domingo, 4 de noviembre de 2018

Reduccionismo en la RSE: El total debe ser mayor que la suma de las partes



A medida que se va popularizando la RSE, se va corrompiendo el concepto.  Centenares de expertos tienen que escribir sobre el tema. Se crean medios de comunicación (sitios de internet, blogs, etc.) dedicados a la RSE. Los medios existentes, en particular periódicos y revistas, se sienten forzados o por lo menos atraídos a considerarlo, porque está de moda.  Los consultores y las empresas de consultoría deben inventar nuevos nombres o variantes para poder parecer que están agregando valor, que son innovadores. Instituciones públicas y privadas quieren aprovechar la popularidad del asunto para atraer atención y se crean instituciones, premios, rankings, calificaciones, etc. sobre las empresas o individuos “más responsables” (como un ejemplo de la corrupción del concepto ver mi artículo Premios de RSE a dirigentes: ¿De qué? ¿Qué valor agregan?).

ADVERTENCIA: Querido lector este es uno de mis artículos didácticos extensos, toma tiempo.

Los que hemos querido promover el comportamiento responsable en las empresas pretendemos que sea más conocida.  Lamentablemente con ello ha surgido el riesgo, muy real, de su “superficialización”, de su banalización.  A medida que más personas, medios e instituciones se involucran, mas superficial se hace su consideración.  Lo “mal aprenden” un día y pretenden ser expertos al día siguiente. La cantidad conspira contra la calidad.  Y en los medios académicos sucede todo lo contario, donde para poderse distinguirse de las investigaciones ya publicadas se debe escribir algo nuevo, forzando la producción de investigaciones cada vez más esotéricas [1].  Los que trabajan dentro de las empresas para mejorar su responsabilidad se encuentran entre lo banal y lo esotérico y deben crearse su propia disciplina, en especial en las empresas más avanzadas.

La popularidad de la RSE está llevando a dos tendencias no muy favorables a su adopción e implementación por parte de las empresas.  Por una parte, la trivialización en los medios de gran difusión y por otra la abstracción en los medios académicos.  Las empresas necesitan conocimientos rigurosos pero prácticos.  En este artículo, dirigido a los que ejercen, analizamos las consecuencias de esa banalización sobre la responsabilidad en la gran mayoría de las empresas.  También analizamos la situación en las empresas más avanzadas. Y otro artículo hemos analizado el caso opuesto de la abstracción de las investigaciones académicas. [2]

I.                Deconstrucción de la RSE

La banalización de la RSE ha conducido a la corrupción del concepto y lo ha reducido de un modelo de gestión empresarial integral a un conjunto de acciones en temas sociales y medioambientales, muchas veces aisladas y esporádicas, que han llevado a muchas empresas a creer que asumir su responsabilidad ante la sociedad es “hacer cositas”.  Ante la complejidad de esa responsabilidad muchos medios y expertos, en aras de explicarla y facilitar su implementación, la han simplificado y han recurrido a la tipificación de actividades.  Con esta simplificación se ha estimulado la confusión y por mirar los componentes se ha perdido la visión del conjunto.  Missing the forest for the tres, los árboles impiden ver el bosque

En la mayoría de los casos se le reduce a un conjunto de actividades calificadas en tres grandes categorías; Ambientales, Sociales y de Gobierno corporativo, lo que se conoce también como las siglas ASG (en inglés: ESG, Environment, Social, Governnace).  Esta tipificación es común en las agencias calificadoras de riesgos, en los análisis de inversiones, en la producción de informes de sostenibilidad, en los cuestionarios para la autoevaluación de la RSE (ver Guías para la Responsabilidad Social en las PyMEs: Efectividad de las herramientas de autoevaluación).  Esta tendencia generalizada a llevado a considerar la RSE como un conjunto de actividades incluidas en una lista de control. 

II.              Reduccionismo contraproducente

Esto lleva al reduccionismo de la RSE. Hay varias definiciones de “reduccionismo” que permiten explicar claramente el problema de la concepción popular de la RSE:

“Reduccionismo: la posición intelectual que asegura que entidades complejas no forman nada que vaya más allá de la suma de sus partes —las partes que forman el todo, estudiadas en sí mismas, dan la explicación de la entidad o sistema complejo.”, o bien

 El reduccionismo es el enfoque filosófico según el cual la reducción es necesaria y suficiente para resolver diversos problemas de conocimiento., y

Simplificación excesiva de lo que es complicado”.

La suma de las actividades a las cuales se ha reducido la RSE no constituye la responsabilidad social de la empresa ante la sociedad. Esta responsabilidad “va más allá de la suma de sus partes”, las partes no son “suficientes para resolver su conocimiento”, y es una “simplificación excesiva”.  Esas actividades son sólo algunas manifestaciones de esa responsabilidad que podemos llamar genéricas.  Genéricas en el sentido de que pretendiendo que las actividades sean de aplicabilidad universal, para todo tipo de empresas, se tiende a reducir a una serie de actividades supuestamente comunes en todas las empresas, por ejemplo, emisiones de gases de efecto invernadero, consumo de agua, medidas de reciclaje, igualdad de género, empleo de poblaciones menos favorecidas, beneficios sociales, códigos de ética, etc., alrededor de las cuales giran sus informes de sostenibilidad.

