sábado, 30 de abril de 2011

Informes integrados: Tortas, no ensaladas


A la pobre RSE la va a matar la semántica.  Como si no le bastaran sus problemas de nombre de pila, ahora se le suman los de los nombres de sus informes.  La moda, que está tomado fuerza en el 2011 y que durará por unos años más, parece ser usar el nombre de “informe integrado” para la consolidación de los informes de sostenibilidad y los informes financieros en un solo reporte.

Hay maneras y maneras de “integrar” la información.  Recién está comenzando la discusión metodológica  del “informe integrado”.  El GRI junto con el Proyecto Accounting for Sustainability,  lanzaron a comienzos del 2010 un Comité Internacional sobre el Informe Integrado con el objeto de

“crear un esquema globalmente aceptado de contabilizar la sostenibilidad: un esquema que junte la información financiera, ambiental social y de gobernanza en un formato claro, consistente y comparable, en una palabra, un formato “integrado”. La intención es apoyar el desarrollo de información más entendible y más integral acerca del rendimiento total de la organización, de manera prospectiva y retroactiva, para satisfacer las necesidades del emergente modelo económico global, más sostenible”.   www.theiirc.org

Este comité se ha constituido con 35 miembros (¡ninguno de habla hispana!), representando instituciones de contadores, de instituciones financieras, organizaciones internacionales sobre sostenibilidad, consultoras y empresas.  A comienzos del 2011 todavía no había definido un programa de trabajo. Es de esperar que el Comité termine recomendando estrategias de contabilidad, integración y reporte para la preparación del informe integrado.

Pero antes de llegar al verdadero informe integrado pasarán muchos años y se requiere dentro de las empresas de un largo y costoso proceso.  Sin embargo, como es de esperar, muchas empresas querrán anticiparse y emitir “informes integrados” antes de que se complete el proceso.  Ello tiene la ventaja de contribuir, vía el ejemplo y la competencia sana entre reportes, a avanzar la práctica y adquirir experiencia.  Tiene la desventaja de que la falta de coordinación y consistencia puede llevar a muchos modelos y a grandes confusiones sobre lo que es un informe integrado y sobre su uso, sobre todo en los usuarios, que apenas empiezan a entender y leer los informes de sostenibilidad.

Corremos el riesgo de aplicar el nombre común de informe integrado a múltiples grados de integración de información y de estrategias. Por ahora, cualquier cosa será un informe integrado. Por ahora.  Hasta que tengamos reglas más claras de lo que constituye un informe integrado.

Entre mezclar la información financiera con la de prácticas responsables en un solo documento y producir un informe integrado, de las actividades integradas de una empresa íntegramente responsable, hay mucho trecho. Una cosa es una ensalada y otra cosa es una torta.  En el primer caso los ingredientes se mezclan, confiriendo un mejor sabor al de los ingredientes separados, pero cada uno todavía mantiene su carácter.  En una torta, los ingredientes se integran, se cocinan, produciendo también un mejor sabor que los ingredientes separados, pero haciéndolos indistinguibles.  Ya no se trata de harina, azúcar, levadura o mantequilla, se trata de una torta.   No se pueden desintegrar los ingredientes, el proceso es irreversible.

Recientemente el BBVA presentó un informe de sostenibilidad “integrado”, que por ser uno de los pioneros es interesante analizar con un poco más de detalle.  No entraremos a comentar las prácticas del BBVA ni la calidad del reporte, que no son el objeto de este artículo, sólo comentaremos la “integración” de la información financiera y de sostenibilidad, o de responsabilidad corporativa, como la llama el BBVA.

Decía mi tocayo Toni Ballabriga,  Director de Responsabilidad Corporativa (RC) del Grupo BBVA, en la presentación del informe, que en el BBVA “el informe integrado es una consecuencia de la integración de la RC en el modelo de negocio”.  Como debe ser.  Yo me atrevo a añadir que el proceso de producción del informe integrado contribuirá a la integración de la RC en el negocio, hasta que la RC y el negocio sean indistinguibles y se consume la unión.  Esto es uno de los múltiples pasos que hay que dar para llegar a la integración del reporte lo cual, a su vez, debe contribuir a la integración de las estrategias y cambiar de empresas con prácticas responsables a las empresas integralmente responsables.

