno de los análisis críticos más difundido es el del periódico The Economist  que en un artículo del 28 de marzo de (The 169 commandments: The proposed sustainable development goals would be worse than useless) hacía una serie de aseveraciones con su característico estilo mordaz, que comienza con el título de 169 mandamientos y llama a los SDGs (en inglés) Stupid Development Goals.  Mi selección y traducción de las aseveraciones más destacables:

  • ·       Ojalá la propuesta hubiera sido tan concisa como los 10 mandamientos de Moisés
  • ·       Los esfuerzos de los comités de redacción son tan dispersos y tan mal concebidos que todo el emprendimiento está destinado a fracasar
  • ·       Cada grupo abogó por sus intereses especiales
  • ·       Son imposiblemente caros.  Se requiere dedicar entre US$2 y US$3 millones de millones (billones en español, trillions en inglés) al año sobre 15 años, que representan el 4% del PIB, cuando ahora la promesa de los países desarrollados para contribuir al desarrollo es del 0,7% de su PIB y que en la realidad no llega al 0.25%.
  • ·       169 mandamientos en la práctica quiere decir que no hay prioridades
  • ·       Al establecer metas desde arriba los redactores violan una de las lecciones más importantes del desarrollo y es que todos los casos son diferentes y el contexto local es vital
  • ·       El objetivo debería ser reducir la pobreza y concentrar en ello todos los esfuerzos, cada uno a su manera


A pesar de que algunos comentaristas están en total desacuerdo[4], el suscrito si está de acuerdo (aunque con algunos matices de énfasis).  De hecho se considera discípulo de la revista al compartir criterios analíticos, incisivos y demostración de sus puntos de vista, no sólo expresarlos. 

Por otra parte, en el artículo mencionado en la nota al pie 2 de Charles Kenny, sobre las ambiciosas expectativas de los ODS dice:   

“…………en tan solo 15 años podemos haber hecho desaparecer la pobreza en todas sus formas y de todas partes; conseguido el empleo pleno y productivo, además de puestos de trabajo dignos para todos; acabado con el hambre y la malnutrición; alcanzado la cobertura sanitaria universal; erradicado el sida, la tuberculosis, la malaria y las enfermedades tropicales antes ignoradas; ofrecido educación secundaria universal y acceso también universal a la educación superior; puesto fin a la discriminación por motivos de género y suprimido toda forma de violencia contra las mujeres y las niñas; garantizado vivienda adecuada y asequible, agua, saneamiento, energía moderna fiable y acceso a las tecnologías de la comunicación para todos; y (extrañamente) prevenido y reducido significativamente toda clase de contaminación marina, al mismo tiempo que evitado la extinción de especies. Por si esto no fuese suficiente, también habremos eliminado todas las leyes, las políticas y las prácticas discriminatorias.

Ojalá esto fuera una realidad.

En el análisis de los ODS la empresa de consultoría Pyxera (In 2015, the UN Must Balance Effort and Aspiration to Ratify the Sustainable Development Goals), propone la simplificación y consolidación a diez objetivos y sobre su posible éxito dice:

“Pero éstos no son objetivos realistas a 15 años. La totalidad del cambio previsto requiere la destrucción de estructuras sociales arraigadas, la demolición de instituciones que no funcionan, la provisión de un inconmensurable volumen de servicios y el desarrollo de una infraestructura inimaginable. …….. De acuerdo a la ODI, [5] se necesitarán 76 años para que todas las mujeres de Ghana tengan acceso a cuidados cualificados durante el parto.  Kenya no tendrá alcantarillado para todos sus habitantes por más de 150 años. Estamos a más de seis décadas antes de que la África Subsahariana logre acceso equitativo en la educación para niños y niñas.”

El periódico Financial Times en un artículo del 23 de septiembre del 2015 (Poverty: Vulnerable to change) dice:

“Los números son apabullantes.  Para eliminar la pobreza extrema” el mundo necesita ayudar a 7.500 personas a subir la escalera económica cada hora durante los próximos 15 años, de acuerdo a un cálculo. O puesto de otra manera 181.729 personas diarias.”

Los defensores de los ODS seguramente dirán que las metas deben ser un reto, de lo contrario no se estimularán las acciones.  De acuerdo, pero todavía deben ser “implementables, con los incentivos positivos y negativos necesarios para los diferentes actores.  Que sean difíciles es necesario pero no suficiente.

