domingo, 13 de septiembre de 2015

¿Por dónde empezar para promover la sostenibilidad?


La gran mayoría de los que promueven la sostenibilidad en general y la adopción de prácticas responsables en las empresas somos adultos.  La gran mayoría de los responsables del diseño de políticas, procedimientos, incentivos  regulaciones y la implantación de medidas son también adultos.

Muchos de estos adultos hemos crecido en un ambiente donde la sostenibilidad y la responsabilidad empresarial no eran una prioridad.  En consecuencia tenemos costumbres y serios prejuicios sobre el cómo hacer las cosas.  El caso más paradigmático son los dirigentes empresariales, que habitan un entorno con objetivos e incentivos que no lo priorizan, antes por el contrario, tienden a priorizar la obtención de los mayores beneficios posibles, no tomando en cuenta los costos que ello pueda tener sobre la sociedad y el medio ambiente, si esos costos no les directamente imputados ya sea por regulación y sea por la sociedad misma.  Sus “externalidades” negativas suelen ser ignoradas.  El cómo se obtiene el beneficio y qué se hace con los beneficios, que debería ser la principal preocupación de las empresas, de su responsabilidad ante la sociedad, tiene menos prioridad que la cantidad de los beneficios logrados.



  
Para tratar de revertir comportamientos perversos hacia la sociedad y el medio ambiente se recurre a regulaciones por parte de los gobiernos (regulación) y a las actuaciones por parte de la sociedad civil, incluyendo consumidores, medios de comunicación,  financistas, ONGs, etc (mercado de la responsabilidad).  Superpuesto a todo esto se encuentra la “educación”, en el sentido más amplio de la palabra, de las partes involucradas, en particular de los gobiernos, dirigentes y público en general. Mucha de esta “educación” es informal, indirecta, a veces inconsistente, efectivizada a través de la diseminación de informacación sobre el estado del planeta, las consecuencias del comportamiento de los individuos, gobiernos y empresas, con la expectativa de que estas partes reaccionen y hagan algo para contribuir.  En algunos casos la educación es más formal, a través de conferencias, cursos, programas educativos y publicaciones, sobre todo en el caso de dirigentes empresariales, pero esta última llega a un grupo muy restringido de actores en la responsabilidad.

Pero toda esta educación se ha concentrado en aquellos adultos ya formados, que vienen con ideas preconcebidas, a los cuales hay que transformar, cambiar el comportamiento.  Esto, es de todos conocidos, que es sumamente difícil y requiere de grandes esfuerzos.  No cambiamos porque nos digan que tenemos que cambiar. “El mayor tiempo que he perdido en mi vida es tratando de cambiarme”, decía un filósofo de cuyo nombre no me acuerdo.

¿Pero sería más efectivo empezar más temprano?  Si la sostenibilidad es un problema de largo plazo, una carrera de fondo, ¿no sería deseable enfrentarla con un enfoque de largo plazo?  ¿No podríamos imitar el enfoque de las religiones? ¿No deberíamos enfatizar la educación sobre sostenibilidad cuando somos niños, cuando estamos en condiciones de aprender, cuando estamos abiertos a nuevas ideas?  De esa manera abarcaríamos a un grupo mucho más numeroso, los que después serían dirigentes empresariales, funcionarios públicos y líderes políticos, líderes sociales, y todos ellos, consumidores.

¿Por qué no enfatizamos la educación sobre sostenibilidad en la niñez y juventud, en la escuela primaria y secundaria, mostrándoles a los niños y jóvenes los límites del planeta, las consecuencias positivas y negativas del consumo, de sus acciones sobre el resto de los seres humanos y el medio ambiente, de la contribución positiva y negativa de las empresas?  No se trata de adoctrinar, pero sí de crear conciencia.  A lo mejor cuando sean adultos estarán en mejores condiciones de apreciar la problemática y tomar acciones.

Que es lo que se está haciendo, por ejemplo, en una escuela para la élite de sociedad neoyorquina (ver el artículo The Transformative Potential of Sustainability Education).  Pero ello no obsta para que no se pueda hacer en todo tipo de escuelas………claro está que harán falta los recursos adecuados en cantidad y calidad.  No es trivial.

