sábado, 30 de mayo de 2020

La responsabilidad social de la digitalización


 La mentira ya ha recorrido la mitad del mundo antes 

de que la verdad se termine de poner los zapatos.

Anónimo

 

En las décadas recientes la penetración de la digitalización en la actividad cotidiana se ha venido acelerando y en especial en la difusión de la información con la proliferación de las redes sociales.  La ubiquidad de los teléfonos móviles inteligentes ha creado dependencia de esa digitalización.  Y la crisis la ha intensificado aún más. Ahora la usamos para sobrevivir el confinamiento, para hacer compras esenciales que antes hacíamos de forma presencial y aun para hacer nuestro trabajo cotidiano, desde casa.

Esta ubiquidad de la digitalización y la facilidad y bajo costo de su uso han creado y acentuado las responsabilidades de la producción y uso de las tecnologías digitales y se está volviendo cada vez necesario considerar las responsabilidades ante la sociedad, no de empresas individuales, o de una industria de empresas, o sino además de la actividad misma, de su uso y abuso. Por lo mencionado es ahora más importante considerar esa responsabilidad en el sentido más amplio.

En mayo del 2020 se publicó un artículo, Corporate Responsibility in the Digital Era ,[1] en la revista MIT Sloan Management Review donde se presenta un esquema de esa responsabilidad. Solo destacaremos algunos aspectos que son específicos a la responsabilidad de la digitalización y no los que son comunes a toda responsabilidad empresarial.

El siguiente gráfico presenta un resumen del artículo.  Se puede apreciar que incluye los dos componentes “tradicionales” de la RSE, Social y Ambiental, con aspectos muy comunes a todo tipo de empresas. Incluye un componente que denomina “Económico” que cubre aspectos de la tradicional Gobernanza, pero incluye además un componente específico que es la responsabilidad de la tecnología digital.

 


Los cuatro aspectos mencionados en el tercer componente coinciden con los tradicionales de la gobernanza, pero con algunas variantes específicas que merecen comentar.  El primero reconoce el poder de la tecnología de afectar la cantidad y dignidad del capital humano a ser substituido por capital tecnológico.  Es una responsabilidad de toda empresa o actividad pero que el caso de la digitalización tiene un potencial impacto muy elevado por lo que es muy oportuno e importante destacar y considerar a la hora de intensificar el uso de las tecnologías.

 De hecho, en una encuesta reportada en el Edelman Trust Barometer 2019  (el informe completo aquí) el principal temor expresado por los empleados fue la pérdida del empleo, ya sea por los cambios tecnológicos (55%), ya sea por la falta de las destrezas necesarias (59%).  El 54% creía que la innovación iba demasiado rápido.

Esto es algo relativamente conocido pero que cada día nos trae nuevas implicaciones. Por ejemplo, el reciente confinamiento mundial ha acelerado el uso del teletrabajo y la educación virtual, lo que a primera vista tiene connotaciones muy positivas pero que un análisis más detallado releva connotaciones negativas, incluyendo en los aspectos de la desigualdad económica y social. No se trata solamente de un problema de substitución de personas por máquinas, sino además de la maquinización de las personas.

 El aumento del teletrabajo conlleva una disminución de la utilización del espacio de oficinas, con el consecuente impacto negativo para las personas que se dedican a la limpieza y mantenimiento de las edificaciones y de toda la industria de comidas, entretenimiento y transporte creada alrededor de esos espacios, entre otros impactos.  La educación a distancia también tiene connotaciones positivas, pero donde su análisis más detallado también revela impactos negativos.  Como en el caso del teletrabajo es más apto para las personas de mayores capacidades económicas e intelectuales. Muchos colegios de educación primaria no han podido continuar la educación a distancia por carecer de las tecnologías y, en algunos casos, de las capacidades de los maestros para manejarlas.  Ambas actividades, teletrabajo y teleeducación contribuyen a la desigualdad al afectar más negativamente a las personas con menores ingresos y niveles de educación.  Adicionalmente, reducen el contacto social, el desarrollo de las culturas empresariales y el desarrollo de las destrezas de la convivencia con otras personas. Se corre el riesgo de la deshumanización de los trabajadores y de los alumnos.

El tercer aspecto sobre el pago de los impuestos que tocan no es exclusivo de esta actividad, pero al ser esta menos tangible, que por ejemplo la manufactura, facilita la ubicación de las fuentes de ingresos y costos de tal manera de localizarlos en los territorios dependiendo de la fiscalidad.  Se presta para la elusión fiscal. Los ingresos se ubican en territorios de baja fiscalidad (Irlanda, Luxemburgo, paraísos fiscales), en tanto que los costos se imputan en los territorios que permiten el mayor desgravamen fiscal (para mayores detalles ver los artículos Eludir y evadir impuestos: ¿Hasta dónde llega la irresponsabilidad empresarial?, y  ¿Un paso adelante contra la elusión fiscal?, donde considerábamos el caso de algunas empresas de base digital).  

El artículo del MIT añade un componente específico a la digitalización a los ya tradicionales ASG (ambiente, social y gobernanza) de la RSE de las empresas en general: el tecnológico (que aunque también existe para estas no se suele destacar mucho en las discusiones tradicionales de la RSE).

Se refiere a la responsabilidad en la captación, uso, procesamiento, diseminación y disposición de la información digital, en particular la captada de forma espontánea del público.  La principal preocupación ha sido el abuso de esa información, el mantenimiento de la privacidad (con motivo de algunos abusos habíamos analizado la responsabilidad ante la sociedad de una de las mayores empresas digitales en La responsabilidad social de Facebook).  En este componente, el artículo señala cuatro aspectos, pero comentaremos solo el primero ya que los siguientes tres son relativamente más obvios.

La ética en el uso de los algoritmos y de la inteligencia artificial, no es tan obvia para el gran público.  Los algoritmos son reglas, a veces complejas, para tomar de decisiones que suelen ser desarrollados por personas, empresas o instituciones con el fin de utilizar la inmensa cantidad de información que se recopila continuamente (big data) para, por ejemplo, ofrecer productos a ese público en función de sus intereses expresados, directa o indirectamente en los foros donde los expresa en función de los sitios internet que visita. Se usan algoritmos, por ejemplo, para determinar la concesión de créditos basada en el historial crediticio y otras características y comportamiento de las personas o empresas. Se usan para la selección del personal, también en función de características y comportamiento, basadas en información que ha sido recopilada muchas veces sin el conocimiento de las mismas personas. 

Estos algoritmos y la inteligencia artificial (aprendizaje derivado del análisis de un gran número de decisiones tomadas por otros en circunstancias que tienen algo en común, por ejemplo, analizando miles de operaciones llevadas a cabo por médicos) suelen ser de propiedad exclusiva de los que los desarrollan, sin que los que hayan proporcionado la información lo sepan o sepan que hay dentro de la “caja negra” que toma las decisiones. Suelen ser secretos. Pudiendo ser estos algoritmos muy poderosos y tener una gran influencia sobre la vida de las personas, empresas e instituciones, es que se requiere su desarrollo y utilización éticaSe pueden utilizar para el bien, por ejemplo, para una asignación más eficiente y efectiva de recursos, pero también para el mal, por ejemplo, para discriminar o excluir a personas por sus características, como género, edad, gustos, comportamiento, opiniones, etc.  

Y una gran responsabilidad de la digitalización es el control de información que es falsa y que puede ser dañina para la sociedad. Cuanta zozobra se ha creado en la actual crisis con la diseminación de bulos e información incorrecta o simplemente falsa (Los bulos de la pandemia: cuántos, cuáles, dónde, cómo y quiénes). Si bien es cierto que la responsabilidad recae en las personas o instituciones que la crean y diseminan, no es menos cierto que es la tecnología digital es la que permite su diseminación masiva e instantánea y por ende su impacto negativo.  Los medios tecnológicos de recopilación, procesamiento, uso y difusión de la información tienen gran parte de responsabilidad en controlar esa información.   No es que sea fácil determinarlo ex ante, pero pueden poner los algoritmos y la inteligencia artificial que mencionábamos antes para identificarla y controlarla.  Usarlos para el bien de la sociedad.

