sábado, 23 de mayo de 2026

Como no promover la responsabilidad empresarial en España: Con 100 medidas y politizándola.

 

Perro de muchos dueños se muere de hambre.

Refranero popular

Tiempo de lectura:15 minutos.


 Se ha dado a conocer el informe Cien medidas para un nuevo impulso de la Responsabilidad Social Empresarial que había sido comisionado por el Ministerio de Trabajo y Economía Social de España, a la Comisión Internacional de Personas Expertas en Responsabilidad Social de las Empresas (RSE), la que había sido creada en abril del 2025 para tales fines. Se ha completado en el plazo requerido de un año.

En este artículo analizaremos a grandes rasgos el contenido del informe, poniendo especial énfasis en su potencial (in)efectividad y lo contraproducente de ponerlo en un contexto político. No analizaremos a cada una de las 100 medidas, ya que haría este artículo inefectivo. Partiendo de un análisis crítico, se pretende ofrecer sugerencias para su posible implementación, si es que ello es posible.

I.                La Comisión de personas expertas.

A efectos poder apreciar el contenido del informe es oportuno recordar el mandato y la composición de la Comisión, por lo que reproducimos algunos párrafos del articulo Comisión Internacional de Personas Expertas en Responsabilidad Social de las Empresas (RSE): Mal comienzo, donde lo analizábamos y especulábamos sobre lo que se podía esperar de tal mandato. Decíamos:

Todos los miembros de la comisión son académicos (aunque uno coordina  una ONG muy crítica de las empresas) ¡Ninguno de empresas!  Expert@s en el “debería ser”, no el “es”. Una comisión de expert@s (¿?) en responsabilidad social de la empresa que nunca han tenido a su cargo la ejecución de la responsabilidad social de una empresa. Pero pretende influenciar el comportamiento de esas empresas.

Esperemos que la concentración académica no impida utilizar una de las herramientas más básicas de la RSE y consulten a los stakeholders, incluyendo a los más afectados: las empresas. No lo saben todo.

El objeto de la Comisión era el de inspirar la elaboración de una nueva Estrategia Española de la RSE, y actualizará el enfoque de la responsabilidad social a fin de adaptarlo a los retos contemporáneos en materia de derechos laborales y medioambientales, así como al nuevo contexto normativo y social”.

II.             Cien medidas en diez aspectos.

Propone 100 medidas a tomarse, 10 en cada uno de los siguientes 10 aspectos (en negrillas destacamos el núcleo del aspecto):

  • La efectividad de los derechos humanos: personas en situación de vulnerabilidad;
  • Consolidación de la igualdad de trato y no discriminación por razón de género, sexo y orientación sexual;
  • La garantía del trabajo decente en perspectiva transversal;
  • El pleno desarrollo del deber de diligencia debida;
  • La trascendencia de la participación de sindicatos y representantes de las personas trabajadoras en la empresa;
  • La potenciación de la participación de los grupos de interés (stakeholders);
  •  Reporte y verificación de las medidas empresariales de responsabilidad social;
  • La mirada singular hacia las pequeñas y medianas empresas;
  • Las especialidades de la economía social;
  • La relevancia del rol de fomento de las Administraciones Públicas.

 III.           El sistema decimal en el informe y en el Decamerón.

Lo primero que llama la atención del informe es que son un numero redondo de un centenar de medidas distribuidas en diez aspectos, cada uno con diez medidas.  Una extraordinaria simetría: 10 miembros, 10 aspectos, 10 medidas cada uno, 100 medidas (pero la rompe en la Comisión: siete mujeres, tres hombres, debieron ser cinco y cinco, como en la población). Lleva a pensar que la imagen fue más prioritaria que la efectividad. Todos nos acordaremos del “informe de la 100 medidas”.

Es el Decamerón de la Responsabilidad Social: El Decamerón (1348-1353) de Giovanni Boccaccio cuenta 100 historias a lo largo de diez días con un grupo de siete mujeres y tres hombres (¡!) cada una contando diez historias. Cualquier coincidencia es pura coincidencia ¡Pero el Decamerón es mucho más entretenido!

Cuesta pensar que cada uno de esos diez aspectos requiere de diez medidas, como si todos estuvieran en tal grado de deficiencia que requieren de un igual numero de medidas. Y el hecho de que se han propuesto un centenar de medidas da lugar a pensar que no se han priorizado ni los temas ni las medidas, que lo importante es proponer, mientras más, mejor.

Y aquí se comete el típico error de los grupos de trabajo y los informes de consultores, que tienen gran temor a ser acusados de errores de omisión e incluyen todo lo que sea imaginable, sin considerar que tal abundancia le resta efectividad a todo lo propuesto. Lamentablemente ese deseo de satisfacer a todos los miembros de la comisión induce a no excluir ninguna de las sugerencias de cada uno de los miembros. Se comete el mayor error, el de comisión (¡que coincidencia! la misma palabra que Comisión). Enfrentan incentivos asimétricos: críticas si se encuentran omisiones, indiferencia ante los excesos.

Esto nos recuerda el proceso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible: 17 objetivos, 168 metas y 234 indicadores. Siendo que esto abraca todo el espectro de la actuación de las empresas, gobiernos, instituciones de la sociedad civil y personas, y que este informe solo cubre la responsabilidad social de las empresas, la proporción de 100/168 resulta exagerada.

Lo efectivo sería proponer un grupo limitado de “medidas para un nuevo impulso de la Responsabilidad Social Empresarial” …. y que sean prioritarias e implementables.

