domingo, 5 de julio de 2015

Futuro de la RSE, la empresa del futuro. IIa. Parte.


En la primera parte de este artículo analizábamos brevemente la evolución de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad y su situación actual. En esta segunda parte analizaremos como se puede profundizar esta responsabilidad.

¿Nuevo papel de la empresa, nuevo modelo de negocios? ¿Cómo? [1]






Hay que moverse de la empresa responsable, total o parcial, pero por compromiso consigo misma, con o sin certificación de terceros, hacia la empresa que adquiere el compromiso ante la sociedad de forma legalmente vinculante, por estatutos. No basta el compromiso consigo misma, entre sus dueños, ni con un grupo de certificadores, el compromiso debe ser con la sociedad.  ¿Es factible? Veamos.

En principio podríamos decir que la diferencia entre responsable por compromiso consigo mismo y responsable por compromiso legal es la misma que entre la cohabitación y el matrimonio.  En el último hay un vínculo legal reconocido por la sociedad.  El matrimonio de la empresa con la sociedad la comprometería a ser responsable y el divorcio (de la sociedad) sería fatal para la empresa.

La gran ventaja del compromiso legal individual sobre la regulación gubernamental genérica (que comentábamos en la Parta Ia.) es que si la empresa decide comprometerse legalmente, le aplica a ella, a su contexto, a su realidad, en función de sus posibilidades reales, de sus circunstancias, con flexibilidad.  La empresa no debe comprometerse a una serie de medidas puntuales específicas, debe comprometerse a asegurar que la sociedad también se beneficia de sus actividades.  Ahora lo que hacen las empresas es completamente discrecional, pueden dejarlo de hacerlo de un día para otro, como en efecto lo hacen.  El compromiso legalmente adquirido va más allá de no hacer el mal, la comprometería, legalmente, a hacer el bien.

Sería un modelo de empresa diferente al tradicional.  Por una parte el primer sector (sector privado) está tomando cada vez más el propósito de hacer el bien para la sociedad, por ahora porque cree que le conviene, por ahora a través de acciones aisladas muchas veces para salir del paso, para evitar conflictos, para cumplir con regulaciones, para satisfacer algunos miembros internos que lo exigen, por presiones externas, pero la tendencia es hacia una actuación más integral.

Los mismos gobiernos (segundo sector) también quieren o están necesitados de  gestionar sus escasos recursos con fines sociales con la mayor eficiencia posible y se han creado alianzas público privadas (gobiernos y empresas privadas, con o sin la sociedad civil) para gestionar estos servicios.  Por ejemplo en salud, educación, servicios públicos como infraestructura (agua, transporte, energía) y justicia.

Por otra parte la sociedad ya no ve más a la empresa solamente como proveedora de bienes y servicios o de empleo, sino que la comienza a ver como una parte integral de esa sociedad, que tiene responsabilidades, no solamente por los impactos de sus actividades, que es donde mayormente estamos, sino que además tiene la responsabilidad de contribuir a su bienestar, como todo el resto de los miembros de la sociedad.

La sociedad civil (a veces llamado el tercer sector) se ha ido desarrollando en dos sentidos. Por un parte para exigir mayor accountability de los gobiernos y de las empresas sobre sus acciones.  Ambos usan los recursos de la sociedad, muchos de ellos escasos, no renovables, para llevar a cabo sus actividades y se quiere que lo hagan eficientemente y que rindan cuentas.  Por otra parte, la sociedad civil se ha visto en la necesidad de suplir deficiencias de los gobiernos y de las empresas.  La forma más prevaleciente es la de la gestión de la filantropía, usando recursos de las tres partes, gobiernos, empresas y de la misma sociedad civil, incluyendo los individuos.  La sociedad también le está exigiendo accountability a las instituciones de la sociedad civil por la gestión de sus recursos, no basta que los coloquen, deben hacerlo de forma efectiva y eficiente.  Poco a poco las decisiones de asignación de los escasos recursos irán a las instituciones de la sociedad civil que demuestren que los pueden gestionar eficiente y efectivamente.  Se les está pidiendo que dentro de su función social muestren disciplina, que usen algunas de las virtudes de las empresas, por ejemplo la gestión eficiente y efectiva, sin tomar sus defectos de avaricia y cortoplacismo.  Estas instituciones del tercer sector se están moviendo a modelos híbridos donde tratan de combinar características del tercer sector y del primer sector y surgen conceptos como el emprendimiento social, el filantrocapitalismo, empresas cívicas, inversión de impacto, etc.

El modelo tradicional de la empresa que opera como si fuera el centro del universo, de los gobiernos que operan como si su función fuera meramente gestionar el estado y la sociedad civil que opera como si no tuviera que considerar la eficiencia en la utilización de recursos de terceros yo no es viable.  Todos deben tener el objetivo común de usar los escasos recursos con la mayor eficiencia y efectividad posibles en bien de la sociedad.  Eso es la esencia de la sostenibilidad.