Pero antes debemos resolver otro problema de los adultos. ¿Dónde están los maestros y profesores capaces de inculcar las ideas de sostenibilidad, con una visión multidisciplinar. ¿Dónde están los dirigentes educativos capaces de entender y priorizar esta problemática? ¿Dónde están los líderes políticos que promueven las políticas públicas de sostenibilidad?  En las escuelas de negocio, mayormente de posgrado, para un grupo reducidísimo de actores, donde supuestamente estamos más avanzados, no hemos logrado todavía, con contadísimas excepciones, integrar la sostenibilidad y la responsabilidad ante la sociedad, más allá de algunos cursos especializados, segmentados, desconectados (ver mis artículos Ética y responsabilidad en las escuelas de negocios y Responsabilidad en la enseñanza en las escuelas de negocios).

Sí, la generación de los “millenials” parece tener más conciencia ambiental y social que las generaciones anteriores, y son una buena esperanza, pero no podemos generalizar ni estar satisfechos.  Una cosa es decirlo y otra hacerlo.  Muchos expresan sus buenas voluntades, pero a la hora de la acción, como todas las generaciones, no se corresponden (ver mi artículo …………..).  ¿Generación Y o Generación YO?: ¿Les interesa la Responsabilidad Social?  y  ¿Está abandonando la nueva generación a la responsabilidad y la ética?  Es una generación más consumista y mucho más centrada en sí mismos y en las relaciones virtuales que las anteriores. 

En España hay más de 800.000 NINIs (jóvenes entre 18 y 24 años que NI estudian NI trabajan), que son miembros de esa generación, alienados de la sociedad, de los que no puede esperar mucha preocupación por la sociedad y el medio ambiente.


El problema es de gran envergadura y para enfrentarlo debemos tener una visión de largo plazo y largo alcance.  No podemos dejarlo al azar como hasta ahora.  Hay que hacer un esfuerzo sistemático para concientizar  las nuevas generaciones y la educación primaria/secundaria parece ser un buen sitio para empezar.  ¿Se puede?

martes, 8 de septiembre de 2015

Voluntariado corporativo: basta de malgastar recursos. Ia. parte



 “Porque al que se le da mucho, también se le exigirá mucho;
y al que se le confía mucho, se le pedirá más todavía.” Lucas 12:48

I.                Introducción[1]

El voluntariado corporativo es una de las actividades de solidaridad con la sociedad más laudada, pero del que no se aprovecha su potencial.  Decimos solidaridad y decimos actividad, porque lamentablemente es así como se estructuran buena parte de los programas de voluntariado corporativo: actividades de solidaridad con la comunidad o con el entorno. Y se pierden grandes oportunidades de hacer el bien a la sociedad y a la empresa.





Por los orígenes del voluntariado de apoyar al vecino necesitado y por el extenso desarrollo del voluntariado personal hacia las acciones de solidaridad, el voluntariado corporativo también se ha desarrollado en base a la solidaridad, descansando mayormente en la utilización de la mano de obra, con poco valor agregado más que en el aporte de mentes y de destrezas.

¿Porque debe el voluntariado corporativo imitar lo que los individuos pueden hacer por su cuenta sin necesidad  de la empresa? ¿Qué agrega la empresa a estos programas?  ¿La coordinación y la camiseta con el logo de la empresa, para asegurarse que capta los beneficios del trabajo de sus empleados?  Debería ser parte de las responsabilidades de la empresa ante la sociedad, RES, [2] y por ende ante sus empleados de no “usarlos” para sus fines.  Nada contra el gana-gana que muchos de estos programas persiguen, pero así como es un grave error pensar que la responsabilidad ante la sociedad se evacua con donaciones, es también un error pensar que los programas de voluntariado deben ser filantropía, y lo que es más grave, con recursos de sus empleados.  Es cierto que la empresa, al acogerlos bajo su paraguas, puede agregar efectividad y economías de escala, pero, ¿es eso lo mejor que puede hacer?

En este artículo abogamos porque el voluntariado corporativo sea más efectivo, al integrarlo como parte de la responsabilidad de las empresas ante la sociedad, donde potencie y sea potenciado por el resto de las acciones que toma la empresa y lo saque de la categoría de filantropía y lo integre a su estrategia de negocios.  No debe ser un programa aislado de algunos empleados que tienen conciencia social, porque si lo es, no aprovechará todo su potencial.  Al integrarlo a la estrategia se buscará, naturalmente, su impacto y su efectividad.  En este artículo no analizamos los beneficios del voluntariado (salvo de pasada para poner la discusión en contexto) ni como se debe gestionarse o evaluarse. 