Ante los riesgos de la captación, uso, procesamiento, diseminación y de la información digital, la Unión Europea ha desarrollado extensas regulaciones para minimizarlos (ver Reglamento general de protección de datos), que entraron en vigencia en mayo del 2018 y que se cubren los siguientes derechos: 

  1. El derecho a ser informado.
  2. El derecho al acceso.
  3. El derecho a la rectificación.
  4. El derecho a la eliminación.
  5. El derecho a restringir el procesamiento.
  6. El derecho a la portabilidad.
  7. El derecho a objetar.
  8. Derechos relacionados con la toma de decisiones automatizadas y la generación de semblanzas (profiling).

 Ojalá esta responsabilidad de la digitalización sea asumida urbi et orbi.

 ¡Qué iluso!

 

Post Data:  el 26 de mayo del 2020, Twitter, primera vez en su historia, utilizó la advertencia sobre posibles hechos falsos.  Le añadió la designación de “No corroborado” a una aseveración del………. !!!Presidente Trump!!!, donde decía que la expansión del voto por correo en California conduciría al fraude. Twitter invita a los lectores a verificarlo e incluye nexos.

 


[1] Es posible que para acceder al artículo haya que registrarse, pero ello permite leer varios artículos al mes de forma gratuita.


martes, 26 de mayo de 2020

Un buen ejemplo de responsabilidad por los empleados en la crisis



Apenas se detectó la emergencia sanitaria en Italia el empresario y multimillonario Leonardo del Vecchio, fundador y CEO de Luxottica, donó 10 millones de euros para el equipamiento del hospital de Milán que tuvo que atenderla.

Luxottica, fundada en el 1961, es el mayor productor y vendedor del mundo de gafas y lentes (Ray-Ban, Oakley, Vogue Eyewear, Persol, Oliver Peoples, Arnette, Costa del Mar y Alain Mikli, y licencias que incluyen Giorgio Armani, Burberry, Bulgari, Chanel, Coach, Dolce&Gabbana, Ferrari, Michael Kors, Prada, Ralph Lauren, Tiffany, Valentino y Versace). Tiene más de 9000 tiendas, en 150 países y más de 85000 empleados en todo el mundo

Ahora ha anunciado un paquete de medidas para proteger a sus 10000 empleados en Italia, donde tiene su sede en Milán.  Completará sus fondos de compensación, de los cuales los desempleados en Italia reciben sus ingresos, para que reciban el equivalente del 100% del sueldo (los fondos gubernamentales solo cubren hasta el 60%).  Además, pagará una bonificación de 500 euros mensuales a los que continúan trabajando.  Un buen ejemplo de responsabilidad.

Pero lo más interesante es como lo financiará: con la solidaridad de los dirigentes de las empresas que se han reducido el 50% de sus remuneraciones.

Obviamente recuerda sus humildes orígenes y aprecia las necesidades de los trabajadores.  Es hijo de un vendedor de frutas.

Pero, como con el caso de las donaciones de la Fundación de Amancio Ortega, (ver mi análisis en ¿Por qué rechazan la filantropía de Amancio Ortega? y Responsabilidad empresarial y filantropía personal: Las “limosnas” de Amancio Ortega) no han faltado quienes lo acusan de limosnero.  Las mismas confusiones.

Ojalá hubiera más empresarios como estos.


sábado, 16 de mayo de 2020

Cómo las empresas pueden evitar el greenwashing con los ODS



Entrevista de Pernilla Strid, periodista, a Antonio Vives.[1]

Recientemente se propusieron nuevos criterios para el trabajo de la Agenda 2030 de las empresas, para evitar el riesgo de greenwashing con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS. La revista Aktuell Hållbarhet (Medio Ambiente y Sostenibilidad al día) ha pedido al autor Antonio Vives analizar tres grandes empresas suecas en diferentes sectores sobre la base de los criterios propuestos (Eriksson, Stora Enso y Volvo). Ninguna de ellas es aprobada.

Antonio Vives es asociado principal de la firma de consultoría Cumpetere y ex profesor de la Universidad de Stanford, EE. UU. Recientemente, propuso en la publicación Greenbiz una serie de criterios para reducir el riesgo de que las empresas abusen de los ODS en la Agenda 2030, el llamado greenwashing con los ODS".



I.                Los criterios

Las preguntas que Antonio Vives cree que las empresas deben hacerse al encarar y reportar sus actividades con los ODS son:

1. ¿Es la actividad incremental, es decir, se implementa debido a los objetivos de sostenibilidad, o se habría implementado de todos modos?
2. ¿Es material, es decir, transformador y no son “cositas” sueltas?
3. ¿Es contextual, por lo tanto, parte de la estrategia de la empresa?
4. ¿Tiene un impacto medible?
5. ¿Es sostenible en el tiempo, o es solo una acción ocasional o única?

Estos criterios constituyen un reto y, si se aplican estrictamente, podrían reducir significativamente la cantidad de contribuciones reportadas para lograr los ODS y, por lo tanto, la percepción de que se están logrando. Pero si se utilizasen, las contribuciones reportadas serían legítimas, dice Antonio Vives a Aktuell Hållbarhet.

Argumenta que ni las organizaciones de las Naciones Unidas involucradas, ni la multitud de empresas consultoras, ni las propias compañías, ni los gobiernos tienen ningún interés en informar solo contribuciones legítimas. Algo de lo que se lamenta.

Según Antonio Vives, ha habido una presión extrema sobre las empresas privadas en los últimos años para ayudar a alcanzar los ODS por parte de organizaciones que establecen estándares de informes, de las empresas de consultoría y de otras empresas.

Esta presión ha provocado que algunas empresas cambien algunas de sus actividades para que tengan un efecto positivo en los ODS. Pero muchas empresas han respondido a esta presión no haciendo nuevas actividades sino reportando que las actividades que ya estaban haciendo contribuyen a los ODS, dice Antonio Vives.

“Los 17 objetivos de desarrollo sostenible y sus 169 metas cubren la mayor parte de lo que están haciendo las empresas y no es difícil encontrar algo que contribuya a alguna de estas metas.
Algunas empresas han utilizado los ODS como guía para acciones y reportes, pero otras solo como guías para reportar lo que venían haciendo", dice Antonio Vives.

La pregunta importante por responder es, según él, cómo las actividades están mejorando el mundo, en comparación con cómo era la situación antes de que existieran los ODS. Entonces no es suficiente considerar las actividades normales de la empresa como una contribución a los ODS, o exagerar el efecto de contribuciones menores.

¿El empleo regular de una empresa contribuye a la reducción de la pobreza? ¡Absolutamente! Pero la contratación de empleados es parte de las actividades normales de una empresa. No tienen un efecto incremental, a menos que sean parte de un programa de empleo específico, o como resultado de que la compañía retenga un empleo que de otra manera se habría reducido.

De acuerdo con Antonio Vives, afirmar que las actividades que la empresa ya venía realizado antes o las nuevas actividades que la compañía habría realizado de todas maneras, se ejecutan para contribuir a los ODS no debe ser aceptable. Esto aumenta el riesgo de greenwashing.  La sociedad puede pensar que la compañía ha cambiado su estrategia para aumentar su contribución, mientras que de hecho solo ha cambiado su forma de reportar.

II.              Ninguna compañía es aprobada.

Para obtener más información sobre cómo deben interpretarse los criterios, Aktuell Hållbarhet le pidió a Antonio Vives que comentara sobre la contribución de tres multinacionales suecas que Aktuell Hållbarhet seleccionó en tres industrias diferentes.

1.      Ericsson: Sorprendente que no incluya su contribución al cambio climático.

Ninguno de los dos grandes objetivos que Ericsson (empresa de telefonía) ha seleccionado para reportar sus contribuciones agrega nada. Uno es la razón de ser de la empresa y el otro es lo que normalmente se incluye en la gestión de un negocio. Por el contrario, la compañía parece estar contribuyendo positivamente al objetivo climático pero no lo destaca, según Antonio Vives.