Este reduccionismo tiene varias consecuencias negativas para la empresa y la sociedad: Primero, se desvirtúa la verdadera responsabilidad social de la empresa al reducirla a prácticas individuales independientemente de la congruencia con su estrategia empresarial; y, segundo lleva a las empresas a invertir recursos en actividades, independientemente del impacto que puedan tener en la sociedad y en su situación. La estrategia termina siendo dictada por una lista de actividades que estimula a las empresas a “hacer de todo un poco” para no parecer que tiene omisiones, en contraposición a la lógica empresarial de que las empresas deben ejercer su responsabilidad de acuerdo a sus capacidades, sus impactos en la sociedad y en la empresa y las demandas de sus stakeholders críticos, entre otros aspectos (para mayores detalles ver Materialidad: 12 principios básicos y una metodología para la estrategia de RSE. Ia. Parte y IIa. Parte).

La gran mayoría de las empresas operan bajo este esquema reduccionista, pero es de destacar que hay excepciones y algunas empresas y medios más avanzados logran ir más allá de meras actividades sueltas y operar desde el conjunto.  Analizamos esto en el Apéndice a este artículo.
 
III.           El conjunto es superior a la suma de las partes

1.      Responsabilidades específicas

Pero lo más importante es que este conjunto no representa el todo. Se omiten, en mayor o menor grado las responsabilidades que podríamos llamar específicas, de cada caso particular, no tipificables en las listas universales y también una serie de factores, que constituyen una envolvente, que están por encima de las actividades genéricas y específicas que producen la sinergia para que la RSE sea mayor que la suma de las actividades “responsables” y tenga efectividad.  Varios ejemplos nos permitirán ilustrar las responsabilidades específicas: instituciones financieras, organizaciones de la sociedad civil, los medios de comunicación y empras de bebidas alcohólicas.  La envolvente la consideraremos más adelante.

¿Cuál es la responsabilidad ante la sociedad de las instituciones financieras?  Todas pueden y deben llevar a cabo las actividades responsables genéricas que les sean pertinentes (medio ambiente, comunidad, empleados, etc.).  Pero para estas empresas lo más crítico son las responsabilidades específicas.  Una institución financiera suele tener capacidades muy superiores a las de sus clientes, que generalmente son poco versados en temas financieros, están en una relación muy asimétrica, de allí que las responsabilidades específicas se refieran a no aprovecharse de esta asimetría.  Sus responsabilidades específicas pueden tener un impacto social muy superior a las genéricas: Los productos responsables, adecuados a las necesidades y capacidades de los clientes, no abusos del cliente y su educación financiera.  Los grandes volúmenes de recursos que manejan hacen que puedan tener un elevado impacto a través de las inversiones y préstamos en proyectos y actividades que contribuyan al desarrollo de la sociedad, responsablemente.  Por otra parte, tienen la responsabilidad de buscar la máxima eficiencia operativa y financiera para no traspasar los costos al ahorrista en forma de menores tasas y a los prestamistas en forma de mayores tasas de interés (margen de intermediación). Sería de esperar que la competencia entre instituciones llevara a una equiparación de los márgenes, pero la práctica ello no sucede.  Es posible pero complejo cambiar de institución financiera. Dado los grandes volúmenes que manejan, los elevados sueldos y la suntuosidad de muchas oficinas esto puede ser menospreciado.  Y estas instituciones tienden a tomar grandes riesgos porque con ello vienen grandes rendimientos para los dirigentes y accionistas (sueldos, bonos y dividendos), pero si producen quebrantos, los costos son absorbidos por los gobiernos y traspasados a las sociedad, en forma de mayores impuestos o menos servicios (para no alargarnos remitimos al lector al artículo  ¿Cuál es la responsabilidad social de las instituciones financieras?). Y estas responsabilidades, generalmente omitidas de las listas, van mucho más allá de las responsabilidades genéricas para toda empresa sobre los empleados, comunidad, medio ambiente, etc.

