domingo, 17 de marzo de 2019

¿Contribuyen las empresas a los ODS o los ODS a la delusión por las empresas?



A finales del 2018 se publicaron los resultados de una investigación sobre el reporte de la contribución de 246 empresas al logro de los ODS, Corporate Reporting on the SDGs: Mapping a Sustainable Future. Estos resultados ofrecen una buena oportunidad para analizar la brecha entre reporte e impacto.


Entre los muchos hallazgos, los relevantes para nuestro análisis son estos dos:

  • ·       Las empresas muestran un alto nivel de conciencia sobre los ODS, con un 63% mencionándolos en sus reportes, de los cuales el 39% relacionan sus actividades a objetivos específicos. 
  • A pesar de la elevada conciencia, solo el 19% de las empresas que menciona los ODS presentan objetivos numéricos para contribuir a los objetivos, indicando que para muchas es muy difícil traducir las buenas intenciones en acción.

  
Es fácil mencionar los ODS en los reportes, son tan generales que no es difícil encontrar alguna de las actividades de la empresa que tenga algo que ver con las 169 metas.  Y tampoco es difícil encontrar algunos números que imputar a esas metas, como veremos en el ejemplo que analizaremos. Lo meritorio es demostrar que han encarado nuevas actividades para mejor su contribución.


Hemos escrito extensivamente sobre la contribución de las empresas a los ODS en más de diez artículos [1] y en uno en particular, De cómo los Objetivos de Desarrollo Sostenible pueden contribuir al greenwashing, analizábamos la presión que sienten las empresa para mostrar acción que las está llevando a (ab)usar los ODS para promoverse. Decíamos:


“Esta explosión de promoción y lo que mueve a las empresas e instituciones las deberían llevar a la acción legítima, a acciones específicamente dirigidas al logro de los ODS, incrementales, que no se hacían antes.  Pero también se corre el riesgo que ante la presión del entorno las empresas busquen y rebusquen actividades que ya vienen ejecutando o que de todas maneras iban a ejecutar que pueden ser imputadas como si hubieran sido diseñadas para contribuir al logro de los ODS.  Y como decíamos, no debe ser difícil ya que los ODS cubren todo el espectro posible de actividades empresariales y muchísimo más que está fuera de su ámbito de actuación.”


El reporte presenta algunos casos de buenas prácticas, entre el que destaca como uno de los mejores el caso de Telefónica. Aprovecharemos que es un caso de interés para los lectores de habla hispánica para analizar la brecha entre la retórica y el impacto y retamos al lector a sacar sus propias conclusiones (¡que posiblemente habré influenciado con mis comentarios!).

La investigación dice sobre el reporte de Telefónica:


El proveedor de telecomunicaciones de España, Telefónica, reconoce cuan profundamente interrelacionados están los ODS con sus metas. Aun cuando al final seleccionan el ODS 9 (Industria, Innovación Infraestructura) como su principal prioridad, la empresa identifica once ODS secundarios y terciarios que cree puede impactar y que afectan sus actividades. El resultado final es una red de ODS que ilustra los diferentes niveles de prioridad y demuestra un buen entendimiento.


Esta red de ODS está representada en el gráfico siguiente, presentado en su Informe integrado 2017 (el lector puede ver con más claridad estos gráficos en el informe).





De este gráfico se comienza a intuir que Telefónica impacta todos los ODS.  Pero de verdad impacta o es solamente que puede decir que sus actividades tienen algo que ver con los ODS, que tienen 169 metas que cubren todas las acciones posibles de gobiernos, empresas y sociedad civil, no dejan nada fuera. Pero la clave es impacto no delusión.


El informe contiene un anexo en el que explican en detalle las contribuciones de la empresa al logro de los ODS.   Es lo que investigación citada alaba porque presenta indicadores cuantitativos. 






En efecto, el anexo tiene números.  Para no alargar la discusión, sugerimos al lector que vea cualesquiera de las “contribuciones” y haga su propio análisis.  Por ejemplo, su contribución al ODS 9, su prioridad, para la meta 9.1 dicen:

·       Inversión Grupo Telefónica: 9.690 millones de euros
·       Penetración de banda ancha fija, 58%
·       Penetración smartphones, 63%


En la meta 5.5 dicen:

·       Mujeres en Consejo Administración, 17,6%
·       Mujeres dirección, 21,5%
·       Mujeres plantilla, 37,7%


¿Es esto contribución al logro de los ODS o es un reporte de que lo hacían, hacen y harán?  ¿No es esto la actividad normal del negocio?


Contribución al logro de los ODS sería que, como consecuencia de ellos, por ejemplo, han implementado acciones tendentes a aumentar la participación de la mujer en el Consejo y en la Dirección y que en el año lograron XX e YY progresos. Que tienen un porcentaje determinado no es “contribución” sobre todo si es bajo,


En el artículo ¿Legitimidad o greenwashing en la contribución de las empresas a los ODS?: Criterios para discernir, postulábamos cinco criterios para discernir entre la legitimidad y la probabilidad de greenwashing en las contribuciones a los ODS.  Deben ser MICIS: Materiales, Incrementales, Contextuales, Impactantes y Sostenibles:


  • ·        Materiales. Las contribuciones deben ser materiales, es decir deben significativas, no pueden ser trivialidades o nimiedades que simplemente tienen algo que ver con alguna de las 169 metas.  
  • ·        IncrementalesLas contribuciones deben ser en adición a lo que se venía haciendo tradicionalmente.  No se trata de imputar lo que se ha venido haciendo.
  • ·        Contextuales. Las contribuciones deben ser relacionadas con la actividad de la empresa, con el contexto en que opera.
  • ·        ImpactantesLa contribución debe tener impacto, medible o no.
  •      Sostenibles.  Y por último la contribución debe ser sostenible en el tiempo.  No se trata de hacer una contribución ocasional.