Ericsson no tiene un capítulo sobre los ODS en su informe de sostenibilidad, pero informa sobre su contribución en un informe separado, Tecnología para el bien: informe de impacto. Antonio Vives dice que, aunque algunos proyectos y actividades se reportan en el informe, no están vinculados a ningún objetivo o meta específica, pero la compañía afirma que de forma general contribuyen al objetivo 9, " Industria, innovación e infraestructura” y al objetivo 17, "Alianzas para lograr los Objetivos".

Sin embargo, según él, los objetivos seleccionados muestran por qué se necesitan sus criterios.
El primer objetivo es su razón de ser. Es imposible imaginar una empresa como Ericsson que no contribuya a una "infraestructura sostenible y resistente".  Según él, el segundo objetivo, el Objetivo 17, es muy importante para la implementación de la contribución del sector privado a los objetivos globales, ya que todas las partes deben contribuir a alcanzarlos, los gobiernos, las empresas privadas, las ONG y la sociedad misma. Decir que contribuyen al Objetivo 17 puede ser correcto, pero no agrega mucho, ya que las asociaciones son parte de la gestión cotidiana del negocio. Todos lo hacen. Lo que se puede destacar son las nuevas asociaciones, incrementales y específicas, que se han hecho con el objetivo de lograr algunos de los otros 16 objetivos, no una lista de los socios como hacen algunas empresas, para afirmar que están contribuyendo, dice.

Con los criterios de Antonio Vives, Ericsson podría haber elegido otro objetivo para su contribución a la Agenda 2030.  Sorprendentemente, no afirman contribuir al Objetivo 13 sobre el cambio climático, a pesar de que sus tecnologías pueden contribuir a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y el reporte contiene varios ejemplos de esto, dice Antonio Vives.

Cuando se le preguntó qué hace la compañía que no hubiera hecho de otra manera, el gerente de sostenibilidad de Ericsson, Mats Pellbäck Scharp, destaca con detalles los esfuerzos de la empresa para reducir el consumo de energía de los clientes y, por lo tanto, el impacto climático, a través de los productos que vende. En el reciente informe Rompiendo la curva energética, la compañía muestra cómo, al desarrollar su tecnología en cuatro partes diferentes, ayuda a los clientes a reducir el consumo de energía cuando se utiliza la versión de Ericsson de la telefonía móvil de quinta generación.

“Hemos demostrado que con las cuatro partes los clientes reducen su consumo de energía en 5G, aunque algunos creen que la introducción de 5G debería conducir a duplicar su consumo de energía. Nunca hubiéramos logrado esto si no nos hubiéramos preocupado por la sostenibilidad. Pero puede, en cierta medida, impulsar las ventas de servicios y las ventas de equipos de radio trasnmisión. Es una combinación de buen negocio y buena sostenibilidad ", dice Mats Pellbäck Scharp. 



2.     Stora Enso: Da pocos detalles.

Stora Enso tiene la ventaja de trabajar en una industria de insumos renovables y, por lo tanto, contribuye fácilmente a una economía circular. Pero es difícil determinar que la compañía ha aumentado sus esfuerzos como resultado de la adopción de los ODS.

Stora Enso, que fabrica productos de madera aserrada, papel y una amplia gama de otros materiales a base de árboles, ha seleccionado el objetivo 12 "Consumo y producción sostenibles", el objetivo 13 "Combatir el cambio climático" y el objetivo 15 "Ecosistemas y biodiversidad" como los más importantes para la contribución de la empresa. Además, han enumerado en un apéndice cuáles de las metas de estos objetivos se ven afectados por el trabajo de la empresa.

Antonio Vives señala que la lista de metas afectadas es simplemente una lista sin ningún detalle sobre cómo la empresa contribuye a su logro.  Como empresa cuyo negocio es explotar bosques y producir empaques, su impacto en el logro de estos objetivos puede ser considerable. Es parte de la continuidad de su negocio tener una explotación sostenible certificada de los bosques, que son básicamente los objetivos 12 y 15. Pero la pregunta aquí es qué hacen además de sus negocios habituales para ayudar a alcanzar estos objetivos. El informe es demasiado escueto para poder analizar esto en detalle y está lleno de generalizaciones, dice Antonio Vives.

Sin embargo, con base en lo que se dice en el informe, él supone que la empresa está haciendo esfuerzos para diseñar sus productos para que tengan una vida más larga, para que sean utilizados por más consumidores y para que sean más reciclables, lo que ayuda a reducir las cantidades de desechos, las emisiones y consumo de materias primas.  Un buen ejemplo de contribución a la economía circular.

Cuando Stora Enso recibió los comentarios de Antonio Vives, la empresa primero envió una lista con los objetivos y metas. La compañía luego eligió responder las preguntas formuladas en los criterios. Y en respuesta al primer criterio, si las medidas son incrementales, la compañía reconoce que las medidas se habrían tomado incluso si los ODS no hubieran existido. La explicación es que incluso antes de que se formularan los objetivos, la empresa se preocupaba por la sostenibilidad de sus productos.

“Mucho antes de que se definieran las metas para 2030, trabajábamos con sostenibilidad, que incluía todos los objetivos de ODS especificados (12, 13 y 15). Entonces sí, se habría contribuido a ellos, aunque no existieran como tales. Pero al definirse las metas e indicadores globales con los que relacionarse, naturalmente se hace más fácil informar cómo progresa la contribución y poner los resultados en un contexto medible”, dice el gerente ambiental Kenneth Collander.


3.     Volvo: Sus esfuerzos educativos van más allá de lo que hacen la mayoría de las empresas.

Según Antonio Vives, la mayoría de las actividades que contribuyen a los ODS de Volvo son las que la compañía habría llevado a cabo de todos modos.

Según su presentación sobre su contribución a la sostenibilidad en el sitio web, Volvo se centra en cuatro de los ODS. El objetivo 3, "Buena salud y bienestar" se refiere principalmente a la seguridad, el objetivo 9 " Industria, innovación e infraestructura" se relaciona con la eficiencia y la innovación en sus productos, el objetivo 11 "Ciudades y comunidades sostenibles" se trata principalmente de la producción de autobuses eléctricos y el objetivo 13 "Cambio climático" se refiere principalmente a la eficiencia energética de su producción y de sus productos. En su informe integrado anual y de sostenibilidad, también enumeran las contribuciones al objetivo 4 "Buena educación para todos", al 8 "Condiciones de trabajo dignas y crecimiento económico" y al objetivo 12 "Consumo y producción sostenibles".

La mayoría de estas actividades son parte de una gestión empresarial eficaz en un entorno competitivo y se atribuyen como contribución a los ODS, aunque la mayoría se habría realizado independientemente de los objetivos de sostenibilidad, dice Antonio Vives.

Sin embargo, él cree que hay un área destacable como lo son algunos de los programas de capacitación vocacional de la compañía. Se trata del apoyo a colegios técnicos en Europa y América del Norte y sobre el desarrollo de escuelas, formadores, donaciones de vehículos y componentes con fines educativos en algunos mercados emergentes. La compañía también apoya la capacitación de conductores, mecánicos e iniciativas de seguridad vial.

Este programa coincide con los objetivos generales de apoyar el desarrollo económico, especialmente en los países menos desarrollados y puede tener un efecto claro y medible, dice Antonio Vives.

Martina Klaus, gerente de sostenibilidad global de Volvo, cree que el análisis es interesante. Ella dice que se basan en sus actividades y describe sus vínculos directos con los ODS.
“A medida que más y más empresas integren la sostenibilidad en sus operaciones, las actividades vinculadas a objetivos y metas en la agenda global deberían convertirse en partes naturales de la gestión empresarial. Esta es precisamente nuestra misión y un trabajo constante, en proceso. Hemos recorrido un largo camino, pero todavía nos queda mucho trabajo por hacer”, dice Martina Klaus.