IV.            Problemas con las medidas.

Como mencionamos, no es factible ni sería efectivo, comentar las 100 medidas por lo que nos limitaremos a dsrtacar los problemas que subyacen en la gran mayoría de ellas y que ofrecen dificultades para el logro del objetivo de mejorar la asunción de la responsabilidad de las empresas españolas ante la sociedad.

a.     Los principales problemas y que son comunes a casi todas las medidas.

No establecen prioridades, todas las 100 son igualmente prioritarias;

No establecen secuencia, todas son simultáneas;

No establecen quienes son los responsables por el cumplimiento de las medidas;

No establecen plazos para el logro del objetivo correspondiente;

No establecen los recursos que son necesarios;

No se establecen los indispensables mecanismos de coordinación con las múltiples instituciones, dentro y fuera del gobierno, cuya participación es indispensable;

Duplicaciones: en muchos casos ya existen regulaciones a nivel europeo, que no se referencian ni se destaca su superposición o razón de ser de su ampliación.

Contexto: las medidas han sido propuestas como si se comenzara a operar desde cero, ignorando lo ya existente.

Como confirmación de estos problemas de inefectividad referimos al lector al lenguaje de la mayoría de las medidas: Crear, incorporar, garantizar, confeccionar, reconocer, establecer, etc., etc. Quién, cuándo, cómo y dónde.  La Comisión diría que esto excede sus funciones, de acuerdo, pero ello no justifica desentenderse.  

b.     Ilustremos estos problemas con algunas de las medidas.

Con estos cuatro ejemplos pretendemos ilustrar algunos de los problemas que hemos enumerado arriba.

64. Creación de una norma técnica pública de verificación.

¿De quién es la responsabilidad de hacerlo? ¿De instituciones independientes o del gobierno español? ¿Qué plazo? ¿Es la propuesta de hacer una norma diferente para España? ¿Por qué? Estas normas ya existen a nivel europeo e internacional.[i] 

65. Exigibilidad de una verificación reforzada.

La Unión Europea ya ha establecido que los requisitos de verificación sean al nivel de “limitada” al constatar que la industria de la verificación, la adopción de las regulaciones sobre reportes y las mismas empresas todavía no están en condiciones de llegar al nivel de verificación “razonable” como propone esta medida, por lo que se ha pospuesto la aplicación de este nivel (que en la profesión no se denomina “reforzada”).

Esta medida es un ejemplo de lo que la Comisión Europea ha advertido a los países miembros de no hacer, de “enchapar en oro” (goldplating), de hacer las regulaciones europeas más estrictas al transponerlas a regulaciones nacionales. Esto forma parte del debate sobre la desregulación, que, en aras de mejorar la competitividad de las empresas, creemos que está siendo excesiva, ignorando los costos sociales y ambientales. [ii]

67. Participación de la representación de las personas trabajadoras.

Se pide que las verificadoras constaten la participación de las “personas trabajadoras” en las tareas de verificación. La necesidad de constatación iría más allá de las regulaciones europeas, pero es que es algo innecesario e improcedente. L@s trabajador@s son todos y todas los y las que trabajan en la empresa y son l@s trabajadores l@s que producen y recopilan la información. ¿Es que se quieren referir a una categoría de “trabajador@s” diferente a la de l@s “emplead@s”? ¿Quiénes son est@s trabajador@s que deben ser consultados? Y además de innecesaria, la medida muestra un sesgo político, dogmático, al inducir a pensar en l@s “trabajador@s” como segmento discriminado.

 96. Impulsar la exigencia de requisitos, en términos de responsabilidad social de las empresas, en los procesos de licitación pública.

Lo propuesto con esta medida también está permitido en las regulaciones de la Comisión Europea.  Esta recomendación ilustra la necesaria, pero carente, coordinación entre las diferentes entidades del gobierno de España ya que tuvo la oportunidad de reiterarla en ocasión de la preparación del Manual para la contratación pública de la Administración General del Estado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). Este manual consideró los aspectos ecológicos, pero por falta de coordinación dejo escapar una excelente oportunidad de incluir lo social  (¡pero es que esto es competencia de otro Ministerio!). [iii]

c.     Consulta y consenso.

En general aboga por que “Las diversas partes inte­resadas en materia de responsabi­lidad social (stakeholders) deben participar de modo influyente en el diseño del conjunto de medidas. Laudable y necesario. ¡Pero las mediadas ya están diseñadas! ¿Las consultaron con los stakeholders? Y si más bien se refieren a que su implementación y seguimiento debe tener la participación de las partes afectadas, es también un laudable, pero no establecen la factibilidad o un mecanismo para hacerlo.  Queda como una recomendación en el limbo.

V.              Como no promover la responsabilidad empresarial.

 a.     Con 100 recomendaciones.

De la discusión precedente se puede concluir que pretendiendo que se implementen 100 recomendaciones presenta una gran dificultad, sobre todo si no se han establecido prioridades, secuencias, plazos, recursos y responsabilidades.  El “hágase” no es conducente a la efectividad. ¡Quién, cuándo, cómo y dónde!

Adicionalmente, por su naturaleza, abarcan actividades que cubren el espectro de actuación de la administración pública, central y descentralizada, del sector privado y de gran parte de las instituciones de la sociedad civil, lo que obviamente requiere de instancias de coordinación amplias y complejas, que no solo son inexistentes sino que además son, a nivel de las administraciones, conflictivas. [iv] No, el CERSE, por su compleja constitución y funciones, no es el instrumento adecuado para esta coordinación.

b.     Situándola en un plano político.

