sábado, 11 de noviembre de 2017

De cómo los Objetivos de Desarrollo Sostenible pueden contribuir al greenwashing


A los dos años de la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, ODS, se está produciendo una explosión de promoción.  Al irse consolidando su conocimiento entre las empresas, las organizaciones gremiales, las organizaciones de la sociedad civil (incluyendo universidades) y, en gran medida, entre las empresas de consultoría, se ha excitado el interés de muchas instituciones en involucrarse.

Explosión de interés

El Pacto Mundial, habiendo ya superado la etapa de promoción de los Diez Principios, se ha abocado a una campaña de asociarlos con los 17 ODS bajo el nombre de Agenda 2030.  Ahora su objetivo ha pasado de promover los diez principios de responsabilidad empresarial a promover la contribución al logro de los ODS entre las empresas y organizaciones firmantes del Pacto. Siendo parte de la Organización de la Naciones Unidas ha pasado de promover la responsabilidad a promover el “Desarrollo Sostenible”, que es una agenda mucho más ambiciosa (ver Responsabilidad Social, Sostenibilidad y Desarrollo Sostenible: ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de las empresas?).

            Documentos recientes

Veamos algunos ejemplos de esta explosión de promoción.  En solo varios meses del 2017 se han producido un gran número de informes. Uno es Towards a sustainable economy: The commercial imperative for business to deliver the UN Sustainable Development Goals, por la Universidad de Cambridge, promoviendo la idea de que contribuir al logro de los ODS es buen negocio. Otro es The Sustainable Development Goals, integrated thinking and the integrated report, patrocinado por el International Integrated Reporting Council, IIRC, para promover el reporte de los logros en los ODS en función de su esquema de reporte integrado.  Un tercero es Sustainable Development Goals for Business Diplomacy and Growth (The Earth Security Report 2017), patrocinado por el World Business Council for Sustainable Development, WBCSD, que proporciona una hoja de ruta para navegar los riesgos y oportunidades de los ODS, que considera imperativos para el crecimiento sostenible

Se publicó además la Guía para CEOs sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, para América Latina, con la colaboración de las empresas miembros y las instituciones de la red del WBCSD en la región, pero lamentablemente sin especificidad para la región ni con contenido accionable. Parece más bien una manifestación de apoyo, pero tiene dos páginas de logos y firmas de las 10 empresas miembros y de las 13 instituciones de la red. (quizás un indicador de greenwashing empresarial e institucional).  Sin embargo el informe principal de la Comisión de Negocios y Desarrollo Sostenible "Mejores negocios, un mundo mejor. Oportunidades de negocio sostenible en Latinoamérica y el Caribe" si trata de enfocar los 17 ODS en actuaciones en una serie de sectores para América Latina. [1]

También se publicó el informe anual sobre el estado de los reportes de sostenibilidad, The KPMG Survey of Corporate Responsibility Reporting 2017: The Road Ahead.  Esta edición incluye una sección sobre  la inclusión de referencias a la contribución de las empresas a los ODS y, por menos en las grandes empresas parece que se está generalizando.  El 39% de las 100 empresas más grandes en 49 países lo comentan y el 43% de las 250 empresas más grandes del mundo lo hacen.  Es de esperar que, en los próximos años estos números aumenten al percibirse la necesidad de no quedarse atrás.  Pero lo importante será analizar el impacto que las acciones tienen sobre el desarrollo sostenible, no solo si los reportes incluyen alguna mención a los ODS (greenwashing).

Por otra parte, el Pacto Mundial de las Naciones Unidas presentó dos nuevas herramientas para alcanzar la Agenda 2030.  El Blueprint for Business Leadership on the SDGs para estimular el liderazgo dentro de las empresas para promover acciones tendentes a contribuir al logro de cada uno de los 17 ODS.  Y el Business Reporting on the SDGs: An Analysis of the Objectives and Goals, cuyo objetivo es guiar el reporte de las actividades de las empresas con los ODS.  Incluye indicadores para cada objetivo y ha sido producido en asociación con el GRI (institución que promueve el reporte de sostenibilidad) y la empresa de consultoría pwc.  Se espera que será complementada con una guía para definir las prioridades y el contenido de los informes.

A finales del 2017 comenzó un proceso consultivo (Aviva en colaboración con el Index Initititive y la Fundación de las Naciones Unidas) para desarrollar indicadores de progreso, el World Benchmarking Alliance (WBA) para clasificar las empresas en sus contribuciones al logro de los ODS.  Esto permitirá a las empresas no sólo apreciar sus contribuciones sino que además permitirá compararlas entre sí, lo cual, puede contribuir a que, queriendo subir en el ranking, hagan mayores contribuciones, pero también puede contribuir al greenwashing, queriendo aparentar que hacen más de lo que en realidad contribuyen.

