domingo, 22 de septiembre de 2019

Activismo político de los CEO ante fallas del gobierno



¿Tienen los líderes de las empresas privadas la responsabilidad de intervenir en la solución de problemas sociales y ambientales si los gobiernos no quieren o no pueden hacerlo?  Es ciertamente un tema controversial.  Por un parte porque puede parecer que intervienen en política pública. Por otra parte, porque, dependiendo del tema su intervención puede tener consecuencias sobre sus empresas, tanto positivas (menos probable la reacción de los afectados) como negativas (reacciones mas probables).

I.                Introducción

En los artículos anteriores Masacres y responsabilidad empresarial y Masacres y responsabilidad empresarial: Sí, las empresas hacen algo, analizábamos el papel que las empresas pueden jugar en la prevención de las recientes (y continuas) masacres en EE. UU. En el segundo de estos artículos comentábamos que el CEO de Walmart, el más afectado directamente por una de ellas, anunció una serie de medidas al interno de la empresa y una externa, de activismo político.  Envió cartas a congresistas y al presidente pidiendo un debate sobre la reactivación de la prohibición de armas de asalto y del financiamiento de investigaciones sobre violencia por armas. [1]  Pidió hablar del tema y ello se considera en EE. UU. como una osadía digna de encomio.

Esta iniciativa ha sido ahora respaldada por 145 CEO, lo cual es muy indicativo de la asunción de la responsabilidad social de estos CEO sobre una situación que es potencialmente explosiva, valga el doble sentido. Y ello es controversial.  Algunos pueden ver los ingresos de sus empresas afectados ya que el tema tiene una elevada carga emocional.  Es posible que los clientes que están a favor del control de armas favorezcan sus productos y servicios, pero también es posible que enfrenten reacciones negativas de los que se oponen, que en general suelen ser mucho más activistas y belicosos que los que se están a favor del control de armas, que suelen ser más pasivos y pacíficos.  Estos pueden ser afectados, eventualmente, por una masacre, pero los otros serán definitivamente afectados si se establecen controles. [2]

Este activismo político de los CEO estaría en línea con la reciente Declaración sobre el propósito de la empresa, que ha sido criticada por ligera y posiblemente de greenwashing. [3] [4] Por lo menos este activismo demuestra que algo hay.

Y esta situación dio lugar a la inusual publicación de un editorial en el New York Times, NYT, sobre el control de armas. Y lo más notable es que fue puesto en el contexto de la responsabilidad social de la empresa (como lo habíamos propuesto en los artículos mencionados arriba).  Ojalá más medios ejercieran su responsabilidad social al exigir esta responsabilidad empresarial. Por este motivo lo comentaremos.


II.             Activismo político de los CEO en el control de armas

El 12 de septiembre los CEO de 145 empresa enviaron una carta a los líderes del Senado (que bloquean cualquier intento de establecer mínimos controles sobre la posesión de estas armas), en la que pedían legislación con la obligatoriedad de verificación de antecedentes antes de poder adquirirlas (horror: hoy en día cualquiera puede comprar estas armas en la tienda de la esquina) y el establecimiento de un sistema de denuncias sobre tenedores peligrosos (red flags) que permita controlar su posesión. Ante la falla de gobierno dicen: “No hacer algo es simplemente inaceptable. [5]

Entre los firmantes están los líderes de Airbnb, Bloomberg, Uber, Lyft, Levi Strauss y Twitter.  También la firmó el CEO de Dick´s Sporting Goods, uno de los grandes vendedores de armas que había ya dejado de venderlas después de la masacre en una escuela en Florida (febrero 2018).  En su libro de próxima aparición dice:  El beneficio de una empresa debe resultar no solo de la venta de productos dignos y una buena estrategia de negocios, sino de un comportamiento responsable.  En pocas palabras, para ser una buena empresa hay que ser buenos.

Pero no firmaron ni Facebook ni Google que temieron llamar más la atención del gobierno sobre los problemas que ya confrontan sobre privacidad y el uso de sus plataformas para difundir informaciones tendenciosas. Prefirieron “no agitar el avispero”.  Tampoco firmó el CEO de Visa, que ha recibido peticiones para limitar el uso de sus tarjetas en la adquisición de armas, lo que tendría gran impacto.  Dijo: “Estamos en el negocio de facilitar el comercio legal.  No nos compete establecer o interpretar sino seguir las leyes”.  O sea, si es legal, adelante.  Lo de ética y responsabilidad es otra cosa.  Compete a los gobiernos establecer las leyes. ¿Pero, y si el gobierno no actúa? ¿Pueden las empresas ser indiferentes? [6]

III.           Editorial del New York Times sobre la responsabilidad social de las empresas

En el mismo medio en el que se publicó el famoso artículo de Friedman [7] se publica ahora, casi 50 años después, un editorial Making Companies Act When Government Won’t (Las empresas deben actuar cuando los gobiernos no lo hacen). Es un editorial con potencial de impacto ya que es el medio periodístico más influyente del país y uno de los más influyentes en el mundo. [8] 

Empezando por el título, el editorial es muy notable, ya que pide a las empresas que actúen ante una falla del gobierno.  Esto es una de las proposiciones de la concepción moderna de la responsabilidad social de las empresas, la de suplir las fallas de gobierno en casos necesarios.  En general esta es una responsabilidad más notable en países en vías de desarrollo, donde las fallas de gobierno son más comunes y amplias, pero en este caso el gobierno de EE. UU. ha demostrado una falla flagrante en actuar sobre un problema que afecta a la sociedad, cual es las frecuentes masacres con armas de asalto, en manos de la población civil.

