sábado, 11 de julio de 2026

Efectividad de la sostenibilidad empresarial: ¿Solo si es cuantificable?

 

Lo que no se puede contar no cuenta

Lema de la gestión empresarial

No todo lo que se puede contar cuenta, ni todo lo que cuenta se puede contar

Atribuido a Albert Einstein

Tiempo de lectura: 10 minutos.

Uno es la posición extrema de algunos gurús de la gerencia, que afirman que para que algo se pueda gestionar, debe ser cuantificable, si no lo es, no es gestionable (o sea, que tu familia no se puede gestionar [i] ). El otro es más incluyente, si se puede cuantificar (de manera confiable) bien, pero si no se puede cuantificar no quiere decir que no existe, que es irrelevante.  Y la aparente contradicción entre estas frases es precisamente el “meollo de la cuestión” de la sostenibilidad empresarial, no todo lo que importa es cuantificable. Y reflejan la tensión que se enfrentan al interior de las empresas quienes quieren llevar a la empresa a ser sostenible, no solo desde el punto de vista financiero.

La evolución reciente de la práctica de la sostenibilidad empresarial es hacia una sinceración.  La turbulencia de los años recientes está calmándose y llegando a un punto en que las posiciones extremas del todo es bueno o todo es malo, se han abandonado para llegar a un punto de equilibrio temporal en el escepticismo, “¡demuéstramelo!”.  Ello ha despertado un creciente interés por la cuantificación, para poder mostrar el “valor” de la sostenibilidad en la creación de “valor financiero” y con ello contrarrestar a los enemigos.

¿Debe ser la sostenibilidad empresarial cuantificable, monetariamente, para que se persiga y se logre? En este artículo aprovecháremos la publicación de seis informes (dos de grandes empresas de consultoría, dos de empresas y dos de instituciones promotoras) para poner la evolución que postulábamos en un artículo precedente [ii] en un contexto más afincado en la realidad e intentar responder a esa pregunta.

En la primera sección comentamos lo que abogan por que se haga, en la segunda mostramos lo que se hace en la práctica, en una tercera parte analizaremos la realidad expresada en dos informes y en la cuarta, a modo de resumen, comentamos lo que se debería hacer.

I.                ¿Hay que cuantificar?

En esta sección comentamos dos informes de grandes empresas de consultoría sobre sostenibilidad sobre cuál es la situación en el terreno, uno mostrado una brecha entre el discurso y la acción y el otro alegando que la brecha se está cerrando.

a.     No cuantifican.

Un informe que ha tenido una gran cobertura en los medios en inglés es el de la consultora KPMG, Closing the Sustainability Valuation Gap: Why quantification is the missing link, donde presentan los resultados de una encuesta a más de 2 000 ejecutivos de empresas con ingresos superiores a los US$100 millones en países de las Américas, Europa y Asia, en 20 sectores industriales.

Su principal conclusión es que en la sostenibilidad “Sigue faltando traducir los riesgos y las oportunidades en gestión financiera y valor empresarial”, o sea que si bien se identifican (en esto influyen mucho las regulaciones de reporte), no se incorporan esos riesgos y oportunidades en la gestión, se queda, mayormente, en el papel (veremos esto corroborado en otros informes que comentamos más adelante).

El titular extraído del informe más usado en los medios es la gran brecha entre la información y la acción. Si bien casi el 80% de lo ejecutivos entrevistados conoce en detalle esos riesgos y oportunidades de la sostenibilidad, menos del 20% cuantifica los impactos sobre los resultados financieros, operacionales y sobre la innovación. Cuatro de cada cinco empresas no sabe medir el impacto financiero de la sostenibilidad. Hay una desconexión entre valor percibido de la sostenibilidad y su captura en la organización, lo que resalta la necesidad de esa cuantificación. En la opinión de los encuestados parece ser un problema técnico, de metodología.

b.     ¿Pero se puede?

Otro informe relevante es este sentido es el de la consultora EY en España, IX Estudio comparativo de los Informes de Sostenibilidad del IBEX 35, que han usado para responder a la pregunta ¿Qué impactos tangibles está generando la sostenibilidad? concluyendo que es El fin de la sostenibilidad como discurso: el tiempo del impacto tangible.

En función de la conclusión del informe anterior esta aseveración puede parecer más la expresión de un deseo de los que promueven la sostenibilidad, de que la retórica se implemente, que una expresión de la realidad: “Cuatro de cada cinco no lo sabe medir”  No esta demás recordar de que las conclusiones son sobre una muestra muy diferente: el primero basado en opiniones de 2 000 ejecutivos a nivel mundial, y el otro en un análisis de informes de sostenibilidad de 35 empresas españolas (muestra muy pequeña y con información que puede ser un discurso empresarial).

