domingo, 26 de octubre de 2014

Ética en el Sistema Financiero: ¿Posible?


Con motivo de las reuniones anuales del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) se organizó un seminario sobre Ética y Finanzas en Washington el 12 de octubre donde un panel presento sus visiones sobre los aspectos éticos y regulatorios del sistema financiero.  La mayoría de los ponentes presentaron una visión tradicional de las causas de la reciente crisis financiera, atribuyéndola a la regulación y supervisión deficiente, incentivos perversos y a la avaricia de algunos de sus integrantes.  Algunos presentaron una visión del papel de la ética personal.





El video del panel puede verse en The Future of Finance - Session 1: Ethics and FinanceComo el video es en inglés y dura casi dos horas en este artículo les hago el trabajo de análisis de lo más destacable desde el punto de vista de la responsabilidad social de las instituciones financieras.  Presento mi interpretación, con mis comentarios, de lo que dijeron y no pretende ser una transcripción fiel.

Varios de los panelistas, procedentes del mercado financiero mantuvieron una posición relativamente técnica sobre el diagnóstico de la crisis financiera y las posibles medidas a ser tomadas. 

El caso más paradigmático de la visión tradicional fue el de la Directora General del FMI (bajo investigación en su país por conducta dolosa) que definió la problemática como una falta de comprensión de los riesgos de sus acciones para el sistema y la sociedad, tanto por parte de los reguladores y supervisores  como por parte de las instituciones financieras.  Como solución a la problemática recomendó las tradicionales medidas técnicas  de fortalecer las regulaciones y los reguladores, con independencia y recursos para llevar a cabo sus funciones, armonizar las regulaciones a nivel global, dar entrenamiento, alinear la compensación de los ejecutivos y operadores con los de la institución y el sistema, apoyo desde el tope de las organizaciones, echar a los que se portan mal a pesar de que generen mucho dinero.  Al final, después de haber escuchado las posiciones que comento a continuación mencionó la importancia de escuchar  la voz interior que nos pide hacer el bien (“escuchar la voz de Gepetto, en Pinocho”)

Fue una posición mayormente tradicional, técnica- mecanicista  que hasta ahora ha paliado el problema pero no lo ha resulto.  La misma receta de hace decenas de años, que no evitó la crisis. Esto son condiciones necesarias pero no suficientes.  Todo el sistema opera a través del comportamiento humano, con una falta de valores fundamentales, que es lo que enfatizaron dos ponentes, Mark Carney, Gobernador del Banco de Inglaterra (el Banco Central), y especialmente el Reverendo Justin Welby, Arzobispo de Canterbury, el “Papa” de la Iglesia Anglicana.

Menos mal que tuvieron la visión de invitar al Reverendo Justin Welby, que había sido tesorero de una multinacional petrolera, donde pudo apreciar desde dentro la operación del sistema financiero.  En esas actividades sintió la llamada de Dios para dedicar su vida al servicio de la iglesia anglicana.  Fue miembro de la Banking Standards Commission del Parlamento del Reino Unido, encargada de proponer reformas al sistema financiero de ese país, de allí que tiene una perspectiva muy valiosa para apreciar la problemática de la ética en el sistema financiero.

Analogó el diagnostico técnico, tradicional, de las fallas del sistema como el que se puede hacer del hundimiento del Titanic: “Se hundió porque le entró mucha agua”.  Aquel y este diagnósticos son la manifestación del problema.  El problema es el comportamiento irresponsable de algunos de los actores, con un comportamiento temerario, de avaricia para maximizar los beneficios personales en el corto plazo, sin considerar el impacto de sus acciones sobre el sistema y la sociedad y muchas veces ni siquiera dentro de la misma institución, mirándose el ombligo, indiferentes al mundo exterior.  Las instituciones financieras buscaban a los que tomaban más riesgos, sin tener los controles internos o externos adecuados, con el objetivo de obtener mayores beneficios en el corto plazo.  Cada uno por su cuenta.