Como otro ejemplo consideremos una organización de la sociedad civil, por ejemplo, una que intermedia fondos de donaciones para colocarlas en proyectos de bienestar social.  La ejecución de su mismo mandato parece que ya descargara su responsabilidad ante la sociedad.  Como en el caso anterior también tendrá responsabilidades genéricas, pero aquí también las críticas son las específicas, referidas a la ejecución de su mandato.  Su mayor responsabilidad, como en las instituciones financieras, es la efectividad y eficiencia en la intermediación de los recursos.  Tienen la responsabilidad de seleccionar proyectos que contribuyen efectivamente al bienestar de la sociedad, que sean socialmente responsables en todo sentido, que sean ejecutados eficientemente y deben rendir cuentas con responsabilidad (accountability y transparencia) por sus actividades.  No basta con presumir de la cantidad de recursos obtenidos y colocados, lo que cuenta es la calidad y el impacto de sus actividades. Estas responsabilidades suelen ser desatendidas en estas instituciones, primero por pensar que les basta con hacer el bien, y segundo que no suelen ser los mejores ejemplos de gestión de escasos recursos y de proyectos, no suelen ser sus puntos fuertes.  En estas instituciones su responsabilidad es hacer el bien lo más efectiva y eficientemente posible, lo que tampoco suele aparecer en las listas de actividades genéricas.  

Los medios de comunicación también tienen sus responsabilidades genéricas, con mayor o menor énfasis en algunas de las actividades, por ejemplo, el medio ambiente será un tema más relevante para la prensa escrita (papel, tinta, combustible) que para la electrónica.  Y también tienen responsabilidades específicas que suelen no estar en las listas.  Dado su poder de influencia, deben ser responsables en la obtención, procesamiento y diseminación de información veraz, de información que el público necesita conocer, ser políticamente imparciales (cada vez menos factible), distinguir el análisis de las opiniones, tratar de educar al público sin pretender manipularlo, analizar informaciones contenciosas, incluyendo los diferentes puntos de vista, evitar el sensacionalismo (periodismo amarillo) y la propagación de rumores y temores. Y tienen una responsabilidad importante en la responsabilidad social del resto de las empresas e instituciones, denunciando las irresponsabilidades y destacando los buenos ejemplos, evitando la publicación de informaciones distorsionadas pagadas por las empresas, instituciones o gobiernos para influenciar la opinión publica. 

Y por último consideremos el caso de una empresa de bebidas alcohólicas, producto este muy propenso al consumo irresponsable.  Sería extremista decir que su responsabilidad es no producirlos por el mal que pueden causar a la sociedad, o que sean responsables por su consumo.  Pero no pueden eludir completamente esta última responsabilidad. Es su responsabilidad ejercer el control, que esté a su alcance, sobre el consumo responsable, poniendo límites de cantidad o localización del consumo, donde sea factible, educando al consumidor. Puede parecer utópico, pero en EE.UU. ha habido casos donde se ha determinado responsabilidad legal del anfitrión por un accidente ocurrido como consecuencia del consumo de alcohol en su casa.  Todavía no se ha llegado al caso de asignar responsabilidad legal al productor de las bebidas, pero sí en el caso de las tabacaleras, por no destacar los peligros de su consumo. 

Estas empresas suelen destacar en sus reportes de sostenibilidad las responsabilidades genéricas evitando el riesgo de reportar sobre las específicas.  Por ejemplo, pueden destacar la producción sostenible de sus ingredientes, la contribución al desarrollo de una agricultura sostenible y el apoyo técnico y monetario a los agricultores, el consumo y reciclaje de agua, etc. ¿Puede una empresa de bebidas alcohólicas o una tabacalera ser considerada responsable?  No, porque sus productos tienen costos que superan los beneficios para la sociedad.  Pero si puede decir que tienen “prácticas responsables” y mientras más impacto positivo mejor.  Otro ejemplo en estas mismas líneas, pero más extremo, es el caso de las empresas de juegos de azar y apuestas (casinos, casas de apuestas, etc.).  No hace falta entrar en detalles para ver que todavía es más difícil alegar responsabilidad social en estas empresa, pero ello no obsta para que produzcan informes de sostenibilidad, destacando las actividades de tipo genérico y filantrópico y queriendo aparecer como responsables (ver el informe de Codere y algunos de los problemas que provoca en las comunidades donde establecen casas de apuestas).

2.      La envolvente: gestión de la responsabilidad

Pero aún la suma de las actividades genéricas (tradicionales) y las específicas no constituyen el total de la responsabilidad social de las empresas.  La inclusión de estas últimas, como vimos en los ejemplos anteriores, se acerca a una visión más holística de esa responsabilidad (holismo: doctrina que propugna la concepción de cada realidad como un todo distinto de la suma de las partes que lo componen).  Pero todavía falta un elemento clave, la envolvente, la gestión del conjunto, que aumentará la suma.

