martes, 8 de septiembre de 2015

Voluntariado corporativo: basta de malgastar recursos. Ia. parte



 “Porque al que se le da mucho, también se le exigirá mucho;
y al que se le confía mucho, se le pedirá más todavía.” Lucas 12:48

I.                Introducción[1]

El voluntariado corporativo es una de las actividades de solidaridad con la sociedad más laudada, pero del que no se aprovecha su potencial.  Decimos solidaridad y decimos actividad, porque lamentablemente es así como se estructuran buena parte de los programas de voluntariado corporativo: actividades de solidaridad con la comunidad o con el entorno. Y se pierden grandes oportunidades de hacer el bien a la sociedad y a la empresa.





Por los orígenes del voluntariado de apoyar al vecino necesitado y por el extenso desarrollo del voluntariado personal hacia las acciones de solidaridad, el voluntariado corporativo también se ha desarrollado en base a la solidaridad, descansando mayormente en la utilización de la mano de obra, con poco valor agregado más que en el aporte de mentes y de destrezas.

¿Porque debe el voluntariado corporativo imitar lo que los individuos pueden hacer por su cuenta sin necesidad  de la empresa? ¿Qué agrega la empresa a estos programas?  ¿La coordinación y la camiseta con el logo de la empresa, para asegurarse que capta los beneficios del trabajo de sus empleados?  Debería ser parte de las responsabilidades de la empresa ante la sociedad, RES, [2] y por ende ante sus empleados de no “usarlos” para sus fines.  Nada contra el gana-gana que muchos de estos programas persiguen, pero así como es un grave error pensar que la responsabilidad ante la sociedad se evacua con donaciones, es también un error pensar que los programas de voluntariado deben ser filantropía, y lo que es más grave, con recursos de sus empleados.  Es cierto que la empresa, al acogerlos bajo su paraguas, puede agregar efectividad y economías de escala, pero, ¿es eso lo mejor que puede hacer?

En este artículo abogamos porque el voluntariado corporativo sea más efectivo, al integrarlo como parte de la responsabilidad de las empresas ante la sociedad, donde potencie y sea potenciado por el resto de las acciones que toma la empresa y lo saque de la categoría de filantropía y lo integre a su estrategia de negocios.  No debe ser un programa aislado de algunos empleados que tienen conciencia social, porque si lo es, no aprovechará todo su potencial.  Al integrarlo a la estrategia se buscará, naturalmente, su impacto y su efectividad.  En este artículo no analizamos los beneficios del voluntariado (salvo de pasada para poner la discusión en contexto) ni como se debe gestionarse o evaluarse. 

II.              Voluntariado corporativo como parte integral de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad

 ¿Es el voluntariado corporativo parte de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad?  En este artículo alegamos que debe ser parte integral.  No debe ser una actividad que se lleva a cabo porque algunos empleados o algunos directivos quieren trasladar su solidaridad personal, su deseo innato de contribuir al bienestar de los demás, al ámbito de la empresa. 

Poco a poco, y ese es el mayor progreso, nos hemos dado cuenta de algo tan obvio como que la empresa opera en el contexto de la sociedad, no dentro de sí misma para sí misma.  Producir bienes y servicios, dar empleo, pagar impuestos, hacer donaciones, etc. no es suficiente.  El nivel superior de producir bienes y servicios responsables, de forma responsable es el ideal actual, pero en el futuro no será suficiente.  La sociedad demanda/demandará una mayor contribución.  

La sociedad se ha dado cuenta de que la empresa le debe su existencia y que forma parte integral de esa sociedad y por ende tiene derecho a exigirle no solo responsabilidad por sus impactos sino que además tiene la responsabilidad de contribuir a su desarrollo.  De allí que la empresa tiene la responsabilidad de usar los recursos que la sociedad le permite usar (y a veces abusar) para mejorar el bienestar de esa sociedad.  La empresa, como persona (jurídica) que es tiene la responsabilidad como la tenemos todos los individuos, de usar los talentos que nos han sido dados (por el Creador), o en el caso de la empresa los que la sociedad, que la ha creado, le permite usar, lo que incluye sus empleados y directivos, la tecnología,  los recursos naturales, los financieros (que buena parte son provenientes de los ahorros de esa sociedad), entre otros.  Y una manera de usarlos para el bienestar de la sociedad es a través del voluntariado corporativo, pero hay que hacerlo responsablemente, y por responsablemente queremos decir de la forma más efectiva y eficiente posible, como lo debe hacer con todos sus recursos.

Al considerar el voluntariado corporativo desde este punto de vista nos daremos cuenta que el usarlo como se usa en la gran mayoría de los casos, para construir escuelas, plantar árboles, apoyar a los asilos, etc. no es lo mejor que puede hacerse con los recursos de la sociedad.  No es que esto tenga nada de malo, al contrario, es sumamente laudable.  Pero la pregunta que hay que hacerse es ¿es esto lo mejor que puede hacer la empresa? ¿Es ésta la utilización más efectiva de sus recursos y de sus ventajas comparativas?

Sí, la empresa es libre de hacer lo que quiera, dentro de las legislaciones y regulaciones vigentes, pero la sociedad cada día está demandando mayor accountability por sus actividades y la empresa que ignore a la sociedad no será sostenible….. cuando la sociedad despierte de su letargo (el Papa Francisco recientemente destacó “la globalización de la indiferencia”).  Pero no debemos perder la esperanza,  hay empresas visionarias y la sociedad cada vez actúa más, basada en la ubiquidad de la información.  La percibida escasez de todo tipo de recursos está agudizando el sentido en la sociedad de que hay que gestionarlos lo más eficiente y efectivamente posible.  El despilfarro está pasando de moda.