Tendencias en los tres sectores

Las empresas, el primer sector, los gobiernos, el segundo sector y la sociedad civil, el tercer sector están creando intervenciones e  instituciones que buscan capturar las ventajas comparativas de cada uno, y se están moviendo hacia estructuras que potencian su contribución a la sociedad.

El sector privado considerando no solamente la mitigación de sus impactos negativos sino además para potenciar los positivos, usando los recursos de la empresa para servir las necesidades de la sociedad, por ejemplo creando productos y servicios que solo hagan el bien, contribuyendo a mejorar la calidad de vida, incluyendo a las poblaciones menos favorecidas en la actividad económica, ya sea produciendo productos y servicios para sus necesidades ya sea incorporándolos a la actividad productiva de la misma empresa.  Hay un movimiento desde las prácticas responsables ocasionales (donde están la mayoría), hacia las maneras como se obtienen las ganancias (donde están algunas empresas), hacia qué se hace con las ganancias para beneficio de la sociedad (donde están muy pocas). Recientemente has salido a la luz muchos casos de empresas responsables, en el sentido tradicional, que eluden impuestos[2] o que recompran sus propias acciones con las ganancias, evitando invertir lo que contribuiría al desarrollo económico y social. [3]

En el sector público algunos gobiernos se percatan de que no todos los servicios a la sociedad que son de su responsabilidad los pueden cumplir con el modelo burocrático tradicional de ministerio con criterios políticos y crean o contribuyen a crear instituciones, que pueden ser empresas públicas, donde también tratan de combinar la visión social con la eficiencia empresarial.  No es que se gestionan con fines de lucro, pero si con fines de eficiencia en la utilización de recursos públicos, con los consiguientes incentivos para su gestión. En algunos países se han creado asociaciones público privadas para la gestión de los servicios públicos, cada uno ejerciendo la parte de la gestión donde tiene mayores ventajas comparativas.  Por ejemplo, en el caso de salud, el sector privado puede encargarse de la construcción y equipamiento del centro hospitalario, el tercer sector puede encargarse de su gestión día a día y el gobierno de su regulación y gestión estratégica para asegurarse el cumplimiento de los fines sociales.  La sociedad está exigiendo cada vez mayor eficiencia en el uso de los recursos públicos.

La sociedad civil también se está moviendo en la dirección de mejorar su contribución a la sociedad.  En este sector ha habido mucha innovación recientemente a través de múltiples modalidades organizativas que pretender mejorar la eficiencia y efectividad de sus intervenciones.  Esto en buena parte es la combinación de la motivación innata de servir a la sociedad con la necesidad de gestionar los escasos recursos con criterio de escasez, cuando ven que el modelo de usar recursos de donaciones es cada vez menos viable en el mediano y largo plazo.  Algunas están impulsadas por las presiones de donantes que exigen demostración medible del impacto logrado en la transformación de su población objetivo, y no solo contabilidad de las actividades llevadas a cabo o del volumen de recursos colocados.  La misma filantropía de empresas, fundaciones e individuos de gran riqueza está exigiendo que se deben producir resultados tangibles, que deben llegar a la sostenibilidad en el largo plazo, que se gradúen de la dependencia de donaciones y por ello son sometidas a la “disciplina del mercado” a veces llamada “filantrocapitalismo”.  Otras ONGs empiezan creando o participando en asociaciones con terceros para producir productos y servicios que puedan generar algunos ingresos sin abandonar los fines sociales y desarrollan organizaciones hibridas, con fines de lucro para suplementar las actividades sin fines de lucro.  Otros, como comentábamos anteriormente  crean empresas específicamente para resolver problemas sociales, que a veces surgen de iniciativas del tercer sector y a veces de iniciativas del primer sector.  Empresas de bien común, cooperativas, corporaciones de desarrollo comunitario, empresas sin fines de lucro son algunas de las múltiples formas que toman estas organizaciones.

Y hay movimiento unificador de los diferentes sectores.  Empresas con fines de lucro que para expandir su responsabilidad adquieren o se asocian con empresas con fines sociales.[4]  El algunos casos la empresa tradicional tiene presión de la sociedad para ser más responsable pero su posición competitiva le impide transformase completamente por lo que adquiere una empresa social, en algunos casos para aprender de su modelo de negocio e incorporarlo al suyo, otras veces para poder decir que tiene parte de su línea de productos o servicios dedicados al bien común y así proteger su negocio tradicional.  En otros casos la empresa quiere hacer más efectivas sus actividades filantrópicas y que sean financieramente sostenibles y para ello se asocia con empresas híbridas que tengan experiencia.   En el peor de los casos, algunas empresas adquieren a los competidores con criterios sociales para eliminar la competencia. 