El mensaje de esta primera parte es que los ODS no han sido diseñados de tal manera que faciliten su implementación y la participación de las empresas.  De hecho tienen muchas incompatibilidades con el modus operandi empresarial.  Pero ello no obsta para que las empresas contribuyan.

¿Qué pueden/deben hacer las empresas para contribuir, en la medida de lo posible, al logro, aunque sea parcial, de los ODS?  Lo analizaremos en la segunda parte.






[1] Sobre la posible contribución de las empresas al desarrollo sostenible ver  mi artículo Responsabilidad Social, Sostenibilidad y Desarrollo Sostenible: ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de las empresas?

[2] El proceso de preparación de los ODM y ODS y el análisis de la no factibilidad de estos últimos esta magistralmente descrito en el artículo de Charles Kenny, ¿Hemos perdido el rumbo? De los ODM a los ODS

[3] La discusión de esto se sale del objetivo de este artículo.  Recomendamos ver el estudio Sustainable Development Goals: Are the Rich Countries Ready? de la Fundación Bertelsmann.

[4] Sobre el artículo del Economist Jaime Silos de Forética, escribió en Diario Responsable (¡Aleluya! Los ODS ya están entre nosotros) que: “……por mucho respeto y admiración que tenemos a dicho periódico, en este caso, no podemos estar menos de acuerdo.”  Pero no justifica por qué.

[5] Ver el informe de la Overseas Development Institue, ODI, un think tank sobre desarrollo del Reino Unido  Projecting progress: Reaching the SDGs by 2030


lunes, 28 de septiembre de 2015

La maldición de la RSE: El VWatergate


El VWatergate está teniendo un impacto que va mucho más allá de la empresa.  Amenaza con llevarse por delante a la misma empresa, desacreditar a la tecnología diésel y a los fabricantes de automóviles y parece que también pone en tela de juicio a la RSE.




Son ya muchos comentaristas que están usando el fraude de VW para acusar a la RSE de ser un instrumento con el que las empresas esconden sus faltas de responsabilidad, que la RSE no es algo legítimo, una máscara.  Elaine Cohen, la gurú de la información y reportes de sostenibilidad publicó el domingo 27 de septiembre un incisivo análisis de estas críticas a la RSE, 5 truths about Volkswagen and CSR. Aborda críticas recientes a la RSE en artículos con estos títulos (algunos de periodismo barato):

  • ·  “Volkswagen se lleva a la responsabilidad social de la empresa en su zambullida al fondo del mar"

  •  "Volkswagen y el lado oscuro de la responsabilidad corporativa"

  • "El escándalo de VW es una sacudida a la RSE que llega mucho más allá de la industria automovilística"

  • "El escándalo de VW expone lo que ha salido mal a la RSE"

  • "Este es el chiste de informe de sostenibilidad que VW sacó el año pasado"


No voy a repetir los argumentos de Elaine, incito al lector a leerlos por sí mismo, no tienen desperdicio. 

Pero,  ¿de quién es a culpa?  ¿de la RSE?  Ahora resulta que una empresa fraudulenta se puede llevar a la RSE al fondo del mar.  Ya había analizado esto en un artículo anterior (¿Es culpa de la RSE?) respondiendo a un artículo crítico de la RSE, que confundía lo que implica para la empresa el asumir sus responsabilidades ante la sociedad con la implementación deficiente, dolosa o abusiva que las empresa puedan hacer de ello.   

Pero que quiere decir que la empresa es responsable. La RSE es un concepto muy amplio con poco consenso. La Unión Europea en el 2011 dio la definición que debería ser la definitiva, o por lo menos la que debería usarse de ahora en adelante, por su simpleza y su riqueza: “Responsabilidad de las empresas por sus impactos en la sociedad”, en forma pasiva, que traducida a forma activa, “implementable”, se puede leer como “Gestión de los impactos de la empresa ante la sociedad”.  Pero esto no quiere decir que solo se deben gestionar los impactos actuales, mitigando los negativos y potenciando los positivos, se deben gestionar además los impactos que ha tenido en el pasado y lo que es más importante para la empresa ilustrada, se deben gestionar los impactos que desea tener con el objeto de mejorar su contribución a mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad con la que interactúa.  Y esta definición e interpretación son muy ilustrativas de la discrecionalidad que tienen y deben tener las empresas sobre cuál es su responsabilidad ante la sociedad.  Es imposible fijarla para que no deje lugar a dudas.  Y de allí surgen muchos de los problemas (para mayores detalles ver mi artículo Como interpretar LA definición de la RSE).

