La locura es hacer lo mismo una y otra vez
y esperar resultados diferentes.
No, no lo dijo Einstein.
Cuanto más cambian las cosas, más
permanecen igual.
Jean-Baptiste Karr, 1808-1890.
(tiempo de lectura:12 minutos)
Dieciocho años perdidos en la promoción de la responsabilidad de la empresa ante la sociedad en España es una irresponsabilidad.
I.
El “viejo” CERSE
Algunos (viejos)
lectores recordarán que hace unos 18 años. en febrero del 2008 se creó el Consejo
Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas por el Real Decreto 221/2008, de 15 de febrero dentro del
marco de la Ley de Economía Sostenible según el cual “Estará
encargado del impulso y fomento de las políticas de Responsabilidad Social de
las Empresas y se constituye en el marco de referencia para el desarrollo de
esta materia en España.”
Constituyó
cinco grupos de trabajo para apoyar sus labores y se les encargó producir una
seria de documentes de análisis y recomendaciones. El
consejo tardó mucho en arrancar y algunos grupos tardaron en producir sus
informes. Finalmente se aprobaron en mayo del 2011, sin
resultados concretos más allá de los documentos.
Si aun los
forofos de la RSE no lo recuerdan están perdonados y es que durante esos últimos
15 años no hizo nada.
Parte de la
explicación es que el CERSE ni ha estado exento de influencias políticas. Se
creó durante un gobierno socialista, se “desactivó” durante el gobierno de
derechas, menos favorable a la responsabilidad de las empresa ante la
sociedad, pero los siguientes gobiernos socialistas tardaron ocho años
en proponer la reactivación del Consejo.
Pues en abril del
2026 el Ministerio del Trabajo y Economía Social lo reactivó. El Boletín Oficial
del Estado publicó el “Real Decreto 301/2026, de 8 de abril, por
el que se modifica el Real Decreto 221/2008, de 15 de febrero, por el que se
crea y regula el Consejo Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas”. Pueden ver un resumen en la nota de
prensa Trabajo reactiva el Consejo Estatal de
Responsabilidad Social de las Empresas tras más de diez años inoperativo.
¿Buenas noticias?
Depende. Veamos.
La primera
reactivación del CERSE en el 2012 la habíamos analizado en el artículo Promover
la RSE en España de julio
de ese año. En ese entonces ya éramos
muy escépticos sobre la posible efectividad del Consejo. Decíamos entre otras
cosas:
El Prof. Argandoña decía: “….tengo algunas dudas sobre la
adecuación de ese organismo para cumplir los objetivos que se pretende
conseguir. Un organismo que tenía más de 50 miembros en el momento de su
constitución….. ¿es el adecuado para dinamizar algo? Con una composición
compleja (se trataba de que no se quedase fuera nadie que pudiese sentido
ofendido por la omisión), ¿es el organismo adecuado?
La constitución del CERSE trató de ser políticamente
correcta y en ello sacrificó su efectividad. Fue creado en el
contexto de una ley y supervisado por el Ministerio de Trabajo e Inmigración
(ahora en el Ministerio
de Empleo y Seguridad Social), lo cual le confería y confiere un sesgo laboral, aunque esa no
fuese la intención.
Todos sabemos que el tema de la RSE es mucho
más que laboral, pero al otorgar a los sindicatos co-liderazgo en el tema lo
sesgan e introducen, quiérase o no, un potencial de confrontación con las
empresas. Es la tradición… Para
empezar, hay que sacar el tema de la órbita de Trabajo, para que quede
claro el carácter multisectorial, multipartito y de desarrollo integral de la
problemática que se quiere resolver.
Uno de los mayores problemas es la
descoordinación en las administraciones públicas y el desarrollo aleatorio de
instituciones relacionadas. España necesita una estrategia que
guíe las actividades e instituciones de todo el gobierno central y ofrezca
ideas a los gobiernos de las comunidades autónomas, para que esas actividades e
instituciones sean armonizadas y consistentes entre sí.
II.
El “nuevo” CERSE: ¿Qué ha cambiado?
Pero ¿qué ha
cambiado desde entonces en la constitución y funciones del Consejo? Poco
o nada. La observaciones precedentes siguen siendo válidas para el
“reactivado” Consejo. Una de las pocas cosas que han cambiado es que añade
la prioridad de la igualdad de género que tiene el ministerio, que es muy necesaria
(ver Mis dieciocho artículos sobre el liderazgo de
mujeres en las empresas), pero que resalta aún más la estrechez de miras sobre lo que es la
responsabilidad de la empresa ante la sociedad, que cubre un ámbito significativamente
mayor que el laboral. Recordemos que la responsabilidad no es solo responsabilidad
ante el capital humano (trabajo, género), incluye todo los aspectos sociales y medioambientales
de sus operaciones.