Parafraseando a Clemenceau: “La responsabilidad social de las empresas es demasiado importante para dejársela a los políticos”.

i.       Con amenazas.

El tenor del documento, su origen en un Ministerio sectorial, como lo es el actual de Trabajo y Economía Social, le confieren un sesgo dogmático, político y antagonista, cuando la implementación de tales medidas requiere de una cultura de consulta, consensos y compromisos.

En la presentación del documento se hicieron amenazas explicitas al sector privado.

España puede y debe dotarse de una autoridad independiente que supervise el cumplimiento de estas obligaciones. No podemos seguir dependiendo de la buena voluntad para saber si se está cumpliendo. Y ese control necesita consecuencias. Este informe propone restaurar un régimen sancionador proporcional al daño causado y a la capacidad económica de la empresa.  Porque sin sanciones creíbles, la responsabilidad empresarial sigue siendo voluntaria”.

Pero ¿es que hay obligaciones para las empresas en su responsabilidad ante la sociedad que no estén contempladas en legislaciones locales, nacionales o supranacionales? ¿Cuál es el delito que amerita sanción? ¿Dónde está tipificado? O es voluntario, o está establecido por la ley y las regulaciones de cumplimiento obligatorio.  No les gusta la palabra “voluntario”, pero solo hay dos opciones o el comportamiento está establecido por legislaciones locales, nacionales o supranacionales o no lo está. Si no lo está es opcional. 

Claro está que esta “opcionalidad” está condicionada por “obligaciones” de otro tipo, sean morales, propias del individuo o colección de individuos (la empresa), o éticas, propias de la sociedad, pero no son legamente exigibles. Los stakeholders de la empresa sí pueden y deben exigirlas vía sus decisiones de apoyo o rechazo a los productos y servicios de la empresa, pero para ella siguen siendo opcionales.

Cierto es que buena parte del lograr el cumplimiento de estas “obligaciones” le competen a la ciudadanía, actuando como consumidores, empleados, votantes, educadores, funcionarios, etc. pero lamentablemente no lo hacen. [v] Lo que sí compete a las administraciones es actuar en su defensa y como intermediario entre ambas partes, asegurándose que el comportamiento de las empresas se ajuste a las legislaciones y cuando estas sean deficientes, corregirlas, y cuando no existen, aprobarlas, [vi] y mientras tanto asegurándose que esa ciudadanía tiene la información necesaria para la toma de sus decisiones.

El régimen sancionador no es competencia de la responsabilidad de las empresas ante la sociedad tal y como está universalmente entendida. Si hay prácticas que no son aceptables a la sociedad, le compete al gobierno como su representante, establecer las legislaciones y regulaciones pertinentes, aprobadas por ciudadanos que han sido elegidos por la sociedad para esas funciones.

Las amenazas no son un buen punto de partida para la necesaria colaboración entre las partes.

ii.     Con una agenda política, no de Políticas.

El aseguramiento de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad se debe hacer con Políticas con P mayúscula, no con política con p minúscula.

Se ha mostrado, sobre todo en años recientes que la politización de la sostenibilidad empresarial tiene consecuencias negativas, que han llevado al rechazo.  Esta politización ha llevado a algunos a considerarla como parte de la agenda política de la izquierda, por aquello de que promueve aspectos, que deberían ser de consenso universal, como la lucha contra el cambio climático, la igualdad entre todos los seres humanos y la justicia social, entre otros.  Pero al llevar estos derechos universales al campo político les da la razón a los opositores políticos y con ello arrastran a la responsabilidad empresarial y la rechazan.

La responsabilidad de la empresa ante la sociedad es apolítica.  Por ser derechos fundamentales debería ser cuestión de Políticas, no de política partidista. Su adopción como parte de la agenda política de un partido, pone en riesgo su progreso en gobiernos con agendas diferentes. Al atacar aquella agenda se lleva por delante a la responsabilidad empresarial.

Para promover la responsabilidad de la empresa ante la sociedad podemos utilizar el argumento empresarial, de que a largo plazo le conviene a la misma empresa tener una sociedad próspera, podemos usar el argumento moral, de que es cuestión de justicia buscar el bienestar a la sociedad que es la que le da el bienestar a la empresa, pero no podemos utilizar el argumento político.

iii.   Con una visión cortoplacista

La presentación pública del documento reconocía muy precisamente que se requiere de una visión de largo plazo, pero su apropiación política es cortoplacista y se corre el riesgo que al cambiar la orientación del gobierno se deshaga el camino andado, por lo que comentábamos arriba. Se debe implementar al margen de dogmatismos. Es oportuno recordar que, a principios de siglo, la izquierda controlaba el poder en 2/3 de la población de la Unión Europea, al 2016 había caído a 1/3 y al 2026 solo gobierna en España y Malta (el reino Unido no es parte de la Unión). [vii] No se debe poner en riesgo su continuidad por una visión cortoplacista.

Su promoción debe ser ajena a ideas políticas, si no lo es, no será resiliente, sostenible y sostenida. No hace falta recordar el vendaval regulatorio y desregulatorio en la Unión ante los cambios en la composición política del Parlamento y de la Comisión Europea. [viii]

La sostenibilidad empresarial requiere de una visión de largo plazo tanto de las empresas como de los reguladores, el cortoplacismo de estas partes es su peor enemigo.

VI.            Como promover las responsabilidad social de las empresas.

 a.     Simetría en las responsabilidades

Y si el Ministerio quiere sancionar irresponsabilidades empresariales, que asuma sus responsabilidades.