Hace falta el comportamiento ético, de la persona virtuosa, que hace el bien. no porque el no hacerlo puede tener consecuencias, o porque hay que obedecer las reglas (que se demostraron deficientes) o porque lo van a agarrar.  Es ir mas allá de ser una persona decente a ser una persona ética. Tener un impacto beneficioso en el mundo en que vives.  Se requiere una transformación personal

Recuperar la confianza requiere de ambición, pero no de ambición personal sino ambición para tener impacto positivo en lo que cada uno sabe hacer mejor, dejar una marca que contribuya al progreso de la humanidad.  Se necesita tener impacto.  “Jesucristo tenía doce apóstoles, uno lo traicionó y los otros once lo abandonaron, pero en el largo plazo tuvo impacto”. Su mensaje era sobre el bien de la humanidad.

Para esta trasformación propone que los ejecutivos se tomen tiempo para meditar, para reflexionar sobre el impacto que tienen y pueden tener, que incluyan la espiritualidad en sus vidas (no necesariamente alguna religión en particular). Se deben preparar líderes para el futuro.  Recordó los principios Dominicos de balancear la oración, el trabajo y el estudio, los Ignacianos de un autoexamen riguroso y doloroso para desarrollar los valores y los Franciscanos de encontrarse y servir a los pobres.  Puede parecer utópico pero señala la dirección para incorporar valores éticos.

El Presidente del Banco de Inglaterra, el canadiense Mark Carney, presentó la visión más balanceada, reconociendo las fallas regulatorias, la existencia de incentivos perversos que operan dentro de las instituciones financieras, de maximizar beneficios tomando riesgos sin los correspondientes controles y sin considerar el impacto sobre el sistema y la sociedad.  Pero también reconoció que buena parte de los problemas se deben a la falta de valores de muchos individuos, completamente divorciados del propósito de la intermediación financiera.  Para muchos es un juego donde se trata de ganar el máximo, de ganar más que el otro, sin importar el impacto en la economía real, a lo mejor cumplir con las reglas pero no con el espíritu. Es una cultura competitiva donde el fin justifica los medios. Hace falta el sentido de vocación, de ser parte del sistema y de una sociedad, que son custodios de dinero ajeno.  

Una observación muy pertinente fue la que se deben establecer responsabilidades a nivel individual, de cada persona, y el que no las pueda absorber que se vaya.  No se debe descansar sobre la responsabilidad colectiva, de la institución. Las responsabilidades deben ser a título personal con castigos, de cárcel si es necesario, para los que cometan irregularidades.  No es suficiente con ponerles multas a las instituciones.  Esta era la propuesta en dos de mis artículos (¿Es multar a los bancos la solución? del 27 de abril 2014 y ¡Basta de ponerles multas a los bancos! del 20 de enero del 2013)

Mi resumen

La regulación y supervisión efectivas  y los incentivos adecuados (en el sentido más amplio de la palabra, positivos y negativos, monetarios y no monetarios)  ayudan, pero la creatividad humana, sobre todo cuando hay mucho dinero de por medio, es ilimitada y la recuperación está demostrando que no se puede regular todo, no se pueden controlar todos los comportamiento de los individuos.  Se ha demostrado años tras año que el sistema financiero teniendo mayores recursos, mayor creatividad y mejores incentivos que el regulador al que siempre le irá por delante.

La sobrerregulación  también se podría llevar por delante la innovación y la prestación de servicios básicos para la sociedad, podría frenar la economía, como lo está haciendo la falta de crédito a las empresas de menor tamaño.  No podemos todos hacer de policías para controlar el comportamiento irresponsable. Esta regulación, supervisión e incentivos deben  suplementarse con la transformación personal, con la inclusión de valores,  como dijo el Rev. Welby con un comportamiento ético que hace el bien no porque el no hacerlo puede tener consecuencias, o porque hay que obedecer las reglas o porque lo van a agarrar.  Los dirigentes de las instituciones financieras deben asumir las responsabilidades a título personal y los reguladores y la sociedad deben exigírselo

La trasformación personal puede parecer utópico en el corto plazo, pero hay que intentarlo, poco a poco, para el largo plazo, comenzando por el comportamiento de nuestros gobernantes, que deben dar el ejemplo como representantes de la sociedad.

Fue, es y será una crisis de ética, manifestada en el sistema financiero, que por su alcance nos afecta a todos.