El lector puede analizar si lo que reporta Telefónica en el gráfico de arriba cumple con estos criterios, en particular si son actividades incrementales e impactantes.


Es posible que mis expectativas de lo que quiere decir “contribuir al logro de los ODS” sean exageradas, que basta con que sus actividades normales tengan algo que ver. Pero esto sería operar como si los ODS no se hubieran lanzado y lo único que logran es que las empresas correlacionen sus actividades con las 169 metas.


¿Hacen algo diferente, nuevo, específico para contribuir al logro de los ODS o es “business as usual” pero cambian el reporte ante las presiones de mostrar acción? [2] ¿Cómo han cambiado sus estrategias?


Este análisis no debe interpretarse como que las empresas no hacen contribuciones legítimas, hay muchas que lo hacen.  Es solo para ilustrar los usos y abusos que las empresas pueden hacer de los ODS para parecer sin ser.  





sábado, 2 de marzo de 2019

Compatibilidad entre directrices, incentivos, cultura y ética para la responsabilidad


El sindicato de trabajadores de un banco denuncia contradicciones entre las instrucciones de los directivos y las expectativas sobre el comportamiento de los empleados.[i]

En el sitio del sindicato de los trabajadores de CaixaBank se han publicado dos artículos sui generis sobre la ética en las operaciones de la institución, Mentiras arriesgadas: el activo y los productos vinculados a clientes y Stop auditorias por financiación de seguros de accidente plurianuales [ii] donde un representante del sindicato denuncia el conflicto entre las directrices y el entrenamiento que se les dan a los empleados en cuanto a su comportamiento en la promoción y venta de los productos financieros y los mensajes que reciben de los dirigentes.   

…leemos qué cosas debemos hacer (según el curso) y vemos qué cosas nos obligan a hacer diariamente en las oficinas……existen algunos DC que dan claras instrucciones de que no se apruebe ninguna operación de activo si no lleva asociada la contratación de un seguro.

Empiecen a aplicar sus propios principios y sean coherentes con sus palabras y sus enseñanzas. Hagan saber en las DT que no se puede confundir las necesidades de los clientes con las necesidades y ansias de los Directores de Área de Negocio por ser los primeros en el ranking.

No teníamos bastante con la presión comercial, millones de campañas, las órdenes de algunos jefes para que hagamos trampas e irregularidades en la comercialización de los productos para cumplir con las dichosas campañas, que ahora nos llegan, caiditos del cielo, expedientes de auditoría que hacen referencia a la financiación de los Seguros de Accidente Plurianuales.

Amedrentar a la plantilla mediante sanciones laborales, además de ser de dudosa ética, es ineficaz si sus fieles mandos intermedios continúan amenazando y presionando con la consecución, de cualquier forma, de retos inalcanzables sin que importen los medios para conseguirlos.


Advertencia previa

Es oportuno advertir que el objetivo del artículo no es denunciar culpabilidad de los dirigentes de CaixaBank, ni respaldar lo que alega esta representa del sindicato.  No tenemos acceso a información como para saber si lo que dice el sindicado es cierto, si en efecto existen políticas escritas sobre la venta de productos financieros asociados a operaciones activas o si los dirigentes presionan a los empleados y los evalúan en consecuencia, contradiciendo las políticas y los materiales de entrenamiento.  Tampoco conocemos la magnitud, extensión, ni el impacto de este problema en particular o si más bien es un hecho aislado.

El objetivo del artículo es aprovechar esta denuncia para ilustrar lo que es en realidad algo común, pero sobre lo que se escribe poco, cual es la contradicción ente las directices, los incentivos, la cultura prevaleciente en las instituciones, especialmente las financieras y la ética personal.  El artículo pretende llamar la atención sobre este problema.


¿Basta con reglas para el comportamiento ético? Condición necesaria por no suficiente

Obviemante no, los artículos citados son un claro ejemplo de ello.  Las reglas (políticas, procedimientos, códigos, cursos, etc.) se suelen vender como si representaren la realidad cuando solo representan aspiraciones que, como vemos muchas veces, están en contradicción con la ejecución en la práctica.  Y esto es muy ilustrativo de los resultados de las calificaciones de responsabilidad de las empresas elaboradas por instituciones especializadas, donde lo que se evalúa son la existencia de esas políticas, procedimientos, códigos, etc. y no su implementación en la práctica.  Lo primero se suele basar en el análisis de la información que suministra la empresa y lo segundo requeriría de auditorías de la efectividad de su implementación.  Las calificadoras solo analizan lo primero y las encuestas entre el público sobre la responsabilidad de las empresas solo toman en cuenta la percepción, ni siquiera la existencia de las reglas. Lo mismo sucede con las aseguraciones emitidas sobre los informes de sostenibilidad.  Y estas diferencias entre la teoría (lo que dicen) y la práctica (lo que hacen) es lo que lleva a muchos a calificar la RSE como un lavado de cara.

El caso mencionado arriba parece diseñado para cubrirse las espaldas: hay directrices escritas (positivo) sobre el comportamiento responsable que se pueden comprobar en auditorias, pero no se puede comprobar que las instrucciones verbales (negativo) contradicen esas directrices y las enseñanzas en los cursos o el sesgo que se introduce en las evaluaciones de los subordinados que han cumplido las instrucciones escritas pero no las verbales (en este caso de presionar la venta de productos financieros innecesarios (seguros) para el cliente para obtener el producto deseado (préstamo). [iii]

Un curso no es garantía de que se ha aprendido y mucho menos de que se implementará lo enseñado. ¿Se hace seguimiento a los cursos? ¿se implementan las enseñanzas o se ignoran?  Un código de ética no es garantía del comportamiento ético.  ¿se analizan las violaciones del código de ética? ¿se penalizan? ¿se reportan?