El editorial pasa revista a diferentes aspectos de la responsabilidad social, en particular al papel de los inversionistas y consumidores en ejercer las presiones en los mercados, que es lo que entienden las empresas, y llamando a los dirigentes responsables a ejercer su poder cuando el gobierno no ejerce el suyo. Pero no menciona el poder de la sociedad civil en pedir cuentas tanto a gobiernos como a empresas por los compromisos adquiridos. 

IV.           En resumen

Este caso no es uno en el que las empresas pueden hacer lo que los gobiernos deben, pero no quieren o no pueden hacer, como es el caso, por ejemplo, de salud, educación, agua, etc., en países en vías de desarrollo. En este caso las empresas hacen lo que saben hacer, el cabildeo, pero en positivo, pidiendo regulaciones y legislaciones para resolver un problema social. Y en algunos casos usan sus actividades para contribuir a resolverlo, con impacto directo e inmediato, como dejar de vender armas y lo que sería muy efectivo, que el sistema financiero dejase de procesar transacciones de compra venta de armas al público y de financiar las empresas que contribuyen a ello.

Utópico, pero pensable.



[1] Ver mi serie de cuatro artículos sobre el Activismo de líderes empresariales y el artículo sobre la Responsabilidad política de la empresa responsable.

[2]  Un candidato a la nominación del partido demócrata para la presidencia del país anunció que una de sus medidas sería la confiscación de las armas de asalto en poder de los ciudadanos y las amenazas de muerte contra él no se hicieron esperar.

[4] A mediados de septiembre, el CEO de Walmart mencionado arriba fue nombrado presidente del Business RoundTable, institución gremial que promovió la Declaración, en sustitución de Jamie Dimon el CEO de JP Morgan, que había impulsado la Declaración.

[5] Andrew Ross Sorkin, ‘Simply Unacceptable’: Executives Demand Senate Action on Gun Violence, New York Times, 12 septiembre 2019.

[6] En el artículo sobre la Responsabilidad política de la empresa responsable analizábamos la participación de la empresa en políticas públicas a nivel nacional, individual y colectiva.

[7] Milton Friedman, The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits, New York Times, 17 septiembre 1970.

[8] Para los no conocedores es de notar que el NYT es un medio relativamente imparcial, pero de tendencia progresista. 



domingo, 15 de septiembre de 2019

Rentabilidad de la responsabilidad: Cuatro estudios y mi opinión



¿Es rentable para las empresas el ser responsable? 

La respuesta se debe buscar en dos facetas, con distintas implicaciones. Por una parte, es si las empresas que son responsables tienen mejores rendimientos financieros en los mercados de valores, a efectos de establecer estrategias de inversión en sus valores para los inversionistas responsables.  Por otra parte, la pregunta se puede reformular como si la responsabilidad mejora la competitividad (rentabilidad) de una empresa en particular a efectos de establecer una estrategia de gestión para esa empresa.

Primero comentamos las posibles relaciones entre rentabilidad y sostenibilidad, tanto para el caso del agregado del conjunto de empresas como en caso de una empresa en particular, para luego analizar las principales conclusiones de los cuatro estudios y finalmente ofrecer algunas conclusiones sobre el tema.

I.                Responsabilidad y rentabilidad

1.      Rentabilidad de activos financieros responsables

A nivel de la primera faceta es un tema que, en el mediano plazo, no se resolverá de manera definitiva, como comentamos más adelante. Se continuarán publicando muchos artículos, defendiendo (¿demostrando?) las diferentes posiciones, desde que la RSE es rentable, a que no lo es, a que no se puede demostrar de manera concluyente, a mi posición: que es imposible demostrar lo uno o lo otro.

Los que quieren que lo sea, los que promueven la Inversión Socialmente Responsable (analistas, gestores de activos financieros, agencias de ratings, etc.) y algunos académicos neutrales, continuarán encontrando evidencia, ya sea casuística, ya sea estadística basada en una muestra más o menos representativa del universo de valores negociables de las empresas. [i] En general se basan en análisis econométricos de grandes volúmenes de datos sobre muchas empresas y a lo largo de períodos de tiempo, con definiciones específicas de lo que es la responsabilidad y la rentabilidad.  Los interesados destacan los estudios que han encontrado resultados positivos y desestiman los que han encontrado resultados negativos o no concluyentes.  Como dice un dicho de los econometristas: “si torturamos a los datos lo suficiente, confesarán”.  Hay muchas variables estadísticas para la “tortura”: definiciones de responsabilidad, de rentabilidad, empresas en la muestra, período, mercado financiero, etc.

Un segundo grupo, generalmente de académicos neutrales, encontrarán resultados negativos, aunque lo más común es encontrar que las pruebas no son concluyentes, que hay de todo.  Algunos de estos estudios se basan en meta estudios, o sea, en el análisis de decenas de otros estudios específicos, generalmente encontrando que hay algunos que demuestran que sí, otros que demuestran que no y algunos que no son concluyentes. 

Esta gran variedad de resultados y la imposibilidad de demostrar de manera concluyente la relación responsabilidad-rentabilidad se debe mayormente a tres factores que están en juego:

  • Variables. Como se mencionó arriba, son muchas las variables que deben definirse para el análisis estadístico, y una de las más importante es la de “responsabilidad”.  Si entendemos responsabilidad como una modalidad holística de gestión, su cuantificación es imposible.  Lo que suelen hacer los estudios es tomar uno o varios indicadores de algunos aspectos, por ejemplo, diversidad en el Consejo, gastos en medio ambiente, en inversión social, ratings de calificadoras de sostenibilidad, etc.  La rentabilidad puede definirse también de múltiples maneras, basadas en variable contables o en variables de los mercados financieros, sobre diferentes períodos de tiempo.  Con esto es muy difícil hacer generalizaciones y tiende a explicar porque se encuentran todo tipo de resultados.  Cada estudio es diferente.
  • Causalidad.  Aun si los resultados son positivos, no demuestran si la empresa es rentable porque es responsable o es responsable porque es rentable y puede “invertir” en responsabilidad. ¿Qué causa qué?  En el capítulo 10, La responsabilidad como factor de competitividad de la empresa, del libro La responsabilidad social de la empresa en América Latina: Manual de gestión, decíamos:

“…En general las empresas responsables y las rentables tienen algo en común que es la buena gestión y esta es la que determina ambas características: la rentabilidad y la responsabilidad. Es muy difícil probar si primero vino el huevo o la gallina, pero lo cierto es que ambos existen.”

