domingo, 30 de septiembre de 2012

Ensuciado de cara: Destrucción de la reputación de la responsabilidad empresarial


Hemos comentado en varias oportunidades que no existe tal cosa como una empresa responsable sino que existen empresas que tienen prácticas de responsabilidad, con mayor o menor impacto, con mayor o menor efectividad. La “empresa responsable”, con la connotación que ello tiene de TOTALMENTE responsable, de que no tiene irresponsabilidades, no existe, aunque algunas se acercan mucho (Ver Walmart, Bimbo, Telefónica: ¿Se pueden llamar empresas responsables?)

Lamentablemente el termino “empresa responsable’ es objeto de mucho uso y abuso.  Al tener alguna practica que podríamos llamar responsable la empresa y muchos medios de comunicación le dan ese tirulo.  Y muy lamentablemente también lo hacen un gran número de premios, más ávidos de publicidad propia que de la promoción de responsabilidad en las empresas (aunque es menor grave en aquellos que se otorgan por prácticas específicas, reconociendo que el premio no es por la responsabilidad total de la empresa)



Pero el problema persiste en las empresas que se reconocen o se hacen reconocer por una práctica responsable, esperando que el efecto aureola (ver  ¿Se puede manipular la reputación?: El efecto aureola) se lo extienda a todas las actividades de la empresa, responsables o no.

Y es aquí donde hay los mayores abusos, conscientes en algunas empresas, inconscientes en otras.  Está bien reconocer que una empresa tiene programas de apoyo a la comunidad, pero ¿es eso relevante en el conjunto total de las acciones de la empresa?  Es laudable que una empresa apoye a la comunidad,  pero, ¿qué representa esto en el contexto de todas sus actuaciones? Siempre se puede encontrar algo bueno que reportar.

La clave está en cuál es el impacto relativo de esa práctica que se destaca en el conjunto de actividades de la empresa.  ¿Relevante?

Leía recientemente una revista de negocios que le dedicaba un número especial a las buenas prácticas de RSE de 43 empresas.  ¡!Muy laudable que la revista le dedique un número especial  a este tema!!, demuestra progreso en el interés por la RSE.  No conozco si las páginas de la revista en que se cubría las empresas habían sido patrocinadas o no por la empresa correspondiente o si era una selección y redacción independiente de los editores, pero lo que quiero destacar es la importancia relativa de las prácticas que se resaltan en el conjunto de actividades de la empresa.  Por ejemplo:

·         Una embotelladora de refrescos destaca sus programas de salud y educación infantil y el reciclado de residuos, pero no dice nada de su eficiencia en el consumo de agua ni sus acciones para la conservación ambiental de las cuencas en el entorno de donde la obtiene.  De su principal impacto nada.
·         Una azucarera destaca sus programas de desarrollo comunitario, en particular programas de salud y educación.  Pero no menciona nada del cultivo sostenible de la caña, su impacto sobre el medio ambiente, reciclado de los desechos, ni del uso potencialmente abusivo de su producto.  De su principal impacto nada.  
·         Se destacan las prácticas de varias cerveceras.  En una se destacan las actividades de asistencia social a damnificados, en otra las actividades  de su fundación en educación, salud, niñez, deportes y cultura. Pero estas no dicen nada del impacto sobre la salud y de sus esfuerzos (si es que lo hacen) para prevenir la adicción de los jóvenes, ni sobre el consumo responsable, ni sobre el consumo sostenible del agua. De sus principales impactos nada.
·         Una cementera destaca sus programas de la fundación en capacitación y en recuperación de áreas verdes.  Pero no menciona su contribución a la contaminación ambiental, biodiversidad en las canteras, consumo energético y emisiones de gases de efecto invernadero.  De sus principales impactos nada.
·         Un banco destaca sus esfuerzos por apoyar a los discapacitados.  Pero no menciona la atención a los grupos sin bancarización, la educación financiera de sus clientes, el impacto ambiental y social de sus operaciones de crédito.  De sus principales impactos nada.