La empresa puede llevar a cabo todas esas actividades y todavía resultar un conjunto sin sinergia.  Hace falta la integración de todas en un conjunto coherente, sostenible en el tiempo, gestionado de forma efectiva, con visión de largo plazo. Las actividades deben enmarcarse en una estrategia integral, con el convencimiento y participación de la totalidad de los empleados y dirigentes, incluyendo el Consejo Directivo, con participación de los stakeholders críticos, con actividades y gestión debidamente financiadas, con procesos alineados con la responsabilidad (toma de decisiones, incentivos, gestión del personal, etc.), con coordinación y refuerzo mutuo de las diferentes actividades, integradas, y, de ser posible, con el respaldo de los dueños y accionistas.  Y todas estas acciones deben ser dirigidas a tener efectividad e impacto real, no solo reputacional.  El propósito de la empresa debe incluir un reconocimiento del papel que ésta juega en la sociedad.  Todo esto debe ser parte de la cultura de la empresa, del comportamiento cotidiano de todos sus miembros (ética, honestidad, responsabilidad individual, vocación de servicio) [3] (ver la serie de cuatro artículos Cultura empresarial y cultura de responsabilidad social: ¿Cómo debe ser la cultura para que sea de responsabilidad?).  Por ejemplo, no basta con tener códigos de comportamiento o de ética, lo que importa es el comportamiento.  De hecho, en una cultura de responsabilidad no deberían ser necesarios.

Esta envolvente, que produce la sinergia muy difícil de lograr, es generalmente ignorada en la evaluación de la responsabilidad social de la empresa, no suele estar considerada como parte del gobierno corporativo, y difícilmente medible con indicadores, pero es clave para que la suma sea mayor que las partes.

IV.            En resumen: El total de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad

Con su popularización, la responsabilidad de la empresa ante la sociedad se ha tendido a simplificar y a reducir a una serie de actividades, que individualmente pueden ser responsables, pero que en el conjunto dejan mucho que desear. Concebidas así suelen ser actividades muchas veces aisladas de la estrategia empresarial y aisladas entre sí, ocasionales, efímeras y no sostenibles en el tiempo. Es necesario regresar a la verdadera responsabilidad empresarial como una modalidad de gestión a todo lo largo y ancho de la empresa y a lo largo del tiempo, como una manera y su razón de ser (no basta con “hacer cosas”).  Con el reconocimiento de que la empresa puede funcionar porque la sociedad se lo permite, le permite usar los recursos sociales y ambientales (personas, materias primas, espacio, aire, agua, etc.) y la favorece con la adquisición de sus productos y servicios.  Esta responsabilidad va mucho más allá de la suma de aquellas actividades genéricas y requiere del reconocimiento de sus responsabilidades específicas, derivadas del ser la empresa que es, y de las sinergias que supone la integración de la gestión de la empresa en una cultura sostenible de responsabilidad.



APENDICE: ¿Y las empresas más avanzadas?

Las empresas más avanzadas suelen mitigar estos riesgos de banalización y reduccionismo, al tener una visión más clara del conjunto de sus responsabilidades, en gran parte fomentada por la producción de informes se sostenibilidad de acuerdo a los estándares del GRI, y mejor todavía si preparan un informe integrado de acuerdo a los lineamientos del IIRC (ver ¿Qué integran los informes integrados?).  El hecho de que sean calificadas por agencias calificadoras en sostenibilidad también las lleva a integrar las partes en un conjunto que es mayor que la suma. Pero es de destacar que esto se limita a algunos centenares de empresas y aun el hecho de que informe sobre su sostenibilidad en el contexto más amplio no quiere decir que lo hagan, que tengan los sistemas de gestión y la cultura necesarias, pero el hecho de tener que producir esta información los lleva a considerar las acciones que son necesarias poner en práctica.  La mayoría del resto de las decenas de millones de empresas y la gran mayoría de los medios todavía conciben la responsabilidad ante la sociedad como un conjunto de actividades.  Pero aquellas son las más visibles y el público puede creer que esa excepción representa la mayoría.  Pero pueden servir de ejemplo.  La discusión que sigue no pretende ser un análisis exhaustivo de los requerimientos de reporte del GRI, SASB y del IIRC, solo ofrece algunos comentarios paras situarlos en el contexto de la discusión precedente.

Si la empresa sabe que es evaluada de esta manera, buscará reportar actividades en cada una de ellas para mejorar su calificación.  ¿Pero es esa calificación representativa de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad, de su contribución al mejoramiento de esa sociedad? ¿Incluyen las actividades específicas y la envolvente que mencionábamos en el texto en los indicadores del GRI, del SASB y los de las empresas calificadoras en sostenibilidad? Y aun cabe preguntarse ¿Son todas estas actividades materiales para la empresa? ¿Tienen impacto tangible?

Para la evaluación de la responsabilidad de las empresas (sostenibilidad) una de más reputadas agencias de calificación, MSCI, usa la lista de página siguiente, puntuando cada una de las actividades y asignando luego una calificación global.  Si el lector recuerda las actividades específicas que mencionamos arriba puede ver que solo algunas están parcialmente cubiertas. Por ejemplo, el tema de la responsabilidad del producto cubriría algunas de las mencionadas para las instituciones financieras, las de bebidas alcohólicas y tabaco y el tema del comportamiento empresarial cubriría muy parcialmente la envolvente.  No se evalúa la estrategia ni la gestión de la responsabilidad, sus recursos, la cultura empresarial, la integración en un todo, etc.  Como ejercicio incitamos al lector a analizar esta lista en el contexto de la discusión para determinar si en efecto las calificaciones de sostenibilidad pueden evaluar la verdadera responsabilidad de la empresa ante la sociedad.  
  