Composición del panel


Moderador: Sean Hagan, General Counsel and Director of the IMF Legal Department
Mark Carney, Governor, Bank of England
Philipp Hildebrand, Vice-Chair, BlackRock, Inc.
Christine Lagarde, Managing Director, IMF
Kok-Song Ng, GIC Chair of Global Investments
The Most Reverend Justin Welby, Archbishop of Canterbury


domingo, 19 de octubre de 2014

Valor compartido o valor extraído: El caso de Nestlé …….. y otras empresas


Nestlé es la empresa que originó el concepto de la creación de valor compartido (CVC), la idea, nada nueva por cierto, de que a través de sus actividades la empresa podría crea valor para sí y para la sociedad.  Que había que, proactivamente,  buscar oportunidades para crear valores para ambos y no sólo para la empresa. 

Esta idea fue la evolución de Nestlé ante las severas críticas, boicots y juicios de consumidores y sociedad civil, en particular sobre el renombrado caso de la leche en polvo como reemplazo de la leche materna, en la que se le acusó de prácticas engañosas y representó un duro golpe a su reputación (comienzos de los ochentas).  La CVC fue una estrategia de mitigación de irresponsabilidades.  El nombre fue usado por primera vez en un informe del 2006 sobre sus actividades en América Latina que llamaron a la CVC “el concepto de Nestlé de la RSE”.  El informe de sostenibilidad del 2007 ya usó aquel nombre (el primero del 2001 se llamó informe de sostenibilidad). 



Esta idea se populariza cuando Michael Porter y Mark Kramer publican en enero de 2011 un artículo en el Harvard Busines Review bajo el lema “La Gran Idea”, con el título Creación de Valor Compartido: Como reinventar el capitalismo y desatar una oleada de innovación y crecimiento.  Este artículo, tanto por la reputación de sus autores como por el medio en que se publicó y la difusión y publicidad que le han dado sus autores, ha tenido gran repercusión.  Lo exagerado del título a lo mejor contribuye.

Pero, ¿es Nestlé consistente con su idea de que sus operaciones deben crear valor compartido con la sociedad o también trata de “extraer valor”?

En septiembre de 2014 se publicó un interesante artículo sobre la extracción de valor por parte de las empresas  “Profits without prosperity”.   Se publicó en la misma revista y en la misma sección que el de Creación de Valor Compartido de Porter y Kramer, en el Harvard Business Review, en la sección “La Gran Idea”.  En ese artículo se analiza la utilización de los beneficios de las empresas en la recompra de sus propias acciones en vez de contribuir a la prosperidad de la sociedad a través de inversiones para el largo plazo. Lo que el autor denomina extracción de valor en oposición a la creación de valor:  beneficios sin prosperidad.

En los diez años entre 2003 2012 las 449 empresas que estuvieron en el índice Standard and Poor 500 usaron el 54% de sus beneficios en recomprar sus acciones y otro 37% en pagar dividendos.  Estas actividades tienen el efecto de aumentar el precio de las acciones en el corto plazo, que contribuye a aumentar la remuneración de los directivos.  Los 500 mejor pagados en el 2012 recibieron el 42% de su compensación en forma de opciones de compra de acciones y el 41% en acciones directas.  La reducción del número de acciones en circulación a través de su adquisición por la empresa también aumenta temporalmente las “ganancias por acción” lo que mejora el total de su remuneración, que suele estar atada a este indicador.

Pero los recursos usados para recompra de acciones y pago de dividendos no están disponibles para la inversión en la empresa en el mejoramiento de las condiciones de trabajo y nuevas actividades que pueden contribuir a la prosperidad. Los intereses de sus directivos quedan por encima de los intereses de la sociedad.

Un caso destacable de “extracción de valor” es Nestlé. Entre 2005 y 2010 la empresa recompró sus propias acciones en el mercado por un monto de casi US$40.000 millones.  Usó los recursos generados en el negocio para extraer valor, para reducir tu tamaño, para encogerse a favor de los accionistas, en vez de usarlos para crear valor a través de sus inversiones, que podría compartir con la sociedad como es supuestamente su estrategia.

Si bien esto puede parecer un caso de las grandes empresas en países desarrollados, tiene lecciones para todo tipo de empresas.

Una de las principales responsabilidades de la empresa ante la sociedad es invertir.  De la misma manera que los individuos tenemos la responsabilidad de utilizar lo mejor posible los talentos que se nos han dado, la empresa tiene la responsabilidad de utilizar sus recursos de la mejor manera posible, lo que, claro está, incluye remunerar a los que hacen posibles esos recursos. 