La gran mayoría de estos esfuerzos son dirigidos a las empresas, pero debemos recordar que si bien las empresas pueden y deben contribuir, la responsabilidad primaria está en los gobiernos, en sus políticas públicas, la efectividad con que gastan e invierten sus recursos en el logro de los ODS y su interacción con las empresas para que estas también mejoren su efectividad. [2]  Lamentablemente se está enfatizando poco los avances en los gobiernos de los países.

            Avances

El análisis del avance en el logro de los ODS excede el objetivo de este artículo, pero baste con comentar que se han publicado varios informes sobre los avances, uno por la ONU, The Sustainable Development Goals Report 2017, donde se analiza el progreso de los últimos años, a nivel agregado, del desarrollo sostenible, de lo que ahora son los 17 ODS. En otro titulado “Global Responsibilities, International spillovers in achieving the goals”, [3] se presentan los resultados de un índice de 99 indicadores directos e indirectos sobre los ODS para 157 países con el objeto de identificar prioridades y brechas.  Los indicadores no son los oficiales, pero dan una idea inicial de por dónde van (ver Indicadores para los ODS: ¿Son los ODS medibles?).  También se publicó un estudio, Evaluating Progress Towards the Sustainable Development Goals, donde supuestamente se evalúa el progreso, pero lamentablemente no se basa en datos, se basa en las percepciones de “expertos” (entre comillas porque no puede haber conocedores  de la situación de la implementación de las 169 metas en 193 países miembros de la ONU).  Pero todavía no hay un informe país por país de los verdaderos avances.  Recién se están comenzando a preparar las revisiones nacionales voluntarias o “Voluntary National Reviews” (VNR), que forman parte de las herramientas de seguimiento de la Agenda 2030.

Y RobecoSAM, la empresa que produce información sobre la sostenibilidad de empresas y países, que se usa para la preparación de los índices de sostenibilidad como el Dow Jones Sustainability Index, promueve su ranking de sostenibilidad de países como instrumentos de medición del progreso en los ODS, aunque no usan los indicadores oficiales de progreso de los ODS en los países para medir su sostenibilidad (RobecoSAM’s country sustainability ranking: A Yardstick for SDG progress). Este es otro indicador de que son muchos los que no se quieren perder el tren de los ODS y quieren aprovechar las oportunidades de negocio que conlleva.  Y esto también puede contribuir al greenwashing, como analizamos a continuación.


¿Estímulo a la acción o al greenwashing? ¿Qué mueve a los impulsores?

Este renovado interés por los ODS es, en principio, muy saludable.  Mientras más conocidos sean mayor es la posibilidad de que las partes interesadas tomen acciones para avanzar en su logro.  Pero esta promoción debe hacerse con efectividad. Operando en el ecosistema de empresas, incluidas las firmas de consultoría, de las organizaciones de la sociedad civil y gobiernos, se corre el riesgo de estimular las apariencias más que las acciones.  Se corre el riesgo de impulsar el lavado de cara (greenwashing).

Veamos qué es lo que mueve a los integrantes de este ecosistema.  A las empresas se les repite constantemente que su participación en el logro de los ODS representa nuevas oportunidades de negocios, lo cual debe ser posible ya que los ODS cubren todas las actividades imaginables.  Véase, por ejemplo, la Séptima Parte del Volumen IV de Una mirada crítica a la Responsabilidad Social de la Empresa en Iberoamérica donde se analiza en más detalle lo que pueden y deben hacer las empresas para contribuir a los ODS. 

Las firmas de consultoría han visto también una gran oportunidad de hacer negocio, ya sea asesorando a las empresas en los negocios y actividades a desarrollar, ya sea apoyándolas en la preparación de reportes.  Lo mismo sucede en algunas instituciones donde participan empresas, como las de promoción de actividades (p.ej. el WBCSD) y reporte (p.ej. el GRI y el IIRC). Es de esperar que estas firmas ofrezcan servicios especializados en reportar la contribución de las empresas y mejorar la percepción entre los stakeholders. Habrá partes legítimas y partes de greenwashing, como lo son ahora los reportes de sostenibilidad.

También las organizaciones de la sociedad civil ven en ello una oportunidad, ya sea de hacer alianzas con los gobiernos, empresas y otras organizaciones para implantar acciones o bien para ganar puntos denunciando comportamientos irresponsables, incluyendo el greenwashing.

