domingo, 28 de agosto de 2011

Informe de sostenibilidad del GRI: En casa de herrero, cuchillo de palo


Es de suponer que todos los lectores de este artículo saben qué es el Global Reporting Initiative, GRI, y qué hace.  Recordarán que es una institución sin fines de lucro que produce guías para la preparación de informes de sostenibilidad, promueve su aceptación alrededor del mundo y verifica que los informes, que así lo solicitan, cumplen con las guías.  Para hacer honor a su razón de ser, acaba de publicar su quinto informe de sostenibilidad.  Lamentablemente el informe ratifica la sabiduría popular de “en casa de herrero, cuchillo de palo”.

Como para la gran mayoría de las empresas, la publicación de tal informe es completamente voluntaria, pero es de suponer que muchos de los usuarios de las guías piensen que el GRI podría dar el ejemplo con la publicación de su propio informe.  Es una iniciativa muy laudable.  Pero, ¿es efectiva? La respuesta a esta pregunta es el objetivo de este artículo. También ofrezco algunas sugerencias.


El informe se publica con el llamativo título de Paper, Planes and People.  Lamentablemente, el título recuerda la película cómica Planes, trains and automobiles con Steve Martin (Aviones, trenes y automóviles), que muestra las dificultades de lograr el objetivo de llegar a casa.  Tiene en común que informe es ilustrativo de las grandes dificultades que tiene de lograr su objetivo,  sólo que en este caso debería ser un viaje en serio.  A lo mejor querían recordarnos a People, Planet and Profits y yo soy muy mal pensado.


Con este título parecen estar sugiriendo que sus principales impactos se limitan a los viajes, producción de papeles y a su personal.  Obviamente que lo primero que cabe preguntarse es si esto es lo más importante para el GRI.  ¿Qué importancia tiene saber cuánto papel consume, a cuantas emisiones contribuyen con sus viajes, que tratan de hacer teleconferencias, que usan Skype y que usan bicicletas (todo el mundo lo hace en Amsterdam!)?  Son 51 empleados.  Estos impactos parecen ser demasiado triviales para una institución como el GRI. Yo pensaba que su impacto en sostenibilidad era como se avanzaba la producción y diseminación de informes sobre sostenibilidad  relativamente comparables.





Sobre el informe ya hicieron comentarios, entre otros, Elaine Cohen en su blog CSR Reporting blog. (uno de los mejores blogs sobre reportes) y Mallen Baker también en su blog, otro comentarista muy incisivo. En este artículo resaltaré solo los aspectos que me parecen más relevantes de estos dos autores (con traducción literal) y añadiré mi análisis complementando lo que creo que ambos han cubierto a la ligera.

 Comentarios destacables de Elaine Cohen y de Mallen Baker

Entre los comentarios más relevantes de Elaine están los siguientes:

·         “En el informe del GRI los aspectos materiales están listados en un grupo de 11 aspectos genéricos (tales como "materiales", "energía", "transporte", "empleo", etc.) que son los mismos del año 2007 ……son resultados de discusiones internas….  Idealmente se esperaría que hubiera alguna participación de stakeholders externos.  Entre el 2007 y el 2010 el mundo y el GRI han cambiado significativamente.”

·         “El indicador 1.2 requiere un análisis de los riesgos de la institución …………sin embargo la palabra “riesgo” no aparece en el informe salvo una vez en el contexto del Índice GRI.”

·         “El informe se publica sin “aseguramiento” (revisión externa) y 18 meses después del cierre del ejercicio.”

·         “La misión del GRI "Producir estándares para la práctica de los reportes de sostenibilidad, proporcionando guía y respaldo a las organizaciones."  Esto no se refiere a la calidad, entonces es posible que la calidad de los reportes no sea una medida para el GRI. ¿Pero puede el GRI no tener interés en cómo se usa su esquema de reporte?”

Para Malen Baker:

·         “Cualquier empresa pequeña que mire a este reporte como un modelo a seguir, debería levantar sus brazos aterrorizada. La gran cantidad de recursos necesarios para la preparación de un reporte como este es totalmente desproporciona para una organización de ese tamaño”.

