domingo, 22 de marzo de 2015

Para qué, qué y a quien informar sobre la responsabilidad social de las empresas


El principal problema de la comunicación es la ilusión de que ha ocurrido, 
George Bernard Shaw. Dramaturgo (1856-1950)

Otra vez el Prof. Antonio Argandoña ha publicado un artículo muy incisivo y que desgrana el meollo del asunto que trata con precisión.  En este caso: Informar sobre la Responsabilidad Social.  Analiza las disyuntivas y deficiencias de la información que proporcionan o dejan de proporcionar las empresas.  Como en ocasiones anteriores, estimula a reflexionar sobre sus opiniones y a reaccionar.  En este artículo daré mi opinión sobre algunas de las inquietudes que presenta y ofreceré algunas observaciones complementarias. [i]



Comencemos con algunas de las citas de su artículo que considero más pertinentes a la discusión, aunque recomiendo la lectura completa del artículo:

“El problema de la información sobre la RSC es que no tenemos claro de qué se trata de informar y para qué. ..... ahora ya tenemos la información… ¿qué vamos a hacer con ella? Es lo que suele ocurrir cuando uno no tiene claro para qué quiere dar o recibir la información: tendemos a decir o a pedir todo lo que se nos ocurre, y luego ya veremos qué hacemos con todo esto.”
           
“Bueno, pues digamos que la información debe ir dirigida a los stakeholders. Bien, pero, ¿a cuáles? ¿A los inversores, a los empleados, a los clientes, a los proveedores…? Porque cada uno de ellos necesita una información distinta, y esa información no es la misma para todos: lo que quieren saber los empleados de fábrica no coincide, probablemente, con lo que solicitan los de oficinas. Y, para que sea útil, esa información debe ser “a medida”. No, por tanto, un largo informe publicado on line o en papel, ni siquiera un capítulo de ese informe. Porque, además, el informe se elabora de acuerdo con criterios establecidos desde fuera -la Global Reporting Iniciative (GRI), por ejemplo-, lo que significa que ya no es a medida… “

“Tenemos exceso de información material: claro, es lo que pedimos y es lo más fácil de contar (y de manipular). Pero no tenemos información, o es parcial, o dista mucho de ser contrastada, sobre las estrategias de la empresa en RSC -y es probable que la dirección de la empresa no tenga demasiado interés en explicitarlas, porque forman parte de la estrategia de su negocio o, al menos, eso es lo que les pedimos. Y la RSC no significa lo mismo para todos, ni para todas las empresas, ni para todos los stakeholders, ni a lo largo del tiempo…” (énfasis añadido)

El para qué, el qué y a quién informar de la responsabilidad social de las empresas están íntimamente ligadas.  No se puede hablar del “para que” sin saber “el qué”  ni el “a quién”.  Y este es el punto más álgido de la información sobre RSE.  Son muchas las empresas que informan el “qué” sin tener en cuenta el “para qué” ni el “quién”.  Muchas empresas dan la información porque alguien la pidió, alguien sugirió hacerlo, porque lo hacen otras empresas, porque está disponible.  Muchas son las veces que las empresas reportan algo porque así lo piden los lineamientos de información en boga, en particular el GRI. 

Cuan dañino puede ser el preparar informes de sostenibilidad porque es la moda, porque otros lo hacen, seguir formatos modelo, seguir los lineamientos que piden hacer o reportar de todo independientemente de la estrategia de la empresa y de la materialidad de las diferentes acciones (el lector interesado puede ver mis dos recientes artículos sobre el tema de materialidad y estrategia, Materialidad: 12 principios básicos y una metodología para la estrategia de RSE donde esto se discute ampliamente).

Como en el caso de la estrategia de RSE, la estrategia de información en un gran número de empresas es deficiente, improvisada de acuerdo a las circunstancias del momento, o siguiendo lineamientos generales que no coinciden con las necesidades y estrategia de la empresa (¿estrategia?) La mayoría dispara con escopeta de perdigones a ver si le pegan a algún pájaro (léase stakeholder), o disparan con toda la artillería tratando de pegarle a todo (¡pero sin apuntar muy bien!).   

Son muy pocas las empresas que están conscientes de quién quieren que se entere, de qué y cómo.   La comunicación (¡honesta!) es un suporte fundamental de la estrategia de la empresa.  Es a través de la comunicación que se gestionan las percepciones de los stakeholders, los que de una u otra manera determinan los destinos de la empresa.  Y la estrategia de comunicación debe comenzar por saber quién tiene impacto y qué tipo de impacto tiene sobre las actividades de la empresa, y qué información es necesaria para mitigar los impactos negativos y potenciar los positivos.  Y claro está, todo esto hecho de forma responsable (ver mi artículo Algunas consideraciones sobre comunicación de la sostenibilidad).

Y son muy pocas la que entienden la diferencia entre comunicación y reporte de RSE.  Sí, el reporte de RSE es una pieza de la estrategia de comunicación, pero como tal es muy burda, no satisface a ninguno de los que necesitan la información o a los que la empresa quiere que se enteren. Es una pequeña parte de la comunicación y con contadas excepciones poco efectiva.

