martes, 17 de marzo de 2009

Responsabilidad en la enseñanza en las escuelas de negocios

Un reciente artículo de Angel Cabrera Izquierdo comenzaba diciendo “Sería presuntuoso tratar de atribuir a las escuelas de negocio toda la culpa de la catástrofe económica mundial que estamos viviendo. Pero sería aún peor no hacer una reflexión crítica...” (2 de marzo de 2009 en El País, “Un nuevo código ético para el capitalismo” ). Tomo este mismo comienzo para hacer otra reflexión crítica sobre el tema, esta vez sobre las enseñanzas impartidas en las escuelas de negocio.

Impulsadas por las crisis y las críticas resultantes, ya son muchas las escuelas de negocio que han hecho reflexiones en torno al impacto que sus enseñanzas tienen sobre el comportamiento de los ejecutivos y por ende de las empresas, y que han adaptados sus curricula. Algunas lo han hecho desde mucho antes de la crisis, pero falta mucho por hacer. ¿Qué deben hacer las escuelas de negocios?

Algunas escuelas, como algunas empresas que quieren parecer responsables sin serlo, han introducido cursos de ética o de responsabilidad corporativa, o de sostenibilidad social y ambiental en sus curricula, para complementar su énfasis en la sostenibilidad financiera, pero sin integración, con cursos aislados que el estudiante toma para cumplir los requisitos. Algunas van mas allá y ponen secciones o capítulos sobre el tema en los cursos tradicionales, también imitando a las empresas que comienzan en los temas de responsabilidad, crean un departamento o una función, y que toman algunas medidas en sus diferentes actividades (algún ahorro energético, algo en no discriminación, etc.) Pero como en las empresas verdaderamente responsables, para las que decimos que la responsabilidad es parte de su ADN, es parte integral y cotidiana de su estrategia, las escuelas de negocios también deben tenerlo como parte de los programas de cada curso. Como en las empresas, no debe ser parte de una actividad especializada, debe ser parte de la manera de pensar, de todos los cursos y actividades. Buena parte del problema está en los cursos básicos, del núcleo, del “core”, los primeros que se enseñan y que son obligatorios para todos: economía, contabilidad, finanzas y hasta mercadeo o mercadotecnia. Son estos cursos los que marcan la pauta.

El editorial del Financial Times del 10 de marzo de 2009 decía: “Todo estudiante de primer año de economía aprende las condiciones para que un mercado desregulado, en teoría, funcione eficientemente. Las más importantes son la información completa, derechos de propiedad y contratos respetados y ausencia de externalidades (efectos de las transacciones económicas sobre terceros). Estas condiciones nunca se cumplen, pero muchos mercados se acercan lo suficiente como para que los intereses personales de los participantes produzcan buenos resultados para todos. Cuando estas condiciones no se cumplen, los mercados funcionan mal. .......... la teoría económica .... les dice a los quieren oír que ............... la búsqueda del interés personal puede hacer que todos estén peor.....” Y la concusión del editorial es que el problema es “el fracaso intelectual y moral de los que tenían la responsabilidad...” ¿Pueden y deben las influyentes escuelas de negocios paliar o evitar estos “fracasos”?

Aun cuando en los cursos mas avanzados de economía (que no siempre en las escuelas de negocios) se enseña que hay información imperfecta, asimetría de información, externalidades, etc., se tratan como casos especiales y no como una descripción de la realidad cotidiana, no como algo de lo que hay que estar pendiente en todo momento. También en los cursos de economía se enseña que las decisiones se deben basar en el análisis de costo beneficio y para que se pueda calcular, los costos y beneficios deben ser medibles. Y muchas veces se oye aquello de que “lo que no se mide no existe”.