Aunque no todos los casos destacados sufren de esta selectividad.  Algunos, como una línea aérea (escribo esto a bordo de uno de sus vuelos), destaca sus esfuerzos en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, su principal impacto.  Otros como un banco  y una empresa de bebidas alcohólicas destacan precisamente lo que comentamos arriba como su principal impacto.  Aunque muchos lo hacen a nivel de destacar políticas e intenciones más que a nivel de acciones o resultados concretos, pero por lo menos reflejan conocimiento de sus impactos relevantes.

¿Son estas prácticas destacadas lo más importante para la sociedad en cada una de estas empresas?  No dudo del valor y del impacto de cada una de las prácticas reportadas, pero en el contexto global no parecen ser relevantes.  En todos estos ejemplos se desatacan algunas actividades pero que el conjunto de la responsabilidad TOTAL de la empresa con la sociedad son de relativamente menor importancia.

Si le otorgáramos una nota de responsabilidad en función del impacto global, a lo mejor podríamos decir que son 2% o 5% responsables.  Pero la implicación, no escrita, no explicita, es que son “empresas responsable” . ¿100 %?.

Todavía se confunde y se seguirá confundiendo por mucho tiempo el SER responsable con tener algunas prácticas responsables.  Cuantas veces se lee que “la empresa tal o cual HACE RSE”.  No se hace RSE, se es responsable.  Es para “abrirse las venas” como dice una amiga andaluza.

¿Importa esta selectividad en el reporte (¿o es publicidad?).  Si, y mucho, porque es precisamente cuando sale a luz que la empresa es irresponsable en muchos otros aspectos, que se perjudica todo el conjunto de ”empresas responsables”, se contamina el concepto de RSE, se pierde credibilidad, le dan legitimidad a los que afirman que la “RSE” es un lavado de cara (greenwashing). 

La responsabilidad  debe estar enmarcada en el contexto global de la actividad de la empresa.  Las empresas que quieren reportar su responsabilidad por lo menos deberían hacerlo en función de la materialidad de sus impactos y no  en función de lo que los  “hace sentir bien”.  Todavía falta responsabilidad en la comunicación de la responsabilidad.

 Estos ejemplos son lo que dañan la reputación de la responsabilidad.

 

 

domingo, 23 de septiembre de 2012

Las empresas responsables pueden y deben acceder a los mercados financieros


Con Rodrigo Amandi

En un artículo anterior (Los mercados financieros deben asignar recursos a las empresas sostenibles) hacíamos un llamado a las empresas por interesarse en el mercado de la inversión socialmente responsable. En esta segunda parte encaramos la otra cara de la moneda, “las empresas deben usar su responsabilidad para acceder a los mercados financieros”.  Ofrecemos algunas sugerencias para la estrategia empresarial de acercamiento a esos mercados. 

Es cierto que los mercados “deben” asignar recursos a empresas responsables, pero ello no ocurrirá espontáneamente, a menos que las empresas mismas se pongan en condiciones de acceder al mercado, con una actitud pasiva no llegarán muy lejos, con “business as usual”, dejando la iniciativa a los inversionistas.

 

Primero que nada la empresa debe ser responsable y además parecerlo. A estos mercados no les basta con que la empresa lo parezca.  A medida que avanza el interés de los mercados por empresas responsables sus análisis se profundizan y se obtiene cada vez más información.  Se va haciendo cada vez mas difícil engañar a los mercados con lavados de cara (greenwashing). Pero también es importante que la empresa se haga ver como responsable. 

En un artículo reciente (¿Se usa la información sobre RSE en las decisiones de inversión?), analizábamos los resultados de un par de encuestas sobre el uso de la información no financiera en las decisiones de inversión.  Si bien las encuestas llegaban a opiniones diferentes, el denominador común era que el  nivel de esfuerzo requerido para el análisis de la información no financiera era mayor por la falta de uniformidad y de comparabilidad vis a vis la información financiera.  De allí que una de las conclusiones que sacamos del análisis es que “Estos resultados demuestran la necesidad de procesarles y facilitarles la interpretación de la información social y ambiental a los analistas e inversionistas, si se quiere que la usen (“hay que darles la papa pelada”).  Por la información financiera harán los esfuerzos por buscarla e interpretarla, por la social y ambiental gran parte del esfuerzo recae en las empresas”. 