La comunicación de la RSE es un concepto mucho más amplio que incluye muchos medios diferentes, muchos actores, cada uno debe ser el más adecuado a los objetivos que se quieren lograr.  A veces son boletines internos para los empleados, a veces son comunicaciones especiales para los accionistas, a veces son campañas informativas en los medios sociales, a veces son piezas de información relevantes para los clientes, a veces son informes especiales para los reguladores sociales, ambientales y de gobierno corporativo, a veces son diálogos con la sociedad civil, a veces son informes para cumplir formalidades.  Difícilmente los informes generalistas pueden cumplir todos estos objetivos.

Algunas empresas ya están empezando a usar las ventajas de la tecnología de información para segregar y enfocar la información de acuerdo a las necesidades de las diferentes partes interesadas, en secciones especiales de sus sistemas de información sobre sostenibilidad, o bien permitiendo a cada usuario “confeccionarse” el informe de acuerdo a sus necesidades. Aunque esto no obvia la necesidad de tener una actitud proactiva, de ir hacia la parte interesada, de decirle que la información que necesita está disponible, y no adoptar una actitud pasiva de esperar que ella venga a la empresa.

El informe (generalista) de sostenibilidad está cumpliendo un papel importante en la etapa de arranque y desarrollo del sistema informativo de las empresas y del interés y coherencias dentro de la empresa sobre una eventual estrategia (ver mi artículo  Informes de sostenibilidad: ¿Sirven para algo?), pero cumplidos estos papeles eventualmente debe dejar de existir para ser substituido por una estrategia coherente y consistente de información del qué, a quién le interesa y nos interesa que les interese y de la forma que sea más efectiva para ese stakeholder.

Eventualmente las empresas empezarán a ver la necesidad de evaluar la efectividad de todo su sistema de información sobre RSE y verán que ni la escopeta de perdigones ni la artillería son efectivos. Que se necesitan los rayos laser informativos. Atacar el quién, con el qué después de haber diagnosticado el para qué.  Nada de escopetas de perdigones ni cañones.






[i] Ya en el 2012 habíamos tenido un intercambio sobre la información de sostenibilidad. Argandoña escribía No me gustan los informes de Responsabilidad Social y yo en respuesta escribía Informes de sostenibilidad: ¿Sirven para algo?


miércoles, 18 de marzo de 2015

Código de Buen Gobierno: Cuotas para mujeres en los Consejos


 con Helena Ancos

El pasado 24 de febrero entró en vigencia el nuevo Código de Buen Gobierno de las sociedades cotizadas, promulgado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores, CNMV de España.  En esta serie de artículos estamos analizando las provisiones del Código que consideramos más pertinentes para la RSC.  En dos artículos anteriores ¿Gobierno Corporativo o RSC? ¿Quién gana en el Código de Buen Gobierno?, Helena Ancos analizaba el proceso de gestación del código, las dimensiones del interés social en el nuevo texto y la consideración de los intereses de los grupos de interés, así como si hay progresos respecto al código Conthe,  Antonio Vives en El Código de Buen Gobierno: Lo bueno, lo malo y lo feo estudiaba la potencial contribución al avance de la RSC y las oportunidades perdidas con el Código y el desbarajuste en la gestión de las regulaciones y promoción de la RSC por parte de los organismos gubernamentales en España.

En este tercer artículo, ahora conjunto, analizamos un tema que se ha puesto mucho de relieve en los últimos años, la participación de la mujer en los altos cargos en la empresa y en particular el impacto de las cuotas para mujeres en los consejos de administración, que ahora ha sido recogida por el Código:

Que el consejo de administración apruebe una política de selección de consejeros que: ………. c) Favorezca la diversidad de conocimientos, experiencias y género. …………. Y que la política de selección de consejeros promueva el objetivo de que en el año 2020 el número de consejeras represente, al menos, el 30% del total de miembros del consejo de administración.
La comisión de nombramientos verificará anualmente el cumplimiento de la política de selección de consejeros y se informará de ello en el informe anual de gobierno corporativo.
(énfasis añadido)


En este artículo primero pasamos revista a los antecedentes de la disposición para luego analizar la experiencia con las cuotas en otros países, estudiar en detalle esta disposición en el nuevo Código para cerrar con las opiniones divergentes de los coautores sobre la posible efectividad de las cuotas.

1.      Antecedentes

Esta iniciativa introduce al ámbito de la empresa española cotizada en bolsa las disposiciones recientes de la Comisión Europea.  La Comisión Europea situó como una prioridad de la Agenda Política Comunitaria el acceso de las mujeres a los Consejos con la publicación en 2010 de su Estrategia para la Igualdad entre Mujeres y Hombres[i]. Entre las medidas propuestas, la promoción de las mujeres en los Consejos de Administración de las empresas cotizadas, se planteaba como una medida voluntaria para las empresas. No obstante, ante la constatación de la falta de progresos tangibles por parte de la iniciativa privada, Viviane Reding presentó en noviembre de 2012 de una propuesta de Directiva para el establecimiento de cuotas en los Consejos de Administración de las grandes empresas cotizadas[ii] donde se establecía un objetivo mínimo de 40% de cada sexo entre los consejeros no ejecutivos para el año 2020.

