domingo, 30 de noviembre de 2014

¿De quién es la culpa que la RSE este dónde está?


El pesimismo se ha puesto de moda en la RSE.  Casi simultáneamente han sido publicados tres artículos pesimistas sobre la RSE en Diario Responsable:  Mas leyes para una verdadera RSE por Ramón Jáuregui el 16 de noviembre (publicado el 13 de noviembre en el periódico El País con otro título: Responsabilidad Social Corporativa: ¿Una experiencia frustrada?), y otros dos derivados:  ¿Se agotó la RSE? por Perla Puterman el 25 de noviembre  y La RSE adormecida por Carmen Martí, el 26 de noviembre.

¿Está justificado este pesimismo?  ¿Dónde está y hacia dónde va la responsabilidad empresarial? ¿De quién es la culpa que la RSE este dónde está?

                                                                                                         
Este artículo es largo (tiene muchas gráficas), pero les prometo que los voy a entretener…… si tienen paciencia.  Y si no, pues dejan de leerlo.  ¡No pasa nada!


I.                   ¿Quién está agotado, frustrado y adormentado? ¿la RSE o nosotros?

Ramón Jáuregui, uno de los Eurodiputados que más intensamente promueve la RSE hace un repaso de lo acontecido en los diez años en que ha estado involucrado en el tema y expresa gran frustración (de allí el título del artículo en El País) por el poco progreso, por la prevalencia de prácticas responsables con irresponsables dentro de la misma empresa, por la corrupción generalizada, por las políticas públicas que han favorecido a algunos sectores de la economía y dejado de promover la responsabilidad. 




Propone medidas en dos frentes, uno el frente legal (de allí el título del artículo en Diario Responsable: Más leyes) donde aboga por la obligatoriedad en la información sobre sostenibilidad, el cumplimiento obligatorio de un código para las empresas sobre Derechos Humanos y formalización de acuerdos ante la OIT que cubran a las trasnacionales con gran impacto socio-laboral (¿y el económico y medio ambiental?).  Sin entrar a analizar en detalle estas propuestas  (ver mis dos artículos Obligatoriedad del reporte de sostenibilidad: ¿Bajo qué condiciones?  y Obligatoriedad o discreción en la RSE: Respeto a los Derechos Humanos) es de notar que se refieren a las grandes empresas, menos del 1% de las empresas, pero que controlan el 50% del empleo y el 60% del PIB.

El otro frente sí afecta a la totalidad de las empresas y es el frente de la sociedad, donde aboga por castigar comportamientos irresponsables y premiar los responsables,  o sea, que los gobiernos y la sociedad actúen y respondan.

Perla Puterman expresa sus molestias al ver comportamientos personales y empresariales que le parecen irresponsables y culpa en buena parte a las deficiencias en las instituciones, confusiones en las empresas e incompetencias en los consultores de RSE.  Y se pregunta si la RSE está agotada.

Carmen Martí, en un brevísimo artículo, resultado de su viaje a Bruselas a una reunión con líderes de la RSE en Europa, comparte sus frustraciones con las políticas públicas lo que ha llevado a que la RSE se haya adormentado y comenta que corresponde a las organizaciones de la sociedad civil despertarla.

No pretendo analizar estos artículos.  Los traigo a colación porque son sintomáticos de un pesimismo que no comparto y porque creo que la RSE no está ni agotada, ni adormentada ni debería ser causa de frustración.  Si no hay progreso, que sí lo hay y mucho, lo importante es ver que hay que hacer para acelerar y profundizar ese proceso.  Y la culpa no la tiene la RSE.




