sábado, 20 de mayo de 2023

Como se convierten 80 artículos en el Volumen VII de Una Mirada Crítica a la Responsabilidad Social de la Empresa en Iberoamérica.

 

No es que sea un proceso digno de destacar, ni creo que sea de mucho interés para mis lectores, pero escribo este relato para destacar que la producción de tal volumen (the making of… como lo llamarían en inglés) desde los artículos del blog no es algo ni trivial, ni automático, como creen algunos.


Selección: Todos los volúmenes se basan en los artículos publicados en los dos años precedentes. De los más de 80 artículos publicados en el 2021 y 2022, selecciono los que considero más relevantes usando los siguientes criterios:  

  • Que hayan despertado el interés de los lectores.
  • Que tengan vigencia más allá del momento de su publicación, por ejemplo, eliminado los que se refieren a algún evento importante en ese momento pero que no tiene interés continuado. Pero no todos pueden ser vigentes en el futuro, los artículos siempre tendrán alguna referencia al momento de su publicación, pero selecciono los que creo serán relevantes varios años después, en un libro. 
  • Que sean didácticos y rigurosos.
  •  Que aporten al discernimiento crítico.


Que en este volumen se han clasificado en ocho partes.  Para la novena parte, que contiene las citas que he publicado en las redes sociales, también se hace una selección, clasificación y edición, eliminando aquellas que no sean directamente pertinentes para la mejora de la persona y su influencia en la sociedad.


Y la selección es dinámica. En el proceso de edición, clasificación y consolidación se eliminan algunos artículos y se añaden otros.


De los mas de 80 artículos trato de seleccionar un numero que sea adecuado para su inclusión en un libro, balanceando la relevancia con la extensión, que en el caso de todos los volúmenes los convierte en alrededor de 40 capítulos y alrededor de 300 páginas.


Clasificación: Una vez seleccionados los artículos más pertinentes, los califico en grupos por afinidad de los temas que cubren. Estos temas están determinados por los artículos seleccionados, pero que reflejan la relevancia de los temas. En general los califico entre seis y ocho grupos (partes).  Por esta razón, las partes no contienen un numero semejante de capítulos ni tienen una extensión comparable, como es el caso de libros escritos de base cero, como los de texto o para dirigentes. Cada parte termina teniendo entre dos y doce capítulos.


Edición técnica: Cada uno de los 40 artículos es convertido a un capítulo, para lo cual se edita el lenguaje, para cambiarlo de artículo en blog a capitulo en libro. Se corrigen errores, se actualiza en los casos que sea necesario y se eliminan algunas repeticiones. Pero no se cambia el sentido del artículo.


Referencias: Se editan las referencias para referirse ahora a otros capítulos de los seis volúmenes precedentes y del nuevo volumen y no a artículos del blog. Se revisa la vigencia de las referencias a publicaciones externas, se añaden algunas nuevas y se eliminan las que han dejado de ser relevantes o accesibles. Esto que parece trivial es una de las partes de la edición mas laboriosa.


Integración: Una vez editados los capítulos, agrupados en las partes correspondientes, se hace la integración para que sea un libro y no una colección de capítulos.  Se escribe un resumen de cada uno de los 40 capítulos, que se presentan en una introducción a cada una de las partes, que establece el hilo conductor y las relaciones entre sus componentes. Se escribe el índice y el prólogo, que describe el libro, su contenido y el uso recomendado.


Portada:  Es algo que también puede parecer irrelevante pero que para mí tiene un gran valor emocional. Como en los seis volúmenes anteriores, la portada es un fragmento de alguna pintura o dibujo de mi difunta esposa. Seguramente no son las portadas más idóneas para este tipo de libros, supongo que deberían relacionarse con la responsabilidad empresarial, pero me aprovecho de que no debo atender mandatos ni deseos de terceros para honrar su memoria.


Edición linguistica: Una vez completado el libro, se somete a una edición exhaustiva del idioma (mi español deja que desear), se corrigen inconsistencias y se constatan y corrigen las referencias cruzadas. Para ello contrato un editor profesional a un costo estimado de US$1 500.


