domingo, 31 de marzo de 2019

La empresa como fuerza centrípeta de las expectativas de los empleados


A comienzos del año se publicó el Edelman Trust Barometer 2019 (el informe completo aquí) que estudia la evolución de la confianza del público en las diferentes instituciones de la sociedad y en esta edición se enfoca en la relación empleado-empleador por lo que ofrece elementos esclarecedores sobre las expectativas que se tienen sobre el papel de las empresas en la sociedad y en la solución de los problemas sociales, o sea, en su responsabilidad ante la sociedad.  Y los resultados reflejan elevadas expectativas, en un entorno mundial que se ha caracterizado por la desconfianza en las instituciones. En este artículo presento mi análisis e interpretación de los resultados para esa responsabilidad.


El estudio se lleva a cabo anualmente y se basa en encuestas a dos “poblaciones”, el público en general y el publico “informado”. [1] En el primer grupo se hacen 1.150 encuestas por país, en 27 países, y el segundo grupo incluye 500 personas en EE. UU y China y 200 en los otros 25 países (más de 33.000 personas).  Se estudia la confianza en las instituciones: ONG, empresas, gobiernos y medios.


I.                   Desconfianza, individualismo y populismo


En las encuestas de años anteriores se podía constatar una creciente esconfianza en todas las instituciones, lo que estaba conduciendo a un atrincheramiento hacia el individualismo, hacia confiar en los que tenemos cercanos, que conocemos, en los amigos, familia y colegas, reduciendo la solidaridad a los “nuestros”.  Adicionalmente a informarse solamente a través de medios que comparten nuestra opinión, segmentando más todavía a la sociedad, conduciendo al “parroquialismo y sentimientos de antiglobalización.  Esto hacía y hace el terreno fértil para populismos y nacionalismos.  En el artículo Populismo, nacionalismo, confianza y responsabilidad de la empresa. 1ª. Parte: El círculo vicioso populismo-desconfianza, publicado a comienzos del 2017 analizábamos ya este fenómeno, basado en los resultados del Barómetro de ese año y las tendencias electorales de los últimos años.


Son los argumentos que podían explicar la sorpresa del voto del Brexit y la de victoria de Trump, en contra de los pronósticos de las élites, de lo que podríamos llamar “los informados”, los que si creen que la globalización conduce al progreso económico, pero que a veces ignoran que ese progreso económico se logra en “el promedio”, en el “agregado”, y que conduce a grandes desigualdades, que no son compensadas por los que salen beneficiados a los que salen perjudicados, sean países sean personas.  También permiten explicar los movimientos recientes hacia el populismo en Italia, Brasil, México y España.


Y el nivel de pesimismo continua en esta nueva encuesta.  Solo el 15% de los encuestados revela plena confianza en el sistema actual.  Y la brecha entre las opiniones del público en general y el informado sobre las instituciones ha ido aumentando y se coloca en los máximos niveles desde que se hace la encuesta, el 16%.  Esto tiene importantes implicaciones políticas ya que, si bien los “informados” suelen tener más poder económico y de opinión que la población en general, estos últimos tienen mayor número de votos.  A las élites nos pueden parecer ignorantes, que no saben nada, pero tiene más votos.  En el artículo citado también comentábamos un libro que analizaba el estado de la democracia y proponía que el poder de voto fuese en función del conocimiento de la operación de los sistemas económicos y políticos.  El sistema de “una persona un voto” conduce a gobiernos incompetentes (según las élites, claro está).


II.                Expectativas sobre las empresas y sus dirigentes


Como mencionamos al principio, el Barómetro 2019 dedicó buena parte de las encuestas a la confianza en las empresas y sus dirigentes y sus relaciones con los empleados.  El análisis de los resultados nos permite hacer algunas consideraciones sobre las expectativas sobre la responsabilidad de la empresa ante la sociedad.

           
  1. Expectativas sobre la empresa


Dentro de un entrono generalizado de desconfianza en las instituciones, los empleados se están volviendo hacia el empleador, quizás como parte de la tendencia a concentrarse dentro de su pequeño mundo para escapar de las preocupaciones globales sobre las que no tiene control, percibido como cada vez más hostil.  Como el niño que ante las dificultades se aferra a los padres (o familiares).


El 75% responde que tiene confianza en su empleador, 19 puntos más que sobre las empresas en general y 27 más que sobre el gobierno.  De una manera aplastante, los empleados esperan que sus empleadores sean sus “socios en el cambio”.  Sus expectativas de que los empleadores serán parte de la acción en temas sociales (67%) son casi tan altas como las expectativas sobre que permitirán su empoderamiento personal (75%) y les darán oportunidades de empleo (80%).  Casi seis de cada diez creen que el empleador es una fuente confiable de información sobre los aspectos sociales contenciosos y en temas tan importantes como la economía (72%) y la tecnología (58%).  Este significativo cambio en las expectativas presenta una enorme oportunidad para que los empleadores contribuyan a reconstruir el capital social ya que la población en general ve a las empresas como capaces de lograr ambos objetivos: hacer dinero y mejorar la condición social (73%).