La brecha entre la teoría y la práctica la explican los incentivos, la cultura empresarial y la ética personal, que comentamos más adelante.


CaixaBank es una institución calificada como responsable ¿Basta?

CaixaBank está calificada como una de las instituciones financieras más responsables del mundo.  pertenece al Dow Jones Sustainability Index versión Mundial y versión Europa, al índice FTSE4Good Global, Europa e IBEX, al Ethibel Excellence Investment Registers Mundial y Europa, al Eurozone 120 Index, al MCI Global Sustainability Index, al STOXX® Global ESG Leaders indices, está en la Climate A List, del Climate Disclosure Project, y está calificada como Empresa Prime por IES-oekom.  Es muy posible que no exista otra institución financiera con estas calificaciones.

Pero ¿han evaluado todos estos evaluadores la responsabilidad de los productos que vende CaixaBank y como los vende o solo han evaluado lo que les dice CaixaBank que hace? ¿Basta?

En lo referente a la responsabilidad del producto el Código Ético y Principios de Actuación de CaixaBank, establece algunos criterios:

  • ·       ….ofrecer un trato excelente con los productos y servicios más adecuados para cada cliente.
  • ·       …. una oferta de productos adecuada y completa y una excelente calidad de servicio, con el compromiso de aportar valor a clientes, ….
  • ·       Los servicios y productos que CaixaBank ofrece a sus clientes…. Debe procederse a su comercialización según las normas y condiciones establecidas…. (énfasis añadido).


Esto es un buen ejemplo de la dificultad en regular el comportamiento.  “Más adecuados” ¿de acuerdo a quién?, “aportar valor” ¿de acuerdo a quién?, “normas y condiciones establecidas” ¿son implementadas? ¿son del conocimiento del cliente? ¿Basta?

En el Informe corporativo integrado para el 2017, se menciona que se han impartido 227 talleres de educación financiera para colectivos vulnerables, con más de 3.250 asistentes.  ¿Se les enseña a solo aceptar los productos que necesitan? No podemos conocer el impacto que la participación en estos cursos pueda haber tenido sobre las prácticas irresponsables que denuncia el sindicato.

Isidre Fainé, presidente de Criteria Caixa (holding de las acciones que la Fundación Bancaria “la Caixa”, posee en CaixaBank) ganó el premio, como dirigente líder en responsabilidad, Grandes Empresas y Entidades Sistémicas en España; sus Líderes y la RSE. [iv]  Está siendo investigado por la Audiencia Nacional por una serie de operaciones complejas realizadas para que CaixaBank tomase el control del banco luso BPI. No pretendemos alegar culpabilidad, solo reportamos el hecho por parecer relevante a la discusión.

Además, CaixaBank patrocina la Catedra de Responsabilidad social de la empresa en el IESE.


Principios de Banca Responsable

El 26 de noviembre en París, se lanzó el borrador de los Principios de Banca Responsable, impulsado por la UNEP FI cuya firma se espera en septiembre de 2019 en la sede de la ONU. Estos principios están mayormente orientados hacia la contribución de las instituciones financieras para el desarrollo sostenible, en particular para su contribución al logro de los ODS, como es de esperar en iniciativas en el ámbito de las Naciones Unidas.  Pero tienen un Principio sobre Clientes (número 3) que es parcialemente relevante para la discusión de este artículo.  El objetivo del Principio es estimular prácticas responsables en la utilización de los recursos y las sugerencias de implementación se concentran en la utilización de los recursos en actividades sostenibles y responsables y de pasada sugieren la expansión de la bancarización a través de la incorporación de clientes con menores capacidades financieras y de conocimiento y sugieren programas de alfabetización financiera.

En vista de la discusión precedente, esto parece una vez más insuficiente. Los Principios no mencionan la responsabilidad en la venta de productos financieros responsables.  Es algo así como vender cigarrillos y no advertir de los daños que pueden causar, de venderle un revolver a un desequilibrado mental, o más concretamente para el caso de este artículo, de vender un coche con la obligación de comprar además una moto por si el coche se avería.   

Cuando escribía este artículo llegó a mi conocimiento uno publicado el 17 de enero del 2019 por José Antonio Lavado, en AgoraRSC, Los Principios de Banca Responsable ¿Cómo “bajarlos” al día a día?, que, como su nombre indica, se preocupa de la implementación de los Principios, más allá del contenido del borrador.  Comentando aquel Principio, dice algo particularmente relevante para nuestra discusión, que no está en el texto de los Principios:

“…..se requiere realizar un esfuerzo especial con el equipo comercial y de atención al cliente …… aplicación en las relaciones que el área comercial establece con los clientes de forma cotidiana. Para ello, puede resultar aconsejable la creación de “espacios de reflexión ética” o “espacios de reflexión para la responsabilidad” donde las personas del área comercial puedan ir compartiendo y resolviendo los problemas éticos que se les plantean utilizando métodos de deliberación en sus respectivos equipos para ir aprendiendo a integrar la ética y la responsabilidad en la toma de decisiones.”

Que, en vista de la discusión precedente, diríamos que debe incluir no solo al equipo en contacto directo con el cliente, sino a los dirigentes que son responsables de la implementación de la política comercial y de los Principios, aquellos que dan mensajes confusos en cuanto a las prioridades.

De lo contrario, estos Principios se convertirán en otro Código de Ética, un documento aspiracional muy bonito pero inefectivo, porque los incentivos y la cultura pueden seguir en conflicto con las disposiciones escritas y afectar negativamente su implementación.

¿Quién es responsable en una institución financiera de que los productos sean responsables, sean vendidos de forma responsable y utilizados de forma responsable?