Algunos de los estudios mencionados arriba tratan de determinar la dirección de la causalidad, y también en esto hay resultados en ambas direcciones.
  • Reacción de los mercados.  La conversión de la responsabilidad en rentabilidad depende de la reacción de participantes en los mercados.  Si los inversionistas no saben sobre la responsabilidad de la empresa, o aun sabiendo no actúan en consecuencia, la responsabilidad no se traducirá en mejores rendimientos financieros.  Y este es un caso generalizado, aun cuando con la creciente diseminación de información y el creciente interés por la inversión socialmente responsable, los inversionistas aumentan la demanda por los valores de las empresas responsables y pueden, en consecuencia, aumentar sus precios en las bolsas.

Y es muy importante recordar que estos son estudios estadísticos, no individuales, que los resultados, cualesquiera que estos sean, son válidos para el agregado de la muestra, en el promedio.  Dentro de los centenares de empresas de la muestra, habrá algunas para las que la relación existe y para otras que no, pero a nivel agregado se puede decir que el resultado general aplica. Se puede imaginar un gráfico de rentabilidad versus responsabilidad y habrá puntos por todas partes, con una línea que “resuma” la relación.  Pero son pocas las empresas en la línea.


En resumen, con algunos estudios estadísticos se puede demostrar que la responsabilidad y la rentabilidad están relacionadas, pero ello no permite generalizar este resultado.  Es un resultado estadístico, no matemático, depende de demasiadas variables como para poder ser demostrado de manera concluyente.  Pero a nivel de empresa por empresa, la situación es muy diferente.

2.     Rentabilidad (competitividad) de la empresa

A nivel de gestión de una empresa en particular, lo que importa es si sus prácticas responsables conducirán a mejores resultados, de allí que sea necesario el segundo nivel de análisis, el que determina el impacto de las prácticas de nuestra empresa.  Sobre el impacto de la responsabilidad en la competitividad se han escrito decenas de artículos y no hace falta repetir aquí los argumentos. [ii] Solamente hacer algunas advertencias.  Gran número de estos artículos hablan, sin decirlo explícitamente, del “debería”.  Si se hace tal y cual cosa, “debería” ocurrir esto.  Pero en la gestión de la empresa, nos interesa el “es” no el “debería”. [iii] ¿Conduce la responsabilidad a mayor competitividad?

Algunas acciones responsables, las que dependen exclusivamente de la empresa, son relativamente obvias. Por ejemplo, la reducción del consumo de recursos tiene un efecto inmediato en la reducción de costos.  Hay otros que no son tan obvios, por ejemplo, el mejoramiento de las condiciones laborales, “debería” con altas posibilidades, conducir a una mejor productividad, pero dependerá de la reacción de los empleados.  Y hay algunas que dependen de factores externos que “deberían” pero que no “son” ni con seguridad ni con alta posibilidad.  Por ejemplo, el respeto al medio ambiente en la producción dependerá de que los consumidores se enteren y que actúen en consecuencia favoreciendo los productos y servicios de la empresa. Y aun más, que esas acciones sean percibidas como factor de diferenciación con la competencia.  El cuarto artículo, comentado más abajo, concluye que es la especificidad de las prácticas responsables, la diferenciación de las prácticas de las demás empresas lo que las puede hacer competitivas, es decir, afectar su rentabilidad.

Los fanáticos de la RSE no se hacen estas preguntas, creen que la responsabilidad conduce a responsabilidad y los escépticos, generalmente los fanáticos de la maximización de beneficios creen que no, que es un malgaste de recursos. Como en muchos otros casos, la verdad está entre estos extremos.


II.             Cuatro estudios

A finales del 2018 se publicaron cuatro estudios que merece la pena comentar, para ilustrar estos aspectos que estamos analizando, dos de los cuales podríamos calificar en la primera faceta, inversión en cartera, y dos en la segunda, la gestión de la empresa.

1.      Incorporan los mercados la responsabilidad en el precio de las acciones

El primer estudio, How markets price ESG, es un estudio empírico realizado por la calificadora de sostenibilidad MSCI donde analizan el impacto que cambios en las calificaciones de sostenibilidad tienen sobre el precio de las acciones, o sea, si los mercados reaccionan a cambios en las calificaciones. Sus principales conclusiones son las siguientes:

  • Los mercados tienen mayor sensibilidad a los cambios en empresas que no tienen calificaciones ni muy altas ni muy bajas.
  • Reaccionan más a subidas en las calificaciones que a bajas.
  • Las reacciones son más notables sobre períodos de un año, que sobre cortos o largos plazos.

Estos resultados parecen indicar que el mercado reacciona más a las mejoras en las empresas medianamente responsables, que a las consideradas como muy o poco responsables.  Como si importaran menos los cambios en las que ya son consideradas como muy o poco responsables, como si los precios en los mercados ya reflejaran esa información, en el primer caso que el mejorar más allá de una alta responsabilidad no añade valor, y en segundo caso como si el cambio de “malo a menos malo” no fuera motivo de reconocimiento.  Y que la incorporación del cambio en los precios toma tiempo, pero a largo plazo se olvida.