Volkswagen no ha sido una empresa responsable y parece ser que no lo será.  Pero, ¿hay alguna empresa en el mundo que podamos llamar “responsable”? No hay empresas totalmente responsables, hay empresas con mayor o menor cantidad y calidad de actividades que las llevan a asumir esas responsabilidades ante la sociedad.  Pero en la inmensa mayoría de empresas podemos encontrar prácticas o actividades que no hacen lo que deberían para mejorar sus impactos positivos y mitigar sus impactos negativos.  Por definición no hay empresa totalmente responsables ya que ese fin, como la perfección, no es alcanzable. Hay grados responsabilidad y de irresponsabilidad.

Pero,  ¿de quién es la culpa de la mala fama que se le atribuye a la RSE?.  En primer lugar la culpa es de aquellas empresas que nos quieren hacer creer que hacen una serie de “cositas” como hacer donaciones o plantar arbolitos, o construir escuelas o hasta reducir el consumo de recursos para hacernos creer que ello quiere decir que la empresa es responsable, que evacua sus responsabilidades ante la sociedad con estas actividades.  

Aprovechan el efecto aureola que hace que en la percepción del público algunas acciones aisladas asociadas con la responsabilidad se extrapolen, consciente o inconscientemente, a otras actividades de la empresa, sobre todo si gestionan deliberadamente las comunicaciones (ver mi artículo ¿Se puede manipular la reputación?: El efecto aureola).  Con algunas actividades bien comunicadas el público cree que todo lo que hace la empresa es responsable. Se aprovechan además de los medios de comunicación que no son críticos, que no analizan la información a fondo. Los usan y abusan.  

Nos quieren hacer creer que mientras mejor diagramación tiene, mientras más fotos de niños o comunidades pobres tiene el informe de sostenibilidad más responsables son.  Y son muchos los que se encandilan con estas aureolas.  Una  vez más se confunde a la RSE con su (ab)uso por parte de algunas empresas, pagan justos por pecadores, como en casi todo.  Pero en este caso lo sorprendente es que las críticas a la RSE la hacen supuestos conocedores del tema.

Y después tienen a los co-conspiradores, que les hacen el juego, los que basados en información parcial atribuyen responsabilidad total a las empresas.  Me refiero a los calificadores de sostenibilidad,  las listas de empresa más responsables, a los que otorgan premios a la responsabilidad,  que buscan su propio beneficio, su propia publicidad.  Algunas agencias son laudables, aquellas que procesan la inmensa cantidad de información sobre las empresas para condensarla para que sea entendible por el público inversionista y el público en general, como lo hacen por ejemplo las instituciones que preparan las calificaciones para los índices bursátiles de sostenibilidad.   Pero aun así tienen una visión parcial de lo que la responsabilidad de la empresa, tienen un “modelo” de lo que debe ser la responsabilidad empresarial, evalúan actividades en temas medioambientales, sociales, de gobernanza, homogéneas para todas las empresas, cuando la responsabilidad ante la sociedad depende del contexto en que opera la empresa y de sus circunstancias.  

Pero ni aun estas calificadoras, con toda la información estandarizada que manejan no hubieran obtenido la información sobre el fraude de VW en sus esquemas.  De hecho, semanas antes RobecoSAM la empresa que hace las calificaciones para el Dow Jones Sustainability Index había calificado a Volkswagen como la empresa automotriz más sostenible del mundo.  Tienen gran valor de síntesis pero aun así deberían hace mayores esfuerzos en explicar que quieren decir sus calificaciones, que no quieren decir, como se pueden interpretar (y por lo pronto difundir sus metodologías.  Quizás deberían venir con una advertencia como lo hacen las declaraciones de las auditorias financieras y las aseguraciones  (assurance) de sostenibilidad.

Los casos más paradigmáticos de abuso de la RSE son los premios sobre responsabilidad que se basan en información presentada por la empresa, en algunos casos basados en respuestas a cuestionarios homogéneos para todos, sin contrastar la información con la realidad de las empresas. (ver mi artículo Como No otorgar premios de responsabilidad empresarial). 