La excusa puede
ser que muchos de estos aspectos quedan fuera del ámbito del ministerio, pero
ello no es razón para reducir el ámbito de actuación. Todo lo
contrario, demuestra que uno de los principales problemas de la asunción y
seguimiento de la responsabilidad empresarial ante la sociedad es la dispersión de responsabilidades, la falta de
coordinación, la falta de una visión integral de la problemática.
[i] Actualmente son muchas entidades de la
administración central las que están o deberían estar involucradas, además de
la atomización de iniciativas, regulaciones, reconocimientos, etc., a nivel de
las comunidades autónomas, cada una por su cuenta.
Otro de los “cambios”
es que el decreto confirma que el ministerio puede otorgar el Sello de
Empresa Socialmente Responsable, recientemente creado, como ya lo hacen
algunas comunidades autónomas y hasta municipales. No entraremos a analizar las
virtudes y efectos perversos de este “sello” ya que lo hacíamos en el artículo Sello
de Empresa Socialmente Responsable en España: Cómo mejorar su efectividad, donde además ofrecíamos sugerencias sobre
como no hacerlo y algunas recomendaciones
para mejorar su efectividad.
III.
¿Será efectivo el reactivado CERSE?
De esta discusión
sacamos la impresión de que el ministerio puede tener buenas intenciones pero que las probabilidades de
lograr los objetivos y sobre todo de que tengan
efectividad en la mejora y ampliación de la asunción de la
responsabilidad ante la sociedad por parte de las empresas españolas es muy, muy baja, y que terminarán cometiendo el
pecado del que culpamos a las empresas, del greenwashing, del querer aparentar
responsabilidad cuando no la tienen, que en este caso es de aparentar acción
pero que muy posiblemente no será efectiva. Existe un elevado riesgo de que
los esfuerzos se centren en “cumplir con las formalidades”: hacer una reunión,
escribir las minutas, producir un informe, y convocar la próxima reunión,
contratar un informe, aprobarlo y archivarlo.
El portal de Responsabilidad Social del Ministerio de Trabajo y Economía
Social, que debería contener las estrategias, planes de acción, objetivos,
recursos, instrumentos de apoyo a las empresas y un gran etcétera, ni
siquiera ha sido actualizado para registrar la aprobación de la reactivación. Se puede apreciar cuan actualizado está
cuando dice, por ejemplo, “Actualmente, y a través de la Orden ESS/2360/2013, del 3 de diciembre del 2013 ……”. Hemos
verificado ese “actualmente” del 2013 el 15 de abril del 2026).
Además, el portal,
al referirse al CERSE del 2012 dice: “…configurándose como un órgano vivo en constante labor de estudio y análisis”. Huelgan comentarios.
El sitio tampoco
registra la creación, que ocurrió en abril del 2025, de la Comisión
Internacional de personas expertas en Responsabilidad Social de las Empresas, para “inspirar la elaboración de una nueva
Estrategia Española de la RSE, y actualizará el enfoque de la responsabilidad
social a fin de adaptarlo a los retos contemporáneos en materia de derechos
laborales y medioambientales, así como al nuevo contexto normativo y social.”
Habíamos comentado su creación en el artículo Comisión
Internacional de Personas Expertas en Responsabilidad Social de las Empresas
(RSE): Mal comienzo. Aparte de lamentar la constitución de la
comisión, que le imprimiría un sesgo a favor del tema de diversidad de género, con
el potencial de subestimar otros aspectos de la responsabilidad empresarial
que comentábamos arriba, entre otras cosas decíamos:
Todos los miembros de la comisión son académicos (aunque uno coordina una ONG
muy crítica de las empresas) ¡Ninguno de empresas! Expert@s
en el “debería ser”, no en el “es”. Una comisión de expert@s (¿?) en
responsabilidad social de la empresa que nunca han tenido a
su cargo la ejecución de la responsabilidad social de una empresa. Pero
pretende influenciar el comportamiento de esas empresas.
Esperemos que la concentración académica no impida utilizar una de las
herramientas más básicas de la RSE y consulten a
los stakeholders, incluyendo a los más afectados: las empresas. Los
académicos no lo saben todo, aunque lo creemos.