II.                ¿Ha habido progreso en la responsabilidad de las empresas ante la sociedad?

·         Hace miles de años ya se hablaba de la responsabilidad del que tiene poder y recursos (terrateniente, empresario) con los menos favorecidos: “Cuando llegue el tiempo de la cosecha, no sieguen hasta el último rincón de sus campos ni recojan todas las espigas que allí queden. No rebusquen hasta el último racimo de sus viñas, ni recojan las uvas que se hayan caído. Déjenlas para los pobres y los forasteros”. (Levíticos 19: 9-10))
·         Hace más cien años ya se propugnaba la responsabilidad de la empresa ante sus trabajadores (Encíclica Rerum Novarum, Papa Leon XIII, 1891).
·         Hace casi noventa años el Harvard Business Review publicaba un artículo sobre el papel de la empresa ante la sociedad (The Social Significance of Business”, Wallace B. Donham)
·         Hace sesenta años se publicaba uno de los primeros libros sobre la responsabilidad de los empresarios (léase empresas) ante la sociedad (The Social Responsibilities of the Businessman, Howard R. Bowen)
·         Hace más de treinta años que se destaca lo escaso que son los recursos naturales y de la necesidad de su uso y conservación para el bien común.
·         Pero hace 20 años no se hablaba de informes de sostenibilidad de la empresa.  Hoy se publican decenas de miles.
·         Hace diez años no se hablaba de índices de sostenibilidad, hoy hay centenares.
·         Y ni que hablar de las decenas de miles de empresas consultoras sobre RSE (para bien o para mal).
·         ¿Cuántos libros había sobre RSE hace veinte años? ¿Cuántas revistas académicas y de interés general?  ¿Cuántos cursos universitarios? ¿Cuántos Diplomados?  ¿Cuantas maestrías?
·         Hoy hay decenas de conferencias sobre responsabilidad empresarial…. ¡cada día!
·         Hoy tenemos instituciones de la sociedad civil que monitorean y promueven la responsabilidad (Pacto Mundial, instituciones medioambientalistas y sociales) e instrumentos (ISO 26000, lineamientos GRI, indicadores, convenciones contra la corrupción, guías para los DDHH, para empresas multinacionales, etc.)
·         Gran cantidad de empresas e instituciones tienen códigos de ética o de conducta y sus respectivos comités, así como comités de sostenibilidad.
·         ¿Cuantos sellos de certificaciones sobre temas sociales y ambientales había hace veinte años?
·         ¿Cuantos países/regiones tienen estrategias nacionales de promoción de la responsabilidad empresarial? (muy pocos!!)
·         ¿Cuantas empresas tiene oficinas, directores, departamentos, personas asignadas a monitorear y promover la responsabilidad de la empresa ante la sociedad (algunas para decir que lo tienen, otras para atajar problemas, otras para ser un mejor ciudadano)?
·         ¿Cuantos premios para las prácticas responsables de las empresas había hace veinte años y cuantos hay ahora (¡lamentable!  ¡No todo es progreso! Si hay demanda habrá oferta)

No pretendo asociar el progreso en la responsabilidad de la empresa ante la sociedad con estas “manifestaciones indirectas” algunas de poco impacto sobre las acciones, que es lo que importa.  Pero sí son un indicador de que el interés en la sociedad, en los inversionistas, en los consumidores, en los gobiernos y en las empresas está aumentando.  Y esto son los primeros pasos hacia un muy largo, complejo, costoso y tedioso camino.

Pero en esto hace falta tener una visión de largo plazo.  Son muchas las fuerzas que atraen a todas partes involucradas en direcciones opuestas, son muchas actividades que compiten por la atención de estas partes, son muchos los intereses en juego. Desde el comienzo de la historia hasta su fin ha habido y habrán timadores, indiferentes, mentirosos, greenwashers, abusadores, compradores de indulgencias.  ¿Debemos juzgar el progreso de la RSE por las ovejas negras?

Los que dedicamos nuestras vidas a la responsabilidad empresarial nos gustaría que todo el mundo lo hiciera, que todo fuera en la misma dirección, que fuera algo prioritario para todos.  Ello nos lleva a la frustración al no lograr lo que nos gustaría, a la velocidad que nos gustaría.  Se compite con el más poderoso caballero que es Don Dinero, con conflictos internos en las empresas, competencia, desinformación, negligencia de los consumidores, desidia del gobierno.  OH, qué mundo tan imperfecto!

Lamentablemente el logro de la responsabilidad empresarial es una minúscula parte de la actividad de todas las partes involucradas y para algunas ni siquiera aparece en el radar.  No, no somos el centro del universo, no, los planetas no giran alrededor de la Tierra. Bien visto es una maravilla el estado en que nos encontramos en la responsabilidad empresarial.

En esto no podemos cometer el mismo error que con las dietas, de pesarnos cada día. El cambio requiere persistencia y paciencia. El cambio dramático en todos los órdenes de actuación de la empresa, en un entorno cambiante, competitivo, para logar que sea responsable requiere mucho tiempo.  La RSE rinde frutos a largo plazo, es un proceso lento.