El capítulo III.8 Etapas en los informes de sostenibilidad: Hacia el informe integrado, de mi reciente libro[1] incluye una descripción de las etapas por las que pasa el proceso de la preparación de la información de sostenibilidad hasta llegar al ideal (por ahora) del informe integrado.  Comenzando por la producción de los informes, pasando por una etapa de focalización para adaptarlo a las necesidades de los stakeholders, por la integración física de la información, para luego ir a la integración estratégica de las acciones y reportes y finalmente hasta el Estado Único, con la integración de los números financieros y de impacto social y ambiental.

El informe del BBVA está entrando en la etapa de integración física, con elementos de integración estratégica y de focalización, donde la información y acciones están juntas pero no revueltas.  Es todavía una ensalada, bien aderezada, pero ensalada.  Se está comenzando apenas la integración de la gestión, al responsabilizar al Comité de Dirección del Grupo de las funciones del Comité de responsabilidad y reputación corporativas, entre otras acciones. Como el mismo Toni reconoce, falta muchísimo por recorrer.  Sería un gran error subestimar el tiempo y esfuerzo que llevará pasar a la siguiente etapa de “integración estratégica” donde las estrategias de sostenibilidad y del negocio se van integrando y reforzando mutuamente, hasta constituir una estrategia única, hasta llegar a hacer la torta.

Aun cuando el BBVA dice que después de nueve años se ha dejado de producir el informe de sostenibilidad o de RC, todavía se hace y se reporta en forma separada en el sitio www.bancaparatodos.com.  Obviamente, después de haber recopilado toda la información, es deseable, en aras de la transparencia y para atender los intereses de stakeholders particulares dar más detalles de los que cabrían en el infirme anual o “informe financiero” (¡mal nombre!), como llama el BBVA al informe integrado.  De lo contrario se abrumaría este último con información no financiera y perdería balance.  Esto nos lleva a resaltar la importancia del proceso de transición.

Eventualmente las empresas (algunas ya lo hacen) presentarán información virtual enfocada a los intereses de cada grupo de stakeholders, en substitución del informe separado, como se suele hacer ahora, que es preparado en función de la disponibilidad de información interna o de los deseos de las diferentes unidades que lo preparan.  Serán secciones preparadas atendiendo a la demanda mas que en base a la oferta de información.  Será una etapa simultánea o paralela de “focalización”.  Porque hasta que se acuerde lo contario, se tendrán que seguir reportando los indicadores GRI y se tendrán que seguir reportando, en informes suplementarios, actividades a las que los stakeholders se han ido acostumbrando y que requieren de las empresas.

Lo que presenta el BBVA es una laudable tendencia hacia el informe integrado pero todavía está lejos de un informe integrado.  La asignación de las responsabilidades de RC al Comité de Dirección es un importante paso adelante hacia la integración de las prácticas responsables en la estrategia de la empresa, que es el desiderátum número uno de la responsabilidad social.  Pena da que sean tan pocas las empresas que tienen esa integración.

Pero hay que felicitar al BBVA por el esfuerzo, el logro y las intenciones de seguir avanzando en el proceso de integración.

Algún día pasaremos de la ensalada a la torta, pero estamos comenzando[2].


[1] Mirada Crítica a la Responsabilidad Social de la Empresa, Cumpetere, Washington, 2011.  Disponible en www.cumpetere.com a partir de principios de junio de 2011.
[2] El lector interesado también puede leer mi anterior artículo sobre este tema Hacia el informe integrado: Hay progreso en mi blog.  También mi reseña del libro de Robert G. Eccles and Michael P. Krzus One Report: Integrated Reporting for a Sustainable Strategy, Wiley, 2010, publicada en el número 6 (Sept-Dic 2010) de la Revista de RSE de la Fundación Luis Vives.

lunes, 25 de abril de 2011

NUEVO LIBRO SOBRE RESPONSABILIDAD SOCIAL DE LA EMPRESA



MIRADA CRITICA A LA RESPONSABILIDAD SOCIAL
DE LA EMPRESA EN IBEROAMERICA

Antonio Vives




Este libro contiene  52 de los artículos, clasificados, revisados y actualizados, publicados en los primeros tres años del blog Una Mirada Crítica a la Responsabilidad Social de la Empresa en Iberoamérica (www.cumpetere.blogspot.com) y 4 artículos inéditos, de mayor envergadura, que han sido escritos especialmente para el libro. Un total de 56 artículos.