Estos movimientos de los tres sectores hacia la incorporación proactiva de la sociedad está contribuyendo a crear lo que podría ser el nuevo sector, todavía muy difuso o confuso, el cuarto sector, donde se ubican las instituciones con fines de beneficios monetarios y beneficios para la sociedad.  Se está fraguando un emergente cuarto sector que muestra la tendencia de lo que será la RS y la empresa del futuro. El segundo y tercer sectores, con objetivos del bien común están siendo movidos por la necesidad de la eficiencia y efectividad.  El primer sector, con objetivos de eficiencia y efectividad está siendo movido por las demandas sociales de que esto se logre para el bien común. Y se encuentran en el cuarto sector.







Por ahora no todos los sectores de la actividad económica son atendibles con instituciones del cuarto sector.  Las mejores posibilidades están en servicios relacionados con salud, educación y otros servicios sociales, infraestructura y servicios financieros especializados (microfinanzas).  No obstante cada día surgen empresas que se ubican en este cuarto sector, como algunas cooperativas, empresas híbridas, combinaciones de empresas con fines de lucro con instituciones sin fines de lucro (fundaciones, ONGs, uno que gana el dinero y otro que coloca los beneficios)  y otros tipos. La tipología no es tan importante como el concepto y la dirección hacia la cual se mueve la empresa del futuro.  Si las empresas se denominan del cuarto sector es irrelevante, lo importante es lo que hacen.

Y por supuesto desde el primer sector surge la pregunta obvia: Si estas “empresas con fines de beneficio” son financieramente sostenibles, ¿no serán objeto de competencia por parte de empresas que no se deben preocupar por la parte de los beneficios sociales y las sacarán del mercado?  Sí, si son exitosas son vulnerables a la competencia, a menos que la sociedad, léase el mercado, lo reconozcan y favorezcan a las empresas con estos beneficios duales.  No será fácil, la sociedad todavía requiere de mucha concientización y educación.






Y estas tendencias convergen en lo que podríamos llamar el nuevo modelo de empresa, que es más que una empresa responsable por sus impactos ante la sociedad, que es más que una sociedad civil  y un gobierno que gestionan eficiente y efectivamente los recursos.  Estos son los mínimos que se puede esperar y es la situación actual en muchos países o sectores.   Pero el nuevo modelo va más a allá, es la empresa que persigue beneficios para la sociedad con sostenibilidad financiera a largo plazo, la que gestiona exitosamente el  conflicto cotidiano entre ambos fines, sociales y financieros. Y va más allá de una certificación independiente a la empresa por sus acciones responsables. En el caso de las empresas con fines de beneficios el compromiso es con la sociedad, al incorporarlo en los estatutos y adherirse al régimen legal pertinente. [5]

En la tercera parta analizaremos si  ¿Es esto teórico o es factible en la práctica?






[2] Elusión de impuestos a través de la creación de empresas huecas en países con baja carga fiscal o con exenciones. No pagan impuestos en los países donde se generan los ingresos usando la infraestructura pública y social, pagan poco o nada en países que no han contribuido a la producción. Ver mi artículo Eludir y evadir impuestos: ¿Hasta dónde llega la irresponsabilidad empresarial?).

[4] Ver el resumen del artículo Four Strategies for Responding to Sustainability-Oriented Competitors (el completo fue publicado en el California Management Review)

[5] Aunque la certificación puede ser parte del camino a recorrer, como es el caso de las B-Corps en EEUU o el Sistema B como se ha dado en llamar en América Latina en las que alguna institución certifica (en general B-Labs con sede en EEUU) que se han comprometido a ser responsables.  Lo deseable sería que las empresas cambiaran por lo menos sus estatutos si la figura legal de empresa por beneficios no existe en el país.  Lamentablemente en muchos países con sistemas legales basados en el derecho romano está  apertura a los beneficio sociales puede no ser aceptada por las autoridades comerciales y el compromiso se limita a un acuerdo privado entre accionistas, legalmente mucho más débil.  Ver mi artículo  ¿Se puede ser responsable por estatutos?: Empresas con fines de beneficios y Empresas B analiza las diferencias entre la certificación B-Corp y las empresas con fines de beneficios.

domingo, 28 de junio de 2015

Futuro de la RSE, la empresa del futuro. Ia. parte


¿Cómo será la empresa del futuro?  ¿Cómo evolucionará su relación con la sociedad?  ¿Pueden seguir las empresas como lo están haciendo ahora? 