Otro antecedente destacable es la experiencia con cuotas para mujeres en los Consejos en Noruega desde el 2003. En un artículo de uno de los coautores se hizo una evaluación de la experiencia de ese país[iii], en base a un artículo académico de junio del 2014 (Breaking the Glass Ceiling? The Effect of Board Quotas on Female Labor Market Outcomes in Norway, por Marianne Bertrand, Sandra E. Black, Sissel Jensen y Adriana Lleras-Muney, National Bureau of Economic Research).  El resultado más destacable es que aunque se han cumplido con la obligación de las cuotas de tener no menos del 40% de representación femenina en los Consejos, los resultados a nivel de altos ejecutivos dejan mucho que desear.  Noruega tiene el 40.5% de miembros no ejecutivos de los Consejos de las empresas que cotizan en bolsa, pero solo el 6.4% de los ejecutivos son mujeres y ninguna de las grandes empresas tiene Presidente que sea mujer.

No obstante ha habido algunos resultados positivos posiblemente sorprendentes:

  • ·  Las mujeres que fueron nombrados en los Consejos tenían mejores cualificaciones que sus predecesoras y que la brecha salarial entre hombres y mujeres dentro de los Consejos se estrechó (claro está que es difícil extrapolar estos efectos a otros países que no tienen la tradición, cultura e institucionalidad empresarial y social que tiene Noruega).
  • ·  Sin embargo, aun cuando se mejoró la participación de las mujeres en el tope alto de la remuneración (5% más alto), no se encontró evidencia de que ello haya permeado en el resto de la organización.  La reforma tampoco tuvo impacto en las mujeres, que igualmente calificadas, no formaron parte del grupo que se incorporó a los Consejos.
  • · La reforma no afectó la brecha salarial ni la representación en la gerencia alta de las empresas. El efecto salarial y de representación parece que se limitó a los Consejos, donde se impuso la cuota.
  • ·    La reforma no afectó las decisiones de carrera de las mujeres, por ejemplo no aumento la participación de la mujer en programas de educación empresarial ni en una convergencia salarial entre los sueldos de recientes graduados de estos programas.
  • ·  La reforma no parece afectar mucho a las empresas no sujetas a la regulación. Si bien las empresas cotizadas tienen 570 mujeres en el Consejo de los 1.400 puestos (40.6%), en el resto de las empresas hay unas 90.000 mujeres de un total de unos 500.000 directores (18%).  Además solo hay 16 mujeres entre las 250 personas al máximo nivel ejecutivo (6%).


Con esto no queremos augurar que las cuotas establecidas en el Código no contribuya a avanzar la posición de la mujer en la empresa, lo que si queremos enfatizar es que las cuotas son solo una de las múltiples acciones que deben ser tomadas para asegurar ese progreso.

Un reciente estudio (Women Rising: The Unseen Barriers, por Herminia Ibarra, Robin Ely y Deborah Kolben en el Harvard Business Review, septiembre 2013) las profesoras argumentan que los esfuerzos de las empresas por lograr una mayor diversidad de género en posiciones de liderazgo a través de la ampliación del pool de candidat@s, del desarrollo de programas de entrenamiento y mentoría fracasan porque las empresas no han atacado el problema de la incompatibilidad entre las percepciones sobre las características de la mujer y las cualidades y experiencias que suelen ser asociadas con los líderes.  No es suficiente con “identificar y desarrollar las destrezas y competencias, como si operara en un vacío social.  El entorno debe respaldar la motivación de las mujeres para liderar y aumentar las posibilidades de que otros reconozcan y estimulen sus esfuerzos, aunque cuando ella no se comporte o actúe como la actual generación de ejecutivos senior”.  No basta con desarrollar su talento, el entorno es determinante.  Es necesario trabajar en todo el ecosistema de apoyo eliminando los obstáculos explícitos e implícitos. Como uno de los coautores comentaba en su análisis del Código, es necesaria la acción coordinada de los diferentes entes gubernamentales involucrados así como de las mismas empresas.  Un problema tan integral no puede tener soluciones parciales y aisladas.

2.      Análisis de las provisiones del Código de Buen Gobierno sobre las cuotas para mujeres en los Consejos

Nos gustaría destacar en primer lugar, que la Recomendación 14 permite  ubicar la diversidad de género en una perspectiva más amplia, la de la meritocracia es el criterio principal de selección y permite entender que se trata de un proceso donde hay que buscar a los candidatos y candidatas más cualificados (de ahí la necesidad de explicar por qué no se encontró al candidato/a para cumplir la recomendación), y en segundo lugar, que como tal proceso, se trata de un paso intermedio donde las cuotas dejarán de tener relevancia cuando se superen barreras estructurales y sesgos sociales, y se logre una representación equilibrada en cuanto a género, edad, y otro tipo de diversidades (étnicas, discapacidad, etc).