Y este cambio, si es que logra, no es lineal.  Forma parte del ciclo de vida de las empresas dentro del contexto de la vida del planeta.  Logra progreso, retroceso, estabilidad, retroceso, progreso……..  Y como estamos hablando de la responsabilidad de las empresas en general, no de una en particular, ese progreso es el agregado de millones de empresas, algunas progresan, otras retroceden, otras se estabilizan, unas entran en el circuito, otras salen, y todo esto dentro de un entorno continuamente cambiante.  Y cada país/región está sujeto a diferentes circunstancias, políticas y política.

Un simple ejemplo puede ayudarnos a ver esto claridad.  Para apreciar la dirección de la inversión en la bolsa no se puede mirar el precio de las acciones cada hora, hay que tomar una visión de largo plazo, ahí es donde se ven tendencias. 

¿Hacia dónde va la bolsa según este gráfico de la semana del 24 de noviembre? 


¿Y según este de los últimos dos años?



¿Verdad que es más fácil ver las cosas cuando se tiene la perspectiva correcta?  Aunque ello no quiere decir que no pueda haber cambios dramáticos.  Perspectiva, hace falta perspectiva.

También hay que mirar el mundo, no solo el ombligo, no solo algunas empresas, no solo algunos países.  Hay países y contextos donde las condiciones no están dadas para que las empresas ejerzan su responsabilidad ante la sociedad, donde la lucha por la supervivencia limita consideraciones del bien común.  Pero hay otros que tienen una cultura de aprecio por la sociedad y el medio ambiente, por la solidaridad.  Si tomamos el contexto amplio de espacio y tiempo vemos que ha habido inmensos progresos en el agregado, en algunas partes poco, en otras más.

¡Qué fácil es generalizar y qué difícil es que sea representativo!





III.             ¿Qué es lo que hace falta para intensificar y profundizar?
                                                                 
Si bien podemos decir que hay progreso en la asunción por parte de las empresas de su responsabilidad ante la sociedad, este progreso es esporádico, aislado, poco uniforme, inconsistente, errático, cuando lo consideramos a nivel de las diferentes empresas. ¿De quién es la culpa?  No es de la misma RSE.  Si no la quieren o no la tratan consistentemente bien no es que ella se porte mal. Ella está a merced de las empresas, gobiernos y sociedad.  La pobre RSE es violada, abusada, pisoteada, mancillada, se usa su nombre en vano.  Es sólo un instrumento.  Los responsables de cómo se usa el instrumento somos nosotros (ver mi artículo de diciembre de 2013 ¿Es culpa de la RSE? ).

La RSE no tiene la culpa de lo que las empresas, gobiernos y sociedad dejan de hacer, si no cumplen con su respectiva responsabilidad de contribuir a un mundo mejor. 

Quizás lo que tenemos que hacer es entonar  un mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa colectiva.




¿Qué debemos hacer?  Algunas de las acciones ya las mencionada Ramón Jáuregui (censura pública a los comportamientos irresponsables, premiar los responsables analizar la información de sostenibilidad) y Carmen Martí (participación de las instituciones de la sociedad civil). 

Solo como un ejemplo tomemos la sugerencia de hacer obligatorios los informes de sostenibilidad y que la sociedad civil los analice.  En mi experiencia los informes de sostenibilidad tal y como están concebidos hoy en día son de muy poco utilidad fuera de la empresa (de gran valor internamente:  Informes de sostenibilidad: ¿Sirven para algo? y para consultores).  La información que contienen está ampliamente “censurada” por los departamentos legales y de relaciones públicas y salvo en empresas ya conocidas como altamente responsables los informes dan poca información para la acciónExternamente son más un instrumento de gestión de la reputación.  Por definición no darán información que pueda ser usada en contra de la empresa y la que pueda usarse a su favor es conocida por otros medios.  Por otra parte la inmensa mayoría de la sociedad no se entera de estos informes, y si se entera no actúa. Bajo estas condiciones es poco efectivo insistir en su obligatoriedad.  Como dice un proverbio en inglés: Puedes llevar el caballo al río pero no puedes hacerlo beber.  ¡Hay que usarlos!

Algún día podemos ver en nuestro móvil la contribución a la sociedad de todo tipo de empresas, gobiernos, bienes y servicios. Ojalá que certificada.  Eso será progreso.