El resultado de que reaccionan más a las subidas que a las bajas en un poco sorprendente ya que sería de esperar que los mercados reaccionen más a las malas noticias que a las buenas, como han sido los resultados de otros estudios sobre el impacto de noticias favorables o desfavorables.  En algunos de estos estudios se ha demostrado que el efecto es de poca duración, que los precios se recuperan (salvo casos de gran impacto).

Los autores alegan que al analizar cambios de las calificaciones sobre los precios en períodos subsecuentes se demuestra que la causalidad es en la dirección de que la rentabilidad en bolsa en causada por la responsabilidad.  

2.     Cuál es el impacto de la responsabilidad en la valoración de los activos financieros

El segundo estudio The Alpha and Beta of ESG Investing, publicado por Amundi’s Research Centre, una empresa de gestión de activos financieros, [iv] es también un análisis estadístico de masivos volúmenes de información sobre el impacto que la responsabilidad de las empresas (medida con las calificaciones de sostenibilidad de Amundi) tiene sobre los rendimientos.  En este caso la diferencia con los estudios tradicionales es que usan varios períodos de tiempo (2010-2013 y 2014-2017) y varias regiones (EE. UU. y Eurozona) para discernir el impacto que carteras conformadas con altas calificaciones tienen respecto a las conformadas por bajas calificaciones.  Esto podría compensar los problemas de agregación de largos períodos de tiempo o la casuística de cortos períodos, y la concentración en una bolsa de valores, como lo hacen los estudios más tradicionales.  Permite mucha más granularidad y demuestra lo difícil que es generalizar.

Sus principales conclusiones son las siguientes:

  • En el período 2010-2013, la responsabilidad tendió a penalizar tanto las carteas activas como las pasivas en ambas regiones.
  • En el período 2014-2017, la responsabilidad produjo beneficios adicionales en ambas regiones.  En la Eurozona, todos los componentes (Medio ambiente, Social y Gobernanza contribuyeron a estos beneficios adicionales, con la Gobernanza siendo el factor de más impacto, en tanto que en EE. UU. lo fue el componente ambiental.
  • En EE. UU. en el período 2014-2017 los rendimientos aumentaron en función de las calificaciones de sostenibilidad.  En la Eurozona, en el mismo período, las mejores fueron recompensadas y las peores penalizadas.
  • La búsqueda de los rendimientos adicionales a través de la inversión responsable debe implementarse con cautela ya que, siendo solo una porción del universo invertible, puede conducir a menor diversificación y mayores riesgos.

Hemos omitido muchas de las conclusiones a nivel de detalle (qué componente, dónde y cuándo tiene mayor o menor influencia en las buenas y en las malas) para no abrumar al lector.  A lo mejor después de todo esto tendremos más cautela en hacer generalizaciones.

3.     Percepción y valoración de la responsabilidad

El tercer estudio, Sentiment and pricing ESG, es un documento de trabajo por George Serafeim, publicado por la Harvard Business School. Es un análisis de masivos volúmenes de datos sobre el efecto de la responsabilidad de las empresas (indicadores de medio ambiente, social y gobernanza, ASG) en la prima en el precio de las acciones de las calificadas como más responsables.  Concluye que esta prima ha ido creciendo con el tiempo (mi opinión: presumiblemente porque los inversionistas actúan cada vez sobre la información de responsabilidad) y que esta prima aumenta con el impulso (momentum) en el sentimiento.  Por sentimiento, el estudio se refiere a indicadores de la opinión publica (ONG, centros de pensamiento, expertos y medios de comunicación) sobre la responsabilidad de la empresa.

“La evidencia sugiere que el sentimiento del público influencia la opinión de los inversionistas sobre el valor de las actividades responsables y por ende tanto la prima que se paga por la responsabilidad empresarial como el rendimiento de las carteras que consideran la información sobre ASG.”

¿Implicaciones para la estrategia empresarial? Aunque el estudio no hace sugerencias, podemos pensar que la empresa debe preocuparse no solo de serlo, sino de parecerlo, informar al público, y en la medida de lo posible, influenciar ese sentimiento del público (éticamente, se entiende [v] )

Como comentábamos arriba, no solo hay que ser responsable, sino que las partes interesadas, en este caso los inversionistas, deben actuar sobre la información para que la responsabilidad se traduzca en rentabilidad y en este caso parece que el impulso en la percepción del público, no solo la percepción, tiene un efecto positivo.  Hay que ser continuamente proactivo, impulsar.


4.     La responsabilidad como estrategia competitiva

El cuarto estudio es otro documento de trabajo Corporate Sustainability: A Strategy?, por Ioannis Ioannou y George Serafeim, publicado por la Harvard Business School.  También es un análisis estadístico de masivas cantidades de datos, pero a diferencia de los dos primeros no trata de demostrar la rentabilidad de la responsabilidad a nivel agregado, sino que analiza los factores que la pueden hacer rentable, como se puede usar la responsabilidad como estrategia de competitividad. 

El estudio determina que para casi todas las diferentes industrias las practicas de responsabilidad convergen hacia una serie de prácticas “comunes”, aunque hay algunas que son diferentes entre las empresas, que las denominan “estratégicas”.  Son estas las que están relacionadas con el rendimiento sobre el capital y las expectativas de mejores resultados (expresadas en el valor de la empresa en el mercado relativo al valor contable).   Las practicas “comunes” solo tienen impacto sobre este último resultado y no sobre el rendimiento sobre el capital.

Aunque el estudio no lo comenta, es muy posible que la convergencia hacia prácticas comunes esté influenciada por los indicadores para todas las empresas en una industria que piden los estándares de reporte como el GRI y el SASB y los criterios de las calificadoras de responsabilidad, que inducen al efecto rebaño a hacer lo que hay que reportar. O sea, al revés de lo que debería hacerse. Los reportes no deben determinar la estrategia.