El 7 de mayo del 2026, en la presentación del informe la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social dijo, entre otras cosas:

  • España puede y debe dotarse de una autoridad independiente que supervise el cumplimiento de las obligaciones en Responsabilidad Social Empresaria (RSE);
  • Instaurar un régimen sancionador para las compañías que no respeten sus compromisos en materia de Responsabilidad Social Empresarial (RSE)

En función del poco impacto de las actuaciones del Ministerio en materia de responsabilidad social de las empresas en los últimos años, como ciudadano español, afectado por las (ir)responsabilidades de los sectores público y privado, propongo y pido a mi gobierno:

  • Establecer una autoridad independiente que supervise, reporte y rinda cuentas a los ciudadanos sobre el cumplimiento de las recomendaciones contenidas el informe Cien medidas para un nuevo impulso de la Responsabilidad Social Empresarial;
  • Instaurar un régimen sancionador, por incumplimientos, para los responsables de la implementación de las “Cien medidas para un nuevo impulso de la Responsabilidad Social Empresarial.”

Y asumiré mis responsabilidades como consumidor, votante, educador, autor y experto en responsabilidad empresarial, en exigírselas a las empresas con las que interactúo.

b.     Para mejorar la promoción de la responsabilidad de las empresas: Cooperar para competir.

Y para intensificar la asunción de las responsabilidades de las empresas ante la sociedad no basta con las actuaciones de los gobiernos. Son necesarias las actuaciones de las empresas, de las instituciones de la sociedad civil y sobre todo de los ciudadanos, en los papeles que ya hemos mencionado. Es necesario “cooperar para competir” (o sea, CUMPETERE, El nombre de este blog).

1.      Los gobiernos, todos.

En vez de una actitud de antagonismo, de confrontación, para los ciudadanos, o sea, la sociedad, sería más fructífera una actitud positiva, de apoyo a las empresas. En buena parte el aspecto #10 del informe: “La relevancia del rol de fomento de las administraciones públicas”, contiene excelentes recomendaciones (pero adoleciendo de los problemas generales para su implementación mencionados en la sección IV), por lo que no hace falta repetirlas aquí. 

Y tiene una omisión, que es digna de encomio: No propone el otorgamiento de sellos o premios a empresas por un comportamiento que debería ser lo esperado, lo normal, nada extraordinario. Lamentablemente el Ministerio está instituyendo un sello. [ix]

Pero la situación actual no proporciona muchas esperanzas sobre este papel. Por ejemplo, El portal de Responsabilidad Social del Ministerio de Trabajo y Economía Social, que debería contener las estrategias, planes de acción, objetivos, recursos, instrumentos de apoyo a las empresas y un gran etcétera, está muy desactualizado [x] (consultado el 23 de mayo del 2026) y no registra ni la reactivación del CERSE, ni menciona el documento de las cien medidas.

2.     Sector privado y sociedad civil.

La participación del sector privado, a nivel de instituciones gremiales y de empresas individuales es clave, no solo como respaldo sino sobre todo como ejemplos a seguir. Para no extendernos en esta sección, sugerimos al lector interesado en más detalles consultar el capítulo 6 de uno de mis libros [xi] y los artículos citados en las siguientes notas al pie.

Adicionalmente, las instituciones de la sociedad civil ejercen un papel clave por su conocimiento de las necesidades expectativas de la sociedad, su capacidad de ejecutar proyectos y programas para potenciar la efectividad de los actuaciones de las empresas, e inclusive por su independencia, especialmente los medios de comunicación, para denunciar comportamientos irresponsables. [xii]

Y en la sociedad civil las instituciones educativas también tienen un papel muy relevante, en particular las que dedica a la formación de futuros dirigentes.[xiii] Pero además se debe aprovechar la capacidad de la educación formal, desde la primaria (sí, desde la primaria [xiv]) hasta la terciaria [i], para educarlos en el respeto de las personas y del medio ambiente y desarrollar en el alumnado su responsabilidad en el ejercicio de sus futuras funciones como consumidores, votantes, empleados, funcionarios, etc.

3.     Para mejorar la efectividad del informe

No es nada fácil, pero proponemos 10 medidas que podrían contribuir. El Ministerio debería:

1.      Priorizar las medidas, en el contexto de las regulaciones ya existentes en la Unión Europea;

2.      Reducirlas a lo que se considere manejable dentro las restricciones de recursos, tiempo y espacio (¿no más de 20?). Nada mejor que algunos éxitos en el corto plazo para apoyar la implementación del resto;

3.      Ponerlas en lenguaje que facilite su implementación y permita verificar su efectividad;

4.      Consensuarlas con la representación gremial y algunas instituciones especializadas de la sociedad civil;

5.      Establecer metas de logro con una secuencia de implementación;

6.      Asumir responsabilidad por la implementación de este número reducido de medidas;

7.      Buscar la colaboración y la asunción de responsabilidades por su implementación en las medidas que excedan sus atribuciones;

8.      Conformar un mecanismo de coordinación: (1) entre las diferentes unidades de la administración pública; (2) con las administraciones de las comunidades autónomas; (3) con las entidades gremiales (en vez de establecer mecanismos de confrontación) y de la sociedad civil, y (4) con el CERSE (que es una institución excesivamente compleja [xv]);

9.      Establecer un mecanismo de rendición periódica de cuentas a la ciudadanía sobre el progreso logrado;

10.   Estimular a las partes involucradas en la implementación, comenzando por el Ministerio, la asignación de recursos financieros y humanos para ello.