Incentivos, cultura empresarial y ética personal

De la discusión precedente debe haber quedado claro que el comportamiento es de muy difícil regulación, no se pueden especificar todas las posibilidades, todos los detalles, sin que sean inmanejables (“hecha la ley, hecha la trampa”).  Se debe recurrir a principios, guías, lineamientos, etc.  de carácter general.  Entonces la implementación depende de los incentivos, explícitos e implícitos, que enfrentan las personas, el entorno es que se desenvuelven las actividades, lo que llamamos la cultura empresarial” y de la ética personal. 

Toda organización tiene incentivos implícitos y explícitos para guiar el comportamiento.  Y aquí no nos referimos solamente a estímulos monetarios explícitos, tipo promociones, bonificaciones o aumentos salariales en respuesta a ciertos comportamientos.  Por incentivos, positivos (estímulos) y negativos (penalizaciones), entendemos todo lo que guía el comportamiento, que puede incluir cosas tan sencillas como la demostración de aprecio por el trabajo, reconocimientos por parte de los líderes, asignación de tareas especiales, etc.  Varios estudios han encontrado que los incentivos financieros pueden ser perversos (se hará el bien solo si pagan por ello) y que los no monetarios pueden ser más efectivos (dirigidos a la persona como ser humano). [v] De cualquier manera, las personas reaccionan a los incentivos.

Y todo esto se desenvuelve en una cultura empresarial, más o menos definida, pero que existe en todas las organizaciones. Una definición muy aceptada es que “la cultura organizacional es el sistema de supuestos compartidos, valores, creencias, que gobiernan el comportamiento de las personas en las organizaciones”.  En general las instituciones financieras, por la naturaleza del mismo negocio al que se dedican suelen tener una cultura que prioriza los resultados financieros y la competencia entre agentes, muchas veces comprometiendo otros objetivos, en particular los del comportamiento responsable, cuando hay conflicto.  No es que todo vale, que el fin justifica los medios, pero las prioridades son los resultados y como dice uno de los artículos del sindicato “…. los mandos intermedios continúan amenazando y presionando con la consecución, de cualquier forma, de retos inalcanzables sin que importen los medios para conseguirlos…”.   

Estas instituciones suelen tener incentivos financieros sobre el logro de resultados financieros y el personal suele ser uno que reacciona mucho más a incentivos monetarios que a los no monetarios.  Esta cultura es poco conducente al comportamiento responsable ante la sociedad. Como contraste podemos mencionar que las organizaciones de la sociedad civil suelen tener una cultura que prioriza la empatía, el trabajo en equipo, el hacer el bien.  Para no alargar el artículo remitimos al lector a la serie de artículos donde hemos analizado esto en más detalle. [vi]

La ética personal es el fundamento del comportamiento, que puede sobreponerse a los incentivos que enfrenta y a la cultura de la organización.  Debería ser condición suficiente, pero la presión que estos dos elementos ejercen puede comprometerla, especialmente en casos en que ese empleo es crítico para la persona.  No es fácil mantenerla ante incentivos perversos o en culturas no conducentes, cuando se corre el riesgo del despido o de la democión.  Es fundamental para el comportamiento responsable, pero si es débil será arrasada por el entorno.


Otro ejemplo

Para ilustrar esto, consideraremos un ejemplo en la misma línea de la denuncia del sindicato de CaixaBank, el caso de algunos bancos de desarrollo. Su objetivo es promover la contribución al desarrollo económico y social de países menos desarrollados.  Para ello la clave son la ejecución sistemática de proyectos que tienen impacto, generalmente a lo largo de muchos años, y así está contemplado en las políticas y procedimientos de esas instituciones.  Sin embargo, los incentivos implícitos que enfrentan los oficiales son el volumen de aprobaciones de proyectos en el corto plazo, no la efectividad de su ejecución del proyecto, no el impacto que puedan tener. Se evalúa ex ante la calidad e impacto de los proyectos, parece que se le da importancia, pero lo que se enfatiza en las publicaciones y lo que se comenta en las reuniones es la cantidad. Entre líneas el mensaje es que lo importante es el volumen de aprobaciones. Los informes al Consejo, el informe anual y otras publicaciones darán énfasis en este volumen en el presente como si ello fuera sinónimo de impacto de la ejecución futura.  Ello no quiere decir que estas instituciones son indiferentes al impacto, no lo son, lo que quiere decir es que se considera, pero al final el mensaje, no tan subliminal, que reciben los oficiales es volumen de aprobaciones.  Y con muy contadas excepciones las remuneraciones no están ligadas ni a cantidad ni a calidad, pero implícitamente se considera el volumen de aprobaciones en las evaluaciones para aumentos y promociones. La cultura no es conducente a impacto en el largo plazo, al objetivo de estas instituciones.


En resumen

Las directrices escritas (políticas, procedimientos, códigos, etc.) sobre el comportamiento responsable son útiles y necesarias para guiar la actuación de los empleados, pero son solo condición necesaria. Corren el riesgo de ser meros instrumentos aspiracionales, a menos que sean respaldados por un sistema de ética personal, de incentivos expliciticos e implícitos y operen en una cultura conducente a ese comportamiento responsable. De tal manera que es este conjunto de incentivos, cultura empresarial y ética personal el que determina el comportamiento, siendo, en la práctica, mucho más poderoso que las directrices que muchas veces acaban en teoría, abrumadas por la realidad.



[i] Gracias a Carlos Lluch (@carloslluch) por llamarme la atención al artículo y sugerirme que escribiera mi reacción.

[ii] El primer artículo fue publicado el 7 de mayo y el segundo el 22 de septiembre del 2018, por Begoña Peiró, @secbcaixabank.