El informe de EY destaca, entre otros, estos impactos que califica como tangibles en tres dimensiones: (1) Valoración financiera; (2) Gestión de riesgo y resiliencia; y, (3) Medición del impacto en el entorno.  Usaremos solo un ejemplo del informe para mostrar la dificultad de medir impacto tangible.

Uno de los impactos tangibles que destacan es que “Las empresas del IBEX 35 aumentan la formación media por empleado de 37,85 a 43,36 horas entre 2018 y 2024”. Este indicador de formación es un claro ejemplo de una confusión generalizada sobre lo que quiere decir “impacto” en la gestión empresarial. 

Horas de formación en la cadena de impacto: insumos => productos => resultados => impacto, son, a lo sumo, productos obtenidos con los montos invertidos (insumos).[iii]   Resultados serían las contribuciones de esas horas en la mejora de la productividad de la empresa e impacto tangible sería el cambio logrado con ello en situación financiera (materialidad financiera).

Esto es una muestra de que los buenos deseos no bastan y que se requieren de grandes esfuerzos para la conversión de los “impactos” en impacto financiero y social cuantificable.

En lo que si hay concordancia entre las conclusiones de ambos informes es en que la sostenibilidad puede y debe aprovecharse para crear valor financiero, para lo cual hay que cuantificar los impactos.  Pero ya que estamos en ello, recordar que la sostenibilidad empresarial puede también crear valor en los otros capitales como el humano y el medioambiental, aun cuando no sean tan cuantificables.

II.             Hemos cuantificado.

Pero algunas empresas hacen esos esfuerzos. 

a.     Upright.

La consultora finlandesa Upright hace estimados de impacto monetario en 19 categorías distribuidas en cuatro dimensiones: Medio ambiente, Salud, Sociedad y Conocimiento. Cada dimensión abarca tanto los impactos positivos como los negativos. Para garantizar la comparabilidad entre diversos tipos de impacto, emplea un modelo económico de costo-beneficio que traduce todos los impactos a un valor monetario, utilizando datos del Banco Mundial, el FMI, la OMS y otras instituciones destacadas.

Esto permite estimar la contribución neta, en términos monetarios, de una empresa al mundo, cuya estimación es sumamente compleja y que hace múltiples supuestos, basado en la estimación de, por ejemplo, los costos sobre la salud de la contaminación, el valor económico de vidas humanas, el valor de la biodiversidad, el valor de la educación, entre muchas otras, utilizando generalizaciones que pueden no ser válidas para cada empresa. Por ello no se puede decir que la valoración es precisa, pero sí que es indicativa de órdenes de magnitud y relativamente comparable. [iv]

b.     Natura.

Un caso destacable es la empresa de productos cosméticos Natura de Brasil, que son producidos con ingredientes 100% vegetales, con agricultura sostenible, empaques sostenibles, adquisiciones certificadas fair trade, proporcionado ingresos a más de 10 000 familias productoras en la Amazonía y empleo a más de 3 millones de “mujeres consultoras independientes de belleza” de sus productos en América Latina, Francia y EE. UU.  Es considerada entre las empresas más sostenibles del mundo en las calificaciones más convencionales. Es una empresa calificada como B-Corp, y es una de solo 112 empresas que cotizan en bolsas de valores (cotiza en las bolsas de Sao Paulo y Nueva York, la única de America Latina).

La empresa es pionera en la cuantificación de sus impactos y produce un estado integrado de impacto con ganancias y pérdidas a nivel corporativo, Natura’s 2025 Integrated Impact Report, iP&L, Integrated Profit and Loss, cuantificando el valor monetario creado/destruido en tres capitales: natural, social y humano.

En el estado para el 2025 se puede observar que la empresa tiene una contribución negativa neta en aspectos ambientales, en función de la utilización intensiva de recursos medioambientales, aun a pesar de todas las medidas mitigatorias. Pero tiene una contribución neta positiva en aspectos sociales y sobre todo en el capital humano, también derivado de la utilización intensiva, en este caso de pequeños agricultores y consultoras de belleza.

Estima que su contribución neta agregada entre los tres capitales es positiva y es de cuatro veces el beneficio financiero.

 

 

Y para promover estas cuantificaciones Natura ha puesto a disposición de las empresas una plataforma pública, The Future P&L, que les permite preparar un estado de ganancias y pérdidas ambientales y sociales semejante al suyo.