Ahora bien, si se trata de romper las inercias en el nombramiento de Consejeros, señalar también el sesgo implícito en la propia recomendación que alude a la política de selección de consejeros (no consejeras) y al hecho de que podía haberse aludido a la inversa, a que no existan más de 70% de hombres en los consejos, lo que sin duda, implica ver y presentar la realidad de otra forma menos favorable a la consecución del objetivo de equidad de género.

Este número del 30% que parece ser arbitrario, tiene su respaldo en estudios académicos. En noviembre del 2013 se publicó un artículo en el Journal of Business Ethics, con una investigación académica sobre el tema, escrito por tres profesoras en Alemania (Gender Diversity in the Boardroom and Firm Performance: What Exactly Constitutes a ‘‘Critical Mass?’’, por Jasmin Joecks, Kerstin Pull, Karin Vetter, J Bus Ethics (2013) 118:61–72) donde se demuestra que es precisamente a partir de la proporción del 30% de mujeres en el Consejo que el efecto de sus actuaciones está por encima de los rendimientos de Consejos totalmente masculinos.  El 30% constituye, según los autores, el “número mágico”.  Esta conclusión se obtiene después de un análisis del rendimiento de 151 empresas alemanas en función del número de consejeras.


Este porcentaje ha de entenderse en todo caso, como un porcentaje mínimo y no la aspiración o el objetivo a conseguir. Y en esta orientación gradualista hacia el equilibrio es como hay que entender la cuota del 40% que sugería Viviane Reding o la del 30% establecida en la recién aprobada legislación alemana. Eso sí, en España, porcentajes en torno al 20% para 2018 ó 2020, como se defendía por alguna autoridad pública española hace unos días, resultan a todas luces insuficientes y poco ambiciosos, porque es el porcentaje en el que nos encontramos de media en Europa (20.2%) y supondría para España (que está en 16,9%, según datos enero 2015) ir aumentando su proporción al ritmo anterior (0.5 pp) que se trataba de superar con la Directiva de cuotas.

Ahora bien, resulta muy interesante destacar aquí el estudio de la Fundación para la Investigación del Derecho y de la Empresa (FIDE), que proponía la siguiente fórmula para reestablecer el equilibrio (un level playing field) en unos consejos dominados por hombres. FIDE sugirió la regla 4-30-4, esto es, que a los 4 años de la entrada en vigor de la Directiva de cuotas, las sociedades obligadas por la Directiva tengan al menos un 30% de mujeres en sus consejos pero sólo durante 4 años consecutivos; pasado este período esta medida transitoria, cesaría de aplicarse. A nuestro juicio, este tope de 4 años es demasiado optimista como para romper inercias en los métodos de reclutamiento de consejeros y en la cultura empresarial, sobre todo si se compara con otros porcentajes y su eficacia en el ámbito empresarial como la cuota en materia de discapacidad que se aplica desde la Ley de integración social del minusválido, LISMI.

Lo más interesante de este estudio, a nuestro juicio, no es el porcentaje del 30% ni esta fórmula 4-30-4,  sino las medidas complementarias propuestas por FIDE para romper este dominio masculino:


  • · Reducir el límite máximo de 4 años que la vigente Ley establece para el mandato como consejero;
  • Reducir las retribuciones de los consejeros de la mayoría de sociedades cotizadas, que son excesivas en bastantes casos y, además de hacer difícil la independencia de los agraciados por la designación, favorecen su apego al cargo.


Es decir, se propone una mayor rotación en los cargos como medida complementaria a las cuotas.



3.      ¿Serán efectivas las cuotas?  Posición de Helena Ancos

Ya hemos defendido en otros artículos nuestro apoyo a las cuotas. No sólo por razones éticas (¿no se considera injusto el 80% de hombres en los consejos?), y estructurales (los problemas estructurales hay que combatirlos con medidas de acción positiva, y desde múltiples frentes, no sólo regulatorios sino de sensibilización, educativos, fiscales, etc.), sino también por su efectividad.


De los últimos datos de la Comisión Europea (enero 2015), se constata que entre 2003 y 2010, fechas anteriores a la publicación de la Estrategia Europea de Igualdad, la proporción de mujeres en los Consejos aumentó del 8,5% al ​​11,9%, un aumento de 3,4 puntos porcentuales (pp), o un promedio de 0,5 pp/año. Sin embargo, desde octubre de 2010 a octubre de 2014, el porcentaje ha aumentado 8,3 puntos porcentuales en cuatro años, hasta el 20,2%, de octubre de 2014, a un promedio de 2,1 pp / año, cuatro veces la tasa anterior y un aumento de 1,6 puntos porcentuales en comparación con los últimos datos registrados de abril de 2014 (18,6%).

  
A la cabeza, cuatro países - Francia, Letonia, Finlandia y Suecia – donde las mujeres representan al menos una cuarta parte de los miembros del Consejo. Entre octubre 2010 a octubre 2014 el porcentaje de mujeres en los Consejos aumentó en 23 de los 28 Estados miembros, registrándose los mayores incrementos en Francia (20,0 pp), Italia (19,6 pp), Bélgica (11,9 pp), Alemania (11,8 pp), Reino Unido (+ 10,8 pp) y Eslovenia (10,1 pp), la mayor parte países que han adoptado o considerado medidas legislativas o donde existe un intenso debate público sobre el tema[iv].