Para esto se requiere de la coordinación entre las unidades que se encargar de coordinar la información sobre sostenibilidad y aquellas que se encargan de las relaciones con los inversionistas.  Ambas requieren adaptar sus estrategias.  Las primeras suelen estar sesgadas hacia la acción interna, haciendo grandes esfuerzos porque las demás unidades implementen la estrategia de sostenibilidad.  Es su especialidad.  Las segundas están sesgadas hacia proporcionar información de tipo financiero y de gobernanza corporativa.  Es su especialidad.

Pero para atraer a los mercados financieros se requiere de ambas, los que conocen el mensaje y los que conocen a la audiencia.  Será necesario desarrollar una estrategia de comunicación a los inversionistas, la información tradicional de un informe de sostenibilidad no basta. Es necesario definir los objetivos, audiencias, interacciones, establecer las necesidades de la audiencia, desarrollar el cronograma de actividades de comunicación, definir el mensaje, entre otros. 

Pero esta estrategia requiere de un conocimiento más a fondo de esos mercados, cuales son los principales actores, cuales son sus motivaciones para invertir, las necesidades de sus clientes, sus necesidades de información, son procesos de toma de decisiones, su demografía y geografía.

Para estos mercados es importante la participación de la alta gerencia, que demuestra que la empresa tiene un compromiso sostenible con la sostenibilidad.  Su participación en los “roadshows” donde se hace la presentación de la empresa en los mercados financieros es crítica, en particular para mostrar que la sostenibilidad es parte integral de la empresa, que no es algo separado, que no se promueve en eventos separados.  Ello no obsta, sin embargo, que se tengan que hacer presentaciones a audiencias especializadas en inversión responsable.

El mensaje debe incluir todos los elementos fundamentales: posicionamiento en el  mercado, estrategia de negocios, etc., así como los correspondientes a la sostenibilidad social, ambiental y en particular la de gobernanza (que para los inversionistas ocupa un lugar privilegiado). Y como en todo, dejar los canales de comunicación abiertos, especialmente sincronizados entre los responsables de las relaciones con los inversionistas y los responsables de la sostenibilidad.

Y hay que recordar que la audiencia a la que se dirige esta estrategia es una audiencia sofisticada, y aunque dedica esfuerzos al análisis de la información, mucha de la información necesaria para la inversión responsable no es uniforme ni es uniformemente disponible. El peso de la responsabilidad por la información recae en la empresa. Si el mercado no la usa o no la entiende es culpa de la empresa.

domingo, 16 de septiembre de 2012

¿Se usa Información sobre RSE en las decisiones de inversión?


 
Recientemente se publicaron dos encuestas sobre la relevancia y el uso de la información de RSE en las decisiones de inversión con resultados poco compatibles. Parece que el caso no está cerrado.

El primer estudio que analizaremos es el comisionado por Accounting for Sustainability y el GRI, The value of extrafinancial disclosure: What investors and analysts said, dos instituciones promotoras de reportes de sostenibilidad que obviamente concluye que la información no financiera es considerada relevante por los analistas de inversión. Se basa en una encuesta a 35 analistas y 34 inversionistas (68% de la muestra se considera parte del mercado de la Inversión Socialmente Responsable, ISR, y los demás son tradicionales).


Pero lo interesante de este estudio no es que concluye que la información no financiera (ASG, ambiental, social y de gobernanza, pero también añaden capital humano e intelectual)  es considerada relevante, lo que vuelve a ser una de esas preguntas en las encuestas que tienen respuesta obvia. La pregunta no obvia hubiera sido cómo usa esa información y qué impacto tiene en sus decisiones.  De este estudio lo que si resulta interesante es el contraste en el tipo de información que se considera más relevante y lo que ello representa para las estrategias de RSE de las empresas que quieren entrar en el mercado de la ISR.

El 80% de los encuestados considera esta información ESG como relevante o muy relevante (¡¿sólo el 80%?!), el mismo número que cree que los reportes integrados beneficiarán sus evaluaciones.  Pero hay diferencias en el tipo de información.  El 64% lo dice de la información sobre los recursos naturales (¿a lo mejor quieren decir “temas ambientales”?), pero solo el 52% lo considera para la información sobre aspectos sociales y de la comunidad.  El 100% lo considera para la información sobre gobierno corporativo.  El sesgo o preferencia de la G sobre la A y la S es abrumador.  La A y la S deben competir con la G en la mente de los inversionistas y analistas.