Otros instrumentos muy influentes son los estándares e indicadores del GRI y los indicadores del SASB (Sustainability Accounting Standards Board), usados para la preparación de los informes de sostenibilidad y que pueden influir en las actividades al tener que reportarlas. Estos son indicadores que pretenden medir la “actividad” de las empresas en cada una de decenas de actividades, lo que también puede a conducir a la fragmentación de la visión global, a ver cada actividad por separado.  Como las calificaciones de sostenibilidad no contienen indicadores sobre el envolvente más allá de descripciones de prácticas y procesos, e incluir, por ejemplo, información sobre la ética y la integridad dentro de la empresa, responsabilidades y procesos para la gestión de la sostenibilidad e involucramiento de stakeholders, entre otros elementos. No cubren aspectos sobre la responsabilidad del producto.  Los estándares incluyen listas muy exhaustivas e indicadores específicos para múltiples aspectos económicos, sociales y ambientales, pero no cubre las responsabilidades específicas para los sectores industriales, por ejemplo, lo que mencionamos arriba para las instituciones financieras o las bebidas o las de organizaciones de la sociedad civil.

El esquema del IIRC para la preparación de reportes integrados pretende ampliar esa visión de partes hacia el conjunto, de hecho, es su punto fuerte.  Si bien no contiene indicadores, la narrativa que debería incluirse sí pide y permite descubrir algunos de los aspectos mencionados en el envolvente.  Por ejemplo, pide reportar el propósito de la empresa y sus estrategias en general.  Sin embargo, el nivel de detalle sobre temas referidos a la responsabilidad queda a criterio del que reporta.  Recordemos que este no es un esquema para reportes de sostenibilidad sino un reporte de información financiero y no financiera (mayormente estratégica) de las actividades de la empresa.

Tomados todos estos elementos en conjunto permiten separarse de la tendencia de considerar la RSE como actividades sueltas.  Para las empresas más avanzadas e ilustradas los estándares GRI, los indicadores GRI y SASB y el esquema de reportes integrados del GRI constituyen un movimiento (imperfecto todavía) hacia el reporte y, ojalá, la ejecución de una estrategia de responsabilidad total que sea mayor que la suma de las partes.





[1] Un ejemplo de un artículo académico: Accounting for Proscriptive and Prescriptive Morality in the Workplace: The Double-Edged Sword Effect of Mood on Managerial Ethical Decision Making.

[2] Ver mi artículo: La responsabilidad social de los investigadores en responsabilidad social, publicado en número 30 de la Revista de la Responsabilidad Social de la Empresa (Centro de Estudios Sociales Luis Vives),

[3] Un tema que está adquiriendo mucha atención es el del cabildeo y las actividades para influenciar favorablemente las políticas públicas.  Son muy pocas las empresas que destacan estas actividades.  Afortunadamente las calificaciones de sostenibilidad de RobecoSam (empresa que produce la información para el índice de sostenibilidad del Dow Jones pide amplia información cuantitativa y cualitativa sobre estas actividades.  El GRI también tiene un estándar de reporte sobre el tema.


domingo, 28 de octubre de 2018

ENCUESTA ¿Tiene impacto del blog de Cumpetere?



Durante casi 11 años he estado publicando artículos sobre la responsabilidad social de las empresas en mi blog, mas de 450 artículos, algunos relativamente extensos.  He recopilado los más destacados, editándolos. actualizándolos, compatibilizándolos y poniéndolos en contexto en 4 volúmenes (el quinto se publicará en el segundo trimestre del 2019).

El objetivo del blog es “Promover el conocimiento e implementación de la RSE en Iberoamérica”.  En algunos de los artículos he insistido en que hay que estructurar las acciones para tener impacto.  El más reciente es uno donde llamo la atención a los investigadores en RSE de producir investigaciones que tengan impacto (ver La responsabilidad social de los investigadores en responsabilidad social). Yo  mismo he intentado determinar el impacto de manera muy burda a través de la identificación de algunas acciones que parecen haber surgido de alguno de los artículos (ver Mis diez artículos sobre RSE que han tenido algún impacto) pero no es determinante.

Pero no sé si se está logrando el objetivo, si lo que escribo tiene impacto alguno más allá de mantenerme ocupado.  Hay que reconocer que es muy difícil determinar el impacto de artículos.  Por ello te pido tu apoyo respondiendo a esta breve encuesta.  Tampoco será determinante del impacto, pero sí puede ser indicativa y es lo que resulta factible y económico hacer.