Pero hace falta mucho más. ¿Qué has hecho tú como miembro de la sociedad?  Solo algunas de las decenas de preguntas que hay que hacerse:

¿Has votado por líderes que promueven la responsabilidad empresarial?
¿Has presionado a gobiernos locales y nacionales para que promuevan la responsabilidad?
¿Has denunciado comportamientos irresponsables por parte de las empresas?
¿Buscas informarte de la responsabilidad de las empresas e instituciones antes de adquirir sus productos y servicios?
¿Has comprado productos y servicios porque sabes que han sido producidos responsablemente. Los has recomendado, lo divulgas?
¿Dejas de comprarlos cuando sabes que han sido producidos irresponsablemente?
¿Ejerces tu trabajo con ética y responsabilidad?
¿Promueves la responsabilidad al interior de tu empresa o institución?
¿Denuncias comportamientos irresponsables o no éticos?
¿Pagas todos los impuestos que tocan?
¿Has ayudado a la difusión de información fidedigna sobre las actividades empresariales?
¿Haces lo que predicas?

El que esté libre de culpa que tire la primera piedra.  Supongo que los lectores de este artículo, siendo todos fanáticos de la responsabilidad empresarial, podrán tirar muchas piedras.

Es difícil que la responsabilidad avance si los gobiernos son indiferentes, si la sociedad civil se desentiende, si las empresas responsables no informan, si los consumidores no se enteran o si se enteran no actúan en correspondencia, si los medios no se interesan por el tema, si los grandes compradores se desentienden de su cadena de valor, si los mercados financieros no penalizan a las irresponsables y benefician a las responsables (Ver los Anales de la III Conferencia Interamericana sobre RSE con el lema ¿Quién es responsable de la responsabilidad?).

Si las empresas dejan de hacer, es porque nosotros hemos dejado de hacer.





Esperemos que los 21 españoles que visitaron Bruselas a mediados de noviembre, para analizar los progresos y el compromiso de las instituciones europeas hayan regresado con las pilas recargadas dispuestos a combatir este pesimismo.



  
Ojala alguno de ellos se anime a contarnos a todos cuales fueron los resultados del viaje y el impacto que tendrá en el avance de la RSE en España la inversión que hicieron los contribuyentes europeos en pagar gran parte de sus gastos de traslado.

¿De quién es la culpa que la RSE este donde está? 



3 comentarios:

Cristina Sanabria dijo...

Me ha gustado esta reflexión sobre responsabilidad. Estoy de acuerdo contigo, opino que a veces las siglas no nos dejan ver todo lo que hay detrás y todo lo que implica el desarrollo de la responsabilidad social empresarial.
Es evidente que si los ciudadanos no pedimos responsabilidad, será más difícil que las empresas se comprometan con los derechos humanos y el respeto al medio ambiente.
A veces nos perdemos en la individualidad que ha caracterizado este tiempo y esta sociedad del hiperconsumo. Hemos obviado que no estamos solos y que el modelo que seguimos, vivimos y perpetuamos con nuestros actos no es sostenible.
Pero, ya hemos empezado a pasar de ese “aquí y ahora” a pensar en el futuro y en el uso responsable de los recursos. Estamos encaminados a vivir en un mundo más justo y solidario, y este es el reto que los ciudadanos y las empresas tenemos que asumir como propio. Creo de forma positiva, que a través de la formación y la sensibilización, podemos alcanzar la conciencia colectiva que mueve a la RSE.

Eduardo Shaw dijo...

Estimado Antonio:

Concuerdo contigo y también concuerdo en quienes sienten (¿sentimos?) cierta frustración.
De todas formas, creo que uno de los motivos de esta "falsa frustración" es la gran cantidad de cambios que se generaron en los últimos 15 años (que generó enormes expectativas) y la desaceleración que puede existir ahora. Pero creo que es lógico. Cuando la línea de base era "cero" fue relativamente sencillo generar cambios. Ahora ya no lo es. Lo comparo con la pérdida de peso: cuando sobran muchos kilos, es sencillo bajar 10, 15 o 20 en poco tiempo. El reto no es solo mantenerse sino ir bajando aquellos kilos que casi ni se notan.
Con la RSE ha sucedido así. Ahora el desafío es por un lado, mantener el ritmo: seguir ampliando la base de iniciados en RSE y por otro, lograr que aquellos que ya comenzaron hace años, profundicen y consoliden la RSE de forma de generar cambios reales. Frustración o no, lo que no podemos hacer es "bajar los brazos"!

Carlos Eduardo Gomez Arenas dijo...

El compromiso con la RSE comienza por nosotros mismos los individuos, para luego ir escalando a empresas, gobiernos y sociedad. Es compromiso de todos y está más viva que nunca.