III.           Y algunas sugerencias para las empresas

Según Antonio Vives, las empresas deberían preguntarse: ¿Es este el negocio habitual o estas actividades contienen algo nuevo, algún cambio significativo para mejorar el mundo?
Siéntase libres de publicar la larga lista de contribuciones, pero resalten las actividades que son incrementales, materiales y sostenibles en el tiempo y muestren sus impactos.






[1] El artículo fue originalmente publicado en sueco.  Esta es una traducción editada hecha con Google Translate.


sábado, 9 de mayo de 2020

La ingenuidad personificada: La irresponsabilidad disfrazada de responsabilidad



El hombre sabio hace proporcional sus creencias a la evidencia
David Hume, filósofo
1711-1776

Algunos se regocijan de que la actual crisis ha sido un bálsamo para el cambio climático y proponen aprovecharla para intensificar el cambio en el status quo.  Pero no es tan sencillo como puede parecer a primera vista.

Como salvar al mundo

Un reciente artículo (La venganza del pangolín, por Frédéric Beigbeder[i]) en la revista ICON de El País, No. 75 mayo del 2020 (pg. 147), se alegra del impacto de la reciente crisis sobre el medio ambiente y dice que ella ofrece una buena oportunidad para cambiar el rumbo de la humanidad. Dice “¿Qué podemos hacer para retener la lección del pangolín? Empiezo una lista, completadla si queréis.”
 
1) Me encanta la carne, pero tengo que admitir que vamos a tener que dejar de comer animales. Esta enfermedad es su venganza. Deberíamos quedarnos con este mensaje.
2) Limitar los viajes en avión. Volar únicamente si no existe ningún otro medio de transporte menos contaminante.
3) Organizar el reparto de frutas y legumbres biológicas por agricultores próximos a nuestra casa.
4) El gobierno deberá gastar nuestro dinero en más hospitales y menos armamento.
5) Ha llegado el momento de hacer que el coche eléctrico sea obligatorio.
6) Cerrar las oficinas si se puede trabajar en casa.
7) Montar un éxodo urbano, es decir la reinstalación en el campo de millones de ciudadanos que han entendido lo absurdo del hacinamiento en las grandes urbes y desean huir de la contaminación, el ruido, el estrés y los atascos.

Análisis de sensatez

Estas recomendaciones, tomadas a la ligera, parecen tener sentido, pero analizadas en todo su contexto e impacto son ingenuas y tienen consecuencias muy negativas.  Veamos.

Advertencia:  La crítica de las propuestas que hago no quiere decir que no debamos hacer todo lo posible para reducir la contribución de los humanos a la destrucción ambiental. Pero hay que ser racional, hay que analizar no solo los beneficios de las acciones sino también los costos.

1) Me encanta la carne, pero tengo que admitir que vamos a tener que dejar de comer animales. Esta enfermedad es su venganza. Deberíamos quedarnos con este mensaje.

Dejar de comer productos animales podría contribuir a la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero, GEI, ya que la alimentación, digestión (uno de los principales causantes de las emisiones de metano, 25 veces más poderoso que el C02) y su procesamiento para el consumo son causantes del 14,5% de las emisiones mundiales.  Adicionalmente, la reducción del consumo podría mejorar la salud de muchos seres humanos.

SIMPLE, PERO.  ¿Qué hacemos con miles de millones de animales que se crían para el consumo humano? ¿Qué uso de damos a la tierra? ¿Cuántos millones de personas quedan sin empleo en la ganadería y en el procesamiento de alimentos de origen animal?  ¿Qué alternativas de empleo tienen las personas, muchas de los cuales son de bajo nivel educativo y de bajos ingresos?  ¿Y el consumo de esos millones de personas, que generan empleo para otros?  Y los miles de millones de euros que genera la industria, con su efecto multiplicador ¿se pierden?  Y, que comemos, ¿pescado? ¿Hay suficiente para el consumo alternativo?  ¿No están ya los mares sobreexplotados? ¿Comemos más vegetales?  ¿Es la tierra que dejan los animales apta el cultivo de vegetales? 

2) Limitar los viajes en avión. Volar únicamente si no existe ningún otro medio de transporte menos contaminante.

En efecto, podrían disminuir las emisiones de GEI y nos forzaría a intensificar el teletrabajo.

SIMPLE, PERO. La aviación contribuye el 2% de las emisiones totales y el 12% de las emisiones por todo tipo de transporte, en tanto que el terrestre produce el 74% de las emisiones del sector. El 80% de las emisiones de la aviación se deben a vuelos de más de 1500 kilómetros para los cuales no hay alternativas viables.  Y la eficiencia en el consumo de combustible de la aviación ha aumentado significativamente en las últimas décadas.

Pero si se siguiese la recomendación la reducción de emisiones sería baja y sería substituida por otras de mayor contaminación como el transporte con vehículos (no todos los destinos pueden usar trenes eficientes).  Quebrarían la mayoría de las empresas de aviación y los pocos viajes que se pudieran efectuar serían a precios exorbitantes (la industria de la aviación tiene grandes economías de escala y depende de altos volúmenes de pasajeros).   Perderían el empleo millones de personas, no solo las que trabajan en el transporte aéreo sino además las que dependen de ello, como el turismo la industria hotelera, entre otros. ¿Y qué hacemos con los aeropuertos que quedan sobredimensionados y los aviones que ya no se usarían?  Sin duda que hay lograr mejorar en la eficiencia del transporte aéreo pero las soluciones draconianas no son factibles.

3) Organizar el reparto de frutas y legumbres biológicas por agricultores próximos a nuestra casa.

Y así favoreceríamos lo local y se ahorrarían emisiones de gases de efecto invernadero. Y a lo mejor esos alimentos serían más saludables.

SIMPLE, PERO. ¿Tienen los productores locales la capacidad de suministrar las necesidades de la población vecina? Y los que no están cerca de grandes aglomeraciones urbanas, ¿a quién le venden sus productos? ¿Pueden los productores locales de menor tamaño garantizar las seguridades sanitarias necesarias para suministrar las grandes cantidades requeridas (ver el problema que enfrentó la cadena de comida rápida Chipotle al querer comprar local)?. Y se dejarían de capturar las economías de escala de las producciones de alimentos en grandes volúmenes.  Los precios de las frutas y legumbres aumentarían.

Y el cambio en el uso de la tierra, el perturbar la tierra de su estado natural (arado, deforestación para la agricultura, …...) es un gran contribuyente a las emisiones de GEI, el 6%, el triple que la aviación.  Aquella es una medida que solo se puede implementar a pequeña escala.

Y hay maneras de reducir las emisiones de la agricultura mejorando la tecnología, por ejemplo con la agricultura regenerativa (ver Y un (potencial) buen ejemplo de contribución a los ODS).

4) El gobierno deberá gastar nuestro dinero en más hospitales y menos armamento.

Totalmente de acuerdo, pero nótese que no se refiere al tema ambiental como todas las demás.

5) Ha llegado el momento de hacer que el coche eléctrico sea obligatorio.

Ciertamente que reducir el consumo de combustibles fósiles reduciría las emisiones de GEI.

SIMPLE, PERO.  Pongámoslo en perspectiva. El parque automotriz mundial al 2019 es de 1300 millones de coches, con una producción anual de 92 millones. La producción de coches eléctricos es de unos 2 millones anuales, con un stock de unos 10 millones, o sea un 2% de la producción anual y un 0,8% del total en circulación.  Para el 2025 se espera que la producción llegue a los 5 millones anuales, con un stock de unos 60 millones, lo que será cerca del 4% del parque automotriz. 

Sin duda que es conveniente la substitución de vehículos a base de combustibles fósiles por los eléctricos, pero lo que estas cifras demuestran es que el impacto será relativamente bajo, se requiere de mucho tiempo para reemplazar el actual stock de vehículos a base de combustibles fósiles. Y para que los beneficios sean reales la energía con la cual se cargan los eléctricos debe ser renovable, lo cual dista todavía de ser una realidad.