VII.         Y un comentario de cierre.

Si las medidas hubieran sido desarrolladas teniendo en cuenta que se deberían asumir las responsabilidades por su implementación efectiva y rendir cuentas al público, con consecuencias, serían muchas menos, se habrían redactado de forma muy diferente y a lo mejor serían implementables.

Pero estos no fueron los criterios de inclusión y redacción de las medidas.

Perro de muchos dueños se muere de hambre.


[iv] Aunque el artículo es del 2014, el concepto está vigente, ver Como no promover la RSE en España: Cada uno por su cuenta

[vii] Socialism is being left behind in Europe, The Economist, 14 mayo 2026.

[xv] Ver Consejo Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas de España: ¿Se reactiva? ¿En serio?

[i],  Ver La responsabilidad sublime de la universidad ante la sociedad: ¿Alcanzable?, conferencia magistral en la reunión de la MetaRed S de Universia, Universidad del Pacífico, Lima, 22 de septiembre 2025.

sábado, 16 de mayo de 2026

¿Lo que hacen las empresas o lo que logran con lo que hacen?: El impacto importa.

 Tiempo de lectura: 15 minutos.

¿Cuáles son las empresas de mayor impacto social y medioambiental? ¿Se puede valorar el impacto? El 12 de mayo del 2026 la revista TIME publicó el informe The World's Most Impactful Companies of 2026. [i] Es una clasificación, una lista, lo que de inmediato llama la atención. Nada más atractivo que una lista de los mejores 10-50-100 (los que sean) restaurantes-películas-novelas (lo que sea).  Y es publicada en un revista de circulación masiva, generalista, lo que lleva a pensar que es otra clasificación de empresas, una más del montón de listas para atraer la atención. 

Pero no, esta lista sobre sostenibilidad empresarial es una de las más ambiciosas de las muchas que he analizado. Está basada en lo que las empresas logran, no en lo que hacen: lo que cuenta es el impacto, el cambio logrado para bien.

La lista tiene sus problemas, como toda clasificación, por muy cuantificada que sea, pero en este caso se obvian muchos de los problemas de este tipo de listas. En este artículo analizamos las características de esta clasificación y para apreciar mejor su superioridad la contrastamos con otras clasificaciones populares. También comentamos algunas de las deficiencias que surgen de su metodología para poner en contexto su potencial utilidad para los interesados en la sostenibilidad empresarial.

I.                ¿De qué es la clasificación?

La calificación es sobre el impacto de las actividades de las empresas, en este caso en la sociedad y el medio ambiente. Pero ¿qué tiene esta calificación de especial? Mucho, y es que en sostenibilidad empresarial se abusa mucho del término “impacto”, y este es uno de los pocos casos en que su uso está justificado y es lo la distingue de la gran mayoría de las calificaciones de sostenibilidad.

a.     Actividades, productos, resultados e impacto.

Para apreciar estas diferencias es conveniente hace un breve repaso a cuatro conceptos que se suelen usar indistintamente para referirse a los logros de las empresas. Esto lo habíamos ya analizado en otro artículo específicamente sobre esta confusión por lo que solo haremos un breve resumen. [ii] Decíamos:

A efectos poner en contexto el reporte de los impactos de las actividades empresariales en el logro de su sostenibilidad, consideremos que estas actividades llevan a productos, que logran resultados y por último tienen (deberían tener) impacto.

Lo que ilustrábamos con estos tres ejemplos:

 

Insumos

Productos

Resultados

Impacto

Consejos inclusivos

Búsqueda de mujeres cualificadas

Desarrollo profesional de las mujeres

Número de mujeres en el consejo

Mejora en la efectividad de las decisiones

Ética contra la corrupción

Consultores contratados

Código de ética aprobado

Diseminación y entrenamiento del personal

Disminución del impacto financiero o reputacional de las violaciones

Desarrollo profesional

Contratación de programas de desarrollo

Horas de educación impartidas, número de participantes

Aprendizaje de los participantes evaluados positivamente

Mejora en la productividad del personal

 

La gran mayoría de los indicadores que se reportan en los informes de sostenibilidad y que son usados en las calificaciones de sostenibilidad se refieren a insumos, productos o resultados, no al impacto, no al cambio logrado, aunque muchas veces lo denominan como tal. De hecho, las regulaciones de la Comisión Europea sobre el reporte de información referente a sostenibilidad no hacen las distinción. Es de destacar que medir el impacto no es sencillo, a veces el impacto solo se logra en el mediano a largo plazo. Pero ello no obsta para que se hagan los esfuerzos que sean factibles, y por lo menos no pretender que los insumos, productos o resultados reflejan impacto. A lo sumo son condición necesaria, pero definitivamente no suficiente,

La calificación que analizamos pretende usar medidas de impacto en este sentido estricto y hacerlo con valores monetarios, que es lo que debe importarle a la sociedad.

b.     ¿Cómo miden el impacto y como lo valoran?

La clasificación de las empresas se basa en gran medida en una calificación de impacto, que es determinada por la empresa finlandesa Upright.. En un artículo anterior consideramos en más detalle esta determinación de los impactos, positivos y negativos de las actividades de las empresas. [iii] Según la publicación de la lista:

El Impacto Neto busca medir la eficiencia con la que una empresa genera valor en relación con los recursos que consume y el impacto negativo que ocasiona. Evalúa de manera integral 19 categorías distribuidas en cuatro dimensiones: Medio ambiente, Salud, Sociedad y Conocimiento. Cada dimensión abarca tanto los impactos positivos como los negativos. Para garantizar la comparabilidad entre diversos tipos de impacto, The Upright Project emplea un modelo económico de costo-beneficio que traduce todos los impactos a un valor monetario, utilizando datos del Banco Mundial, el FMI, la OMS y otras instituciones destacadas. Esto permite estimar la contribución neta de una empresa al mundo.