El 61% considera difícil comparar la información sobre aspectos sociales entre empresas, en tanto que sólo el 41% lo dice para la información ambiental y sólo el 3% lo dice para la información financiera. Esto demuestra no sólo que los analistas e inversionistas son especialistas en información financiera (¡!sorpresa!!) sino que creen que la información ambiental está mas estandarizada (consumo de recursos, reciclaje, emisiones, energía renovable, etc.) que la social. 

Estos resultados demuestran la necesidad de procesarles y facilitarles la interpretación de la información social y ambiental a los analistas e inversionistas, si se quiere que la usen (“hay que darles la papa pelada”).  Por la información financiera harán los esfuerzos por buscarla e interpretarla, por la social y ambiental gran parte del esfuerzo recae en las empresas.  Comentábamos en un artículo anterior Los mercados financieros deben asignar recursos a las empresas sostenibles sobre la importancia de las empresas tengan una actitud proactiva en la atracción de interés por parte de inversionistas responsables.

Sólo el 38% responde que el aseguramiento de la información no financiera es importante o muy importante, pero el 88% lo dice para la información financiera.  Esto refleja la poca confianza que se le tiene a las aseguraciones de los informes de sostenibilidad. ¿Considerarían la información financiera si no tuviese auditoría externa? 

El GRI ve los resultados como evidencia de la importancia de su trabajo de definición de indicadores comparables.  Es evidente que la comparabilidad les daría confianza a los analistas, pero debemos recordar que la comparabilidad es un medio y que primero debemos determinar lo que es relevante para el análisis.  Comparar cosas irrelevantes al exigir reportar sobre todo tipo de indicadores, pertinentes o no, no es conducente a promover la ASG en las inversiones.  En la información financiera se han desarrollado principios de medición y reporte a lo largo de cientos de años y luego ha venido la sintetización de la información en indicadores para el análisis. En el tema los aspectos de ASG se han desarrollado los indicadores antes de desarrollar los principios de medición y selección de la relevancia.  En esto hay mucho trabajo por hacer[i].

El otro estudio, CSR and the Investment Market: coming together. Preparing for investor engagement, que parece ser mas independiente, es el realizado por ICA, Smithfield y Burson-Marsteller.  Se basa en una encuesta a analistas de inversión en 27 casas de corretaje y bancos de inversión, por lo que parece ser más representativo de los que venden inversiones.    

En este estudio, solo el 28% cree que las políticas de RSE juegan un papel importante en la selección de inversiones, aunque no todo está perdido ya que el 63% cree su importancia aumentará en los próximos dos años. En cuanto a los temas a los que le asignas más importancia, también hay diferencias con el estudio anterior ya que el 59% cree que los más importantes son las relaciones con los empleados y el 50% los aspectos ambientales.  Una comparación interesante, y en contrate con el estudio anterior, la representa la importancia atribuida a temas de la cadena de valor (aspecto A y S), que afectan las operaciones, y la remuneración de los ejecutivos (aspecto G), que es mas un tema de reputación.  Ambas son igualmente valoradas en 44% y 41% respectivamente.   Al tema de la comunidad no le dan importancia (6%). 

El estudio concluye que si bien el papel de la RSE en la mitigación de riesgos y gestión de la reputación es ampliamente aceptado, para avanzar como consideración en las inversiones, la RSE debe referirse directamente al crecimiento de la empresa (impacto en operaciones).

Es importante una vez mas resaltar que estos estudios se refieren a mercados desarrollados y que sus extrapolaciones a mercados en vías de desarrollo tienen las limitaciones propias del subdesarrollo de sus mercados financieros y en particular de los de inversión socialmente responsable.  También es de esperar que la importancia relativa de los diferentes temas sea diferente es estos países.

Las conclusiones más relevantes de estos dos estudios son:

·         Que los analistas todavía dan poca importancia a los temas ambientales y sociales y continúan centrados en la información financiera y la gobernanza corporativa, que es para lo que han sido entrenados;

·         Que hay que darles la información social y ambiental de forma comparable y lista para analizar, y

·         Que la RSE como consideración en las decisiones de inversión esta todavía en etapa de desarrollo y es muy difícil generalizar.