En este caso no habría un cambio dramático en el corto plazo, se desarrolla sobre el largo plazo, con lo cual los cambios de que produce en la economía y el empleo son manejables, se pueden planificar y gestionar.

Y este es excelente ejemplo de hacia donde deberían dirigirse parte de los esfuerzos de los gobiernos en reactivar la economía afectada por la crisis.  Ne se trata de dar dinero a las empresa y personas, sino exigir su uso en actividades que contribuyan al mejoramiento social y ambiental (además de invertir en hospitales en vez de en armamentos).

6) Cerrar las oficinas si se puede trabajar en casa.

Ciertamente que se reduciría el tráfico de vehículos en las grandes urbes, lo que resultaría en menores emisiones de GEI, menor contaminación atmosférica, menor stress y menos tiempo perdido en los viajes, lo que podríamos dedicar a otras actividades, como el reposo y la familia.

SIMPLE, PERO. No todo es positivo, tiene también consecuencias negativas. ¿Qué hacemos con las oficinas vacías? ¿Y el impacto que ello tiene en los negocios que se han creado alrededor de las oficinas?  Llevaría a la pérdida del empleo de millones de personas que dependen de los servicios a las oficinas, como la restauración y los de limpieza y mantenimiento, que suelen emplear a personas de menores niveles educativos y de ingresos. ¿Y los ingresos por concepto de alquiler y la pérdida en el valor del mercado de los edificios de oficinas? Tendría un gran impacto sobre las instituciones financieras, que suelen tener grandes volúmenes de activos en bienes raíces productivos. Tendría además un gran impacto sobre la industria de la construcción.  Se reproduciría la crisis del ladrillo en España.

Y por supuesto que no todas las actividades son aptas para el teletrabajo. Ello favorece a las empresas tecnológicamente más avanzadas y los empleados que pueden usar la tecnología. Se puede perder el sentido de pertenencia al grupo de trabajo y dificultar su cohesión. De nuevo, tiene un impacto negativo sobre las personas de menores niveles educativos e ingresos, que no pueden trabajar desde su casa. 

7) Montar un éxodo urbano, es decir la reinstalación en el campo de millones de ciudadanos que han entendido lo absurdo del hacinamiento en las grandes urbes y desean huir de la contaminación, el ruido, el estrés y los atascos.

Ciertamente que también podría contribuir a una reducción de la contaminación ambiental, al mejoramiento de la calidad de vida de algunos y dar nueva vida a las zonas rurales.

SIMPLE, PERO.  Es otra propuesta que conlleva a grandes pérdidas de empleo, con el consecuente impacto multiplicador sobre la actividad económica.  ¿Dónde están los empleos que necesitamos para sobrevivir? ¿en el campo? ¿Mudamos las industrias al campo?  Las aglomeraciones urbanas tienes problemas, como se mencionan, pero también tienen virtudes, como la eficiencia en el transporte de bienes, el florecimiento del comercio, menores distancias de desplazamiento, mayor vida cultural, …….

Y como en el caso anterior, habría una caída en la demanda de residencias urbanas, con la consecuente caída de precios, de ingresos por alquileres, con  el efecto  multiplicador sobre la actividad económica.  ¿A quien le vendemos las casas, los apartamentos que quedan vacíos? ¿A los okupas?

En todo caso es factible en pequeña escala y sobre largos períodos de tiempo.

Y la gran omisión

Estimular la eficiencia energética y la producción y consumo de energías renovables.

Un solo comentario: La generación y el uso de la energía produce el 72% de las emisiones de GEI.

En resumen

El fin de las recomendaciones puede parecer laudable, pero se le fue la mano.  Quizás el autor suponía que los lectores se lo creen todo, que no piensan.  Pero ello es irresponsable.

No estoy abogando por la continuación del status quo, que no es sostenible, estoy enfatizando que cambiarlo no es tan sencillo como parece, que hay consecuencias que deben analizarse cuidadosamente, planificar los cambios y mitigar los impactos negativos.

Y, obviamente, cada persona es libre de tomar sus decisiones.  Si quieren comer menos carne, si quieren consumir frutas y verduras locales, si quieren viajar menos por avión, si pueden trabajar desde su casa, si pueden comprar un coche eléctrico, si se quieren ir a vivir al campo, que lo hagan, estarán contribuyendo a la mejora de la calidad de vida.  El problema es que ello sea política nacional o que se haga en volúmenes masivos.

La pregunta clave que hay que hacerse: ¿es factible el camino para ir del hoy, en la actualidad, a ese deseable mañana? ¿Cuáles son las consecuencias de ese caminar? Hay un supuesto implícito en estas ideas utópicas de que el camino es plano, corto y en línea recta. Debe diseñarse la transición con mucha cautela.

La crisis ha conllevado a una gran disminución de la actividad económica y lo menos que necesitamos ahora son medidas que la contraigan todavía más.



[i] Prolífico escritor francés, crítico literario y presentador de televisión.

sábado, 25 de abril de 2020

Impacto de la crisis sobre la responsabilidad empresarial: Deseos y predicciones



La predicción es muy difícil, sobre todo si es sobre el futuro
Mark Twain, 1835-1910

En un artículo anterior analizábamos los resultados de una encuesta sobre el impacto de la crisis en la responsabilidad empresarial y en este lo complementamos con mis opiniones sobre el futuro de la RSE post crisis, lo que sería deseable y lo que posiblemente sea la realidad.

(Querido lector, este artículo es muy extenso, pero puede serte ilustrativo,
ten paciencia, que es lo requiere la crisis)

En lo que sigue consideraremos empresas de relativo mayor tamaño (grandes y medianas), aquellas con actividades significativas y de impacto en su responsabilidad social. Las generalizaciones que hacemos posiblemente sean más válidas para el grupo que cae por debajo de las 500 más grandes del mundo y por encima de las pequeñas de menos de, digamos, 100 empleados. Es de esperar que las pequeñas empresas, casi sin excepciones, concentrarán sus esfuerzos en superar la crisis, en su supervivencia financiera, aunque ello no obsta para que por su cercanía física y emocional con sus principales stakeholders (empleados, clientes y comunidad), no desarrollen actividades de cooperación, de apoyo mutuo.  Pero no trataremos explícitamente el caso de las pequeñas empresas.

I.                Opinión de los lectores

Entre los días 29 de marzo y 9 de abril se realizó una encuesta para recabar las percepciones de los interesados en la responsabilidad social de las empresas sobre el impacto de la crisis. Las preguntas se referían a la opinión de los encuestados sobre el cambio en su interés por temas de la RSE, qué creían de deberían hacer las empresas y qué creían que harían en temas especificados. Un análisis detallado de los resultados se puede ver en Resultados de la encuesta sobre el Impacto de la crisis en la Responsabilidad Social de las Empresas.

Los principales resultados de pueden resumir en:

·       A nivel de todos los encuestados, la crisis parece haber estimulado su interés, tanto en la actualidad como para después de que pase. 
·       Hay optimismo de que las empresas mantendrán o aumentarán su interés durante la crisis y un poco más todavía después de ella.
·       Pero no creen que su optimismo sobre el comportamiento de las empresas se refleje en su actuación.
·       Creen que las empresas darán prioridad a su subsistencia financiera, con aumentos en su preocupación por la reducción de costos, aumento de los ingresos y por la atención a los clientes, con impactos negativos sobre el volumen de empleo y menos atención de la que sería deseable a las condiciones laborales.
·       Creen que las demás actividades relacionadas con la responsabilidad mejorarán ligeramente.
·       Pero aumentará significativamente el greenwashing, o sea que creen que las empresas recurrirán a aparecer responsables sin serlo.

II.             Otras encuestas pertinentes

a.     Edelman de finales del 2018

Una encuesta realizada mucho antes de la crisis, a finales del 2018, reportada en el  Edelman Trust Barometer 2019  (el informe completo aquí) estudiaba la evolución de la confianza del público en las diferentes instituciones de la sociedad y en esa edición se enfocaba en la relación empleado-empleador por lo que ofrece elementos esclarecedores sobre las expectativas que se tienen sobre el papel de las empresas en la sociedad y en la solución de los problemas sociales, o sea, en su responsabilidad ante la sociedad, aun antes de la crisis. 