·         “Los aspectos que se cubren en este informe se refieren mayormente a  impactos que son triviales en su escala, ya que se refiere a una pequeña empresa de oficinas.”

·         “Quisiera verla involucrada con su mercado base en “cuán bien estamos logrando nuestra misión”……. porque si sus mayores impactos son “papel, aviones y gente” entonces no están cumpliendo su labor.”

Mi análisis

Aparte de concordar con los comentarios de Elaine Cohen y de Mallen Baker, creo las deficiencias del informe son más estratégicas, mas macro.  Mis comentarios expanden los dos últimos puntos de ambos.

 Qué diríamos de un informe de sostenibilidad de una tabacalera o de una productora de licores que no menciona el impacto de los cigarrillos o del alcohol y se limita a hablar del trabajo con las comunidades o la educación de los jóvenes sobre el peligro del tabaco o el alcohol? ¿Qué diríamos del informe de una petrolera que ignora el impacto de sus productos en las emisiones de gases de efecto invernadero?  Lamentablemente ese suele ser el caso de estas empresas.

Pero del GRI cabría esperar liderazgo.  ¿Cuáles son los productos del GRI?  Las guías, su promoción y la verificación del cumplimiento por parte de las empresas.  Estos aspectos no se cubren en el informe del GRI.

En cuanto a las guías, podrían decir que el problema no son las guías sino su utilización y podrían hasta llegar a alegar que ese es un problema del usuario.  Lo mismo que decían las tabacaleras, las licoreras y las cadenas de comida basura hasta hace poco.  Ahora lo dicen cada vez menos.

Sobre la promoción de la adopción de las guías, es mi opinión de que hacen un buen trabajo, aun cuando se están yendo hacia el lado de la comercialización y la notoriedad.  Ya he escrito tres  artículos, sobre los problemas en el diseño de los premios al mejor informe de sostenibilidad y el conflicto de intereses que ello representa, en mi blog www.cumpetere.blogspot.com.   Espero que su informe no se postule a la próxima edición de los premios.   Con el sistema de votación es muy posible que ganase.  Es más,  deseo y espero que no haya próxima edición de los premios.

 También hacen promoción para la adopción de las guías a través de entrenamiento, que llevan a cabo otras instituciones especializadas, bajo el reconocimiento del GRI.  En estos cursos he tenido la oportunidad de ver cómo le venden la idea a cualquiera, con tal de tener más alumnos,  como le hacen creer a empresas con poco impacto o poca capacidad que deben preparar un informe de sostenibilidad……….y obviamente de acuerdo a las guías GRI   Se promueve que hay que “hacer de todo”, sin ver la efectividad, para poder reportarlo como piden las guías.  Esto es un producto con gran potencial de  irresponsabilidad.  A lo mejor los irresponsables son los terceros que dan el entrenamiento, pero en cualquier caso están autorizados por el GRI y usan su nombre (¿en vano?).

El mismo GRI demuestra dramáticamente con su informe que no todas las instituciones deben preparar informes de sostenibilidad y menos siguiendo las guías GRI[1].

El mismo sistema de las calificaciones A, B y C hace que las empresas se esfuercen en cubrir cada vez más los indicadores a fin de subir la categoría.  Esto es un incentivo que puede ser bueno, pero puede ser perverso.   ¿Y si algunos de los indicadores son irrelevantes?  ¿Cómo se hace para pasar de C a B?  Reportando cosas irrelevantes, o lo que es peor, haciéndolas.  La estrategia y las acciones pueden estar determinadas por la guías.  Tampoco es culpa del GRI, es culpa de las empresas.  ¿Está entonces el GRI exento de responsabilidades por el uso de su producto?

La calificación también puede tener el signo “+”, indicando que las acciones reportadas han sido verificadas por revisores externos.  Esta es una parte muy valiosa del producto y el único problema sería el abuso por parte de las mismas empresas de buscar revisores poco rigurosos.  El informe del mismo GRI NO tiene esta revisión externa.