Si todos hacemos lo mismo ¿podemos ser competitivos?  De nuevo la respuesta puede parecer obvia a los iniciados en el tema de competitividad: Sí, pero hay que diferenciarse de los demás.

III.           Y mi opinión

La pregunta sobre si la responsabilidad, en general, afecta el positivamente el rendimiento de los valores negociables no tendrá nunca una respuesta convincente, porque es una pregunta demasiado general, busca una respuesta universal, en un agregado de empresas y circunstancias muy diversas.  Cualquier relación que se demuestre, será válida en un gran promedio de variables, lo que tiene poco valor paras las decisiones individuales. Además, que siempre quedarán los problemas de causalidad (¿la responsabilidad conlleva a la rentabilidad o la rentabilidad permite a las empresas ser más responsables?) y que la misma responsabilidad que se usa como variable clave no es medible y, en el mejor de los casos, será válida para la versión que se use.  Como vimos en los resultados comentados, la respuesta se tendrá que dar con una gran cantidad de advertencias si se quiera extrapolar a otros casos.  Y dependerá de que los inversionistas actúen en ese mercado de valores.  Es posible que, con el paso de tiempo, al mejorar la difusión de la responsabilidad de las empresas y el volumen de recursos que se invierten en empresas responsables, la relación se vaya afinando.

Pero a nivel individual, de una empresa en particular la respuesta es más factible y confiable, aunque tampoco se puede extrapolar para todo tipo de actividades.  Algunas se traducen en rentabilidad en el corto plazo, otras en el largo, otras nunca y en algunos casos no se podrá establecer la causa-efecto.  Depende, como hemos comentado, de la reacción de las partes que intervienen en convertir la responsabilidad en rentabilidad o en ventaja competitiva.

Y una advertencia para concluir.  En este artículo nos hemos concentrado en la potencial rentabilidad de la responsabilidad para comentar los cuatro artículos. Pero ello no quiere decir que solo hay que ser responsable porque es rentable, el llamado argumento empresarial.  Debemos recordar el argumento moral, el que la responsabilidad ante la sociedad es una responsabilidad moral de la empresa, sea ello o no rentable.  Si lo es, tanto mejor, pero no debería ser la única razón para serlo.  En el largo plazo, ambos argumentos son el mismo: la buena gestión, y las empresas bien gestionadas tienden a ser mas rentables. [vi]



[ii] El capítulo 10, La responsabilidad como factor de competitividad de la empresa, del libro La responsabilidad social de la empresa en América Latina: Manual de gestión, contiene una extensa discusión.

[iv] Para los no iniciados en la teoría de carteras de inversión, “alpha” se refiere a los rendimientos extraordinarios que se pueden obtener de alguna estrategia activa de inversión (estrategia pasiva es comprar una cartera de acciones y no alterarla), y “beta” se refiere a la sensibilidad de una cartera de inversión a cambios en la valoración del mercado de valores como un todo.



sábado, 7 de septiembre de 2019

El propósito de la empresa responsable: ¿Punto de inflexión? ¿Se consolida?

  
Recientemente se han presentado algunos eventos que son significativos, aunque posiblemente no determinantes, para la adopción de un propósito de la empresa con una concepción más amplia que la de acciones puntuales. El propósito de la empresa ha sido un tema de amplia discusión desde principios del siglo XX, aunque se ha discutido con mucha más intensidad en las ultimas dos décadas. [1]

I.                Brevísimo resumen de la evolución del propósito de la empresa

A comienzos del siglo XX, al establecerse firmemente la figura legal de empresa como sociedad anónima, era reconocido que el propósito de la empresa incluía el bienestar de la sociedad, los empleados como “parte de la familia”, la comunidad como foco de actuación de la empresa (vivienda, educación, salud, etc.) y la filantropía para cubrir otras necesidades del entorno: la empresa paternalista. 

Pero en la segunda mitad del siglo con la intensificación de la globalización, de la competencia, y del crecimiento e internacionalización de la empresa, esta pasó a ser su propio foco, a mirarse a sí misma.  Ante esas presiones de globalización, competencia y crecimiento se tuvo que dar primacía al financiamiento, al dinero y en particular a los accionistas.  En ese período las escuelas de negocios, y en particular los programas MBA que entrenaban a futuros dirigentes empresariales, tuvieron un gran crecimiento y se desarrolló toda una teoría de la empresa basada en la maximización de su valor para los accionistas.  Ese pasó a ser su propósito primario.  Este cambio estuvo más profundizado y acelerado en el mundo anglosajón y los países de su influencia directa.

Europa también se sintieron las mismas presiones, en particular un gran número de sus escuelas de negocios adoptaron el modelo anglosajón de la empresa ya que gran parte de sus economistas fueron educados en ese entorno, con las mismas presiones de publicación en journals reputados, dominados por EE.EU. Sin embargo, las mismas empresas no tuvieron esos cambios tan radicales en su propósito y mantuvieron y mantienen, como en las políticas públicas de la mayoría de los países, una preocupación por las personas, sobre todo las de menor tamaño relativo.  La tradición europea es más humana que la anglosajona.

Desde hace algún tiempo, pero con más énfasis en la dos primeras décadas del siglo XXI se está reconsiderando el propósito de la empresa, aunque parece ser en cámara lenta (lo parece porque todavía no tenemos la perspectiva que da el tiempo). Con la ubiquidad de la información, el despertar de la sociedad civil, el impacto (visible) de la actividad empresarial en el cambio climático (concientizador) y con irresponsabilidades por parte de algunas empresas que han tenido mucha notoriedad, se ha expandido la idea de que el propósito de la empresa es el mejoramiento del bienestar de la sociedad, tomando en cuenta el impacto de sus actividades. En la educación empresarial se está moderando el propósito de la empresa con la consideración, en paralelo, de temas de sostenibilidad, con la participación de otras disciplinas, como la sociología, ecología, derechos humanos, psicología, entre otras. Pero esto todavía suele ser algo accesorio, opcional, en electivas.  Falta una integración de la sostenibilidad en el modelo de empresa, la maximización del beneficio, medido este incluyendo los beneficios y costos para la sociedad y el medio ambiente.  