Diseño: Una vez editado, se procede al diseño de la estructura del libro, diseño de las páginas, de la portada, selección de colores y de las fuentes, etc., para convertir una colección de documentos Word en un documento pdf integrado.  Para ello contrato a una firma profesional a un costo estimado de US$2 000.


Y después de más de 20 años escribiendo, ejerciendo y enseñándo, de dos años de escribir los 80 artículos y de varios meses invertidos en estas actividadesde producción, puedo presentar al lector el:

 


Una Mirada Crítica a la Responsabilidad Social de la Empresa en Iberoamérica

Volumen VII

 


sábado, 13 de mayo de 2023

Publicación de mi nuevo libro

 

Ya está disponible mi undécimo libro sobre la Responsabilidad Social de la Empresa, el volumen VII de la serie “Una Mirada Crítica”, disponible en el nexo siguiente (los demás están disponibles en www.cumpetere.com).

 

Una Mirada Crítica a la Responsabilidad Social de la Empresa en Iberoamérica

Volumen VII

 










 



domingo, 7 de mayo de 2023

¿Por qué el consumidor “responsable” no compra de acuerdo con lo que dice que haría?


Algunas personas quieren que algo ocurra, otras sueñan qué pasará, otras hacen que suceda.
Michael Jordan

 

En un artículo anterior Consumo responsable. Primera parte: ¿Incorporan los consumidores la responsabilidad empresarial en sus decisiones de compra? (9 abril 2023) comentábamos las respuestas muy positivas a las preguntas sobre intenciones de compra de productos responsables y expresábamos nuestra incredulidad, alegando que la práctica no reflejaba esas respuestas y que estas encuestas hipotéticas (¿compraría Ud.? perjudicaban la promoción de las compras responsables.

En esta nota ofrecemos una explicación a esas discrepancias entre intención y acción, inspirada por la lectura de un artículo, publicado unas semanas después el periódico The Economist (Economists and investors should pay less attention to consumers: Their thoughts can be misleading, 27 abril), donde analizaba el tema de las opiniones en encuestas de opinión/expectativas de los consumidores sobre la actividad económica en general.

No se refiere a la sostenibilidad empresarial de nuestro artículo, pero el fundamento del análisis es el mismo: ¿se reflejan las opiniones expresadas en acciones concordantes? ¿son estas encuestas confiables como indicadores del comportamiento futuro?

El articulo pasa revista a varias encuestas muy reputadas a nivel de variables macroeconómicas.  Para nuestros propósitos extraemos conclusiones, no expresadas en estos términos en el artículo, pero que se deducen de estudios académicos sobre el tema y de nuestro análisis previo:

Las variables que tiene en mente el consumidor cuando responde a las preguntas, en nuestro caso si compraría un producto que ha sido producido responsablemente, son diferentes a las que considera cuando toma la decisión de compra. En el primer caso, piensa en un hipotético y su respuesta está influenciada por deseos propios y expectativas de terceros. En la decisión de compra toma en cuenta muchos otros factores además de estos dos, por ejemplo, su nivel de ingresos en ese momento, el valor total de su compra, el precio de productos alternativos, la calidad relativa, etc.

Son dos momentos donde las consideraciones de la decisión (opinión a expresar y compra a hacer) son diferentes. De esto podemos proponer el

 


 La concordancia puede ocurrir en algunas compras selectas, pero que no es lo común, no es generalizable.

Las intenciones expresadas por los consumidores son eso, intenciones y no necesariamente reflejan comportamiento.  Las dos decisiones son afectadas por diferentes consideraciones.

 El artículo del periódico concluía que: “Las encuestas de opinión son correctas lo suficiente como para ser tomadas en cuenta, pero equivocadas muy frecuentemente como para que sean confiables”.

En el caso de las encuestas sobre intenciones de compra de productos y servicios producidos responsablemente nos limitaríamos a la segunda parte de su conclusión: “…..pero equivocadas muy frecuentemente como para que sean confiables”.

sábado, 29 de abril de 2023

Es hora de luchar por equiparar los temas sociales con los ambientales


La preocupación por el cambio climático y su mayor visibilidad a nivel mundial está acaparando la atención del ecosistema de la sostenibilidad empresarial y con ello apabullando a los temas sociales y relegándolos a nichos de interés.