III.           El argumento empresarial para el voluntariado corporativo

Las motivaciones naturales de las personas naturales de ser solidarias, para el caso de la persona jurídica (compuesta de muchas personas naturales) no bastan, necesitan además las motivaciones financieras, reales o percibidas, ya que como para las personas naturales su primer objetivo es seguir viviendo, para las empresas quiere decir que tienen que ser financieramente sostenibles en el largo plazo.  Las empresas necesitan el dinero como las personas naturales necesitan el aire.

¿Quiere esto decir que los programas de voluntariado corporativo deben ser “rentables” para la empresa? No, la empresa debe ser rentable en el agregado, no en cada programa individual, pero ayuda a su gestión, al apoyo que reciba de la alta gerencia y su sostenibilidad a largo plazo, si se puede demostrar que ella deriva beneficios, tangibles o intangibles, en el corto o en el largo plazo de cada iniciativa.  Y este argumento empresarial (business case) es todavía más necesario para la ampliación del ámbito de los programas de voluntariado corporativo que proponemos en este artículo.  Y es por esto que repasaremos este argumento brevemente.

Los beneficios para la empresa están muy bien documentados en la literatura.[3]  Por ejemplo, el voluntariado corporativo contribuye a la identificación de los que participan con la empresa, lo cual puede conllevar a un mayor involucramiento en todas sus actividades, en particular en las de sostenibilidad, lo que puede mejorar su motivación para su propio trabajo y conducir a mejoras en las productividad, menor rotación de personal y, en algunos casos, a atraer personal comprometido.  Pueden contribuir además a la alineación de los valores de los empleados con los de la empresa y su identificación con la cultura empresarial [4] y a la cohesión interna y al trabajo en grupos.  Y bien gestionados pueden contribuir a mejorar la reputación de la empresa, aunque esto no debería ser el motor y razón de ser del programa sino un resultado colateral.  Por estas razones, y por, en muchos casos, su reducido costo, estos programas pueden ser rentables para la empresa, aunque son muy pocas las que lo cuantifican y evalúan al considerarlo parte de la filantropía o de su responsabilidad moral, o sea, a fondo perdido.

En el caso de la participación en programas que involucran la donación de destrezas, más que de mano de obra, por ejemplo los que involucran a profesionales especializados o a la gerencia media y alta, permiten además la adquisición de experiencias que pueden serle útiles a la empresa en el desarrollo profesional de estos participantes.  En particular algunos programas les permiten salir de su “torre de marfil” del “sol empresarial” alrededor del cual creen que gira el mundo y constatar la realidad en que opera la empresa, la realidad de sus clientes, de sus empleados, de su comunidad, del medio ambiente.  Estas experiencias suelen ser de gran utilidad para el diseño y la implementación de estrategias de negocios y en particular de responsabilidad de la empresa ante la sociedad.  Es un caso en que al ser responsables se aprende a ser más responsables.  Y es de estos programas de los que tratamos en este artículo.

Y los beneficios no solo acumulan a la empresa, también a los participantes a nivel personal.  Los empleados pueden sentirse mejor al obtener un sentido de pertenencia, la oportunidad de aprender nuevas destrezas y sentir su trabajo enriquecido. El empleado quiere sentirse realizado, quiere poder utilizar sus capacidades, quiere lograr impacto tangible y a veces siente que el trabajo rutinario no se lo permite. [5]

Pero algunos estudios han encontrado que muchos de estos beneficios se logran con la participación en programas basados en la utilización de destrezas profesionales, que proponemos en este artículo, más que en programas de utilización de mano de obra (que muchas veces lo pueden hacer por su cuenta), que suelen ser los tradicionales.

Y obviamente que estos programas también rinden beneficios a la sociedad, en la forma de los servicios prestados o bienes producidos.  Pero muchas veces estos beneficios se quedan cortos por no utilizar todo el potencial de las empresas y sus empleados.  Es un malgaste de recursos.  ¿Qué y cómo hacerlo? De esto hablaremos en la segunda parte de este artículo.





[1] Artículo escrito para el blog de Voluntare.

[2] En este artículo usaremos el término Responsabilidad de la Empresa ante la Sociedad por ser más descriptivo de una responsabilidad ineludible, en vez del término más común de Responsabilidad Social de la Empresa, RSE, que para muchos (incorrectamente) tiene connotación de conjunto de actividades voluntarias.

[3] El lector interesado en saber más sobre los fundamentos y gestión del voluntariado corporativo puede pulsar sobre los siguientes nexos:

Beatriz Sanz, Mar Cordobés y Adriá Calvet, El voluntariado corporativo en España: modelos y perspectivas de impacto social, ESADE, 2012.


Voluntariado en América Latina: Reflexiones, conceptos, prácticas, International Association for Volunteer Effort, 2013,

Victoria Moreno Manrique, El voluntariado desde la empresa, IESE, 2013

(Boston, MA: FSG Social Impact Advisors, 2007
[4] Ver la serie de artículos Cultura empresarial y cultura de responsabilidad social por Alberto Andreu y el suscrito.

[5] La participación en estos programas constituye un incentivo no monetario para el involucramiento.  Ver mi serie de artículos Sin incentivos no hay paraíso.