Sin duda los lectores recordarán que los argumentos utilizados para la “simplificación” de las regulaciones sobre los reportes de sostenibilidad, diligencia debida y la taxonomía verde se basaban en su impacto negativo sobre la competitividad de las empresas. La simplificación recientemente aprobada en el Ómnibus I supone que ahorrará € 5 000 millones anuales en costos administrativos a las empresas cubiertas (unos € 3 millones cada una) y € 2 500 millones, una vez, para las ahora exentas (pobres consultoras que dejaran de percibir muchos de estos ingresos, cuyo impacto económico no ha sido considerado). [i]
Pero esto no solamente ignora los costos para la sociedad de esa simplificación, [ii] sino que además supone que las empresas ahora no cubiertas no seguirán haciendo lo que pedían las anteriores versiones de las regulaciones. Esto ignora las inversiones ya hechas por estas empresas, por lo que pueden querer seguir haciéndolo, los beneficios internos en las estrategias y actividades sostenibles de la introspección que el cumplimiento conlleva, [iii] las expectativas de los consumidores y de los mercados financieros, que posiblemente hagan que se sigan llevando a cabo muchas de las actividades para el cumplimiento. [iv]
Pero era más fácil y políticamente más expedito dar la culpa a estas regulaciones, que atacar los verdaderos problemas de la competitividad, uno de los más directos e impactantes son las restricciones al comercio interno. Según un estudio del Banco Central Europeo:
Las fricciones comerciales en la Unión Europea son más onerosas que el arancel más alto que Trump amenazó con imponer al bloque el año pasado, Barreras como las diferencias en las regulaciones nacionales y las prácticas anticompetitivas son responsables de costes comerciales intracomunitarios equivalentes a gravámenes del 67 % para bienes y del 95 % para servicios (110% según el Fondo Monetario Internacional).
Y si consideramos los volúmenes del intercambio comercial de bienes podemos apreciar el impacto de aquellos “aranceles” en la competitividad de sus empresas: el comercio interestatal en EE. UU. es de casi el 60% del PIB, en tanto que en la UE es de solo el 20%
Lamentablemente el proceso de desregulación se politizó, su usaron argumentos cuidadosamente seleccionados para el impacto en la opinión pública y se dejaron de lado los análisis requeridos de los costos y beneficios de las desregulaciones para la sociedad (lo que sí se había efectuado para justificar las regulaciones). [v] Si las regulaciones se aprobaron demostrando elevados beneficios netos, ¿qué ha cambiado para que ahora los elevados sean costos netos?: La política.
¿Tienen la culpa las regulaciones de gestión y reporte sobre la sostenibilidad empresarial de la menor competitividad de la economía de la Unión Europea?
[i] Si quieres saber un poco más sobe el Ómnibus ver mi post en LinkedIn https://bit.ly/4aKLS8B
[ii] Lo habíamos analizado en ¿Mejorará la competitividad la dilución del rigor en la sostenibilidad empresarial?
[iii] Ver los beneficios de la preparación de informes de sostenibilidad en Informes de sostenibilidad: ¿Sirven para algo?
[iv] Ver Beyond Compliance: Sustainability Reporting After the Omnibus, donde se reporta que el 90% de las empresas excluidas reportan que seguirían preparando los informes de sostenibilidad. Está basado en una encuesta unos 400 ejecutivos. Esto es solamente indicativo ya que solo refleja intenciones y no la realidad, además de que la muestra es muy pequeña como para extrapolar al universo de más de 50 000 empresas excluidas.
[v] Esto lo habíamos analizado en detalle en Sostenibilidad empresarial y Competitividad en Europa: ¿Sinergias o conflictos?.
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