viernes, 24 de junio de 2016

¿Es saludable la competencia entre estándares de reportes de sostenibilidad? El futuro de la información


En los mercados con buen funcionamiento la competencia tiende a estimular la innovación, mejorar la calidad y reducir los precios.  Pero, ¿es éste el caso en los mercados de la información sobre sostenibilidad?  Esta pregunta se está volviendo cada vez más importante con las crecientes demandas de información relevante sobre la sostenibilidad de la empresas por parte de los stakeholders, particularmente por parte de los inversionistas responsables y los mercados de valores y por los gobiernos que requieren o consideran requerir la obligatoriedad de alguna forma de reporte, más allá de las demandas tradicionales de información por parte de la sociedad civil. [1]

La proliferación de iniciativas sobre reportes de sostenibilidad está cargando seriamente a las empresas, desviando su atención de las actividades necesarias para ser sostenible. Se han identificado cerca de 400 iniciativas de reporte en 64 países. [2]   [3]


(Principales) productores de estándares de reporte sobre sostenibilidad

La pregunta del título ha adquirido todavía más relevancia con la publicación del Borrador de los Estándares GRI (Exposure Draft of the GRI Standards) para “competir” los estándares del Sustainability Accounting Standards Board, SASB, y el Integrated Reporting Framework del Consejo Internacional de Reporte Integrado, IIRC.  Desde el comienzo el SASB dejó claro que sus recomendaciones de reporte debían considerarse como estándares al incorporar esa palabra en su nombre y haciendo un juego de palabras e iniciales con los estándares más conocidos de reporte financiero, el Financial Accounting Standards Board, FASB, de EEUU y los internacionales del International Accounting Standards Board, IASB.  Buen uso de marca.  No se dejaba duda, por asociación.  Casi al mismo tiempo se publicó el esquema de reporte integrado del IIRC que aunque no dice ser un estándar de reporte de información no financiera, constituye una extensión de los reportes financieros que son estándares por excelencia.  El marco podría ser considerado como un estándar por implicación.  Buen uso de marca.  

GRI (la antigua Global Reporting Initiative) se encontró que “estaba perdiendo mercado”, parecía que perdía influencia y poder a la competencia.  Comenzó una estrategia de reposicionamiento de la marca, cambiando el logo, el nombre (abreviándolo solo a GRI) y el lema, que se movió de la preparación de la información hacia el uso de la misma (Empoderamiento de decisiones sostenibles), como ya era el objetivo del SASB y del IIRC. Creó el Global Sustainability Standards Board, GSSB, (buen uso de marca) para dirigir la preparación de los estándares.  ¿Aprecia el lector alguna coincidencia?

Los estándares contenidos en el Borrador para comentarios que se lanzó en la 5ª Conferencia anual del GRI en mayo del 2016 son muy parecidos a los lineamientos G4, con algunos cambios en el formato, lenguaje y clarificación de requerimientos para conformar con la redacción tradicional de estándares. [4]

Obviamente los tres se convertirán en estándares cuando sean aceptados como tales por “el mercado de los reportes de sostenibilidad”, mientras tanto, todo están peleando por cuota de mercado (léase: influencia).


Hay competencia real entre los estándares? [5]

En principio cada uno de ellos parece que se dirige a diferentes segmentos del mercado de información no financiera, o sea, enfatizan a diferentes usuarios (léase: stakeholders). SASB está claramente enfocado hacia los inversionistas de todo tipo, con estándares para la presentación de la información no financiera en los reportes requeridos por la Comisión de Valores y Bolsas de EEUU (SEC), facilitando el objetivo de presentar información comparable.

IIRC persigue el objetivo de estandarizar la información no financiera que permitiría mejorar la compresión del impacto de las estrategias globales de las empresas sobre su condición financiera presente y futura, reportada en los informes anuales.  No es una propuesta de integrar los reportes financieros anuales con los de sostenibilidad como muchos creen, sino que integrar información financiera y no financiera, a través de su impacto sobre los seis capitales que la empresa gestiona, y presentar una visión integral de las perspectivas de la empresa. [6]

Los lineamientos del GRI, y eventualmente los estándares, tienen como objetivo el proporcionar información comparable sobre el rendimiento en aspectos de sostenibilidad, su alcance y el enfoque gerencial sobre estos aspectos para todos los stakeholders (sobre esto último hay alguna superposición con el marco del IIRC). Los lineamientos G4 y los estándares propuestos se concentran en los aspectos materiales de los stakeholders más materiales, de acuerdo a la determinación hecha por cada empresa.

Cada uno atiende a un segmento de mercado diferente, pero el instrumento, el núcleo, es el mismo: información cuantitativa (indicadores) y cualitativa sobre aspectos no financieros para suplementar la información financiera tradicional, con el fin de evaluar las perspectivas de la empresa.  En el caso del IIRC de la manera más directa posible (impacto sobre los seis capitales) y en el caso del SASB y del GRI por implicación, facilitando el análisis que llevaría a cabo el usuario de la misma.  La diferencia está en los usuarios y en los usos de la información.  Pero, ¿no estaríamos mejor nosotros, los usuarios de la información, si hubiera un solo estándar para la información no financiera como lo hay para la información financiera? (y aquí me adelanto a los acontecimientos suponiendo que un día los estándares de la FASB y del IASB serán los mismos).

Ha habido esfuerzos de coordinación entre estos principales actores del mercado pero no han pasado de declaraciones de buenas intenciones, coordinación e intercambio de información.


¿Es esta competencia saludable?  Necesidad de informes modulares integrales.