El GRI otorga además el sello adicional de “GRI Checked” para lo cual ofrece el valioso servicio de  verificación de cumplimiento de los informes con las guías, o sea, si han seguido los requisitos para autocalificarse como A, B o C. Aun cuando la verificación no es total, por lo menos asegura al lector que las guías GRI han sido seguidas.  Hay que recordar que el nivel de aplicación A, B o C,  lo determina la misma empresa.  Esta verificación por parte del GRI le da más credibilidad y asegura que la empresa le ponga más cuidado a la presentación de la información en su reporte (aunque no se garantiza la relevancia o confiabilidad de la información, solo que está de acuerdo con las guías GRI). 

 En general el informe del GRI es muy bonito, atractivo, pero tiene una visión miope de la función de los informes de sostenibilidad.  Es una gran ironía.  Se dedica a cosas triviales y deja de lado las cosas importantes.  Se concentra en el mosquito y se olvida del elefante.  Ignora la responsabilidad de su producto y se concentra en las acciones, como hacen muchas empresas, dando como un hecho que sus productos son lo que son y ya está. 

Parece estar guiado por los indicadores y no por la estrategia institucional.  No es un buen ejemplo de informe de sostenibilidad.

Mis sugerencias al GRI

 No es la primera vez que critico las actividades del GRI[2] y como en los casos anteriores, ofrezco soluciones. 

El GRI debe plantearse si vale la pena preparar un informe como este, con los elevados costos de producción, diseño gráfico y de recopilación de información, que tiene muy poco impacto sobre sus prácticas.  No creo que el GRI necesite recopilar y producir la información para saber algo que ya sabe.  No creo que a los Stakeholders del GRI les sea de mucha utilidad la información producida.  Tampoco creo que tiene impacto sobre la razón de ser del GRI.  El hecho de que el GRI produzca un reporte de sostenibilidad tampoco será visto, o no debería ser visto, como ejemplo o algo para imitar por parte de las empresas.  El GRI es una institución muy especial como para pretender ser ejemplo de reportes de sostenbilidad.

Es mi opinión que sería preferible utilizar los escasos recursos en determinar el impacto de las guías en la preparación y diseminación de información sobre sostenibilidad y sobre las estrategias y prácticas de las empresas.  No es obvio que la existencia de guías mejore la información y diseminación.   Algunos que deberían informar no lo hacen porque no creen que pueden llegar a preparar un informe con una calificación buena del GRI.  Otros que lo hacen, ponen más énfasis en la producción del informe que en las mismas prácticas para lograr la calificación.  La forma es más importante que el fondo.  Para otras, las guías pueden llegar a  determinar las practicas que se adoptan, aun cuando puedan llegar a ser contraproducentes o no efectivas para la empresa.  Este impacto de las guías, valioso o perverso, no se ha investigado. 

En vez de gastar el dinero en la producción  del reporte, sería preferible invertirlo en hacer un estudio del impacto de las guías en el logro de los objetivos del GRI y con los resultados mejorar su propia estrategia y sus productos.




[1] Es de recordar que el GRI está en proceso de preparación de guías para PyMEs
[2] En aras de la transparencia debo declarar  que he tratado de influenciar el GRI desde dentro, pero no he tenido éxito.  Me postulé como miembro del Consejo de Stakeholders por la sociedad civil de América Latina y no logré los votos necesarios.  Pero esto no quiere decir que tanga nada contra al GRI, solo que mi opinión la debo/puedo expresar a través de este tipo de artículos.

domingo, 31 de julio de 2011

Ética y responsabilidad en las escuelas de negocios


El Financial Times publica el 11 de julio un breve pero rico artículo sobre la enseñanza de la ética y la RSE en las escuelas de negocios, que no tiene desperdicio.  Good leaders have more than the right skills, escrito por Jeffey Gandz, de la Escuela de Negocios de la Universidad de Western Ontario, Canadá.

Es poco lo que se debe añadir, de allí a que me limitaré a destacar y comentar lo que creo puede ser lo más interesante para los lectores, muchos de los cuales no tienen acceso para leerlo.

En función de la reciente crisis de responsabilidad y del nuevo énfasis que se le está dando al tema del comportamiento ético, muchas escuelas de negocio están reformando el currículo.  El autor alega que añadir y cambiar cursos puede producir algunas mejoras, pero no es la solución al problema.  Los estudiantes se ven muy influenciados por lo que observan y sienten en el ambiente de la escuela, de allí que los comportamientos y los valores que ven en los profesores y en su entorno son más determinantes.