Y en caso del VWatergate tenemos la coincidencia de que unos días antes de que saliera a la luz pública VW había sido calificado como empresa número 11 entre las más responsables del mundo por parte del Reputation Institute en una calificación que se llama Global CSR Top Companies: 2015 Most Reputable Companies.  La calificación se determina en base entrevistas a personas sobre sus percepciones sobre la RSE de las empresas.  No se analiza a las empresas, ni siquiera se analiza información sobre las actividades de responsabilidad corporativa. Se basa en opiniones de personas que muy posiblemente no sepan lo que quiere decir RSE.  Por las discusiones entre “expertos” sobre el tema queda claro que no hay consenso y mucha confusión (una prueba son los titulares mencionados arriba).  Basándose en esta metodología, ¿se puede decir que una empresa es responsable o que una lo es más que otra?  La clasificación y su nombre son engañososNo han evaluado la RSE de las empresas, ni siquiera en su forma más rudimentaria. Quizás el nombre de la clasificación debería ser “Percepciones del público sobre lo creen que es responsabilidad empresarial”.  Si se usa el nombre de RSE en una calificación como esta no es de extrañar que la RSE tenga mala reputación (dada por el Reputation Institute) ¿Qué hizo la RSE para merecer este trato?

Y es lo que se aprovechan los impulsores de la Creación de Valor Compartido para decir que su propuesta es superior, basándose es una caricatura de la RSE, en una apreciación muy errada de lo que en realidad quiere decir la responsabilidad de la empresa ante la sociedad y que simplificamos, muy lamentablemente, con las siglas RSE (RSE y Creación de Valor Compartido).

¿Y otro de los culpables?  Nosotros que nos creemos todo sin mirar más allá.  Pero es que no tenemos tiempo y confiamos en terceros, algunos de los cuales no son confiables.

Es un duro golpe a la RSE porque abusan de su nombre y de que la gran mayoría de la sociedad no la entiende en su justa dimensión.


Esperemos que el VWatergate ayude a entender mejor lo que es la responsabilidad de las empresas ante la sociedad, pero se avecina un período de turbulencia para la RSE.


domingo, 27 de septiembre de 2015

Balance de género en los Consejos: Otra vez las cuotas


El balance de género en los altos niveles de dirección de las empresas y la brecha de remuneración son temas que han adquirido un renovado interés en años recientes, en parte por los esfuerzos de algunos gobiernos nacionales (en especial Noruega y Alemania) e instituciones supranacionales como la Unión Europea.  También ha sido notorio el interés en los medios académicos de estudiar el impacto que el balance de género y la brecha de remuneración tienen sobre el rendimiento de la empresa.  Instituciones de la sociedad civil también se han abocado a demostrar las injusticias del desbalance y la brecha, como resultado de discriminación explícita e implícita de la mujer en el ámbito empresarial.  Es un tema que ido tomando prioridad entre los múltiples temas que conciernen a la responsabilidad de las empresas ante la sociedad (los antecedentes de la problemática se pueden leer en nueve artículos sobre el liderazgo de mujeres en las empresas, que he publicado, cinco de ellos con Helena Ancos).



Recientemente se publicaron dos estudios académicos [1] que arrojan más luces sobre la problemática de la participación de la mujer en los altos cargos empresariales.

Uno de ellos, Board Diversity and CEO Selection (por Atul Gupta y Kartik Raman en el Journal of Financial Research) analiza el impacto que tiene la diversidad en los Consejos en el nombramiento de una mujer como Consejero Delegado (Presidente o CEO) y concluye que mientras mayor sea el número de mujeres en el Consejo mayor es la probabilidad de que se nombre a una mujer como CEO, lo cual no es sorprendente. No obstante la relación entre diversidad y nombramiento es solo estadísticamente significativa cuando se nombra como CEO a una mujer que sea ya miembro del Consejo, actuando ese Consejo como pool de candidatas.  No aumenta la probabilidad de que se nombre una mujer externa al Consejo.  La lección parece ser que hay que impulsar que los Consejos tengan más mujeres para que eventualmente nombren a una de ellas como CEO. Confirma las presunciones de que para nombrar a una mujer o no se busca mucho por fuera, o es difícil encontrarlas, o las que ya están en el Consejo actúan en piña para que nombren una de ellas.  Si esto fuera cierto se podría concluir que es más fácil para una mujer ser nombrada al Consejo que a la máxima dirección ejecutiva. El estudio no analiza estas conjeturas. El análisis está basado en 112 empresas en EEUU que tenían una CEO y de allí que no necesariamente sea extrapolable a otros países.