Los 56 artículos están divididos en siete partes y la conclusión:

Primera Parte: ¿Qué es?
Segunda Parte: Confusiones
Tercera Parte: Gestión y reporte
Cuarta Parte: Lecciones de la crisis
Quinta Parte: Premios, rankings, acreditaciones, normas, índices
Sexta  Parte: Diálogos “para leer mientras sube el ascensor”
Séptima Parte: Un poquito de humor
Conclusión: La Responsabilidad Social de la Empresa en los tiempos del escepticismo

Los cuatro artículos publicados por primera vez, para este libro, son:

  • A manera de resumen: Una entrevista
  • Etapas en el informe de sostenibilidad: Hacia el reporte integrado.
  • ¿Cómo se deben otorgar premios responsablemente?
  • La responsabilidad en los tiempos del escepticismo

El objetivo del libro, como el del blog, es analizar acciones y eventos que tengan impacto sobre las prácticas responsables de la empresa de una manera crítica., amena y didáctica. 


Será publicado por Cumpetere en mayo de 2011 y estará disponible en www.cumpetere.com a partir de junio.

Será presentado en la VIII Conferencia Interamericana sobre Responsabilidad Social de la Empresa, en Asunción, Paraguay, el 26 de mayo a las 11:00 am.


martes, 5 de abril de 2011

Responsabilidad social en la PyMES


En las últimas semanas he notado un creciente interés en el tema la de la RSE en PYMEs.  Diario Responsable creó un grupo de discusión y FRSIberoamérica tuvo un Twitter chat.  No he tenido oportunidad de participar en estos eventos, pero les ofrezco lo que escrito como mi contribución, para lo que pueda ayudar.  Son dos artículos y un libro, disponibles en la sección de publicaciones en mi sitio www.cumpetere.com :


Un capítulo conceptual sobre el tema, en inglés, publicado en un libro

“Responsible practices in small and medium enterprises”, Chapter 8 in the Gower Handbook on Corporate Governance and Corporate Social Responsibility, Aras, G. and Crowther, D. editors, Gower Publishing, 2010.

Un libro como resultado de una investigación empírica llevada a cabo por IKEI en América Latina y que coordiné y que se publicó desde el BID.

Responsabilidad Social de la Empresa en las PyMEs de Latinoamérica. Banco Interamericano de Desarrollo, 2006.

Y un artículo, en inglés, resumen del libro anterior, publicado en la revista Journal of Corporate Citizenship en 2006.  Fue reproducido en un manual de RSE en 2007.  .

“Social and Environmental Responsibility in Small and Medium Enterprises in Latin America”, Journal of Corporate Citizenship, Number 21, January 2006.  Reproduced in Vol. I of Corporate Social Responsibility, Crane, A., and Matten, D., Editors, Sage Publications, 2007.


También habrá un capítulo en el libro "Responsabilidad Social de la Empresa en América Latina: Manual de Gestión", que publicará en BID en mayo, compilado por el suscrito y Estrella Peinado-Vara y que incluye 23 capítulos de 14 autores, de 9 países.

A lo mejor alguien quiere producir una Bibliografía de lo que se ha escrito sobre RSE en PyMEs en Iberoamérica.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Sin incentivos no hay paraíso: Tercera Parte

En junio del 2010 publicamos en el Blog de Cumpetere un par de artículos sobre la importancia de los incentivos para la implementación de las prácticas responsables dentro de la empresa (Sin incentivos no hay paraíso, Primera y Segunda Parte).  En esos artículos destacábamos la importancia de los incentivos para estimular el comportamiento responsable y abogábamos por la utilización de incentivos no financieros, que podrían alinearse mejor con las prácticas responsables.

El 30 de marzo de 2011 en el boletín knowledge@Wharton de la escuela de negocios de la Universidad de Pensilvania,  se publica un breve artículo (tres páginas y media) sobre este mismo tema  The Problem with Financial Incentives -- and What to Do About It.  Este artículo pasa revista a una serie de investigaciones sobre los incentivos en general y los financieros en particular, concluyendo que si bien los incentivos financieros atados al rendimiento pueden contribuir a su mejoramiento, tienen una serie de riesgos que pueden producir resultados negativos, en particular estimular comportamientos no éticos.