Esta es una determinación del valor monetario neto de los impactos sumamente compleja y que hace múltiples supuestos, basado en la estimación de, por ejemplo, los costos sobre la salud de la contaminación, el valor económico de vidas humanas, el valor de la biodiversidad, el valor de la educación, entre muchas otras. El hecho de que las obtengan de instituciones reputadas no les confiere precisión, a lo sumo el mínimo de credibilidad necesario.

c.     ¿Cómo se determina la clasificación por impacto?

Basándose en las calificaciones de impacto neto de Upright, la consultora Statista hace la clasificación de las empresas, calculando un coeficiente que además considera el volumen de ingresos de la empresa y su potencial contribución al logro de los objetivos de desarrollo sostenible, ODS, bajo el supuesto de que el potencial impacto está influenciado por el tamaño de la empresa (aunque lo hacen vía un factor de moderación) y de cuan alineado el impacto está con los ODS, que suponen representan las necesidades de la sociedad.  Si bien esta basada en el valor monetario del impacto calculado por Upright, se le amplifica en función de poder llegar a una mayor parte de la sociedad y de ser más acotado a los ODS.  [iv]

d.     ¿Es impacto lo mismo que sostenibilidad empresarial?

No, no es lo mismo, pero es una medida muy superior a las que pretenden la agregación de múltiples indicadores que se refieren mayormente a actividades, productos y a lo sumo resultados, del pasado, y en mejor de los casos, de intenciones para el futuro.  Le falta la envolvente que determina la sostenibilidad, que se refiere a las sinergias y conflictos entre las diferentes actividades, productos y resultados y a la implementación de las políticas, procesos, procedimientos, incentivos positivos y negativos a los responsables de esa sostenibilidad, y, sobre todo, a la cultura organizacional que la hace posible.[v]  Sostenibilidad es un concepto de futuro y es mayor que la suma de sus partes. Estos factores de la envolvente son los que hacen que el impacto, medido en el presente, se proyecte y se potencie en el futuro.  Todas las medidas comúnmente en uso para la sostenibilidad empresarial tienden a ignorar la sostenibilidad de la sostenibilidad en el futuro.

Pero la medición y valoración del impacto es un paso de gigantes para la determinación de la sostenibilidad empresarial, aunque no haya un concepto universal que se preste a medición cuantitativa.

II.             ¿Por qué es más confiable que otras calificaciones de sostenibilidad?

Aun cuando a priori se puede tener una apreciación del valor intrínseco de las calificaciones para los usuarios, es más apreciable si se hace en términos relativos a otras calificaciones. Para apreciarlo, la compraremos con otras muy popularizadas, como lo son las calificaciones de sostenibilidad (ASG) y sus correspondientes clasificaciones, las clasificaciones basadas en encuestas de opinión del público y los premios y sellos sobre la sostenibilidad de las empresas.

Las deficiencias de estas calificaciones las hemos analizado en múltiples artículos, por lo que solo destacaremos aquellas que tienden a ser obviadas por la calificación de impacto.

a.     Calificaciones y clasificaciones de sostenibilidad empresarial.

Estas son ampliamente usadas en la industria de la inversión socialmente responsable, usando criterios medioambientales, sociales y de gobernanza, ASG. En el mercado hay decenas de calificadoras, cada una con su metodología propia, produciendo resultados que suelen discrepar mucho unos de otros. [vi] En general, estas calificaciones son un promedio ponderado de los valores asignados a un decenas de indicadores en aspectos A, S y G, que consideran relevantes para el sector industrial de la empresa y con pesos relativos también asignados por las calificadoras. Implícitamente suponen un modelo de lo que debe ser la sostenibilidad de la empresa, que no necesariamente refleja los aspectos materiales para la empresa. [vii]

Los indicadores suelen ser de actividades, productos o resultados, pero nunca de impacto. Implícitamente suponen, por ejemplo, que tener mujeres en el Consejo, o tener un plan de reducción de emisiones, o gastar X miles en entrenamiento del personal hace a la empresa sostenible. Adicionalmente suelen ignorar los efectos negativos de sus actividades, y en el mejor de los casos compensarlas con aquellas que tienen efectos positivos e ignorar los impactos negativos de los productos o servicios. Una tabacalera, que tenga practicas regenerativas de cultivo, o una empresa de apuestas y una de bebidas alcohólicas, que tengan programas contra la adicción acumularán puntos positivos, pero no negativos por la destrucción de hogares o el daño a la salud. [viii]

b.     Clasificaciones basadas en encuestas de opinión.

Están basadas en encuestas al público en general sobre sus percepciones o (des)conocimiento de las prácticas responsables de la empresas, basadas en decenas de preguntas sobre decenas de empresas. [ix] Es muy poco probable que un miembro del público en general conozca las prácticas responsables medioambientales, sociales y de gobernanza de ninguna empresa. A lo sumo habrá oído hablar de alguna práctica en alguna empresa, vía información selectiva controlada por la empresa, y extrapola esa limitadísima percepción, que no conocimiento, a otros practicas (el llamado efecto aureola [x]). Las calificaciones, más que tener relación alguna con la sostenibilidad, reflejan el conocimiento popular de algunos productos o servicios de las empresas, por lo que tienden a destacar empresas de consumo masivo.

c.     Premios y sellos de sostenibilidad empresarial[xi]

Para el otorgamiento de premios y sellos de responsabilidad las instituciones, muchas veces públicas, utilizan información suministrada por las mismas empresas para optar al distintivo, sin corroboración de su veracidad o confiabilidad. Salvo en los casos que se otorgan por prácticas específicas, se enmascaran posibles prácticas irresponsables.  Y se otorgan por actividades, no por impacto. La empresa se vanagloriará de haber sido reconocida como entre “las más responsables”. Suelen ser otorgados a las empresas que logran presentar mejor la información, no las más sostenibles.

d.     ¿Por qué esta clasificación de impacto es más confiable?