Es decir, la amenaza regulatoria parece que surte efecto en la reputación empresarial. España, con una Ley de Igualdad que recomienda la paridad, sigue estando todavía por debajo de la media de la UE-28 aunque según el último Informe sobre Remuneraciones de las empresas cotizadas de la CNMV[v]  la presencia femenina en los Consejos experimenta un ligero aumento hasta situarse en el 12% (10,4% en 2012) y el 15,6% en el Ibex 35, frente al 13,5 del año anterior. También aumenta el número de sociedades que cuenta con alguna consejera, que pasan del 62,3% al 66,2%.

4.      ¿Serán efectivas las cuotas? Posición de Antonio Vives

Muchas veces parece que se propone la solución de las cuotas sin antes de averiguar cuál es el problema.  El problema parece ser que no hay suficientes mujeres en los Consejos.  ¿Pero es este el problema o es solo una manifestación del problema?  A lo mejor si viéramos el problema como el de que el rendimiento de las empresas puede ser mejorado si se aprovecha la riqueza del capital humano femenino la solución de buscaríamos es otra.  Sería cómo aprovechar el capital humano disponible, para lo cual puede ser que las cuotas no sean la solución (no cambian el valor del capital humano) y habría tener el ecosistema necesario para que pueda ser desarrollado y utilizado.

Las cuotas atacan los síntomas, no la enfermedad.  Las cuotas no atacan el problema del porqué hay pocas mujeres en altos cargos.  Son muchos los obstáculos, ampliamente discutidos, que impiden a las mujeres llegar a esos niveles. Algunos son autoimpuestos, otros son impuestos por el sistema.  En el primer caso no todas las mujeres están dispuestas a hacer los sacrificios, en el conjunto de sus vidas, que consideran necesarios para lograr esos puestos, para hacer esa carrera.  ¿Cuál es para ellas el costo/beneficio del esfuerzo?  Precisamente por su carácter femenino, el resultado de su análisis puede ser muy diferente que para el hombre. Sus percepciones de lo que es un “éxito” y su valoración son muy diferentes.

Y, obviamente, hay un sin número de obstáculos en el sistema, desde prejuicios culturales, invisibles, hasta obstáculos físicos.  El “sistema” de reclutamiento, desarrollo y promoción dentro de la gran mayoría de empresa tiene sesgos masculinos.  Desde el horario de trabajo hasta las percepciones sobre el comportamiento “deseable”, pasando por la forma de vestirse.  La conducta no es percibida de la misma manera para los hombres que para las mujeres.  Si el hombre tiene el escritorio desordenado es porque tiene mucho trabajo.  Si la mujer lo tiene desordenado es porque no tiene control sobre su trabajo.  Si el hombre es agresivo es porque trata de hacer valer su opinión.  Si la mujer es agresiva es porque tiene problemas mentales.  Si un hombre va a Harvard, las mujeres hacen fila, si una mujer va a Harvard, los hombres salen corriendo. Son prejuicios arraigados.

Las cuotas hacen el supuesto implícito de que el problema es discriminación, cuando buena parte el problema reside en la escasez de mujeres preparadas, en su voluntad de hacer esas carreras y en obstáculos reales o percibidos a su desarrollo.  Las cuotas no resuelven estos problemas, solo son un paliativo temporal, son una aspirina.  Se necesita atacar la enfermedad y la enfermedad es el ecosistema, el entorno.

5.      Comentarios de cierre

Una observación de cierre. A pesar del ligero aumento en la presencia de las mujeres en los Consejos, la presencia de mujeres en los puestos directivos apenas ha cambiado en los tres últimos años: sólo tres de cada cien (3,3%) de las grandes empresas cotizadas en Europa tienen un CEO mujer y un 25% de mujeres directivas (24% en España). Este dato avala el efecto de una legislación vinculante como mecanismo más eficaz para combatir el techo de cristal,  y es un indicio de un problema estructural, que habrá que abordar desde múltiples frentes.

Parece que es muy difícil generalizar sobre la solución al aprovechamiento del potencia de la mujer y es su solución depende de las circunstancias de cada empresa, de su cultura de gestión, de las mujeres y de los hombres que componen el Consejo y la Alta Administración, del entorno de negocios de la empresa, la cultura empresarial y del país y de muchas otras variables. 

Lo que parece ser cierto es que es un error pensar que solo los hombres pueden hacer una contribución.

Estamos decididamente a favor de un mayor aprovechamiento del potencial femenino, de sus contribuciones, del valor de la diversidad para el rendimiento de las empresas. Lo que creemos es que las cuotas son una solución temporal mientras se mejora el ecosistema del desarrollo y aprovechamiento del talento femenino.