I.                Prioridad sobre lo ambiental, descuido de lo social.

El progresivo abandono de la denominación de responsabilidad social de la empresa por el termino más escueto de sostenibilidad, sin apellido, para referirse a la sostenibilidad ambiental conspira contra la sostenibilidad empresarial y conlleva a inferir que aquella es la que importa. Ojalá se prohibiera el uso de la palabra sostenibilidad sin apellido, obligando a referirse a la limitada ambiental o la amplia empresarial y así evitar confusiones y omisiones.

Y en la industria de la ASG, la de los criterios para seleccionar inversiones, también se prioriza la A en detrimento la S. Hay millares de fondos de inversión dedicados a la A, muy pocos a la S y la G.  Casi que solo se consideran estos factores en los fondos de inversión responsable integrales, y aun estos tienen una visión muy estrecha de lo que es la sostenibilidad empresarial. [1]

Además de la visibilidad a nivel empresarial, económico y político de los temas ambientales, sus indicadores se basan en gran medida en temas físicos, más amenos a la medición cuantitativa, en tanto que los aspectos sociales son más emotivos, relativamente más difusos y sujetos a opinión. Y los decisores suelen tener preferencia por lo medible y subestimar lo difuso.[2]

Estos son algunos de los factores que están minando la visión integral de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad, en su concepción amplia, de ser, más que de hacer, y en particular está relegando el interés por los aspectos sociales de esa responsabilidad. [3]

Un buen ejemplo de ello es que, con todos los esfuerzos de la Comisión Europea para promover esa responsabilidad empresarial, está priorizando los aspectos ambientales en detrimento de los sociales.  La única taxonomía aprobada es la verde y se ha pospuesto (¿abandonado?) la preparación de la taxonomía social [4] y no se ha comenzado la de gobernanza (salvo en algunos borradores de trabajo). Y las regulaciones para reforzar el rigor de las emisiones de bonos de sostenibilidad se ha limitado a la de los bonos verdes, [5] ignorando los bonos sociales y los sostenibles (verdes y sociales).

Los estándares de reporte sobre la sostenibilidad empresarial de la Comisión Europea, obligatorios para las empresas con negocios en sus países miembros, propuestos hasta mediados del 2023, incluyen 23 documentos: cinco explicativos del proceso, dos sobre requerimientos y diseminación y diez sobre detalles por temática, medioambiente, social y gobernanza, además de seis apéndices explicativos. [6] Pero las directrices específicas para los temáticos han sido pospuestas, concentrándose en los de requerimientos y diseminación. Los del IFRS (que serían de aplicación voluntaria a nivel mundial), propuestos hasta mediados del 2023, incluyen los Requerimientos generales de reporte de información financiera de la sostenibilidad y el de Reporte de información sobre cambio climático. No se han producido lineamientos para otros aspectos de la sostenibilidad empresarial.[7]

En un artículo anterior (La “S” de la ASG: ¿Qué es? …. aparte de ser la cenicienta del grupo y el Adendum) habíamos abogado por reforzar la priorización de los aspectos sociales y habíamos propuesto una amplia conceptualización de ellos, con el objeto de apoyarlo en las estrategias empresariales. Los poníamos en el contexto de las prioridades que se les daba a los aspectos ambientales y de gobernanza.

II.             Un buen intento de rescatar lo social, pero ……

La Corporación Financiera Internacional (International Finance Corporation, IFC), institución de financiamiento y desarrollo del sector privado del grupo del Banco Mundial, publicó un informe con el objetivo de rescatar la importancia de los temas sociales en el financiamiento sostenible a través de préstamos y emisiones de bonos ligados a la sostenibilidad (Social KPIs Matter: Setting Meaningful Indicators for Sustainability-Linked Finance). [8]

Es de recordar que estos financiamientos son obtenidos por las empresas para financiar sus actividades generales, no necesariamente relacionadas con la sostenibilidad empresarial, pero en las que se comprometen al logro de algunas metas de sostenibilidad. En algunos casos incluyen bonificaciones financieras por su logro o penalizaciones en caso contrario. Estos instrumentos tienen serias deficiencias como instrumentos para promover esa sostenibilidad.[9]

El objetivo del documento del IFC es el de presentar indicadores sociales que puedan ser utilizados como metas en esos bonos e indirectamente el de promover la inclusión de metas sociales ante la preponderancia del uso de metas ambientales, si bien ello no es consecuencia de la carencia de indicadores sociales. Es un problema, en parte de preferencia de metas que puedan ser fácilmente cuantificables y logrables, y en parte de la mayor demanda de los mercados financieros por el tema ambiental.

