No es oro todo lo que reluce
Este es el tercer
artículo en el que analizamos el potencial impacto del financiamiento
denominado sostenible en el mejoramiento de la sostenibilidad de la sociedad y del
planeta. En el primero analizábamos en qué medida los valores negociables calificados
como sostenibles en efecto lo eran. En el segundo analizábamos el potencial
impacto de estos valores, distinguiendo las emisiones en los mercados
primarios de sus transacciones en los mercados secundarios. En este completamos
el tema analizando el potencial impacto del financiamiento bancario, que
ha tenido un elevado crecimiento en los últimos años, por lo que se justifica
analizar su efectividad.[i]
A efectos de analizar
este crecimiento y su potencial impacto es necesario distinguir sus dos
grandes segmentos, los préstamos dirigidos a financiar actividades e
inversiones sostenibles específicas, PS, y los prestamos ligados al cumplimiento
de algún objetivo general de sostenibilidad, PLS (son los mismos dos segmentos
que en el caso de los valores negociables que analizábamos en los artículos
precedentes). En el primer caso los recursos deben destinarse en su gran
mayoría a actividades específicas identificadas previamente. En el
segundo caso los recursos son de libre disposición por parte del prestatario
para el financiamiento de sus actividades generales, pero comprometiéndose al
logro de algunas metas de sostenibilidad, que son parte de su estrategia
general de sostenibilidad
En ambos casos
son los contratos privados entre las partes las
que rigen el comportamiento. El prestatario es el responsable de cumplir con las obligaciones y el
prestamista es responsable de verificar su cumplimiento y actuar en
consecuencia, lo que puede incluir desde penalizaciones prestablecidas,
pasando por presiones y hasta a ignorar los incumplimientos. A efectos de
analizar el potencial impacto es de recordar que esto es un contrato privado
entre las partes, confidencial, sin supervisión externa alguna (salvo en
casos excepcionales, como los préstamos sindicados para la sostenibilidad en
los que el grupo de bancos del sindicato puede delegar la supervisión y control
a un tercero, pero todo sigue siendo privado).
En el caso de los
préstamos directos, PS, el potencial impacto sobre la sostenibilidad es
elevado ya que los recursos deben destinarse a actividades sostenibles. Ello no garantiza que se logre, ya sea
porque los recursos no se destinen a los rubros acordados, como que estos sean más
nominales que reales, o bien que no logren el impacto anticipado.
En el segundo
caso, PLS, no hay una relación entre los recursos, destino e impacto. Las condiciones en estos préstamos suelen
ser muy generales, por ejemplo, la reducción de emisiones o del consumo de energía
o agua, mejoras en el balance de género, que, en general, el prestatario pensaba
hacer de todas maneras (en muchos casos es de sentido común y lo hacen porque puede
tener rendimientos financieros). Difícilmente son condiciones “nuevas”, que
exigen acciones incrementales, llevadas a cabo como consecuencia del préstamo. El impacto de los recursos financieros sobre
la sostenibilidad es muy dudoso.
En ambos casos
el prestamista contabiliza la totalidad de los recursos prestados como si
fueran totalmente sostenibles, lo que puede resultar en una sobreestimación. En el primer caso es razonable, aunque
no hay garantía de que lo serán. En el segundo caso esta tipificación es una
gran exageración.
Esto explica en
buena parte porque el mercado global de los ligados a la sostenibilidad, PLS,
es mucho más grande, fue el 72% del total de los prestamos “sostenibles” en
el 2024 (€ 650 000 millones vs. € 260 000 millones en préstamos directos, PS),
con un crecimiento mucho más elevado durante ese año (22% vs. 6%).
La impresión
de que la banca mundial dedicó € 650 000 millones a la sostenibilidad en el
2024 es engañosa. Quizás
buena parte de los € 260 000 millones, que fueron colocados con la intención de
tener impacto, si lo hayan sido, aunque no es seguro que ese impacto haya sido
logrado.
Este segmento
del financiamiento sostenible se presta al greenwashing. En
el primer caso el potencial es menor, pero hay que recordar que es una
operación privada y la información que se disemina no es objeto de
verificación externa, salvo en el caso del prestatario que prepara informes
de sostenibilidad de diseminación publica con verificación externa (que a lo sumo
será la “limitada”). Adicionalmente a esto, en el segundo caso se añade la tenue
o inexistente relación entre los montos reportados y acciones para la sostenibilidad.
Pero tanto el prestamista como el prestatario reportan los montos sin estas
advertencias.
Un banco español,
líder en financiamiento sostenible, reporta Є 7 500 millones en préstamos
sostenibles en su banca minorista en el primer semestre del 2025 (12,5% del
total y crecimiento del 120% anual), que muy probablemente no son en
actividades de significativo impacto social y ambiental, como lo serían los
montos de préstamos con destino especifico de su banca corporativa y de
inversión. La calificación de sostenible se presta
a inferencias no justificadas, se abusa de la semántica.
El mayor usuario
del greenwashing son los prestamistas ya que contabilizan los € 910 000
millones como si fueran totalmente sostenibles. Además, suele ser común la práctica
de recalificar como sostenibles algunos préstamos tradicionales. Lo que
antes eran préstamos para la adquisición de vivienda, o educación, o salud ahora
son préstamos sostenibles (sociales). Lo que antes era un préstamo para la
agricultura ahora es un préstamo para la sostenibilidad ambiental. Lo que antes
eran préstamos para microempresas ahora son préstamos de inclusión financiera.
Y aumentarán
todavía más los volúmenes calificados como (dudosamente) sostenibles ya que la
Corte General de la Unión Europea ha dictaminado que el financiamiento de la
energía nuclear y el gas natural puede ser considerado como sostenible.
Con esto no
queremos decir que se puede hacer lo que se quiera. La Loan Market Association ha publicado principios y guías para los préstamos verdes y sociales y
para los ligados a la sostenibilidad, que son valiosos, pero de aplicación
voluntaria, por lo que existe gran diversidad en la práctica, creando confusión
y desconfianza. No existen estándares o regulaciones, por ejemplo, al nivel
de las de los bonos verdes de la Comisión Europea. Afortunadamente la
Autoridad Bancaria Europea ha instado a la Comisión a producir estándares para
estos préstamos al nivel de aquellos. Por otra parte, ante el elevado
crecimiento el mismo mercado tiende a autorregularse y se están logrando progresos, por ejemplo, en la confiabilidad de los más
dudosos, los prestamos ligados a la sostenibilidad.
Y el hecho de
que los prestatarios reciban préstamos o emitan bonos sostenibles o ligados a
la sostenibilidad no quiere decir que sean responsables. Lo único que tiene alguna certeza de
responsabilidad son las prácticas que son objeto de financiamiento dedicado. El
resto de las actividades de las empresas o proyectos, aun aquellas que reciben
financiamiento ligado a la sostenibilidad, no son objeto de verificación para
el otorgamiento de esos financiamientos. [ii]
El financiamiento
bancario sostenible tiene un gran potencial de impactar la sostenibilidad en el
sentido más amplio de la palabra, pero en las condiciones actuales la impresión
que quieren crear de que sus volúmenes tienen impacto son muy engañosas. Por
lo discutido arriba, solo una pequeña parte podría calificarse como tal.
Este segmento del
mercado financiero tiene una necesidad urgente de sincerarse.
[i] Para mayores detalles ver De qué color son los préstamos verdes.
[ii] Estos aspectos han sido analizados
en más detalle en Mis veinte artículos sobre préstamos y bonos
verdes, sociales, sostenibles y ligados
a la sostenibilidad.
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