Y en este sentido Europa ha ido adelante de EE. UU.  Mucho antes de la Declaración, que comentamos a continuación, la Unión Europea, a comienzos del siglo XXI, había tomado medidas para fortalecer ese cambio.  Comenzando con la estrategia de RSE del 2001, Promoting a European framework for Corporate Social Responsibility, La Comisión y el Parlamento Europeo ha emitido una gran cantidad de directivas que promueven y regulan el comportamiento responsable de las empresas y su reporte.  Y muchos países las han convertido en leyes o regulaciones nacionales,

En el mes de agosto del 2019 se presentaron algunos eventos, en el mundo anglosajón, que han reactivado la discusión sobre el propósito de la empresa que comentamos en este artículo.  El primero es el cambio de posición del Business Roundtable, BRT, y la consideración del tema en The Economist, revista muy influyente en los círculos empresariales.  Ambos han cambiado o moderado su opinión sobre el propósito de la empresa.

II.             Declaración del BRT

El BRT es una asociación empresarial que agrupa a las mayores empresas de EE.UU. y que tradicionalmente ha mantenido que el propósito de la empresa es la maximización de beneficios y la primacía de los accionistas. El 19 de agosto emitió una Declaración, Statement on the Purpose of a Corporation (Declaración sobre el propósito de la empresa) que fue firmada por 181 de los CEO de grandes empresas, revisando su objetivo para incluir los intereses de los stakeholders. Ha dado lugar a decenas de artículos periodísticos, de expertos en sostenibilidad, y de académicos entre otros.  Si un impacto ha tenido, en el corto plazo, es que ha despertado gran interés y estimulado la discusión.  Está por verse su impacto en el mediano y largo plazo.

1.      Lo que dice: 5 compromisos.

La declaración es muy simple y es una definición de libro de texto de la responsabilidad empresarial, de la atención de las necesidades de todos los stakeholders, no solo los sharedolders.

Aun cuando cada una de nuestras empresas tiene su propios propósitos, compartimos un compromiso básico con todos nuestros stakeholders. Nos comprometemos a:

·        Proporcionar valor a nuestros clientes. Profundizaremos la tradición de las empresas estadounidenses de liderar el camino en cumplir o exceder las expectativas de nuestros clientes.
·        Invertir en nuestros empleados. Esto comienza con una compensación justa y la provisión de beneficios importantes. También incluye respaldarlos a través de educación y entrenamiento que les permita desarrollar destrezas para el mundo cambiante. Promovemos la diversidad, inclusión, dignidad y respeto.
·        Relacionarnos justa y éticamente con nuestros proveedores. Estamos dedicados a server cono buenos socios con otras empresas, grandes y pequeñas, que nos ayuden a cumplir nuestro propósito.
·        Respaldar a las comunidades en las que operamos. Respetamos las personas en nuestras comunidades y protegemos el medio ambiente adoptando practicas sostenibles a lo largo y ancho de nuestras actividades. [2]
·        Generar valor de largo plazo para nuestros accionistas, que proporcionan el capital que permite a las empresas invertir, crecer e innovar.  Estamos comprometidos con la transparencia y el involucramiento efectivo con y de nuestros accionistas.

Cada uno de nuestros stakeholders es esencial. Nos comprometemos a proporcionar valor a todos ellos, para el éxito futuro de nuestras empresas, nuestras comunidades y nuestro país.

Nada nuevo bajo el sol: clientes, empleados, proveedores, comunidades y el medio ambiente y los accionistas.  No falta nadie.  Pero sí faltan cosas.

Algunas palabras son indicativas de una ampliación de la visión.  El decir “invertir” en nuestros empleados es un reconocimiento de que representan un capital y no un recurso a ser utilizado.  La inclusión de “largo plazo” en la generación de valor para los accionistas es un reconocimiento del contexto que es necesario para considerar el bien de todos los stakeholders y un mensaje a los inversionistas cortoplacistas. 
                                                          
(sin corbata, para aparecer más alineados con la sociedad, menos fríos)

2.     Lo que no dice: 6 grandes omisiones

Para que sea firmada por 181 CEO debe ser una declaración relativamente general, con compromisos no vinculantes, valga la contradicción. Pero tiene varias omisiones muy notorias.  Al concentrarse en las “partes”, en supuestamente “hacer el bien”, ignoran actividades y el “no hacer el mal”.  Echamos de menos:

·       Compromiso de cumplir con sus obligaciones fiscales y evitar la elusión, aunque esto último sea legal, de acuerdo a las imperfectas regulaciones vigentes (ver el artículo Eludir y evadir impuestos: ¿Hasta dónde llega la irresponsabilidad empresarial?).
·       Responsabilidad de sus productos, tanto los que producen como los que venden.  Son muchos los firmantes que han sido acusados de comercializar productos y servicios irresponsables.  [3]
·       Alineamiento de los incentivos para los dirigentes en buscar el bien de los stakeholders, por encima de sus intereses personales, con una remuneración basada en el logro de las cinco propuestas (sostenibilidad) y no solo en la última, los beneficios financieros.
·       Relacionarse justa éticamente con sus stakeholders.  Es mucha la retórica sobre su importancia, pero a la hora de la verdad tienden a ignorarlos o atenderlos solo cuando les conviene. [4]
·       Primacía de los intereses de los accionistas, pero…. De manera perniciosa la ejercen a través de la compra de las propias acciones (share buyback) para hacer subir su precio en vez de invertir los excedentes financieros en innovación, creación de empleos, sostenibilidad, entre otras. [5]
·       Transparencia en el cabildeo. No puede ser que por una parte estos CEO declaren preocupación por los stakeholders y por otra gasten grandes cantidades de dinero haciendo cabildeo para evitar leyes de protección ambiental, del consumidor, de prácticas abusivas y de puertas rotatorias, entre otras. [6]