III.           ¿Qué hay que cuantificar?

Los beneficios de la cuantificación de los impactos de las empresas sobre su gestión son indudables, pero una condición necesaria para ello es que esos impactos se materialicen, y que en efecto se cuantifique el cambio logrado (por ejemplo en el caso de Natura, la calidad de vida de sus suplidores y de las consultoras de belleza), no solo los recursos invertidos en alguna actividad (por ejemplo dinero en cursos de capacitación) o sus resultados (número de horas impartidas o de personas entrenadas).  Y en esto, como ya mencionamos arriba, hay una gran brecha. Se han publicado un par de informes que lo ejemplifican muy bien. 

a.     Estado de la sostenibilidad empresarial: Informe de la OCDE.

El primero es un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, organización que agrupa a 38 países mayormente desarrollados, que analiza la situación de la sostenibilidad empresarial (que para diferenciarse denominan Responsible Business Conduct) en el mundo. El informe, OECD Responsible Business Outlook 2026: Making Commitments Count,  está basado en un análisis de las mayores 10 000 empresas.  El subtítulo, por casualidad, es muy indicativo de la problemática “hacer que los compromisos cuenten”, y como se verá, compromisos hay, pero no cuentan.

Del informe extraemos solo un gráfico:

Como se puede apreciar, en todas las regiones hay una gran brecha entre la existencia de políticas y sistemas de gestión de impactos y su identificación, que es lo que suele reportarse y mostrar que todo va bien, y lo que realmente importa, la gestión de esos impactos, que es muy baja. La brecha entre intenciones y acciones.

b.     Cambio en los impulsores:  El informe BSR-GlobeScan.

Otro estudio que también ilustra esta problemática es el de las organizaciones Business for Social Responsibility, BSR, (promotora) y GlobeScan (encuestadora). El informe BSR GlobeScan State of Sustainable Business 2026, [v] está basado en una encuesta a 124 dirigentes en sostenibilidad de empresas con ingresos superiores a los US$1 000 millones, en 21 países.

De este estudio también extraemos solo un gráfico, donde podemos observar el cambio de prioridades en los últimos diez años que ilustra la brecha que hemos venido mencionando, pero desde otro punto de vista.

 

El cambio más significativo es el gran aumento en la relevancia percibida, como impulsor de la sostenibilidad, de los requerimientos regulatorios y la disminución de los riegos y beneficios operacionales. En conjunto esto nos indica, que, según estos dirigentes, el cumplir (compliance) está impulsando más la sostenibilidad que la gestión de los impactos.  Perciben más importarte el cumplir, y por ende el reporte y el discurso, que la acción y su cuantificación, lo que corrobora, de otra manera lo de los estudios mencionados antes.

IV.            ¿Tenemos que cuantificar impactos?

En conjunto, la discusión precedente revela que en efecto la cuantificación de los impactos es necesaria para su gestión, pero que ello está todavía lejos, no solo por cuestiones técnicas de metodologías, que no hemos discutido y que son críticas, sino porque las acciones de las empresas están más enfocadas a la parte fácil, al cumplimiento de regulaciones y al reporte de insumos, productos, y a lo sumo de resultados, que el logro de cambios, o sea, impacto tangible.

La creación de expectativas sobre la cuantificación puede ser contraproducente, ya que si no se logra puede inducir a abandonar los esfuerzos por la sostenibilidad. No debemos dejarnos llevar por la obsesión de la cuantificación, por dejar de lado lo no cuantificable.  Es más efectivo concentrarse en los impactos sean o no medibles.  La actitud debe ser, cuantificar lo que sea posible y gestionar de la mejor manera posible lo que lo sea.

Pero ¿no es la cuantificación de impacto lo que se ha estado buscando con la determinación doble materialidad?  Así es. Si bien la materialidad es la precursora del impacto, todavía falta la acción, entre la intención y el impacto, como quedaba muy evidente en los informes comentados. Además, hay muchos impactos que se sienten, que se materializan, pero que no son cuantificables.  ¿Se pueden ignorar?  Definitivamente no.  No basta con reportar materialidad, que es donde se quedan muchas empresas.

Y la obsesión por la cuantificación no debe distraernos de lo que importa, el impacto, sea medible o no. No debemos permitir la excusa fácil de que si no es medible no es gestionable. Si tiene impacto es gestionable.

Pasemos de hablar de impacto a impactar.



[iii] Para una mayor explicación sobre estos términos ver la sección I. en ¿Lo que hacen las empresas o lo que logran con lo que hacen?: El impacto importa.

[iv] Ver los resultados del análisis de Upright de las empresas con mayor impacto en ¿Lo que hacen las empresas o lo que logran con lo que hacen?: El impacto importa. Y para una descripción de la metodología ver Por fin una herramienta integral para calificar la sostenibilidad empresarial de empresas y fondos de inversión.

[v] El video de la presentación del informe se puede ver en A More Pragmatic Era for Sustainability: Time to Act (Americas/Europe).


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