Desde hace varios años espero para cambiar mi coche por uno eléctrico para ahorrar emisiones. Hasta había pensado financiarlo emitiendo un bono verde altamente innovador, el primero en ser emitido no por país, no por sector, sino por una persona, en un vecindario y para financiar un coche (para detalles de la emisión ver (El bono ligado a la sostenibilidad más innovador del mundo: El mío)) [i]. A mi avanzada edad, muy posiblemente sería el ultimo coche que compraría en mi vida y por ello quería despedirme con uno eléctrico.
Y quería contribuir a la sostenibilidad del planeta, con hechos, más allá de mis (inciertas) contribuciones, vía las palabras en mis artículos y libros.
Pero después de
tanto esperar a que saliera el coche ideal me he rendido. En EE. UU., a diferencia de Europa, la
oferta es muy pobre. Nunca compraría un Tesla, que, si bien es una empresa relativamente
sostenible, su mayor accionista y CEO es un gran irresponsable. Quería comprar
uno europeo para así contribuir a la competitividad de Europa frente a EE. UU.,
que tanto lo necesita, y hacerle caso al informe Draghi. Los modelos de los coches eléctricos de BMW,
mis coches anteriores y el actual, son feísimos, Audi ha resultado poco
confiable y Mercedes Benz me parece muy esnob, de nuevo rico.
Así que, lamentablemente,
capitulé y me compré un coche a gasolina, un BMW X2. Confieso que he pecado.
Pero es venial. Ahorraré emisiones ya que es mucho mas
eficiente que mi coche actual, fabricado hace 13 años. Pero no me darán créditos
por reducciones de emisiones que pudiera vender en los mercado de carbono,
como si pueden hacer la empresas. Así que no recibiré subsidios, como si
los reciben las empresas.
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