 



[i] La propuesta de nuevos principios del GRI G4, ofrece mejoras substanciales en este aspecto.  Ver el extraordinario resumen y análisis de Elaine Cohen en The GRI G4 Exposure Draft explained.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Lavado de cara y RSE: ¿Quién rinde mas?


 
 
Lo que nos faltaba, un estudio que le echara leña al fuego demostrando que el lavado de cara rinde dividendos.  El estudio Do Actions Speak Louder than Words? The Case of Corporate Social Responsibility (CSR) por Olga Hawn  de Duke University y Ioannis Ioannou de la London Business School tiene una serie de conclusiones interesantes sobre la relación entre acciones, apariencias y resultados financieros.  Pero antes de reproducir sus conclusiones por los medios sociales, con el riesgo de que se malinterpreten,  es necesario analizar en detalle como se han obtenido y las implicaciones que puedan tener para la estrategia de la empresa.

 (La lectura de este artículo requiere de atención, no es liviano)

 

Es estudio se basa en una análisis estadístico de las relaciones entre indicadores de lo que los autores denominan “actividades substantivas” y “actividades simbólicas  y el rendimiento medido como el rendimiento sobre activos.  Para ello se analizaron los indicadores en una base de datos de 2.261 empresas en 43 países entre 2002 y 2008 (de Iberoamérica solo están incluidos Brasil (16 empresas), Chile (5), México (9) y España (52)).

La cuatro hipótesis que postula el estudio y que son comprobadas por el análisis estadístico que realizan, son las siguientes:

  • Mientras mayor sea el nivel de activos RSE (actividades de RSE previas), mayor será el efecto de las actividades simbólicas sobre el rendimiento y viceversa;
  • Mientras mayor sea el nivel de activos RSE (actividades de RSE previas), menor será el efecto de las actividades substantivas sobre sobre el rendimiento y viceversa;
  • Mientras mayor sea la brecha entre actividades substantivas y simbólicas,  mayor es el impacto de estas en el rendimiento, y viceversa;
  • Mientras mayor sea la compatibilidad entre las acciones substantivas y las simbólicas, mayor será el efecto sobre el rendimiento, lo que sugiere una sinergia entre ambos tipos de actividades.

Antes de analizar estos resultados y sus implicaciones es importante analizar como miden las acciones substantivas, las acciones simbólicas y el rendimiento de la empresa.  Las medidas consideradas como substantivas son, en su mayoría la existencia de políticas en la empresa como por ejemplo de eco-eficiencia, de remuneración por rendimiento y  seguridad industrial, entre otras.  Incluyen además medidas mas concretas como por ejemplo, el porcentaje de mujeres en el directorio,  el uso de energía renovable, auditoria del informe de sostenibilidad.  Incluye algunas medidas que pueden ser irrelevantes para muchas de empresas  como por ejemplo si produce para la Base de la pirámide (esto puede ser RSE u oportunismo, según se implemente), si aplica la ley Sarbaes-Oxley (algo restringido a empresas que operan en EEUU, o si tiene productos para el tratamiento de aguas, entre otras. 

Los indicadores que consideran  como simbólicos se refieren a actividades donde “dice tener”, “reporta”, “alega”, como por ejemplo si alega tener programas de conciliación  trabajo familia, alega tener programas de entrenamiento o reporta tener actividades de ahorro de recursos (ecoeficiencia) .  Esta distinción este substantivo y simbólico es muy tenue.    ¿Qué es mas substantivo:  tener una política de no discriminación  (substantivo)  o decir que no discrimina (simbólica)?   En mi opinión pertenecen a la misma categoría de simbólica, es más prefiero la segunda donde dicen que hacen que la primera que dice que tienen intención de hacer.   Está más cerca de la acción y eventualmente es auditable por los stakeholders (incluyendo sus empleados).  Una acción substantiva debería ser aquella que tiene evidencia de que se hace algo.