Los riesgos que apuntan son los siguientes:

·         Comportamiento no ético, a fin de mejorar la remuneración;
·         Sentimiento de inequidad,  reducción de la colaboración y aumento de la rotación entre el personal; y,
·         Reducción de la motivación para hacer el trabajo. El trabajo se orienta a la consecución de los incentivos financieros.

El artículo incluye un ejemplo sobre la perversidad de los incentivos financieros que no tiene desperdicio.  Cuando una empresa de alimentos enfrentó un problema de que se encontraban partes de insectos en sus productos ofreció incentivos financieros a quien los encontrara y eliminara.  ¿Qué haría Ud. para aumentar su bonificación?   Pues los empleados empezaron a añadir insectos para luego reportarlos, inclusive trayéndolos de su casa. 

Y la crisis financiera fue un extraordinario ejemplo, en gran escala, de que lo de los incentivos financieros perversos no es tontería.  Al bonificar por ganancias en el corto plazo se estimuló la toma de riesgos excesivos, que podían producir beneficios en el corto plazo, pero pérdidas que terminaron siendo cubiertas por los gobiernos (la sociedad).  El resultado ya lo conocemos.

Según un estudio de estudios (meta análisis), se concluyó que los incentivos financieros contribuyen a un promedio del 45% de mejora del rendimiento y productividad.  De allí que no propongan eliminarlos, pero para contrarrestar esos riesgos proponen que los incentivos financieros sean:

·         Utilizados para tareas que no son del interés intrínseco de los empleados,
·         sean administrados en pequeñas cantidades; y,
·         sean complementados con incentivos no financieros.   

La motivación del ser humano es un asunto extremadamente complejo que va más allá del simple incentivo financiero. Por ello, los incentivos complementarios deben contribuir a darles:

·         Autonomía, en sentido de permitirles ejercer sus destrezas
·         Enriquecimiento, en el sentido de permitirles aprender, desarrollar capacidades y experiencia
·         Propósito, para permitirles contribuir a una causa con la que se identifiquen
·         Conexión, para satisfacer la necesidad de pertenecer y ser parte del grupo.

Todos estos criterios, pero los dos últimos en particular, pueden y deben ser incorporados en los incentivos no financieros para involucrar a los empleados en las actividades responsables de la empresa.  El artículo no comenta sobre el cómo desarrollar estos incentivos no financieros, lo que sí sugeríamos en la Segunda Parte de nuestro artículo.

El ejemplo del efecto de los incentivos no financieros lo muestran con el caso de un “call center” en el que se demostró que las visitas de un director externo para felicitar a los empleados por su rendimiento contribuían a un aumento de su esfuerzo en la semana siguiente.  Si las bonificaciones fueran solamente en función del número de llamadas atendidas podría pasar lo que pasa en un gran hipermercado que visito.  Me preguntaba porque los cajeros estaban siempre apurados y no querían resolver ningún problema que se les presentaba.  La respuesta resultó simple.  Tenían bonificaciones basadas en el número de clientes que atendían en el mes.  La calidad del servicio no cuenta.  Compiten en base a precio.

Esto ofrece importantes lecciones, como mencionábamos en nuestros artículos, para las prácticas responsables, que suelen tener costos tangibles y en el corto plazo y beneficios, a veces intangibles, en el largo plazo.  Los incentivos financieros ligados a rendimientos en el corto plazo son contraproducentes para gran parte de las prácticas responsables.  Los incentivos no financieros pueden tener mejor alineamiento con las prácticas responsables.

lunes, 21 de marzo de 2011

Confundidos SI, estúpidos NO

Parece que una vez más discreparemos Alberto Andreu y el suscrito, pero creo que no es en el fondo sino en la forma (¡Es la sostenibilidad, estúpido!, Diario Responsable, 21 marzo).  Como cuando rebatía mi artículo sobre Porter y Kramer (Si no está roto no lo arregles: Porter y Kramer sobre RSE, 26 de enero 2011 www.cumpetere.blogspot.com ) insiste en que hay que cambiarle el nombre a la RSE porque según él ha fracasado:  “los programas de “Acción Social y la Filantropía”, le han ganado la batalla a la RSC”.  Ahora vuelve a recomendar que le cambiemos el nombre por el de Sostenibilidad.

¿Es posible que cambiando el nombre de algo, cambie su naturaleza?