II.              Voluntariado corporativo como parte integral de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad

 ¿Es el voluntariado corporativo parte de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad?  En este artículo alegamos que debe ser parte integral.  No debe ser una actividad que se lleva a cabo porque algunos empleados o algunos directivos quieren trasladar su solidaridad personal, su deseo innato de contribuir al bienestar de los demás, al ámbito de la empresa. 

Poco a poco, y ese es el mayor progreso, nos hemos dado cuenta de algo tan obvio como que la empresa opera en el contexto de la sociedad, no dentro de sí misma para sí misma.  Producir bienes y servicios, dar empleo, pagar impuestos, hacer donaciones, etc. no es suficiente.  El nivel superior de producir bienes y servicios responsables, de forma responsable es el ideal actual, pero en el futuro no será suficiente.  La sociedad demanda/demandará una mayor contribución.  

La sociedad se ha dado cuenta de que la empresa le debe su existencia y que forma parte integral de esa sociedad y por ende tiene derecho a exigirle no solo responsabilidad por sus impactos sino que además tiene la responsabilidad de contribuir a su desarrollo.  De allí que la empresa tiene la responsabilidad de usar los recursos que la sociedad le permite usar (y a veces abusar) para mejorar el bienestar de esa sociedad.  La empresa, como persona (jurídica) que es tiene la responsabilidad como la tenemos todos los individuos, de usar los talentos que nos han sido dados (por el Creador), o en el caso de la empresa los que la sociedad, que la ha creado, le permite usar, lo que incluye sus empleados y directivos, la tecnología,  los recursos naturales, los financieros (que buena parte son provenientes de los ahorros de esa sociedad), entre otros.  Y una manera de usarlos para el bienestar de la sociedad es a través del voluntariado corporativo, pero hay que hacerlo responsablemente, y por responsablemente queremos decir de la forma más efectiva y eficiente posible, como lo debe hacer con todos sus recursos.

Al considerar el voluntariado corporativo desde este punto de vista nos daremos cuenta que el usarlo como se usa en la gran mayoría de los casos, para construir escuelas, plantar árboles, apoyar a los asilos, etc. no es lo mejor que puede hacerse con los recursos de la sociedad.  No es que esto tenga nada de malo, al contrario, es sumamente laudable.  Pero la pregunta que hay que hacerse es ¿es esto lo mejor que puede hacer la empresa? ¿Es ésta la utilización más efectiva de sus recursos y de sus ventajas comparativas?

Sí, la empresa es libre de hacer lo que quiera, dentro de las legislaciones y regulaciones vigentes, pero la sociedad cada día está demandando mayor accountability por sus actividades y la empresa que ignore a la sociedad no será sostenible….. cuando la sociedad despierte de su letargo (el Papa Francisco recientemente destacó “la globalización de la indiferencia”).  Pero no debemos perder la esperanza,  hay empresas visionarias y la sociedad cada vez actúa más, basada en la ubiquidad de la información.  La percibida escasez de todo tipo de recursos está agudizando el sentido en la sociedad de que hay que gestionarlos lo más eficiente y efectivamente posible.  El despilfarro está pasando de moda.

III.           El argumento empresarial para el voluntariado corporativo

Las motivaciones naturales de las personas naturales de ser solidarias, para el caso de la persona jurídica (compuesta de muchas personas naturales) no bastan, necesitan además las motivaciones financieras, reales o percibidas, ya que como para las personas naturales su primer objetivo es seguir viviendo, para las empresas quiere decir que tienen que ser financieramente sostenibles en el largo plazo.  Las empresas necesitan el dinero como las personas naturales necesitan el aire.

¿Quiere esto decir que los programas de voluntariado corporativo deben ser “rentables” para la empresa? No, la empresa debe ser rentable en el agregado, no en cada programa individual, pero ayuda a su gestión, al apoyo que reciba de la alta gerencia y su sostenibilidad a largo plazo, si se puede demostrar que ella deriva beneficios, tangibles o intangibles, en el corto o en el largo plazo de cada iniciativa.  Y este argumento empresarial (business case) es todavía más necesario para la ampliación del ámbito de los programas de voluntariado corporativo que proponemos en este artículo.  Y es por esto que repasaremos este argumento brevemente.