Es muy difícil obtener información sobre la inclusión de metas ambientales y sociales en el financiamiento ligado a la sostenibilidad ya que la gran mayoría (85%) son préstamos en los que la información suele ser confidencial entre las partes. La información sí está disponible para los bonos ligados a la sostenibilidad (15%) al ser emitidos en los mercados. Se ha estimado que el 68% de los financiamientos incluyen metas ambientales, mayormente sobre emisiones, y solo el 23% incluye metas sociales, mayormente igualdad de género y seguridad laboral.  Y aun los que tienen metas sociales incluyen además metas ambientales.

El informe propone metas en seis áreas, con una amplia concepción de que es “social”, incluyendo servicios e infraestructura y la sostenibilidad de la cadena de valor.

Propone cuatro etapas para la implementación de los indicadores

  • Identificar los aspectos materiales y sus indicadores;
  • Desarrollar las metas (líneas de base y benchmarking);
  • Desarrollar el camino para su logro (políticas y procedimientos), y
  • Desarrollar la transparencia.

Ilustra en proceso usando cuatro casos y un apéndice donde propone 55 indicadores para las seis áreas identificadas.  Para ser útiles los indicadores deben tener algunas características obvias, pero es crítico recordarlos:

  • Relevantes, materiales y de importancia estratégica;
  • Medibles consistentemente;
  • Verificables por entes externos; y,
  • “Referenciables” (benchmarkable) a medidas externas.

Es destacar que estas metas, sus características y sus usos son muy semejantes a las que se usan en las remuneraciones de los dirigentes, si bien aquellas se refieren a condiciones del financiamiento y estas a la ejecución de la estrategia de sostenibilidad empresarial. Es muy posible, y lógico, que, si han impuesto condiciones para el financiamiento, estas se traduzcan en condiciones para las remuneraciones de los dirigentes. [10] Cuando analizamos este caso, proponíamos diez características para los indicadores (algunas comunes a las de arriba y otros que deberían haberse incluido): 

  • (1) deberán ser medibles objetivamente;
  • (2) con relación directa con el impacto que se quiere logar;
  • (3) con el plazo de las remuneraciones coincidente con el logro de los resultados;
  • (4) con resultados atribuibles a las acciones de los dirigentes;
  • (5) con costos razonables para su logro;
  • (6) con suficientes alicientes para que actúen;
  • (7) un número manejable (ni tantos ni tan pocos);
  • (8) no deben estimular comportamientos perversos;
  • (9) deben referirse a resultados y, de ser posible, a impactos; y, 
  • (10) consensuados con el Consejo y algunos stakeholders clave.

 Pero es importante distinguir entre los indicadores y metas a incluir en compromisos de financiamiento o de remuneraciones de los dirigentes y los correspondientes a la estrategia de sostenibilidad empresarial. En todos los casos deben ser materiales, estratégicamente importantes y bajo el control de la empresa y sus dirigentes. Pero tienen objetivos diferentes.

En los dos primeros casos deben ser pocos, generalmente menos de cinco y suelen ser más conservadores ya que implican compromisos legales, con prioridad en su medición y consistencia (el informe del IFC propone una extensa lista, pero no hace la advertencia de que el numero debe ser limitado). En el caso de la estrategia, también deber ser limitados, concentrando los escasos recursos donde se tiene impacto, pero hay mayor libertad para seleccionar las prioridades, algunas de las cuales pueden no ser medibles con precisión y ser encaradas con diferentes intensidades en el tiempo, de acuerdo con las capacidades de la empresa, sus circunstancias y las necesidades de los stakholders. 

Adicionalmente se debe distinguir entre metas que se refieren a resultados o logros, de las que se refieren a insumos o productos. En todos los casos, financiamiento, remuneraciones y estrategia, se deberían referir a resultados obtenidos y de ser posible a impactos logrados, pero siendo los primeros dos casos resultados de negociaciones y con obligaciones contractuales es muy posible que se diluyan y se priorice lo factible sobre lo deseable, y se limiten a resultados.