Por ejemplo, si los cursos de ética o sostenibilidad son materias electivas, el mensaje que reciben es que esto es opcional.

Cuando se enfatiza que el objetivo de los negocios es crear valor para los accionistas se está restringiendo la visión de los estudiantes.

Cuando se llaman a la ética y la responsabilidad corporativa tópicos “blandos” en contraposición con los “duros” como contabilidad, economía y finanzas, se está enviando un mensaje claro de la importancia relativa.  Los estudiantes creen que los profesores representan las mejores prácticas ya que ello es supuestamente lo que enseñan. 

Cuando no se analizan en clase los escándalos empresariales se está enviando un mensaje de que ello no es muy importante.  Y peor todavía si no se ponen en su adecuado contexto.

Cuando se permite que en los trabajos el grupo alguno se aproveche del resto, cuando no se penaliza el uso de las ayudas docentes de uso exclusivo de los profesores, cuando se tolera la discriminación, se está enviando un mensaje de que ello es aceptable en los negocios.

No es que esto sea deliberado, pero ocurre. Los profesores se sienten en la obligación de enseñar su materia lo que mejor que pueden, son especialistas.  No suelen sentirse cómodos en estos otros temas que no son de su especialidad, no obstante, forman parte integral de la formación del estudiante. 

Tanto las escuelas a nivel agregado,  como los profesores a nivel individual, deben tomar en cuenta que no solo imparten conocimientos, sino que además son un ejemplo y que sus comportamientos y sus palabras tienen mucho impacto. Deberían tener una visión más integral de su responsabilidad como profesores.

Y añado, cuando se invitan a directivos de empresa que han ganado mucho dinero, muy rápidamente a que den charlas en la escuela, se está enviando el mensaje de que ello es lo que se espera.  Cuando no se invita a jefes de empresa a que hablen de conflictos éticos, de cómo los resuelven en sus empresas, se está enviando el mensaje de que ello es secundario.

Quizás si lo vieran más cono una educación formativa que profesional mejoraría la visión del conjunto.  Claro está que en esto hay diferencia entre las escuelas que reciben a estudiantes sin experiencia de aquellos que enseñan a veteranos del negocio, pero el mensaje de arriba sique siendo válido.

En resumen, la educación en las escuelas de negocios es mucho más que la transmisión de conocimientos técnicos, sobre materias específicas, dictado por un conjunto de profesores expertos en esas materias. 


miércoles, 27 de julio de 2011

Sin incentivos no hay paraíso: Quinta Parte

En los cuatro artículos anteriores he insistido mucho en la importancia de los incentivos para poder estimular las prácticas responsables (www.cumpetere.blogspot.com ). 

Acabo de leer un breve artículo en los blogs del Harvard Business Review,  The Business of Values, por David Rock (blogs.hbr.org/cs/2011/06/the_business_of_values.html)   resumiendo los resultados de una discusión sobre cómo manejar el tema de los valores en la enseñanza en las escuelas de negocios (no se los resumo y así lo leen).

Pero para mí, lo mejor del artículo es el comentario que escribe “Motmaitre” y algunos comentarios a ese comentario, al final del artículo.  El comentarista, con muchos años de experiencia en la gestión de empresas y un MBA de una de las mejores tres escuelas de Estados Unidos (supongo que es Harvard aunque no lo dice), repasa su experiencia en un comentario que me parece sumamente realista.  De una manera muy simple y directa pone sobre el tapete todas las tensiones que conlleva mantener los valores éticos y morales personales dentro del entorno de negocios y la importancia de los incentivos, valores y cultura de la organización. 

Como yo no puedo agregar nada, solo puedo recomendarles que lo lean con detenimiento. 

Especialmente dedicado a los que promueven el “DEBERIA SER”  sin tener en cuenta primero la realidad sobre la cual se debe trabajar en el día a día de la empresa.

No tiene desperdicio.

domingo, 24 de julio de 2011

No, no es semántica, es en serio.