Las instituciones que promueven el reporte de información sobre sostenibilidad, GRI y el IIRC por ejemplo, por separado, persiguen que el mayor número de estas informaciones o reportes los mencionen para así poder alegar su creciente relevancia en la actividad y obtener más apoyos.  Para ellos los ODS ofrecen una oportunidad de mejorar esa cobertura, si ofrecen instrumentos que faciliten el uso de sus metodologías. De allí que tienen un gran interés en el reporte de las contribuciones de las empresas a los ODS y lo promuevan, sin importar que añadan a la confusión de reportes.  En este sentido es muy indicativo que el Sustainability Accounting Standards Board, SABS, no haya entrado en el juego.  Se considera por encima de la competencia entre GRI y el IIRC.  Sus stakeholders y por ende su objetivo es más enfocado: información de sostenibilidad que tenga o pueda tener impacto sobre la situación financiera de la empresa. [4]

En cuanto al mismo Pacto Mundial, por su naturaleza, sus indicadores del éxito son los números de organizaciones que firman el acuerdo y ahora lo será la cantidad de información por parte de las empresas y otras organizaciones que se refiere a alguna actividad en la promoción y logro de los ODS.  Difícilmente lo será el impacto logrado por las actividades reportadas, en parte por su dificultad de medición (ver Indicadores para los ODS: ¿Son los ODS medibles?), en parte por la dificultad de atribución (demostración de que el cambio de debió a las actividades) y en gran parte porque se imputarán acciones que ya se estaban tomando o que son parte del quehacer cotidiano, como comentamos más adelante.

Esta explosión de promoción y lo que mueve a las empresas e instituciones las deberían llevar a la acción legítima, a acciones específicamente dirigidas al logro de los ODS, incrementales, que no se hacían antes.  Pero también se corre el riesgo que ante la presión del entorno las empresas busquen y rebusquen actividades que ya vienen ejecutando o que de todas maneras iban a ejecutar que  pueden ser imputadas como si hubieran sido diseñadas para contribuir al logro de los ODS.  Y como decíamos, no debe ser difícil ya que los ODS cubren todo el espectro posible de actividades empresariales y muchísimo más que está fuera de su ámbito de actuación (ver los 17 objetivos y las 169 metas en el sitio de la ONU).



(Disculpas querido lector, que estarás agotado de ver esta gráfica, pero ningún artículo sobre los ODS que se precie puede dejar de incluirla)


Y para ilustrar las posibilidades del greenwashing consideremos solo algunos ejemplos (sobre los seis primeros ODS), que el lector podrá complementar con sus experiencias y evaluar su verdadero impacto sobre el desarrollo sostenible:

Contribución a la meta 1.2 sobre reducción de pobreza: “Damos empleo. Pagamos sueldos a nuestros empleados” (¿empleo digno? ¿sueldos justos?).
Contribución a la meta 2.1 sobre Nutrición: “Donamos comida a 20 comedores escolares.”
Contribución a la meta 3.5 sobre salud y bienestar: Desde hace 5 años tenemos un programa de educación comunitaria sobre el consumo de drogas y alcohol.
Contribución a las meta 4.1, 4.2, 4.3 y 4.4 sobre educación: “Desde hace 5 años donamos dinero para la escuela primaria de la comunidad y tenemos pasantías de verano para 5 jóvenes.”
Contribución a la metas 5.1 y 5.5 sobre igualdad de género: “Tenemos políticas sobre no discriminación y programas de desarrollo profesional para la mujer.”
Contribución a las metas 6.1 y 6.3 sobre acceso a agua potable: Desde hace más de diez años permitimos que la comunidad se conecte a nuestro sistema de agua y alcantarillado y tratamos las aguas residuales de nuestra planta antes de que lleguen al río.

Claro está que los reportes sobre las contribuciones al logro de los ODS serán mucho más sofisticados que estas frases simples, sobre todo si se siguen los lineamientos de reporte que se están sugiriendo por diferentes instituciones y se contratan consultores especializados.  Es posible que al ver los requerimientos de reporte que hacen estos lineamientos las empresas se aboquen a hacer un inventario para ver lo que pueden reportar que se refiera a ellos.  Podemos imaginar un memo a todas las unidades: “Favor tomar nota de los lineamientos establecidos en el informe anexo sobre reporte de las contribuciones a los ODS y en la lista de las 169 metas anexas y enviar información que nos permita decir que estamos contribuyendo a los ODS”.  ¿Cínico? Sí, pero no tanto.  Lo he visto.

Pero lo que realmente importa es cuál es el impacto de las acciones de la empresa sobre su población o medio ambiente objetivo, qué cambios se han logrado, que ha decidido hacer la empresa de ahora en adelante para logar esa contribución y cómo forma todo esto parte de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad.  Y todo esto en el contexto de las necesidades de esa población y medio ambiente objetivos.  Sin duda que hay empresas líderes con actividades legítimas, incrementales, con impacto, pero son demasiado pocas.

Con esto no queremos decir que no habrá mucha acción legítima, lo que queremos destacar es que la presión mediática llevará a muchas empresas al greenwashing, respaldadas por las empresas especializadas en la preparación de informes de sostenibilidad. 