POR FAVOR RESPONDE A LA ENCUESTA EN https://es.surveymonkey.com/r/8YFGL8Z


Buenas prácticas en el reporte de sostenibilidad: Un estudio recomendado


El World Business Council for Sustainable Development, WBCSD, publicó en octubre del 2018 el informe Reporting matters. Six years on: the state of play, sobre algunos aspectos del estado del arte en la preparación y presentación de informes de sostenibilidad.

Estadísticas interesantes pero anecdóticas.......

El informe incluye una serie de estadísticas basadas en una muestra de 158 reportes de sostenibilidad de las mayores empresas del mundo, por lo que las siguientes cifras se deben ver en ese contexto.  Por ejemplo, indica que la extensión promedio de los informes exclusivamente de sostenibilidad es de 97 páginas con el más corto de 8 páginas y el más largo de 336 páginas (esperemos que nadie lo imprima).   El 89% menciona de alguna manera los ODS (¡no faltaría más!), pero solo el 15% destaca estrategias o indicadores alineados con los ODS (¡no faltaría más!).  El 41% los llama reportes de sostenibilidad (y el nombre está decayendo ya que en el 2014 el 54% los llamaba así.). El 86% de los reportes declaran algún tipo de aseguración de la información, pero el 77% es una aseguración “limitada” y solo el 8% declara aseguración “razonable”.  El 89% describe el proceso de determinación de los aspectos materiales.

Califica los informes en términos de su calidad en una tres grandes criterios.  “Principios”, evaluados en términos de: Completitud, Materialidad, Balance, Aseguración, Conciso, Ambiente Externos e Involucramiento de los Stakeholders.  “Contenido”, evaluado en términos de Gobernanza, Estrategia, Implementación y control, Rendimiento, Indicadores y compromisos, Alianzas y colaboración y, por último, Evidencia de actividades.  Y “Experiencia” (para el lector), evaluado en términos de Accesibilidad, Mensaje, Fluidez y Diseño.  Con estas calificaciones pueden constatar que hay progreso los últimos cuatro años.  Por ejemplo, el 37% de los informes mejoran en el reporte de la materialidad, pero solo el 13% han mejorado en términos del contenido.  Califica la calidad global de los informes y selecciona los diez mejores, entre los cuales están Nestlé, Unilever, Heineken y Votorantim Cimentos.

...... pero con lecciones para aprender

Pero esto no es lo destacable del informe ya que es efímero, cambia con frecuencia y depende mucho de las empresas seleccionadas para la muestra.  La muestra es de un tamaño considerable, 158 empresas, y es representativa de las grandes y sofisticadas empresas, líderes en sostenibilidad.  Pero la muestra NO es representativa del universo de las empresas y mucho menos de las que operan en entornos de menor desarrollo institucional.  No se puede pretender hacer extrapolaciones.

De allí que los más pertinente para la inmensa mayoría de las empresas sea lo que se puede aprender de los informes y actuación es de estas empresas líderes. Lo que es de interés y es más “sostenible” (duradero y extrapolable) está el análisis que presenta de las prácticas de algunos aspectos de reporte de estas empresas y aunque puede estar fuera de gran mayoría de las empresas el emular esos ejemplos, los aprendizajes se pueden adaptar a sus propias circunstancias, en función de sus capacidades y necesidades. 

Para no alargar innecesariamente este artículo y siendo el informe muy fácil de leer solo mencionamos algunos casos destacables:

  • ·    Lo completo del contenido y estructura del informe de Novozymes donde a partir de su modelo negocios describe los impactos en el negocio en cada una de sus etapas, lo que conecta con el análisis de materialidad, para describir los principales aspectos que enfrenta y cuál es la posición estratégica en cada uno de ellos.
  •     El análisis de materialidad de UPS, la empresa de logística, en función de sus prioridades, de los ODS y de los estándares del GRI. 
  •     El análisis detallado del proceso y resultados del involucramiento de stakeholders de BMW.
  •     El aseguramiento a nivel “razonable” del Grupo TITAN (materiales de construcción), uno de los pocos a ese nivel y el informe es integrado.
  •      El balance en el informe de Votorantim Cimentos en cuanto a describir los aspectos positivos y negativos de cada uno de sus aspectos materiales.
  •      Lo conciso del informe del Grupo BT (British Telecom), donde el lector puede escoger el tópico que le interesa e ir al download center para obtener la información relevante.
  •      El proceso de gestión (gobernanza) de la sostenibilidad en DSM (salud, nutrición), desde el Consejo Directivo, el Comité de Sostenibilidad interno, el Consejo Asesor Externo y todo el liderazgo gerencial. 
  •     El detalle de la estrategia de sostenibilidad de CRH (materiales de construcción) y como se inserta en todas las prioridades y las áreas de actividad de la empresa.
  •      El proceso y las regulaciones internas y externas que guían la implementación y control de la sostenibilidad en Bayer.
  •      La presentación de indicadores específicos, medibles, logrables relevantes y estructuradas en el tiempo de PepsiCo.  Inclusive consideran los impactos de sus proveedores y clientes.
  • ·     La información sobre el rendimiento en los compromisos de sostenibilidad de CEMEX donde en el “valor neto a la sociedad” incluyen la monetización de las principales externalidades económicas, sociales y ambientales, consolidando impactos positivos y negativos.  
  •     Para la demostración del logro de resultados, el área donde suelen ser más deficientes los informes, se presentan los ejemplos de 3M, ABB (empresa de construcción, energía, equipamiento) y de Monsanto, destacados por su presentación y el uso de casos (en muchos casos, estos casos, valga la redundancia, suelen ser actividades puntuales cuidadosamente seleccionadas para crear un efecto aureola y no necesariamente representativas del conjunto de sus actividades). Son las secciones que se deben analizar con más escepticismo.