Pueden pero no deben.  En el futuro las seguirá habiendo de todos tamaños, colores y sabores, responsables que lo parecen y que lo son, responsables que no lo son, pero lo parecen e irresponsables que parecen y son irresponsables.  Pero más que hablar de responsabilidad de la empresa, que se nos está quedando pequeño como concepto y se presta a confusiones, debemos hacerlo del papel de la empresa en la sociedad [i], un concepto más amplio, más incluyente. Y es que es la evolución de la sociedad la que determinará cual será el papel de la empresa. Hablar de la responsabilidad social de la empresa tiene connotación de que el motor es la misma empresa. Hablar del papel de la empresa en la sociedad tiene la connotación de que es la sociedad la que lidera la acción.  La realidad incluye ambas concepciones, pero para analizar el futuro de la empresa no podemos hacerlo solamente desde su punto vista.  La sociedad cada día más está tomando acciones para influenciar ese futuro.

Este artículo ha sido dividido en tres partes para hacerlo más accesible al ocupado lector.  Será publicado sobre las próximas semanas en el blog de Cumpetere. En esta primera parte analizaremos la evolución reciente y la situación actual y en el mediano plazo e la responsabilidad de la empresa ante la sociedad.  En la segunda parte analizaremos las tendencias de las actuaciones de los tres sectores, provado, público y sociedad civil y propondremos el modelo de empresa del futuro.  En la última parte analizaremos la factibilidad de este modelo del futuro de la empresa.

Evolución del papel de la empresa en la sociedad.  Donde estamos.

Desde que a finales del siglo XIX se desarrolló la figura legal de la empresa como persona jurídica con deberes y derechos, como ente independiente de sus dirigentes, dueños y empleados, la empresa ha visto la necesidad de apoyar a la sociedad en la que se desenvuelve.  Tradicionalmente ha sido como resultado de la transmisión a la persona-empresa de la responsabilidad como personas de sus dueños y dirigentes, lo que se ha manifestado mayormente a través de la solidaridad con segmentos de la población más necesitados.  Así se estableció la tradición filantrópica, en parte como continuidad a las actividades de la iglesia católica desde el medioevo y en América Latina desde la época de la colonia, que entre sus funciones estaba el suplir algunas deficiencias de los gobiernos en atención a la población, especialmente a los más necesitados. Con el surgimiento y avance de la sociedad civil, ésta ha absorbido algunas de estas actividades, financiada por la misma sociedad, los gobiernos y muchas veces en asociación con las empresas incluyendo sus propias fundaciones.  Esta evolución ha llevado a que se continúe confundiendo la responsabilidad de la empresa ante la sociedad con el asistencialismo, en su manifestación más elemental, la filantropía estratégica, en un nivel intermedio, y la inversión social a un nivel relativamente superior.

Con la evolución de la sociedad y bajo el liderazgo de algunas empresas se ha pasado a un nivel todavía superior donde las empresas se involucran directamente y emprenden acciones, muchas veces aisladas, de acuerdo a su percepción de las demandas y necesidades de sectores sociales.  Pero suelen ser acciones aisladas al fin y al cabo. Y es aquí donde se encuentran la gran mayoría de las empresas en América Latina y España. Muchas veces las acciones están determinadas por las necesidades percibidas de las sociedad, sus expectativas sobre lo que deben hacer las empresas y la necesidad de gestionar su percepción. Pero todavía prevalece una confusión entre asistencialismo, solidaridad y responsabilidad ante la sociedad. 

Y en todo caso damos por descontado el cumplimiento con las obligaciones legales, que no son negociables.  Pero estas mismas obligaciones no son estáticas, van evolucionado con el desarrollo de la sociedad y de los mismos gobiernos y no son las mismas en los diferentes países.  Y algunas empresas más avanzadas se adelantan a lo que podrían ser estas regulaciones en el futuro o cumplen con regulaciones en vigencia en países con mayor desarrollo relativo.

Algunas empresas más avanzadas tratan de que esas acciones formen parte de una estrategia integral, a efectos de mejorar la efectividad y eficiencia de sus intervenciones. Algunas asumen la responsabilidad por los impactos negativos de sus acciones sobre la sociedad y el medio ambiente.  Y las empresas más avanzadas no solo consideran los impactos negativos sino que potencian los impactos positivos.  Y al nivel superior, que se acerca a la empresa del futuro, consideran los impactos positivos que todavía no tienen pero que quieren tener para contribuir a una mejor sociedad donde ellas mismas puedan prosperar. Estas últimas no lo ven como una actitud reactiva o protectora, sino positiva y proactiva.  Estas son todavía una minoría, visible, buen ejemplo, pero minoría al fin, son la excepción no la regla. No nos engañemos, la responsabilidad ante la sociedad no está en el DNA de la inmensa mayoría de las empresas.  Debería, pero no está.