Si bien un gran número de los firmantes preparan reportes de sostenibilidad, una Declaración de la supuesta envergadura de esta requiere el compromiso de reportar específicamente sobre su cumplimiento y en particular de forma colectiva, para que los que no reportan o la hacen imperfectamente se vean forzados a elevar su nivel de transparencia y responsabilidad al nivel de la más responsable de las empresas firmantes.  BRT no debería lavarse las manos en esto y asumir liderazgo.

Algunos de los CEO firmantes dijeron que el grupo ofrecería a corto plazo propuestas más detalladas de como sus empresas implementarían los ideales de la Declaración. Esteremos pendientes.

3.     Discusión

La gran mayoría de los artículos que la han comentado son laudatorios, con algunas reservas sobre la falta de compromiso real y algo de escepticismo sobre su efectividad.  Las críticas son de algunos defensores del status quo, de la primacía de los inversionistas y algunos académicos críticos de la falta de mordiente y señalando algunas omisiones.

Algunos lo han llamado “un cambio de rumbo dramático en el principio de la filosofía operativa de esta organización liderara por poderosos CEO”.  Esta reacción muestra como lo que debería ser algo normal es percibido como dramático, lo que también muestra la precepción de que será difícil de lograr. Lo de dramático debería ir precedido de “posiblemente”.   Todo dependerá de lo que hagan. Como dice el refrán popular “De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.

El Council of Institutional Investors, otra poderosa institución que representa a inversionistas, cuyo propósito es promover la maximización de beneficios, reaccionó inmediatamente diciendo que era un error “poner a los accionistas de último al verlos sencillamente cono proveedores de capital en vez de dueños” (énfasis añadido).  Esto es una exageración ya que lo de ultimo es la posición en la lista, que no representa prioridades relativas. 

Ni siquiera los que representan a los accionistas entienden que ellos no son propietarios de la empresa, al adquirir las acciones solo han adquirido derechos: derechos de recibir dividendos y derechos (limitados en cada país por las regulaciones de las comisiones de valores) de elegir algunos miembros del Consejo, pero no son dueños de las empresas, no pueden disponer de sus activos.  Yo soy dueño de mi coche y lo puedo vender.  Pero el accionista solo puede vender sus derechos.  Y para colmo, la gran mayoría de los accionistas solo son “dueños de las acciones” por períodos muy cortos de tiempo y estos inversionistas de corto plazo no deberían tener el “derecho” de definir el destino a largo plazo de las empresas (de allí el uso del término largo plazo en la Declaración). [7] También criticaron la Declaración con la frecuentemente repetida excusa de que “si hay que ser responsables de las acciones ente muchos (stakeholders) no se es con nadie” (“perro de muchos dueños se muere de hambre”). Con esto pretenden justificar que solo los shareholders cuentan, queriendo ignorar que la empresa opera dentro de toda una sociedad y le necesita para operar. A ella debe rendir cuentas.

En la otra cara de la moneda hay críticos que alegan que es una Declaración vacía, diseñada para evitar que se establezcan regulaciones gubernamentales a las actividades empresariales.  Un crítico dice que los “CEO son muy adeptos a hablar de ambos lados de la boca,” estar con Dios y con el Diablo.

Ni tanto, ni tampoco.  La Declaración, como hemos comentado, en efecto le falta mordiente, es de esperar de una declaración pública masiva y le faltan muchos elementos críticos como hemos señalado, pero puede estimular la discusión, difusión y acción.  Pero compete a la sociedad y a los gobiernos exigir acciones y cuentas y si ambos son indiferentes, mal pueden quejarse.  Nosotros como consumidores, empleados, funcionarios, votantes, profesores, alumnos, etc., tenemos responsabilidades, debemos actuar.

III.           Y The Economist se mantiene fiel a sus principios.

Concurrentemente con la Declaración, la revista The Economist, el parangón del capitalismo ha publicado, inusualmente, un artículo de portada (What companies are for) sobre el propósito de la empresa, defendiendo en gran medida la primacía de los accionistas.  Lo comentamos separadamente por la influencia que la revista ejerce y por su siempre muy riguroso análisis.



Presenta dos argumentos en contra de lo que llaman el “capitalismo colectivo” (variedad de stakeholders): ante quien se es responsable y conspiración contra el dinamismo. El primero se refiere a que ser responsable ante muchas partes puede llevar a que no sea responsable ante ninguno. Lo hace bajo el argumento de que la sociedad o los stakeholders son un grupo muy difuso, sobre cuyas prioridades o necesidades no puede haber consenso. Si bien ello puede ser cierto a nivel del colectivo empresarial, no es tan cierto a nivel de cada empresa en particular, que es lo que importa.  Cada una puede y debe identificar a sus stakeholders y los impactos que tiene y quiere tener (ver mi artículo ¿Cómo interpretar LA definición de la RSE? donde defiendo la tesis de que cada empresa tiene SU sociedad sobre la puede y debe actuar y que es contraproducente generalizar).


El segundo argumento es que el capitalismo colectivo conspira contra el dinamismo necesario para ser competitivo.  Las empresas deben poder despedir a los empleados si es bueno para el negocio, deben poder tener la flexibilidad necesaria sin restricciones impuestas por responsabilidades sociales.