¿Será positiva la contribución del Código de Buen Gobierno en este sentido?  Mucho dependerá de cómo lo implementen las empresas cotizadas, las decisiones que tomen la gran mayoría de empresas que no cotizan y de las acciones que tomen las demás instituciones gubernamentales y de la sociedad civil.

Por lo menos el Código hace su parte del trabajo que le toca.

Próximo artículo sobre el Código de Buen Gobierno

En otro artículo conjunto, a ser publicado el 29 de marzo, analizaremos las disposiciones sobre las remuneraciones de los Consejeros.



[ii] COM (2012) 614: http://ec.europa.eu/justice/newsroom/gender-equality/news/121114_en.htm El 20 de noviembre de 2013, el Parlamento Europeo apoyó la propuesta de Directiva que actualmente está en fase de discusión en el Consejo de la UE.

[iv] Los datos, recogidos en octubre de 2014, cubren 614 de las empresas que cotizan en bolsa más grandes de los 28 Estados miembros de la UE (datos disponibles para 613).

[v] El informe publicado en febrero de 2015 ofrece los datos del ejercicio 2013. http://www.cnmv.es/DocPortal/Publicaciones/Informes/Remuneraciones_Cotizadas_2013.pdf

domingo, 15 de marzo de 2015

¿7 millones de personas en España conocen lo que es la RSE?


Se publicó en marzo del 2015 un estudio de Forética (Ciudadanos conscientes, empresas sostenibles) sobre el estado de la RSE en España que dio lugar a muchos titulares de optimismo sobre, entre otras cosas, el elevado conocimiento de la RSE por parte de los españoles y lo extendido que parece ser el consumo responsable.   Estos resultados reportados me sorprendieron por lo altamente positivos y me pareció necesario hacer un análisis más a fondo de las cifras.  En cierta medida no fue una sorpresa tan grande ya que era consistente con muchas encuestas sobre RSE, sobre todo las que se hacen al público en general, y que tienen muchos sesgos.  Y creo que esta encuesta adolece de alguno de los mismos sesgos[1].


Comentarios sobre las encuestas en general y esta en particular

Cuando estudié estadística en la Universidad, además de los aspectos técnicos nos enseñaron a ser escépticos, a mirar que hay detrás de los números, sobre todo en encuestas, a analizar si los resultados de las muestras eran extrapolables a toda la población, cómo la formulación de las preguntas y selección de los encuestados podría sesgar la respuesta, entre otros potenciales problemas.  También, y algo que es importante en este caso, que las inferencias que se hacer de los resultados surjan de las preguntas tal y como fueron formuladas.  El lenguaje de la inferencia debe ser igual al de la pregunta. 

Más allá de si la encuesta es técnicamente correcta en el seguimiento de las metodologías estadísticas aceptadas uno se tiene siempre que preguntar si los resultados conforman con la realidad según la percibimos y si son extrapolables a toda la población.  Aunque los resultados sean lo que nos gustaría ver a todos los que trabajamos en ello tenemos que preguntarnos si concuerdan con lo que se observa en el día a día en la población española. Tenemos errores de percepción y para esto están las encuestas de opinión, pero hay que preguntarse si son lógicos los resultados obtenidos, si conforman con la realidad tal y como la percibimos.  Obviamente que la gran mayoría de las encuestas se hacen tratando evitar todos estos problemas, pero el control total no es posible.

Y hay que enfatizar que con esto no quiero decir que se haga de forma deliberada, hacerlo sería “hacerse trampas en solitario”.  No, es algo que es inadvertido y a veces fuera del control de los responsables.  Estrictamente hablando los resultados de las encuestas solo son representativos de los encuestados, en el momento en que lo fueron.  Es posible hacer extrapolaciones al resto de la población siempre y cuando los encuestados sean muy semejantes a la población en general y sus respuestas sean honestas.

Antes de hacer el análisis de algunos de los resultados del estudio de Forética conviene recordar de forma muy simplificada y esquemática como se suelen desarrollan las encuestas.  El siguiente gráfico ilustra el proceso.  Como creo que es auto explicativo no me detendré a detallarlo, pero si será necesario referirme a las etapas en el análisis que sigue.



Etapas simplificadas de una encuesta de opinión

Es estudio es muy completo y trata muchos temas, incluso algunos periféricos al objeto del estudio y deja de cubrir temas que están en su título como es el estado de la sostenibilidad en las empresas españolas.  El número de reportes, calificaciones GRI, adhesiones al Paco Mundial, certificaciones SGE21 de 100 empresas, etc. no reflejan la responsabilidad de las empresa por sus impactos en la sociedad y el medio ambiente, no reflejan la sostenibilidad de las empresa.   En este análisis del estudio solo nos referiremos a las partes que tratan del conocimiento de la RSE y el consumo responsable en España

En el análisis de los resultados me referiré mayormente a las etapas del diseño de las preguntas y a la interpretación de los resultados.  Brevemente comentaré el proceso de selección de personas y las entrevistas. No me referiré al diseño de la muestra ni a los cálculos para resumir los resultados, que debo suponer son impecables.