El futuro de la RSE está mucho más allá de reducir emisiones, empaques, consumo de agua, publicar informes de sostenibilidad, donar o apoyar una escuelita, hacer voluntariado, tratar bien a los empleados, atender bien a los clientes o plantar arbolitos. No está en hacer “cositas”, es mucho, mucho más que eso.  Esto son solo manifestaciones parciales de la responsabilidad.




Solo ahora nos estamos dando cuenta de que lo relevante no es lo que la empresa hace para quedar bien, para minimizar sus impactos negativos y hacer el bien en el proceso de hacer negocios.  Lo relevante, que es el futuro de la RSE y de la empresa, es el papel que juega/jugará en el desarrollo de la sociedad.

Poco a poco, y ese es la mayor progreso, nos hemos dado cuenta de que la empresa opera en un contexto de la sociedad, de que cada una no es una abstracción, de que cada una no es el sol alrededor de la cual gira el resto del mundo, de que deben dejar de mirarse el ombligo y levantar la cabeza. “Yo a lo mío” ya no es una respuesta aceptable para ninguna empresa.  Producir bienes y servicios, dar empleo, pagar impuestos, hacer donaciones, etc. no es suficiente.  El nivel superior de producir bienes y servicios responsables, de forma responsable es el ideal actual, pero en el futuro no será suficiente.  Lo sociedad demanda/demandará una mayor contribución.

La sociedad se ha dado cuenta de que la empresa le debe su existencia y que forma parte integral de esa sociedad y por ende tiene derecho a exigirle no solo responsabilidad por sus impactos sino que además tiene la responsabilidad de contribuir a su desarrollo.






¿Hacia dónde vamos?

Pero, ¿hacia dónde va la responsabilidad empresarial?  De nuevo la pregunta más correcta es “hacia dónde va la empresa”.  Si nos seguimos concentrando en aquella pregunta la respuesta seguirá siendo el hacer cambios muy puntuales, preocupados por no hacer el mal, por gestionar la reputación, independientemente de si es merecida o no, de tomar decisiones en función de los intereses cortoplacistas de algunos directivos e inversionistas y de profundizar algunas acciones para hacer el bien.   Pero esta relación con la sociedad no puede seguir así.  ¿Por qué no?  Porque parte de la premisa de que es la empresa la que dicta la agenda, es la que decide lo que hace.  Y esto está cambiando.

  



Y es al analizarlo desde el punto de vista del papel de la empresa ante la sociedad que nos damos cuenta de que es necesario un nuevo modelo de empresa.  Cada vez que se lee “un nuevo modelo” la primera reacción es: ¡aquí viene otra utopía!  Pero no seamos utópicos, es tan fácil decir “las empresas deberían ser así y así”.  Deberían pero no lo son y no serán, a menos que existan fuerzas internas y externas que la fuercen.  Las empresas tienen como principal objetivo el hacer dinero de lo contrario no sobreviven, pero hay maneras y maneras de hacer dinero.  Si la empresa, o la entidad o la organización no son financieramente sostenibles no son sostenibles en el largo plazo. 

Antes de proponer cosas utópicas debemos entender la realidad en que operan las empresas.  Lo que podemos proponer son las maneras de ser financieramente sostenibles pero siendo parte integral de la sociedad.  Han surgido recientemente algunos modelos de empresas que tienden en esta dirección, calificadas con decenas de títulos que para simplificar agruparemos bajo el término de empresariado social (decimos empresariado social y no empresa social porque el primero tiene connotación de emprendimiento, de innovación).

Estas son empresas que nacen para atender un problema social, a diferencia de las que nacen para aprovechar una oportunidad comercial.  Pero tienen en común que ambas nacen para atender un mercado, una necesidad y deben proporcionar productos y/o servicios responsables.  Pero no nos engañemos, igual necesitan recursos financieros.  La misión social no los exime de ser financieramente sostenibles.  Muchas veces los productos o servicios sociales no son comercialmente factibles, por lo menos en el corto plazo y mediano plazo y pueden requerir de fondeo en forma de donaciones o subsidios, por lo menos para cubrir los costos fijos de diseño y arranque.  Y esos recursos deben venir de alguna parte: o de los impuestos que pagamos al gobierno, si este ofrece ayudas, o de los excedentes de los individuos u otras instituciones que los donan (el financiamiento comercial externo hay que devolverlo).  La pregunta crítica para estas empresas es si es sostenible la dependencia de donaciones de terceros  Eventualmente estas empresas deben ser financieramente auto-sostenibles en el largo plazo.