Y los reportes citados arriba, patrocinados por instituciones de reporte (el GRI y el IIRC, ¡por separado!), junto con los esfuerzos denodados del PM para promover que se hable y se escriba sobre los ODS introducen el riesgo de dispersar los esfuerzos en el reporte de la responsabilidad empresarial. Y si a ello le aunamos la oportunidad de negocios que perciben las empresas de consultoría en reportes de sostenibilidad podemos llegar a la situación de preparar reportes sobre los ODS, separados o divorciados de la información de responsabilidad, cada una usando sus indicadores y metodologías, que contribuirán a la confusión ya existente en el reporte y al greenwashing.

En un próximo artículo (¿Es hora de pasar de la RSE a los ODS?) analizaremos la presión que sienten algunas empresas para montarse en el tren de los ODS.

Dos (malos) ejemplos de los que deberían saber mejor: Pacto Mundial y académicos

La promoción indiscriminada de los ODS por parte del Pacto Mundial lo está llevando a sí mismo al greenwashing. En un artículo anterior, El Pacto Mundial otra vez (mal) otorgando premios, comentábamos los premios de la Red del Pacto Mundial de Canadá a las organizaciones que se han distinguido por su contribución al logro de los ODS.  Aparte de los serios problemas en la selección de los galardonados, en su implementación los premios han estimulado el greenwashing, seguramente sin intención de hacerlo. Por ejemplo, han premiado a una empresa que ha imputado acciones de los últimos 20 años de desarrollo comunitario, al logro de los ODS aprobados en el 2015, o el de un master de sostenibilidad que por sus acciones rutinarias promueve el logro de todos los 17 ODS.  Nada de esto es consecuencia de acciones tomadas específicamente, adicionales, para promover los ODS.  No hay acción nueva, lo que hay es masaje de la información.

Como ilustración de esto, en otro premio a la contribución a los logros de los ODS, el criterio más valorado es cuantas actividades dicen que tienen los postulantes que contribuyen, no que impacto han tenido, sino cuantas dicen que tienen (sin comprobación independiente).  No calidad, no impacto, solo cantidad reportada.  Valoran más cinco nimiedades que una actividad sólida que haya logrado una transformación significativa.  Y esto será típico en los reportes sobre los ODS (con contadas y bienvenidas excepciones).

Y hasta académicos, promotores de la responsabilidad social, se han contagiado y se suman al greenwashing de los ODS.  Se publicó el libro Responsabilidad Social de las Organizaciones (RSO). Aportes teórico - prácticos para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible en América Latina con las contribuciones al IV Simposio Internacional de Responsabilidad Social de las Organizaciones, realizado en Bogotá, en 2016, en la Universidad Santo Tomás.  Contiene 29 capítulos, sobre más de 600 páginas, ninguno de los cuales toca el tema de los ODS.  Dirán que todos los capítulos se refieren a la responsabilidad de las organizaciones y por ende al logro, directa o indirectamente de los ODS.  Y este es el problema, la generalización y la imputación y no la acción específica, focalizada y adicional (invitamos a los lectores a ver el libro y sacar sus conclusiones). 

En resumen

Los ODS ofrecen una excelente oportunidad a las empresas de identificar y enfocar su responsabilidad ante la sociedad a acciones que son necesarias para el desarrollo sostenible. Pero lamentablemente también ofrecen una gran oportunidad a las empresas irresponsables de lavarse la cara, aduciendo que hacen esa contribución.  No debe ser difícil encontrar “cosas” que hace la empresa que contribuyan a alguna de las 169 metas de los ODS, que cubren todos los aspectos posibles del desarrollo económico.  La presión mediática y en particular la del Pacto Mundial y sus aliados en el reporte estimulará ese lavado de cara.  Estemos atentos.

Y también contribuirán a la sostenibilidad financiera de muchas empresas de consultoría

Ojalá también lo hagan con el desarrollo sostenible de los países.




[1] Se recomienda leer la versión en inglés, Better Business, Better World (la traducción llama a los ODS “Objetivos Mundiales para el Desarrollo Sostenible” y el resumen del informe global los llama “Objetivos Globales para el Desarrollo Sustentable”.  Es una buena idea ponerse de acuerdo en la terminología y sobre todo usar correcto español.

[2] Además de tomar las acciones necesarias para el logro de los ODS, los gobiernos también deberían facilitar el entorno necesario para las empresas contribuyan a lograrlos.  Ver ¿Falta algún Objetivo de Desarrollo Sostenible?.

[3] Los Objetivos de Desarrollo Sostenible, dos años después: ¿Dónde nos encontramos?, producido por Forética con el objeto de presentar una evaluación muy preliminar.

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