[v] Ver la serie de cinco artículos Sin incentivos no hay paraíso.


  

sábado, 9 de febrero de 2019

¿Es la información no financiera no financiera?



No, el título no es un error de mecanografía.  Refleja un problema real.

Desde que comenzó a intensificarse el interés de la sociedad en general y de los inversionistas en particular, hace algunas decenas de años, sobre los impactos sociales y ambientales de las empresas, la información “extra-financiera” comenzó un lento camino hacia la relevancia.  Con esta intensificación del interés vinieron las exigencias por el acceso a mayor y mejor información sobre todas sus actividades, información que estaba demasiado condensada y en gran parte ausente de los estados financieros tradicionales.

Para darle un nombre sencillo y que fuera incluyente a toda esa información, que no se sabía, y todavía no se sabe que incluye, se adoptó el desafortunado nombre de “información no financiera”, en contraposición a la información financiera, o sea, lo que no está en los estados financieros. Supuestamente con la financiera y la no financiera se cubría todo.

Uno de los esfuerzos pioneros en tipificar esta información fueron los lineamientos del GRI, creado en el 1997 para reportar sobre aspectos ambientales de la operación de las empresas.  Desde entonces los lineamientos se han convertido en “estándares” de reporte, sobre todo tipo de aspectos, ambientales, sociales y económicos (que no financieros). Mas recientemente, se han desarrollado toda clase de esquemas de reporte y de indicadores, en particular los indicadores por sector industrial del Sustainability Standards Accounting Board, SASB, (mayormente indicadores económicos y ambientales, para accionistas en EE. UU.) [1] y esquemas que abogan por una inclusión lo mas amplia posible de esa información como lo es el marco de referencia del International Integrated Reporting Council, IIRC,  que requiere no solamente información financiera (capital financiero) sino además sobre el modelo de negocios, los riesgos y oportunidades del negocio y la discusión del impacto de las actividades sobre los otros cinco capitales (manufacturero, intelectual -que incluye marca y reputación-, humano, social y relacional -con los stakeholders externos- y el capital natural).  Pero no incluye lineamientos sobre la cuantificación monetaria del cambio en los capitales, se refiere mayormente a descripciones. [2]

Y existen un sinnúmero de propuestas de indicadores pero muchos de ellos se limitan a cuantificar la información en términos físicos (emisiones de CO2, proporción de mujeres en la alta gerencia, rotación de personal, etc.),  y en términos económicos (volumen de ventas, impuestos pagados, etc.) con el objetivo pretendido de hacerlos comparables, pero que son de difícil comparación ya que cada empresa, aun en el mismo sector industrial, opera en condiciones que le son muy específicas.  Algunos indicadores sí resultan comparables para la misma empresa a través del tiempo, siempre y cuando de hagan relativos a algún nivel de actividad.

Un esfuerzo más reciente y conocido es la Directiva de la Unión Europea (Directiva 2014/95/UE 22 de octubre de 2014) que estableció requerimientos para el reporte de información no financiera y de diversidad [3] (protección del medio ambiente, responsabilidad social y trato a los empleados, respeto a los derechos humanos, anticorrupción y soborno y diversidad en los Consejos) para las más grandes empresas (unas 6.000).  Tiene la virtud de que a través de su transposición a las legislaciones de los países el reporte se hace obligatorio. [4] Y ello conlleva la institucionalización del nombre, “información no financiera”, que ahora está en las leyes.

Se están haciendo muchos esfuerzos para cuantificar parte de esta información y de hecho es uno de los aspectos de mayor interés para las grandes empresas de consultoría en sostenibilidad.  Por ejemplo, PwC tiene Measuring and managing total impact: A new language for business decisions y Deloitte tiene el Global Impact Model.  Y hay instituciones dedicadas a promover la cuantificación, en términos monetarios, del impacto.  Una de las más activas es Natural Capital Coalition que promueve la cuantificación del costo del consumo de los recursos naturales, muchos de los cuales hoy por hoy se consideran gratuitos, lo que conlleva a decisiones sobre su consumo ilimitado. [5]

Un interesante ejemplo reciente, más integral, sobre la cuantificación de la información no financiera lo constituye la medición del cambio en el capital ambiental en el informe especial del Grupo Kering, que agrupa a 14 marcas de lujo (Gucci, Bottega Veneta, Balenciaga, Saint Laurent y otras diez) sobre un estado de “ganancias y pérdidas” ambientales (lo que podría llamarse la cuenta de resultados ambientales).  El más reciente disponible (a finales del 2018) es el correspondiente al 2017, Environmental Profit & Loss (Ep&L) 2017 Group Results. 

Pero, ¿tienen estos esfuerzos algo de malo? ¿no contribuyen a que la sociedad y los accionistas en particular tengan mejor información para la toma de sus decisiones?  Sí y Sí, pero …..

El problema está en el nombre:  NO FINANCIERA.  Ello tiene la connotación para muchos, de que la información no es sobre las “finanzas” de la empresa, sobre su rentabilidad, que es algo accesorio, secundario, de menor importancia que la información financiera.  Degrada la información “no financiera”. Salvo que sea presentada como financiera, un buen ejemplo de lo cual es el de Kering.

Pero la pregunta relevante es: ¿tiene la información no financiera impacto financiero?  Y la respuesta es SI, tiene impacto financiero, el problema es que todavía no sabemos cuándo lo tiene, como lo tiene y dónde lo tiene y todavía no sabemos cuantificarlo en la gran mayoría de los casos. ¿Es la información no financiera no financiera?  No, gran parte de la información llamada “no financiera” es financiera.  

Mal nombre que induce a su menosprecio. 

Es una pena que la tengamos que describirla con lo que no es (financiera), que en realidad si es (financiera).