·    Y un ejemplo muy especial es el reporte de Kering (Gucci, Bottega Veneta, Balenciaga, Saint Laurent y otras diez marcas) donde presenta la cuantificación de los impactos ambientales de sus operaciones en su “Balance de Pérdidas y Ganancias Ambientales” (recomendamos ver el informe Environmental Profit & Loss (Ep&L) 2017 Group Results).

En resumen, recomendamos al lector leer el informe Reporting matters. Six years on: the state of play, es gráfico, ameno y fácil de leer, pero debe hacerse con espíritu crítico.


sábado, 20 de octubre de 2018

La responsabilidad social de los investigadores en responsabilidad social



Abstracto

El argumento central del artículo es que los investigadores en responsabilidad social no suelen asumir su responsabilidad ante la sociedad.

Las publicaciones en revistas académicas se ha convertido en un gran negocio para las editoriales (más de 30.000 revistas que generan cerca de US30.000 millones de ingresos anuales; solamente en EE.UU. las instituciones académicas gastan más de US$2.500 millones en suscripciones) apoyadas en la principal mano de obra gratuita, los investigadores, que está necesitada de publicar para poder promoverse entre sus pares y conformar con el sistema de incentivos (perversos) en las promociones dentro de las instituciones de enseñanza: Publish or perish y mejor si es en revistas con una elevada calificación de  “impacto” (¿impacto en qué?). 

Hay una colusión abierta entre las partes, que los beneficia a ambos, en detrimento de la sociedad.  ¿Quién paga por todo esto?  Es la sociedad (impuestos, familia, filantropía empresarial y personal, etc.) la que financió y/o permitió el desarrollo profesional de los investigadores y la existencia y funcionamiento de esas instituciones, que ahora les pagan sus sueldos.  Los investigadores usan los recursos de la sociedad sin preocuparse de retribuirla por todos los beneficios que han recibido, produciendo investigaciones que les interesan mayormente a ellos, a sus pares y las revistas, pero de muy poco o nulo impacto sobre el bienestar de esa sociedad.  

A la hora de decidir que investigar, ¿cuáles son las preguntas que se hacen?  Con mucha seguridad no es la de ¿Cómo puede esto contribuir al avance de la sociedad que es a la que me debo, la que me lo permite y la que me paga por hacerlo?  Sus preguntas están más relacionadas con ¿qué debo investigar para que sea publicable y así poder engrosar mi currículo que me permita subir en el escalafón académico? Y para ello cuentan con la complicidad de las revistas académica. Ante tanta proliferación de medios e investigadores, el campo de publicaciones aceptables en los medios académicos se hace cada vez más estrecho, lo que incita a que los temas sean cada vez menos relevantes (véanse, por ejemplo, las publicaciones de revistas como Business and Society y Journal of Business Ethics entre otras de alto factor de impacto).

Hay una transferencia de recursos de la sociedad hacia los investigadores y hacia las revistas.  ¿Tienen ambos una responsabilidad ante la sociedad por lo que hacen?  De la misma manera que se lo exigimos a las empresas y otras instituciones se lo debemos exigir a ellos.  Los argumentos éticos, morales y económicos son los mismos.  Y esto es válido para todos los investigadores, pero esto es aún más relevante para los que lo hacen sobre la RSE e ignoran su RSE personal.  Estos no pueden argumentar ignorancia, son expertos.

El articulo pretende ser un llamado a los investigadores en RSE a considerar el impacto que sus estudios puedan y deben tener en el mejoramiento de la sociedad (reconocemos que no es fácil determinar lo que la sociedad quiere o necesita, pero un buen experto en RSE puede saber, por lo menos, lo que no necesita). Así como en estas publicaciones se suele decir que el estudio cubre algo que no se había analizado antes y que contribuye al avance del conocimiento en esto y aquello, deberían demostrar como contribuyen al bienestar social y como el investigador le está devolviendo a la sociedad una parte de lo que esta le ha dado para que lo haya publicado.

