domingo, 19 de mayo de 2013

¿Qué deben hacer las multinacionales ante violaciones de DDHH en la cadena de valor?


Con motivo de varios desastres en la cadena de valor de las multinacionales de prendas de vestir publicamos un artículo (Violaciones de DDHH en la cadena de valor: ¿me voy o me quedo?) e hicimos una encuesta preguntando qué deben hacer las empresas ante estos eventos: ¿quedarse o irse? ¿Cuál debe ser su estrategia?.  En este artículo analizamos las opiniones de 50 de nuestros lectores[i], la reacción de algunas empresas y algunas lecciones aprendidas.

El total de muertes por el colapso de las fábricas en Bangladesh llegó a más de 1.200 (aunque con la buena noticia de una superviviente después de 17 días bajo los escombros).




¿Qué opinaron nuestros lectores?

La encuesta tenía dos grandes preguntas que pretendían recabar la opinión de los lectores sobre las estrategias de las multinacionales ante violaciones en las condiciones de seguridad del trabajo. En la primera se preguntaba por su responsabilidad en la cadena de valor con posibles respuestas basadas en el nivel de involucramiento en asegurar condiciones idóneas.  La gran mayoría favorece una responsabilidad muy amplia, el 64% dice que las empresas deberían ir más allá de las regulaciones nacionales e internacionales y asegurarse que el país tiene regulación, supervisión, control y penalización adecuados a los estándares internacionales de la industria. 

Esta es la estrategia que aparente están adoptando los grandes compradores europeos, en tanto que los de EEUU parecen favorecer la estrategia de asegurarse que sus proveedores tienen condiciones de trabajo seguras (no está claro cuáles serán los estándares, pero si vamos por precedentes, parece que se inclinarán por estándares nacionales).  Estas dos estrategia fueron seleccionada por una suma del 28% de los encuestados.




La segunda pregunta se refería a las acciones que deberían tomar en caso de violaciones masivas.   También hubo gran consenso  (82%) en que las multinacionales deben permanecer en el país y trabajar con las autoridades, la sociedad civil, los suplidores, otros compradores y vendedores, para mejorar las condiciones de seguridad de la producción, aunque ello requiera invertir tiempo y dinero, sin importar la intensidad de su involucramiento.

Parece que ésta es la decisión de la gran mayoría de las empresas que reportan sus respuestas en los medios de comunicación.  Con la excepción mencionada en el artículo anterior de Disney, no se han divulgado otras salidas de grandes empresas. Ello no obsta para que lo hagan sin hacer mucho ruido o cuando la atención haya disminuido[ii].


Los encuestados se pronuncian por una intervención a nivel agregado, trabajando desde dentro del país con las demás partes involucradas para mejorar las condiciones. 

En este sentido vale reiterar la advertencia que venimos haciendo con motivo de recientes encuestas de que estos resultados no son representativos de la población en general y representan, muy posiblemente, la opinión de expertos en RSE que creen en ello (el 66% de los encuestados dice tener más de 4 años de experiencia).

Los resultados anteriores no han sido muy diferentes por región donde trabajan los encuestados, excepto en la percepción de las condiciones laborales en América Latina, que a nivel agregado representa un resultado sorprendente (por lo menos para mí).  El 62% de los encuestados cree que prevalecen condiciones de inseguridad como las vistas en Bangladesh.  Esta opinión es un poco más pesimista para los que trabajan en España (68%) que para los que trabajan en América Latina (52%).  Ojalá que no tengamos que enfrentar un accidente para tomar medidas correctivas.



¿Qué hicieron las empresas?

La reacción de las empresas fue muy variada, pero lo que tuvieron en común fue la decisión de las más grandes de atacar el problema para minimizar su ocurrencia.  El impacto reputacional es muy, muy grande, especialmente cuando se muestran fotos de etiquetas con el nombre de la empresa ente los escombros.  Y son muchas las que han dicho que no sabían que en esas fábricas se producían sus productos, que es culpa de los subcontratistas que mueven la producción de una fábrica a otra.  Pero este argumento ya no es convincente.  “No sabía” dejará de ser excusa. 

En general podemos decir que la reacción se dividió en dos grupos y fue mayormente geográfico (aparte del caso de Disney mencionado).  Un grupo europeo que optó por atacar el problema como lo piden la mayoría de los lectores en la encuesta antes mencionada, y es atacar el problema a nivel nacional, con la participación de los empresarios, sindicatos, gobiernos y las mismas multinacionales, con el objeto de mejorar las condiciones físicas y regulatorias en todo el país.  El acuerdo alcanzado, no es solo de buenas intenciones, tiene fuerza legal y puede conllevar penas a los firmantes en caso de incumplimiento.  Su estrategia es global, porque el problema es generalizado.  A lo mejor ven que es difícil controlar donde se producen sus prendas, a lo mejor ven su responsabilidad como integral, no solo la de proteger su reputación, controlando las fábricas en que operan.  Sea como sea, esta es una solución más afín a la cultura europea de solidaridad y acción conjunta.