Todo esto quiere decir que hay que seguir avanzando en el reconocimiento y cuantificación del impacto financiero de la información no financiera, que entonces será reconocida como financiera.



[1] Se le dio ese nombre a la institución para dar la impresión de que los indicadores de esta información eran del mismo nivel que los financieros que, son desarrollados en EE.UU. por el Financial Accounting Standards Board, FASB.

[3] Como si la “diversidad” no fuera parte de la información no financiera.  Era un problema político, había que destacarla.

[4] En España fue transpuesta a la legislación española en un Real Decreto Ley 18/2017 del 24 de noviembre, publicado en el Boletín Oficial del Estado.

[5] También vale la pena mencionar el estudio Total Impact Valuation, producido por el Conference Board (solo disponible por subscripción o compra).



domingo, 27 de enero de 2019

Bonos verdes, sociales y sostenibles. Quinta parte: Mejorando la legitimidad e impacto



I.                Introducción[1]


En las cuatro partes anteriores habíamos presentado un extenso análisis de los bonos verdes, sociales y sostenibles.  La primera, Bonos verdes, sociales y sostenibles. Primera parte: ¿Qué son y para qué sirven? incluye una amplia cobertura de los bonos verdes (medio ambiente), sociales y de sostenibilidad (social y ambiental), BVSS, generalmente agrupados bajo el nombre común de “verdes”.  Analiza qué son los bonos BVSS, las definiciones y criterios más aceptados para su calificación como tales, las actividades y proyectos financiables de acuerdo con estos criterios, las diferentes modalidades financieras de emisión de estos bonos, un análisis de la evolución reciente del mercado de estos bonos y las metodologías para la calificación y verificación de las emisiones. 

La segunda parte, Bonos verdes, sociales y sostenibles. Segunda parte: ¿Añaden valor?, presenta un análisis de algunos ejemplos de emisiones de estos bonos para poder apreciar la gran variedad de modalidades y emisores (instituciones multinacionales, gobiernos nacionales y subnacionales, instituciones financieras y empresas) y el destino de sus recursos, analiza las razones para emitir este tipo de bonos en contraste con los bonos tradicionales, discute el valor agregado que pueden tener estos bonos, elemento clave para poder determinar su legitimidad, y analiza el argumento, muy común para promover estas emisiones, de que representan un costo de financiamiento más barato. 

La tercera parte, Bonos verdes, sociales y sostenibles. Tercera parte: ¿Legitimidad o Greenwashing?, incluye una amplia discusión sobre el uso de estos bonos para parecer responsable y analiza las condiciones de legitimidad, a través de un análisis detallo de los principios que deben cumplir, la información que se presenta, las metodologías de verificación, calificación y seguimiento y las motivaciones de los emisores con el objeto de determinar el potencial de que sean usados para greenwashing. Incluye el análisis de cinco casos sospechosos y cinco que parecen legítimos.  La cuarta parte, Bonos verdes, sociales y sostenibles. Cuarta parte: Un ejemplo paradigmático, analiza con más detalle una emisión del Banco Mundial, con elementos innovativos, que deber ser un buen ejemplo de estas emisiones.

Esta quinta parte, Bonos verdes, sociales y sostenibles. Quinta parte: Mejorando la legitimidad e impacto, usa las lecciones aprendidas en los cuatro artículos anteriores para proponer una mejora en los criterios de calificación, la información a presentar, la verificación, calificación y seguimiento de la ejecución de las actividades y proyectos, con el objeto de pasar de intenciones a impacto real.


II.              Despliegue publicitario

Parece que los Bonos verdes, sociales y sostenibles, comúnmente llamados Bonos verdes, son la última moda en finanzas. Con el énfasis en la mitigación y la adaptación al cambio climático, el tema de la financiación de las actividades necesarias se ha puesto en primer plano. Uno de los principales escollos para el Acuerdo de París [2] fue el de la financiación, en particular para que los países en desarrollo puedan ponerse al día. En este entorno, los Bonos verdes se han convertido en una de las soluciones más simples para financiar proyectos que pueden contribuir a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los del Acuerdo. Casi se está convirtiendo en la panacea: Emite bonos verdes y el problema será resuelto. En este breve artículo queremos discutir la brecha potencial entre la financiación verde y los proyectos verdes, lo que puede llevar a un greenwashing, y sugerir algunas medidas para cerrar la brecha.

Los bonos verdes se emiten para financiar proyectos verdes, pero el vínculo entre la emisión y el impacto no es automático. ¿Qué tan verde es el proyecto financiado por un bono verde? ¿Los bonos verdes realmente financiarán proyectos verdes que tengan el supuesto impacto? Con la presión de aparecer avanzando en el cierre de la brecha financiera, se pueden emitir bonos que estén “coloreados” de verde o bonos que comiencen en verde y pierdan su color durante la ejecución de sus proyectos. La mayoría de los indicadores de progreso se expresan en términos de financiamiento verde disponible y no en términos del impacto de los proyectos verdes que han sido financiados. Los números relacionados con la emisión son de fácil acceso y disponibles al comienzo, pero el impacto de los proyectos financiados es muy difícil de medir y ocurre, si sucede, más adelante. Y en el largo plazo todos nos hemos olvidado de los proyectos que se financiaron.

Un muy buen caso de énfasis en los insumos en contraposición con los resultados o el impacto logrado es el Green Pledge, iniciativa propuesta en el 2018, que promueve la emisión de bonos verdes por valor de 1 billón de dólares durante el 2020. Pero la emisión es una condición necesaria pero no suficiente para lograr objetivos, como el mantener el aumento en la temperatura promedio del planeta por debajo de los 2 grados. Las finanzas no ecologizan el medio ambiente, los proyectos efectivos sí. Hay una brecha que puede ser llenada con pintura verde. Existe la tentación de etiquetar todo de verde.