El segundo artículo, Mandatory Gender Balance and Board Independence (por Oyvind Bohren y Siv Staubo en el European Financial Management), analiza el impacto sobre la independencia del Consejo y sobre el valor de las empresas de la imposición de cuotas obligatorias sobre la proporción de mujeres.  El estudo analiza el caso de Noruega, donde las cuotas obligatorias tuvieron efectividad en el 2008 lo que lo hace un terreno fértil para este tipo de análisis.  El estudio concluye que el forzar el nombramiento de mujeres en el Consejo amenta la independencia ya que estas consejeras suelen ser nombrados como consejeras independientes, no representando a grupos de accionistas, al ser una respuesta a una obligación, mas que por voluntad propia.  Este efecto es mas pronunciado en las empresas de menor tamaño, que no cotizan en bolsa y que son relativamente jóvenes.  El estudio también concluye que esto tiene el efecto de reducir el valor de la empresa, especialmente en este tipo de empresas, que son las que necesitan mas del conocimiento de  consejeros dependientes y menos del aporte que hace la independencia del consejero.  También myuestra que muchas empresas decidieron salir de la bolsa para no tener que cumplir con la obligacion de las cuotas.

Las implicaciones de estos dos estudios parecen ser que las cuotas aumentan el numero de mujeres en los consejos y los hacen mas independientes, que lleva a una mayor probabilidad de que se nombre a una mujer como CEO, pero tienen el potencial problema de reducir el valor de la empresa ya que el aporte de los consejeros dependientes puede ser mas valioso.  También puntualizan la necesidad de expandir el pool de candidatas mas allá de las que ya son miembrs del Consejo.

En este mismo sentido vale la pena recordar los resultados de un estudio anterior, también sobre el caso de Noruega,  Breaking the Glass Ceiling?The Effect of Board Quotas on Female Labor Market Outcomes in Norway (que comentábamos en el artículo Cuotas para mujeres en Consejos y Alta Dirección: ¿Son efectivas?) cuyos resultados resumíamos:

Un resultado positivo de la reforma es que las mujeres que fueron nombrados en los Consejos tenían mejores cualificaciones que sus predecesoras y que la brecha salarial entre hombres y mujeres dentro de los Consejos se estrechó.  Se había especulado (el suscrito entre ellos) que la obligación de nombrar mujeres haría que se llenaran los cargos con mujeres menos calificadas, e incluso que se mostrase favoritismo hacia algunas. 
Sin embargo, aun cuando se mejoró la participación de las mujeres en el tope alto de la remuneración (5% más alto), no se encontró evidencia de que ello haya permeado en el resto de la organización.  La reforma tampoco tuvo impacto en las mujeres, que igualmente calificadas, no formaron parte del grupo que se incorporó a los Consejos.
Y lo que es más significativo, la reforma no afectó la brecha salarial ni la representación en la gerencia alta de las empresas. El efecto salarial y de representación parece que se limitó a los Consejos, donde se impuso la cuota.

De los resultados de estos estudios cabe preguntarse ¿cuál es el objetivo que pretenden las cuotas?  ¿Colocar más mujeres en los Consejos o el empoderamiento de la mujer en las empresas?  Si es lo primero, se puede lograr, por decreto.  Pero se corre el riesgo de confundir el fin con los medios.  El objetivo debería ser el empoderamiento de la mujer a todos los niveles de la empresa.  La mayoría de las empresas reaccionan a las regulaciones cumpliéndolas, pero se limitan a ello, a hacer el mínimo necesario para cumplir.

El problema real está en las deficiencias del ecosistema de apoyo a la participación efectiva de la mujer en los altos cargos. En el artículo mencionado concluíamos que:

Las cuotas hacen el supuesto implícito de que el problema es discriminación, cuando buena parte el problema reside en la escasez de mujeres preparadas, en su voluntad de hacer esas carreras y en obstáculos reales o percibidos a su desarrollo.  Las cuotas no resuelven estos problemas, solo son un paliativo temporal, son una aspirina.  Se necesita atacar la enfermedad y la enfermedad es el ecosistema, el entorno….…. Debe adoptarse una visión y soluciones integrales a la problemática

Los gobiernos no pueden evacuar sus responsabilidades a través de la solución simplista de la imposición de cuotas, ni las empresas deben adoptar la reacción, también simplista, de cumplir con ellas.  Ambas partes deben trabajar en resolver los obstáculos en el sistema, reales y percibidos. Es una tarea de largo alcance que requiere perseverancia y no soluciones simplistas.

Y el aumentar el número de mujeres en el Consejo no es la solución.  Hay que aumentar su participación en alto cargos y así mejorar las posibilidades de que accedan a los máximos niveles ejecutivos.





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