Por ejemplo, si el objetivo de invertir en mejorar la condición profesional de la mujer, los recursos invertidos en su desarrollo son insumos, el porcentaje de ellas en cargos directivos es un producto, la mejora en sus capacidades lograda son resultados y su influencia en las decisiones empresariales sería el impacto.  En las metas de financiamiento sostenible y en las de remuneraciones de dirigentes el más común es el del incluir aquel porcentaje, un producto, que no quiere decir mucho, se puede lograr sin desarrollo, sin competencias, sin influencia y sin continuidad.

Las metas deberían incluir las mejoras de sus capacidades, un resultado, y mejor todavía, su influencia en las decisiones empresariales, un impacto, pero esto complicaría lograrlas. Y “nos hacemos trampas en solitario” y no se usan. Pero las metas de la estrategia de sostenibilidad empresarial, donde no tiene sentido engañarnos, deberían enfatizar las de resultados e impacto.

III.           Lo social también tiene impacto financiero.

También se ha publicado un informe sobre el impacto de los riesgos en aspectos sociales sobre la situación financiera de la empresa, que debería contribuir al interés en estos aspectos (ESG Encyclopedia Vol 2, por Fitch Ratings). También en el impacto financiero se da prioridad a los temas ambientales. Hay gran preocupación, por ejemplo, sobre el impacto del cambio climático en la situación financiera de las entidades financieras, y hay un movimiento que pide que estas instituciones produzcan simulaciones para apreciarlo cuantitativamente, de la misma manera que se hacen los stress test para reflejar en potencial impacto de supuestos cambios en la situación económica y en particular de los cambios en las tasas de interés.

Pero no se ha mostrado interés sobre el impacto financiero que pueden tener los riesgos sociales (laborales, comunidades, clientes, entre otros) sobre la posición financiera, en buena parte porque se consideran riesgos puntuales a empresas específicas, y que no afectan a instituciones que conlleven riesgos sistémicos. Se prefiere ignorar las consecuencias de la inequidad, de la inestabilidad social, del desempleo o subempleo, de la pobreza y de la discriminación, aunque al igual que los aspectos ambientales su impacto es sistémico, afecta a todas las empresas. [11]

IV.            En resumen

Como decíamos en un artículo anterior, la S es la cenicienta del grupo y serán necesarios la concientización de los dirigentes, despertar el interés de los inversionistas responsables y estimular a la sociedad a demandar acciones, para sobreponerse a los obstáculos reales y percibidos que enfrenta relacionados con su menor impacto financiero, no sistémico, y su definición difusa, alejada de impacto real.

Obstáculos casi insalvables. Los temas ambientales tienen impactos mucho más visibles y de interés político a nivel mundial. El cambio climático tiene a su favor los desastres naturales (¡sin ironía!), que lo hace muy tangible y la escasez de agua y la contaminación ambiental tienen grandes impactos sobre la vida de los afectados. Los problemas sociales suelen ser localizados y menor interés colectivo, más fáciles de hacerse la vista gorda.

Los problemas sociales no tienen un acuerdo multinacional como el Acuerdo de París de reducción de las emisiones, ni reuniones anuales a nivel de todos los países del mundo (la Conferencia de las Partes, COP, de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático). Sí están en algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS, pero tienen más impacto publicitario que real [12] y en los Principios Rectores sobre las empresas y los Derechos Humanos: Proteger, respetar y remediar,  que cubren una pequeña parte de los aspectos sociales, pero que tienen un carácter disuasorio, de no hacer el mal, no proactivo de hacer el bien, que es lo que se necesita la sociedad de las empresas. [13]

No tenemos la varita mágica para vencer esos inmensos obstáculos, pero si los aspectos sociales se incluyen en las remuneraciones de los dirigentes, más allá de lo simbólico del porcentaje de mujeres en cargos directivos, y aunque no son la solución, por lo menos los hará considerar su importancia y extenderlos y elevarlos fuera del ámbito restringido de los promotores internos en la empresa.

Y estos obstáculos no deben impedir que sí sean prioritarios en las estrategias y actividades de la sostenibilidad empresarial, una empresa a la vez.