La nota de prensa citada arriba sobre la reactivación del CERSE
menciona a esta comisión diciendo:
En las próximas semanas se presentará el trabajo de una comisión
internacional de personas expertas en Responsabilidad Social de las Empresas
impulsado desde el Ministerio de Trabajo y Economía Social. Un informe con
propuestas concretas, más de 100 medidas de responsabilidad social relativas al respeto de
los derechos humanos, la igualdad de trato y no discriminación por razón de
género, sexo y orientación sexual, o la garantía del trabajo decente, entre
otras. (énfasis añadido)
Lo que hemos
marcado en negrilla corrobora la falta de comprensión sobre lo que involucra
la responsabilidad social de las empresas que comentábamos arriba. Es más
que condiciones laborales y género. Además, el
proponer ¡CIEN MEDIDAS! es una garantía de que no se hará nada. No
creemos que ello refleje una amplitud y profundidad de miras, más bien refleja una
dispersión de esfuerzos, que dificultará mucho el logro de objetivos
específicos-
¿Tendrán un plan de acción con metas, plazos de cumplimento, asignación de
responsabilidades, esquemas de seguimiento y control, consecuencias por
incumplimiento, y recursos para hacerlo? ¿O será un greenwashing
ministerial? Esperemos que la Dirección General de Economía
Social y Responsabilidad Social de las Empresas disponga de la capacidad
gerencial y financiera para implementar, las que le correspondan, y controlar
la implementación satisfactoria de las 100 medidas.
IV.
Y dos grandes omisiones.
Regulaciones
europeas. Durante las
recientes décadas, a nivel de la Comisión Europea, se han desarrollado
grandes esfuerzos para asegurar que las empresas asuman sus responsabilidades
ante la sociedad y el medio ambiente y se han emitido directivas y otros
instrumentos de regulación, con decenas de documentos y bases de datos de apoyo,
que han sido y serán transpuestas a la regulación española.
Muchas de las
regulaciones caen fuera del ámbito de actuación del ministerio, pero ello no
obsta para que el Consejo Estatal de Responsabilidad Social
de las Empresas, las ignore. Enfatizamos las palabras “Estatal”,
léase a nivel del “estado español” y “Responsabilidad Social de las Empresas,”,
léase “a nivel de todas las actividades de las empresas que afectan o son
afectadas por la sociedad y el medio ambiente”.
Es una demostración adicional de la falta
de coordinación y de visión integral de la problemática por parte del ministerio
…. y del estado español.
Información y promoción. Parte del objeto del CERSE es “…el
impulso y fomento de las políticas de responsabilidad social de las
empresas” y en esto hay otra gran omisión, cual es el reconocimiento de que
las políticas (y añado estrategias) empresariales (y añado públicas)
son solo condición necesaria, pero no suficiente para la asunción de la responsabilidad
de la empresa ante la sociedad. Son
las prácticas empresariales (y las
políticas e instrumentos públicos) las que
tienen un potencial impacto en la mejora de las condiciones sociales y medioambientales.
En este sentido se debería incluir la promoción de estas prácticas, por ejemplo,
vía actividades divulgativas de buenas prácticas, oportunidades educacionales y
de intercambios de experiencia, para la mentoría entre empresas, especialmente
para las PyME, entre otras. [ii]
El portal debería
ser el centro de recopilación de estas oportunidades y actividades pertinentes
sobre las políticas públicas nacionales, de las comunidades y de la Comisión
Europea, de los instrumentos de apoyo que ofrece el estado, de convocatorias a
reconocimientos, entre otras informaciones. Debería cubrir el “estado”.
Las funciones del
CERSE parecen centrarse en obtener información, procesarla y producir informes,
cuando lo que es más necesario es la promoción
de la acción, del impacto de las empresas. El éxito del CERSE no
deben medirse en términos del número de grupos de trabajo, de reuniones efectuadas,
de informe producidos, esto son insumos y la sumo productos, pero no son
impacto.[iii] Debe medirse en base al cambio logrado en la mejora de
las condiciones de la sociedad y el medio ambiente como consecuencia de las
actividades de las empresas, resultantes de las actividades del CERSE.
V.
En resumen
La
reactivación del CERSE es, en principio, una buena noticia para el ejercicio de
la responsabilidad de las empresas, pero las condiciones estructurales que
dieron lugar a su inactividad durante 15 años parecen continuar vigentes. En el papel todo parece favorable, pero el
mantenimiento de la misma composición numérica y sectorial del Consejo, la falta de estrategias dedicadas, de planes de acción,
con metas, medidas de supervisión y seguimiento, consecuencias de las fallas en
los logros y la falta de asignación de responsabilidades y recursos financieros
específicos, ponen en duda su efectividad.