La primera conclusión del análisis de relaciones estadísticas es que las empresas acumulan capital de responsabilidad ([i]) y que en función del volumen de ese capital, las acciones simbólicas en RSE tienen un mayor impacto sobre el rendimiento.  En cierta forma esto se explica diciendo que la empresa tiene mayor credibilidad en función de sus acciones pasadas.  Esto es corroborado por una encuesta  de Edelman (Edelman Trust Barometer 2011) donde más del 50% de los encuestados creen información favorable y el 25% cree la información negativa sobre una empresa en la que confían al oírla una o dos veces.  En tan to que el 57% cree información negativa y solo el 15% cree información positiva cundo desconfían de la empresa.  El capital de responsabilidad potencia hasta las acciones simbólicas.

La segunda conclusión parece confirmar la idea de rendimientos decrecientes, hasta en temas de prácticas responsables.  Si la empresa ya tiene un elevado capital de responsabilidad, las acciones substantivas van teniendo efectos menores.  Esperemos que las empresas no se tomen este resultado muy en serio y continúen aumentando su capital de responsabilidad aunque cada ver sea más difícil.

La tercera parece ser una hipótesis a posteriori, de esas que se hacen después de hacer el análisis.  Cuando dispones de una base de datos con más de 10.000 observaciones y programas poderosos de análisis estadístico, la tentación es muy grande de hacer regresiones a ver lo que sale.  No merece comentarios.

La cuarta conclusión indica que si las acciones substantivas y simbólicas están integradas, son coherentes, la acciones simbólicas potencian el rendimiento al aprovechar las sinergias entre ambas.  O sea que es mejor hacer cosas simbólicas que sean compatibles con las substantivas.  El lavado de cara debe ser coherente. No merece muchos mas comentarios.

Además de los problemas mencionados de definición de lo que es substantivo versus simbólico, el estudio tienen algunas limitaciones.  No analiza (o no puede hacerlo) el efecto en el largo plazo.  ¿Cuanto dura el capital de responsabilidad?  Es de esperar que si las acciones simbólicas son sostenidas en el tiempo, los stakeholders  eventualmente se darán cuanta y ese capital se depreciará y habrá que renovarlo con acciones sustantivas.

Tampoco analiza los resultados por categorías de países.  Sería muy interesante contrastar los resultados en países donde los stakeholders están mas desarrollados y operan en un entorno conducente a las prácticas responsables con los países en que este  “mercado de la responsabilidad” no esta tan desarrollado.

Para concluir, según el estudio, las acciones de lavado de cara pueden impactar favorablemente el rendimiento en la medida de que la empresa tenga capital de responsabilidad acumulado y esas acciones sean coherentes y potencien las acciones substantivas.  También concluye que las actividades substantivas van teniendo cada vez menos impacto sobre el capital de responsabilidad.

Recordemos no obstante que es un análisis estadístico y que las conclusiones son “en general” en el “promedio”, cada empresa es diferente, cada empresa opera en su propio contexto, los stakeholders pueden no responder a las prácticas, las correlaciones no son perfectas y la dirección de la causalidad es difícil de demostrar

Este análisis crítico no debe interpretarse en forma negativa.  Es muy difícil obtener información masiva para hacer un estudio mejor.  Pero sí demuestra que los resultados del estudio deben interpretarse con cautela antes de repetirlos urbe et orbi sin análisis.  Ya me imagino algunos titulares (irresponsables) como: “Estudio de la London Business School demuestra que basta con parecer responsable para obtener beneficios, no hace falta serlo” u otro como:  “Las practicas simbólicas de responsabilidad son mas efectivas que las substantivas, según estudio de prestigiosas escuelas de negocios”.

Si, creemos muchas cosas sin pensarlo mucho.  Pensar es caro.



[i] Resistimos la tentación de usar la palabra “reputación” porque las prácticas responsables son solo uno de los factores que intervienen.  No son sinónimos..

jueves, 6 de septiembre de 2012

Cuotas para las mujeres en los Consejos de Administración: ¿Qué opinas?


Antonio Vives
Helena Ancos

La Unión Europea está considerando una propuesta para obligar a las empresas que cotizan en Bolsa a tener no menos del 40% de los puestos reservados para mujeres.  En enero del 2012 el porcentaje es de solo el 13.7%.  Algunos países de la Unión Europea como España, Holanda, Francia e Italia ya tienen cuotas.  Noruega tiene una cuota del 40% y su porcentaje en la realidad es superior (44%).  Otros como Gran Bretaña y Suecia se oponen a la idea de cuotas. 