Con la venia de los que están cansados de la discusión semántica, escribo este breve artículo con la esperanza de clarificar la relación entre los diferentes conceptos/nombres en la responsabilidad empresarial.  Los que estén cansados de la discusión tienen la opción de no seguir leyendo.  Los que sigan leyendo, leer poco a poco.

La Responsabilidad Social de la Empresa es la parte de la gestión de la empresa que comprende el conjunto de prácticas responsables, adaptadas al contexto empresarial y económico, que respaldan el logro de la Sostenibilidad financiera, social y ambiental de la empresa, para cuya evaluación se usan Criterios ASG (ambientales, sociales y de gobierno corporativo, ESG en inglés)[1].   

La implementación de la RSE, junto con el resto de la gestión de la empresa, puede crear valor para todos los stakeholders, en diferentes proporciones para cada grupo y en diferentes momentos en el tiempo.  Con las prácticas responsables, por definición, sólo se crea valor para todos.  Las proporciones, o sea el grado en que la empresa comparte el valor y con quién lo hace, es determinado por su gestión (su estrategia y su implementación).   La mayoría de las empresas dan prioridad a la creación de valor para los accionistas/dueños.  Pero hay sinergias (2+2=5) y la creación de valor para otros stakeholders puede agregar más valor para los accionistas/dueños,  que es lo que las empresas visionarias tratan de captar. 

RSE son acciones llevadas a cabo por las empresas para asumir su responsabilidad ante la sociedad, Sostenibilidad es el resultado global de las acciones a nivel de empresa o planeta y ASG son los criterios que se usan los inversionistas para evaluar estas acciones.   La creación o destrucción de valor es el resultado parcial de la gestión de la empresa.  El grado en que este valor se comparte entre los diferentes stakeholders está determinado por esa gestión, lo que a su vez es determinado por las prácticas responsables, o sea, la Responsabilidad Social de la Empresa.
 
 

Quod erat demonstrandum
Felix feriae


[1] Este último término, de uso frecuente entre los analistas financieros, añade la “G” a lo que tradicionalmente se consideraba sólo AS, para asegurarse que se consideran aspectos relacionados al Gobierno Corporativo, (que es la parte de la RSE que se preocupa de un grupo de los stakeholders: los aportantes de recursos financieros).  Obvio, es su responsabilidad (a veces es de lo único que se preocupan).


domingo, 17 de julio de 2011

Calificaciones (ratings) de sostenibilidad: Hacia una mayor transparencia

En semanas recientes han ocurrido un par de eventos que pueden tener un gran impacto sobre las calificaciones (ratings, en inglés) de responsabilidad, sostenibilidad o ASG de las empresas (Environmental, Social and Governance, ESG, en inglés, término usado en los entornos de inversiones bursátiles).  El primero es el anuncio de una iniciativa para armonizar las calificaciones o ratings y el otro es la conclusión de un extenso estudio sobre las instituciones calificadoras y sus metodologías.  En este artículo analizamos la importancia de estos dos eventos (usaré la palabra calificación, en español, en lugar de ratings, en inglés). Pido al lector paciencia, ya que el artículo es largo.

Antes de entrar en el análisis es conveniente hacer algunas aclaraciones para ponerlo en contexto.  Algunos usan el término de calificaciones como sinónimo de índices y no lo son.  Las calificaciones suelen referirse a la asignación de una calificación a la calidad de las prácticas responsables de una empresa.  En virtud de la multitud de posibles prácticas, se suelen seleccionar las que la calificadora considere más relevantes (laborales, ambientales, de gobernanza, derechos humanos, comunidad, etc..) y asignarles algún tipo de valoración o puntuación, para luego hacer una agregación para obtener la calificación global.  Esta agregación puede ser a través de un promedio ponderado, donde los pesos pueden ser determinados estadísticamente, o bien subjetivamente.  También puede ser un  promedio simple cuando no se quiere entrar a opinar sobre  importancia relativa de las diferentes prácticas.  Este último caso es el más común.