En los cursos de contabilidad aprendemos los principios básicos que dicen que los ingresos y los costos deben ser “realizados” para ser reportados en el estado de ganancias y pérdidas (y de ignorar lo intangible, a menos que haya sido adquirido por la empresa, como la reputación adquirida en una fusión o adquisición de otra empresa). En los cursos de finanzas de empresa concluimos que la política que debe seguir la empresa para minimizar el costo del capital es la maximización de beneficios, creyendo que esto es una exigencia legal (cuando hay muy pocos códigos legales o estatutos que lo exigen). Para dar información debemos presentar estados financieros trimestrales, reportando solo lo que se puede medir de manera inequívoca, en términos monetarios (cierto es que los informes anuales se está presentando información suplementaria y hasta informes de sostenibilidad). Estimulamos, en los cursos de mercadotecnia, a sacarle el máximo provecho al consumidor, tratando de crear una demanda que no existe o de aumentar la que existe. El consumidor es presentado mayormente como fuente de ingresos. Se suele ignorar el impacto sobre la reputación (a veces el mayor de los valores) de otros factores ajenos a la publicidad.

En este artículo pretendemos llamar la atención sobre el cómo se enseña, no el que se enseña, y sobre las conclusiones equivocas que muchos estudiantes sacan de esa enseñanza. La mayoría de las veces se enseñan estos principios básicos como DOGMA y no como supuestos o como una de las maneras posibles. Estas enseñanzas conspiran contra las prácticas responsables, ya que estimulan la visión del corto plazo, la concentración en los costos y beneficios tangibles y medibles y en la concentración en los intereses de los accionistas. Las prácticas responsables requieren de una visión de largo plazo, de la consideración de beneficios que pueden ser intangibles, que se “realizan” en el largo plazo y que muchas veces no se pueden medir en ese corto plazo, de la consideración del impacto sobre el resto del entorno de la empresa, que tarde o temprano se traduce en impacto sobre el valor de los accionistas. Lo que hay que maximizar el valor de la EMPRESA en el largo plazo, no el del valor de la acción en la Bolsa acorto plazo. La crisis ha mostrado muchos casos de maximización de beneficios personales en el corto plazo en detrimento del valor de la empresa y del colectivo de empresas en el largo plazo.

Jack Welch, ex CEO de General Electric y considerado el padre del “shareholder value” decía en una entrevista el 3 de marzo de 2009 en el Financial Times que el intenso enfoque de los ejecutivos en las ganancias trimestrales y aumentos de los precios de la acción en bolsa era una “idea estúpida”. “Mirándolo bien, la maximización del valor a los accionistas es una idea estúpida. Ese valor es un resultado, no una estrategia. Sus principales objetivos son sus empleados, sus consumidores y sus productos”.

Las escuelas de negocios hacen una contribución significativa al mejoramiento de las capacidades de los ejecutivos, pero en sus enseñanzas (no solo en cursos de responsabilidad corporativa) deben analizar las consecuencias en el comportamiento de los futuros ejecutivos de lo que les enseñan. Con esto no quiero decir que deben dejar de enseñar los principios básicos, pero sí tienen la responsabilidad de advertir sobre la posibilidad de que las abstracciones hechas para facilitar los modelos no se cumplan en la práctica, de las posibles consecuencias sociales y ambientales de operar bajo estas abstracciones y ofrecer espacio para la discusión de alternativas. Hay que introducir la visión del impacto global, de la ética y de la responsabilidad en todos los cursos, en el ADN de la enseñanza en las escuelas de negocios, no solo en cursos especializados. Hay que inculcar la visión de la contribución de las decisiones sobre el valor de la empresa y su impacto en la sociedad, sobre el largo plazo. La maximización del valor de la empresa no es incompatible con la maximización de los valores.

Estas enseñanzas serian “condición necesaria pero no suficiente” ya que su implementación en las empresas depende de que establezcan los incentivos correctos a las actuaciones de los ejecutivos (lo que sería materia de otro artículo).

Antonio Vives, tiene un Ph.D. en Mercados Financieros de Carnegie Mellon University y ha sido profesor en 4 escuelas de negocios.