"El 90% de las empresas que ya no entran dentro del ámbito de aplicación de la Directiva de Reportes de Sostenibilidad Empresarial, CSRD, planean mantener y ampliar sus informes de sostenibilidad”. Este es el titular resumen de un estudio publicado en marzo del 2026 (Beyond Compliance: Sustainability Reporting After the Omnibus) en el que se reportaban los resultados de una encuesta a empresas que habían sido liberadas de la obligación de reportar al aprobarse el Ómnibus de desregulación. [i] ¿Te lo crees? Veamos.
Visto el titular a secas y aun leyendo resúmenes publicados la impresión es muy buena. Lo que veníamos diciendo muchos parece realidad: [ii] Si bien el ómnibus eximió a más de 50 000 empresas en Europa de la Directiva de reportar, parece ser que algunas lo quieren seguir haciendo, ya sea respondiendo a lo que creen son las exigencias de algunos stakeholders o bien porque ya tienen los procesos montados para hacerlo, bien porque es una excelente guía estratégica, bien porque los dirigentes están comprometidos con la sostenibilidad empresarial. Sin duda que muchas lo harán.
Y lo que se suele subestimar es que la eliminación de esa obligación en estas empresas empodera a los enemigos internos de la sostenibilidad y a los que compiten por los escasos recursos presupuestarios que atentarán, poco a poco, contra las mismas actividades, no solo contra el reporte. Este será el reflejo interno de lo que ocurrió con el vendaval de desregulación que empoderó a los enemigos externos y que condujo a la dilución de las regulaciones. De hecho, en ese mismo estudio el 85% de los encuestados expresaron estos temores. Este no sería un titular alentador.
El objetivo de
esta breve nota no es comentar los resultados del estudio, es solamente el hacer
una advertencia sobre la extrapolación de sus implicaciones ya que me temo que
podemos estarlas exagerando injustificadamente (el lector interesado puede
ver una completa síntesis de Alberto Andreu Pinillos en LinkedIn). Siempre
conviene ir más allá de los titulares y analizar las metodologías, sobre todo
cuando los resultados están basados en encuestas y respaldan nuestros deseos u
opiniones.
¿Por qué hay que
hacer la advertencia? El estudio se basó en una encuesta a unos 400 ejecutivos
de empresas ahora exentas. La encuesta refleja, a lo sumo, intenciones y no
la realidad, no refleja un análisis de hechos sino de expectativas, que en
este caso pueden enfrentarse a la dura realidad de los costos. Una cosa es “le
gustaría a Ud. hacer…..” y la otra es “Puede demostrarme Ud. que ha hecho…..”. Adicionalmente,
la muestra es muy pequeña, menos del 1% del universo de las más de 50
000 empresas exentas y es segada en dos sentidos, primero porque la
encuesta se hace a empresas comprometidas con la sostenibilidad,
presumiblemente de mayor tamaño y, segundo, porque la muestra no es
aleatoria, se basa en ejecutivos con contactos con los autores del estudio.
¿Es necesario
hacer la advertencia? Sí, porque es precisamente la euforia, no justificada, y
la banalización de la sostenibilidad empresarial lo que ha contribuido a la violenta
reacción en contra, ha dado alas a los enemigos, fomentado su desregulación. La mejor manera de promoverla es sincerándose
(ver mi análisis de este fenómeno en Los altibajos de la sostenibilidad
empresarial: De la ignorancia, a la confusión, a la expansión, a la
banalización, a la euforia, al revuelo, a sincerarse).
Los resultados son, a lo sumo, indicativos de las intenciones de un selecto
grupo de empresas. Buena
noticia, por menos indican que quieren seguir reportando, aunque no sea
obligatorio. Como mencionábamos
en un artículo anterior [iii] hay decenas
de razones [iv]
para hacerlo voluntariamente, alguna de las cuales son (1) las inversiones
ya hechas por estas empresas, por lo que es más sencillo continuar haciéndolo;
(2) los beneficios internos para las estrategias y actividades sostenibles resultantes
de la introspección que el cumplimiento conlleva, y (3) las expectativas
de los consumidores y de los mercados financieros, que posiblemente hagan que
se sigan llevando a cabo muchas de las actividades para el cumplimiento.
De esta encuesta de opinión a unos 400 ejecutivos de un universo posible de 50 000 empresas no se puede concluir, como lo hacen algunos, que "...incluso cuando desaparece la obligación regulatoria, la gran mayoría de las empresas continúa reportando" (énfasis añadido). Una cosa son expectativas en el futuro de reportar de 400 ejecutivos y otra que la gran mayoría de empresas (¿90%?) continúa reportando en el presente. Es una inferencia totalmente injustificada.
Yo no
apostaría a que “El 90% de las empresas que ya no entran dentro del ámbito de
aplicación de la Directiva de Reportes de Sostenibilidad Empresarial, CSRD,
planean mantener y ampliar sus informes de sostenibilidad.”
Es análogo al caso de las empresas que diseminan información selectiva, no necesariamente incorrecta, para crear impresiones favorables. No podemos hacer lo que denunciamos, aun cuando se considere deseable en estos momentos para combatir el pesimismo de algunos.
Es espíritu crítico es también necesario para la efectividad y credibilidad en la promoción de la sostenibilidad empresarial.
[iii] Ver la nota anterior.
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