Con la proliferación de estándares las empresas tienen una carga cada vez mayor lo que los lleva a asignar crecientes recursos a la provisión de información para satisfacer los diferentes requerimientos.  Las empresas pueden terminar preparando un informe integrado de acuerdo al marco IIRC para atender las exigencias de algunos stakeholders, otro para el SEC (empresas con intereses en EEUU), otro de acuerdo a los lineamientos (o estándares) del GRI, otro para cumplir con los requerimientos de las bolsas de valores en que cotizan, otros para satisfacer las exigencias de la Unión Europea y muchos otros requerimientos de gobiernos nacionales.  No es saludable.

Mientras mayor sea la carga de reportar más se convertirá la tarea de reportar en un ejercicio de cumplimiento de normas, como fin en sí mismo, más que como instrumento de gestión de la responsabilidad ante la sociedad, un medio, como debe ser.   Muchas veces la preparación de los reportes ya está tercerizada, divorciada del núcleo de la empresa, preparados en los márgenes, subutilizando el poder de la información para guiar la preparación y ejecución de las estrategias a lo largo y ancho de la empresa, mejorar la coordinación, compatibilizar los objetivos y las acciones, etc.  Muchas veces es el esfuerzo de una unidad especializada.

Estos problemas empeorarán en la medida que aumente en número y variedad de los estándares y los requerimientos de información por parte de organismos reguladores.

No hay una unidad antimonopolio nacional o internacional que se opondría a la fusión de estos productores de estándares y los usuarios no perderíamos como consecuencia de la “reducción de la competencia”.  En realidad ganaríamos al tener un solo conjunto de estándares que incorporase lo mejor de cada uno.  Así como en las fusiones entre empresas se busca la sinergia, también en la fusión de los estándares se podría buscar y lograr. 

Se podrían utilizar los principios de materialidad y de ámbito del GRI y del SASB (mismos principios que en reportes financieros) como base, con el potencial impacto sobre los capitales de la empresa que reflejen su contribución a la sociedad (ojalá que cuantificados y no solo descritos) como lo propone el IIRC, sobre como la sostenibilidad afecta el modelo de creación de valor de la empresa, la estrategia de negocios, el rendimiento financiero y sus perspectivas, que ni SASB ni el GRI consideran, con los indicadores específicos para el sector industrial de la empresa desarrollos por SASB y las guías sectoriales desarrolladas con el G3.  Y con otras sugerencias que se desarrollasen en el proceso de fusión.

Con todo esto se podrían preparar reportes modulares a la medida de las necesidades de cada participante en el mercado.  Con la fusión de estos estándares las empresas prepararían información como se tratase de un “informe universal”, en una base de datos integral que permitiría a cada stakeholder extraer la información que le fuese material y dejar que la tecnología informática le prepare “su reporte”, incluyendo descripciones cualitativas e indicadores cuantitativos.  De todo esto, nosotros, los stakeholders, determinaríamos lo que es material, para nosotros, en nuestras decisiones, que es la materialidad que importa. La comparación de la evolución en el tiempo y con otras empresas se facilitaría.

Esto también permitiría al mercado de la información de sostenibilidad funcionar mejor, al estimular la transmisión del comportamiento responsable en rendimiento financiero.  Es la incorporación de la información sobre responsabilidad en las decisiones de los inversionistas la que puede mover los mercados.  Si la información no está disponible o es confusa y dispersa, se utiliza menos para favorecer a las empresas responsables. [7]

La consolidación de los estándares reduciría la carga administrativa y permitiría a las empresas mejorar sus esfuerzos en definir el propósito del negocio y sus objetivos y acciones para contribuir al desarrollo de la sociedad.  Podría eventualmente contribuir a la autenticidad en el reporte.

¿Utópico?  Quizás, pero muestra el camino que la información de sostenibilidad debe recorrer.  Cada productor de estándares quiere preservar “su cuota de mercado” y su propia marca. Pero si estos tres, y los muchos otros presentes y futuros, continúan promoviendo diferentes estándares los participantes en el mercado de la información de sostenibilidad perderemos.







[1] Este artículo apareció por primera vez, en inglés, en el blog de TriplePundit el 2 de junio del 2016:

[2] Recientemente han habido desarrollos relevantes en los requerimientos de información sobre sostenibilidad. La Comisión de Valores y Bolsas, SEC, de EEUU emitió un documento, Concept Release  en abril del 2016 solicitando comentarios al público interesado sobre los potenciales ajustes, adiciones y actualizaciones sobre la obligatoriedad de presentar información no financiera, incluyendo información sobre sostenibilidad (en las pgs. 204-215).  Se espera que la Unión Europea declare la obligatoriedad de una forma de reporte de sostenibilidad  para grandes empresas a partir del 2017.  A finales del 2015 La Federación Mundial de Bolsas de Valores emitió el documento Enhanced Sustainability Guidance para sus miembros sobre la diseminación voluntaria de algunos elementos de información sobre sostenibilidad para las empresas listadas en esos mercados.

[3] El informe Carrots & Sticks: Global trends in sustainability reporting regulation and policy encontró 383 instrumentos de reporte sobre información de sostenibilidad de las empresas en 64 países, de los cuales 248 son obligatorios y 135 voluntarios.

[4] Elaine Cohen en su artículo  The GRI STANDARDS Exposure Draft explained  y Pablo del Arco en su artículo Los nuevos estándares GRI: qué suponen, continuidad vs cambios hacen una excelente comparación entre los G4 y los propuestos estándares.

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