Sí es posible que un nombre influencie las percepciones que se tienen.  De hecho para las personas que no miran más allá del titular o del nombre, ello ocurre con frecuencia.  Pero no creo que este sea el caso de las prácticas responsables.

Si el problema es que las empresas no tienen prácticas responsables y se dedican a la manipulación de las percepciones no creo que llamándolas “Sostenibilidad”  se arreglará el roto.  Ambos tienen el mismo problema de percepción.  Quizás el de “sostenibilidad” sea peor, porque no es descriptivo.

Es cierto que el de RSE no es una maravilla de descripción, pero se ha progresado mucho en su comprensión.  Hace algún tiempo decía que le iban a surgir muchos nombres a las prácticas responsables (¿Alguien quiere ponerle un nuevo nombre a la RSE?, 17 septiembre 2009), pero ello no es por necesidad, es porque la gente se cansa del nombre y parece que se innova si le se pone un nombre diferente.

No tengo ninguna duda de que eventualmente el nombre de Sostenibilidad será el preferido, antes de que la desbanquen por otro nombre.  Así lo expresaba en un artículo en mi blog hace casi tres años (¿Quién mató a la RSE?, 8 de abril 2008). 

Hace dos años Alberto abogaba por llamarla RSE 2.0 en un artículo (en un número especial de la revista Telos, No. 79, La Responsabilidad Social Corporativa en la encrucijada, publicada por Telefónica, abril-junio 2009), cuando su cargo era Director de Reputación, Identidad Corporativa y Medio Ambiente en Telefónica (ahora su cargo es de Director de Reputación y Sostenibilidad Corporativas, mucho mejor, ¡de verdad!).  En aquel entonces yo estuve en desacuerdo, al considerar a la RSE como algo que evoluciona, que se adapta a las circunstancias, que no tiene cambios discretos como el software, sino que cambia continuamente.

Pero el punto de discusión es si basta con cambiar de nombre o tenemos que hacer algo diferente.  La “solución” que propone es: “Definitivamente, la RSC como concepto se ha gastado. Hay que hacerla más grande. Y para ser más grande hay que pensar desde ya en la Sostenibilidad. ¡Es la sostenibilidad, estúpido!”

En lo que sí estamos de acuerdo es que el problema no es de semántica, y si el problema no es de semántica, entonces la solución no pasa por un cambio de nombre. 

El problema es la actitud de los empresarios, que no ven o no pueden ver que una estrategia de RSE o de sostenibilidad puede mejorar su competitividad, si no ahora, más tarde.  Se puede engañar a mucha gente durante algún tiempo, pero no a todo el mundo todo el tiempo. Tarde a temprano quedarán desenmascarados.  Lamentablemente la reputación es gestionada más a base de relaciones públicas que a base de prácticas responsables. La solución pasa porque estos ejecutivos sientan los incentivos correctos, ya sea a través de regulaciones (por favor, con cuidado), a través de las presiones de los mercados (por favor SI), a través de bonificaciones por prácticas responsables (por favor SI), etc. ¿Cambiaremos su actitud si lo llamamos sostenibilidad?

El problema es que los consumidores no se enteran de lo que son empresas o productos responsables, aunque quisieran hacerlo.  ¿Se enterarán si lo llamamos sostenibilidad?

De lo que sí se enteran es de la filantropía y de las acciones sociales porque forman parte de la estrategia informativa de las empresas en su “gestión” de la reputación.  Es más fácil que tener que recurrir a prácticas responsables.  El problema está en las empresas y la ignorancia o confusión de los consumidores.

Y la sociedad civil y los medios de comunicación no ayudan mucho.  El problema es que los medios de comunicación están en ascuas, no colaboran o no pueden hacerlo por ignorancia (como bien lo dice José Alias en el Diario Responsable del 21 de marzo, La estupidez de la sostenibilidad).  Según una encuesta sólo el 15% de los periodistas entrevistados considera que el medio para el que trabajan trata las noticias sobre RSE bien o correctamente y un 74% relaciona a la RSE con altruismo (Servimedia y Estudio de Comunicación, julio de 2009 servimedia.es/PeriodismoSocialMedios.pdf).  ¿Cambiaremos su actitud si lo llamamos sostenibilidad?

Así podríamos seguir enumerando los problemas y sus soluciones. 

¡Ah, pero algún día…………….!

Confundidos SI y mucho, estúpidos NO.