Los beneficios para la empresa están muy bien documentados en la literatura.[3]  Por ejemplo, el voluntariado corporativo contribuye a la identificación de los que participan con la empresa, lo cual puede conllevar a un mayor involucramiento en todas sus actividades, en particular en las de sostenibilidad, lo que puede mejorar su motivación para su propio trabajo y conducir a mejoras en las productividad, menor rotación de personal y, en algunos casos, a atraer personal comprometido.  Pueden contribuir además a la alineación de los valores de los empleados con los de la empresa y su identificación con la cultura empresarial [4] y a la cohesión interna y al trabajo en grupos.  Y bien gestionados pueden contribuir a mejorar la reputación de la empresa, aunque esto no debería ser el motor y razón de ser del programa sino un resultado colateral.  Por estas razones, y por, en muchos casos, su reducido costo, estos programas pueden ser rentables para la empresa, aunque son muy pocas las que lo cuantifican y evalúan al considerarlo parte de la filantropía o de su responsabilidad moral, o sea, a fondo perdido.

En el caso de la participación en programas que involucran la donación de destrezas, más que de mano de obra, por ejemplo los que involucran a profesionales especializados o a la gerencia media y alta, permiten además la adquisición de experiencias que pueden serle útiles a la empresa en el desarrollo profesional de estos participantes.  En particular algunos programas les permiten salir de su “torre de marfil” del “sol empresarial” alrededor del cual creen que gira el mundo y constatar la realidad en que opera la empresa, la realidad de sus clientes, de sus empleados, de su comunidad, del medio ambiente.  Estas experiencias suelen ser de gran utilidad para el diseño y la implementación de estrategias de negocios y en particular de responsabilidad de la empresa ante la sociedad.  Es un caso en que al ser responsables se aprende a ser más responsables.  Y es de estos programas de los que tratamos en este artículo.

Y los beneficios no solo acumulan a la empresa, también a los participantes a nivel personal.  Los empleados pueden sentirse mejor al obtener un sentido de pertenencia, la oportunidad de aprender nuevas destrezas y sentir su trabajo enriquecido. El empleado quiere sentirse realizado, quiere poder utilizar sus capacidades, quiere lograr impacto tangible y a veces siente que el trabajo rutinario no se lo permite. [5]

Pero algunos estudios han encontrado que muchos de estos beneficios se logran con la participación en programas basados en la utilización de destrezas profesionales, que proponemos en este artículo, más que en programas de utilización de mano de obra (que muchas veces lo pueden hacer por su cuenta), que suelen ser los tradicionales.

Y obviamente que estos programas también rinden beneficios a la sociedad, en la forma de los servicios prestados o bienes producidos.  Pero muchas veces estos beneficios se quedan cortos por no utilizar todo el potencial de las empresas y sus empleados.  Es un malgaste de recursos.  ¿Qué y cómo hacerlo? De esto hablaremos en la segunda parte de este artículo.





[1] Artículo escrito para el blog de Voluntare.

[2] En este artículo usaremos el término Responsabilidad de la Empresa ante la Sociedad por ser más descriptivo de una responsabilidad ineludible, en vez del término más común de Responsabilidad Social de la Empresa, RSE, que para muchos (incorrectamente) tiene connotación de conjunto de actividades voluntarias.

[3] El lector interesado en saber más sobre los fundamentos y gestión del voluntariado corporativo puede pulsar sobre los siguientes nexos:

Beatriz Sanz, Mar Cordobés y Adriá Calvet, El voluntariado corporativo en España: modelos y perspectivas de impacto social, ESADE, 2012.


Voluntariado en América Latina: Reflexiones, conceptos, prácticas, International Association for Volunteer Effort, 2013,

Victoria Moreno Manrique, El voluntariado desde la empresa, IESE, 2013

(Boston, MA: FSG Social Impact Advisors, 2007
[4] Ver la serie de artículos Cultura empresarial y cultura de responsabilidad social por Alberto Andreu y el suscrito.

[5] La participación en estos programas constituye un incentivo no monetario para el involucramiento.  Ver mi serie de artículos Sin incentivos no hay paraíso.


domingo, 6 de septiembre de 2015

Mirada crítica a la Responsabilidad Social de la Empresa en Iberoamérica Volumen III


Este libro contiene 37 de los 94 artículos, clasificados, revisados y actualizados, publicados en los años 2013 y 2014 en el blog Una mirada crítica a la Responsabilidad Social de la Empresa en Iberoamérica (www.cumpetere.blogspot.com), y cuatro capítulos de mayor envergadura que han sido publicados en otros medios. Un total de 41 capítulos.