El artículo y la revista


Y la revista completa donde fue publicado el artículo aquí (Revista de Responsabilidad Social de la Empresa, No. 30, III Cuatrimestre 2018).





martes, 16 de octubre de 2018

Los seis huecos (¿?) de la materialidad



A mediados de octubre se publicó un artículo, Materiality Is Broken. But It Doesn’t Have to Be (por los gurús de la sostenibilidad Daniel Aronson, Gil Friend y Andrew Winston) donde alegan que los análisis de materialidad que se llevan a cabo actualmente “tienen seis huecos”.  Es el típico artículo escrito por consultores que quieren excitar la participación en alguna de sus conferencias o que contraten sus servicios, puntualizando deficiencias (¿ficticias?) en las prácticas actuales.  En este artículo pretendemos cerrar algunos de estos huecos y comentar sus falacias. Los listamos y comentamos a continuación:

1.   El análisis de materialidad pretende responder a la pregunta “¿Qué es lo importante para nuestros stakeholders?”.  Pero no es la pregunta correcta, lo que importa es “¿Qué es lo importante para el mundo

¿Es esta en realidad la pregunta correcta? ¿Cuántas pueden darse el lujo de dispersar sus esfuerzos en pretender resolver los problemas del mundo?  ¿Para cuales empresas son sus stakeholders el “mundo entero”?  Si hay algunas se pueden contar con los dedos de dos manos.

Todo lo contrario, para la inmensa mayoría la pregunta no es ni siquiera ¿Qué es importante para nuestros stakeholders?”, sino ¿Qué es lo importante para mis stakeholders más relevantes, más críticos para mi operatoria?  La inmensa mayoría de las empresas cuenta con limitados recursos financieros y gerenciales que deben ser enfocados en aquello que tenga más impacto, tanto en la empresa como en “su sociedad”, la parte que es crítica para ella, que no es toda, y mucho menos “el mundo”. [1]

2.   Tiene una visión temporal innecesariamente corta de, a lo sumo, 3 a 5 años. Esto conduce a menospreciar o ignorar aspectos de impacto en el largo plazo (y ponen como ejemplo en tema del cambio climático, que consideran el aspecto de mayor prioridad).

De nuevo, esto suele poder ser considerado por un grupo muy selecto de empresas.  Para la inmensa mayoría de las empresas considerar horizontes de 5 años para su análisis de materialidad ya representa un gran esfuerzo. El impacto sobre el cambio climático es de relativamente menor importancia crítica. Recordemos que sólo 100 empresas son las responsables por el 71% de las emisiones de gases de efecto invernadero (¿y es crítico para el otro 99.9999% de las empresas?).

3.  Consultan con menos de 30-50 stakeholders, lo que no permite desarrollar suficiente perspectiva y puede traer sorpresas.

Para no ser repetitivo dejaremos al lector que emita su juicio sobre la posibilidad y efectividad de consultar a un número mayor de stakeholders para la inmensa mayoría de las empresas. Pero lo más relevante no es el número, es lo crítico y pertinente para la empresa de los stakeholders consultados e involucrados.

4.  Pasan completamente por alto el “valor sumergido”, ….otros beneficios como las recomendaciones de los consumidores, lealtad y compromiso de los empleados….”

Si el análisis de materialidad omite los clientes y empleados, no hay nada más que decir, no merece el nombre de análisis de materialidad. ¿Quién los omite?  Y esto sí aplica a todo tipo de empresas.

5.   Ignoran las dependencias, los efectos que algunos aspectos materiales tienen sobre otros ………por ejemplo la relación entre las donaciones de una empresa farmacéutica y la igualdad de género…...

O sea, ¿que su filantropía no es estratégica?, ¿que no identifican la potencial contribución de sus actividades ante la sociedad?  Si es así, si es un hueco grande.

6.   E ignoran los rezagos en las acciones. Algunos aspectos tienen consecuencias que tardan años en sentirse……. porque no se hacen la pregunta obvia “Cuan rápido lograremos los resultados con nuestro proyecto?”

O sea que las empresas no toman en cuente la distribución en el tiempo de las acciones y sus resultados, de los costos y los beneficios, lo más básico en el análisis de proyectos, que se embarcan en el proyecto sin saber cuándo se obtendrán y cuáles serán los resultados. Hasta las de menor tamaño consideran esto, a menos que consideren que su responsabilidad ante la sociedad consiste en algo cosmético, en parecerlo.

Y este tipo de recomendaciones son contraproducentes para la responsabilidad de la empresa ante la sociedad, porque las estimulan a querer hacer de todo para todos y la clave está en enfocarse en lo que es efectivo y que cae dentro de sus capacidades.  Hay que considerar el contexto en que se opera.

No todos los gurús son realistas.



[1] Este es uno de los conceptos más básicos que analizábamos en los artículos Materialidad: 12 principios básicos y una metodología para la estrategia de RSE: Ia y IIa Parte.