Estas calificaciones de cada empresa suelen usarse para seleccionar empresa para su inclusión en  índices de los precios de las acciones de las empresas seleccionadas.  Los índices pueden usar diferentes métodos para la ponderación de los precios (valor de mercado, promedio simple, o cualquier otro).  El proceso de selección de empresas para inclusión en el índice puede basarse en la selección de las mejores en general (FTSE4Good), de las mejores de cada sector (Dow Jones Sustainability Index) o en cualquier otro método (BF&MBovespa ISE).  En general, estos índices son construidos para ser usados como comparadores (benchmarks) del rendimiento bursátil del conjunto de empresas responsables, con el rendimiento de las carteras de los inversionistas responsables.  También pueden usarse para construir una cartera o un fondo de inversiones responsables. 

Cuando se usan con estos fines, los índices tratan de incluir empresas de tal manera que tengan representatividad (ya sea del universo de acciones cotizadas en un país, en el mundo, en sectores o aún por práctica responsable, como por ejemplo cambio climático)[1].  Obviamente que las calificaciones individuales también pueden usarse para construir un índice a la medida o bien solamente para determinar que empresas son consideradas dignas de pertenecer a los índices reputados.

La calificación de sostenibilidad se refiere a un agregado de la valoración de las prácticas responsables de una empresa (pero esto no debe llamarse índice de calificación).  Los índices son agregados de los precios de las acciones calificadas como dignas de entrar en el índice.  En este artículo solo nos referiremos las calificaciones individuales.

Y aquí vale un ejemplo para diferenciar las calificaciones de los índices de sostenibilidad y para mostrar su valor, independientemente de los índices.  Cuando el problema del derrame de crudo por BP en el Golfo de México se criticó a los índices por tener a la empresa entre sus componentes.  Los índices, como mencionamos en el capítulo citado en la anterior nota al pié, tienen criterios propios y no suelen divulgar las calificaciones individuales.  Las calificadoras sí lo hacen y muchas de ellas por ejemplo MSCI y KLD), ya habían calificado mal a la empresa.[2]  

El caso es muy diferente a las calificadoras de crédito, famosas por no calificar bien los productos estructurados antes de la crisis y por contribuir a la crisis ahora en Europa.  Aun cuando hay muchas calificadoras de riesgo, hay solo tres reconocidas, las que son aprobadas por la Comisión de Valores y Bolsas en EE.UU., Moody´s Standard and Poor y Fitch. Califican el riesgo de la deuda de gobiernos, instrumentos financieros,  empresas y proyectos.  La principal diferencia estriba en que las calificadoras de riesgo pretenden responder una pregunta muy concreta “¿Cuál es la probabilidad (ex ante) de que no se pague la deuda?”.  Las calificaciones son el resultado de un análisis cuantitativo, prospectivo, de las variables financieras del ente y de las condiciones económicas del entorno. Aun cuando uno puede discrepar con sus calificaciones, se ha demostrado que hay una estrecha correlación entre estas calificaciones (en ante) y la frecuencia (ex post) de no pago.  Las calificaciones de sostenibilidad están basadas en información del pasado sobre las prácticas responsables, aunque pueden contener información sobre las políticas, estrategias y arreglos institucionales para la implementación de las prácticas.  Su valoración y agregación tiene elevados componentes de subjetividad.  En ambos casos, las metodologías son de desarrollo propio y suelen ser confidenciales.

Los dos eventos que mencionamos al principio tratan de corregir algunos de estos problemas y de mejorar el proceso de calificación de sostenibilidad y su transparencia.

El primero de los dos eventos fue el anuncio de la creación de la Global Initiative for Sustainability Ratings (GISR) por parte de dos instituciones sin fines de lucro, Tellus Institute and Ceres   (9 de junio en Washington).  El propósito del GISR, es “crear y promover la amplia adopción de un único estándar para el  rating de la sostenibilidad de las empresas.”  GISR operará bajo un esquema independiente, sin fines de lucro, lo cual le dará más credibilidad, a diferencia de las calificadoras de riesgo, que son comerciales y muchas veces con conflicto de intereses con los calificados.

El parecido del nombre con el Global Reporting Initiative, GRI,  no es coincidencia.  Los promotores son los mismos que crearon el GRI  y obviamente tienen objetivos semejantes, la armonización y transparencia de la información sobre sostenibilidad.  Allen White, que es Vicepresidente de Tellus, fue el fundador del GRI y su  Director por los primeros tres años.  Ceres fue el creador del GRI, al independizar lo que había comenzado como una de sus divisiones.  Con el GRI trataron de instaurar un sistema de reporte con indicadores más o menos estándar y con el GISR tratan de estandarizar el sistema de calificación, identificando los indicadores y proponiendo esquemas de valoración y agregación.