Pero recordemos que muchos de los recursos que usa la empresa son bienes comunes de la sociedad por los que no paga: agua, aire, el medio ambiente, la educación, salud y en general el capital humano con que le llegan sus empleados, la seguridad física y jurídica del entorno en que se desenvuelve, la infraestructura pública que usa.  Todo esto construido con sus impuestos y los nuestros y con los ingresos de los gobiernos que nos pertenecen a todos. 

La empresa tiene la responsabilidad de invertir para contribuir al mejoramiento de la calidad de vida, del empleo, de la producción de bienes y servicios que la sociedad necesita, de contribuir a los bienes comunes, etc.

No basta con llevar a cabo sus actividades rutinarias para que también se beneficie la sociedad (aunque en el caso de Nestlé mucho del valor que se comparte es en aspectos micro de proyectos de inversión social, base de la pirámide, negocios inclusivos y desarrollo comunitario).  Son tanto o más importantes los impactos macro derivados de la inversión y su efecto multiplicador en las economíasY esto es válido para todo tipo de empresa, en mayor o menor grado.

Sí, claro está que la primera responsabilidad de Nestlé como de todas las empresas en ser rentable, y remunerar a los aportantes del capital que han hecho las inversiones posibles, pero hay maneras y maneras de ser rentable.  

Muchas veces los dirigentes empresariales se preocupan más de sí mismos que de la sociedad, a pesar de las expresiones públicas para mejorar la reputación empresarial vía su responsabilidad social.  A veces los intereses de los dirigentes toman precedencia.  Estas acciones de extracción de valor pueden mejorar sus remuneraciones y bonificaciones por su impacto en el corto plazo. 

¿Es posible que Nestlé tenga que recomprar sus propias acciones porque no encuentra posibilidades de invertir sus grandes beneficios y prefiera  contraerse?  ¿Es posible que los dirigentes de responsabilidad social (crear valor compartido) y los de gestión financiera (extracción de valor) no se coordinen?

Lo cierto es que Nestlé, supuesto líder de la creación de valor compartido, también está metido de lleno en la extracción de valor, perdiendo una excelente oportunidad de crear valor, compartido o no. 


Antes de compartir valor hay que crearlo.


lunes, 6 de octubre de 2014

Cómo diseñar herramientas de autoevaluación en RSE



Ya que nadie paga por mis servicios de consultoría, aquí se los doy gratis.

En agosto del 2014 publique un artículo Guías para la Responsabilidad Social en las PyMEs: Efectividad de las herramientas de autoevaluación  en el número 2 del volumen 8 de mayo-agosto de la Revista Globalización, Competitividad, Gobernabilidad de Georgetown University/Universia.  En ese artículo se hace un análisis de herramientas de autoevaluación de la prácticas de RSE en PyMEs desarrolladas en siete países de América Latina y España y en tres organismos multilaterales.




Pero por ser una revista académica omití incluir las recomendaciones prácticas para diseñar herramientas de autoevaluación.  Aquí van.

NOTA:  Todavía sigo buscando una empresa de informática que quiera crear conmigo una empresa social para llevar esto a la práctica en toda su complejidad.  Interesados escribirme.


Recomendaciones sobre el diseño de herramientas de autoevaluación

De la discusión del artículo mencionado podemos deducir algunas recomendaciones preliminares para el diseño de las herramientas. Es importante enfatizar que estas recomendaciones deberían ser validadas, idealmente, a través de ejercicios de evaluación de cómo se han utilizado los instrumentos y cuales han sido los cambios en las prácticas responsables que han implementado las empresas en consecuencia y cuales han sido los impactos de esos cambios en la misma empresa y en la sociedad.

Las recomendaciones son las siguientes:

  • Aun cuando muchas de las herramientas buscan ser simples cuestionarios en línea, esto limita su efectividad.  Termina siendo un ejercicio de responder a preguntas y calcular una nota.  El cuestionario debe ser acompañando de una guía que explique el significado práctico de las preguntas y respuestas para una PyME.  Puede usar enlaces a otras fuentes de información.