El 75% respondió que tiene confianza en su empleador.  De una manera significativa, los empleados esperan que sus empleadores sean sus “socios en el cambio”.  Sus expectativas de que los empleadores serán parte de la acción en temas sociales (67%) son casi tan altas como las expectativas sobre que permitirán su empoderamiento personal (75%) y les darán oportunidades de empleo (80%).   La población en general ve a las empresas como capaces de lograr ambos objetivos: hacer dinero y mejorar la condición social (73%). En aquel entorno, el principal temor expresado por los empleados fue la pérdida del empleo, ya sea por los cambios tecnológicos (55%), ya sea por la falta de las destrezas necesarias (59%).  El 54% creía que la innovación iba demasiado rápido.  De la encuesta también surgió que los empleados tienen las expectativas de que los dirigentes, CEO, tomen el liderazgo del cambio en vez de esperar que sean los gobiernos los que lo impongan (76%) (para un análisis más completo de los resultados ver La empresa como fuerza centrípeta de las expectativas de los empleados).

b.     Dos encuestas al comienzo de la crisis

Las dos siguientes encuestas contienen resultados pertinentes para nuestros propósitos, aunque deben interpretarse con cautela ya que están hechas “en caliente” (como nuestra encuesta), cuando no hemos adquirido todavía perspectivas sobre el problema, en una situación que cambia diariamente.

Edelman Trust Barometer  hizo una encuesta especial sobre la pandemia en marzo del 2020 (1000 encuestados en cada uno de 12 países, incluyendo Italia y Brasil (de los latinos).  El 78% cree que las empresas tienen la responsabilidad de proteger a sus empleados, 55% cree que las empresa están reaccionado mejor y más rápido que los gobiernos, el 52% cree que las empresas deben proteger el bienestar y la seguridad financieras de sus empleados y suplidores aun a costa de su beneficios (64% en Brasil y 59% en Italia), el 41% cree que las empresas deben llenar los vacíos que dejan los gobiernos y un 45% adicional desea que lo hagan.  En estos momentos el 60% dice que se vuelcan hacia las marcas en las que están absolutamente seguros de que pueden confiar (69% en Brasil y 62% en Italia) y el 71% dice que dejaran de confiar en las empresas que pongan sus beneficios por delante de la gente (75 % y 69%).

Otra encuesta, a finales del marzo,  Insights for a Time of Crisis de la empresa Porter Novelli, también contiene resultados relevantes para nuestros propósito (aunque solo incluye EE. UU.). El 75% cree que las empresas deben tomar el liderazgo y que tienen la responsabilidad de contribuir a la solución de la crisis, el 77% cree que deben tomar en cuenta los intereses de la sociedad, el 75% dice que recordaran a las empresas que han contribuido después de que pase la crisis y el 45% cree que las empresas pueden crear mejores y más rápidas soluciones que los gobiernos.

III.           Lo que deberían hacer las empresas: Deseos

Decir lo que deberían hacer es relativamente fácil, es expresar una opinión.  Ante una crisis tan inesperada y de un impacto tan amplio y generalizado en todos los países y en todos los sectores económicos y sociales es de esperar que las empresas, uno de los actores más importantes en estos sectores, adquieran un papel aún más preponderante, por múltiples razones, entre ellas porque muchos de los gobiernos se han mostrado lentos e inciertos, y porque la crisis afecta muy dramáticamente a las personas y a sus ingresos económicos.  A diferencia de los gobiernos, muchas empresas han demostrado agilidad, creatividad, acceso a recursos humanos, tecnológicos y financieros, lo cual las coloca en una posición de mayor responsabilidad ante la sociedad.

Sería de esperar que, de acuerdo con sus capacidades, contribuyeran de alguna manera a la solución del problema.  Claro está que la gran mayoría de ellas también han sido muy afectadas negativamente y su capacidad de contribuir se ha disminuido.  Muchas dependerán de los esfuerzos de los gobiernos para apoyarlas financieramente a seguir adelante.  Y ojalá recuerden que parte de esos recursos vienen de los pagos de impuestos pasados y futuros por parte de las personas.

La principal expectativa sobre las empresas es de que continúen operando para mantener la producción de bienes y servicios necesarios para la sociedad y ser fuente de empleo, que permita a las personas mantener su (reducido) tren de vida. Y esta es posiblemente la principal expectativa que se tiene de las empresas, que en la medida de lo posible no disminuyan el empleo.  Si bien es cierto que la reducción del costo de la nómina es una de las maneras más efectivas de reducir costos ante la merma de los ingresos, hay muchas maneras de hacerlo, manteniendo algunos ingresos para sus empleados (ver ejemplos en Algunos CEO quieren un capitalismo más inclusivo …… pero no por ahora) .  Algunos gobiernos están apoyando a las empresas para cubrir parte de estos costos y para suplementar directamente los ingresos de los desempleados como comentamos más adelante.

La gran mayoría de sus trabajadores y/o clientes personales están endeudados y/o tienen compromisos financieros que deben atender con el flujo de caja que proporcionan los salarios.  Algunas empresas deberían apoyar a sus trabajadores tratando de mantener ese flujo de caja y/o reducir la carga de los pagos que tienen que hacer (hipoteca, alquiler, seguros, educación, servicios domiciliarios y otros pagos periódicos), posponiendo o condonando parte de las obligaciones.  Le puede convenir mas a la empresa continuar con el cliente, ayudándolo en el corto plazo, que perderlo en el largo.  Obviamente que esto no está al alance de todas las empresas, solo de las que tengan una posición financiera suficientemente sólida como para aguantar su propia merma de ingresos.  Lamentablemente hay empresas que tienen la capacidad de hacerlo y no lo hacen, le dan poca prioridad al bienestar de sus empleados y/o clientes (ver la diferencia entre la reacción de Marriott y de Hilton en el ejemplo paradigmático en el artículo citado antes).

Para muchos empleados los seguros de salud que le aportan sus empleadores o los que han contratado con otras empresas son críticos para superar la crisis. De allí la importancia de mantener la cobertura, ya sea con el apoyo del empleador ya sea con el apoyo de las aseguradoras. En las licencias temporales la empresa puede mantenerles el seguro y las aseguradoras pueden condonar o financiar algunos meses de pagos.

También es de esperar que las empresas pongan sus capacidades tecnológicas al servicio de la solución y recuperación de la pandemia, ya sean solas ya sea en alianzas con otras, como lo están haciendo las que acumulan información sobre desplazamientos y las que ponen a disposición de los investigadores y personal sanitario sus capacidades de computación y comunicación.  Empresas de logística pueden poner sus servicios de almacenamiento y transporte al servicio de las necesidades de control de la pandemia.  Empresas de confección y de productos para el hogar pueden convertir temporalmente su producción a artículos de necesidad inmediata, escasas, como las batas y máscaras sanitarias o los productos de limpieza y desinfección (ver más ejemplos en Sí, algunas empresas están potenciando su responsabilidad ente la sociedad).

La crisis está golpeando a todos, personas, empresas, gobiernos, instituciones, etc. pero no es solo una crisis sanitaria y económica, es una crisis de equidad social.  Está golpeando con más intensidad a las poblaciones de bajos ingreso, a las personas solas, a las personas mayores, que tienen menores posibilidades de protegerse, menos reservas financieras para aguantar el paso de la crisis.  Es cierto que la protección social ha sido tradicionalmente una preocupación de los gobiernos y muchos están tomando medidas como la garantía de salario mínimo (España), aportes en efectivo basados en el ingreso familiar (EE. UU.), subsidios a las empresas para el mantenimiento de la nómina (Alemania), pago de un porcentaje del sueldo (Reino Unido), acceso a fondos para el desempleo, entre otros.  Sin embargo, algunas empresas también están en capacidad de ayudar a las poblaciones de menores ingresos y a los más necesitados, ya sea priorizando el mantenimiento de su empleo ya sea potenciando sus acciones filantrópicas, es especial las empresas con productos y servicios de primera necesidad como alimentos y salud.