Uno de los ejemplos más notorios es el de Francia que emitió bonos por valor de 7 mil millones de euros etiquetados de color verde para financiar actividades relacionadas con el logro de los objetivos del Acuerdo de París. Estas han sido y pueden ser financiados por la deuda regular del Tesoro, pero al agrupar las actividades que generalmente financia el Tesoro en las que tienen algo de verde, la deuda puede denominarse "el mayor bono verde soberano" y presumir de liderazgo. También está el tema de la adicionalidad, es decir, ¿los nuevos bonos verdes aportan financiamiento adicional que de otra manera no estaría disponible? La experiencia hasta el momento indica que la mayoría de las emisiones, como la de Francia, eran y podrían ser financiadas con instrumentos tradicionales. Por ejemplo, lo que solía ser la financiación de proyectos para la energía hidroeléctrica o las energías renovables, ahora estarán etiquetados como finanzas verdes. Y no solo la energía hidroeléctrica (verde) generada, sino también la línea de transmisión ahora será llamada verde. Pero concentrémonos en la brecha entre las finanzas verdes y los proyectos verdes.

III.           Brechas

No es que cualquier emisión pueda ser etiquetada como verde, debe cumplir con ciertos requisitos, los más utilizados son los Principios de la Asociación Internacional de Mercados de Capitales, ICMA, aunque hay muchos otros, incluidos los de países o grupos de países y, en un futuro cercano, los de la Unión Europea. Los Principios de Bonos Verdes de la ICMA, GBP, requieren que los emisores cumplan con los requisitos de cuatro Principios: 1. Uso de fondos; 2. Evaluación y Selección de Proyectos; 3. Gestión de fondos; y, 4. Informes. Bajo el Principio #1, el marco o prospecto debe indicar los tipos de Proyectos / actividades que serán financiadas; bajo el  #2 debe indicar cómo los proyectos / actividades contribuirán a la sostenibilidad y cómo serán seleccionados (metodología); bajo el #3, debe indicar cómo se asignarán y administrarán los fondos (gobernanza); y bajo el #4 debe indicar los informes que se prepararán sobre la implementación de proyectos/actividades y que sería conveniente incluir un informe (voluntario) sobre los resultados e impactos logrados (se sugieren indicadores para algunos casos).

En teoría, los Principios cubren todos los aspectos que se consideran necesarios para garantizar que los bonos verdes sean verdes, pero el problema está en su implementación y verificación del cumplimiento de los objetivos (¿prometidos?) establecidos. En la implementación hay lagunas en los cuatro Principios:

1.      Marcos de emisión o prospectos de los bonos: estos documentos establecen cómo la emisión pretende cumplir con los GBP, pero la gran mayoría de los casos incluye generalidades, el mínimo necesario para cumplir. La prioridad parece ser mantener la flexibilidad operativa, evitar tener que revelar más información de la necesaria, evitar posibles impactos reputacionales negativos y, especialmente, evitar riesgos legales. Muchos simplemente indicarán los tipos generales de proyectos o actividades que se realizarán sin especificar ningún detalle. Con muy pocas excepciones, no establecen cómo los proyectos o actividades contribuirán a la mejora del medio ambiente y la sociedad, en muchos casos solo se enumeran los tipos de proyectos y actividades.

2.      Verificación: Una institución independiente verifica el cumplimiento del marco o prospecto con los GBP, emitiendo "una segunda opinión", basada en el "aseguramiento limitado" en lugar de un "aseguramiento razonable". Esta opinión se limita a la verificación de que los cuatro principios se abordan en el documento, es decir, los documentos indican dónde se utilizarán los fondos, cómo se seleccionarán los proyectos, la gestión de la emisión y los informes ofrecidos. Pero es una evaluación de cumplimiento de contenido.


3.      Calificación: Algunos emisores obtienen una calificación del bono en relación con el cumplimiento de los GBP en algunos aspectos (transparencia, gobierno, proyectos propuestos, informes, etc.). S&P y Moody's han desarrollado metodologías. Estas calificaciones agregan un nivel de rigor al aseguramiento limitado del marco o prospecto, ya que evalúan la efectividad potencial del cumplimiento propuesto, no solo si se describen los requisitos de los GBP. Pero esto todavía es una evaluación ex ante, basada en promesas en el prospecto o marco. Aún no ha ocurrido ninguna inversión.

4.      Monitoreo: Y aquí es donde pueden ocurrir las mayores brechas. Se puede recurrir a las mismas instituciones independientes para evaluar el contenido de los informes del emisor. Estas evaluaciones limitadas evalúan si el informe de monitoreo incluye lo que el prospecto indicaba que iba a incluir (ver KPMG en Unilever). También hay evaluaciones del progreso en la implementación del problema, pero el monitoreo se limita a evaluar si se siguieron los procedimientos descritos en el marco o prospecto, no al logro de resultados y mucho menso del impacto de los proyectos.

En todas estas etapas no hay garantía de que los bonos verdes conduzcan a proyectos verdes, solo presunción.