Como el GRI, la idea es muy buena y digna de apoyo.  El GRI se ha convertido en un estándar ampliamente reconocido y ha mejorado la comparabilidad de la información, aunque solo sea para un conjunto de empresas.  Donde ha fallado es en fomentar el uso de la información y de las comparaciones entre empresas.  El reportar de acuerdo la GRI se ha convertido en un fin, no en medio como debería ser. Es muy posible que el GISR no logre la estandarización de las calificaciones, pero, igual que el GRI, hará una importante contribución a la claridad en las calificaciones.

Es oportuno recordar que existen muchos esquemas de calificación y es poco probable que éste los desplace.  Es muy posible que se llegue a convertir en una referencia para muchos propósitos, pero todavía faltan por definir muchos detalles antes de poder determinar su posición en el mercado.  Por ejemplo, cómo evitar conflictos de intereses (entre consultoría y calificación),  quién pagará por los ratings, confidencialidad de la información parcial sobre prácticas responsables, la importancia relativa de los diferentes componentes, entre otros.

De hecho cabe preguntarse si con las diferentes prioridades que cada usuario le otorga a las prácticas responsables,  la subjetividad de la información y la importancia estratégica diferente para cada empresa, es posible estandarizar una calificación.  ¿Qué pregunta tratarán de responder los ratings de sostenibilidad?  Creo que hay muchas preguntas diferentes y de allí que habrá muchas maneras de calificar.  Quizás lo mejor que se puede esperar es que la iniciativa otorgue más claridad a lo que debería ser parte de una calificación, los criterios para calificar los componentes  y los criterios para su agregación en una calificación.  Dentro de este esquema general, alguien deberá hacer la calificación.  No creo que sea el mimo GISR.  Es poco probable que se pueda acordar una calificación que sea universalmente reconocida.  

Debemos recordar que ya  hay muchas empresas que se ganan la vida calificando empresas y es muy poco probable que se retiren del mercado,  siempre habrá espacio para una más.  Algunas convendrán en usar el esquema GISR y otras usarán su esquema propio.

El otro evento que ilustra muy bien esta problemática es el ejercicio de Rate de Raters (Calificar a las calificadoras), llevado a cabo por SustainAbility, con el que pretendía evaluar las metodologías de las calificadoras.  El ejercicio, que comenzó a principios del 2010, ha entrado en su fase final, después de cuatro etapas sonde se estableció la metodología de análisis de las calificadoras y se hizo un inventario de ellas que arrojó un total de 108 en el mundo (supongo que incluyó las más conocidas y con sesgo anglo-sajón).  En la tercera etapa se analizó la metodología de 21 calificadoras, que aceptaron participar..  En la cuarta etapa, que concluyó a principios de julio, se hacen sugerencias y predicciones sobre el futuro de la industria de las calificadoras de sostenibilidad.  También lanzan un reto a las calificadoras que no fueron parte del ejercicio:  responder 35 preguntas, entre ellas que divulguen sus metodologías, antes de enero del 2012.  Obviamente que esto sería sumamente útil para la Iniciativa GISR y para poder separar la paja del trigo, estimular la consolidación y la compatibilidad.

Soy relativamente pesimista en cuanto al reto.  Los que tienen metodologías relativamente pobres no querrán exponerse a divulgarlas y los que las tienen sólidas y confiables  no querrán revelar información valiosa que les da ventaja competitiva.  Ojalá me equivoque.

Si estos dos proyectos tienen éxito se habrá recorrido una gran parte del camino para mejorar la confiabilidad de las calificaciones y por ende la confianza del público en la información y en las prácticas responsables de las empresas.


[1] Para  mayores detalles sobre los índices de sostenibilidad, ver el capítulo V.11 ¿Para qué sirven los índices de sostenibilidad? en mi libro Mirada Crítica a la Responsabilidad Social de la empresa en Iberoamérica, disponible en www.cumpetere.com).