La clasificación de impacto intenta medir el valor económico de los impactos positivos y negativos y no presupone modelo alguno sobre lo que deben ser las actividades de las empresas. Las calificadoras ASG no solo presuponen los aspectos que son genéricamente relevantes, sino que además les asignan importancia relativa [xii]. La calificación de sostenibilidad intenta valorar todos sus impactos sociales y medioambientales y su importancia relativa son su valores monetarios. Si bien está basada en información del dominio público sobre las empresas, como otras calificaciones, esta hace una valoración de todos los impactos basándose en estudios científicos y económicos sobre las consecuencias de esos impactos en la sociedad y el medio ambiente.

Consideremos algunos ejemplos para contrastar estas calificaciones. La empresa calificada como la de mayor impacto es Moderna, la farmacéutica que desarrolló la tecnología para el desarrollo, en tiempo record, de las vacunas contra el COVID. Con esto Moderna contribuyó a salvar millones de vidas, resolviendo un problema crítico para la sociedad, con un amplísimo alcance, y contribuyendo a reducir el impacto socioeconómico de la epidemia.  Esto de mucho mayor valor que producir un informe de sostenibilidad o donar recursos a la comunidad.  Aquello es impacto real.  

Tesla, la empresa pionera y líder en la producción de vehículos eléctricos, calificada en esta lista en sexto lugar, ha contribuido a la reducción de grandes volumen de gases de efecto invernadero, en consecuencia, contribuyendo también a mejorar la salud y eventualmente salvar vidas. Cuando la calificadora S&PGlobal hizo la calificación para seleccionar a los integrantes de un índice de sostenibilidad en el 2025, que sirviera de guía a los inversionistas responsables, substituyó a Tesla por Exxon, una las mayores productoras de combustibles fósiles. En ese momento se reveló que Tesla había tenido problemas laborales (su principal accionista y CEO  no es un modelo de virtud) y le redujeron el puntaje y que Exxon había producido un plan para la reducción de las emisiones en el largo plazo (que no está siendo implementado), que le subía el puntaje. ¿Cuál es la contribución relativa al bienestar de la sociedad y del planeta de Tesla y Exxon?

Ejemplo de los resultados de Tesla

La calificación de impacto intenta medir esa contribución. No le da valor a lo que relativamente son banalidades, como por ejemplo el reciclaje de metales de una productora de armas o la existencia de plan del logro de neutralidad de emisiones no factible de implementar. Lo valorará cuando se hayan logrado las reducciones.

El impacto no depende ni de qué ni de cómo reporta, sino de lo que hace, con o sin estrategia de sostenibilidad, con o sin información al público, con o sin políticas anticorrupción, que ayudan, pero no son el impacto. Y el impacto es función de la contribución de sus productos y servicios, de cómo la innovación contribuye a la solución de problemas críticos para la sociedad y de cuan extendido es el alcance

En esta calificación el tipo de producto o servicio tiene una gran influencia, ¡como debe ser! ya que es con ello que se logra impacto. Recordemos que las calificaciones ASG suelen ser todo lo contrario, tienden a ignorar o subestimar la responsabilidad del producto o servicio, por lo que muchas estrategias de inversión responsable excluyen, de entrada, valores de empresas con productos o servicios considerados irresponsables, al no capturarlo las calificaciones.

e.     ¿Por qué listar 500 empresas?

Puede parecer una pregunta irrelevante, pero creo que la respuesta puede contribuir a valorar el ejercicio. Upright, la empresa que hace las mediciones de impacto lo hace sobre más de 70 000 empresas y más de 43 000 fondos de inversiones, por lo que la información la tienen. Especulo que con ello quieren enviar dos mensajes: (1) que hay muchas empresas relativamente desconocidas que tienen impacto y merecen ser reconocidas, que no se trata de las mismas de siempre; y, (2) para ampliar su base de clientes mostrando que disponen de información sobre un gran número de empresas (algo parecido sucede con el ranking de las 500 mejores universidades). Pero al listar 500 empresas se diluye el interés del lector.

El hecho de que analicen todo tipo de empresas, no solo las que cotizan en bolsas de valores, sino además las privadas y las del sector público, amplía la información disponible a los interesados en la sostenibilidad de las empresas, más allá de los inversionistas, cuyo interés se suele limitar a sus valores bursátiles.  Permite a consumidores, reguladores y organizaciones de la sociedad civil disponer de información para su toma de decisiones. De allí a que estos utilicen la información hay un gran trecho, pero estaría disponible.    

Entre las 200 primeras hay nueve de Iberoamérica (solo tres entre las 100 primeras), cuatro de España, Grenergy (energía renovable), Acciona (infraestructura), FCC (medioambiente, infraestructura), Endesa (energía), y cinco de Brasil, Sabesp (agua y saneamiento) y Rede D'Or (salud), CEMIG (energía eléctrica), Advida (salud) y Copel (energía). [xiii]

III.           Aunque tiene sus problemas.

El hecho de que este basada en números y que alardee constantemente de que está basada en “la ciencia” (science-based) no quiere decir que la calificación que se le asigna a cada empresa es objetiva, robusta. No, como mencionamos arriba es muy superior a otras calificaciones y sus resultantes clasificaciones, pero no indiscutible. Tiene que hacer supuestos y en ellos hay subjetividad.