¿Es que lo único que es viable es la empresa que debe maximizar sus ganancias?  No.  Tampoco es viable en el largo plazo el modelo de empresa cuyo objetivo es exclusivamente financiero.  En la persecución de ese objetivo es muy probable que explote a la sociedad o al medio ambiente.  Tarde o temprano perderá el apoyo de la sociedad, que es tan necesario como el dinero para operar. Si no compramos sus productos o no queremos trabajar en ella porque no es responsable, la empresa no es viable.  El problema es que estamos todavía muy lejos de que la sociedad reaccione.

Y si las empresas no asumen sus responsabilidades ante la sociedad ¿Sería entonces deseable que los gobiernos regularan todos los aspectos de la responsabilidad empresarial?  Ello produciría grandes problemas para todos. La regulación debería aplicar, como lo hace ahora a todas las empresas, en todas las circunstancias (con contadas excepciones), daría lugar a generalizaciones, ineficiencias y rigideces, cortando la creatividad e innovación, la competitividad.  Sí, hay que regular lo generalizable, lo que es innegociable, lo que aplica a todas las empresa,  pero no se puede, no debe regular todo el comportamiento empresarial.  Y si se hace las empresas tendrán como objetivo cumplir con las regulaciones (las que sean enforceable) y nada más.  El foco de la responsabilidad pasará a ser las regulaciones y los reguladores y no la sociedad.

En el largo plazo hay que buscar un balance.  Hay que moverse de la empresa con fines exclusivamente de lucro financiero, a la empresa que sea financieramente sostenible y que maximice el agregado de los beneficios (nótese que no decimos “ganancias”) financieros y los beneficios a la sociedad y el medio ambiente. [ii] ¿Es factible la maximización de estos “beneficios”? ¿Es utópico?    Lo analizaremos en la segunda parte.





[i] Esta serie de artículos son el resultado de mi ponencia del mismo título en la Conferencia Transformado el mundo: El poder de los nuevos modelos de negocios, celebrada el 25 de junio de 2015 en la Universidad del Pacífico en Lima, Perú. 

Para simplificar usaremos el término “sociedad” como incluyente de personas y medio ambiente.

[ii] No, no es lo mismo que la reciente moda de Creación de Valor Compartido. Este consiste en una serie de acciones donde se crea valor para la empresa y la sociedad al mismo tiempo. Lamentablemente este concepto no incluye aspectos tan relevantes para el papel de la empresa en la sociedad como el impacto sobre el medio ambiente (contaminación, cambio climático), su mitigación y mejora.  Tampoco entran aspectos tan importantes como los derechos humanos, elusión fiscal, la corrupción, las políticas laborales y la responsabilidad del producto, el involucramiento de las partes interesadas (más allá de solicitar ideas para nuevos productos y servicios), transparencia, accountability  y la producción de reportes de sostenibilidad para el público.   Tampoco insta al cumplimiento de las leyes y regulaciones y al comportamiento ético (a lo mejor dirán que es tan obvio que no hay que recordarlo, como si se hace al hablar de RSE).  Ver mis artículos sobre el tema en RSE y creación de valor compartido: Mis artículos.

lunes, 22 de junio de 2015

Nueva estrategia del GRI: ¿Cambio de dirección o pérdida de rumbo?


El 9 de junio del 2015 el Gobal Reporting Initiative, GRI, anunció una nueva estrategia para la organización, para los próximos cinco años.  Su nuevo lema y logo ahora es el “empoderamiento de las decisiones sobre sostenibilidad”, cuando antes parecía ser facilitar el proceso de presentación de información sobre sostenibilidad.

¿Porque el cambio? [1]

La primera y más importante razón parece ser que los nuevos dirigentes se dieron cuenta de la información de sostenibilidad no es fin, es un medio para la toma de decisiones. Es muy sorprendente ver que la institución tardó tantos años en darse cuenta de algo tan evidente, o por lo menos para intentar ponerlo en la práctica.  Estaban demasiado ocupados en producir lineamientos para la preparación de la información, en organizar conferencias, en obtener recursos para cubrir gastos, que no se pudieron preocupar de la utilidad de la información presentada en base a sus lineamientos.

Las versiones anteriores de los lineamientos, versiones G2 y G3, eran en producir guías para estructurar informes de sostenibilidad con los correspondientes indicadores.  El problema con ambas versiones siempre fue el supuesto implícito de que toda la información sobre sostenibilidad debería ser comparable, de allí los centenares de indicadores que se recomendaba reportar.  Se ponía la comparabilidad y uniformidad por encima de la relevancia de la información.  Se partía de la premisa de que la sostenibilidad era un concepto relativamente universal, cuando la realidad es que la sostenibilidad de la empresa es muy específica a su naturaleza y el contexto en que opera.