Posibles problemas con la selección de los entrevistados: Una vez que se determina como quiere que sea la representatividad de la muestra hay que seleccionar a las personas específicas para ser entrevistadas (en este caso por teléfono) y hay que escogerlas para que representen, según la ficha técnica, las proporciones que se encuentran en España en cuanto a sexo, edad, ocupación, estudios, nivel socio cultural, Comunidad Autónoma y tamaño de hábitat. Con tantas variables no es nada fácil obtener los teléfonos de 1.037 personas que estén disponibles a atender la entrevista y que sean representativos de todas esas proporciones (y que sean honestos en sus respuestas).  ¿Se usan los que ya tienen en el listín telefónico de otras encuestas?

Según mi experiencia las entrevistas se tercerizan a empresas especializadas que suelen usar personal de bajo costo (¿ha sido Ud. encuestado alguna vez en un aeropuerto?) y pocas veces conocedores del tema de la encuesta si esta es de carácter técnico (no es lo mismo preguntar por su color favorito que si compra responsablemente).   Este personal debe llenar la cuota de entrevistas.  ¿Y si no responden? ¿y si no entienden la pregunta?  ¿Alguien les explica que quiere decir la pregunta? ¿Lo hacen uniformemente todos los encuestadores?  Y después se meten las respuestas codificadas a un computador que saca matrices de resultados.  Con esto no quiero decir que sea el caso de esta encuesta, solo quiero destacar lo difícil que hacer encuestas cuyos resultados reflejen la realidad.

Análisis de los resultados

No hay espacio para analizar todo el estudio, solo comentaré algunas de las aseveraciones que más me han causado sorpresa.  En las citas de los resultados uso el texto de las preguntas porque es de allí de donde se pueden sacar las inferencias.

·       El 53.8% ha “oído la expresión responsabilidad social de la empresa…”
·       El 40% de los ciudadanos “saben lo que es o intuyen lo que significa Responsabilidad Social de la Empresa”

Resultado muy sorprendente.  Más de 12 millones de españoles entre 17 y 70 años sabe o intuye lo que significa la RSE y muchos más han oído hablar de ella.  Este un tipo de resultado sesgado hacia lo positivo típico, de las encuestas que preguntan si sabe de algo. Para no parecer ignorante la respuesta suele ser positiva.  Pero imagínese el lector en la calle de una gran metrópolis (no le digo de un pueblo porque es todavía más inverosímil) y piense si 4 de cada diez “saben o intuyen” el término RSE.  Imagínese Ud. en el Bernabeu o el Camp Nou (tengo que ser imparcial) mire a su alrededor y piense si el 40% “saben o intuyen” el término RSE.  ¿Cuántos lo saben en su familia aun sabiendo que Ud. trabaja en el tema?

Y hay que tener mucho cuidado en extrapolar los resultados de una pregunta “han oído hablar” a decir que “saben lo que es la RSE” como aparece en algunos medios. Aunque según el estudio el 20% dice que sí sabe lo que significa (¡7 millones de españoles saben lo que significa la RSE!), pero en el 2006 lo sabía el 26% (¿estamos desaprendiendo o es que el resultado depende de la muestra?). Número muy sorprendente.

·       El 94.4% de los ciudadanos cree que para las empresas un comportamiento responsable ante la sociedad y el medio ambiente es prioritario o importante”.

Resultado totalmente esperado y de muy poco significado, es una pregunta que contiene su respuesta.  Si la pregunta usa el término “comportamiento responsable” por parte de las empresas, ¿Qué respuesta espera?

·       El 49,9% declara haber comprado productos/servicios por saber que la empresa tiene un comportamiento responsable con la sociedad y el medio ambiente.
·       44,6% ha dejado de comprar porque cree que realiza prácticas poco éticas o irresponsables

Dos problemas con estos resultados: la formulación de la pregunta y por ende las respuestas y las implicaciones sobre el consumo responsable.

Nótese que las preguntas son “haber comprado” o “dejado de comprar”.  La respuesta es positiva para el que, de decenas de miles de adquisiciones, lo ha hecho UNA vez y también es válida para el que lo hace siempre.  Pero la implicación no puede ser que ese porcentaje compra responsablemente.  La pregunta relevante sería “de su consumo total, ¿qué porcentaje de su gasto dedica a productos/servicios que Ud. sabe que han sido producidos por empresas responsables?”  O lo que es más preciso: de forma responsable (no toda la producción de una empresa es responsable).   Y aun así la respuesta sería exagerada.  Mi sospecha es que la realidad es menos del 1% del consumo total de las personas.  La respuesta a la pregunta tal y como está formulada tiene pocas implicaciones para el consumo responsable.  Aparte del sesgo natural que induce la pregunta.  ¿Nos atrevemos a decir que no nos importa el comportamiento responsable en nuestro consumo?  Tenemos otro problema de formulación de la pregunta.[2]

¿Creemos que el  “44,6% de la población ha dejado de comprar alguna vez productos/servicios de una empresa por no considerarla responsable?  (44,6% de la población son casi 20 millones).  Eso quiere decir que saben que ha sido producido irresponsablemente y han tomado conscientemente la decisión.   La verdad es que para la inmensa mayoría de los productos yo no lo sé.  No tengo información aun cuando es mi ocupación.  Imagínese Ud. en un supermercado, y para dar el beneficio de la duda, digamos que es uno de clase media/media alta, de gente educada, de una gran metrópolis.  Mire a su alrededor.  ¿Cree Ud. que compran los productos por  “saber que la empresa tiene un comportamiento responsable con la sociedad y el medio ambiente”?