Por otra parte están las multinacionales mayormente de EEUU, con la más visible siendo WalMart,  que optan por una solución a la medida, que han decido ir por su cuenta, asegurando que controlarán las condiciones de seguridad en todas las fabricas donde producen sus productos y controlarán la tercerización de la subcontratación.    No participarán en los esfuerzos colectivos. Aparentemente no suscriben el acuerdo europeo por temor a las demandas legales.   Su compromiso es mejorar las condiciones en SUS plantas, pero no se preocuparan del resto de las plantas o del país.  Es un enfoque más estadounidense[iii], individualista, ejerciendo el control y con su tradicional reticencia a acuerdos legales que puedan ser objeto de juicios.

Son diferentes visiones de la responsabilidad empresarial.  Europa es más colectiva, EEUU es más individualista.

En nuestra encuesta el 6% expresó la opinión que ejerce WalMart y otras empresas estadounidenses y el 82% lo que parece estar haciendo el grupo europeo.  Todos los encuestados menos uno son de Europa y América Latina

¿De quién es la responsabilidad?

¿Quién de estas empresas se preocupa de su reputación?  ¿Quién de estas empresas se preocupa además de las condiciones laborales de todo el país?  ¿Quién de estas empresas es socialmente más responsable?  

Por mucho que algunos insistan que somos los consumidores los que debemos hacer algo, en este caso es sumamente difícil enterarse.  ¿Qué hacemos?, ¿dejar de comprar prendas que digan “Made in Bangladesh”?  ¿Quién sentiría el impacto?  Las grandes multinacionales siempre tienen la opción de mudarse de país.  No sería justo, pagarían justos por pecadores.  En casos como estos  donde se producen prendas en miles de fábricas, donde la misma marca se produce en varias de ellas, donde los grandes compradores a veces no saben dónde se fabrican sus prendas, corresponde a los que tienen información actuar y estos son las empresas multinacionales y los gobiernos.  Los consumidores es poco lo que podemos hacer, salvo presionar a estas grandes empresas con nuestras decisiones de compra en todos sus productos.

Pero se necesita reforzar el papel de las organizaciones no gubernamentales que monitorean e informan sobre las condiciones en las fábricas, el de las instituciones que efectúan auditorias independientes (que en este caso dejaron mucho que desear, a lo mejor no eran tan independientes) y las instituciones que verifican las condiciones y emiten certificaciones.

Aunque los productores son tan astutos que se ven situaciones al revés.  ¿Cuantas prendas no dicen “Made in Italy” y son hechas en otra parte.  Los criterios para permitir la colocación legal de las etiquetas de origen varían mucho y en algunos casos basta que un pequeño porcentaje del valor agregado sea del país.  Y ni que hablar de los que las colocan ilegalmente, que ponen la etiqueta aun cuando no sean hechos allí.  Es de esperar que las marcas reconocidas sean confiables, pero no todos podemos comprar Armani, Ferragamo o Segna.

Y aun así, en Prato, capital de la confección en Italia, cerca de Florencia, gran número de fábricas, que había  perdido competitividad por el costo de la mano de obra en Italia, han sido compradas por empresarios chinos (más de 4.000 fábricas), que las producen con telas e hilos chinos y con mano de obra que traen de China, con plagio en el diseño y en muchos casos en condiciones deplorables de sueldos, horas de trabajo y trabajo infantil,  a pesar de las regulaciones del gobierno de Italia.

Y le venden a las empresas miembros del grupo europeo que trata de mejorar las condiciones en Bangladesh. Pero legalmente (o en el borde de la legalidad) son “Made in Italy” y es de presumir que tendrán un precio mayor a las “Made in Bangladesh”.  

Y para concluir, es muy oportuno recordar lo que dice el Papa Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in Veritate del 2009, sobre la importancia de la responsabilidad en la cadena de valor, en el offshoring:

………no es lícito deslocalizar únicamente para aprovechar particulares condiciones favorables, o peor aún, para explotar sin aportar a la sociedad local una verdadera contribución para el nacimiento de un sólido sistema productivo y social, factor imprescindible para un desarrollo estable.

Premonitorio[iv].



[i]  El 56% dicen trabajar en España y el 42% en América Latina y uno encuestado en otra región.
[ii] Esta situación es muy fluida y el lector debería consultar las noticias más recientes sobre este tema para apreciar los progresos.
[iii] No uso “americano” porque no sería correcto.
[iv] Real Academia:  Presentimiento, advertencia moral