  • Al comenzar, las herramientas deberían enfatizar el análisis del contexto en que operan las PyMEs: los stakeholders y su impacto en las actividades de las empresas, las capacidades instaladas de las empresas para ampliar sus prácticas responsables, los sistemas de apoyo que puedan estar disponibles a la empresa y el entorno legal, regulatorio e institucional en el que opera.  Deberían incluir guías y preguntas preliminares que los hagan pensar sobre esto antes de proceder a responder preguntas.  No es conducente poner a responder un cuestionario desprovisto de contexto.

  • Comenzado con esta información de base sobre la empresa y su entorno las herramientas pueden tratar de hacer un diagnóstico integral sobre su RSE, pero precedido de preguntas sobre la relevancia de estas prácticas y sus capacidades para llevarlas adelante, en el corto y mediano plazos.

  • Las herramientas deberían incluir preguntas y/o guías que lleven a una implementación escalonada de acuerdo a las capacidades de la empresa y a la reacción del entorno.

  • Las herramientas deberían incluir casos y ejemplos que ilustren prácticas específicas, para que las respuestas sean dadas después de algún conocimiento sobre cómo otros han gestionado las prácticas y los resultados que han obtenido.

  • Deberían incluir algunos indicadores cuantitativos y cualitativos, sencillos de determinar, que puedan usarse para diseñar y hacer seguimiento al plan de mejora.  Estos indicadores deben tomar en cuenta la capacidad de las PyMEs de recopilar la información necesaria.  Por ejemplo, en muchos países y para muchas PyMEs no parecía muy pertinente incluir indicadores de emisiones de CO2, pero si el consumo de recursos o la satisfacción de empleados y clientes.

  • No se recomienda el cálculo de una nota total ya que puede llevar a acciones innecesarias.  ¿Qué quiere decir la nota?  ¿A qué se debe comparar? La tentación es muy grande  a compararla con otras empresas (de hecho algunos cuestionarios ofrecen esa posibilidad como una de sus ventajas).  La nota depende de un cuestionario que puede contener muchas preguntas que son irrelevantes o poco importantes para la empresa, además de no tomar en cuenta las importancias relativas de cada respuesta para la empresa en particular.  No parece ser pertinente la comparación de notas entre empresas con diferentes actividades y diferentes stakeholders.  Las herramientas son más efectivas cuando permiten comparar a la empresa consigo misma en diferentes momentos. 

  • Muy pocos cuestionarios incluyen una evaluación del cumplimiento de las leyes y regulaciones pertinentes. Su inclusión llevaría a las PyMEs a averiguar cuales on las relevantes y determinar su cumplimiento.  El cumplimiento de la ley es una responsabilidad básica de las empresas.  Las guías asociadas podrían listar las básicas.

  • Idealmente, las herramientas no deben suponer un modelo específico de comportamiento responsable.  Primero porque el ideal es poco probable que esté al alcance de las PyMEs y segundo, porque sesga la evaluación e induce a una estrategia de cumplir con todo lo que se pregunta y no necesariamente a mejorar el valor económico y social de sus prácticas específicas.  Esto es reforzado en el caso de que se calcule una nota total.

  • Ninguna de las herramientas analizadas incluye una evaluación de las capacidades de las PyMEs de actuar como suplidor de otras empresas que requieran prácticas responsables.  Sería deseable incluir preguntas y guías sobre los aspectos con mayor posibilidad de ser exigidos por los compradores en su respectivo sector y compararlos con sus prácticas actuales. 

  • Pero aun cuando la implementación de prácticas responsables puede proporcionar beneficios a la sociedad, y posiblemente a la empresa, ello puede conllevar costos significativos.  Las herramientas y sus guías deberían alertar sobre los costos y de los compromisos que se adquirirían  o expectativas que se generarían en los stakeholders.

Todas estas recomendaciones tomadas en su conjunto pueden ser un ideal no alcanzable, muy complejo para ser implementado, pero muestran la dirección que las herramientas de autoevaluación y autoayuda deberían tomar para mejorar su efectividad.



domingo, 28 de septiembre de 2014

¿Es la Responsabilidad social lo opuesto a la irresponsabilidad social?