IV.            Cerrando las brechas

La herramienta más efectiva para asegurar la alineación de las intenciones con el impacto de los proyectos o actividades es la responsabilidad social y el carácter del propio emisor. Si quisiéramos regular todas las fases para que haya garantías de efectividad e impacto, las regulaciones deberían ser tan detalladas que resultarían inflexibles, muy caras para todos y se perdería toda la flexibilidad necesaria durante la ejecución ante el entorno cambiante. Pero esto no significa que los principios y procedimientos actuales no puedan hacerse más rigurosos y seguir siendo manejables. Los Principios deben reforzarse para evitar generalidades, las verificaciones para incluir la evaluación de los impactos potenciales de los proyectos y las actividades deben ser obligatorias y no opcionales, y el monitoreo debe ir más allá de afirmar que los procesos han sido seguidos, su eficacia debe evaluarse y, lo que es más importante, debe evaluarse el impacto alcanzado. Algunas de las brechas identificadas anteriormente podrían ser reducidas:

• Incluyendo una justificación de que los fondos están aprovechando un mercado que no estaría disponible para proyectos no verdes, que no es solo un cambio en la denominación (adicionalidad). Esto puede ser especulativo, pero combinado con el aseguramiento (más abajo) daría mayor credibilidad al mercado de finanzas verdes.
• Incluyendo criterios detallados para la selección de proyectos/actividades basados ​​en los impactos esperados, no solo en su vaga caracterización de "verde", como se hace actualmente en la mayoría de los casos.
• Incluyendo una descripción de los impactos esperados de las actividades/proyectos en base a los indicadores acordados (por ejemplo, los de SASB). Por ejemplo, si es eficiencia energética, ¿cuáles son los objetivos cuantitativos?
• Requiriendo una calificación de la emisión o una segunda opinión de “aseguramiento razonable”, que incluya una evaluación del cumplimiento de los procesos propuestos con los criterios de selección detallados y una evaluación de su potencial para lograr el impacto propuesto de los proyectos, no solo una aseguración limitada de que el contenido del marco se alinea con los Principios.
• Requiriendo un “aseguramiento razonable” de los informes de monitoreo del proyecto y de que se han cumplido con los GBP, de que el uso de los fondos ha sido efectivo y de la medida en que se están logrando los impactos, más allá de lo que actualmente se evalúa de si los recursos se han utilizado en los proyectos y actividades propuestas, que podrían haber sido muy generales y vagas. Actualmente, una declaración típica, muy vaga, concluye: "no se nos ha llamado la atención que los recursos no se hayan utilizado para los fines previstos" (DNV-GL en al emision de del bono verde de Unilever). Como la explosión del mercado ha sido tan reciente, hay muy pocos ejemplos de evaluación de impacto (ver más abajo).

Además, los emisores de los Principios (ICMA, Unión Europea y otros) y la industria de las finanzas verdes deberían tratar de promover la experiencia y la participación de las organizaciones de la sociedad civil en el seguimiento de los prospectos de bonos verdes y los proyectos financiados, ya que estos temas aún no están en el radar de la sociedad civil cuyas organizaciones deberían exigir la rendición de cuentas y asumir responsabilidades.

Sin duda, esto aumentará los costos de las emisiones, pero como suelen ser de cientos de millones de dólares, el aumento será muy pequeño en términos relativos y la ganancia de credibilidad será alta. Se necesita la rendición de cuentas con responsabilidad para el impacto. Pero la aversión al riesgo de los emisores conspira contra la efectividad del proceso.

Esto es, con algunas variaciones, lo que está haciendo actualmente el Banco de Inversiones Europeo, BEI, el más antiguo (primera emisión en 2007 por US $ 800 millones) y el mayor emisor no soberano de bonos verdes (US$ 18 mil millones en 10 años). Por supuesto, esta es una institución de desarrollo que financia proyectos por casi US$ 80 mil millones cada año y tiene la experiencia para monitorear los proyectos que financia y para evaluar sus resultados, según lo exige su normativa interna. Además, el BEI está en el negocio de tener impacto, no solo de proporcionar financiamiento; está comprometido con el proyecto, a diferencia de los bancos comerciales o de inversión que están en el negocio de proporcionar financiamiento y su compromiso es con el prestatario y no con la sociedad. Es precisamente el BEI el que creó y desarrolló el mercado de bonos verdes.

V.               Credibilidad e impacto, no solo cantidad.

Todo esto no implica que los bonos verdes no sean una herramienta efectiva y legítima para promover el desarrollo verde, es para resaltar la brecha potencial entre la emisión y el impacto, a través del etiquetado del financiamiento tradicionales como si fuera verde y mediante la financiación de proyectos que pueden no ser tan verdes como se alegó. Los GBP, aunque son un gran paso adelante, tienen una implementación débil que tiene el potencial de greenwashing y de ineficacia. Mientras más presión haya para emitir bonos verdes, más greenwashing.  Lamentablemente el greenwashing, el etiquetado verde, contribuye a las estadísticas, pero puede tener poco impacto en la sociedad

El énfasis en las cantidades de emisiones de bonos verdes es inapropiado y puede dar la impresión de que las cantidades son sinónimo de transformación. Se distrae de lo que debería ser la preocupación real: el impacto de los proyectos completados. Desafortunadamente, la memoria es muy corta y los medios de comunicación están dominados por aquellos que se benefician del volumen de emisiones (emisores, bancos de inversión, firmas consultoras, compañías de seguros, incluso las compañías que explotan la publicidad) y no de los resultados obtenidos (sociedad).

La credibilidad de la industria de las finanzas verdes está en juego. En algún momento, el énfasis se moverá hacia la calidad, no a la cantidad de emisiones. Como los inversionistas socialmente responsables exigen que las empresas demuestren su responsabilidad social corporativa y más responsabilidad y quieran invertir más allá de los criterios simplistas de exclusión (no armas, no vicios), la industria de las finanzas verdes debe ir más allá de los proyectos/actividades de financiamiento que se etiquetan de verde hacia los que son demostrablemente verdes.

Un día se nos preguntará: Sí, cumplimos con los objetivos de financiamiento para proyectos de cambio climático, pero las temperaturas globales todavía aumentaron en 3-4 grados. ¿Qué pasó?





[1] Parte de este artículo fue publicado en inglés en el boletín de Greenbiz (11 de mayo del 2018) con el nombre de What's the true impact of green bonds?