La prioridad de las empresas debe ser la protección de los activos para la recuperación, pero deben reconocer que uno de sus principales activos es el capital humano.  Lamentablemente, la contabilidad de los capitales conspira contra la consideración de este capital, que no está en el balance general de las empresas, pero que para muchas constituye su principal capital, el conocimiento, la experiencia, la capacidad de innovación, etc. de sus empleados.  Han invertido mucho en la acumulación de ese capital a través del reclutamiento, entrenamiento, desarrollo implícito y explícito, pero no lo cuentan. Solo cuentan la reducción de costos cuando reducen personal, muchas veces sin darse cuenta de la pérdida de ese capital. Además, cuando contratan personal calificado, adquieren un activo en el cual es la sociedad la que ya ha invertido y la empresa no suele pagar el valor de ese capital, solo su utilización. (ver los artículos Algunos CEO quieren un capitalismo más inclusivo …… pero no por ahora y Capital humano: ¿Está en el capital de la empresa?).

Uno de los principales impactos de la crisis para las empresas debería ser la concientización del valor de ese capital humano, de que todo revuelve alrededor del capital humano. Pasamos de considerarlo un recurso, disponible a demanda, a ser un capital que no se puede malgastar, que hay que proteger y ojalá algún día se concienticen de que hay que invertir en el y aumentarlo. Deben pasar del recurso humano al capital humano.

Además de las “actividades” consideradas arriba debemos analizar lo que deberían hacer las empresas en términos de cultura y valores.  Hemos analizado en otros artículos lo que debería ser la cultura para la sostenibilidad (ver Mis nueve artículos sobre cultura empresarial.) y lo difícil que es lograr estos cambios a nivel de una organización (más difícil que nuestros cambios de comportamiento).  Una crisis, que nos altera el entorno de forma exógena, ofrece una oportunidad para aprovechar el cambio inducido para hacer cosas que de otra manera no son factibles. La crisis debería aprovecharse para poner a las personas en el centro de la gestión, y con ello los valores que van asociados, como empatía, colaboración, solidaridad y honestidad, en el trato con otros, internos y externos.  Y desde el punto de la efectividad de la gestión es una oportunidad para tratar de remover los silos organizacionales, las competencias internas, los antagonismos, que conspiran con el trabajo en equipo para un fin común.

La S de la ASG (ambiental, social y gobernanza) debería ser la estrella de la R*E.

IV.           Que deben hacer de acuerdo con estudiantes del MBA

De una carta firmada por más de 1200 estudiantes del MBA, de las más prestigiosas escuelas de negocios en EE. UU., a los CEO de las 500 empresas más grandes:

“……retengan a sus empleados, reasígnelos si es posible y lo más importante, continúen pagándoles. Reduzcan sus sueldos antes de reducir el de ellos.  Si deben despedir empleados, extiendan la cobertura de sus seguros de salud y cubran las cuotas.  Deben establecer el ejemplo para el mundo empresarial….  al cuidar principalmente a los más cercanos, sus empleados.  El hacerlo fortalecerá su rendimiento financiero en el largo plazo, el respaldo de los inversionistas, la fidelidad de sus clientes y el futuro involucramiento del personal.  Y lo más importante, es un imperativo moral en tiempos de crisis.” (énfasis añadido).

Interesante ejemplo de que están aprendiendo que no todo es la maximización de beneficios y la primacía de los accionistas.

V.              Lo que harán las empresas: Predicciones

Todas las generalizaciones son falsas, incluyendo esta.
Cita atribuida a muchos, incluyendo Aristóteles.

Deberían, deberían, deberían, ……..¿pero lo harán?  Decir lo que deben hacer es fácil, es una opinión, decir lo que harán es mucho más difícil, es una predicción.  Una cosa es lo deseable, otra lo factible y aún peor, la otra, lo que terminan haciendo.  Se pueden/deben hacer muchas cosas si se tiene la capacidad para hacerlo, pero otra cosa es la voluntad de hacerlo y poder compatibilizar todas las demandas conflictivas.

Debe ser obvio al lector que es imposible generalizar ya que cada país, cada empresa, cada persona habrá sido afectada de una forma diferente, de tal manera que solo podemos ofrecer lo que creemos serán tendencias que afectarán a las empresas en mayor o menor manera, más temprano o más tarde. Como comentábamos al principio estamos considerando empresas que tienen una responsabilidad social con impacto. Es mucho más difícil opinar sobre las pequeñas empresas. 

En lo que sigue comentamos solamente lo que se refiere al impacto sobre la responsabilidad empresarial, no sobre las estrategias comerciales, como la reinvención, nuevos mercados, nuevos procesos, nuevos productos, etc.

Una crisis de esta envergadura y tan inesperada no se olvidará fácilmente, pero mientras más rápido se supere, más se olvidará, más pronto se regresará a la nueva normalidad.  Las fuerzas del entorno empujarán a buscar la normalidad lo antes posible, pero partiendo de un nivel de actividad económica, de empleo, de demanda de productos y servicios más baja que en la vieja normalidad. Si operábamos (enero del 2020) a cota 5000, después operaremos a cota 3000. Y algunas empresas y personas habrán quedado muy afectadas.

Las prioridades de las empresas han sido afectadas y buscarán en primer lugar su sostenibilidad financiera, sobre todo en el corto plazo, con lo que ello implica, especialmente la reducción de costos, que lamentablemente pasa por la nómina.  Pondrán más atención en los empleados que queden, pero les exigirán mayor productividad y el empleado responderá, habrá visto lo frágil que es el empleo. Es posible que con ello se logre una mayor empatía, mayor aprecio mutuo. El empleado se ha dado cuenta de que la empresa es su tabla de salvación (ven la encuesta Edelman 2018 citada arriba) y la empresa, si bien tiene mayores opciones de contratar personal, priorizará los suyos.  Algunas conocen el valor del capital humano.

Esto es un fenómeno que reflejará el de la sociedad en general: mayor aprecio, mayor colaboración, pero por los conocidos, por los “nuestros”, y que acelerará la tendencia reciente hacia el “parroquialismo”, hacia el localismo, hacia el nacionalismo, contra la globalización (ver un extenso análisis en Populismo, nacionalismo, confianza y responsabilidad de la empresa. 2ª. Parte: La RSE en tiempos revueltos). Uno de los aspectos mas citados de la crisis es la prevalencia de la solidaridad con el necesitado, con el vecino, la crisis nos ha unido, nos hemos dado cuenta de que nos afectamos mutuamente y nos necesitamos los unos a los otros.  Pero también se ha visto el egoísmo de los países, cada uno por su cuenta.

Algunas buscarán la reducción de costos via el teletrabajo, que durante la crisis se ha mostrado factible en algunos casos  y hasta efectivo, permitiendo evitar o posponer la reducción de la nómina.  Con ello podrán ahorrar los costos de las oficinas, alquiler, mantenimiento, limpieza, servicios públicos, impuestos, entre otros.  Pero ello podrá conllevar a la contracción económica en estos sectores, con su efecto multiplicador.  Adicionalmente pude contribuir a la deshumanización, a la pérdida del sentido de pertenencia, a una reducción de las destrezas sociales de los empleados, al aislamiento, pérdida de la capacidad de argumentar y estimular diferentes puntos de vista, a la autocomplacencia.  Las empresas deberán encontrar medidas que balanceen los beneficios económicos con los costos humanos.

De la misma manera, se acentuará el corto-placismo de todos, especialmente el de las empresas.  Con el “shock” y la incertidumbre se acentúa el vivir día a día, “ya veremos que pasa mañana”.  Esto, y la contracción económica, llevará a las empresas a posponer muchas de sus actividades que son consideradas gastos de poca o incierta rentabilidad en el presente.