La manera de hacer que el capitalismo funcione mejor para todos no es limitar la accountability y el dinamismo, sino mejorar ambos.  Esto requiere que el propósito de las empresas sea determinado por sus dueños, no por ejecutivos o activistas (énfasis añadido).

Y por supuesto son firmes creyentes en el funcionamiento de los mercados, hasta del mercado de la responsabilidad, o sea que si hay demanda habrá oferta. Que los accionistas serán suficientemente ilustrados como para saber lo que le conviene a la empresa en el largo plazo y si ello requiere algunas actividades de responsabilidad lo harán.  Verán cuales de estas actividades conducen al aumento del valor de la empresa en el largo plazo y las promoverán.  Si quieren atraer millenials tendrán las políticas adecuadas. Si es bueno para la empresa luchar contra el cambio climático lo harán. Si el mercado demanda café fair trade, el mercado lo proporcionará. O sea, que solo se será responsable si ello conlleva a mayores beneficios:  el argumento empresarial.  El argumento moral no existe para ellos.  [8] Claro está, suponiendo que el mercado funciona, que los consumidores tienen toda la información relevante y actúan en base a ella.

Lamentablemente el mercado de la responsabilidad es tan imperfecto como el mercado de bienes y servicios.  La inmensa mayoría de los accionistas no son ilustrados, son egoístas, son relativamente ricos, quieren los beneficios en el corto plazo para poder vender sus acciones y realizar las ganancias de su tenencia.  Basta con ver la gran mayoría de las propuestas de cambio de dirigentes y de políticas que se presentan en las Asambleas Generales de Accionistas.  Opacan y con mucho las propuestas de mejorar la sostenibilidad. [9] [10]

Y los consumidores, empleados, dirigentes, instituciones financieras, medios de comunicación, etc., en general, no actúan como el mercado (perfecto) de la responsabilidad de The Economist supone.

La posición de la revista se resume, con un cinismo británico, en el título de uno de los artículos, Somos de la empresa y venimos a ayudarlos, incluyendo esta gráfica.




IV.           En resumen

¿Son capaces los accionistas de determinar el propósito de la empresa?  Si la sociedad no es un grupo de criterios uniformes, tampoco los son los accionistas. A lo sumo están de acuerdo con la obtención de beneficios.  Las empresas tienen inversionistas cortoplacistas, tienen inversionistas institucionales (fondos de inversión, de pensiones, etc.), que tiene objetivos de medio y largo plazo, y pueden tener accionistas con objetivos socioambientales.  En el caso de empresas con propiedad concentrada en un grupo pequeño si podemos decir que es responsabilidad de los dueños (y en este caso se puede hablar de “dueños”). [11]

Ni la sociedad ni los dueños pueden determinar el propósito de la empresa.  Este debe ser determinado por los directivos teniendo en cuenta las necesidades/deseos de la sociedad (que pueden ser incoherentes, contradictorios, excesivos, no factibles, etc.) y los de los accionistas (que pueden ser incoherentes, contradictorios, excesivos, no factibles, etc.).  Por ello los mejores situados son los directivos y de allí su activismo necesario en la Declaración mencionada arriba y otras similares.  Y sería normal que ambos colectivos no estuviesen de acuerdo.  De allí, la mediación y responsabilidad de los directivos. [12]


Anexo: Si quieren leer más

Si el lector no está cansado de leer y quiere leer más:



Is the Business Roundtable Statement Just Empty Rhetoric?, Andrew Winston, Harvard Business Review blog.

6 Ways CEOs Can Prove They Care About More Than Shareholder Value, John Elkington y Richard Roberts, Harvard Business Review blog.

181 Top CEOs Have Realized Companies Need a Purpose Beyond Profit, Claudine Gartenberg y George Serafeim, Harvard Business Review blog.

C.E.O.s Should Fear a Recession. It Could Mean Revolution, Farhad Manjoo, New York Times, 21 agosto 2019.


America’s CEOs Seek a New Purpose for the Corporation, Allan Murray, Fortune, 19 agosto 2019.

How Shareholder Democracy Failed the People, Andrew Ross Sorkin, New York Times, 20 agosto 2019.

Shareholder Value Is No Longer Everything, Top C.E.O.s Say, David Gelles y David Yaffe-Bellany, New York Times, 19 agosto 2019.




[1] Llego tarde a esta discusión, estaba de vacaciones de verdad, pero “lo importante no es llegar primero sino saber llegar”.

[2] Y no todo deben ser críticas, algunos de los firmantes han tomado acciones significativas para mitigar impactos que pueden considerarse indirectos. Microsoft y Google están haciendo inversiones para paliar la escasez y costo de la vivienda en sus comunidades, en parte influenciados por los elevados sueldos que pagan (ver mi artículo Buen ejemplo: Asumir responsabilidad por impactos indirectos)

[3] Johnson and Johnson, uno de los firmantes es productor de opioides y fue encontrado culpable de promoverlos indiscriminadamente y multado con $572 millones, en un solo juicio, y tiene más de 2000 juicios pendientes. Walmart es el tercer vendedor de armas al público (ver mi artículo Masacres y responsabilidad empresarial).  Exxon ha sido una de las empresas líderes en su oposición a las medidas de control del cambio climático. Google y Facebook tiene los ampliamente conocidos problemas con el uso y abuso de información personal (ver mi artículo La responsabilidad social de Facebook).  El CEO de BlackRock ya había emitido una carta a sus colegas instándolos a adoptar un propósito para sus empresas a lo largo de las líneas de lo que sería la Declaración, pero sus fondos de inversiones no practican lo que predica (ver mi artículo Mucho ruido, pocas nueces: Activismo de fondos de inversión).

[9] Un buen ejemplo es el caso de Amazon mencionado en una nota 4 arriba.

[12] Algún lector habrá notado que en este extenso artículo no hemos mencionado a Milton Friedman.