En su post Antonio Argandoña (Por qué la ética en la empresa es poco eficaz (y la RS también)) comentaba sobre la efectividad de la ética en la empresa y decía:

“Por qué es poco eficaz nuestra predicación sobre la ética? Hay muchas causas, claro. Pero aquí voy a fijarme en una, que, lamentablemente, tiene muy escaso reconocimiento en nuestros días: la falta del sentido de culpa y, consiguientemente, la falta de perdón, o mejor, la falta de disposición a pedir perdón y a corregir nuestra mala conducta …..” (énfasis en el original)

Extendía esta idea a la Responsabilidad Social diciendo:

He añadido en el título que esto vale también para la Responsabilidad Social, esa forma “light” que para muchos es la ética en la empresa. Porque el razonamiento es el mismo: si hasta hoy he sido irresponsables (con mis proveedores, mis empleados, mis clientes, el medio ambiente o la comunidad local), tendré que reconocer mi culpa, pedir perdón, compensar (¡ay, cuánto duele esto!) y poner los medios para corregirlo.

Me pareció oportuno recoger esta frase para analizar un poco más las implicaciones sobre la RSE. Una lectura rápida de esta frase puede llevar a algunos lectores a interpretar que la responsabilidad social de la empresa es necesaria para corregir o revertir irresponsabilidades en las empresas, como si la responsabilidad social de la empresa fuera el opuesto a la irresponsabilidad, de que es su imagen, invertida, en el espejo.  Como si la responsabilidad social es para exculpar pecados.  

Estoy seguro que no esa no es la interpretación que el Prof. Argandoña quiere que se le dé, pero como es posible que algunos lo hagan he creído oportuno añadir algunos comentarios.  

Solo comento esta frase ya que el artículo me parece excelente y recomiendo su lectura.  Presenta un punto de vista sobre la ética empresarial muy poco comentado. Da mucho para comentar su aseveración de que la RSE es una forma “light” de la ética en la empresa.  Creo que la RSE va mucho más allá de la ética pero eso en otro artículo.





Para entender mejor la relación entre responsabilidad e irresponsabilidad empresarial es conveniente expresar aquella como la “Responsabilidad de la empresa ante la sociedad”, de allí que el foco se centra en la sociedad y lo que la empresa debe y puede hacer para ella. No se puede analizar en el solo en el contexto de “no hacer el mal”.  Debemos analizarlo en el contexto de la definición o “concepción moderna” de la RSE. 

En el artículo Como interpretar LA definición de RSE analizábamos la definición de la Unión Europea del 2011 como la “Responsabilidad de las empresas por sus impactos en la sociedad”, en forma pasiva, que traducida a forma activa, “implementable”, se puede leer como “Gestión de los impactos de la empresa ante la sociedad”, entendiendo que la palabra “sociedad” también incluye el entorno en que ella existe: el medio ambiente.

Del análisis de cada uno de los términos de la definición concluíamos que la clave estaba en la identificación de los impactos, que no debe reducirse a los que tradicionalmente tiene, malos o buenos, sino además a los que quiere tener, a la contribución que dentro de sus posibilidades y contexto quiere/puede tener en el desarrollo de la sociedad, que va más allá de la ética empresarial.  Algunas empresas pueden/quieren hacer poco, otras quieren/pueden hacer muchos más. Concluíamos que:

En resumen, la empresa define quién es la sociedad para ella (que no es toda), como la impacta y como quisiera impactarla (que no es de todo), en consulta, si quiere (aunque debería) con esa sociedad, y como quiere y puede gestionar estos impactos (en función de su capacidad). 

La RSE es mucho más que el opuesto de la irresponsabilidad.  Es el opuesto pero también se le añade lo que la empresa quiere/puede hacer más allá de evitar o revertir irresponsabilidades.  Incluye además como quisiera impactar a la sociedad, el bien que quiere hacer.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Resultados de la encuesta sobre la publicación de un libro sobre RSE



Durante la semana del 15 de septiembre lleve a cabo una encuesta con el objeto de recabar opiniones sobre la modalidad de publicar un libro que estoy escribiendo sobre RSE. Fue respondido por 45 personas (¡!GRACIAS A TODOS!!).  Si bien me hubiera gustado tener más respuestas, es suficiente para mis propósitos.  No se trababa de hacer una muestra grande para sacar inferencias estadísticas, se trataba solo de obtener opiniones de interesados en RSE.