La empresa se vuelve como una fuerza centrípeta para las expectativas de los empleados, gravitan hacia ella.


En este entorno, el principal temor expresado por los empleados en la pérdida del empleo, ya sea por los cambios tecnológicos (55%), ya sea por la falta de las destrezas necesarias (59%).  El 54% cree que la innovación va demasiado rápido.  ¿Quién debe resolver este potencial problema sobre la mano de obra?  Es un problema que en principio corresponde al gobierno, con una visión de largo plazo, pero sobre el cual los empleados tienen poca confianza.  Las empresas tienen un importante papel que cumplir como comentamos más adelante.    


  1. Expectativas sobre los dirigentes


De la encuesta también surge que los empleados tienen las expectativas de que los dirigentes, CEO, tomen el liderazgo del cambio en vez de esperar que sean los gobiernos los que lo impongan (76%).  El 74% revela expectativas de que el CEO personifique los valores y misión de la empresa que dirigen y el 66% que debe tomar posiciones sobre los aspectos sociales más candentes como por ejemplo inmigración, diversidad e inclusión.  Deben hacer mucho más que hablar, deben mostrar su compromiso personal, dentro y fuera de la empresa. [2]  


  1. Brecha por género


Y hay una brecha por género en estas expectativas.  Las mujeres son más escépticas sobre los cuatro grupos de instituciones que los hombres y la brecha es en algunos casos superior al 10%, mayormente como consecuencia de la desconfianza en el grupo empresas.  Quizás porque, siendo muchas de las opinan empleadas, ven de primera mano la discriminación explícita o implícita de la que son objeto.   


III.             Implicaciones para la responsabilidad de la empresa ante la sociedad


En el artículo Populismo, nacionalismo, confianza y responsabilidad de la empresa. 2ª. Parte: La RSE en tiempos revueltos (febrero 2017), analizamos con mucho más detalle el entorno existente y proponíamos una revisión de la relación empresa-sociedad.  Recomendábamos “Siete imperativos para las empresas en tiempos revueltos”, para hacerle frente a estas tendencias de desconfianza y hacia el localismo.  Los siete imperativos se referían a: (1) Condiciones laborales; (2) Acercamiento a los stakeholders;  (3) Desarrollo local; (4) Responsabilidad en la gestión financiera; (5) Comunicación; (6) El papel público del sector privado; y, (7) Desigualdad.

Ahora, con los resultados dos años después, del barómetro 2019, y las expectativas reveladas de los empleados se hacen todavía más necesarios. Se deben enfatizar todavía más los imperativos de las condiciones laborales en los temas de desarrollo profesional y discriminación por género y del papel público del sector privado [3] en lo que respecta a la participación de los dirigentes en los grandes problemas sociales.


Si bien el impacto de los avances de la globalización y el desarrollo tecnológico (precariedad y pérdida del empleo) en principio excede las capacidades de las empresas, individual y colectivamente, de paliarlo, no deja de ser una preocupación que afecta a las empresas.  Aun cuando la responsabilidad básica parece residir en los gobiernos en adecuar las redes de protección social y los sistemas educativos para hacerlos más robustos ante esos cambios, las empresas no pueden esperar ya que se trata de soluciones de largo plazo y el cambio no espera.  La posición fácil es despedir a los que no se han podido adaptar y contratar nuevos empleados capacitados.  Pero esto solo contribuiría a profundizar el problema de la sociedad, pasárselo a otro. 


Una empresa responsable, además de que tiene un capital invertido en sus empleados (lamentablemente no contabilizado), debe preocuparse no solamente de adaptarse a los cambios tecnológicos sino además de adaptar a su capital humano, reduciendo la precariedad del empleo, su desarrollo profesional y el enriquecimiento del trabajo (para una discusión más extensa ver mi artículo Empleo y desarrollo humano como responsabilidad social de las empresas). [4]


Los resultados del Barómetro 2019 reflejan las expectativas de los empleados en este sentido y, lamentablemente, su dependencia.  No es tanto el Estado benefactor como el empleador responsable, que es parte de su pequeño mundo.







[1] El público en general incluye personas mayores de 18 años, el público informado se define como las personas que han completado la universidad, entre 25 y 64 años (los mayores de 64 no interesan, estamos “demasiado” informados), están el primer cuartil de ingresos en su grupo de edad y tiene un elevado consumo de noticias, incluyendo las de negocios y políticas públicas.

[2] El papel del CEO lo habíamos analizado ampliamente en la serie de cuatro artículos sobre Activismo de líderes empresariales.

[4] En marzo del 2019, JPMorgan Chase anunció un variado y amplio programa de desarrollo profesional JPMorgan Chase is investing $350 million to get workers ready for the future.  El anuncio contiene una cita muy destacable, que respalda lo que decimos en este artículo y el citado arriba: “el mundo real del trabajo necesita destrezas no grados académicos”.


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