Como se pudo ver en nuestro artículo anterior ¿Por qué no aprovechan el potencial de las mujeres? (I)  (publicado en el blog de Helena Ancos y en el de Antonio Vives) los bancos de la mayoría de los países europeos tienen porcentajes relativamente bajos, como promedio de solo el 7%, variando desde un máximo del 18.7% en Suecia hasta un mínimo de 1.9% en Portugal.  España está por debajo del promedio con un 6%.

¿Se deben imponer cuotas para la participación de mujeres en los
Consejos de Administración? ¿Son efectivas?

 

Los dos autores de este artículo tenemos posiciones diferentes.

Antonio Vives:  NO, cuotas NO, apoyo SI.

Las cuotas, en casi todos los órdenes de la vida, han sido contraproducentes, se convierten en el fin cuando debería ser un medio.  Serían preferibles incentivos positivos y no incentivos negativos (penas), que es como se esta planteando.  Las cuotas llevarán a que se promuevan algunas mujeres, no necesariamente competentes, que luego serán usadas para demostrar lo equivocado de las medidas y para denigrar a las demás mujeres competentes. 

Las reglas del gobierno corporativo no están suficientemente desarrolladas como para impedir esto.  Difícilmente pueden los accionistas elegir directamente a los miembros del Consejo y muchas veces son los mismos miembros los que seleccionan a los otros miembros.  Muchas empresas, aun cotizando en Bolsa, tienen control familiar o de grupos de poder que determinan los miembros del Consejo.  De hecho, las cuotas impuestas a nivel del Consejo harán poco o nada para elevar el porcentaje de mujeres en cargos directivos.  Buscarán “paracaidistas” en el Consejo para llenar la cuota.  Hay que cambiar las reglas de selección de miembros del Consejo para permitir la elección directa por parte de los accionistas o grupos minoritarios.

¿Y no son las cuotas una discriminación en contra del grupo no incluido?  Para evitar esta connotación a estas cuotas se les llama “discriminación positiva”, justificada como manera de revertir tradiciones de discriminación negativa.

Y esta “discriminación” a través de cuotas puede causar resentimiento en los hombres miembros del Consejo, pero lo que es aun peor, en las mujeres miembros, que se lo han ganado a pulso sin necesidad de presiones numéricas externas.  No podemos tener dos categorías de mujeres, las que logran la posición por su cuenta y las que lo hacen gracias a cuotas.

Lo que hay hacer es desarrollar el ecosistema de apoyo a las mujeres en cargos directivos que les permitan desarrollar la experiencia y cualificaciones necesarias, con medidas de educación y  promoción de tal manera de agrandar el pool sobre el cual se pueden contratar mujeres preparadas.

Precisamente como decíamos en nuestro artículo sobre la Banca mencionado arriba, la inclusión de mujeres en los consejos tiene beneficios. Lo que debemos hacer es mostrar estos beneficios para justificar la inclusión.

Es cierto que el pool de hombres en la gran mayoría de los casos es más grande, y a lo mejor no es porque sean más cualificados, es que forman parte del ecosistema de protección mutua, de amiguismo.  A lo mejor cuando las mujeres lleguen a formar una masa crítica en la gerencia y en los Consejos (como comentábamos en nuestro artículo  ¿Es la RSE femenina?)  ellas tendrán los recursos y capacidad para apoyarse mutuamente.  A lo mejor las mujeres deben intensificar el apoyo mutuo.

Mientras tanto los gobiernos deberían invertir sus recursos en mejorar las reglas de gobernanza empresarial y en desarrollar el ecosistema de apoyo que aumente el número y cualificación de las mujeres para cargos directivos.

Helena Ancos: SI, las cuotas son necesarias. 

Cuando se habla de discriminación de la mujer en el ámbito laboral ya no se suele hacer referencia a la llamada discriminación positiva sino de forma más amplia, al “Techo de Cristal”.