No puedo ser lo explicito que me gustaría porque no conozco los detalles de la metodología, buena parte de ella está en la “caja negra”, conozco solamente las generalidades que han puesto a disposición del público, por lo que comento a continuación debe tomarse solamente como indicativo, no definitivo.

a.     Medición del impacto.

Si bien identifican los impactos que pueda tener la empresa, estos contienen supuestos con respecto a su logro efectivo. Recordemos el verdadero impacto puede tardar tiempo en materializarse.  Se supone que un programa de salud puede reducir el ausentismo, pero no deja de ser un supuesto.

b.     Respaldo científico.

Utilizan herramientas de la inteligencia artificial para identificar los impactos de las actividades empresariales, con acceso a más de 300 millones de artículos científicos (de la base de datos de CORE). Pero el hecho de que utilicen artículos científicos no lo confiere automáticamente relevancia al caso en cuestión. Adicionalmente, aunque han sido publicados en publicaciones con esquemas rigurosos de revisión no quiere decir que sus resultados sean infalibles. Por otra parte, hay contradicciones entre los resultados de publicaciones, que dependen mucho de la metodología utilizada.  De hecho, muchos casos de metaanálisis (revisión de múltiples estudios sobre un mismo tema) encuentran contradicciones. [xiv]

c.     Valoración del impacto.

Para poder agregar los impactos y no tener que recurrir a ponderaciones, más o menos arbitrarias, de los pesos relativos de cada uno, los convierten valores monetarios, así su importancia relativa es función de su valor monetario. Con esto se obvia el problema de la arbitrariedad de las ponderaciones que hacen las calificadoras de sostenibilidad, pero se pasa a la dependencia de las valoraciones monetarias de los impactos.  Estas valoraciones suelen ser genéricas, estimadas en base a casos hipotéticos, dependientes de múltiples supuestos, no son específicos al caso de cada empresa. ¿Cuánto vale una vida? ¿Cuál es el valor de la educación superior? Depende.

d.     Automatización del proceso.

Para poder llevar a cabo estas extensivas tareas sobre decenas de miles de empresas, millones de artículos científicos y centenares de fuentes sobre la valoración de impactos, el proceso debe ser altamente automatizado, lo que no permite hacer análisis sobre la confiabilidad de los resultados individuales, aunque es de suponer que sí los revisan para asegurarse consistencia lógica.

IV.            En resumen: El impacto importa.

Estos problemas potenciales añaden incertidumbre a las calificaciones y clasificaciones, por lo que no deben tomarse como precisos.  ¿Representan los valores del impacto neto la contribución de las empresa a la sociedad? Posiblemente no, pero el número no es tan importante como el concepto, el poner el foco donde debe ser, con la perspectiva lo que es relevante, lo que cambia para bien a la sociedad y el planeta, distinguiéndolo de lo superfluo, lo que tiene mínimos impactos.

Las estimaciones no dejan de ser una guía, pero mucho más útil para la toma de decisiones de los usuarios de la información sobre sostenibilidad, evitando errores como el suponer que la sostenibilidad de la empresa está determinada por intenciones, planes y programas como el tener un comité de sostenibilidad, de incentivos a los ejecutivos por actividades, productos o resultados (nunca por impacto logrado) o por mejorar el balance de género en la empresa (condición necesaria, pero no suficiente).

Por ello no debemos darle excesiva importancia a la calificación relativa ya que las diferencias en los coeficientes finales son mínimas.  Podemos decir que tienen un razonable margen de error atribuible a las metodologías utilizadas.

Lo relevante para los interesados en la sostenibilidad empresarial es que lo que importa es el impacto y que estas aproximaciones, imprecisas, muestran el camino a seguir para distinguir la paja, actividades, productos y resultados, del trigo, el impacto, el cambio logrado.

Este artículo habrá logrado su objetivo si los lectores miran con mas suspicacia, con criterio crítico, las calificaciones de sostenibilidad basadas en criterios ASG, las encuestas de opinión y los premios y sellos por sostenibilidad y empiezan a exigir información sobre impacto a las empresas.



[i] Está disponible el webinar y las transparencias de la presentación.

[iv] Esta breve descripción no le hace justicia a la metodología, por lo que el lector interesado debería consultarla.

[ix] Ver el artículo de la nota 5 y Otro ranking de RSE: ¿De qué?

[xii] No obstante, es de destacar que algunas calificadoras ASG producen calificaciones especializadas en algún aspecto muy específico, por ejemplo, cambio climático o género. En la medida que sean más acotadas, mayor podría ser su confiabilidad.

[xiii] Echo de menos la presencia de Natura, una empresa considerada entre las más sostenibles del mundo en las calificaciones más convencionales. Es una B-Corp de solo 112 que cotizan en bolsas de valores (cotiza en las bolsas se Sao Paulo y Nueva York, la única da America Latina).

[xiv] El caso de los estudios sobre el impacto de la sostenibilidad en la rentabilidad de las empresa es muy paradigmático, donde, por diferencias metodológicas, hay estudios que muestran relación positiva, otros negativa y otros no relación. Ver ¿Conduce la sostenibilidad empresarial a la rentabilidad? Puede ser, depende.