Se intentó corregir este problema con la versión G4 que descansa sobre el principio de materialidad, y que pide que las empresas reporten más intensamente sobre los aspectos que han sido determinadas como materiales para cada una, escogiendo dentro de un conjunto de indicadores. Esto representó un  gran progreso. Ahora cada reporte debería ser enfocado a las necesidades de información de los stakeholders más relevantes. (ver mis artículos  Materialidad: 12 principios básicos y una metodología para la estrategia de RSE. Ia. y IIa. Parte).  Sin embargo, en la práctica no ha tendido la acogida esperada y son solo las grandes empresas que producen reportes ajustándose estrictamente a los lineamientos del G4 (hay muchas que dicen que producen reportes en concordancia con el G4).  

Muchas empresas se han dado cuenta de que si lo hacen dejan de reportar mucha información que si bien no es material en el sentido estricto de la definición del concepto y del G4, es “importante” para la empresa.  Los premios ganados, las donaciones a la comunidad, las obras de inversión social, las políticas de gestión de personal, alianzas con ONGs, entre muchas otras son importantes para algunos segmentos de la empresa, contribuyen a mejorar la aceptación de la comunidad, la buena voluntad de sus empleados (a veces el reporte está determinado por la necesidad de complacer a algunos “departamentos”, de lo contrario no colaboran) y, muy posiblemente, a mejorar la reputación de la empresa de forma genérica, aspecto “importante” para las empresas (ver  mi artículo   ¿Se puede manipular la reputación?: El efecto aureola).  No se pueden dejar de reportar estas “actividades” aunque no sean críticas para algunos stakeholders de la empresa.  Son muy importantes para algunas partes.  ¿Qué deben hacer entonces las empresas?  ¿Producir dos o más reportes? ¿Uno con lo material y otro con lo percibido como “importante” para algunos?  Obviamente que hay soluciones como producir uno de acuerdo al G4 y suplementarlo con toda la información que se considere pertinente para los diferentes grupos de stakeholders, con información precisa y focalizada, en los medios más adecuados.

Pero esto es lo que precisamente nos lleva al descubrimiento que acaba de hacer el GRI y es que la información es un medio y no un fin para la toma de acciones y decisiones por parte de la empresa y sus stakeholders.

Nada como la competencia para aggionarse

Este aggiornamento lo impulsan los actores en el “mercado de la información sobre sostenibilidad”.  En parte ante las deficiencias percibidas del GRI, en los últimos años surgieron instituciones que empezaron a “competir” con el GRI, o por lo menos así lo percibía el GRISurgió el Sustainability Accounting Standards Board, SASB, y el International Integrated Reporting Council, IIRC.  El primero muy inteligentemente se puso un nombre muy semejante al de la institución que ha desarrollado y gestionado los estándares de contabilidad de las empresas en EEUU y por asociación en muchos otros países (hasta el surgimiento del International Accounting Standards Board), el Financial Accounting Standards Board, FASB.  La diferencia en una sola palabra le dio al SASB apariencia de autoridad, de rigor contable.  Y lo ha aprovechado muy bien.  Ha sido muy efectivo en producir indicadores para reportar logros en sostenibilidad, pero diferenciados por industria y sub-industria para hacerlos relevantes.  Si bien, en principio, son solo de aplicación para los reportes ante la Comisión de Valores y Bolsas de EEUU, es de esperar que sean adoptados por otras empresas y otros países.

El IIRC produjo lineamientos para la preparación de informes integrados, conteniendo la información tradicional contable y la información no-financiera relevante para la toma de decisiones.  Es oportuno recordar que para el IIRC la información no financiera no se refiere a información sobre sostenibilidad aunque podría incluirla.  Se refiere primordialmente a información sobre la estrategia de la empresa, su modelo de negocios, etc.  Contrario a lo que muchos creen, el informe integrado NO integra los tradicionales informe anual financiero y el informe de sostenibilidad.  Expande el informe financiero tradicional con información no financiera para mejorar la capacidad de analizar sus perspectivas futuras.  Su principal contribución es la sugerir estructurar el informe en base a la contribución de la empresa a los seis capitales (financiero, manufacturero, intelectual, social y relacional, humano y natural)( para una discusión del informe integrado ver mis artículos ¿Qué integran los informes integrados? y El informe integrado: lo que podría haber sido y lo que debería ser).

En ambos casos,  que viene ser una gran diferencia con el GRI, los stakeholders a los que están dirigidos son los aportantes de recursos financieros, y no todos los stakeholders como es el caso del GRI (ver mi artículo GRI, SASB, IIRC, letras para escribir reportes ¿Conflicto o complemento? ). Ello les permite estar mucho más enfocados en la información para la toma de decisiones (por lo menos para este grupo de stakeholders).  El GRI, por preocuparse de la sociedad en general perdió enfoque, quiso ser válido para todos, lo que dispersó mucho los esfuerzos y le hizo perder efectividad.  Esto se trató de corregir con el G4, que son lineamientos para atender a un menor grupo de stakeholders, los que sean materiales, aunque todavía pueden ser varios grupos.