Nada en contra de atender los aspectos ambientales. Pero no deben distraer la atención de los aspectos sociales y menos en empresas que tienen poco impacto en aquellos, pero que por moda, el ecosistema de sostenibilidad empresarial les empuja a darles prioridad.



[3] Ver la discusión del enemigo #4 en el artículo Los trece enemigos de la RSE(C): Los primeros seis.

[5] El borrador fue aprobado el 28 de febrero del 2023 por el Parlamento y el Consejo, pero todavía falta la aprobación definitiva, estimada para finales del 2023. El borrador no se ha dado a conocer.

[6] Ver los estándares en First Set of draft ESRS

[9] Ver mi análisis crítico en el caso de los bonos ligados a la sostenibilidad en Greenwashing a la grande II: Emisión de bonos ligados a la sostenibilidad y ¿Hace falta ser una empresa responsable para emitir un bono ligado a la sostenibilidad? y la comparación del potencial impacto sobre la sostenibilidad empresarial con otros tipos de bonos en ¿Tiene el financiamiento sostenible impacto sobre la sostenibilidad? Segunda parte: Inversiones reales.

[10] Ver nuestra serie de tres artículos: Remuneraciones ligadas a responsabilidad, Primera parte: Situación actualSegunda parte: Buenos y malos ejemplos de empresasTercera parte: Cómo hacerlo,…..si se quiere hacerlo.

lunes, 24 de abril de 2023

¿Por qué no en español?


Esta nota no es sobre la responsabilidad empresarial, como todas las demás, es sobre la responsabilidad individual en la defensa de nuestro idioma.

Fabio Rampelli, un alto cargo del partido Fratelli d’ Italia, en ocasión de una propuesta de ley a favor del uso de la lengua italiana dijo:

No tenemos diamantes, minas, o petróleo y gas.  Nuestros recursos son la cultura, la lengua, artes, moda, arqueología y monumentos. Esto es lo que podemos ofrecer al mundo, es lo que podemos mejorar.”

Y en España estamos en una situación muy semejante, pero tenemos algo más valioso que los italianos: un idioma que es oficial en 21 países y usado por casi 500 millones de personas, y millones más que lo tienen como segunda lengua. Sin menospreciar el italiano y su especial idoneidad para expresar el cariño, la lírica, la belleza y la estética. [1]

¿Porque tenemos que llamar cosas en ingles cuando el idioma español es uno de los más ricos del mundo y tiene palabras que expresan perfectamente cualquier idea, sentimiento o concepto? ¿Porque tenemos que escribir en inglés?

¿Porque tenemos que llamar a un seminario y un foro económico en Madrid organizado por instituciones españolas para españoles, People4Good y Wake Up, Spain!? ¿o CSR Academy, un programa educativo en Madrid? ¿o el taller para participantes españoles Peer to Peer Support de la empresa española con nombre en inglés? ¿o el centro de informaciones Rethinking Sustainability Hub, alojado en una empresa con sede en España? ……. ¡Y así sucesivamente! [2]

 

¿Para ampliar el mercado, para que se intuya credibilidad [3] o por esnobismo?

 

Yo, Antonio Vives, español, nacido en Mallorca, emigrado con mis padres a las Américas hace 64 años y desde hace 50 años viviendo en EE. UU. donde el idioma oficial es el inglés.[4]

 



[1] Carlos V, Sacro Emperador Romano (Carlos I de España) que no hablaba muy bien el español, dijo:  Uso el inglés para hablar con mis contadores, alemán para hablar con mis caballos, francés con mis embajadores, español con Dios e italiano con mis amantes.

[2] Nobleza obliga: algún lector habrá notado que uso los términos greenwashing y stakeholders en inglés, porque no me satisfacen las traducciones usadas, lo que he explicado en algunos artículos.

[3] Aprovechando el “efecto aureola”. Ver ¿Se puede manipular la reputación?: El efecto aureola

[4] Y habiendo estudiado solo algunos años de escuela primaria en España, lo que explica, pero no justifica, mis errores gramaticales.

Recomiendo suscribirse al boletín (enviado en días laborables) de FundéuRAE, en www.fundeu.es, donde casi cada día ofrecen sugerencias en español de palabras novedosas en inglés.