Pero basado en estas respuestas ¿podemos decir que en España hay 12 millones de consumidores responsables?  Y aquí hay un problema con el lenguaje por querer simplificar y resumir esos resultados en “consumidor responsable”.

Que quiere decir “consumidor responsable”.  La encuesta no tiene definición pero lo usa para definir el comportamiento del consumidor que ha respondido positivamente a las preguntas mencionadas.  ¿Es eso un consumidor responsable?  Cada uno tendrá su definición pero la mía seria: un consumidor que efectúa la mayoría de sus adquisiciones de bienes y servicios en función de la responsabilidad social y ambiental de la empresa que los produce, en la medida que adquiere la información necesaria.

Pero de allí se extrapola a decir que en España hay 12 millones de consumidores responsables.

Y después, todavía hay que preguntarse ¿Cómo se entera?  La encuesta ofrece los siguientes resultados:

·       El 42,7% “cree que es fácil o muy fácil encontrar información” sobre RSE
·       El 43,6 “se entera de la RSE leyendo la etiqueta del envase.”
·       El 31,1% “conocen el concepto de RSE, tienen una actitud favorable y practican el consumo responsable”.

La principal queja de los que dedican a promover la RSE es la falta de información sobre las prácticas responsables de las empresas, que los informes de sostenibilidad no son confiables, que la propaganda manipula la información, que las empresas hacen lavado de cara (greenwashing), que nos venden filantropía por responsabilidad (usan y abusan del efecto aureola [3]).  Pero en este caso el 43% de los encuestados cree que es fácil o muy fácil encontrar la información.  ¿Dónde la encuentran?  Claro está que si respondí que yo compraba o dejaba de comprar (no quiero quedar mal) porque lo sabía tengo que decir que es fácil encontrar la información (no me puedo contradecir).

El 43,6% se entera leyendo la etiqueta. ¿La etiqueta contiene información sobre la RSE de la empresa?  Sí, algunos productos tienen certificaciones, pero son la minoría.  Y a lo mejor confunden “orgánico” con responsabilidad social y ambiental.  O compran en lugares en los que yo no compro.  Lector, ¿se entera Ud. leyendo la etiqueta?  ¿Qué porcentaje del tiempo encuentra la información en la etiqueta?

·       ¿Qué aspectos son para Ud. más importantes a la hora de valorar positivamente a una empresa para que podamos estar hablando de una buena empresa.

¿Qué entendemos por “buena empresa”?  Supongo que cada encuestado tendrá una visión diferente.  Según el Gráfico 18 los consumidores le dan más importancia al comportamiento ético de la empresa que al precio o que a la seguridad y responsabilidad de los productos. Y la seguridad y responsabilidad del producto está clasificada como atributo del mercado en vez que de responsabilidad. Sin comentarios.

 ¿Y porque es toda esta discusión importante? 

Porque si creemos que todo va bien caemos en la complacencia.  Si más del 90% de los españoles conocen la RSE y hay 12 millones de consumidores responsables, no debemos preocuparnos.  La labor es de capitalizar en estas buenas cifras.  Pero si por el contrario más del 90% no lo sabe y solo tenemos algunos millares de consumidores que se pueden llamar responsables (mi opinión no documentada), nuestra tarea es otra.

Para mejorar hay que partir del “es” no del “debería ser”.

Mi conclusión de este análisis: La mayoría de los 1037 encuestados no fueron sinceros en sus respuestas. ¿Pero son representativos de la población?  A lo mejor si.

Y por último querido lector
                                                                      
  • ·   Es posible que mi análisis esté equivocado, no tengo toda la información necesaria. Me limito a contrastar mis percepciones con los resultados de la encuesta.
  • Debes ser escéptico también con lo que digo en este artículo.  Fórmate tu propia opinión, en base a tus experiencias y tus conocimientos.


Obviamente que mis análisis puede contener malas interpretaciones ya que yo no hice la encuesta.  Los autores se han ofrecido a aclarar mis comentarios. Estén pendientes.  Haré los esfuerzos para que publique en los mismos medios que este artículo.





[1] El lector interesado puede ver el resumen descriptivo del estudio en la nota de prensa de Forética 12 millones de consumidores en España sensibles a la sostenibilidad.  Otro resumen fue publicado por ethic.es con el título ¿Hay en España 12 millones de consumidores responsables?.  Diario Responsable tituló su nota Informe Forética 2015: el 76% de los ciudadanos cree que la RSE debería ser un imperativo moral.

[2] Para una discusión más extensa puede verse mi artículo  La Pregunta equivocada: ¿Compraría Ud…..?