La expresión “Techo de Cristal” fue acuñada por primera vez hacia 1979 por dos mujeres, Katherine Lawrence y Marianne Schreiber, empleadas de Hewlett-Packard, para aludir a un camino más o menos transparente y aparente de promoción laboral, hasta que llegados a un punto determinado, se tornaba en un rosario de obstáculos de diverso tipo que impedían el acceso de una mujer a los puestos de alta dirección. Y cuando hablamos de obstáculos de diverso tipo tenemos que ser conscientes de que son múltiples: no sólo los hay legales, y más o menos explícitos, sino hábitos, creencias, procedimientos y relaciones de poder.  Y probablemente, estos últimos sean los más difíciles de combatir.

Siempre he defendido las políticas de cuotas por varias razones:

1)                  Porque las políticas voluntarias y de incentivos positivos, se han demostrado ineficaces. En diez años de políticas de promoción en la UE los empresarios no han apostado de forma firme, por la incorporación de las mujeres a los puestos de trabajo, ni tampoco en políticas aceptables de conciliación. Las políticas de cuotas, con sus objeciones, han permitido 1º) crear debate y concienciación; 2º) aportar visibilidad a las mujeres en puestos clave y 3º) porque aunque de forma gradual y lenta, desde el anuncio de Vivianne Reading es cuando se está prestando en algunos países mayor atención y aumentando las cuotas.

2)                  Porque la desigualdad crónica que vienen padeciendo las mujeres en el ámbito laboral ya sea por sociedades machistas, modelos de conducta enquistados, o por razones psicológicas, no puede corregirse únicamente con la aplicación de las normas existentes ni de incentivos, ni con la buena voluntad de los empresarios, sino que requiere de una intervención activa y contundente. Son tantas las resistencias y las barreras que sólo una labor “educativa” a largo plazo podría tener éxito.

Cuando se critica que las cuotas pueden ser discriminatorias para los hombres y para otras mujeres se cae en un error de razonamiento. Nos fijamos en la desigualdad en un momento concreto, puntual (el de dos posibles candidatos a un puesto) y no que las medidas de acción positiva – y no de discriminación positiva, fijémonos nuevamente en la carga de género del lenguaje- enfrentan siempre situaciones de justicia individual con situaciones de justicia grupal o estructural, sencillamente porque no han existido de partida las mismas condiciones de igualdad o las mismas oportunidades para hombres y mujeres.

3) Y más importante, porque los argumentos empresariales para oponerse a la implantación obligatoria de las cuotas son erróneos.

-                      Dicen los empresarios que esta estrategia casa mal con las particularidades de cada sector y de cada empresa:

            ¿acaso no hay mujeres preparadas en todos los ámbitos? ¿por qué no las ofertan estos puestos? ¿les han dado la oportunidad de que una masa crítica demuestre sus méritos?

-                      Dicen los empresarios que la coyuntura de crisis no aconseja hacer cambios drásticos:

¿entonces a qué esperan? Decía Covey “si seguimos haciendo lo que estamos haciendo, seguiremos consiguiendo lo que estamos consiguiendo” ¿no merecemos una oportunidad, un cambio radical?

-                      Dicen que una estrategia única para todos, va en contra de la libertad empresarial:

            En el siglo XXI se ha demostrado que no existe ya división entre lo público y lo privado. Los argumentos de políticas públicas –costes de inclusión laboral, de seguridad social, de educación, de innovación y competitividad- están íntimamente unidos al desempeño de todas y cada una de nuestras empresas. Otra cuestión es que seamos capaces de medirlos y “transversalizarlos” de forma eficaz.
Sin embargo, las políticas de cuotas también corren peligros. Una política de cuotas FORMAL y en manos de los hombres dirigentes y ejecutivos SEGUIRÁ SIENDO un mero SIMBOLO, y a lo mejor, en vez de romper el techo, necesitemos construir la casa entera. Pero de nuevo, precisamente por ello, serán necesarios nuevos controles.

¿Y tu qué opinas?

Nuestra división ha sido claramente a lo largo de las líneas de género, pero estamos seguros de que hay mujeres que creen que las cuotas son contraproducentes y hombres que creen que es la mejor manera de logar un balance.  ¿Y tú que opinas?  Comenta en el sitio del blog de Antonio Vives si estas DE ACUERDO con las cuotas (el no lo está) y en el de Helena Ancos si estas en DESACUERDO (ella lo está).

Lo que sí queda claro de este artículo con dos autores es que hombres y mujeres podemos y debemos colaborar y ello nos hace mas efectivos a ambos.