sábado, 29 de noviembre de 2025

Préstamos sostenibles: ¿Tienen impacto sobre la sostenibilidad empresarial?

 

No es oro todo lo que reluce

Este es el tercer artículo en el que analizamos el potencial impacto del financiamiento denominado sostenible en el mejoramiento de la sostenibilidad de la sociedad y del planeta. En el primero analizábamos en qué medida los valores negociables calificados como sostenibles en efecto lo eran. En el segundo analizábamos el potencial impacto de estos valores, distinguiendo las emisiones en los mercados primarios de sus transacciones en los mercados secundarios. En este completamos el tema analizando el potencial impacto del financiamiento bancario, que ha tenido un elevado crecimiento en los últimos años, por lo que se justifica analizar su efectividad.[i]

A efectos de analizar este crecimiento y su potencial impacto es necesario distinguir sus dos grandes segmentos, los préstamos dirigidos a financiar actividades e inversiones sostenibles específicas, PS, y los prestamos ligados al cumplimiento de algún objetivo general de sostenibilidad, PLS (son los mismos dos segmentos que en el caso de los valores negociables que analizábamos en los artículos precedentes). En el primer caso los recursos deben destinarse en su gran mayoría a actividades específicas identificadas previamente. En el segundo caso los recursos son de libre disposición por parte del prestatario para el financiamiento de sus actividades generales, pero comprometiéndose al logro de algunas metas de sostenibilidad, que son parte de su estrategia general de sostenibilidad

En ambos casos son los contratos privados entre las partes las que rigen el comportamiento. El prestatario es el responsable de cumplir con las obligaciones y el prestamista es responsable de verificar su cumplimiento y actuar en consecuencia, lo que puede incluir desde penalizaciones prestablecidas, pasando por presiones y hasta a ignorar los incumplimientos. A efectos de analizar el potencial impacto es de recordar que esto es un contrato privado entre las partes, confidencial, sin supervisión externa alguna (salvo en casos excepcionales, como los préstamos sindicados para la sostenibilidad en los que el grupo de bancos del sindicato puede delegar la supervisión y control a un tercero, pero todo sigue siendo privado).

En el caso de los préstamos directos, PS, el potencial impacto sobre la sostenibilidad es elevado ya que los recursos deben destinarse a actividades sostenibles.  Ello no garantiza que se logre, ya sea porque los recursos no se destinen a los rubros acordados, como que estos sean más nominales que reales, o bien que no logren el impacto anticipado.

En el segundo caso, PLS, no hay una relación entre los recursos, destino e impacto. Las condiciones en estos préstamos suelen ser muy generales, por ejemplo, la reducción de emisiones o del consumo de energía o agua, mejoras en el balance de género, que, en general, el prestatario pensaba hacer de todas maneras (en muchos casos es de sentido común y lo hacen porque puede tener rendimientos financieros). Difícilmente son condiciones “nuevas”, que exigen acciones incrementales, llevadas a cabo como consecuencia del préstamo.  El impacto de los recursos financieros sobre la sostenibilidad es muy dudoso.

En ambos casos el prestamista contabiliza la totalidad de los recursos prestados como si fueran totalmente sostenibles, lo que puede resultar en una sobreestimación. En el primer caso es razonable, aunque no hay garantía de que lo serán. En el segundo caso esta tipificación es una gran exageración.

Esto explica en buena parte porque el mercado global de los ligados a la sostenibilidad, PLS, es mucho más grande, fue el 72% del total de los prestamos “sostenibles” en el 2024 (€ 650 000 millones vs. € 260 000 millones en préstamos directos, PS), con un crecimiento mucho más elevado durante ese año (22% vs. 6%).

La impresión de que la banca mundial dedicó € 650 000 millones a la sostenibilidad en el 2024 es engañosa. Quizás buena parte de los € 260 000 millones, que fueron colocados con la intención de tener impacto, si lo hayan sido, aunque no es seguro que ese impacto haya sido logrado.

Este segmento del financiamiento sostenible se presta al greenwashing.  En el primer caso el potencial es menor, pero hay que recordar que es una operación privada y la información que se disemina no es objeto de verificación externa, salvo en el caso del prestatario que prepara informes de sostenibilidad de diseminación publica con verificación externa (que a lo sumo será la “limitada”). Adicionalmente a esto, en el segundo caso se añade la tenue o inexistente relación entre los montos reportados y acciones para la sostenibilidad. Pero tanto el prestamista como el prestatario reportan los montos sin estas advertencias.

Un banco español, líder en financiamiento sostenible, reporta Є 7 500 millones en préstamos sostenibles en su banca minorista en el primer semestre del 2025 (12,5% del total y crecimiento del 120% anual), que muy probablemente no son en actividades de significativo impacto social y ambiental, como lo serían los montos de préstamos con destino especifico de su banca corporativa y de inversión. La calificación de sostenible se presta a inferencias no justificadas, se abusa de la semántica.

El mayor usuario del greenwashing son los prestamistas ya que contabilizan los € 910 000 millones como si fueran totalmente sostenibles. Además, suele ser común la práctica de recalificar como sostenibles algunos préstamos tradicionales. Lo que antes eran préstamos para la adquisición de vivienda, o educación, o salud ahora son préstamos sostenibles (sociales). Lo que antes era un préstamo para la agricultura ahora es un préstamo para la sostenibilidad ambiental. Lo que antes eran préstamos para microempresas ahora son préstamos de inclusión financiera.

Y aumentarán todavía más los volúmenes calificados como (dudosamente) sostenibles ya que la Corte General de la Unión Europea ha dictaminado que el financiamiento de la energía nuclear y el gas natural puede ser considerado como sostenible.

Con esto no queremos decir que se puede hacer lo que se quiera. La Loan Market Association ha publicado principios y guías para los préstamos verdes y sociales y para los ligados a la sostenibilidad, que son valiosos, pero de aplicación voluntaria, por lo que existe gran diversidad en la práctica, creando confusión y desconfianza. No existen estándares o regulaciones, por ejemplo, al nivel de las de los bonos verdes de la Comisión Europea. Afortunadamente la Autoridad Bancaria Europea ha instado a la Comisión a producir estándares para estos préstamos al nivel de aquellos. Por otra parte, ante el elevado crecimiento el mismo mercado tiende a autorregularse y se están logrando progresos, por ejemplo, en la confiabilidad de los más dudosos, los prestamos ligados a la sostenibilidad.

Y el hecho de que los prestatarios reciban préstamos o emitan bonos sostenibles o ligados a la sostenibilidad no quiere decir que sean responsables. Lo único que tiene alguna certeza de responsabilidad son las prácticas que son objeto de financiamiento dedicado. El resto de las actividades de las empresas o proyectos, aun aquellas que reciben financiamiento ligado a la sostenibilidad, no son objeto de verificación para el otorgamiento de esos financiamientos. [ii]

El financiamiento bancario sostenible tiene un gran potencial de impactar la sostenibilidad en el sentido más amplio de la palabra, pero en las condiciones actuales la impresión que quieren crear de que sus volúmenes tienen impacto son muy engañosas. Por lo discutido arriba, solo una pequeña parte podría calificarse como tal.

Este segmento del mercado financiero tiene una necesidad urgente de sincerarse.

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