Había pedido que me dieran un par de minutos de su tiempo y en efecto, tardaron entre uno y cuatro minutos en responderla, con algunos en tiempo muy eficiente de 50 segundos.



Respuestas

En cuanto a uso de medios para el mejoramiento profesional, solo el 35% indicó los libros, en tanto que el 48% indicó la búsqueda en internet (números parecidos para cursos académicos y conferencias y seminarios).  Relativamente sorprendente fue el uso de blogs para ese propósito (el mío persigue ese mejoramiento profesional) que fue votado por el 41%.   El medio menos votado fue el de las revistas académicas (que no hay muchas y a veces más interesadas en la teoría que en la práctica).

Sólo el 38% mencionó que compra libros en librerías, el mayor número (57%) indicó que se los baja de internet gratis y el  34% que los compra por internet.  Solo dos reconocieron que sacan fotocopias.  Las bibliotecas (¿qué son bibliotecas?) no parecen ser una fuente para estudiar RSE.

19 de las 45 personas reconocen que no han comprado un libro en los últimos tres años, en tanto que 13 dicen que han comprado más de dos, 5 que han comprado dos y 8 que han comprado uno.  Más de la mitad ha comprado algún libro de RSE.  No hay que perder la esperanza.

Un poco menos de la mitad (21 de 45) han pagado por bajarse libros electrónicos de internet.  Casi todos los compraron en Amazon (supongo que en versión Kindle), uno en ibooks y otro en Casa del Libro.  No estoy seguro que todos hayan entendido que la pregunta se refería solo a libros de RSE.

En cuanto a la compra de libros impresos, 8 de 45 admiten no comprar libros impresos. Casi la mitad dice haberlos comprado en España (20 de 45) y los demás los compraron en los países con mayor tradición de librerías (Argentina, 8, Colombia 7 y México 5). El resto lo compraron en otros países.

En lo que refiere a la demanda sobre un libro escrito con la idiosincrasia de empresa de relativamente menor tamaño, 29 dicen que hay demanda, pero de ellos 9 dicen que no lo comprarán.  El resto, 8, dicen que no hay demanda (8 respondieron que no sabían).  O sea, de los que responden, solo el 54% cree que tal libro podría ser vendido.

Análisis

Los resultados, en gran medida, reflejan la importancia decreciente de los libros impresos y la creciente relevancia de los medios electrónicos.  Sin embargo, algunas editoriales todavía insisten en producirlos de forma impresa y cada vez más acompañarlos de versión digital, sobre todo en los países de mayor desarrollo relativo.

En relación a la competencia de libros versus material disponible en internet, creo son dos productos diferentes, posiblemente complementarios.  Si bien es cierto que en un libro se encuentra conocimiento integrado, posiblemente internamente coherente y completo, hay que contraponerlo con la gran variedad de material que se encuentra en internet, constantemente actualizado, a pesar de que esté disperso y puedan tener grandes diferencias de opinión o de enfoque entre ellos. 

Mi opinión personal es que internet es mucho más efectivo para los expertos, que saben lo que quieren y pueden discernir y analizar los contenidos, en tanto que los libros son más adecuados para los interesados, no expertos, que quieren aprender más.
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Creo que un libro sobre RSE para empresas no sofisticadas, con pocos recursos financieros y gerenciales, tiene razón de ser aunque el mercado de libros pueda ser limitado. Lo estoy escribiendo y, si Dios quiere, lo terminaré.  Y si no se vende, habré sacado tanto dinero de él como en mis cinco libros anteriores: cero.  En última instancia me habré entretenido y habré aprendido, que es lo que importa.  Si se deja de aprender, se deja de vivir. 

Y aunque no lo pueda actualizar constantemente para competir con el material disponible en internet, lo escribiré apelando a conceptos, ideas y técnicas universales, que sean robustas, que aguanten el paso del tiempo. Y obviamente que deberá tener versión digital.  Mi libro más reciente Mirada Crítica  a la Responsabilidad Social en Iberoamérica, Volumen II no tuvo versión impresa (bájatelo, es gratis!).


¡Pendientes en el 2016!   (Sí, 30 capítulos no se escriben en pocos meses), si es que todavía existen libros en esa época.