Y ello se
confirma al constatar una situación semejante con la comisión de expertos que al
proponer 100 medidas demuestra que no han tomado en
cuenta la factibilidad y efectividad de su implementación. Cometen el clásico error de los
consultores, burócratas y comisiones de expertos al temer ser acusados de omisiones
y por ello recomiendan que se haga de todo. Sus
criterios de selección son la exhaustividad, no la factibilidad y efectividad.
Recibirán reproches si se deja de incluir algo del interés de algunos, pero no
serán reconocidos por promover lo factible y efectivo. Enfrentas incentivos
asimétricos. Y si sus recomendaciones fallan, siempre podrán darle la culpa a
la implementación defectuosa.
Casi 50 miembros de un Consejo y 100 medidas de un Comité Asesor, para complacer
a muchos, dejan de complacer al objeto de las tareas: la sociedad española.
A todo esto,
se une la dispersión de esfuerzos, la falta de coordinación y compatibilización
de objetivos, tanto a
nivel sectorial, por aspectos de la responsabilidad, como a nivel geográfico,
entre las diferentes instancias del gobierno central y gobiernos locales, que
hacen pensar que la efectividad de los logros estará muy por debajo de las
necesidades de la sociedad.
Para la
efectividad del incremento de la calidad, cantidad e impacto de las actividades
empresariales en bien de la sociedad se requiere una participación más amplia que
la que puede ofrecer el ministerio o el CERSE como tal.
VI.
Y una petición…
Resistan la tentación
de concentrar su atención en las grandes empresas españolas que pueden ser paradigmas
de la responsabilidad, dentro y fuera del país. No necesitan su ayuda ni
atención. Son excepciones que no son replicables en el resto del 99.81% de las
empresas españolas. [iv]Concéntrense en mejorar las condiciones del entorno en
que opera ese 99.81% y en excitarlas a que contribuyan más y mejor a la calidad de vida de sus empleados, clientes,
el medio ambiente y demás stakeholders.
Y ya que estamos en
ello, no se olviden de buscar maneras de que un grupo, omnipresente y casi
omnipotente, que afecta a ese 99.81%, el sistema financiero, asuma su responsabilidad
integral ante la sociedad, tal y como lo exige la licencia legal que les ha
sido otorgada.[v]
VII.
Apología y “apologies”.
Parte de la razón
de ser de este artículo, como lo fueron mis artículos sobre el Sello de Responsabilidad
y sobre la Comisión de Expertos, aunque algunos no lo crean, es de hacer una crítica constructiva, ofreciendo algunas
sugerencias para el logro de los objetivos trazados.
Ojalá que ello
tenga algún impacto (que se logre cambio), pero no lo creo por tres razones:
uno, porque no las conocerán, dos, porque aun si las conocen no las podrán
adoptar, y, tres, porque a lo mejor ni siquiera son efectivas.[vi]
Si estoy
equivocado, y la Dirección General de Economía Social y de la Responsabilidad
Social de las Empresas lo considera pertinente, me gustaría recibir sus
observaciones y lo reconoceré por este mismo medio.
Ojalá no se
cumpla la frase atribuida a Napoleón Bonaparte: “Si quieres que algo se
demore eternamente, nombra una comisión".
[i] Un claro ejemplo de la falta de
visión integral lo comentábamos en Fallo clamoroso del Estado en la regulación de las compras responsables, aunque ahora, afortunadamente, se incorporan
las compras públicas entre los aspectos a considerar por parte del CERSE.
[ii] Un esquema, con la participación de
los sectores públicos, privados y la sociedad civil, para la promoción de la
responsabilidad social se puede leer en el capítulo 6 del libro Responsabilidad Social de la Empresa en
las PyMEs
[iii] Para una apreciación de la diferencia
entre insumos, actividades, productos, resultados, efectos, y el legítimo
“impacto”, el cambio logrado, ver En sostenibilidad empresarial, ¿Tiene impacto el impacto?
[iv] Y con esto no quiero decir todas
las 5 600 empresas “grandes”, incluidas en el 0.19%, con más de 250 empleados
son paradigmáticamente responsables. Algunas los son.
[v] Para mayores detalles, ver Responsabilidad sui generis de la banca comercial.
[vi] Al hacer la revisión final de este
articulo llegó a mi buzón un artículo sobre el CERSE, en la misma línea, muy
incisivo, España resucita la responsabilidad social
tras una década dormida: ¿cambio real o maquillaje?, por Quim González Muntadas.
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