Los capítulos están divididos en seis partes:

•           Confusiones sobre la responsabilidad empresarial
•           Gestión estratégica de la responsabilidad
•           Gestión de los recursos y derechos humanos
•           Comunicación y reporte de la responsabilidad
•           Responsabilidad en los mercados financieros
•           En broma, pero en serio

Los cuatro capítulos publicados en otros medios son:

•           La responsabilidad de la empresa ante la sociedad: la RSE y sus variantes.
•           Guías para la Responsabilidad Social en las PyMEs: Efectividad de herramientas de autoevaluación.
•           Empleo y emprendimiento como responsabilidad social de las empresas.
•           Derechos humanos para empresas normales y corrientes.

El objetivo del libro, como el del blog, es analizar acciones y eventos que tengan impacto sobre las prácticas responsables de la empresa de una manera crítica, amena y didáctica.

El libro se puede descargar en versión pdf y versión epub en el sitio de Cumpetere (la versión para Kindle se publicará próximamente).

Se ha producido en versiones para lectores móviles con el fin de reducir la necesidad de su impresión: Imprime solo aquellos capítulos que te sean necesarios.

GRACIAS A GATOS GEMELOS, empresa de Comunicación en Bogotá por donar los servicios de producción del libro, lo que permite que lo tengas sin costo alguno.


domingo, 30 de agosto de 2015

¿Cómo será el futuro de la RSE, la empresa del futuro?


Resumen

“Indudablemente será una que reconozca su responsabilidad ante la sociedad, tanto por sus impactos como por la contribución que debe hacer para su desarrollo.  Cada día más, las empresas, el primer sector, lo reconocen y expanden sus estrategias para ello. El segundo sector, el sector público, debe mejorar la eficiencia y efectividad con que usa los recursos de esa sociedad y el medio ambiente para servirla, como es su deber y crea instituciones, cuasi empresariales, que tratan de vencer los males tradicionales de la gestión pública.  El tercer sector, la sociedad civil trata de llenar los vacíos en la actuación de estos dos sectores creando empresas e instituciones con fines sociales, pero gestionadas con criterios de sostenibilidad financiera.  Estas tres tendencias confluirán en lo que será la empresa del futuro, una empresa que maximice los beneficios sociales y financieros y gestione los conflictos entre ambos.”



El 12 de julio del 2015 publiqué en mi blog un amplio artículo sobre el tema, en tres partes, que se pueden ver en


Y ahora hemos producido (con Mauricio Vives) un video-animación resumen (1:20 min) que se puede ver en 





domingo, 23 de agosto de 2015

¿Pornografía ética?

 A los miembros de un grupo de LinkedIn nos pidieron responder a la pregunta ¿Es posible la pornografía ética? ¿Representan los dos términos una contradicción intrínseca? A continuación mi respuesta.  Todas las respuestas pueden verse en:






Ethical porn

Yes, ethical porn is a contradiction in terms.  Why?  To answer this question it is important to separate the product from its production. The product is obviously demanded by some members of society so its supply appears to satisfy somebody’s needs.  That these needs are legitimate can be a subject of discussion.  The user may claim that it is for her/his private consumption and that it hurts nobody.  But experience shows that it does have a negative impact on society, form the exploitation of women (mostly) and in the worst case of minors to the stimulation of sexual crimes against innocent persons.  In this first instance, it may be possible (but not feasible) to regulate the product so that it does not exploit women and children, but the second instance cannot be regulated, can be punished ex post but not regulated ex ante, it is result of an individual’s decision (can we regulate the sale of porn to persons that are not going to hurt somebody, including wives?)  The selection of individuals is not possible.  As such, the product can be classified as dangerous to society.  There cannot an ethical porn product.

A few months ago I ran a survey among the readers of my blog about responsible products, including internet porn, among others (alcohol, tobacco, guns, marihuana, etc.) as part of the questions.  In the case of porn about 10% responded that it was a responsible product, but over 85% thought that it required some form of regulation, including about 30% that thought the product should be banned (with significant differences between men and women). In comparison, over 50% thought that personal guns should be banned (respondents were from Latin America and Spain).  Results from the survey can be found in http://bit.ly/1Ea7Gau (in Spanish)

Regarding production of porn, it is possible to produce it using “responsible practices”, i.e. using condoms, providing social benefits to “workers”, limiting the greenhouse gas emissions, donating part of the proceeds to charitable institutions, and so on.  But this will never make for “ethical porn”, at best it will be a porn industry with a few responsible practices.  

This is a very similar case to tobacco production and sale, but this case is heavily regulated, even though the damage is mostly self-inflicted, unlike porn where the damage is done mostly to others. Consistent?


¿Y tú qué opinas?