Ambas instituciones han sido muy agresivas en el desarrollo y promoción de sus lineamientos y parecen haber encontrado el terreno fértil ante las debilidades percibidas del GRI.  Son instituciones guiadas por profesionales con criterio competitivo y muy bien respaldadas financiera e institucionalmente.  Al sentir esta competencia el GRI trató de hacer alianzas con ambos y otras instituciones como el Global Compact, OCDE, El Programa Ambiental de las Naciones Unidas, UNEP, el Consejo Mundial para el Desarrollo Sostenible, WBCSD, entre otros, aunque se ha  limitado a acuerdos de colaboración, de intercambio de información y de coordinación de actividades.  El SASB y el IIRC se sienten en posición de ventaja competitiva y no han demostrado mucho interés en colaborar con el GRI.

La nueva estrategia

Ante esta situación el GRI cambió a su Chief Executive en julio del 2014 y nombra a Michael Meehan. El Sr. Meehan viene de la industria de venture capital y private equity, donde hay que invertir bien para ganar.  Trae un espíritu emprendedor, de innovación, competitivo y afronta la tarea como si de competir por un mercado de tratase. [2]  De allí surge la nueva estrategia basado en ser competitivo en el mercado de la producción de información de sostenibilidad.  La estrategia pretende convertir una institución con características de ONG en una institución con características de empresa privada.  Se cambia el lema y el logo para reflejar la modernización.  El anterior GRI era muy pesado en términos de gobernanza, ya que uno de sus principales criterios era el consenso.





Antes de anunciar la nueva estrategia el GRI ya creó el Global Sustainability Standards Board, GSSB (cualquier parecido con los otros nombres es pura coincidencia) con el objetivo de convertir lo que ahora son solamente lineamientos en estándares de reporte de aceptación universal. Ello requiere de un proceso más riguroso de aprobación y una separación legal, financiera e institucional de las otras actividades del GRI.  No se puede ser juez y parte.  Estrictamente hablando no debería ser parte del GRI, pero insisten en que pueden gestionar ambas partes separadamente.  El tiempo dirá.

La nueva estrategia se basa en cuatro pilares:

·       Contribuir a políticas públicas conducentes para la preparación y uso de la información de sostenibilidad, directamente y a través de alianzas con otras organizaciones.
·       Más y mejores reportes.  Parece ser la continuidad de la actual estrategia, presumiblemente mejorando la efectividad y llevando los lineamientos a niveles de estándares internacionales.
·       Innovación y colaboración. Este componente parece reconocer la pérdida de competitividad del GRI y propone trabajar con otras instituciones para integrar la información financiera con la de sostenibilidad para mejorar la utilidad y difusión de la información en la toma de decisiones.
·       Más allá de los reportes. Esta parece ser la novedad de la estrategia, pero no hay detalles de cómo lo piensan implementar, más allá de decir que la información debe ser accesible, comparable y disponible en tiempo real.




Como era de esperar, la estrategia no contiene detalles de su implementación.  Presumiblemente continúan trabajando en ello.  Sería deseable saber cómo quedan las actividades que tanto se han criticado, como el “alquiler” de su nombre para que instituciones den cursos sobre los lineamientos del GRI y la más grade de todas, el examen para ser declarado competente en preparar informes G4 (ver el incisivo artículo de Elaine Cohen  Will I take the G4 Exam? )

¿Tendrán éxito?

El cambio es prometedor, pero quedan dudas sobre lo adecuado de la cultura organizativa del GRI y su capacidad institucional para llevar a cabo estas actividades de innovación en un mercado competivo y de cuál es su ventaja comparativa en promover un mejor uso de la información, que es campo completamente nuevo para ellos.  El cambio  no es trivial.  ¿Será aceptado el GRI como líder en estas actividades? ¿Será aceptado como innovador? El éxito de la nueva estrategia depende de todo esto.
Y esperemos que no abandonen su ventaja comparativa de promover la producción de reportes relevantes a todos los stakeholders.  Es un riesgo que viniendo del mundo de los inversionistas el nuevo líder se desinterese del resto de los stakeholders.  Alguien tiene que cubrir ese espacio.

Los emprendedores, y el nuevo Chief Executive se define como tal, suelen ser muy buenos para generar ideas, pero no suelen tan buenos en la implementación, gestión y seguimiento, que suele requerir paciencia y lidiar con oposiciones de los afectados.  A lo mejor él es bueno en ambos aspectos.








[1] Recomiendo dos excelentes artículos sobre la nueva estrategia del GRI por Mallen Baker Is the GRI's new focus really a positive change in direction?  y por Elaine Cohen Will GRI's new strategy work?