Para algunos la responsabilidad de la empresa ante la sociedad es un imperativo moral, que debería ser independiente de la crisis.  Pero la realidad empresarial es que este imperativo, en muchas empresas queda subordinado al imperativo económico. En condiciones normales, la promoción de este argumento empresarial, de que la responsabilidad es rentable, ha tenido que vencer la dificultad de demostrar el valor de los beneficios, muchas veces intangibles, en el largo plazo y los costos tangibles en el corto plazo. Ahora, ante el renovado cortoplacismo y la incertidumbre, este argumento es todavía más difícil de hacer.  Ante la incertidumbre se aplica una mayor “tasa de descuento” (una medida de la preferencia de recibir beneficios en el corto versus el largo plazo) a los beneficios futuros, cuentan menos, con el resultado de que responsabilidad será menos “rentable”.  La RSE, que es una actitud y comportamiento sostenido en el largo plazo, se verá seriamente afectada.  Como sociedad deberemos apelar todavía más al argumento moral, que afortunadamente la crisis lo está realzando.

En términos de prioridades relativas dentro del gran esquema de la responsabilidad, tal y como comentan nuestros encuestados, las empresas priorizarán la responsabilidad hacia sus clientes, los cuidarán, los tratarán mejor, buscarán la fidelidad.  Y es muy posible que cuiden más todavía la responsabilidad de sus productos.  No se puede tomar el cliente como garantizado.

También es de esperar que se preocupen menos por la responsabilidad de sus suplidores, más a allá de la calidad y del precio de producto o servicio suministrado.  Privará el criterio económico y de seguridad.

En términos de su actuación ambiental, también privará este criterio y con ello se mantendrán las actividades que tengan beneficios tangibles en el corto plazo (empaques, reciclaje, etc.), posponiendo o reduciendo las que tengan costos tangibles en el corto plazo y beneficios reales o percibidos (¿inciertos?) en el largo plazo (inversiones en reducción de contaminación, por ejemplo).

Y en cuanto a ética y el cumplimiento de las leyes y regulaciones es de esperar (ojalá que no) un relajamiento, tratar de cumplir con lo que sea visible y que tenga consecuencias en el corto plazo.  No irán al “wild west” pero sí en esa dirección.  Claro está que cada empresa tendrá un comportamiento diferente y este es un punto sobre el que es más difícil generalizar.

Y las actividades filantrópicas serán más estratégicas, ligadas al negocio, y dirigidas a los más afectados.

La crisis tan inesperada e intensa ha resaltado a las empresas la necesidad de tener flexibilidad, de poder adaptarse rápidamente a las cambiantes circunstancias.  Las que puedan, tratarán de evitar compromisos vinculantes que la limiten, lo cual puede tener consecuencias sobre la estabilidad del empleo y sus inversiones en el capital humano. Tratarán de obtener mano de obra sin contratos de ningún tipo, empleados por cortos períodos de tiempo, cuentapropistas, mano de obra que no son empleados, adaptables a las necesidades cambiantes.  Y es de esperar menor inversión en ese capital humano que antes.  

Sus actuaciones en responsabilidad serán más esporádicas, menos sostenibles en el largo plazo.  Y ante una disminución generalizada de su responsabilidad ante la sociedad, algunas tratarán de convencernos de que siguen siendo responsables, por lo que aumentará el greenwashing (parecerlo sin serlo), utilizando las redes sociales para hacernos creen que lo siguen siendo, para enmascarar sus falencias.

Y crecerán como los hongos en otoño las empresas irresponsables que tratarán de aprovecharse de la situación, de la ingenuidad y del temor de la sociedad, de la candidez de quien necesita creer. Algunas aumentarán sus precios, disminuirán su calidad, venderán productos defectuosos o que no hacen lo que dicen que hacen, aumentará el fraude. Somos vulnerables y algunos se aprovecharán de ello.

¿Pronósticos pesimistas?  Quisiera estar equivocado.

VI.           ¿Y nosotros que haremos?

Un alto porcentaje de los encuestados, en las encuestas citadas arriba, opinan que recordaremos a las empresas que han contribuido a paliar los efectos de la crisis.  Pero es muy posible que esta opinión refleje más el deseo que la realidad.   Después de la crisis solo recordaremos aquellas empresas que en efecto han hecho, y continúan haciendo, contribuciones significativas.  Y las que diseminan información sobre ello.  Y aquí habrá que tener cuidado en distinguir la realidad del greenwashing.  Es más posible que recordemos y favorezcamos aquellas empresas que actúan a nivel local, de nuestra comunidad, con las que tenemos cercanía, que son menos impersonales.

En condiciones normales, el público tiene muy poco conocimiento sobre la responsabilidad de las empresas, salvo en casos excepcionales de extraordinario comportamiento, ya sea positivo ya sea negativo.  Es muy poca la información que la sociedad en general consume sobre esa responsabilidad y menos sobre la que actúa.

Y al igual que las empresas, las personas estarán en modo de supervivencia y serán más importantes las consideraciones de precio que las de responsabilidad social.

VII.         Como cambiará el papel de los responsables de sostenibilidad

El papel de los responsables de sostenibilidad dentro de las empresas deberá adaptarse a la nueva realidad.  También para ellos adquirirán mayor importancia los aspectos sociales, relacionados con las personas, tanto internas como externas. Salvo en empresas con elevado impacto ambiental, se priorizarán las destrezas sociales, de gestión del capital humano.  Su labor de convencimiento de los dirigentes será todavía más compleja y difícil.  Su poder de persuasión será puesto a prueba.  Deberán involucrase más en la gestión del cambio de la cultura organizacional.  Y en algunas empresas perderán poder.

VIII.      ¿Cuál será el nuevo normal de la RSE?

Cuando se alcanzará un nuevo normal, dependerá de los avances en el control de la pandemia, disponibilidad masiva de pruebas, vacunas y tratamiento, pero cuando se logre las empresas operarán a un nivel, en general, inferior de responsabilidad.

Los principales cambios serán una mayor atención a los temas relacionados con: (1) la supervivencia financiera, (2) prevalecerá todavía más el corto-placismo, (3) la búsqueda de la flexibilidad operativa y, (4) el localismo, la atención a “los nuestros”.

Cambiarán las prioridades relativas con mayor atención a las personas, especialmente a los empleados y menor atención a temas ambientales, de respeto a las leyes y regulaciones y la filantropía será más estratégica.  Y la ética adquirirá relatividad, será interpretada a conveniencia.

Y la incertidumbre conspirará contra el argumento empresarial y deberemos apelar más al imperativo moral.

Ojalá se cumplan los deseos expresados arriba y no lo que creemos será la realidad.

Y querido lector, a lo mejor volverás a leer este artículo, publicado en abril del 2020, en abril del 2022 y comprobar que todas las generalizaciones son falsas, incluyendo estas.




Anexo:  Como cambiaremos nosotros

¿Cambiaremos?

Una versión pesimista

Las personas volverán a ser como eran, ahora fingen de ser mejores porque tienen un jodido miedo a la muerte. Volverá el codicioso, el egoísta, el embaucador. Es inútil esperarlo, es solo una utopía. Anónimo en Facebook.

Y una más realista, en mi opinión obviamente, publicada en el sitio de la revista Ethic:

Volverá la contaminación, aunque tengamos más conciencia de ella; volveremos a viajar para sentirnos otra vez como exploradores, aunque sea más difícil o incluso imposible rebasar alguna fronteras; volveremos a acariciar nuestras posesiones, aunque seamos más conscientes de su inanidad; volveremos a abrazar a los amigos, aunque lo hagamos con un cierto temor al contagio; volveremos a comer en restaurantes, aunque recordemos con nostalgia los almuerzos familiares del confinamiento; volveremos a disfrutar de la conducción de nuestros vehículos, aunque los atascos vuelvan a malgastar nuestro tiempo; volveremos a cometer excesos porque el retorno a la nueva normalidad nos permitirá sentir que hemos superado otra crisis. El coronavirus puede cambiar la forma en la que percibimos nuestras vidas, pero, desde luego, no cambiará los instintos básicos que las guían. José Manuel Velasco. (énfasis añadido).